Final de Campaña I: Señores de la Guerra

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Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 01 Sep 2010, 11:58

21 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

El consejero miró a Reiner con comprensión, y le aseguró que quien iba a reinar en Averheim seria Markus Leitdorf, y que serian ellos dos los que de verdad dirigirian la nación, no ningún obrero subido de tono. Tras esto, el tuero lansquenete fue a reunirse por separado con Rodrik, en el borde de una de las barricadas en las que disfrutarian de más privacidad.

Rodrik el Renegado

-Veo que hay conflictos de intereses entre ese tal Johann o como demonios se llame el consejero de Markus, y Bahever. No quiero parecer traicionero, pero el sindicalista puede suponer un problema más adelante, y a mi quien me paga es Markus Leitdorf, no la justicia social.


Tras tantear a Reiner en el inminente conflicto entre ambas partes, ambos lideres del grupo uno pasaron retomar el asunto de las puertas.

-Yo comenzaria atacando la Puerta de Jorkstown antes que nada, para asegurarnos una entrada de los refuerzos. Según Mahiven tardarán casi una semana, un tiempo que considero razonable si no vienen a auxiliar a la capital las fuerzas de los otros dos capitanes, Twin del Norte y Tretmund del Sur. También temo que Tretmundo le de problemas a los refuerzos. Twin no me da tanta mala espina, es más que probable que este combatiendo en Legenfeld contra las fuerzas de Feuerbach, asi que solo nos tendriamos que preocupar de un ejército movil. El ejército de Jaran esta muy dañado, más después de lo de esta tarde, y encima Jobb esta criando malvas. He de suponer que Jaran tal vez tome el mando del bando Alptraum, pero tambien es posible que Saford decida quedarse en la ciudad y retomar el mando. Esto último nos favorece, dado que la iglesia odia más a Saford que a nosotros.

Rodrik dibujó un rústico mapa de la provincia en el suelo con una tiza, explicando la situación politica en las distintas ciudades.

-Si te fijas, entre los Leitdorf de Wuppertal y Feuerbach tienen controlado todo el Oeste de la provincia, tal que asi. ¿Si tu fueras Feuerbach, donde atacarias primero? Yo creo que Averheim le debe dar miedo, y que atacará primero Colmfahre o Streissen, para hacerse con el total control del Oeste averlandés, dominando los cauces fluviales y cortando nuestras comunicaciones con Reikland. Se muevan como se muevan, nos hacen daño, y da fuerzas al bando Alptraum, que controla en su gran mayoria el Este de la provincia.

-Nuestros territorios aliados están desperdigados, y para más inri, se encuentran en justo el centro averlandés. Controlamos Loningbruck y espero que mañana Averheim. Tenemos Merfeld y Pfungzig, pero están incomunicadas por las fuerzas Alptraum y no pueden auxiliarnos, solo defenderse. Tambien tenemos Streissen y Colmfhare, pero me temo que Feuerbach nos las va a arrebatar enseguida. Tener la capital es muy útil, lansquenete, pero no nos servirá de nada si nuestros enemigos controlan todo lo demás. Quedaremos incomunicados, presa de un asedio prolongado, y nos pudriremos sin comida ni agua. Una vez tomadas las puertas, debemos centrarnos en un bando al que atacar, y otro al que persuadir con los diplomaticos. Mientras Novak no este aqui, nosotros somos los que tenemos que tomar las decisiones, y como mucho, consultarlas con el Consejero y con Burs Mahiven. Nos jugamos la vida en ello.

El sicario habia hablado con Burs Mahiven durante el descanso, y estaba claro que estaba de su parte. Por lo demás, su planteamiento era cuidadoso y acertado. Con pocas tropas y mucha suerte, habian conseguido tomar gran parte de la ciudad, pero aquello no serviria de nada sin un planteamiento a largo plazo. ¿A quien atacar con más crudeza, a los Alptraum o a los Feuerbach? Los primeros eran más debiles, pero tenian apoyos en la iglesia y en el pueblo. Los segundos eran mucho mas fuertes, pero contaban con menos territorios, y apenas habia nadie ayudandoles a tomar la provincia, siendo el bando con menos aliados. La decisión era vital, pues atacar a todos los bandos era simplemente estúpido, y para que los Alptraum lucharan contra el ejército Feuerbach, ambos tenian que tomar todas las ciudades importantes aliadas de Markus Leitdorf, con lo que darles via libre era el camino más directo al suicidio.


FDI: Un 31 en Sabiduria Popular te pone al tanto de que ciudades son amigas y de cuales no. En el mapa de Averland puedes ver la localización de cada una, y en el segundo post de trasfondo, ver que ciudades gobierna cada familia, y a quien prestan apoyo.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por kurgan » 01 Sep 2010, 18:23

Reiner Volk

Volk recorrió con la vista a la multitud circundante antes de responder a Rodrik.

-A mí también me paga Leitdorf... Y me fío más de un mal conocido que de un bien por conocer.

Después, escuchó las propuestas de Rodrik.

-Sí, si Saford se alía con el bando Alptraum, nos hace un favor... Pues no lo odian Pero, ¿Qué bando Alptraum? ¿Bukter y sus cien hombres, quizás? ¿O la heredera es la hermana de Jobb? Además, no creo que la ocurrencia de separarse de Safort haya sido cosa del blanco de tus disparos... Sino que tiene que haber sido cosa del resto del gobierno, que dijo, ya que Saford es impopular, deshagámonos de él.

-Las puertas hay que tomarlas todas para controlar la ciudad e impedir que huyan . Primero la de Jorktown, y si pudiésemos hacerlo esta misma noche, mejor que mejor. Escucha, Rodrik, que tengo un plan. Bahever dijo que podría proporcionaros uniformes. ¿Sabes cuál es el cambio de la guardia de las puertas? Tendrán que ser sustituidas por la mañana, y no debe ser la guarnición de más de diez hombres. Si nos dividimos en dos grupos, uno a mi mando, el otro al tuyo, podemos tomar dos puertas haciéndonos pasar por el relevo. Claro que es arriesgado, y no conocemos las contraseñas.

-Dejando aparte las fuerzas y las batallas, esta guerra la va a ganar el que tenga Averland de su parte. Feuerbach viene a invadirnos, y eso lo tiene que tener todo el mundo claro. Nuestro objetivo es acabar, primero, con los Alptraum y privarlos de apoyos... Y eso no se puede hacer con la sola fuerza. Sino con la diplomacia. Mira el este, el camino a Pfungdzig. Bieswang nos molesta, tener esa región nos daría profundidad estratégica si los Feuerbach avanzan hacia la capital, y podríamos sacar de allí refuerzos. Pero no tenemos fuerzas suficientes...

-Hemos de movernos en dos ejes. Yo creo que Feuerbach avanzará hacia el sur para liberar Wuppertal del rodeo de nuestras fuerzas, y luego se dirigirá hacia Averheim, quizás tomando Heideck de camino. Pero él cree aún que los Alptraum dominan toda la provincia: se deshará pronto del batallón del Norte, y no irá directo a Averheim, pues tomarla al asalto le costaría muchos hombres, y es mejor derrotar a las fuerzas móviles en campo abierto que darles tiempo a reunirse y atacarle por la espalda mientras asedia la ciudad. Pero nosotros le hemos servido Averheim en bandeja: si toma esa ruta, el batallón sur avanzará hacia nosotros y nos debilitaremos en una batalla inútil.

-Hay que convencer al comandante del ejército del Fuego Negro de unirse a nuestro bando, y a los señores feudales del centro de la provincia. Debemos avanzar con un ejército suficiente para derrotar, si es necesario, a la guarnición del paso, y seguir hasta Hochleben. Esa zona la conozco, allí me crié, y los de Hochleben se hacen más caso a sí mismos que a ningún señor feudal. Pasaremos por Heideck y Bernloch y los convenceremos para unirse a nosotros.

