Heinrich Messner III: Muerte y Renacer

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Heinrich Messner III: Muerte y Renacer

Mensaje por Saratai » 23 Feb 2009, 11:59

La ventisca azotó la llanura de Rughsdorf, colinas, caminos y senderos se entrecruzaban en un vasto pastizal ya helado por el frío. Sólo una casa en toda la llanura, sólo un lugar donde toda la vida del páramo iba a luchar contra si misma. Dos bandos, y sólo uno ganaria.

Una representación teatral, a escala, de lo que era el Imperio, iba a comenzar. Los sanos combatiendo a los enfermos, los mutados asesinando a los perfectos. Odios y sangre por el control y la supremacia de todo un condado. De ganar los mutantes, su número creceria y creceria. Nadie los podria parar, y se harian con el control de todos los pueblos aislados, convirtiendo a la población en monstruos de pesadilla. Y si la victoria se rindiese ante los hombres de Averheim, la amenaza mutante se cercenaria, los caminos comenzarian de nuevo a retomar su actividad y el orden derrotaria al caos. Por tanto, en tal decisiva batalla se decidia mucho más que la vida de sus participantes. Se decidia la vida de cientos de personas, y en definitva, del futuro de toda una provincia.

Los hombres de el letrado Heinrich Messner tomaron formaciones al ver la casa donde se haria la reunión. Tras varias horas cabalgando, habian perfeccionado su formación.

El ayudante del Fiscal, Heinrich Messner, y el aspirante a sacerdocio, el reiklandés Pieter Azhelhof, cabalgarian juntos con Franz por el ala derecha. Por el ala izquierda, Migolver Bacher, su sirviente y el soldado de los Messner Liszt atacarian con toda su fuerza. Detrás, apoyando la carga con sus ballestas, los mercenarios Gertrude y Valentino dispararian junto a Heinz Stolzer, el cazador de no muertos. Y por detrás, envolviendo la retaguardia y los flancos de los mutantes de la casa abandonada, los especialistas de la casa Alptraum, Helnacht, Maximilian y Jaimil. Todos iban provistos de caballos, a excepción de los mercenarios y Heinz, que combatirian encima de la carreta. En unos segundos se veria la pasta de cada uno.

Justo antes de cargar, las bendiciones, los deseos de suerte y los últimos retoques a la formación tuvieron lugar. Las palabras mutantes se oyeron en todas las conversaciones del grupo, pues era un dato que muchos desconocian. Pero no era el momento de tener miedo, la menos no de aparentarlo. La tensión de antes de la batalla se hizo presente, y Helnacht, antes de partir con sus dos compañeros, habló a Messner.

Helnacht Zuwastein

-Heinrich, creo que todo está bien. Prefiero tener a mis compañeros cerca, ya hemos combatido muchas veces juntos. Nosotros nos adelantaremos, y cargaremos por detrás cuando vosotros cargueis. Tened buena suerte.


Sin más, los especialistas cabalgaron a toda velocidad, rodeando toda la explanada de la casa. El resto siguió avanzando, en tres grupos de tres, hacia el frente. No tardaron en ver las siluetas de los que en los alrededores se movian. Y una de esas siluetas resaltaba enormemente por encima de los demás. Un ser de descomunal tamaño se alzaba tan grande como un caballo. Una cabeza gigante, bajo el torso de lo que parecia un toro enfermizo, sin cuernos, y de piel amarillenta. Patas donde antes estuvieran brazos y piernas, patas pequeñas y achatadas pero musculosas y sin aparentes rodillas. Su mandibula parecia suficientemente grande como para arrancar la cabeza de un hombre de sólo un mordisco, y sus ojos eran tan inmensos como los cráneos de dos hombres adultos. A su lado, una figura humanoide, de un tamaño considerable, vestida con una armadura de color carne, dificil de diferenciar de su propia piel, a aquella distancia. Correteando, un par de siluetas mucho más pequeñas iban de un lugar a otro. Y por último, otro par de jinetes permanecian encima de sendos caballos, uno negro y otro blanco. A aquella distancia, no se podian percibir los ragos de los hombres de estatura normal, más si podia verse que los dos jinetes que permanecian quietos estaban mutados. El del caballo negro tenia un antebrazo exageradamente grande. El del caballo blanco estaba provisto de lo que parecia una cola. Engendros todos, hijos del mismisimo Caos.

Migolver no tardó en expresar su júbilo.

Migolver Bacher

-Vaya, pues no era para tanto. Sólo son seis monstruos. Yo me encargaré de pelear con el más grande, vosotros id a por los jinetes.- dijo señalando a Messner.


Tras sus palabras, el grupo de la izquierda comenzó a cabalgar en dirección a los mutantes de mayor tamaño, que permanecian en la puerta. Los mercenarios, detrás, se preparaban desde la carreta para disparar en cuanto los objetivos estuvieran a tiro. A lo lejos, los especialistas Alptraum se alejaban lo suficiente como para atacar por detrás de la casa.

La carga iba a celebrarse pronto, pero conforme avanzaban, los rasgos de los mutantes se iban haciendo más y más visibles. Y con ellos, la apariencia tanto del monstruo gigantesco conocido como Fredd y de su amo, Wrak'thvak. Cuando el guardia Messner y el guardia Bacher vieron de cerca a aquella bestia, dudaron en su carga. Pero al ver la armadura que el musculoso mutante que permanecia cerca del engendro no pudieron reprimir un grito, encabritandose sus caballos. Migolver, en cambio, no se amilanó frente a aquel tremendo ser, aguantando su miedo y encarandose a una muerte segura frente a las dentelladas del engendro y las afiladas protuberancias de hierro que estaban injertadas en la piel de Muerte en los Caminos. Por detrás, los especialistas apoyarian a Migolver contra aquellas bestias.

Detrás, la carreta paró cerca de la casa, con una buena linea de tiro desde lo alto que le permitia disparar a cualquier blanco. Lo que antes eran un par de siluetas, ahora eran un par de mutantes, uno parecido a una bestia, armado con un arco, y otro, de piel gelatinosa y escamas, con un cuello más ancho que su propia cabeza.

En la derecha, los jinetes de Messner, Pieter y Franz, se encontraban entre los mutantes a caballo. Uno de ellos tenia una enorme pinza de cangrejo donde deberia tener un brazó, y estaba vestido con una armadura más propia de un templario que de un mutante. En la mano humana llevaba una pistola, y al parecer estaba cargada y apuntando a los recién llegados. En su cabeza, un sombrero de ala ancha, de un cazador de brujas. Messner no tardó en reconocer a Barret Manocangrejo, aquel con quien habló la última vez, pero el reconocimiento fue recíproco. A su lado, el otro jinete mutante llevaba una pistola en cada mano, y de su espalda, una grotesca y horripilante cola de escorpión sobresalia detrás de él, llena de costras de carne y pelos. Ambos parecian muy peligrosos, aunque el de la cola de escorpión no paraba de mirar a la carreta.

Y el detalle del que no se habian percatado hasta ahora los atacantes, era que en el suelo, tres mutantes más yacian tirados, vestidos con harapos y semi desnudos. Cual fue la sorpresa de Messner al reconocer en aquellos mutantes a los Quober y a su secuestrada.



Todo sucedió muy rápido. Wolfrin estaba preparando el plan con Sylen, cuando de pronto se vieron a los jinetes en la lejania. Sin tiempo para preparar una emboscada en condiciones, que a buen seguro habria acabado con aquellos intrusos en los dominios de Muerte en los Caminos, los mutantes se prepararon para el inminente combate. Desde la casa, los gritos de Urchaven fueron oidos por todos los mutantes, unos gritos que recordaban a los de un parto. Barret sonrió.

