El invierno Averlandés

Para los que leéis todas la novelas, y las devoráis aunque la cera de las velas se agote.

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Nocturno
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El invierno Averlandés

Mensaje por Nocturno » 30 Ago 2019, 12:24

Hola, como ya os había comentado en alguna ocasión en el grupo de juego partimos desde la "Tormenta del Caos" y jugamos a partir de ahí. Eso supuso que el tiempo iba pasando y además de lo que jugamos el resto del Imperio (y el Viejo Mundo) tenía que ir avanzando. La solución fue jugar en la misma época en diferentes provincias, pero aún así era demasiado cansino (volver en el tiempo adelante y atrás puede ser divertido un tiempo, pero al final acaba cansando y quieres continuar las campañas que ya jugaste) y para colmo los jugadores tenemos la ventaja de que ya sabemos qué va a pasar en otro lado y tomar ventaja.

Al final acabé por romperme los cuernos y generar lo que iba sucediendo en las distintas provincias de forma aleatoria, con tiradas más o menos sensatas. Por ejemplo, en el caso de Averland usé en su momento tiradas de empatía y de liderazgo en las negociaciones entre los nobles, y tiradas de iniciativa y de liderazgo en el caso de las batallas.

Esta historia va por partes que iré publicando en el hilo. Sentiros libres de criticar, dar golpes de remo, lanzarme misiles aire-tierra o lo que consideréis oportuno. Por supuesto y como siempre hago del trasfondo he cogido lo que me ha dado la gana, aunque la mayoría parte de "Herederos de Sigmar". Espero que os guste.

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El año 2522 es recordado en la crónicas imperiales como el de la gran invasión de Archaón, que llamaron la Tormenta del Caos. Las fuerzas de elfos, enanos y humanos se unieron en un cónclave que terminó con la derrota del caudillo del caos, pero que sometió al Imperio a un castigo severo del que tuvo que recuperarse a lo largo de los años.

Aunque Archaón fue vencido muchas tropas del caos trataron de mantenerse ocupando parte de las provincias de Hochland y Ostland, sobre todo escondiéndose en las montañas centrales. El Emperador Karl-Franz volvió a Altdorf dejando al Gran Maeste de la Reiksguard, Kurt Helborg, al mando de las fuerzas que darían caza a los enemigos.

Muchos problemas se encontró al llegar a la capital imperial. Uno de ellos, el más sangrante para el Emperador, era la falta de Elector en Averland. Tras meditarlo y pedir consejo a sus ayudantes más cercanos decidió mandar un edicto imperial a la provincia para obligarles a elegir un Elector en el plazo de un año y volver a cumplir con sus obligaciones imperiales. Al frente del mensaje envió al joven Lukas von Wallenstein con instrucciones muy concretas.


El 19 de gelidario un triste sol trataba de calentar con sus débiles rayos la ciudad de Averheim. Una suave brisa fría recordaba que el invierno ya había llegado, pero todavía no lo suficientemente fuerte como para ser una molestia.

A primera hora del día una diligencia de la empresa "las seis ruedas" se abría paso entre la gente que abarrotaba el puente sobre el Aver, escoltada por varios hombres a caballo. Llamaba la atención que portaba una heráldica blanca con una corona de laurel y un martillo, pero los peatones estaban demasiado ocupados tratando de que no les atropellaran para fijarse.

El que sí lo observó fue Johann Anblick, sargento de la puerta Norte, al que avisó el soldado Reinwald cuando se olió el percal. Aunque las diligencias oficiales de las compañías no tenían que pararse en la puerta como los carros de mercancías para pagar la tasa de entrada, estaba casi seguro de que esta tampoco iba a hacerlo. Sin tardanza encargó al propio soldado que llevara un mensaje al capitán.