-El otro eje es Streissen. Si Feuerbach opta por dirigirse hacia Averheim, necesitamos pararlo allí. La defensa correrá a cargo de las milicias y escuadrones de tropas recientemente reclutadas, los campesinos y comuneros de Averheim. Las defensas de la ciudad y los bosques se conjugarán para detener a Feuerbach, y lo que es más, si la batalla nos es adversa, podemos retroceder ordenadamente hacia Averheim.

-En cambio, si Feuerbach se dirige hacia el Sur, avanzaremos hacia Lengenfeld, destruiremos a la guarnición que haya dejado allí y le privaremos de sus líneas de suministros. Entonces nuestro ejército centro sería el encargado de presentarle batalla... roguemos porque dicen que los norteños tienen magos.

-Y más que nada, Rodrik, necesitamos el Colmillo Rúnico. Jobb está muerto o agoniza, pero su grupo de seguidores aún tiene el símbolo del Condado. Recuperémoslo y pongámoselo en la mano a Markus Leitdorf, y toda la provincia se pondrá de su parte en contra del invasor Talabeclandes.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 02 Sep 2010, 20:09

21 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.
Averland, en la guerra del halfling.jpg
Averland, en la guerra del halfling.jpg (55.35 KiB) Visto 3954 veces
Ahora el mapa, burdo pero bien delimitado, estaba sobre la mesa, mientras Reiner explicaba a Rodrik cual serian los puntos a seguir. A falta de un capitán que pusiera los puntos sobre las ies, el tuerto lansquenete daria buena cuenta de los detalles estratégicos. Él no era ningún experto en táctica, y bien lejos que estaba de ello, pero sabia como actuar en tiempos de guerra y aplicar el sentido común a una expansión. Si Boris Novak, el autentico estratega del bando Leitdorf, hubiera estado con él, a buen seguro que sus opiniones hubieran diferido. Pero Boris no estaba, asi que era el veterano lansquenete el que mandaria en el campo bélico en sustitución temporal del capitán Novak.

El bandolero reformado fue contestando a todas las preguntas del mercenario según este las iba creando de la nada, hasta acabar dando su opinión general.

Rodrik el Renegado

-De Saford se encargará ese cura chalado, no es problema. Además, dudo que sea tan estúpido como de quedarse en la ciudad una vez ha sido inculpado de los delitos de herejia. Tal vez deberiamos jugar esa baza más a menudo, colocar algún libro maldito en ciertos baules y aclamar como niñas acusicas a la Catedral. Estoy seguro que ese Consejero vuestro estaria encantado con el juego.

-No tengo ni idea del cambio de guardias, pero con la cantidad de soldados que son necesarios en la Zona Comercial y en el Barrio Viejo, no me cabe duda de que las Puertas no tendrán cambios muy a menudo. Por los uniformes ni te preocupes, los tenemos listos. Ellos están jodidos y en inferioridad numerica, y como bien dices, yo dormiria mejor esta noche si la puerta de Jorkstown tuviera el estandarte morado de Markus. Si, se que te gusta el color rojo, ya lo has dicho, pero ese color lo usan los putos carroburgueses, y mis ojos no hacen juego con el bermejo.

-Yo también creo que Feuerbach nos va a atacar por el Sur. Le vendrá bien quitarse Colmfahre de enmedio, y como esta no puede recibir auxilio de nadie, no tendrá problemas en tomarla. Si lo hace, y suponiendo que hubiera ganado facilmente al capitán Twin, le llevaria unos cinco dias dirigirse hacia alli, tomar las llaves de la ciudad y volver a ponerse en marcha. Eso nos da bastante tiempo y debilitaria sus fuerzas, pues necesitaria dejar guarniciones en la zona. En este aspecto estamos deacuerdo, y tambien en que deberiamos evitar enfrentarnos al capitán del Norte, Tretmund, en campo abierto.

-En cuanto al primer eje, no dudo que conozcas la zona central, pero los señores de Heideck y Bernloch son muy listos, y no ganan nada asociandose a un bando. Si quieres ganar su confianza, deberá ser con mucho dinero, y financieramente somos el bando más débil. Aun asi, si estas seguro te apoyo. De los señores del paso del fuego negro olvidate, están a tomar por culo de lejos. Para eso vayamonos a tilea y montemos un negocio. Mejor centrarse en lo que tenemos a menos de una semana de camino.

-El segundo eje, el de Streissen, si estoy deacuerdo en defenderlo a muerte. Streissen nos da muchos hombres buenos, y si Feuerbach lo toma tendrá una buena posición desde la que tomar la capital y ganar la guerra. No conozco a Novak tanto como tú, pero se que obtuvisteis una buena victoria en los Campos Leitdorf contra Jaran. Confio en ese hombre tanto como en ti.

-Bien, ya tenemos un plan más o menos general, aunque lo de encontrar a Jobb va a ser peor que estafar a un trillero. Si atacamos a alguien, atacamos Bieswang y tomamos control por la rivera del rio Aver, o en su defecto nos movemos al centro a negociar con los señores neutrales. Si Feuerbach va a Streissen, lo paramos alli, y si va a Colmfahre, nosotros nos movemos a Legenfeld y le cortamos la salida a la provincia. Los Hindenberg van a rabiar, pero bueno, habrian perdido sus tierras aunque no se hubieran aliado a nosotros. Bien, me parece justo, aunque me jode tener que reaccionar a lo que haga Feuerbach y no al revés. Sea como sea, vamos a necesitar una fuerza armada importante, de al menos doscientos hombres. Menos mal que ni Legenfeld ni Bieswang están amuralladas, sino nos iban a dar bien por...


En estas estaba el renegado, cuando Bahever comenzó a hablar con Beatrix y Manuel. Al parecer, los chavales de Beatrix iban a reventar unas cuantas barricadas, distrayendo al enemigo entre las callejuelas tortuosas de la Zona Comercial mientras el grupo de ataque del Oso Negro tomaria los establos y el resto del Distrito Sur, esperando no tener bajas en la operación.

El Consejero también estaba ocupado hablando con Burs Mahiven, hasta que ambos llegaron a un punto en común: Markus Leitdorf debia dirigirse a Averheim. Las murallas de la ciudad eran mucho más seguras que los Campos de Streissen, y en la capital auparia la moral y haria ganar adeptos. Entre los dos codificaron un mensaje, y esperarian a tener una Puerta controlada para mandarlo. Si el mensajero se daba prisa, podria estar en menos de un dia en Casa de Leitdorf, y que al dia siguiente Leitdorf llegara con su séquito a la ciudad, cargando con Anna Alptraum. Si aquel plan salia bien, tal vez los Alptraum se dieran por vencidos, y entregarian el Colmillo y el ejercito regular a cambio de Anna, marchandose a alguna ciudad aliada y dejando al bando Leitdorf a solas contra Feuerbach. Era mucho soñar, pero tal vez funcionara.

La noche iba avanzando lentamente, y no faltaria mucho para la madrugada, cuando los crios iban iendose a dormir y la plaza quedaba en silencio, remanes de lo que habia sido durante el dia, solo murmullos en pequeños corrillos. Reiner cambió sus armas, la alabarda recibida por una hacha pequeña pero pesada, más manejable, y un escudo liso y rectangular. En su estado, las armas pesadas eran muy dificiles de manejar. Asi mismo, los chicos de Streissen jugaron a las cartas, relajandose de la matanza de aquella tarde. Jamás en sus vidas olvidarian lo ocurrido, pero ahora sus mentes necesitaban de ocio para descansar.



FDI: Te has enterado de los planes de Bahever y de Mahiven, ninguno de los dos se opone a dartelos a conocer si preguntas que van a hacer esa noche.