Barret Manocangrejo

-Ella ya ha empezado
- le dijo a Skorpio - Cuando veas a sus ''niños'' salir de la casa, sal corriendo lejos de ellos, pues son tan peligrosos para nosotros como para esos cabrones que vienen por ahi. Ahora hermano, coge tu caballo y preparate para lo que nos viene encima.

Ambos mutantes permanecieron juntos. Un poco más a su derecha, Sylen y Dragón se preparaban para el combate, y Muerte en los Caminos se parapetaba en la puerta de la casa, para que nadie entrara dentró. Poco a poco, mientras los humanos se acercaban, los mutantes fueron divisando a sus adversarios. Los del flanco derecho, el flanco izquierdo y... entonces Wolfrin los vió. Tuvo que dar gracias a los dioses por darle esa oportunidad. En una carreta se encontraban los mercenarios que dias antes le habian disparado sin compasión en las cuevas de Monheim. Gertrude y Valentino, Skorpio no habia olvidado esos nombres. Su venganza por fin podria cumplirse, pese a no comprender que hacian ellos alli. A su lado, el guia que les llevó a las cuevas pero que no permaneció en el combate. La idea que desde el principio, aquel strilandés de la cicatriz en la cara estaba compinchado con los mercenarios, paso por la cabeza del mutante. Todo cuadraba, la matanza de inocentes en Monheim seguramente habia sido orquestada por las tres personas que en la carreta se encontraban, con un propósito desconocido. Fuera como fuera, ahora, bajo la influencia de Morrslieb, se llevaria a cabo una matanza sin igual.


FDI: El combate ya ha empezado. Los que estais a caballo podeis cargar a cualquier adversario. Los que vayan a pie solo podrán cargar a los que tengan cerca, pero no es el caso de nadie. Si alguien quiere atacar a Muerte en los Caminos, tendrá que pasar una tirada de Miedo. Tambien os aviso a todos de los esalofriantes gritos que se oyen desde dentro de la casa. Buena suerte en las tiradas.
Última edición por Saratai el 04 Mar 2009, 10:46, editado 1 vez en total.

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Mensaje por Van Hoffman » 24 Feb 2009, 16:40

Heinz Stolzer / Franz Miller

El aspirante a cazador de vampiros asintió y regresó junto a los mercenarios. Éstos le dedicaron una mirada de desconfianza, pero Heinz no estaba para gilipolleces. Desmontó del caballo, lo ató a la carreta y se subió a la misma.

- Bien. El plan es sencillo. Los tres hombres de los Alptraum iran por un flanco y atacarán a los mutantes desde su retaguardia. Messner, Pieter, Herr Bacher y los otros tres hombres cargarán de frente. Nosotros tres, desde la carreta, apoyaremos la carga con nuestras ballestas. Si el combate se vuelve en contra de los nuestros, cargaremos, mientras no pase, a disparar.

La casa cada vez estaba más cerca, y varias siluetas se iban formando delante de ella. Dos a caballo, una enorme y deforme que recordaba a "Gordo", uno que parecía ir desnudo y otras dos. Heinz se descolgó la ballesta y la cargó. Valentino detuvo la carreta en una pequeña loma, y los dos mercenarios prepararon sus ballestas. Poniendose en pie, Heinz apuntó y gritó.

- ¡Vamos, demostrad que el dinero de los Fahen no se desperdicia!

Heinz apretó el resorte de su ballesta, y el virote salió disparado contra los mutantes.



FDI: Explico mi acción. Mi intención es ver como se desarrolla la carga y actuar en consecuencia. Si Bacher carga solo, dispararé contra uno de los dos mutantes a pie. Si alguno de los mutantes a caballo se nos acerca a los mercenarios y a mi, le dispararé a él. En cualquier otro caso, dispararé contra el mismo objetivo que los mercenarios. Las dos medias acciones serían apuntar y disparar.
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Weiss
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Mensaje por Weiss » 24 Feb 2009, 21:34

Heinrich Messner

La hora había llegado.

Toda la llanura estaba en calma, sin un alma a la vista. Era como si el paisaje se hubiese detenido para contemplar el combate que tendría lugar allí, las titánicas fuerzas que se medirían. El Bien contra el Mal. El Orden contra el Caos. El conflico más antigua de la Historia se escenificaría una vez más, contando como actores con las fuerzas de Heinrich Messner, contra la banda de Muerte en los Caminos. Incluso el viento quiso hacer acto de presencia, sacudiendo los pastos, las ramas, las capas de los hombres de Messner. A lo lejos, ya se vislumbraban las siluetas de los mutantes, aguardando al grupo.

Messner se ajustó el sombrero, ya que el fuerte aire amenazaba con arrebatárselo, y empuñó su espada en la diestra, mientras agarraba con fuerza las riendas de Erwin con su mano izquierda. Sentía la tensión del momento antes de la batalla, y no era capaz de estar tranquilo. Cuando antes empezase aquello, antes acabaría, para bien o para mal. Cuando ya estaban a poco más de cien metros de la casa, Helnacht se le acercó. Era el momento de disponerse en formación de combate. Dirigendo al grupo formado por los Soldados de los Alptraum, Helnacht partió, dando un rodeo, al amparo de las sombras. El éxito de aquel grupo conformaba gran parte de las esperanzas de victoria de Messner. Si conseguían coger a los mutantes por la espalda, y sobre todo, a Muerte en los Caminos, sería un gran factor a su favor: los mutantes se verían atrapados entre dos frentes.

Suerte, Helnacht. Confiamos en ti. Que Sigmar esté contigo.

Miró a Migolver, que se mostraba también impaciente, sin duda ansioso por entrar en combate. El noble describía movimientos con su espada, los movimientos que usaría en combate, resoplaba, miraba en todas direcciones, se colocaba las ropas... En general, se preparaba para entrar en batalla. Detrás, Heinz y los Mercenarios aguardaban, con sus ballestas preparadas. Aunque quedasen en la retaguardia, ese grupo también sería vital a la hora de debilitar a los mutantes, o de enfrentarse a grandes amenazas, como Muerte en los Caminos. Messner confiaba en Miller, y sabía que no había sugerido esa táctica por cobardía.

Migolver, hora de separarse -luego se dirigió a los mercenarios y el cazavampiros- Situáos donde mejor ángulo y visión tengáis. Elegid bien vuestros objetivos y concentrad el fuego. Suerte a todos.

Dirigió una mirada al grupo que él dirigiría. Podía ver confianza, respeto y hasta cierta admiración en los ojos de Pieter. En los de Franz, vio tranquilidad, la resignación de un veterano que se enfrenta una vez más a la muerte. Miró una última vez a Migolver. El combate empezaba.

Vamos, ahora.

Empezó a galopar hacia los mutantes, primero a un paso más lento, pero acelerando a medida que se acercaban. El grupo de Migolver, formado por el otro enviado por los Bacher y por Liszt, todavía seguía cerca del suyo, y el noble se giró para hablar con Messner.

Vaya, pues no era para tanto. Sólo son seis monstruos. Yo me encargaré de pelear con el más grande, vosotros id a por los jinetes.- dijo señalando a Messner.

Realmente, Migolver Bacher era valiente. No había dudado ni un momento antes de cargar contra el terrorífico Muerte en los Caminos.

Como quieras, Migolver. Aguanta hasta que lleguen los Alptraum, que cargarán por la retaguardia. Suerte, y ten cuidado.