Apenas un rato más tarde el capitán Bruno Gestresst recibía el mensaje, pero ya estaba viendo desde la ventana de a Plenzerplatz todo lo que tenía que saber de los pasajeros de la diligencia: "El Emperador Karl-Franz por la gloria de Sigmar, Conde Elector y Gran Príncipe de Reikland, Príncipe de Altdorf y Conde de la Marca Occidental, hace saber a los nobles ciudadanos de Averheim y de toda Averland que antes del próximo invierno deberán haber elegido a un Elector que cumpla sus obligaciones y reclame sus derechos del Imperio de Sigmar nuestro señor".

A Bruno le encantó la expresión "nobles ciudadanos". Estaba claro que era un mensaje a la nobleza averlandesa, pero además de darles a ellos el edicto (estaba seguro de que una copia del mismo sería recibida en cada mansión de la alta nobleza averlandesa) lo pregonaban en la ciudad.
Como capitán de la guardia aprobaba esta situación. Desde que no tenían Elector no había más fondos que los asignados para la guardia, de forma que no podían reclutar más gente ni comprar más material, pero tenían que seguir haciendo frente a los disturbios o controlar las noches y las fiestas.

Estaba claro que el Emperador acabaría metiendo baza si los Leitdorf y los Alptraum seguían jugando al gato y el ratón. Ambos tenían sus aspirantes a Elector: Quintus Leitdorf, sobrino del fallecido Marius, e Ilse Alptraum, hija de la antigua Electora.
Los dos querían el Electorado, pero ninguno de ellos tenía todavía el apoyo suficiente del resto de la nobleza para conseguirlo. Ahora todo se precipitaba; Llegaban tiempos convulsos para la ciudad.

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Re: El invierno Averlandés

Mensaje por Nocturno » 02 Sep 2019, 12:23

La Condesa Carmilla von Sachs llegó a la mansión de los Leitdorf en Averheim en una diligencia imponente, digna de su rango y posición social y tirada por caballos grandes y viriles. Le acompañaban en el interior su marido Siegfried y su sirviente Erich, mientras que en el pescante se sentaban Axel y Edgar, cochero y guardaespaldas de confianza de la familia desde hacía tres generaciones.

Le había llegado la invitación de Franzisca Leitdorf para comer a primera hora de la mañana, cuando el sol empezaba a asomar, trastocando los planes que tenían para ese día. Eran tiempos extraños en Averheim, puesto que el edicto del Emperador había trastocado el apacible invierno de bailes opulentos y largas comidas a la luz de las lámparas de aceite. Al menos el ambiente en la calle se había tranquilizado y las bandas que pasaron el año atemorizando a los viandantes se diluyeron como una copa de vino escanciada en el río. La partida estaba ahora en instancias superiores.

Los Sachs y los Leitdorf siempre se habían llevado bien. Franzisca y su hijo Quintus los recibieron con mucha cercanía y familiaridad y les hicieron pasar a una magnífica sala donde les sirvieron la comida: Un entrante de chocas de cordero con magnífico queso duro de Bernloch, un primer plato de roque de río cocido en rúbeo de Loningbruck y un segundo contundente de tabla de carnes averlandesas, todo ello aderezado con un magnífico espumoso semiseco y aromatizado de Streissen.

La comida fue digna del mejor banquete y Carmilla pronto comprendió que sus recelos hacia Franzisca eran infundados; Tal vez se había difundido que su cena con Ilse Alptraum varios días atrás no había acabado bien y estaba más que dispuesta a apoya la causa de su hijo. Todavía no estaba claro si se iba a conseguir elegir al Elector con una cierta unanimidad o si todo se aclararía tras una campaña militar, pero en cualquier caso los Leitdorf partían con cierta ventaja tras demostrar que bajo su mandato la prosperidad era un hecho.

Tras la comida empezó la charla importante; Franzisca le preguntó a su homóloga sin rodeos si podía hablarle de los destinos de Averland y tras su afirmación hizo un gesto a un sirviente. Este le trajo un mapa de la parte occidental de la provincia, donde están las villas de Lengenfeld, Colmfahre y Wuppertal, además de Pfeildorf y Wissenburgo en Wissenland y la ciudad de Nuln en el extremo.