Por el resto, es cosa tuya dirigir la operación de la Puerta de Jorkstown, ya sea esa misma noche o más adelante. Cuando duermas recuperarás una herida, al igual que tus muchachos y el caballero de apoyo que se te ha asignado, un tipo enorme y de cabeza cuasi rectangular, de pelo rubio.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por kurgan » 02 Sep 2010, 21:10

Reiner Volk

-¡Joder! Rodrik, a mí tampoco me gusta dejar a los Hindenberg con el culo al aire. Si sobreviven recuperarán sus tierras bajo el mandato de Leitdorf, y si corremos a auxiliarlos con los hombres que podemos reunir-y dudo que sacando todo lo que podamos de la ciudad, de Streissen, vaciando las aldeas por el camino y con los refuerzos del Sur lleguemos a los setecientos hombres, ¡Y todos reclutas! Ellos tienen mil quinientos soldados. Imagina que vamos a socorrerlos y nos barren, ¿estarían mejor ellos? Si tuviésemos una fuerza de caballería digna de ese nombre, la hubiera mandado a hostigarlos para ganar tiempo, pero nuestros caballeros se lanzarían al ataque y morirían gloriosamente en cuanto encontrasen al enemigo.

-Si no tienes inconveniente, iremos a la puerta de Jorktown justo después de que caiga la noche. Ulric sabe que los chicos se merecen un descanso. Pero...

-Espera un momento.


Gruñendo, buscó al Consejero y al patriarca Mahiven. Respetuosamente, se quitó el sombrero en su presencia.

-Mis señores, me ha caído encima ser general de nuestras fuerzas y Sigmar sabe sabe que me viene grande. Si me hiciesen el favor de-hizo gesto de que lo siguieran-acompañarme...

Ante los que lo acompañasen, explicó la situación tal como había acordado con Rodrik.

-El problema-dijo-es que no puedo saber cuántos defensores tiene Bieswang ni cuánto tardaríamos en tomarla. Si su guarnición son sólo cincuenta campesinos que pelean por su señor, yo mismo iría con cincuenta caballeros y otros tantos hombres de caballería y liberaría el paso hacia Pfundzig. Pero tal como están las circunstancias, lo mejor es dirigirnos hacia Heideck a marchas forzadas. Mi señor Consejero, vos debéis cabalgar por delante del ejército, y prometerles el oro y el moro a los señores de las provincias centrales, contratar mercenarios y aseguraros de que tengamos suministros. Con refuerzos, haremos frente a Feuerbach. Podéis salir esta noche, incluso, si nos apuramos en tomar la puerta de Jorktown.

-Mis señores, lo que quiero saber es si las ciudades centrales de la provincia se rendirán a los Alptraum si ven a sus ejércitos marchar frente a ellos. El verdadero enemigo es Feuerbach; pero la sombra de los Alptraum nos retiene de ir contra ellos, pues temo que si le hacemos frente el batallón del Sur nos joda por detrás, con perdón por la impresión.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 03 Sep 2010, 19:06

22 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

La noche dio paso de lleno a la madrugada, mientras los estrategas y diplómaticos del heterogeneo bando revolucionario utlimaban detalles. Manuel y Beatrix ya habian partido a realizar sus tareas cuando Bahever decició marchar a una de las casas cercanas a la plaza, ya tomadas en nombre de Leitdorf, para descansar un poco. Asi mismo, los ballesteros tileanos fueron haciendo sus relevos para que siempre hubieran hombres descansados y listos.

Los únicos que no hacian descanso eran los campesinos de Streissen, pendientes de sus lideres y expectantes por si tendrian que volver a actuar aquella noche. Ellos preferian descansar y cuidar sus heridas, pero si los jefes mandaban al combate, no serian ellos quienes se negaran.

Consejero Leitdorf

-Reiner, no tengo ni idea de lo que harian los señores de Heideck y Bernloch, pero si tengo claro que no se asustarian ante un ejército Alptraum. Tienen guarniciones de sobra en Bernloch, y los Alptraum no serian tan estúpidos como atacar a los Alder, que suministran a bajos precios comida y monturas. En cuanto a Heideck, la regenta un tal Vorstub que, aunque no dispone de tantas tropas, mantiene a suficiente gente como para que tomar la ciudad amurallada sea un suicidio que ni Feuerbach llevaria a cabo.


-Camaradas- dijo a Mahiven, Reiner y Rodrik -creo que la única forma de tomar Heideck es mediante el pago de grandes cantidades de oro a sus dirigentes. Y eso es algo que no podemos permitirnos, puesto que el total de nuestras Arcas, una vez pagada la comida de una semana y a los Arcas Rojas durante dos, asciende a 780 coronas de oro, una cantidad muy pobre a mi pesar. Sabiendo que seguramente los Alptraum cuentan con unas 10000 cuando no más, y que el bando Feuerbach no bajará de las 4000, mis estimaciones me hacen creer que somos el bando más pobre en esta lid. Por ello, creo que la única solución de aumentar nuestros caudales seria tomar el Barrio Viejo, e incautar las posesiones de las familias que nombre con anterioridad en la reunión. Sólo asi podriamos aliarnos con Vorstub, el regente de Heideck, y atacar desde la seguridad de sus territorios.

Una vez explicada la situación referente a Heideck, Rodrik comenzó a repartir los uniformes a los granjeros, por si Reiner decidia atacar de inmediato las puertas. De hacerlo asi, sus hombres sufririan una forzada marcha, pero aseguraria poder tener una ruta con la que comunicarse con otras poblaciones. De no hacerlo, al dia siguiente las tropas estarian mas frescas, pero se perderia un dia de trabajo de los heraldos y mensajeros.

Además, una vez tomada esa decisión, habria que decidir si atacar el barrio viejo al dia siguiente, con las perdida de hombres que aquesto supondria pero con las ganancias potenciales a obtener, o mantener las posiciones y esperar refuerzos que aseguraran su toma sin problemas, lo que daria más hombres a la causa pero impediria obtener fondos con los que agasajar a los señores neutrales. Muchas decisiones, y ninguna sencilla.

Pero nadie le dijo a Reiner que ir a Averheim fuera fácil.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por kurgan » 03 Sep 2010, 21:27

Reiner Volk

Reiner no pudo menos que llevarse las manos a la cabeza al escuchar al Consejero pronunciar aquellas cifras fabulosas como quien dice que mañana va a llover.

-¡Diez mil coronas de oro!

Cuando el lansquenete era pequeño, su padre repartía todas las vísperas de fin de año una pieza de cobre entre sus hijos. ¡Y no llegaba para todos! Si querían más a lo largo del año, tenían que quitarle horas al sueño trabajando para limpiar el campo del vecino, o metiéndose en el bosque comunal a por leña, o cuidando los cerdos del concejo. A lo largo de su carrera, claro, Volk había ganado mucho más que eso, y ahora se enorgullecía de contar con un pequeño capital.

-Vale, me hago con la situación. Hay que tomar el Barrio Viejo, y yo creo que los más indicados son los revolucionarios. Por tres razones: uno, son los que les tienen más ganas a los ricachones, dos, no nos servirán de mucho en una batalla campal y la mayoría se quedarán aquí de guarnición, y tres, no podemos perder caballeros del Oso ni mercenarios, porque son las únicas fuerzas profesionales con las que contamos y las necesitamos para la batalla contra Feuerbach. Vale, si los del Sur no son un peligro, nos centraremos en comprar Heideck, reunir allí las fuerzas y parar a Feuerbach.

Reiner se preguntó si había elegido bien el bando. ¡Diez mil coronas de oro! Pero, su razón le aclaró, como él habría mil intentando rapiñar una parte. No, ahora lo que tenía que hacer era centrarse en conseguir la victoria para el bando Leitdorf. Ya le llegaría una plaza de capitán... El que lo quiere todo, no consigue nada.

-¿Reiner?