Acto seguido, desvió su grupo hacia la izquierda. Se enfrentaba a dos mutantes montados. A uno de ellos nunca lo había visto. Parecía humano, si no fuese por la enorme y negra cola que se alzaba detrás de él. Al otro mutante Messner lo reconoció rápidamente. Aunque ahora llevase armadura, la imagen de su cara, y la horrible visión de su pinza estaban grabadas en la retina de Messner.

Barret Manocangrejo...

Aceleró aún más la carga, dispuesto a medir su acero contra el de aquel condenado ser. Levantó su espada por delante de él, señalándole.

Franz, Pieter. Contra el de la pinza. MUERTE O GLORIA.
"Ninguno de vosotros lo entiende. Yo no estoy encerrado aquí­ con vosotros. Sois vosotros los que estáis encerrados aquí­ conmigo"

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Mensaje por Nimref » 24 Feb 2009, 23:13

Wolfrin Skorpio

Eran ellos... el destino los habia llevado esa noche alli... alguien queria que se vengara de ellos... y si los habia reunido hoy, los reuniria mañana... y al siguiente... hasta que Skorpio pudiera completar su venganza...

Pero hoy no... no puedo atravesar a esos hombres como si nada...

En ese momento, Skorpio dio un respingo sobre el caballo, se dirigian hacia ellos a la carga...

Franz, Pieter. Contra el de la pinza. MUERTE O GLORIA. -dijo que el parecia el lider de los tres...

Asi que no todo ha acabado...

Con un rapido movimiento, Skorpio cogio las riendas del caballo, haciendolo girar 90º, suficiente como para alejarse del combate, al tiempo que decia...

No es nada personal, Barret, pero... ¡que te jodan...!

Barret giro su cabeza lo suficiente para ver la mirada psicopata de Skorpio mientras este reia desenfrenadamente...

Tras el disparo (que Skorpio no aseguro, pero no seria muy letal) dijo

Ahi lo teneis... Mientras galopaba en direccion contraria...

Accion: hago media accion de disparo con una pistola a Barret y otra media accion de movimiento en direccion contraria al combate (si, huyo de nuevo)
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Mensaje por Saratai » 25 Feb 2009, 18:15

Madrugada sangrienta del 29 de Ulricario. Angestag.

Los humanos estaban a punto de llegar, la sangre iba a empezar a correr, y los mutantes estaban listos para vengarse de sus odiados enemigos. Barret y Skorpio preparaban sus disparos, para acabar con la vida de los jinetes del flanco derecho.

Barret Manocangrejo

-Skorpio, hoy te labraras un hueco entre n...


De pronto, un disparo se oyó en el campo de batalla, un disparo que no venia ni de Helnacht ni de Barret. Manocangrejo se miró el pecho. De él, un hilo de sangre corria por la coraza ahora rota por el traicionero disparo que Wolfrin le habia hecho por la espalda. Barret, sin tiempo para entenderlo, se giró hacia su compañero. La sangre salia de su boca, pues su pulmón izquierdo estaba ahora perforado. Un gesto de incredulidad y confusión se hizo presente en su rostro. Lentamente, y en voz baja, le susurró a su compañero unas últimas palabras.

-¿Por qué? ¿Por qué lo has hecho?

Antes de que tuviera ninguna respuesta, Wolfrin huyó de la batalla, como era costumbre en él. Y tal vez gracias a esa actitud, podria sobrevivir a más de un peligro, lo que, según el punto de vista, tampoco era algo malo.

Un segundo más tarde, Heinrich, Pieter y Franz se abalanzaron contra él. El primero en golpear fue el letrado. Clavó la espada de la fiscalia en mitad del pecho del mutante, haciendo que la palabra Lex que habia inscrita en ella tocara el esternón del mutado ser. El siguiente en dar su regalo divino fue Pieter, abollando la armadura de Barret con su martillo. Por último, el veterano Franz desenvainó su espada justo antes de golpear, dandole un efecto devastador. De un solo golpe, partió la armadura del mutante por la mitad, penetrando con su viejo acero las costillas del monstruo, que salieron volando por los aires, destrozadas por el impulso. El caballo de Barret se encabritó, y su cadaver cayó al suelo mientras un velo negro cubria sus inertes ojos. El sombrero del cazador de brujas caia al barro mientras era pisoteado por el caballo negro que antes habia servido de montura al mutante. Uno menos.

Ahora, el flanco derecho estaba limpio. Habia sido mucho más rápido de lo que Messner pudiera imaginar en un principio, pues apenas unos pocos segundos habia llevado asegurar esa parte del campo de batalla. Pero aun quedaba mucho por hacer, pues Muerte en los Caminos se eregia imponente frente a la puerta de la casa, en el lado opuesto.

Mientras tanto, en el centro de todo el combate, la carreta de los mercenarios daba una amplia variedad de objetivos. Heinz Stolzer elegia cuidadosamente su blanco. Tras examinar la zona, dió por bueno apoyar los disparos de sus compañeros. Con alivio pudo ver como los hombres del letrado acababan con uno de los mutantes con gran facilidad, mientras que el otro jinete huia. Pero antes que encargarse de eso habia que acabar con la oposición que aun estaba encarada a ellos. Gertrude no vaciló, y prefirió disparar al mutante armado con un arco, el cual era el peligro más cercano para los tres ballesteros.
Gertrude no dudó en su disparó, apretando el gatillo como una auténtica profesional. El virote voló en dirección al bestial mutante, clavandose en su hombro, con una fuerza tal que lo hizo retroceder un par de pasos.

Valentino Fonseca

-¡Vamos cazamutantes, ese está en las últimas!


Sin más, el tileano repitió los movimientos de su compañera, disparando hacia el mutante del arco. Su disparó fue directo a la cabeza, pero por escasos centimetros no acabó con la vida del mutante, clavandose la flecha en el suelo. Por último, Heinz apuntó a su presa. En el fondo, era como un monstruo no-muerto, solo que este respiraba. Pero por todo lo demás, ofendia igualmente a los dioses con su mera presencia. La mano del cazador fue firme, y su disparo recto. Sin embargo, el disparó falló por poco, sin llegar a dar a su blanco.

Fue entonces cuando el ruin mutante cobró su venganza. Con rapidez, agarró una flecha, la cual disparó a una velocidad endemoniada contra gertrude. El proyectil atravesó la malla de la muchacha, devolviendo la deuda de sangre. Sonriente, el mutante retrocedió unos pasos, dejando que su compañero, el mutante de las escamas, corriera a cuatro patas hasta colocarse enfrente del carromato. El ser abrió sus enormes fauces, creando una enorme bola de fuego, que lanzó sin piedad hacia el carro donde los tres ballesteros se encontraban. La explosión destrozó por completo el carro entero, haciendo que sus ocupantes se consumieran entre llamas y astillas. O la menos eso pareció al principio, pues el agil Heinz saltó del carro antes de que el fuego llegara a él, a pesar de la armadura. Sin embargo, sus los dos mercenarios no tuvieron la misma suerte. Gertrude fue calcinada en un infierno de llamas salidas del mismisimo averno, cayendo muerta al frio suelo. Valentino, gravemente herido, comenzó a dar vueltas en el suelo, para apagar las llamas que se aferraban impasibles a su ropa. Solo Heinz Stolzer salió ileso de unas llamas que sin duda, de haberle alcanzado, habrian acabado con él.

