Heinrich Messner III: Muerte y Renacer

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Mensaje por Van Hoffman » 02 Mar 2009, 18:24

Heinz Stolzer / Franz Miller

"Muerte en los Caminos". Su nombre dennotaba poder y peligro. Sin duda, su apariencia era terrorífica. Una gran mole de músculo, embutida en una horrorosa armadura confeccionada con las pieles de las víctimas del demonio. Pues "Muerte en los Caminos" era, sin duda, una criatura del infierno. Era imposible que fuese o hubiese sido humano. Por donde pasaba, sembraba el terror y la muerte.

Pero Heinz Stolzer había sido entrenado por los mejores maestros de Stirland. Había sido enseñado en las más fervientes doctrinas del desprecio y la fe. Había aprendido a controlar sus miedos, a controlar sus emociones, a usarlas contra sus enemigos. Canalizó su dolor y lo convirtió en odio. Canalizó su miedo y lo convirtió en determinación. Canalizó su fuerza y la desencadenó en un poderoso golpe.

La espada del cazador trazó un letal arco que cortó el aire con un sonoro zumbido. El tiempo se relentizó mientras la cabeza de Wrak'hatd Yvked, "Muerte en los Caminos", el terror de Averland, se separaba de su cuerpo, surcaba el aire y se estrellaba contra el barro en el suelo. El cuerpo descabezado del mutante se mantuvo en pie durante unos segundos, para después caer al suelo, inerte.

Y entonces, Heinz recuperó la cordura. Vio a Migolver Bacher inconsciente. A Liszt y a Messner retroceder presas del pánico. A Pieter, Beswug y Franz mantenerse junto a él observando horrorizados como Helnacht se deformaba y era devorado por una de aquellas criaturas. A Maximilian ceder terreno frente a otro de aquellos seres. Heinz recuperó la cordura, y la cadena de mando recaería sobre él.

- ¡BESWUG! ¡LLEVEMOSNOS A MIGOLVER DE AQUI! ¡PIETER, FRANZ! ¡SACAD A MAXIMILLIAN DE AHI! ¡MESSNER! ¡LARGUEMONOS DE AQUI!



FDI: Heinz ayudará a Beswug a llevarse a Migolver, y esperará que todos corran hacia Averheim...
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Mensaje por Weiss » 02 Mar 2009, 18:57

Heinrich Messner

De todo corazón, desde lo más profundo de su alma, Heinrich Messner deseaba cargar contra Muerte en los Caminos... Y sin embargo, todas y cada una de las neuronas de su organismo intentaban convencerle de lo contraria, insistían en que era una locura, que él era un Letrado, no un guerrero, que no se arriesgase de semejante forma, que salvase su vida y la utilizase para fines más útiles...

Finalmente, Messner cedió al impulso irrefrenable de cabalgar en dirección contraria al terorífico Muerte en los Caminos, en dirección contraria a Migolver Bacher, en dirección contraria al combate... Vio también a Liszt, huyendo presa del pánico, cabalgando paralelo a él. Cabalgó lo más rápido que pudo, alejándose del Infierno en el que se había convertido el mundo... Y fue entonces cuando vio a un tercer personaje que también se batía en retirada. Y ese personaje sería el que salvaguardaría el honor de Messner, el que le permitiría volver junto a sus compañeros con la cabeza bien alta.

Varios metros por delante de él, la hechicera corría.

Escuchó la voz de Miller detrás de él, instando a los demás a huir. Sí, huirían si era necesario, pues todos habían sido testidos del poder inconmensurable de aquellos demonios, de aquellos engendros del más allá. Pero antes de huir, Messner acabaría con el último mutante. Habían ido a acabar con la banda de Muerte en los Caminos, y eso implicaba acabar con aquel mutante también. No permitiría que esa huída empañase su victoria.

Listz, carguemos. Que no se diga que fuimos meros espectadores...

Se acercó a la mutante desde atrás, dispuesto a cercenarle su inmundo cuello... Si lo conseguía, Messner sentiría que había cumplido...
Última edición por Weiss el 02 Mar 2009, 20:39, editado 2 veces en total.
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Mensaje por Saratai » 02 Mar 2009, 19:19

Los humanos se replegaron. Habian conseguido su objetivo, y ahora solo faltaba regresar. Beswug montó a Migolver en su caballo, preparandose para volver. Al tiempo, Maximilian lanzó un potente golpe contra el demonio, que hizo retroceder al infernal ser. Éste intento masticar al joven soldado, pero en el último momento, demostrando su habilidad, el especialista se apartó. De pronto, y de manera incomprensible, el demonio comenzó a fundirse con las entrañas de los cadáveres, volviendo al abismo de dónde procedia. El joven, iracundo, estuvo a punto de atacar al otro demonio que habia acabado con su amigo, pero en ese momento llegó Pieter montando en el caballo que Messner le prestara, recogiendo a Maximilian. El especialista optó por la opción más sensata, pues el demonio no tardaría en volver a su infierno y ya nada se podia hacer por Helnacht, mientras el demonio comia sus órganos vitales, ignorando lo que a su alrededor pasaba. Heinz montó en uno de los muchos caballos perdidos, al igual que Valentino, recogiendo el cuerpo de su amada para darle un digno funeral. Liszt se unió al grupo, asi como Jaimil.

Sólo Messner no se unió al grupo de huida. Obsesionado por haber cometido un acto de cobardia, su orgullo le obligó a enmendar la falta a su honor. Sin dudarlo, cargó contra la bruja que habia traido al mundo a aquellos seres. Por su culpa, Helnacht habia muerto, y deberia pagar su crimen. Erwin cabalgó hasta la bruja, momento en el cual Messner la golpeo por la espalda con su espada. La mujer perdió el equilibrio en mitad de su carrera, y ese fue el momento en el que el demonio se abalnzó sobre ella, auotinmolándose en unas infernales llamas de color verde. Demonio y mutante quedaron reducidos a una enorme masa de tumores calcinados y metal, como advertencia de las consecuencias de aquellos que abusan de los poderes oscuros.

Ahora, todos los mutantes habian sido aniquilados, menos aquel que huyera en primer lugar. El demonio que se alimentaba de Helnacht, viendo que ya no quedaba más comida y que quedarse en aquella dimensión solo le acarrearia aburrmiento, comenzó a dividirse en cientos de partes más pequeñas hasta desaparecer por completo. Los hombres de Messner lo habian conseguido. La batalla habia terminado. Habia sido peligrosa, pero gracias a tácticas bien preparadas, se habian minimizado los daños. En la silla de Beswug, Migolver sonreia: Esos mutantes habian recibido su merecido.

Poco a poco, el sol fue ascendiendo sobre las Montañas del Fin del mundo, iluminando un campo lleno de cadáveres y muerte. Sus rayos calentaron a los victoriosos combatientes, y una sensación de paz inundó a los supervivientes, pues los dioses habian estado con ellos.