-Sí, estaba pensando... A los que se quieran rendir de entre los nobles, quiero decir, proponédselo antes de quemarles la casa. Necesitamos dinero y amigos, y aliados...

¡Diez mil monedas de oro! Podría uno hacerse una habitación para guardarlas. Con un colchón, relleno de monedas de oro, y un suelo cubierto por monedas de oro, y monedas de oro formando montoncitos en las esquinas. Y uno podría tirarse entre ellas y ver cómo relucían, y como se le escurrían entre los dedos de los pies.

-¿Reiner, te encuentras bien? ¿No se te habrá vuelto a abrir la herida, estás alelado?

-¡No, no! Sí, estoy bien. Sólo pensaba, la estrategia, y todo eso. Vamos ahora a tomar las puertas, pero os pido que dispenseis a mis hombres y a mí mismo de pelear mañana por la mañana. Medio día de descanso nos merecemos. Vamos a Jorktown. Rodrik, abre el camino y mira que no haya nada raro, ni barricadas ni mierdas, y que nadie nos confunda con guardias. Hasta más ver, señores. ¡En marcha, soldados!

¡Diez mil monedas de oro!

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 05 Sep 2010, 15:37

22 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

Los campesinos se colocaron de nuevo las mallas, y agarraron porras, escudos, espadas, lanzas y alabardas. Habian dejado de ser granjeros enfurecidos para convertirse en la ira de Streissen. ¿Que tenia aquel lugar, de donde sacaban sus gentes la fuerza para luchar? Desde el más mayor al más pequeño, Reiner habia visto a sus gentes luchar con furia por sus derechos, matar y morir por sus ideales. Más que el oro les inspiraba un sentimiento. El sentimiento de libertad.

Y estaba claro que Markus Leitdorf les iba a proporcionar esa libertad. Él habia apostado por mejorar el regimen foral de Streissen, y siempre habia cuidado de sus gentes. Markus habia nacido alli, no en la capital, y tenia su residencia entre su gente, que lo queria y respetaba. Podia ser un loco irracional, si, pero era bueno con ellos y eso era algo que les animaba a combatir por sus colores, por su bandera.

El caballero que Manuel Vod habia asignado al escuadrón de Reiner se llamaba Boltus, y era un tipo orondo de brazos fuertes. Portaba una sencilla pero fuertemente esctructurada armadura de placas, e iba armado con una maza de armas repleta de puntas afiladas y un escudo cuadrado con la imagen de la cabeza de un oso de los bosques sureños. Sin hablar mucho, se colocó el uniforme entre gruñidos, pero no se quito la armadura.

Caballero Boltus

-Para cuando estén lo bastante cerca como para darse cuenta de que la llevo, les voy a abrir la boca a mazazos. Y no hay más que decir Reiner, soy camarada pero no subordinado tuyo.

¿Todos los caballeros eran iguales? Seguramente si. Vivian en un mundo en el que si no se hacian los fuertes, nadie les respetaria. En el imperio, las ordenes de caballeria cada vez mas cedian ante mercenarios y arcabuceros, y la modernidad de los inventos les hacian cada vez menos utiles para los ejércitos, al contrario que en tierras bretonianas cuyos atrasos seguian manteniendolos en lo más alto de la esfera militar. Eran descendientes de una época antigua y este no era un hecho que aceptaran con tranquilidad.

Rodrik se colocó al lado de Reiner. Sin Karl ni Bertold, su número era de catorce campesinos, más Reiner, Rodrik, Boltus y Balbian, lo que sumaba dieciocho hombres, dispuestos a tomar una puerta que se suponia con diez soldados. A priori parecia sencillo.

Tras escasos minutos andando, llegaron a Jorkstown, justo en la Herboleria de Wilma, cerrada a esas altas horas de la madrugada. Ocultos como estaban, podian observar la Puerta Este, a cien metros de la Herboleria. Visibles se encontraban tres guardias, dos a ambos lados de la puerta y uno en el centro, quien parecia el sargento. Iban armados con lanzas y escudos excepto el sargento con una espada como única protección, y se encontraban parapetados por unos tablones, dado que ya habian sufrido algunas pedradas durante los disturbios. Arriba, a cuatro metros de alto en la muralla, otros tres soldados paseaban armados con ballestas. En un principio no se veian más, pero no se sabia si alguien más podria presentarse por alli.

Rodrik el Renegado

-¿Que hacemos Reiner? Vamos andando tranquilamente como si fueramos un relevo, o ¿nos lanzamos a la carga? Si vamos corriendo las ballestas no creo que nos den, pero si la farsa no nos sale bien, seremos un fácil blanco para los tiradores.


Los granjeros se palpaban las heridas del anterior combate. Estaba siendo un dia muy duro...

kurgan
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por kurgan » 05 Sep 2010, 19:28

Reiner Volk

-Para cuando estén lo bastante cerca como para darse cuenta de que la llevo, les voy a abrir la boca a mazazos. Y no hay más que decir Reiner, soy camarada pero no subordinado tuyo.

-Boltus, lleva la armadura porque te doy permiso para ello, pero deja el escudo aquí, porque así te lo mando. Si te es mucho sacrificio venir con nosotros y aceptar la disciplina, no vengas. Ahora, como nos acompañes y la cagues atacando antes de lo que yo diga, o matando prisioneros o no haciendo caso, te mandaré de una patada a tu castillo.


Si el caballero se negaba a desprenderse de su escudo, que se veía a la legua que pertenecía al Oso Negro, Volk lo despediría de la forma más humillante posible. En la guerra, más que el valor y la habilidad con las armas, cuenta la disciplina.

-Avanzad a paso seguro, como si tuvierais derecho a estar aquí, y ni puto caso si os mandan deteneros. Pasad por encima de las barricadas. No golpeéis hasta mi señal.

El mercenario alzó el hacha en saludo al capitán de las puertas, sin dejar de avanzar.

-¡Eh, somos el relevo, la nueva recluta! ¡Somos del de Carroburgo! ¡Bueno, éramos, ahora, los Alptraum pagan más! ¡Venimos a reforzaros de parte del nuevo capitán de la ciudad, el señor Jaran! ¡Nos han dado duro los aldeanos en el Barrio Viejo, se sigue combatiendo! ¡Bajad porque nos han mandado reforzar la puerta con barricadas de verdad, y estar atentos!

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 07 Sep 2010, 19:26

22 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

Reiner Volk encabezó a su grupo, y dejó claras las cosas con el caballero, que accedió a seguirle. Cuando todo quedó claro, marchó al objetivo saludando al guardia de la puerta con el hacha en alto mientras este hablaba con sus hombres. Rodrik vió nervioso a uno de los lanceros, pero Reiner no se percató, y continuó sus palabras, comentando que eran los relevos, del regimiento de Carroburgo. Gran error.

Sargento de la Puerta Este

-Oh si, gracias a los dioses, ¡llevabamos horas esperando el relevo!


Los guardias de la puerta no hicieron ningún gesto, y dejaron que el grupo de campesinos vestidos de uniforme se acercaran. Ni uno solo se movió, ni uno solo dió señales de atacar o lanzarse a las armas. Pacientemente, esperaron a que los dieciocho hombres llegaran a espacio abierto. Cuando estos ya habian recorrido unos veinte metros, de las murallas aparecieron tres ballesteros más, que se habian mantenido agazapados entre las almenas, escondidos de la vista.

Rodrik el Renegado

-Algo pinta mal, Reiner. Esos ballesteros llevan las armas cargadas y... espera, creo que uno está hablando con el resto y...