Entre tanto, los tres mutantes que yacian en el suelo, los hermanos Quober y la muchacha, se levantaron viendo la horripilante escena. Horrorizados, corrieron hasta la casa, en cuya puerta luchaba Muerte en los Caminos contra el joven Migolver. Cual fue la sorpresa de éstos al ver como la puerta se abrió de golpe, saliendo de ella tres mutantes más. Uno de ellos, el mutante conocido como Revkha, iba armado con una pesada hacha a dos manos. Otro estaba equipado con una espada, un escudo, y un yelmo que cubria su rostro. El tercero, el más grande de todos, era un mutante de una enorme cornamenta, el cual portaba una gran maza. Desde la casa de la que salieron, crueles gritos de dolor se hacian presentes, y un escalofrio erizó a todos los presentes. Algo horrible debia estar ocurriendo en la caseta, algo malsano y prohibido.

Justo al lado, Muerte en los Caminos arremetia contra aquel temerario joven. Migolver, armado de valor, le apuntó con su espada.

Migolver Bacher

-Monstruo, hoy pagarás por tus crimenes. ¡PREPARATE PARA MORIR!


Sin más, Migolver se abalanzó contra él, pero antes de llegar a su objetivo, las fauces de Fredd se cerraron sobre él. La carne de su pierna fue desgarrada, haciendo que su rodilla luchara por no partirse por la fuerza del monstruo. Mas lejos de amilanarse, Migolver respondió al golpe que aquel monstruo le inflingia. Dos veces clavó su espada en la enorme cabeza del engendro, y dos veces la sacó llena de sesos, dientes, sangre y restos oculares. Desorientado por la enorme cantidad de daños que su gigantesco cráneo estaba sufriendo, el engendro retiró sus fauces del valiente noble, asustado por una rápida muerte. Fue entonces cuando Wrak intervino. Cubierto con las pieles de aquellos a los que habia dado muerte, lanzó una patada a Migolver, al mismo lugar donde su bestia habia mordido. Su peso y su fuerza eran impresionantes, y a pesar de que el noble intentó detener el golpe, fue imposible para él. El dolor que sufrió fue indescriptilbe, pues su rodilla se habia quebrado, fisurando su hueso. Aun conservaba la movilidad, pero no podria moverse con la misma agilidad en el resto del combate. Muerte en los Caminos era un advesario formidable, que no necesitaba armas para acabar con sus enemigos. Metros más allá, los dos compañeros del noble Bacher, dieron media vuelta. Viendo a su señor sufrir las iras de aquellos monstruos, no podian dejarle morir solo, pues jamás podrian volver a Averheim con la cabeza alta. Primero el guardia Messner, y después el experimentado Beswug, eterno testigo de las proezas de Migolver, regresaron para apoyar al herido noble.

Y por detrás de la casa, los especialistas Alptraum desmontaban de sus caballos. Estaban acostumbrados a luchar de pie, y asi continuarian. Lo que no esperaban es que de dentro de la casa salieran más mutantes. Sin tiempo para preocuparse por Migolver, crearon una formación defensiva, sacando todos sus armas de fuego, apuntando a los que de dentro de la casa salian. En unos pocos segundos, la puerta de la casa se convertiria en un paredón de fusilamiento...

FDI: Bien, este turno ningun PJ ha recibido daños, escepto Gertrude, que tendrá que abandonar la partida. Wolfrin, te abro un nuevo tema para que postees (a no ser que quieras dar media vuelta y regresar al combate, que lo dudo XD). A los demás, buena suerte y a por ellos ^^. Edito además la información del penúltimo párrafo, con información de los compañeros de Migolver.
Última edición por Saratai el 25 Feb 2009, 19:15, editado 3 veces en total.

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Mensaje por Nimref » 25 Feb 2009, 18:45

Wolfrin Skorpio

...un hueco entre n... -las palabras de Barret se repetian en su cabeza... y despues, como un fuerte final a una de las ultimas frases del mutante, un disparo tremendo sobre su pecho

¿Por que?-le pregunto Barret justo antes de que Skorpio se fuera...

Sinceramente, Barret... esto no me llevaba a ninguna parte... fue lo unico que dijo Skorpio antes de irse a galope tendido en direccion a ninguna parte...

Se detuvo en una colina, desde la que divisaba la batalla.. se oian disparos y poco despues vio una bola de fuego ir hacia el punto en el que se encontraban los mercenarios y el otro humano...

No! Mi venganza... El mundo de Wolfrin se desmorono en cuestion de segundos, y lo unico que le unia a su pasado (la traicion de dos mercenarios) desaparecio... Entonces vio saltar a dos figuras del carromato al tiempo que se oia un grito demasiado agudo para ser de un hombre...

Skorpio rio... rio con verdaderas ganas al tiempo que cogia la pistola y señalaba al carro... agarro las riendas, dispuesto a volver...
Bang! Penso, pero no apreto el gatillo...

Siguio riendose mientras miraba la frenetica necesidad de Valentino de restregarse por el suelo...

Ya te pillare, mamonazo.. ya te pillare...

Siguio riendose mientras si caballo se alejaba del combate, donde dejaba los gritos desgarradores de dolor de una joven, los rugidos, el abrir de puertas... y mas disparos...
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Mensaje por Van Hoffman » 25 Feb 2009, 21:33

Heinz Stolzer / Franz Miller

Heinz observó a lo largo de la ballesta cómo Messner, Pieter y Franz se lanzaban contra los dos mutantes montados. Para su sorpresa, el de la cola de escorpión, al que le pareció reconocer de la noche en Monheim, se dio la vuelta y le disparó al de la pinza para luego salir cabalgando en dirección contraria. Aquello era, sin duda, una gran victoria. Y cuando los tres jinetes arremetieron contra el de la pinza y lo tiraron del caballo, Heinz se alegró sobremanera. Dos mutantes menos y a penas había empezado el combate. En vistas de que aquella zona estaba segura, Heinz giró para apuntar en el otro flanco. Gertrude fue la primera en disparar, al mutante que parecía una bestia y que estaba armado con un arco. El disparo de la mercenaria impactó, y lo siguió el del grandullón tileano, que se desvió en el último momento. Heinz no lo dudó y disparó también al mismo objetivo, esperando que las bendiciones de Sigmar y el revestimiento de plata de los virotes acabaran con la vida de aquella aberración de la naturaleza. Sin embargo, la bestia era ágil, y esquivó el virote en el último segundo.

Maldición.

La respuesta fue rápida. La bestia tensó su arco y una flecha voló hasta clavarse en el vientre de la mercenaria. Pero entonces, sucedió.

El otro mutante, el de las escamas, corrió a cuatro patas como una bestia del bosque, y frenó a escasos metros de la carreta. El mutante abrió la boca, y Heinz tuvo un mal presentimiento. Sus ojos se abrieron como platos, y el cazador comprendió. En un brevísimo lapso de tiempo, mientras la letal bola de fuego abrasador volaba hacia él, arrojó la ballesta, se impulsó con las piernas, y pegó el salto más grande que jamás hubiera efectuado. El stirlandés fue lo suficientemente rápido como para que solo le alcanzase la onda expansiva de la explosión del carro. El chillido agónico de Gertrude resonó en su cabeza mientras la muchacha se consumía en unas llamas que distaban mucho de ser de la misma pureza como con las que Heinz había ajusticiado a los tres brujos la noche anterior. Valentino también aulló mientras rodaba por el suelo tratando de salvar la vida. Mientras tanto, Heinz había conseguido rodar sobre sí mismo y quedar de rodillas frente al carro. Presa de una ira y un odio irracional, asió su espada consagrada a la Diosa de la Justicia y la Virtud, Verena la Santa, y se abalanzó contra la aberración que había causado aquella catástrofe.