–Querida –Empezó Franzisca– Esta es la región occidental de nuestra provincia, donde tienes el feudo de tu familia –Comentó señalando Lengenfeld–. Sin embargo, creo que no la tenemos suficientemente protegida ni reclamada.

–¿A qué te refieres? –Preguntó Carmilla.

–Tanto aquí, aquí y aquí –Apuntó con el dedo a Pfeildorf, Wissenburgo y toda la franja colindante con Nuln, desde el Aver hasta el Reik superior– Tenemos casas, campos y pequeños asentamientos que no son nuestros, pero se aprovechan de nuestra tierra para sus intereses.

–¿Y qué podemos hacer?

–Querida, nuestra intención –Hizo partícipe a su hijo Quintus con un gesto y este asintió con la cabeza– Es ceder esas tierras por diez años a alguien que pudiera desarrollarlas y evitar que gente no averlandesa se aproveche de ellas. A los diez años, tiempo más que suficiente para crear una buena comunidad, serían dadas como baronías para que pudieran heredarlas sus descendientes, y por supuesto aportar al erario provincial.

–Mi señora, si mi familia y yo podemos serviros...

–Antes de nada –Le cortó ella– tenemos que deshacernos de los que no quieren colaborar en elevar nuestra provincia al lugar que se merece –Y apuntó con el dedo Colmfahre.

Carmilla y Siegfried se marcharon de la Leitdorf bien entrada la tarde, cuando el sol ya se quería esconder en el horizonte y el viento castigaba con su fría temperatura a los que salieran de casa sin una buena capa de pieles. Se iban mucho más contentos de lo que esperaban, porque aunque eran fieles a la causa Leitdorf no esperaban que tuvieran preparada una estrategia para el desarrollo de la provincia en su propio feudo.

Pero siempre había un precio a pagar. Mandaría a los mensajeros para que sus hombres se aprovisionaran y marcharan hacia Colmfahre con la mayor rapidez posible, antes de que el invierno castigara con toda su crudeza. Conseguirlo auparía a su familia a la posesión de un buen pedazo del Imperio, y sus hijo Friedrich podría heredar toda Averland occidental. Tal vez ella no sería Electora, pero su hijo algún día podría aspirar a ello.

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Re: El invierno Averlandés

Mensaje por Nocturno » 05 Sep 2019, 12:31

Era el 25 de Ulricario y parecía que el peor tiempo del invierno había llegado al Sur de Averland. La nieve se empezó a acumular en los picos de las montañas del fin del mundo y el paso del fuego negro se volvió poco menos que impracticable, aislando el Imperio humano del resto del continente. Protegiendo el paso y aún con la vieja carretera de los enanos abierta se encontraba Grenzstadt, la última ciudad de la provincia, el centro de comercio en la ruta que podía terminar en Catai o en Arabia.

Tras un par de días en los que la nieve casi detuvo a los imprudentes viajeros que viajaban en invierno por carretera, el tiempo mejoró lo suficiente para que pudieran hacer un esfuerzo y guarecerse en la población más próxima. Este era el caso del Conde Matthias von Grunwald, que en su afán de instalarse en los que previsiblemente serían sus nuevos territorios había comenzado su viaje en Averheim el treinta de Gelidario para conseguir acabarlo en Grenzstadt casi un mes después, aprovechando una ligera mejoría del crudo invierno.

La puerta occidental de la ciudad estaba abierta y protegida por un grupo de soldados más preocupados en guarecerse del frío que de vigilar la carretera. No esperaban en ningún caso a un Conde a caballo flanqueado por dos sirvientes de confianza y por su guardia personal de diez hombres embozados en armaduras completas y portando el estandarte con un menhir blanco sobre fondo verde. Teniendo en cuenta que la sucesión del electorado de Averland estaba en un punto complicado y que no se podía descartar que los contendientes intentaran maniobras militares, el sargento Uhler ordenó formar a sus hombres para defender la puerta y gritó las indicaciones para que los que se encontraban en la muralla estuvieran preparados para cerrarla.