...Y todo se fue al garete en aquel instante. Lanzarse al ataque de la puerta con todos los hombres heridos y sin descansar habia sido temerario. Hacerlo sin saber las contraseñas de relevo habia sido imprudente. Hacerlo haciendose pasar por los de Carroburgo, con uniformes de la guardia regular habia sido demencial. Pero hacerlo con dieciocho hombres armados con armas no reglamentarias en mitad de una revuelta y conscientes los soldados de la puerta de los numerosos ataques revolucionarios presentes en la ciudad habia constituido un suicidio imperdonable que le podia costar la vida a muchos bravos hombres de Leitdorf. Los virotes sonaros veloces mientras los lanceros de la puerta adoptaban posiciones defensivas, al tiempo que el sargento sacaba de su funda una pistola. Los hombres de Reiner aun estaban a casi cincuenta metros, pero era distancia suficiente para los ballesteros apostados para convertir a su gente en un alfiletero, y mermarlos antes de que llegaran siquiera a la puerta.

Los gritos de sus hombres sacaron a Reiner de su chachara, al ver como los virotes caian sobre ellos. Una saeta cayó sobre la pierna de un chaval joven, Imain creia el tuerto que se llamaba, y éste quedó tirado en el suelo entre gritos de pánico y dolor. Otra saeta se introdujo en la armadura del caballero del Oso Negro, pero éste no quedó malherido por ella, parando la mayor gravedad de la herida sus pesadas placas. Entendiendolo como una señal de ataque, el caballero se lanzó a la carga contra el enemigo, con sus pesadas y lentas zancadas acercandolo a la puerta. El resto de saetas quedaron cortas, al no estar a suficiente distancia como para acabar con más enemigos, y los campesinos quedaron mirando a Reiner preocupados. ¿Atacaban a la carga o volvian para cubrirse? Ya habian perdido un hombre, y el caballero, su mayor elemento de combate, acababa de romper filas para lanzarse a la pelea. El lansquenete aun tenia que aprender a hacerse oir por sus hombres, a imponer respeto y no únicamente miedo, y a ser un buen lider.

Ya habia quedado patente que la farse no habia funcionado en absoluto, pero aun podia arreglar el entuerto. De su próxima elección no sólo dependia capturar la puerta, sino la superviviencia de uno de los grupos de ataque del bando revolucionario, y la linea de ataque del bando Leitdorf en Averland. Habia mucho en juego, y mucho que perder.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por kurgan » 08 Sep 2010, 12:47

Reiner Volk

La primera operación a cargo del lansquenete, y todo estaba saliendo desastrosamente mal. Uno de sus hombres se desangraba en el suelo, con una saeta en el muslo. Otro cargaba hacia la muerte sin preocuparse por nada.

Volk no era particularmente inteligente, ni sabía mantener la cabeza fría. Estaba herido, estaba cansado, las obligaciones del mando le habían revuelto el estómago y le hacían marearse ante la responsabilidad. Su papel debería ser mantener la línea en una formación de hombres, y no actuar como capitán. La situación pedía una retirada: no había una forma fácil de acceder a las murallas, en lo alto, y los ballesteros, prevenidos, los podrían coger ahora en campo abierto para coserlos a flechazos, o esperar tranquilamente a que ellos subieran por las escaleras para recibirlos con ballestazos a quemarropa.

Pero la gente, en combate, suele reaccionar irracionalmente, y un tanto así ocurrió con Reiner. Sólo veía que la carga había empezado, y no pudo mantener la cabeza fría. Avanzarían hacia la puerta, acabarían con sus escasos defensores, se cobijarían en el parapeto, y luego subirían por las escaleras de la muralla cubriéndose con los escudos, para expulsar de allí a los ballesteros.

-¡A la carga! ¡Corred rápido! Hay que llegar junto al parapeto, antes de que recarguen. ¡El jefe, intentad no apiolarlo!


Iría junto al capitán de la puerta, e intentaría dejarlo inconsciente de un golpe antes de que lo matasen. Con él de prisionero, aumentarían las posibilidades de rendir a los que estaban arriba, o usarlo de escudo humano a la hora de ascender.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 08 Sep 2010, 16:31

22 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

Los hombres corrieron hacia la puerta, tras la orden de Reiner que se habia percatado que la única solución llegados a tal punto era darse prisa en alcanzar la protección de la puerta. Los ballesteros cargaron sus armas mientras el enemigo corria, y los tres soldados del ejército rezaron a sus dioses para que les auxiliaran en aquel enfrentamiento. Si los ballesteron no daban buena cuenta del enemigo, podian despedirse de ver un nuevo dia, pues aquella marabunta de hombres les superaba ampliamente en número. Por suerte, esos mismos hombres estaban gravemente heridos tras el enfrentamiento con el tercero de alabarderos, y no aguantarian mucho si conseguian frenarles lo suficiente.

Los quince hombres dieron todo lo que podian sus piernas para llegar a la puerta, pero ¿quince? Uno de los campesinos yacia tirado en el suelo, tras haber recibido una herida en la rodilla, pero otros dos habian dado media vuelta, sin ganas de morir. Ya se habian enfrentado a la muerte una vez, y aunque superaban al enemigo en número se encontraban demasiado heridos como para arriesgarse a que un virote perdido se los llevara a ver a Morr. Sin embargo, Reiner y Rodrik no se percataron de tal detalle, ni tampoco el resto de camaradas que se acercaban al objetivo.

Cuarenta metros, los ballesteros retrasaron el arco de sus armas. Treinta metros, los ballesteros introdujeron virotes en el mecanismo de sus maquinas. Veinte metros, las ballestas quedaron encajadas y montadas en sus hombros. Diez metros, el sargento de la puerta ordeno esperar, y tras quedar los revolucionarios a cinco metros sacó su pistola y dió la orden.

Seis virotes volaron hacia la muchedumbre que se habia lanzado a aniquilar la resistencia de la puerta, cayendo mortal sobre cabezas y torsos. Un virote se clavó en el suelo, a escasos centimetros de un pie. Otro en cambio se introdujo en las mallas de uno de los granjeros, pero su armadura consiguió frenar la herida. Un tercero, inefectivo, se introdujo en las mallas del hombro de uno de los de Streissen, asi como el cuarto que quedó entre la cota y la ropa de otro granjero. Sin embargo, el quintó describió una linea perfecta desde la muralla hasta la cabeza de un muchacho de dieciseis años armado con una lanza, y la saeta penetró en su cavidad ocular, saliendo por la nuca y salpicando a los chavales armados que habian detrás, haciendole caer de rodillas muerto antes incluso de besar el suelo.

El sexto virote se dirigió al enorme caballero que habia quedado detrás en la carrera por su pesada coraza, la misma que hizo inutil el disparo. Realmente, las armaduras capturadas habian salvado ya cuatro vidas en el asalto, que habrian caido de haber ido protegidos con triste cuero. Fue el momento del sargento, que escogió como objetivo a Rodrik, sin escudo ni yelmo. El disparo erró por muy poco, clavandose en el pecho de un campesino que habia justo detrás suyo. La bala llenó de pólvora el aire de la Puerta Este, y mandó al infieron al viejo de Streissen, que habia amenizado con sus rimas y canciones al bando de Reiner durante toda la noche. Los trece supervivientes cargaron con todo lo que tenian a los tres soldados de la puerta, vengando a sus muertos.

Rodrik desenfundó sus pistolas rápidamente, y se encaró al sargento de la puerta, armado con espada y pistola ya vacia. Reiner habia dicho claramente que tenian que dejarlo vivo, pero al tuerto lansquenete aun le faltaban cualidades de lider y el salteador queria vengarse del disparo que bien cerca estuvo de alcanzarle. El sargento iba bien limpio y con fino bigote, demostrando que no habia sufrido la crudeza de la revolución Leitdorf en sus carnes. El rajacuellos disparó primero a su cintura, haciendole gritar, y aprovechando que su boca estaba abierta metió en ella con violencia el negro cañón de su arma y apretó el segundo gatillo. El chasquido llenó de dientes y tapas craneales la puerta maciza de la muralla, dejando atónitos a los lanceros que en pocas decimas palidecieron ante las múltiples lanzas que los clavaron hasta la muerte.