- ¡Maldito hijo del infierno! ¡Lamentarás el día en el que te cruzaste conmigo! ¡MUERE, ABERRACIÓN IMPÍA!
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Mensaje por Weiss » 26 Feb 2009, 00:40

Heinrich Messner

Lo único en lo que Messner se fijaba era en su objetivo, en la distacia que le separaba de aquel horrendo crustáceo. Pero el sonido de un arma al dispararse consiguió romper la concentración de Messner. En un primer momento, pensó que el disparo había ido contra él, contra uno de sus hombres... Pero fue entonces cuando vio a Barret llevarse la mano al pecho. El otro mutante, el de la cola de insecto, estaba detrás de él, sosteniendo la humeante pistola en su mano. Un mutante había traicionado a los demás, había disparado a traición contra Barret Manocangrejo.

¿Se traicionan entre ellos?. Mejor... Trabajo que nos ahorran...

Acelerando aún más la carga, para aprovecharse de esta inesperada ayuda, Messner cargó contra Manocangrejo. Miró a los ojos al mutante justo antes de impactarle. Pudo ver el miedo, el odio, la sorpresa, la incredulidad. Sin embargo, ésto se reflejaba únicamente en sus ojos, pues su cara no reflejaba ninguna emoción. Barret Manocangrejo, resignado, se dejó matar. Vio la traición de su compañero, cómo tres hombres armados cabalgaban contra él... No se molestó ni en levantar su arma, no gritó ni emitió ningún sonido cuando Messner le atravesó con su espada, cuando Pieter le propinó un brutal golpe en el pecho, o cuando el aguerrido Franz totalmente le partió en dos, con un brutal mandoble. Los restos de Manocangrejo cayeron al suelo, y su caballo se encabritó y huyó. Murió con los ojos abiertos, y preguntándose cómo podían haber cambiado tanto las tornas en sólo unos instantes...

Messner frenó su caballo, deteniendo la impetuosa carga. Cuando se dio la vuelta, un súbito destello le obligó a proteger sus ojos con la mano. Vio una enorme bola de fuego dirigirse contra el carro, a uno de los ocupantes consumirse instantáneamente, o otro saltar en llamas y rodar por el suelo y a un tercero saltar justo antes de la mortal deflagración. Pero a aquella distancia no podía saber quién era cada uno.

¿Qué era eso?

Entonces vio a un mutante, delante de el carbonizado carro, jadeando, y a cuatro patas como un animal. Una imagen repentina llegó a su mente, y creyó reconocer en aquella figura a uno de los mutantes que había visto un día antes. Ahora se encontraba solo, y descansando, por lo que era el momento idóneo para acabar con él.

Vamos, contra aquel.

Empezó a galopar, flanqueado por Pieter y Franz. Cuando faltaban pocos metros para alcanzar a la infernal criatura, un hombre apareció. Era Franz Miller. Gracias a Sigmar, había sido él quien había logrado saltar del carro justo antes de la explosión. Dispuesto a ayudar al Cazador, Messner señaló al mutante con su espada.

Acabemos con él.
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Mensaje por Saratai » 26 Feb 2009, 17:29

El campo de batalla se habia reducido a dos frentes: El central y los alrededores de la casa. Los golpes y estocadas se habian vuelto salvajes, el ritmo comenzaba a ser frenético, y el combate tornaba letal. Cada ataque estaba calculado, cada herida era mortal.

Heinz Stolzer ardia en rabia. Tras salvar a duras penas su vida, desenvainó su espada y corrió hacia el mutante que habia aniquilado a los mercenarios. A su lado, Valentino seguia ardiendo por las impias ascuas del monstruo, con los restos llameantes de la carreta a su lado. Al tiempo, los tres jinetes de Messner cargaron contra su nuevo objetivo, el mismo que el de Heinz. Una vez a su altura, Heinrich fue el primero en golpear a la bestia. Su espada dibujó un perfecto tajo circular al hombro de la ruin bestia, que gimió de dolor. Tras el, el martillo de Pieter chocó contra su dura piel, sin apenas efecto. El que si consiguió encadenar un buen tajo fue Franz, atravesando la piel del monstruo con su espada. El horrendo ser, viendo como su situación empeoraba, lanzó un golpe contra Heinrich, intentando llevarse al letrado con él de vuelta al infierno. Sin embargó, no consiguió atrapar con sus garras al ayudante del Fiscal, el cual se libró de un peligroso adversario.

Pasos atrás, el huidizo Sylen volvió a cargar su arco, apuntando al portador del martillo, Azhelhof. Su flecha voló certera, gracias a los muchos años de práctica que el mutante habia empleado en perfeccionar su técnica, robando al adepto sigmarita un grito de pura rabia. La flecha se habia clavado en su pecho, entre el pulmón y el cuello. Más arriba, y el disparo habria sido letal. Heinrich, comprobando la situación, ordeno a su guardia y a Pieter atacar al bestial mutante, dejando a Heinz Stolzer a cargo del mutante convocador de las llamas. Pero el monstruo aprovechó la oportunidad que los jinetes le brindaron al cambiar de oponente, rajando con sus garras la pierna izquierda de Franz. El veterano se contuvo el dolor, ignorando al monstruo y siguiendo a su señor.

Stolzer, aun con odio en sus ojos, se preparó para su duelo a muerte con la bestia, a la que le haria pagar su maldad. Con todas sus fuerzas, y sin la ayuda de los jinetes, Heinz uso su espada, atacando desde abajo con un golpe ascendente. El filo de su espada bendita golpeó en la ingle al ser, dejandolo sin respiración, pero el arma quedó clavada en la carne. El monstruo, presa del dolor, no podia reaccionar, pero el stiralndés debia recuperar su arma. Usando su impresionante fuerza, siguió tirando de la empuñadura hacia arriba. El acero pasó de la ingle al vientre, y de éste al estómago, desgarrando toda la escamosa piel del que una vez fue humano. Siguió empujando con todas sus fuerzas hacia arriba, y el arma siguió su curso por la caja torácica, hasta llegar a la enorme garganta, la cual ya comenzaba a arder. Con el estallido que haria la carne al ser estirada hasta romperse, la ahora ardiente espada de Stolzer salió de su mutante vaina en la que se habia convertido el monstruo, desopilando sus intestinos. Los ardientes órganos de la victima dejaron de latir, tras quedar fuera del cuerpo, y Heinz Stolzer quedó vencedor de su duelo.

Mientras tanto, los jinetes llegaron hasta encararse con Sylen. El ser no tuvo tiempo de defenderse, pues las espadas de Franz y Messner atacaron juntas, como si del mismo ataque fueran parte, llegando al cráneo del mutante. Su mandíbula esparció dientes por el campo mientras el caballo de Pieter pisoteó en el barro el cadáver del arquero, tarde ya para efectuar ninguna embestida. Ahora, a los transmutados solo les quedaba un lugar donde defenderse: La casa abandonada.