El grupo del Conde avanzó lentamente sin dar muestras de querer realizar una carga y cuando estuvieron suficientemente cerca el Conde hizo un gesto a sus hombres que se quedaron rezagados mientras él avanzaba hacia la línea de alabarderos. El sargento titubeó; No parecía que los hombres a caballo tuvieran intenciones agresivas, pero tampoco quería ser víctima de una trampa. Mientras él valoraba la situación Matthias se acercó a apenas unos pasos de las hojas de las alabardas y alzó la voz.

–Buen día nos dé Sigmar –Comenzó mientras saludaba– ¿Quién es el encargado de la puerta?

–Aquí el sargento Uhler, encargado de la puerta nocturna –Contestó brevemente–.

–Sargento, soy el Conde Matthias von Grunwald –Hizo una pausa para que calaran sus palabras e intimidaran a los hombres– y vengo con mi guardia personal a instalarme en Grenzstadt por la gracia de Quintus Leitdorf, sobrino de nuestro fallecido Elector Marius Leitdorf –Aunque omitió parte de la información y adornó sus palabras, no dejaba de ser cierto lo que decía.

–Confío sargento –Siguió Matthias– que tendrá a bien asignar a algunos de sus hombres para escoltarme a mi morada.

Uhler dudó. Podía estar a punto de cometer un error muy grave, pero no encontraba manera de negarse al requerimiento del noble. Si lo hacía se arriesgaba a perder la cabeza, y pretendía que siguiese mucho tiempo sobre sus hombros. Ordenó a los hombres que rompiesen la formación y volviesen a sus puestos.

Hacía tiempo que la ciudad de Grenzstadt no se vestía con sus mejores galas, así que el paso de los hombres de Gunwald se convirtió en una especie de desfile para sus habitantes. Las personas se aglomeraron en los lados de las calles para ver al Conde y a sus soldados, y se fueron animando hasta dedicarle vítores y aplausos. Ni en sus mejores sueños imaginaba Matthias este recibimiento, totalmente fortuito pero que le daba una gran sensación para el futuro.

Encontró su casa en muy buenas condiciones teniendo en cuenta que hacía diez años que no pasaba por allí; El servicio hizo un buen trabajo y se anotó mentalmente el recompensarles por ello. A los propios soldados que lo escoltaron les ordenó que avisaran al alguacil Fritz Verstiegen de su llegada e interés por concertar una audiencia. Era totalmente consciente de que el alguacil había sido nombrado por un Elector fallecido mientras que él era un noble de pleno derecho, pero en cualquier caso prefería mantener ciertas formas mientras no fuera nombrado administrador de la ciudad.

El 26 de Ulricario amaneció nevando y con todo congelado. Ningún visitante o viajero llegó a la ciudad durante todo el día, y el viento dificultaba casi cualquier transporte aunque fuera guarecidos por las murallas. En cualquier caso el Conde acudió a su cita con Fritz deseoso de encontrarse con un hombre cabal.

Este lo escuchó con educación y leyó al completo el documento firmado por el Elector Quintus Leitdorf que le legaba la ciudad y el condado de Grenzstadt, además de permitirle la libre circulación de mercancías a los nobles de su corte; Todo ello a cambio de su apoyo para convertirse en Elector.
Verstiegen no era un noble y por tanto no ponía en duda la negociación con los Leitdorf, aunque no parecía un trato favorable para ellos. Sin embargo no podía ceder ante Grunwald porque hasta donde las noticias llegaban Quintus no había sido declarado Elector.

Matthias sonrió ante la lógica del alguacil. Le había parecido una persona lista y meticulosa, pero su pequeño envite dialéctico confirmaba sus sospechas. Con un gesto llamó a su sirviente y le pidió un documento que extendió al ahora curioso Fritz. Según avanzaba en su lectura entendió las implicaciones que tenía y el viaje del Conde al extremo de la provincia, desvinculándose totalmente de la disputa del electorado.

Se trataba de un documento firmado por Ilse Alptraum que le cedía la ciudad y el condado de Grenzstadt a cambio de su apoyo para convertirse en Elector.