Migolver Bacher

-Lo hemos conseguido muchachos. ¡¡¡VICTORIA!!!



De pronto, Pieter comenzó a reir frenéticamente mientras las lágrimas asomaban por su rostro. Las emociones habian sido muy fuertes. Messner estuvo a punto de caer del sueño y del cansancio, y Maximilian clavó su espada en el suelo.

Todo habia acabado.

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Mensaje por Van Hoffman » 02 Mar 2009, 21:26

Heinz Stolzer / Franz Miller

Heinz montó en uno de los caballos que había por ahí. Vio como Beswug subía a Migolver a su caballo. A Maximilian hacer retroceder a uno de aquellos demonios y subir a la montura de Pieter. Ahora, Heinz, Beswug, Pieter y Franz dirigieron a sus caballos en dirección contraria a la casa. A ellos se le unieron Jaimil, Valentino cargando el cuerpo quemado de Gertrude y Liszt. Pero a Heinz no le cuadraban las cuentas. Le faltaba alguien. Miró hacia atrás, y entonces lo vio. El letrado Heinrich Messner se lanzó a la carga contra la última mutante que quedaba. Con los ojos abiertos como platos, Heinz contempló la heróica hazaña del ayudante del fiscal. Superando el miedo y haciendo frente al peligro, golpeó a la mutante, haciendola caer, y permitiendo que el demonio que la perseguía la devorase y se desvaneciese. El último ser del inframundo también se desvaneció, y todo quedó en silencio.

Al este, el sol, un sol que parecía haberse escondido durante días, salía por encima de las montañas. Sin duda, un regalo de Sigmar por sus hazañas. Heinz lo miró directamente, cubriendose el rostro con la mano.

"Gracias por permitirme verte una vez más..."

Y entonces, Migolver Bacher gritó de júbilo. Pieter estalló en carcajadas. Las lágrimas regaron las sucias mejillas del stirlandés mientras contemplaba el amanecer.

- Gracias...

Entonces, tras limpiarse las lágrimas con la manga de la chaqueta, se acercó Pieter. Al principio, el iniciado lo miró con desconfianza, pero las palabras del cazador lo tranquilizaron.

- Pieter... Lo conseguimos... sobrevivimos... gracias a Sigmar. -Heinz le ofreció la mano al iniciado, y éste, tras comprobar la sinceridad de sus palabras, se la estrechó con una sonrisa.

Pero el trabajo aún no había terminado, y Heinz se dio la vuelta, encarandose con la casa.

- Sí, sobrevivimos. Pero nuestro trabajo no ha acabado aquí. Debemos purificar este impío lugar. Apilemos los cadáveres de los mutantes y prendamosles fuego. También deberíamos quemar la casa. En cuanto a Helnacht y Gertrude... Deberíamos enterrarlos aquí, como testigos de nuestra gran victoria...
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Mensaje por Weiss » 02 Mar 2009, 22:23

Heinrich Messner

El viento hacía ondear el cabello de Messner, mientras se acercaba a la mutante a toda velocidad. Con un golpe descendente, realizó un tajo en la espalda de la hechicera mutante, no muy profundo, pero sí lo suficientemente fuerte como para hacerla caer. Lo siguiente fue muy rápido: en cuanto el cuerpo de la mutante tocó el suelo, el demonio que la perseguía se lanzó sobre ella, consumiéndola con las mismas llamas que habían herido a Helnacht. Destellos de colores brillaron por unos instantes, y cuando se desvanecieron, sólo quedaban los carbonizados restos de la armadura que la hechicera portaba.

Sintiendo que se había redimido, Messner cabalgó para reunirse con los demás. Llegó para ver cómo un herido Migolver sacaba fuerzas para celebrar la victoria, para ver cómo Pieter se alegraba por el triunfo, cómo Miller se emocionaba al ver el Sol de nuevo, a Maximilian clavar su espada en el sulo, resignado... Se acercó en silencio a todos ellos. Al primero al que saludó fue a Pieter Azhelhof, dándole la mano, para acabar fundiéndose en un abrazo. En verdad, ahora tenía en gran estima al Iniciado, y se alegraba de que hubiese sobrevivido al combate. Después se acercó a Franz, abrazándole también, orgulloso de lo bien que había peleado. Se acercó también a Liszt, que mantenía una discusión interna consigo mismo, culpándose por haberse dejado vencer por el pánico. Pero Messner, que había sentido el mismo terror, le comprendía totalmente: allí habían combatido a criaturas que la mayoría de los mortales sólo había visto en sus peores pesadillas. El siguiente fue Migolver, junto a su fiel Beswug. Dio la mano al fornido veterano, y apoyó la mano en el hombro de Migolver.

Al final me alegro de haberle traído, Herr Bacher. Ha sido un honor luchar a su lado.

Maximilian y Jaimil se encontraba un poco apartados, llorando la pérdida de su amigo y mentor. Messner también sentía una enorme tristeza por la muerte de Helnacht. Había conocido al aguerrido veterano, y lamentaba que su fin hubiese llegado de esa forma. Pero dejaría una huella imborrable en todos ellos, serían recordado y cantado como un héroe. Era lo que se merecía y lo que le habría gustado...

Después, se fijó en una arrodillada figura, llorando junto al carbonizado cadáver de Gertrude. Era Valentino Fonseca, y no hacía falta ser un gran sabio para saber lo que ese hombre había sentido por la fallecida mercenaria. Prefirió dejarle tranquilo, y se acercó al último hombre que le quedaba por felicitar, el héroe que había acabado con la vida de Muerte en los Caminos: el cazavampiros Franz Miller. Se acercó al él, y le dio un fuerte apretón de mano. En verdad había sido una gran ayuda, y se alegraba mucho de habérselo cruzado en la Mansión de los Bacher.

El Sol seguía su lento ascenso, iluminando con sus rayos a los presentes, cuando Miller habló. Messner iba a proponer lo mismo, por lo que no pudo más que dar el visto bueno a su idea, con alguna puntualización.

Miller tiene razón. Será mejor borrar todo rastro de lo que aquí ha pasado. Colocad a los mutantes en una pira, pero por favor, apartad a la chica, se encuentra en la puerta de la casa. Era la prisionera de los Quober, y es sólo una víctima más. Merece un entierro digno... Franz, Listz, destro de la casa encontraréis dos cadáveres más, un niño y un anciano. Les daremos un entierro digno también, ¿puedes ocuparte tú, Pieter?. Seguro que hay alguna herramienta dentro de la casa. Helnacht será enterrado con honores, como un héroe, y se marcará el lugar de su tumba. En cuanto a Gertrude... haremos lo que Valentino quiera. Démonos toda la prisa que podamos, luego lo quemaremos todo. Manos a la obra, Caballeros. Averheim aguarda a sus héroes.

Una vez que las llamas hubiesen consumido aquel lugar, todo habría acabado. Y entraráin en un nuevo episodio de sus vidas, sin dda marcado por lo que allí había pasado aquella noche...
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Mensaje por Saratai » 03 Mar 2009, 00:42

-No, a ella no.