Alli, pegado a las paredes del muro, Migolver se defendia de los ataques de Muerte en los Caminos. El noble jamás imaginó que su rival fuera tan duro, y por unos instantes vió su propia muerte a manos de aquellas bestias. Pero en el momento en que peor veia su destino, sus dos compañeros regresaron a caballo para ofrecer su apoyo. El engendró de Wrak se giró ante ellos, lanzándose contra sus caballos para evitar que tocaran a su señor, pero Bacher reaccionó ante la bestia, pues no dejaria que escapara de su sable. Clavó su arma en el enfermizo torso del engendro, introduciendola hasta el fondo. Una vez ahi, retorció y sacó el acero, cubierto de negra sangre. Franz y Beswug, viendo como la enorme cabeza del engendro caia, aprovecharon al unisono para atacar. Desmontaron de sus caballos, y desde el suelo acuchillaron una y otra vez al gigantesco mutante, hasta arrebatarle el último aliento de vida. Mientras tanto, Wrak golpeaba una y otra vez con sus duros puños la carne del caballo de Migolver. El caballo, con los sesos reventados por dentro por tal cantidad de traumatismos, calló inerte al suelo, pero su amo, haciendo gala de una movilidad prodigiosa, evito caer bajo el peso de su montura, como era el plan de Wrak. Sin tiempo para pensar, Wrak continuó con su oleada de golpes y rodillazos hacia el noble. Migolver intentó tomar distancia, pero primero uno y luego otro, dos golpes fueron directos a su cara, dejandole medio incosciente. A duras penas atacó con su ensangrentado sable a la pierna de Wrak, abriendole un tajo escasos centimetros por encima de la rodilla. El mutante sintió dolor, lo cual le produjo una malsana sensción de placer, pues si nadie lo remediaba, el futuro de Migolver seria la muerte.

Pero lo peor estaba por llegar. Parapetados en formación defensiva, Helnacht, Jaimil y Maximilian dispararon al unisono a los mutantes de la puerta. Maximilian fue el primero en disparar, en dirección al mutante de la cornamenta, Blok. El disparo de su rifle falló por poco, rompiendo un crital de la casa. El siguiente fue Helnach. El viejo, a pesar de su edad, conservaba una buena punteria. Primero una y luego otra, descargó las balas de sus pistolas contra el metalizado mutante del hacha, Revkha. Las balas atravesaron el férreo cuerpo del mutante, dejandole tirado en el suelo. Por útlimo, Jaimil disparó su arco hacia los mutantes desarmados, creyendo que estaban del bando de los demás. Su flecha se clavó en el vientre de la mutada muchacha, provocandole una hemorragia letal. Nada más disparar, todos agarraron sus armas de cortas distancias, preveiendo la carga de los seres del infierno. Bel, más ágil de lo que pudiera aprentar con su armadura, cargó contra Jaimil, golpeando con su hierro la pierna del tuerto. Blok, en cambio, cargó contra Maximilian, reventando sus narices. Por su parte, el joven especialista Alptraum descargó su alabarda sobre el monstruo, sin apenas hacerle daño, pues Blok estaba pegado a él. Helnach aprovechó la ocasión para acuchillar a corta distancia a Blok. La primera cuchillada, fue brutal, atravesando sus riñones. La segunda fue un golpe bajo a los tobillos. El pie de Blok salió despedido dos metros atrás, desangrando al ser entre gritos. Por su parte, Jaimil clavó su espada en el brazo de Bel, obligandole a retroceder.

Por su parte, el aun coleante Revkha y los mutados hermanos Quober se metieron en la casa, esperando pasar desapercibidos, pues veian como la batalla iba cada vez peor para su bando. Lo que no sabian era lo que se cocia en las entrañas de aquella casa...

FDI: En el tercer turno, y la batalla empieza a decantarse a favor de los averlandeses. Un esfuerzo más y ya lo teneis ^^.

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Van Hoffman
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Mensaje por Van Hoffman » 26 Feb 2009, 17:50

Heinz Stolzer / Franz Miller

Heinz estaba furioso. Casi perdía la vida por culpa de aquel aborrecible ser, y ahora pagaría con su vida ese intento. El cazador desenvainó la espada bendita por Verena y se lanzó gritando contra el mutante. Pero entonces llegaron. Messner, Pieter y uno de los guardias del letrado cargaron contra la criatura, propinandole varios golpes. Heinz temió no poder acabar personalmente con la vida de aquel engendro, pero para su sorpresa, los jinetes se volvieron y cargaron contra otro mutante, el del arco que había herido a Gertrude. Heinz sonrió. Con un grito, descargó un golpe ascendente que estalló en la entrepierna de su oponente. El horrendo ser se quedó sin respiración, pero lejos de apiadarse, Heinz magnificó su ataque. Gracias a su increible fuerza física y psíquica, continuó empujando la espada hacia arriba. Pretendía sacarla atravesando el hombro del mutante. La espada partio al mutante en dos, esparciendo huesos y vísceras. Para su sorpresa, éstas estaban en llamas, sin duda resultado de la impía mutación. Cuando Heinz sacó la espada ardiendo y la elevó por encima de su cabeza, durante unos segundos, pareció un héroe como los de las leyendas. Su rabioso rostro estaba iluminado por las llamas de su espada. Pero con un golpe seco al aire, éstas se apagaron, devolviendole al cazador su apariencia normal. Era el momento de seguir luchando. Dejando el inerte cuerpo partido en dos del mutante, Heinz se lanzó de nuevo al combate, esta vez contra el enorme ser que luchaba contra Migolver...

- ¡MUERTE!
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Weiss
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Mensaje por Weiss » 27 Feb 2009, 00:57

Heinrich Messner

El acero de Messner fue el primero en adentrarse en la escamosa piel de aquel mutante. Su espada describió un arco perfecto, que se clavó en su carne, destrozando hueso y músculo. Luego llegó el martillazo de Pieter, y finalmente Franz, que clavó su arma en el vil ser. El mutante aulló de dolor, se retorció. Parecía que estaba acabado, pero fue entonces cuando se giró rápidamente, e intentó agarrar a Messner. El Letrado esquivó a duras penas las afiladas garras del mutante, que al fallar, se hallaba otra vez tirado en el suelo.

Está acabado...

No valía la pena que los tres se detuviesen para rematar a aquel lastimoso ser. Miró a su alrededor, y vio a otro un poco más adelante, cargando un arco. Irían a por ése.

Miller, ocúpate, tú. Franz, Pieter, a por el del arco.

Dirigió a Erwin contra él, y fue seguido al instante por los otros dos hombres. En un último acto de maldad, el mutante desgarró la pierna de Franz, haciéndole sangrar abundantemente. Pero el valiente Guardia Messner se sobrepuso al dolor, y siguió cabalgando, siguiendo a su Señor. Cada vez estababan más cerca de su nuevo objetivo, y entonces, fue cuando disparó. La flecha pasó a escasos centímetros de Messner, hasta clavarse en el hombre que tenía a su derecha: Pieter Azhelhof. El sigmarita emitió un grito de dolor, cerró los ojos, invocó una plegaria... y continuó con la carga.

En verdad Sigmar debe de estar con nosotros hoy... Acabaremos con ellos...

Poco antes de alcanzar al mutante del arco, Franz se puso a su altura. Messner miró al curtido veterano, con admiración, mientras éste le hacía una señal. A la vez, los dos aceros destrozaron la cabeza del mutante. Uno menos. Frenando a Erwin, Messner se giró, para contemplar cómo Fredd moría. Migolver le había infligido importantes daños, y una última ayuda de Liszt y Beswug acabó con el terrorífico monstruo. Pero su horrendo amo seguía vivo, y ahora tenía a Migolver a su merced. El noble había luchado con valentía, así que Messner sentía que debía hacer todo lo que pudiese por él.

Una vez más, compañeros. Acabemos con su líder.