Reiner lanzó un golpe directo de hacha hacia la cabeza, pero el escudo del primer lancero lo evitó con facilidad. Sin embargo, al hacerlo desprotegió sus costillas, que fueron atravesadas por tres lanzas antes de que pudiera decir me rindo. A su lado, otro lancero de unos quince años se defendió con notable habilidad del garrotazo de Balbian, golpeando con su escudo la cara del muchacho, y haciendole retroceder antes de que otros cinco hombres protegidos con mallas se le hecharan encima. El joven soportó dos mazazos en su débil yelmo, y tres cortes en los brazos, dos de lanza y uno de acero afilado proveniente de una espada, rindiendose y adoptando una postura defensiva. Mientras tanto, los ballesteros volvieron a cargar y apuntaron cuidadosamente a los ahora faciles blancos que tenian justo debajo de ellos.

A la vista solo habian tres accesos a la muralla, una pequeña puertecilla que daba a una escalera de caracol construida en la propia muralla, la cual estaba cerrada con llave, y otras dos puertas a unos doscientos metros una de otra, que estaba esculpida en la piedra, pero las cuales estaban protegidas por almenas y podrian suponer un problema dada la distancia que las separaba.



FDI: Ya habeis llegado a la puerta, y solo queda un lancero que pide piedad y rendición. Los ballesteros estan apuntandoos pero aun no han disparado. Toca elegir el acceso a las murallas, pues solo los hombres que están pegados a la muralla tienen algo de protección contra los disparos, y tampoco demasiada.

A todo esto, fallas tu ataque de carga con un 95, aunque tampoco habria supuesto mucha diferencia para el pobre lancero.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por kurgan » 09 Sep 2010, 17:37

Reiner Volk

Una vez, el sargento de lansquenetes Peter Jäger eligió a un joven recluta, Reiner Volk de nombre, para tomar un molino abandonado antes de la llegada del resto de las fuerzas. Al recluta le dijeron que el molino estaba desocupado, que debía avanzar hasta él y retenerlo hasta que llegase el grueso del regimiento, le dieron cinco hombres como escuadra e indicaciones vagas de dónde estaba el molino. El coronel le preguntó por qué había elegido a Volk. Razonó que había otros hombres más inteligentes y más hábiles en el regimiento. Si los orcos habían situado allí a sus piquetes de guardia adelantados, los lansquenetes caerían en una emboscada, y haría falta un líder listo para saber volver con sus hombres de vuelta.

Precisamente, contestó Jäger. Si mando a alguien más inteligente, se dará cuenta de que es muy probable que haya orcos emboscados, buscará alguna excusa o actuará con excesiva prudencia. No necesito a un hombre que sepa sobrevivir, le explicó. Necesito a un hombre que vaya allí sin pensar en el peligro, y si lo hay, sea tan tozudo como para perseverar hasta que lo maten o tome el molino.

Volk perdió a un hombre, que se perdió en las marchas forzadas por el bosque y fue capturado por los orcos, pero tomó el molino y esperó pacientemente al conjunto del ejército. Lo ve, dijo Peter Jäger, que aún no sabía que iba a morir esa semana bajo el hacha de un caudillo, Volk es un hombre adecuado para estas misiones.

-¡Te dije que lo dejaras vivo, joder! ¡Recarga ahora!-el lansquenete pateó el cadáver antes de saltar por encima, para agarrar por el cuello al lancero que intentaba rendirse-¡Balbian, registra al mamón del capitán, busca unas llaves! ¡Y no os quedéis ahí parados, idiotas, debajo del parapeto!

-Tú, pedazo de cabrón-gruñó-vas a ir el primero por la escalera, por si tus colegas tienen el gatillo fácil.

Sin perder el tiempo, Volk hundió su arma en el portón, cerca de la cerradura.

-¡Tirad las ballestas abajo y haremos prisioneros!-gritó hacia arriba. No le iban a hacer caso, lo sabía.

El hacha hizo saltar astillas de la puerta. Una se le clavó en el índice de la mano derecha, pero Volk ignoró el dolor, preso de la adrenalina y la furia. Haría saltar la puerta a puras hostias, si era necesario. Luego iba a subir las escaleras detrás de aquella puerta, usando los escudos y los cadáveres de los guardias y revolucionarios muertos como cobertura, y luego enterraría el hacha en los cráneos de los ballesteros, y si alguno quedaba vivo, le iba a cortar las manos y luego lo iba a arrojar murallas abajo, para que aprendiese la lección. Jodidos cabrones de mierda, pensó, y golpeó otra vez la madera, rezando para que se rajase de una puta vez.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 11 Sep 2010, 16:06

22 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

Balbian sondeó rapidamente el cuerpo del sargento sin mandibula, encontrando tres juegos de llaves, que no tardaron en concordar con el pequeño portón al lado de la enorme Puerta Este. La pequeña entrada daba a una escalera de caracol que se internaba en la misma piedra hasta llegar a la muralla, donde los seis ballesteros se preparaban para lanzar una nueva andanda de disparos. Varios granjeros se parapetaron detrás de la muralla, pero cinco de ellos agarraron sus hondas y se prepararon para devolver el favor a los soldados de las alturas.

Los virotes se clavaron en los honderos, atravesando sus mallas y armaduras, que protegieron a cuatro de ellos. Sin embargo, dos virotes dieron en partes sin proteger. Uno fue atravesado mientras insultaba a los soldados, y su lengua quedó como un picho moruno, atrapada a la garganta atravesada por la saeta. Durante unos segundos intento inutilmente hablar, pero acabo tirado en el suelo mientras se agarraba a la pernera del pantalón de un amigo. Otro virote fue disparado con una fuerza bestial, y atravesó malla, cuero y ropa, entrando por la cavidad torácica y traspasando el corazón de otro campesino, hasta que la punta de la saeta se vió salir por su espalda. A cambio a los ballesteros les llovieron tres cantos afilados, que dejaron a más de un ballestero con una brecha hendida.

Al tiempo, Reiner amenazó al lancero rendido, que a duras penas aguantó un ligero llanto mientras se encaminaba a la escalera de caracol. Lo que nadie esperaba fue la reacción de los ballesteros, que viendo como tendrian que luchar contra once hombres con mejores protecciones y armas que ellos mismos, y con munición para sólo dos o tres disparos más, se juntaron para empujar unas pesadas cajas sobre la trampilla que daba entrada a la escalera de caracol, y acto seguido salieron pitando de sus puestos, corriendo a toda prisa a la siguiente conexión amurallada en dirección a la Puerta Norte. Tucko, el granjero más fuerte, consiguió levantar la trampilla tras que Balbian reventara la cerradura con la pistola, pero para cuando pudieron subirse a las murallas, el rastro de los ballesteros se habia esfumado. Contra todo pronostico, lo habian conseguido. Habian conseguido tomar la primera puerta, que a partir de ahora llevaria la bandera del bando Leitdorf.

Aun asi, no se encontraban en posición de defender la posición contra una represalia bien organizada. Sólo quedaban Rodrik, bien malherido; Reiner, convaleciente de sus graves heridas; Balbian, Pit y Tucko, los más destacados de entre los granjeros; el jinete Boltus de pesada armadura y cinco granjeros protegidos con mallas y armados con hondas, espadas, porras, lanzas y escudos. Todos se encontraban heridos, y nadie contaba con armas de mayor alcance que una honda o una pistola para disparar desde la muralla, por si los soldados volvian con más refuerzos. El grupo de ataque número uno habia quedado reducido a once hombres heridos, y con ellos tendria que lidiar Reiner para defender la posición.