La voz del tileano sonó suave, desde su montura, en dirección a Miller.



Amanecer del 29 de Ulricario de 2521. Angestag.


Los hombres no tardaron en recoger a sus heridos. Fue tarea de Frank bajar dentro de la casa, a recoger los cuerpos de los que Messner habia hablado. Y no fue agradable lo que vio, pues dentro la sensación era opresora. En el suelo, con la sangre de los cadáveres tanto del niño como del anciano, aquella funesta bruja habia dibujado paganos símbolos, para atraer del mismo averno a los siervos que habian acabado por matarla en lugar de ayudarla a acabar con los nobles hijos de Averheim. El veterano soldado no pudo reprimir unas arcadas, pero se sobrepuso, ayudando a Liszt a sacar los cuerpos. Sin duda, aquella casa estaria mucho mejor bajo las llamas.

Con esfuerzo, los dos guardias de la casa Messner sacaron fuera los cuerpos, amontonandolos junto al de Helnacht. Pieter sacó a su vez unas viejas palas del trastero, comenzando a cavar. Valentino se acerco al iniciado, cogiendo una de las herramientas. Con ella y con el cuerpo se alejó de aquel funesto páramo, y nadie le preguntó nada. Sobraban las palabras.

Al tiempo, Beswug cogia dos palos sueltos del trastero, juntandolo a sus ropas para hacer una tablilla a su señor. Migolver habia perdido por completo la movilidad de la mano izquierda, pero eso no iba a robarle su estirada palabreria.

Migolver Bacher

-Beswug, no he visto a nadie tan pésimo tapando heridas en todos los años de mi vida. Cómo se nota que es la primera vez que te ves obligado a tratarme un rasguño, jajaja.


El ayuda de cámara agachó la cabeza, apesumbrado por el pésimo humor de su señor. No quiso alarmar a nadie, pero viendo de cerca la herida, tal vez Migolver no pudiera volver a usar esa mano, mas conociendo al noble, eso solo le daria una excusa para humillar aun más a sus rivales en rancios duelos de honor, que sin duda vendrian con el tiempo.

Sin tiempo y sin pausa, Maximilian y Jaimil atendieron a los rezos que Pieter emitia mientras enterraban a los cuerpos de Helnacht y de la muchacha.

Pieter Azhelhof

-Que Sigmar los tenga bajo su brazo.


Una vez los puros fueron enterrados, el grupo paso a los corruptos. Heinz no dudó en encender una pira, y cuando Pieter y Jaimil juntaron los dispersos cadáveres, con cuidado de no tocarlos directamente, el santificado fuego limpió y purificó aquel lugar. Ignorantes de la cantidad de Piedra Disforme que se encontraba alli, los hombres quemaron toda la zona, destruyendo las piedras en el proceso. Más tarde le tocó el turno a la casa, creando una humareda que llenó de cenizas el campo. Pasó el tiempo, y cuando todos estaban ya cansados, con el trabajo terminado y la mente en una cama averlandesa, Fonseca regresó cabalgando al trote, esta vez sin pala, sin espada y finalmente, sin Gertrude. Lentamente, se acercó a Heinz Stolzer, y al llegar a su altura, desmontó del caballo.

Valentino Fonseca

-Miller, he decidido una cosa. Si me lo permites, me gustaria dejar esta vida que llevo. Quiero unirme a ti.


La mirada del tileano era seria. Ya no reia, como era costumbre en él. Esta vez hablaba muy en serio, esperando una respuesta. Mientras tanto, Pieter lanzó la última plegaria, respirando hondo. Al final, habia cumplido la obra de su maestro, y éste estaria muy contento con su actuación. Ya estaba deseoso de liberar a su señor y volver con él a Altdorf, con el sabor del trabajo cumplido. A su lado, Frank y Liszt montaron junto a Maximilian y Jaimil. El tuerto habia visto mucha muerte en su vida, pero el rubio alabardero no estaba acostumbrado a aquello. Sin duda, aquellos demonios lo marcarian para siempre.

Beswug y Migolver no tardaron en montar, con la hemorragia de éste ya controlada, pero cansado y dolorido (algo que el noble no reconoceria nunca delante de unos plebeyos, que para su sorpresa, le habian salvado la vida). A su vez, Messner volvió a montar a Erwin, tras completar las tareas de limpieza y purificación. El grupo comenzó la lenta pero inexorable marcha de regreso a la capital, al hogar. Cada uno tenia mucho que hacer, pero lo más primordial era descansar. No se podia hacer tanto esfuerzo todos los dias...

FDI: Comenzais la vuelta a Averheim. Teneis tiempo para hablar entre vosotros durante unos asaltos, que contaran como las horas de camino. Una vez en Averheim, sereis libres de descansar el tiempo que querais o seguir moviendoos. Yo os recomiendo la primera opción ^^.

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Mensaje por Weiss » 03 Mar 2009, 02:01

Heinrich Messner

En aquel momento, Heinrich Messner no era consciente de cómo había cambiado en apenas dos días. Antes su vida transcurría entre su Mansión, el Palacio de Justicia o alguna ejucución a la que tuviese que acudir como representante del Ministerio Fiscal. Pero en esos dos días, su vida había sido la investigación, negociación, el combate, los caminos... En ese momento, Messner se encontraba dando órdenes a un grupo de curtidos veteranos, que le obedecían sin dudarlo. Mucho tenía que haber cambiado para que hombres como Franz, como Miller, como Jaimil, viesen en él a un líder.

Pero irónicamente, Messner se enfrentaba ahora a un enemigo nuevo, a uno que puede que fuese más difícil de vencer que el mismísimo Muerte en los Caminos. Se enfrentaba al cansancio, al sueño después de dos días sin dormir, sin descansar. Caminaba lentamente mientras supervisaba todas las tareas que tenían lugar a su alrededor: Beswug atendiendo a Migolver, que parecía que se recuperaría, pero que su mano quedaría afectada de por vida, Pieter entonando plegarias por las almas de los virtuosos que allí habían caído...

Que Sigmar los tenga bajo su brazo.

Messner sabía cómo continuaba el rezo, y junto a Jaimil y Maximilian, se unió a la plegaria.

Y les dé asiento en su mesa, la mesa de los valientes, la mesa de los caídos, la mesa de los que guardaron tu nombre hasta el final y pagaron el más alto precio. Descansad en paz hasta que nos reunamos. Es la palabra de Sigmar Heldenhammer, Martillo de Goblins, Portador del Martillo.

Al acabar la oración, los cuatro cayeron de rodillas, delante de las cuatro tumbas. La de Helnacht había sido marcada con la espada de Maximilian, que se erguía orgullosa sobre ella. Ninguno de los cuatro pudo contener las lágrimas. Una vez acabaron de rezar en silencio, se levantaron. Tanto los Alptraum como Pieter se levantaron sin problemas, pero Messner estaba mucho más cansado que ellos. Perdió el equilibrio cuando se levantaba, y habría caído al suelo si no hubiese sido por Pieter, que le cogió.