Flanqueado por sus dos fieles compañeros, Messner cargó contra el causante de gran parte de los males de Averland.
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Saratai
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Mensaje por Saratai » 27 Feb 2009, 18:10

Ahora, la batalla se reducia al combate de Wrak'hatd Yvked, defendiendo su vida contra todos los hombres que hacia el se dirigian. La mole de su cuerpo se hinchaba, llena de ira al comprobar como sus hermanos caian uno detrás de otro. Fredd, Sylen, Dragón, Barret, Blok... Todos morian sin que el pudiera hacer nada. Una furia salvaje se apoderó de su mente, aniquilando el poco raciocinio que a aquel ser le quedaba.

Wrak agarró el brazo del malherido Migolver. Con su mano derecha sujetó su codo, y con la izquierda su muñeca, para comenzar a golpear con su rodilla una y otra vez su antebrazo. El hueso del noble, débil en comparación al de su rival, no tardó en quebrarse. Migolver cayó al suelo, con el antebrazo iquierdo partido en varios trozos, aun unidos por la carne, pero horriblemente desfigurados, pues el hueso astillado sobresalia por el exterior, rompiendo la piel y sumiendo al noble en la incosciencia. El guardia Liszt no se atrevió a cargar contra aquel monstruo. Si habia sido capaz de hacer eso con el noble, que no podria hacer con el. Quien si cargó, a pesar del miedo que tenia, fue Beswug, que no podia dejar que aquella bestia rematase a su ya moribundo señor. Por la espalda, su espada se clavó en la dura carne de Wrak'hatd Yvked, penetrando la armadura de pieles. Sin embargo, la resistencia al dolor que aquel ser sentia era inhumana, y la cuchillada solo le hizo estallar en carcajadas, a pesar de que tal golpe, en un humano, podia perfectamente resultar letal.

Fue entonces cuando, desde el carromato en llamas, surgió Heinz Stolzer. Fatigado, el stirlandés habia corrido más que nadie, enfrentandose sin ningún temor a su rival. Sin duda, o era un temerario o un auténtico valiente, pues no dudó en cargar contra un ser que superaba los dos metros de altura, ataviado con pellejos humanos. La espada de Heinz atravesó la dura carne de Wrak. A pesar de que aquella mole no demostró dolor alguno, esta vez ya no reia como antes, pues la sangre empezaba a acumularse en su cuerpo. Sin tiempo para reaccionar, la carga de dos caballos llegaron en el momento idóneo. Pieter y Franz, por orden de un Messner que habia quedado paralizado por el pánico al observar de cerca el poder de Muerte en los Caminos, atacaron con furia al monstruoso ser. El martillo de Pieter golpeó la espalda de Wrak, tambaleandolo durante unos instantes, que Franz aprovechó para describir un mortal arco con su espada, que hizo saltar la carne del mutante. Y a pesar de todo, a pesar de la enorme cantidad de heridas recibidas, Muerte en los Caminos seguia de pie, dispuesto a morir matando a pesar de estar rodeado por cuatro valientes guerreros.

Unos metros más allá, mientras Valentino Fonseca se recuperaba de sus quemaduras, Bel observaba el final de la batalla. A su lado, su compañero Blok moria sin remisión, desangrando por su mutilación. Sin pensarlo dos veces, dio media vuelta y hecho a correr. Los golpes de los especialistas no le pararon, y el rápido mutante logró huir. Pero Jaimil tenia una cuenta pendiente con el mutante, y no le dejaria ir tan rápido. El tuerto montó en el caballo, y comenzó su persecución, abatiendolo a flechazos desde la montura. Sus compañeros, Maximilian y Helnacht, comprobando que solo restaba un mutante para acabar con aquella batalla, corrieron a su encuentro. Pero al pasar cerca de la casa, una inesperada sorpresa les asaltó. De dentro de la casa salieron de nuevo los que segundos antes habian entrado, atacando a los dos especialistas. Revkha, Vagbistel y Gottfried Quober asaltando, con extrañas sonrisas en sus caras, a Maximilian y a Helnacht. Vagbistel, con un enfermizo color azul en su piel, golpeó en la cara a Helnahct, dandole un fuerte puñetazo. Revkha, por su parte, descargó toda su fuerza en un golpe contra Maximilian, el cual evito en el útlimo momento. Gottfried, por su parte, cayó al suelo hechandose las manos a la cabeza, mientras su cráneo empezaba a aumentar de tamaño. Detrás suyo, Innes Urchaven hacia acto de presencia, rezando en un idioma ininteligible para todos. La cabeza de Gottfried continuó creciendo hasta doblar el tamaño de su cuerpo a medida que la acorazada Urchaven seguia recitando sus palabras, momentó en el que el craneo estalló en pedazos.

Messner, que habia quedado aterrado al ver a Wrak, ahora podia presenciar los acontecimientos que cerca suyo estaban ocurriendo, comprobando como una horrible energia, una malsana sensación se apoderaba del ambiente. No cabia duda, aquello debia ser hechiceria. Y era algo demencial.

Helnacht no tardó en desembarazarse del mutado Quober que le habia golpeado. Dos rápidos golpes de su espada mandaron al infierno al mutado criminal. Por su parte, la alabarda de Maximilian partió por la mitad a Revkha. Lo que el rubio especialista nuncá esperó fue que de los restos sangrantes de Revkha comenzaran a crecer trozos de carne, que con un empalagoso olor tomaron la forma de dos engendros de un color rosaceo. Aquellos demonios eran una amalgama de tentáculos, esporádicos colmillos y ojos, sin ningún tipo de orden. A su lado, del inerte cuerpo de Vagbistel, otra de aquellas bestias, ésta de un tono granate, usó la carne del Quober para crear su propio cuerpo. El demonio granate, nada más nacer, giró su amorfa cabeza para mirar al mutante que le habia convocado. El diablo no tardó en abalanzarse contra su propia madre, demostrando su actitudo caótica, persiguiendola y obligando a ésta a huir para no morir bajo sus propias armas. Pero no fue asi el caso de los otros rosaceos seres que habian surgido de los restos de Revkha. Uno se abalanzó contra Maximilian y el segundo contra Helnacht. Los especialistas aguantaron estoicos el embite de los demonios, tragando su miedo y evitando las arcadas que producia aquel olor. Maximilian cruzó golpes contra el monstruo, evitando que éste le golpeara. Pero Helnacht no pudo defenderse de su infernal adversario, recibiendo en el estómago un golpe que estalló en infernales llamas de extraños colores. A escasos metros, Messner lo veia todo, paralizado por un miedo a lo desconocido, por un miedo a lo inmortal y a lo impalpable. Lejos, Wrak'hatd sonreia. No moriria sólo.


FDI: Asi queda la situación: Liszt está paralizado de miedo delante del combate contra Muerte en los Caminos, el cual está herido tras recibir los golpes de Beswug, Franz, Pieter y Heinz, luchando contra los cuatro a la vez sin poder reaccionar adecuadamente. Unos pocos metros más alla, Helnacht sufre los golpes de uno de los demonios de color rosaceo. Maximilian, en cambio, es quien está hiriendo de gravedad al otro demonio. Messner está también paralizado de miedo, viendo como los demonios y los Alptraum luchan, pero en el siguiente turno podrá intentar actuar. Lejos de los combates, Valentino, muy herido, llora delante del cadáver de Gerturde. Más lejos aun, Jaimil remata a Bel. Y por último, varios metros lejos del combate contra los demonios, Innes Urchaven corre para que un extraño demonio de color añil no consigua devorarla.