Prisionero Jon Taimk

-Señores...-
el lancero que se habia rendido se encontraba desarmado junto al resto de revolucionarios, que estaban demasiado cansados y heridos como para ocuparse de él -...Yo no trabajaba para el ejército por ideales, ni jamás he hecho nada malo contra campesinos. Mi abuelo, de hecho, era de la aldea de Essing, donde trabajaba el campo. Por favor, no digo que me suelten, pero no me maten, por favor. Esto era solo un trabajo para mi, de algo me tenia que ganar la vida...

El lancero era un muchacho joven, no pasaria los veinte años, pero tenia maña con la lanza, como habia demostrado antes. Reiner jamás habia tenido prisioneros antes, pues siempre se habia enfrentado a razas salvajes como los pieles verdes, que no sirven ni para trabajar, o contra fanáticos norses que no aceptaban la rendición como algo honroso y peleaban hasta morir. Era la primera vez que luchaba contra humanos civilizados, y la situación era novedosa para él. La noche estaba en su punto más oscuro, y solo los faroles de la calle proporcionaban algo de luz, asi como las debiles y lejanas estrellas puestas en el firmamento por los antiguos dioses. Los combatientes se tiraron por las murallas a descansar, pero Rodrik seguia nervioso.

Rodrik el Renegado

-Los muchachos están exhaustos Reiner. Tienen que descansar, y no creo que podamos defendernos si nos atacan. Al menos tenemos la certeza de que si el ejército viene, no lo hará desde Jorkstown sino desde las mismas murallas. ¿Qué se te ocurre?



FDI: Fallas con un 89 una tirada de Intimidar, y el lancero no está lo suficientemente acojonado como para cerrar la boca. A partir de ahora, tus hombres tienen un -10 de penalizador a tareas fisicas por el cansancio y las heridas, al igual que tú.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por kurgan » 12 Sep 2010, 14:10

Reiner Volk

Quien no ha sentido el furor de la batalla, no sabe lo que se pierde. Lo que sienten los soldados veteranos que se lanzan a la batalla no es más que el refinamiento de aquello que llena las mentes de los chavales que se zurran en las calles por cualquier nimiedad, que empuja a los toros a embestir y a los perros a morder y girar sobre sí mismos para desgarrar la carne. Es la entrega al combate.

En el Viejo Mundo, es un placer peligroso, pues, como saben los habitantes de este malhadado planeta abocado al Caos y a la perdición, todo conduce a la Mancha. Los que se entregan en demasía al éxtasis amoroso caen en los brazos de Slaanesh Hombre-Mujer, los que buscan el conocimiento en los de Tchar, aquellos que se pierden en la batalla los encuentra Khorne, Khar, el Perro Rojo, el Señor del Hacha. Pero sin entrega carnal no habría nuevos nacimientos y el mundo se perecería; si no existiese la esperanza, el Viejo Mundo se habría derrumbado hace mucho; el furor de la batalla ha salvado a la humanidad de la extinción. Incluso la bondad y el afecto fraternal se pervierten en los brazos de Nurgle. ¡Qué desdichado mundo aquel en el que todo, por defecto o por exceso, lleva al Fin de todo! ¡Qué desgraciada humanidad, que se halla en la cuerda floja entre dos abismos!

Quizás Reiner, aún cuerdo, se dirigía sin saberlo a la corrupción, pues aquella vez, como otras, el odio lo dominaba mientras ascendía las escaleras en caracol, ahogando al miedo y a la duda, y cuando sus adversarios huyeron, lejos de sentirse aliviado, le pegó una patada en las rodillas a su único prisionero y alzó el hacha cruelmente. Había visto morir a dos hombres más bajo los disparos de las ballestas, agonizar en el suelo y ahogarse con la sangre que les brotaba de la carne perforada, y sentía la necesidad de matar.

El prisionero tropezó y alzó las manos, implorante, con los ojos anegados de miedo. Reiner miró en torno, a los campesinos que sucios, ensangrentados, exhaustos, contemplaban la escena. Balbian abrió la boca para decir algo y la volvió a cerrar. Rodrik tosió y escupió una flema ensangrentada. Se rascó la nariz con aire pretendidamente neutral, como si no le fuera ni le viniera quello. Otro campesino cerró los ojos y se recostó contra la muralla, y pareció desentenderse. Dos, uno joven y otro padre de familia, parecían a punto de amotinarse, pero no se atrevían a hacer nada hasta que Reiner no dejara claras sus intenciones. Tucko cruzó sus anchos brazos sobre el pecho, a la espera. Sólo el caballero parecía indiferente.

Con un suspiro, Reiner dejó reposar el hacha, se destocó y se limpió el sudor de la frente. Le pegó una patada al prisionero y le mandó estarse quieto, con los brazos extendidos y mirando al suelo, hasta nueva orden.

-Tú, Pit, sácate el uniforme y corre lo más rápido que puedas-Reiner se conformaría con un trote-ve a pedir refuerzos. Que nos releven, y se lo dices así, treinta ballesteros, que tememos un fuerte contraataque. Se lo dices así, ¿entendiste? Fuerte contraataque, y que tenemos muchas bajas. Necesitamos agua, y comida, y un galeno.

Echó una mirada en torno. Se hallaban sobre el baluarte de la puerta. Reiner le señaló sus características a Rodrik.

-Esto es una torreta, pensada para defender la entrada. Está más alta que el resto de la muralla, si te fijas, y sólo hay una forma de subir, por esta escalera. O por la otra parte, con ganchos y escaleras, o incluso haciendo sillita de la reina, pero así no se monta un ataque serio. El resto, ayudadme a apilar estas cajas, todo lo que halla, y formar una barricada. Si nos vienen con ballestas por aquí, será fácil esconderse tras la barricada, y defenderla con la ventaja de la altura y de la cobertura.

-Mientras tanto, guardia vas a apilar cajas y además, nos vas a contar historias para entretenernos. Sí, puedes sentarte. Nos vas a decir cuántos hombres hay en la guardia de la ciudad, y cuáles son sus contraseñas, y a quién son leales. Y más te vale ser locuaz, porque si me aburro te corto la lengua.


Reiner miró en torno una vez más. Contaba mentalmente a sus hombres.

-¿No falta gente?

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 15 Sep 2010, 21:03

22 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

El granjero Pit, el más habil hondero de los hombres de la escuadra de Streissen salió de estampida a por refuerzos, en dirección a la Plenzerplazt. No habia tiempo que perder, por lo que no hubo tiempo de mensajes personales para nadie en concreto. Al tiempo, Rodrik y tres hombres capaces comenzaron a colocar maderas y tablas a cada lado del torreón de la Puerta asegurando una mejor defensa para cuando el ejército contraatacara. Rodrik estuvo a punto de comentar algunos detalles, pero estaba cansado y actuo conforme Reiner ordenó.

Después, el prisionero comenzó a hablar. No por miedo, más parecia desinteres en lo que le pudiera ocurrir a sus compañeros. Explicó el número de hombres, oficiales y todo lo que sabia.

Prisionero Jon Taimk

-Em bueno, no tenemos contraseñas. No quiero ofenderle, pero ¿no le parece un poco estúpido que las tengamos? En las guarniciones de las murallas nos conocemos todos, sabemos quien es de los nuestros y quienes no. Es absurdo que nos vayamos a fiar de unos tipos con uniformes viejos a los que no conocemos de nada.

El lancero fue apilando más cajas, con bastante más celeridad que el resto de campesinos, antes de volver a hablar.

-Ya deberian saberlo, pero el número de vigilantes y soldados en la ciudad es de doscientos, cien del ejército provincial y otros cien entre cuerpos de seguridad urbana y miembros de la defensa de puertas, entre los que estamos nosotros. No se que números tendrán ustedes, pero el ejército de Averland es de unos seiscientos hombres, doscientos al mando del capitán Tretmund, que he oido que está preparando un ataque para tomar Merfeld. Luego está el capitán Twin, que se lleva a matar con Tretmund, y que está defiendo las fronteras. Lo último que oi de Twin fue que estaba asediando Legenfeld, pero no se como le habrá ido. Por último está Jaran, quien tomó ayer el mando de las fuerzas centrales. He oido que perdió un combate contra Markus Leitdorf cerca de Streissen. Hemos oido que ha perdido a varios alabarderos esta tarde, pero aun le deben de quedar más de cien hombres. Por último, he oido que el Conde Elector va a cambiar la capital de la provincia a Heideck, pero esto es solo un rumor.