Gracias, amigo.

Después, se dirigió a donde Franz, Listz y Pieter estaban quemando los cuerpos de los mutantes. Los habían dispuesto en una pira, y usando los restos del carro, Miller les había prendido fuego. Los tres hombres miraban absortos las llamas, contemplando cómo se calcinaban aquellos corruptos cuerpos, los causantes de las desgracias de Averland. Después, fue el turno de la tierra sobre la que habían luchado, y finalmente, la casa.

Una inmensa humareda se alzaba en el lugar, cuando Valentino Fonseca regresó, sin el cuerpo de Gertrude. Se acercó a Miller, y le dirigió unas palabras que Messner no alcanzó a oír. Una vez estaban todos montados, iniciaron la marcha hacia Averheim, a paso tranquilo. Ya nada les apremiaba, ahora sólo querían descansar. Bajo el Sol de la mañana, el grupo cabalgaba. Unos charlaban todo lo animados que podían, Pieter se interesaba por el estado de Migolver, los Alptraum reían, recordando historias y aventuras de Helnacht, decidiendo que era mejor recordarle con risas que con lágrimas. Miller conversaba en voz baja con Fonseca. Abriendo la marcha se encontraba Messner, flanqueado por sus dos hombres, que temían que su Señor cayese del caballo de un momento a otro. Messner estaba orgulloso de ellos. De los dos. Sin duda les guardaban destinos mucho más importantes que Guardias, Messner se aseguraría de ello.

Lo primero que haremos será descansar, todos lo necesitamos. Una vez estemos reposados, reuniremos a toda la gente que debe escuchar la historia. Serámejor que relatarla una y otra vez... Habrá que avisar a Anna, a Bacher y puede que también a los Fahen. Nos ocuparemos de todo más tarde... Decidle a Pieter que podrá descansar en la Mansión, y si alguien más necesita un sitio donde reposar, decidle que está invitado a la Casa de los Messner.

Durante otro rato, Messner estuvo en silencio. Sus dos Guardias habían vuelto y volvían a cabalgar a su lado, fieles y alerta.

Franz, Liszt. Gracias. Lo habéis hecho muy bien.

Durante lo que quedó de viaje, Mesnner no podía asegurar si lo había pasado dormido o despierto...
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Mensaje por Van Hoffman » 03 Mar 2009, 13:39

Heinz Stolzer / Franz Miller

El cazador asisitió serio y cabizbajo, desde un segundo plano, al entierro de Helnacht. Cuando Pieter empezó a entonar la plegaria, Heinz también acompañó el rezo. Finalmente, concluyó la emotiva ceremonia, y todos se dispusieron a hacer su trabajo con los mutantes. Mientras Franz, Listz y Pieter traían los cadáveres, Heinz reavivó los restos ya carbonizados de la carreta y le añadió ramas secas de los arboles cercanos para ayudar a prender. En pocos minutos, la carreta se convirtió en una pira, y los cuerpos de los mutantes eran arrojados dentro. Una vez estuvieron todos dentro, Heinz arrojó uno de los maderos que sostenía en su mano, a modo de antorcha, y la pira prendió en cuestión de segundos. El cazador se tapó la boca y la nariz para no respirar aquellas corruptas cenizas que se alzaban metros arriba, pero no apartó la mirada de las llamas. Tras unos minutos, donde antes hubo una pira y cadáveres, ahora solo había cenizas.

Entonces le llegó el turno a la casa. Heinz había encendido otro madero y lo arrojó dentro de la casa. Pieter, que había cogido otro, hizo lo mismo. Las dos antorchas improvisadas cayeron al otro lado de la casa, prendiendo las viejas cortinas y contagiando el fuego a la seca madera de la que estaba hecha la estructura. En pocos minutos, la vieja casa se convirtió en una inmensa hoguera, de la que emanaba un negro y corrupto humo.

Pasó mucho tiempo mientras la casa se consumía, cuando regresó Valentino. El mercenario habría ido a enterrar a Gertrude lejos de ojos ajenos. Un acto noble para alguien que carecía de honor como un mercenario. De repente, el tileano se le acercó y le dijo algo que jamás hubiera pasado por la mente de Heinz.

-Miller, he decidido una cosa. Si me lo permites, me gustaria dejar esta vida que llevo. Quiero unirme a ti.

Heinz hizo una mueca de perplegidad. Jamás hubiera imaginado que aquel mercenario se ofreciese voluntariamente y sin animo de lucro para algo, pero al parecer, lo que había visto aquella noche le había cambiado de opinión. Y es que, analizando sus actos, Heinz comprendió. Desde el principio, el stirlandés se había hecho pasar por un cazamutantes. Había llevado a los aldeanos de Monheim y a los patrulleros a las cuevas donde Jaff tenía su peculiar familia de mutantes. Se había presentado voluntario para una misión a priori suicida. Había ayudado a Messner a perfilar su plan para atacar a "Muerte en los Caminos" y los suyos. Había matado al causante del dolor de Valentino. Y lo que era más importante: había acabado con la vida del temible "Muerte en los Caminos". Ahora se dio cuenta. Se había convertido, sin quererlo, en un cazador de mutantes. Heinz miró a Valentino, y el tileano comprendió que era una decisión que el stirlandés debía tomar tras una larga reflexión.

Finalmente, la comitiva se puso en camino de regreso a Averheim. Heinz cabalgó el último, analizando la propuesta del mercenario. Sacandole de sus ensoñaciones, apareció Franz. Aquel guardia de los Messner se había comportado como un heroe. Sin duda, merecía el respeto del cazador.

- Mein Herr Heinrich Messner pregunta si gustaría de pasar la noche en la Mansión Messner.

- Será para mi un placer.

La opinión que Heinz tenía del Letrado había dado un salto gargantuesco. La primera vez que lo vio, en la apestosa taberna de Tuck, creyó que sería una molestia más. Después, se alegró de que lo perdiera de vista, hasta su reencuentro en la Mansión Bacher. Allí, sostuvo su primera impresión. Pero no fue hasta que sugirió lo de ir a atacar a los mutantes cuando su visión cambió. Empezó a verlo de manera diferente. Con recelo, pero respetandolo. Y tras la batalla contra la banda de corruptos, Heinrich Messner se merecía todo el respeto de Heinz.

Muchas opiniones habían cambiado. Ya no veía a Migolver Bacher como un pisaverde estúpido y temerario. Ya no veía a Valentino como un mercenario carente de honor y moral. Incluso su visión sobre Pieter Azelhof había dado un vuelco. Ahora tenía claro que, pese a su infiltración entre los hombres de Alan, su propósito eraacabar con los mutantes. En ese momento, unas palabras resonaron en la mente de Heinz. "El hombre al que buscas hizo una mala accíon con un buen motivo y tu haces una buena acción con un mal motivo. ¿Qué es mejor y que peor? Sólo tu puedes juzgarlo." Heinz sonrió al reconocer las palabras del Lector Adolf. Sin duda, se había redimido. Había comprendido que Pieter había actuado por un bien superior. Ahora pudo juzgarlo. Heinz espoleó al caballo y se acercó a Pieter.