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Mensaje por Van Hoffman » 27 Feb 2009, 19:22

Heinz Stolzer / Franz Miller

Heinz corría. Corría y gritaba. Gritaba y asía la espada. Se lanzó en una frenética carrera contra la mole que era "Muerte en los Caminos". Sus ojos estaban ciegos de ira, y ni siquiera la terrorífica presencia del mutante embutido en una horripilante armadura de pieles amedrentó al cazador. Ni siquiera el dolor de huesos y músculos que tenía, fruto de su pelea con Jaran, le impidió correr como un gamo. Llegó justo en el momento en el que la mole estallaba en carcajadas tras el ataque del compañero de Migolver.

- ¡Muere engendro!

Heinz descargó un brutal tajo horizontal que golpeó al monstruo en el costado, clavandose en la carne de la criatura. Ésta, tras recibir tal impacto, dejó de reir. De la herida empezó a manar sangre, y Heinz sacó violentamente su arma, provocando que más sangre aún saliese por la herida. En aquel momento, llegaron dos jinetes. Pieter y Franz atacaron a "Muerte en los Caminos" desde sus monturas, el primero con su martillo y el segundo con su espada. Aquel monstruo estaba aguantando golpes que podrían haber partido a seres humanos por la mitad, pero Heinz pudo ver que estaba en sus últimos momentos de vida.

Embravecido, el cazador alzó su espada con las dos manos y descargó toda su fuerza en un golpe descendente que tenía como objetivo la cabeza de aquel ser...




OFF: Ataque total contra "Muerte en los Caminos"
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Mensaje por Weiss » 02 Mar 2009, 02:58

Heinrich Messner

Messner dirigía la carga contra Muerte en los Caminos, siempre acompañado por Pieter y Franz. Tenía la vista clavada en aquel monstruo, en el combate que estaba luchando, en el combate que estaba destinado a perder. Y lo que vio le heló la sangre. Atacaba sin piedad a Migolver Bacher, matándole poco a poco y disfrutando de su sufrimiento. Obviamente, el líder mutante se había percatado de que le quedaba poco para abandonar el mundo, pero pensaba irse causando todo el daño que pudiese. Y el receptor de esa ira, de esa furia, de ese odio por lo humano, estaba siendo el valiente Bacher. Messner quedó paralizado. Su brazo estaba destrozado, con el hueso visible en varios puntos, un amasijo de hueso, músculo y tendón, una masa informe que sangraba a raudales. Le escena era macabra, pero a la vez casi hipnótica. La brutalidad desatada, la lucha por la supervivencia... Era tan fascinantemente terrorífico que Messner se olvidó del mundo que le rodeaba. Sólo existía el grotesco Muerte en los Caminos, su poder, su ira y su infinito odio...

Hizo falta un estallido salvaje para sacar a Messner de su trance. El sonido provenía de la puerta de la casa, donde los Alptraum se batían contra los Quober. O por lo menos contra uno de ellos, porque al que Messner creía que era Gottfried le acababa de explotar la cabeza... Lo que presenció a continuación formaría parte para siempre de las más horrendas pesadillas de Messner. La carne se unía en masas disformes, sin orden ninguno, que cambiaban, mutaban... Las formas y colores cambiaban cada pocos instantes, con cada insana palpitación de aquellos infernales seres. Messner había asumido que aquella noche se enfrentaría a mutantes. Pero a lo que se enfrentaban ahora era al poder del Caos en su máxima expresión...

La cabeza le daba vueltas, sólo era capaz de ver colores cambiantes, miles de ojos, masas de carne corrupta que cambiaban de forma, explosiones de inimaginables colores... Messner se mareó, perdió el conocimiento durante fracciones de segundo, y a punto estuvo de caerse del caballo. Pero no. No podía permitírselo. Allí seguía Migolver Bacher, a merced de Muerte en los Caminos. Y Messner se había propuesto salvarle la vida.

Volviendo a espolear a Erwin, cargó contra el horripilante ser. Su prioridad sería proteger a Migolver, incordiar para que el monstruo no pudiese asestarle el golpe de gracia que acabaría con la vida del joven de los Bacher. Migolver había puesto su vida en peligro. Ahora Messner sería el que pondría la suya en manos de los Dioses. Levantando la espada, cargó directamente contra el mutante.

Muerte en los Caminos. Seguimos teniendo un trato pendiente.

Y el trato se resolvería pronto. Lo que se estaba negociando en el trato, era el futuro de Averland...
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Mensaje por Saratai » 02 Mar 2009, 17:36

Exhalaciones

29 de Ulricario de 2521. Angestag. El fin de Muerte en los Caminos.

Las respiraciones eran fuertes, por unos segundos solo se oia el exhalar de los hombres que codo con codo luchaban contra aquella mole.

Inspirar.

Migolver estaba incosciente, Messner y Liszt no se atrevieron a cargar contra aquel monstruo, pues el miedo corria por ellos como su mismisima sangre.

Expirar.

Pieter golpeó al monstruo, pero este siguió adelante, aguantando incontables golpes, moviendose salvaje hacia sus mútliples adversarios.

Inspirar.

Beswug cortó tendones y la bestia gritó, rabiosa, buscando al humano que le habia herido.

Expirar.

Heinz descargó con toda su fuerza un golpe horizontal, en el sentido de las agujas del reloj. El acero cortó el aire en dirección a la garganta de Muerte en los Caminos. El enorme mutante observó como la espada se acercaba a él. El tiempo se paró, y dejó de ver a sus adversarios. Ahora solo veia el barro. Intentó mover sus brazos, pero no los sintió. Intentó mover sus piernas, pero seguia viendo barro. Entonces lo comprendió. Su cuerpo y su cabeza se encontraban en localizaciones distintas, y aquel humanejo de la cicatriz le habia vencido. No importaba. Habia extendido la corrupción a su paso, y ahora habian más como él. El humano envejeceria, y entonces otros seres más evolucionados acabarian con el. No importaba.

Liszt no pudo hacer otra cosa que espolear su caballo, huyendo detras de los restos de la carreta, donde Valentino lloraba a su carbonizada amada, con lágrimas de rabia y pena. A su vez, el letrado no pudo controlar sus miedos. Se sintió débil por no poder controlar sus instintos, y cabalgó lejos de la batalla, al lugar donde Urchaven corria, buscando alejarse de su demoniaco cazador. A las espaldas de éstos, los hombres gritaban de júbilo, pues el stirlandés habia vencido a un monstruo a priori inmortal. Ahora la batalla seria suya. Franz fue a cargar contra los monstruos que atacaban a Maximilian y Helnacht, pero ahora que estaban tan cerca del final, tuvo miedo a morir. Heinz, Pieter, Beswug y Franz quedaron observando como los demonios luchaban contra los especialistas Alptraum. Vieron como Helnacht cortaba un brazo de aquel ser infernal, y como dos tentáculos salian del muñón del ser de pesadilla. Con horror presenciaron como del cuello de Helnacht surgia otra cabeza de aspecto demoniaco, y como el demonio aprovechaba la oportunidad para devorarle. Y a su lado, Maximilian apenas podia seguir conteniendo al demonio.

Los mutantes habian muerto, y el grupo de Averheim estaba empezando a sufrir bajas innecesarias. Tal vez fuera el momento de volver a la ciudad...


FDI: Heinz, has hecho ni más ni menos que 21 puntos de daño, con una gran furia de Ulric. Messner, has vuelto a fallar la tirada de miedo. Ahora, en la batalla los únicos rivales que quedan son los aleatorios horrores demoniacos y Urchaven, sufriendo brutales heridas por parte del demonio azulado de mil ojos. Franz apuesta por irse del maldito lugar, al igual que, claro está Liszt. Beswug quiere poner a salvo a Migolver. Vosotros decidis que haceis.

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