–Parece que tenéis todas las cartas en la mano, Matthias von Grunwald.

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Añado en esta parte que las negociaciones con el Conde Matthias von Grunwald fueron exasperantes. No falló una sola tirada de Empatía o Liderazgo, ni contra Ilse Alptraum (la primera con la que negoció y llegó a un trato) ni contra Franzisca y Quintus. Fue la única vez que pasó algo parecido, y me pareció justo darle un extra además de su anhelada Grenzstadt.

Creo recordad que este mismo premio se le dio a la ciudad de Avilés durante la edad media debido a su fidelidad al rey. Provoca que la pequeña y mediana nobleza se "cambie" de ciudad creando una corte a pequeña escala. En su momento me pareció una idea genial y así quedó anotada... Pero ya sabéis que los dados son muy cabr.... Y a veces pasan cosas que no se pueden prever.

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Re: El invierno Averlandés

Mensaje por Nocturno » 06 Sep 2019, 17:36

La villa de Sigmaringen se encontraba un tanto revolucionada en el solsticio de invierno. No sólo se había adelantado un par de meses la llegada de "Los rudos de Pfungzig", que todos los años hacían batidas en las montañas del fin del mundo para cazar lobos, goblins y pielesverdes varios, sino que este año estaban acompañados de una partida de trabajadores de Pfungzig que pretendían construir un fuerte permanente para controlar la población de goblinoides.

A todos le habían llegado los rumores de que en Averland se precipitaban los acontecimientos sobre la sucesión del antiguo Elector, pero nadie conseguía averiguar qué propósitos tenía la familia von Heine o de parte de qué partidario estaban.

Cien millas al Noroeste en Pfungzig Emilie von Heine, una joven de 28 años hermana del Conde Dieter conocía la pieza del rompecabezas gracias a su fallecido esposo, Wolf Geizig. Este había sido prospector toda su vida en las Montañas Negras, pero el poco apoyo del Alguacil de Grenzstadt y la presión de los enanos le había hecho desplazarse al Norte a lo largo de la cordillera de las Montañas del Fin del Mundo, en la zona antes dominada por Karak Varn, con la esperanza de encontrar una mejor acogida a sus descubrimientos.

Allí encontró lo impensable. ¡Oro! En los pequeños arroyos de las montañas, armado con una batea y mucha paciencia fue encontrando pepitas de oro suficientes para labrarse una vida. Acudiendo a Pfungzig se compró una casa, sirvientes y volvió a batear oro de nuevo. Esto llamó la atención de otro hermano del Conde, Wilhelm von Heine, jefe de la recaudación del condado, que tomó medidas para apresar a Geizig y hacerle confesar su hallazgo.

Una vez la familia Heine tomó control del bateo del oro le encontraron un rápido y conveniente casamiento con Emilie, con tan mala suerte de que su afición a la bebida le hizo caerse por las escaleras y matarse. Eso no impidió que los Heine siguieran bateando el oro y buscando la manera de encontrar la veta en la montaña sin hacer demasiado ruido. Ahora, con una concesión de explotación, la empresa iba a crecer exponencialmente para hacer aún más rica y poderosa a la familia.

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Re: El invierno Averlandés

Mensaje por Nocturno » 06 Sep 2019, 18:54

Los acontecimientos se precipitaron en Averheim el 33 de antebrujo. El último día del año mensajeros de los Sachs llegaron a la ciudad con un grupo de soldados que transportaban un prisionero: Wolfgang Hindenberg, el hermano del Barón Sigmundo que había huido a Pfeildorf con su esposa Therese. El apresamiento de su hermana Gilda y de su esposo Ehrhard en Streissen les había puesto sobre aviso, pero probablemente no esperaban un ataque a su feudo pensando que el estar en un extremo de la provincia les hacía un sitio estrategicamente poco útil en la contienda entre los Alptraum y los Leitdorf.