- Azelhof. Me gustaría... Quisiera disculparme. Te juzgué mal y antes de tiempo. Dejé que mis emociones se apoderasen de mi y no actué correctamente. Ahora comprendo porqué lo hiciste. Te pusiste en peligro por el bien de las gentes de Averland. Espero que seas capaz de perdonarme...

Heinz apartó la mirada del iniciado, avergonzado. Fuese cual fuese la respuesta del reiklandés, Heinz la aceptaría con humildad.
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Mensaje por Saratai » 03 Mar 2009, 14:21

Las tareas de purgación finalizaron, y el contingente regresó a su hogar, más heridos, más cansados, y tristes por las pérdidas, pero orgullosos por la victoria. Marcharon doce y volvian una decena, pero la muerte de Gertrude y de Helnacht no serian en vano, pues ahora los caminos eran seguros, y podia comenzar la reestructuración de la provincia, sin el peso de una banda de mutantes corrompiendo aldeas y senderos.

Mientras regresaban, Valentino esperó una respuesta de Heinz. Sabia que no la obtendria pronto, pero no cesaria en su empeño. Hasta que no matara diez veces diez mutantes no compensaria la fuerte y sana vida de Babenger, a la que ya nunca podia decirle lo que debio confesar antes. El tileano, aprovechando que todos estaban a caballo, alzó la voz.

Valentino Fonseca

-Señores, ha sido para mi un orgullo combatir a su lado, pero hay asuntos que me requieren en Ruhsgdorf. Espero que me disculpen. Será un placer volver a verles en Averheim, en breve.

-Herr Bacher, pasaré por casa Fahen mañana por la tarde, por si quiere verme. Miller, te digo lo mismo. Si al final decides aceptar mi ayuda, podrás encontrarme al atardecer en la Manzana de Plata. Que les vaya muy bien a todos.


Sin más, el mercenario tomó dirección opuesta, dejando en nueve al grupo, que despidió al ballestero y continuó con su marcha.

El resto siguió adelante, mientras Messner daba las felicitaciones a Frank y a Liszt, los cuales no tardaron en transmitir su mensaje de hospitalidad a Pieter y a Heinz, quienes aceptaron gustosos. Asi, los cinco purgadores de Sorghof cabalgaron durante horas hasta volver a la capital. Antes de llegar, Heinz y Pieter cruzaron unas palabras. La relación que tenian estaba llena de malentendidos, pero las cosas habian cambiado desde el combate.

Pieter Azhelhof

-Esta mañana has demostrado, no sólo delante de mi sino de Sigmar, que eres un hombre de valor. No puedo guardarte rencor alguno. Y teniendo en cuenta la situación, hasta comprendo en parte cómo actuaste.

-Eso si, la próxima vez, no hagas las cosas tan a la ligera, ten más paciencia.


El reiklandés extendió su mano como gesto de buena voluntad, para limar las diferencias. Ciertamente, aun estaba dolido por cómo se le habia tratado, pero comprendia la situación que su señor habia provocado.

Tras un arduo camino, que se hizo más corto que el de ida, el grupo llegó a las murallas de Averheim. La presencia de Migolver hizó que ningún guardia pidiera tasa alguna, pues los Bacher estaban en la posición más alta que se pudiera tener en cuenta en la ciudad. A su alrededor, los ciudadanos chismorreaban acerca de lo que habian ido a hacer los Alptraum, y que les habria ocurrido para volver en tan mal estado. Subido en una caja, un pregonero dejó de gritar su letania acerca de los peligros del camino, y hasta los comerciantes pararon para hablar de la comitiva. El grupo siguió hasta la plaza donde se encontraran la noche anterior, la plaza de la iglesia de Verena. Y para sorpresa de todos, veinte hombres se encontraban en ella, recostruyéndola, bajo el mando de una mujer de mediana edad y de un hombre bajo y delgado de gruesos anteojos. Parecia que el templo renaceria de sus cenizas, más bello aun que antes.

En aquella plaza, los grupos no tardaron en separarse, despidiéndose efusivamente y marchando los especialistas a la mansión Alptraum, Beswug y Migolver a la Bacher, y el resto a la Messner. Antes de irse, Migolver habló.

Migolver Bacher

-Señores, me encargaré de que las gentes sepan lo que ha pasado esta mañana. Mi prometida estará feliz sabiendo que los culpables han pagado, y mi hermano estará agradecido por limpiar la provincia y facilitar las labores. Ahora me encuentro un poco indispuesto, asi que iré a reposar el viaje, pero dentro de dos dias celebraré una reunión en mi casa con los Alptraum, los Messner y los Bacher, para tratar el tema del gobierno, que tantos problemas parece estar generando. Juntos, podemos cambiar esta provincia.


El noble no demostró el dolor que sentia, pero era evidente que sufria, y mucho. Sus frases se alargaban menos que de costumbre, asi como sus amaneradas florituras, lo cual era raro en él. Los grupos se dividieron, quedando en encontrarse dos dias más tarde, el 31 de Ulricario, en la casa Bacher. Las cosas iban a cambiar mucho en los días siguientes.

FDI: Ahora quedais sólo Pieter, Heinz, Messner, Frank y Liszt. Vosotros decidís que haceis, pero imagino que ireis a descansar.

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Mensaje por Weiss » 04 Mar 2009, 02:04

Heinrich Messner

Messner despertaba y se dormía. Volvía a despertar y se volvía a dormir. Sus intervalos de sueño dependían del terreno: en cuanto Erwin galopaba por una zona llana, Messner se dormía, para despertar bruscamente en cuando la zona transitaba estaba plagada de baches. Además una variante más intervenía en su patrón de sueño, un factor que a priori podría no considerarse como importante: los ballesteros tileanos. Cuando Valentino Fonseca decidió despedirse, Messner no tuvo más remedio que despertar de su agradable sueño, en el que soñaba que soñaba. Nada haría más feliz al Letrado en aquel momento que dormir durante dos días seguidos...

Messner se despidió del tileano, al igual que toda la comitiva. Después, se volvió a dormir. Dormir y despertar, una y otra vez. Sin embargo, pasado un rato tuvo que despertar, pero no volvió a dormirse ya. Por lo menos de momento. Y es que la voz que le despertó no era otra que la de un pregonero, un pregonero a las puertas de la ciudad, adviertiendo de los peligros del camino, el pregonero que él había hecho colocar. Sin embargo, una vez eliminada la amenaza, su ayuda ya no era necesaria. Messner se acercó a la caja donde estaba subido, le saludó quitándose el sombrero, e intentó adoptar un tono que no delatase que se moría de sueño.