Tras las nuevas noticias traidas del joven lancero, Balbian contestó a la pregunta del tuerto lasnquenete acerca de los desaparecidos.

Balbian Boleslav

-Reiner, creo que se largaron dos tipos de las aldeas de fuera de Streissen, Gunter de bigote fino y Rito, el tipejo peludo. No me parecio verlos combatir, los muy cobardes nos dejaron tirados.

El resto asintieron a las palabras de Balbian. Si algo destrozaba la moral de un grupo era que miembros de una cuadrilla huyeran. Reiner tendria que vigilar tal aspecto si no queria que su escuadrón se convirtiera en ascuas.

Pasaron tres horas antes de que Pit volviera, acompañado de veinte obreros, una shallyana y del mismo Consejero Leitdorf acompañado de tres heraldos. Los heraldos no eran mensajeros corrientes, con lo que los granjeros quedaron estupefactos. Al parecer, tales hombres eran siervos leales de los Leitdorf, y habian aprovechado la revuelta para ponerse a servicio de Conde averlandés Leitdorf. Tambien iban acompañados de Gunter y Rito, a los que Pit habia reconocido en su camino de vuelta a la puerta, y habian arrestado para que recibieran el castigo que Reiner considerara apropiado por desobedecer las ordenes de ataque.

Hondero Pit

-Buenas noticias, parece ser que el ejército se ha retirado de la Zona Comercial, y se ha atrincherado por la Puerta Norte, donde varias familias están largandose de la ciudad. Si esto sigue asi, para mañana habremos tomado todos los edificios de gobierno. Es más, Bahever se dirige ahora junto a Burs Mahiven para tomar el edificio del Consejo Provincial, ¡donde se piensa establecer el nuevo gobierno!


Un coro de gritos y aupas se olló por la muralla, al tiempo que el Consejero Leitdorf tomaba un caballo, robado de los establos.

Consejero Leitdorf

-Reiner, Rodrik, ¡habeis hecho un gran trabajo! Esto está siendo más fácil de lo que jamás imagine, la ciudad esta cayendo sola en nuestras manos, apenas sin hacer esfuerzo. Voy a partir en breve hacia Streissen para reunirme a Markus Leitdorf, pues Bahever asegura que solo quedan reductos Alptraum en el Barrio Viejo. La ciudad es lo suficientemente segura para que nuestro verdadero Conde llegue, asi que espero no tardar demasiado en traerlo a su nueva capital.


La noche comenzó a morir mientras se intuia la pronta salida del sol. Los obreros colocaron la bandera morada, simbolo y color de la revolución Leitdorf, al tiempo que la Shallyana se afanaba en desinfectar heridas y atender a los más graves. Sin poder evitarlo, Reiner cayó dormido mientras la curandera trataba con alcohol y hierbas la malcurada herida de su pecho.

Al despertar, el sol ya habia salido, y Reiner se encontró con que habia pasado toda la mañana. Todo el tiempo sin dormir habia pasado factura, y el lansquenete habia quedado dormitando durante de más de ocho horas, durmiendo como un niño. A su alrededor, comprobó con humor como alguien habia repartido boinas moradas para toda la guarnición de la puerta, constituida por dos caballeros, cuatro ballesteros de Giorgio, tres obreros y sus granjeros, que cuando se encontraran en mejor estado volverian a ser llamados a las armas. A su lado, Balbian ya estaba levantado, mirando a través de las murallas las vastas praderas de Averland que se extendian, el rio Aver al Norte y los campos al Sur. Su expresión no dejaba desvelar si se encontraba feliz por la pronta victoria en Averheim (apenas un solo dia de combates) o temeroso por las batallas que estaban por venir.








22 de Destilario (Brauzeit) de 2527. Loningbruck.


Miller se dirigió a una de las camas, mientras el rastro de Mannricht se perdia fuera de las murallas de Loningbruck. Alan habia quedado otra vez sin sus antiguos trabajadores, y ahora le tocaba ensillar al destrero y dirigirse hacia la capital. Cässim y Adelfbert le acompañarian, y al tener dos caballos, el camino no se haria excesivametne largo. O al menos, eso era lo que el rubicundo caballero esperaba.

Tras pagar la comida, los tres hombres partieron a toda prisa hacia el Norte, saliendo de la ciudad de la viruela sin mirar atras. El camino se haria largo, pero Cässim podria amenizarlo con sus comentarios casi tanto como Adelfbert lo aderezaria con sus toses. 80 kilómetros los separaban de su destino, y al ser este territorio Leitdorf no se esperaban peligros.

Cabalgaron seis horas sin descanso, pues Alan no permitió perder ni un segundo de tiempo en aldea o pueblo alguno, hasta que los rallos del amanecer comenzaron a cegarlos. No encontraron rastro de los Revolucionarios de Pillher, que a buen seguro habian tomado una ruta menos directa para reclutar hombres en las aldeas cercanas, y cuando pararon para reposo de los animales, ya habian recorrido más de la mitad del camino.


23 de Destilario (Brauzeit) de 2527. Cavernas de Monheim.


El viaje habia sido pesado y aburrido, sin nada interesante entre los dos puntos del camino. Sin embargo, los tres hombres comenzaron a notar que las toses ya no afectaban únicamente a Adelfbert, y las de éste se habian incrementado incluso. La sospecha de que la Viruela no se habia quedado en Loningbruck comenzó a atenazar a caballero, escudero y carbonero.

Alan Friedsgoth

-Estamos cerca de Monheim, a un par de horas de galope hasta Averheim. Y... arg, maldita carraspera... Creo que he pillado la viruela. ¿Tenias que hablar tan cerca mia Adelfbert? Espero que hayan galenos disponibles, no tengo ganas de acabar como ese mediano que Mannricht cargaba, Sigmar no lo quiera.


Cabalgaron un rato más hasta llegar al centro de Monheim, mientras Adelfbert comenzaba a perder el sentido, pues su cuerpo habia comenzado a sufrir grandes dolores y espasmos, que a penas le permitian moverse a lomos de Malaspulgas. Mas cuando parecia que el viaje iba a terminar sin percances, asomados a la parte más alta del pueblo, vieron a lo lejos decenas de estandartes. En la lejania era dificil cerciorarse de los colores, pero asemejaban tonos añiles y azules, demasiado distantes como para reconocer simbolos. Alan se giró a sus acompañantes.

-Mmm, esto no pinta bien. ¿Creeis que deberiamos irnos de aqui antes de que esas columnas pasen por aqui?




FDI: Ale, ya esta todo listo. Reiner, ganas una herida, y tienes toda la tarde para hablar con los hombres, preguntar a los obreros y comer algo. En resumidas cuentas, te han dado el dia libre, y como no hay rastro del Consejero, supones que se ha marchado ya.

Adelfbert, Cässim, ya podeis postear aqui. Ambos fallais las tiradas de Resistencia, con lo que la enfermedad va a avanzando por vuestro sistema respiratorio. Adelfbert, en concreto tu no eres capaz de moverte con las mallas puestas, pues los escalofrios te han resentido las articulaciones, y tu agilidad ha bajado a diez. Teneis que tomar una decisión, acerca de encontraros con el convoy o tomar una ruta alternativa. Cässim, pasas percepción con un 17, y te das cuenta de que hay gente para llenar cuatro campos de cultivo (no sabes contar, pero vienen a ser unas trescientas personas, con diligencias y caballos).

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