Franzisca y su hijo Quintus Leitdorf se reunieron de nuevo con la Condesa Selena von Kusch y mandaron mensajeros al Conde von Heine, para darles cuenta de la situación y pedirles un último apoyo para la proclamación unánime de Quintus como Elector.

En la mansión de los Alptraum la noticia no sentó nada bien porque sus aliados parecían difuminarse, dejando sólo la opción militar como única vía para hacerse con el poder.
Mandaron mensajeros al Sur en busca del Conde von Grunwald ya que sin su apoyo la guerra no estaría justificada.

El 16 de Trasbrujo los mensajeros trajeron las peores noticias: Von Grunwald apoyaba a los Leitdorf, y ya se encontraba en Grenzstadt para tomar posesión de su nuevo dominio, cedido por los Leitdorf para hacerse con el poder.
Ilse Alptraum tenía 35 años, pero sabía reconocer una derrota cuando no queda más remedio. Esta vez Franzisca y Quintus le habían ganado de mano, pero eso no le impedía seguir creyendo firmemente que algún día sería la Electora de la provincia. Llamó al escriba y le dictó una carta a los Leitdorf.

La entrada de la primavera fue un día doblemente festivo. Quintus se dio un baño de masas en Averheim tras proclamarse Conde Elector Quintus Leitdorf. El pueblo disfrutó de tener por fin una cabeza visible en la provincia con la esperanza de que se tradujera en prosperidad para todos, y Quintus disfrutó de ser Elector con tan sólo 21 años.

El equilibrio de poder en Averland había cambiado: Los Grunwald, los Sachs y los Heine salieron fortalecidos mientras que los Alptraum y los Hindenberg, estos últimos despojados de sus tierras y exiliados, salieron perdiendo en influencia. Para Quintus nada tenía importancia más allá de su victoria. Pronto tendría que casarse y reforzar las alianzas con las casas nobles, así como tener hijos y malcriarlos. La estirpe de los Leitdorf debía reforzarse y afianzarse en Averland para que sus descendientes fueran Electores casi por herencia.

Mientras tanto una sola familia podía permitirse el lujo de no asistir a la celebración de Quintus. En su casa no era fiesta, sino derrota lo que se respiraba. Ilse meditaba sus pasos mientras pensaba en el camino a seguir en los próximos años. Los Leitdorf consiguieron su ventaja porque su hijo Quintus con su juventud parecía alejado de los excesos de su tío; A ella le tocaba ahora trabajar por su hijo y hacer volver a la provincia a una senda cabal con los Alptraum a la cabeza. Podía llevarle años, pero no cejaría en su empeño.

Fin.
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Añado varias aclaraciones que en su momento tuve que hacer, seguramente os lo preguntéis vosotros también.

La historia parte de la "Tormenta del Caos" en la que sería la segunda edición de Warhammer Fantasy juego de Rol. Hay cosas que he cogido en la historia (la mayoría del libro "Herederos de Sigmar") y otras que no. Hay muchas cosas resueltas con tiradas, de manera que son aleatorias y me gusta "trabajar" con ellas porque no las decido yo. Sí, es un escaqueo de responsabilidad importante.

Se titula "El invierno Averlandés" por dos motivos:
-Soy muy malo poniendo títulos.
-Esta es la historia del invierno, no de la sucesión en Averland.
(A esto lo llaman ahora cliffhanger ¿verdad?)

Al igual que en Averland pasa todo esto en el resto del Imperio pasan cosas. En Ostland Valmir von Raukov intenta reconquistar su provincia desde el Norte; En Hochland Aldebrand Ludenhof se está encontrando con problemas mientras reconstruye Hergig; Y por supuesto en Talabecland y Talabheim tienen sus propios planes "por la seguridad de la provincia".

Probablemente la próxima historia que ponga por aquí será la de Ostland, que es en cierta manera la más violenta y atractiva, pero si alguien tiene alguna sugerencia que escriba ahora (o más tarde, realmente no tiene importancia cuándo sea).

Saludos a todos y espero que os guste, sea la historia, la redacción, las chorradas que comento o el mundo de Warhammer Fantasy.

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