Descanse, Herr Pregonero. Soy Heinrich Messner, y para más inri, el culpable de que esté ahí subido agitando una campana. La amenaza de los caminos ya no existe. Si es tan amable, avise en las demás puertas. Luego busque a Herr Trademann... Seguro que le da una propina...

Según se adentraba en la ciudad, la gente se iba arremolinando a su alrededor. La noticia de que una compañía armada, formada por personajes tan variopintos como el Ayudante del Fiscal, el hermano de Rudiger Bacher o los Guardias de la Casa Alptraum acababa de cruzar las puertas, se extendía como la pólvora. Y además venían con todo el aspecto de haber participado en algún combate... Si algo le gustaba a la gente de la ciudad, era cotillear, y pronto surgieron hipótesis muy pintorescas sobre la razón de tan extraño espectáculo. Unos afirmaban rotundamente que Messner había retado a Migolver Bacher, para conseguir la mano de Tania Fahen. Otros aseguraban que la razón había sido realizar oscuros negocios, y que las negociaciones se habían tornado tensas...

Pronto sabréis la razón...

Al final, llegaron al punto del que habían partido: la Plaza del Templo de Verena. Se encontraba totalmente llena, ya fuese por los obreros que iniciaban las tareas de recontrucción del Templo, o por la gente que se había agolpado para tener la oportunidad de ver al grupo. No todos los días se veía semejante compañía, y los rumores sobre ellos no habían dejado de aumentar durante la noche, cuando los pocos ciudadanos que les vieron partir, no dudaron en comentarlo a todo vecino que encontraban.

Había llegado la hora de despedirse. Los abrazos y apretones de manos se sucedieron. Sin embargo, la aportación más importante fue la de Migolver Bacher, que sobreponiéndose al dolor que sentía, concertó una reunión para dos días más tarde. Una reunión entre Messner, Bacher y Alptraum, para tratar el tema del gobierno de la provincia. Messner estaba contento, y no dudaba de que Anna también lo estaría. Se despidió con un apretón de manos de noble y de Beswug, prometiendo que se verían dos días más tarde. Con abrazos se despidió de Jaimil y Maximilian, que a se vez partieron en dirección a la Mansión Alptraum.

Sólo quedaban Messner, Franz, Liszt, Pieter y Miller. Y todos ellos necesitaban descansar. Abriéndose paso entre la gente que abarrotaba la plaza, se hicieron camino hasta el Barrio Viejo. Al fin volvían a casa. Cuando por fin entraron en los terrenos de la Mansión, Messner suspiró con alivio. Nunca se había sentido tan contento por ver su Casa. Todos desmontaron a los pies de las escalinatas, donde el hasta entonces desocupado paje Adalbert recogió sus monturas.

Trátalas bien a todas. Se lo merecen. Si ves cualquier problema avisa al veterinario.

Messner sentía unas ganas enormes de llegar a su habitación, a su cama, por lo que subió el primero las escalinatas. Más Liszt se le adelantó al final, abriendo la puerta para su Señor. Todos entraron en el Hall Principal, donde una sirvienta limpiaba el polvo de los viejos bustos que decoraban la sala, las esculturas de los Messner de antaño, las efigies de las ocho generaciones que llevaba la Familia afincada en la ciudad.

Erika, por favor. Prepara el cuarto de invitados para estos dos hombres. Proveedles a todos de ropas limpias, y sábanas recién lavadas. A Franz y a Liszt también y que lleven un brasero a sus aposentos, ya que no cuentan con chimenea... Avisad a mi padre también. Y por favor os lo ruego, que nadie me moleste hasta la hora de la cena...

Desde luego, lo lógico habría sido presentarse inmediatemente ante su padre, informarle de su victoria, de que se encontraba sano y salvo. Pero Messner no tenía ni el humor ni las ganas necesarias. Empezó a subir las escaleras, dirigiéndose a su cuarto. Cuando ya iba por la mitad, reparó en que abandonaba a sus compañeros en el Hall. Se volvió hacia ellos, mientras les decía.

Por favor, Caballeros. Discúlpenme, pero tengo que acostarme... Pieter, Miller, Erika os indicará donde están sus aposentos. Franz, Liszt, nos veremos a la hora de la cena, cenaréis en la mesa principal. Descansad... Os lo merecéis.

Todos lo merecemos...

Después de subir unas escaleras que a Messner le parecieron eternas, llegó a la primera planta. Con paso vacilante, se dirigió a su cuarto. Messner empujó la puerta y se adentró en la oscuridad de la habitación. Se tendió en la cama, sin molestarse en quitarse la toga, ni la armadura, y durmió.

Y sin lugar a dudas, fue el sueño más tranquilo y reparador de su vida. Después de lo que había pasado aquellos dos días, Heinrich Messner se lo merecía...
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Mensaje por Van Hoffman » 04 Mar 2009, 02:29

Heinz Stolzer / Franz Miller

El cazador continuó la marcha en silencio, pensativo. Había hecho las paces con Pieter, y eso le reconfortaba. También se despidió de Valentino, que tenía algo que hacer en el páramo. Al día siguiente iria a hablar con él...

Finalmente, tras varias horas, el grupo llegó a Averheim. Por fin, Heinz podría descansar. Pero no mucho, pues todavía quedaban asuntos por resolver en la ciudad. Debía reunirse con Oliver Saford en la Casa de la Rosa, pero primero descansaría en la Mansión Messner. Cuando llegaron a la Plaza de la Iglesia de Verena, el cazador se alegró de que se trabajase en reconstruir el sagrado templo. Sin duda, otra victoria frente a la herejía y la corrupción. Allí, el stirlandés se despidió de Migolver, Beswug, Maximilian y Jaimil, y tras la despedida, el grupo restante siguió hacia la Mansión.

Tras un rato, llegaron, y Heinz se alegró. Cogió sus pertenencias del caballo y dejó que se lo llevasen. Heinz no tenía la más remota idea de que caballo era aquel, pues estaba claro que no era el blanco con el que había partido; este era pinto. Pero el cazador no le dio mas vueltas y siguió a Messner al interior. Allí, una sirvienta le llevó a una suntuosa habitación con una cama, un armario grande, una mesita, un escritorio, una silla, un ventanal, un perchero, un baúl, un estante y varios tapices. Heinz se sintió oprimido por tantas cosas. Sin duda, solo necesitaría la cama, la chimenea y la silla para sus necesidades.

No le resultó difícil deshacerse de la armadura, que colocó en la silla. También se quitó el cinturón con sus armas, la ballesta, la aljaba, el sombrero y la camisa, y se tumbó dejandose caer sobre la cama, con el torso descubierto.

Pero Heinz no durmió mucho. Poco antes de la hora de comer, despertó, se lavó la cara y se vistió, con su camisa y su chaqueta. Dejó bien colocada la armadura Alptraum sobre el colchón, recogió sus bartulos y salió de la habitación. Al salir, se cruzó con Erika, que le llevó a la salida.

- Digale a Herr Messner que nos veremos dentro de dos días. Y dele las grácias de mi parte.

Y Heinz dejó a Messner, Pieter, Franz y Listz durmiendo, mientras él se dirigía a la Casa de la Rosa, donde tenía pendiente una reunión...
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Mensaje por Saratai » 04 Mar 2009, 17:52

30 de Ulricario de 2521. Mansión Messner (Averheim), Festag.

La lujosa habitación estaba decorada con bellos cuadros que exaltaban la relación de la familia con los destreros. Las enormes ventanas, cerradas para impedir que el sol despertara a los durmientes, ocupaban lo que en otras casas toda una pared.

¿Cuánto tiempo habia dormido? El letrado estaba desorientado. Se levantó de la mullida cama de sedosas sabanas, incorporándose para abrir la venta. ¡Era de día, habia dormido casi un dia entero! Al menos, no tenia que ir a trabajar en Festag, asi que se tranquilizó. No tardó en comprobar como Erika habia preparado el desayuno, como más le gustaba.

Abajo, en los pisos inferiores de la casa, el ajetreo era el de costumbre. Al parecer, Heinz y Pieter ya habian marchado a resolver asuntos personales, y en la mansión solo quedaban los dueños y Erika, que trabajaba todos los días. Frank y Liszt tambien habian regresado a sus casas, a la espera de la reunión que el dia siguiente, Wellentag, tendria lugar. Ambos harian de acompañantes de Heinrich, si este no tenia inconveniente, para la cita que Migolver y Rudiger Bacher tendrian con Anna Alptraum y con el letrado. Sin duda, aquella cita podia significar un giro de 180 grados en el gobierno del Ducado.

Ahora, Messner tendria tiempo para tratar asuntos de ocio, o seguir descansando hasta que el momento llegara.

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Mensaje por Weiss » 05 Mar 2009, 02:24

Heinrich Messner

Messner tenía la intención de despertarse para la hora de la cena. Tenía pensado relatar entonces todos los sucesos de los últimos días, sucesos que no podía haber explicado cuando había pasado a despedirse de su padre, ya que el tiempo le apremiaba. Tenía pensado relatar la batalla contra los mutantes, la búsqueda de aliados, el accidentado viaje de vuelta a Averheim, el episodio de la casa abandonada, los Quober, la chica y los mutantes, la cabalgata junto a Dieter, la bronca en la taberna... Decididamente, tenía muchas cosas que contar. Sin embargo, cuando Erika entró para avisarle de que la cena estaría lista en breves, encontró a un Messner odavía tendido en la cama, vistiendo la armadura y durmiendo tranquilamente. Prefirió no hacer ruido para no despertarle, y preguntó a Mannfred Messner si debía despertarle o no. El patriarca de los Messner consideró que a su hijo le hacía más falta dormir que comer, y que ya se levantaría cuando estuviese totalmente descansado.

Y ese momento no llegó hasta la mañana siguiente. Messner se despertó lentamente, abriendo los ojos poco a poco. Se puso en pie y se dirigió a oscuras hasta la ventana, apartó las cortinas y la abrió de par en par. El Sol y la brisa de la mañana iluminaron la estancia, la estancia en la que Messner se encontraba mejor que nunca. En verdad nunca antes se había sentido tan tranquilo y descansado. Se quitó la toga y la armadura, y se vistió con ropas cómodas, decoradas con el blasón y los colores de los Messner. Se sintió extraño vestido de aquella manera, pero a la vez era reconfortante.

Hace demasiado que sólo visto de negro...

Bajó a la cocina, donde se encontró con el desayuno ya preparado. Sin duda Erika había escuchado a Messner levantarse, y había emezado a preparar el desayuno para que estuviese listo en cuanto bajase. Se tomó su tiempo para desayunar, comiendo con calma y tranquilidad, una tranquilidad de la que no disfrutaba desde hacía dos días, sin duda los dos días más frenéticos de su vida... Sentado allí le parecía increíble que apenas unas horas antes había estado combatiendo a mutantes. Una vez acabó decidió darse un baño. Tenía el pelo asqueroso, lleno de restos de sangre y suciedad, y pensó que el agua limpia le sentaría bien.

Después del baño se sintió aún mejor si cabía. Aún quedaba un rato para la hora de comer, por lo que ni sus padres ni sus hermanos estaban en casa. Su padre dirigía los negocios, y su madre le ayudaba habitualmente con las finanzas. Steffan se encontraba en el Templo, y supuso que Elisabeth había ido a dar un paseo con sus amigas. En la casa sólo estaba él y los miembros del servicio, como Erika y Adalbert, ya que tanto Franz como Liszt habían ido a sus casas, Pieter había ido a solucionar unos asuntos pendiente, y Miller Cazavampiros había partido ya el día anterior.

Dio un paseo por los terrenos de la Mansión, y luego pasó a ver a Erwin, que ahora se encontraba tan tranquilo y descansado como él. Sin duda el día anterior había sido también una dura prueba para su fiel compañero. Pasado un rato, la casa se fue llenando. Se sucedieron los besos y abrazos, las risas de volver a estar todos juntos, el orgullo de unos padres por su hijo, que se había convertido en todo un héroe. Durante la comida, relató para todos, tanto familiares como sirvientes, la historia completa. No se olvidó de ningún detalle, y se aseguró de recalcar la valentía y el arrojo que habían demostrado Franz y Liszt. Sin duda se llevarían una grata sorpresa cuando volviesen a la casa, pues se encontrarían con que todo el mundo les felicitaba, y con que de la noche a la mañana, literalmente, habían pasado de simples Guardias a Héroes. También informó de la muerte de Helnacht, que causó tristeza en varios miembros de la casa, en especial en Steffan y Mannfred.

Después de comer, revisó con su padre algunos asuntos de su aventura. Asuntos poco interesantes para los que sólo deseaban una buena historia, pero interesantísmos para Mannfred Messner, ansioso por conocer los entresijos de los tratos que había hecho su hijo con los Alptraum y los Bacher. La tarde pasó inexorablemente, mientras Messner contaba sus historias una y otra vez, a todos los que se la preguntaban. A la hora de cenar, se vio obligado a contar de nuevo la parte de la batalla, y la discusión con el Patrullero en la taberna, parte que les hacía especial gracia...

Una vez acabada la cena, Messner se recluyó en su habitación. Ya estaba bien de gente por aquel día. Sin embargo, debido a todas las horas que había dormido, no tenía sueño. Se sentó en su escritorio, sacó pluma y pergamino y se dispuso a relatar la historia por escrito. Las hazañas de los Héroes de Averheim serían recordadas por siempre... Cuando acabó de escribir eran ya las dos de la madrugada. Messner se acostó, sabiendo que el día siguiente sería de suma importancia. Luciendo los colores de los Messner, no los de la Fiscalía, acudiría a la reunión concertada por Migolver Bacher, acompañado por sus fieles Franz y Liszt.

Aquel día sería el primero de la nueva vida de Heinrich Messner.
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Mensaje por Saratai » 05 Mar 2009, 11:34

26 de Antebrujo de 2521. Palacio de Justicia (Averheim), Bezahltag.

El despacho del Fiscal estaba lleno de movimientos, idas y venidas de escribas, y abogados esperando entrar para hablar con la máxima jurisprudencia averlandesa en cuanto a derecho civil tratara. Nada que ver con la rutina de un mes antes, en las que los papeles se amontonaban y el ritmo era lento y pesado.

Claro que, las cosas habian cambiado mucho desde hacia cinco semanas. Y la primera es que Treitt ya no era el fiscal. En su lugar, uno de los hijos de Mannfred Messner ostentaban el cargo de poder en la Fiscalia general, lanzando acusaciones a todo crimen que alterara la paz de la provincia que un hombre demasiado inteligente habia heredado.

Puesto que si, a pesar de lo increíble que pareciera, habia gobierno en Averheim. No era un gobierno estable, y contaba muchos enemigos, pero al menos ahora el caos no reinaba en la administración. Desde su estudio en el Gobierno Condal, Oliver Saford dominaba toda ley y todo dinero que entrara a las arcas del ducado. A su lado, la familia Alptraum controlaba lo poco que escapara al dominio de Saford, desde cargos militares hasta carteras ministeriales, los Alptraum habian sido los auténticos beneficiarios del referéndum que Rudiger Bacher celebrara semanas antes.

¿Y qué habia sido de Rudiger, y de su hermano? Los dos hermanos Bacher desaparecieron de escena una semana después de celebrar el referéndum, concediendo plenos poderes a su administrador Oliver, el cual los aceptó gustoso, asociandose públicamente con los Alptraum. Nadie sabe por que hicieron esto. Algunos dicen que los Alptraum y Saford estaban compinchados desde el principio, y utilizaron a Rudiger como el titiritero maneja a su marioneta. Otros, en cambio, susurran que los Bacher eran en realidad una casa ilícita, y que Rudiger y Migolver eran simples farsantes que habian ocupado un puesto en la nobleza que no les pertenecia, y tras el referéndum prefirieron irse de la provincia para no levantar sospechas. Por útlimo, entre las múltiples teorias, se dice que Rudiger sigue a la sombra del gobierno, manejando los hilos desde una posición segura.

Fuera como fuera, habian más casas nobles dignas de mención. Los Fahen absorvieron el negocio que los Bacher dejaron, como pago por el desplante que Migolver les hizo a su hija en el altar. Y los Leitdorf, que habian permanecido dormidos durante tanto tiempo, comenzaron a subvencionar bajo mesa las actividades ''terroristas'' de unos anarquistas que se habian propagado sin ningún control, haciendo de Averheim una segunda Streissen, a pesar de los débiles sicarios que una y otra vez mandaba Saford sin éxito alguno.

Éste era el panorama que se extendia ante los pies de Heinrich Messner. Lo que en primer lugar pareció una maravilla, el ser ascendido a Fiscal, ahora tornaba más complicado. Dos veces rechazó el joven Messner el cargo de portavoz que ahora ostentaba Anna Alptraum. Dos veces renunció a obtener grandes influencias, todo por su idealismo de conseguir una Averheim limpia de crimen. Pero ahora que estaba en el poder, veia como sus aspiraciones eran más complicadas de llevar a cabo de lo que en un principio parecia.

Por una parte, Messner tenia que afrontar los ataques anarquistas, suvbencionados por los Leitdorf. Por otro, lidiar con las ansias expansionistas de Huge Fahen, y por último, acabar con la corrupción en Heideck, de la que un tal Kilmer sacaba tajada como gobernante. Por si esto fuera poco, y a pesar de que el crimen se habia reducido, el contrabando no habia sido aniquilado del todo, y por los rios seguian llegando mercancias con la impronta de Herman, el cual no habia conseguido ser atrapado. Con todo, y a pesar de los progresos que estaba haciendo el gobierno con Jobb Alptraum como lider militar, el cual habia gastado una gran suma de las arcas estatales en la contratación de patrulleros, aun faltaba trabajo que hacer.

Los dos hombres que si habian cambiado radicalmente eran Franz y Liszt. Mientras que Franz habia logrado ascender por el apoyo de Heinrich, y ahora ostentaba el cargo de guardaespaldas de Oliver Saford, con un sueldo que con los Messner no habria conseguido en años. Por tanto, el guardia estaba tan agradecido al Fiscal, que le habia puesto de nombre Heinrich a su último hijo (de seis que ya tenia el buen hombre).

En cambio, Liszt, tras los sucesos vividos en Sorghof, habia cambiado de parecer. Arrepentido por su cobardia, decidió, para asombro de todos, acompañar a Pieter Azhelhof a Altdorf, donde ingresaria en el templo de éste como iniciado, para expiar sus culpas y reafirmar su personalidad, pues según él ''Siempre me faltó disciplina''. Alli, en la gran ciudad del Imperio, Azhelhof fue recibido con dureza, por haber permitido que su maestro muriera. Pues, como era de esperar, el iniciado descubrió a los pocos dias de salir de la casa de Messner, que tanto su maestro como todos sus compañeros, habian muerto, siendo él el único superviviente de la misión sigmarita en Averland. Pues la misión que Pieter tenia no era acabar con los mutantes, era desentrañar a la secta que, aun a dia de hoy, se escurre entre los cargos importantes de Averheim, como una ruin serpiente. La serpiente púrpura, de hecho, era tal secta, compuesta por corruptos demasiado avispados como para dejarse coger fácilmente. Asi pues, una vez Pieter fue ordenado Sacerdote, dedicaria el resto de su vida a luchar contra tal secta, hasta su muerte en Nuln, el 25 de Trasbrujo de 2522. Aunque esas eran historias para otro libro...

Lo que si atañaba a Messner, y a la historia presente, fue la expulsión de por vida del cuerpo de seguridad averlandés tanto de Alan Friedsgoth como de Mannricth, el patrullero, por un presunto cargo de desatención de deberes primordiales. El juicio fue emitido en la época de Treitt, y misteriosamente los documentos fueron quemados por Jaran. Tras éstos acontecimientos, Jaran fue nombrado comandante del cuerpo de vigilantes, y un tal Tretmund ascendido al puesto de sargento. De Friedsgoth, se rumoreó que se alistó al ejército, para combatir contra las hordas del Norte, más solo eran suposiciones. De Mannricht, solo se supo que volvió a Streissen, pero en lo que ocupó su actividad, nadie más se enteró.

Mientras tanto, Anna le buscó a Messner una esposa dentro de su familia, interesada en cimentar las relaciones con la casa comerciante, al tiempo que su padre mejoró aun más las relaciones comerciales con el ejército. Asi acabó el que en un principio fuera un simple letrado y ahora ostentara el cargo de Fiscal General, y todo lo que a su alrededor aconteció...









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