Reinhard Russ II: El Camino a la Salvación

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Reinhard Russ II: El Camino a la Salvación

Mensaje por Saratai » 02 Mar 2009, 23:59

Milagrosamente, el minero habia salvado la vida. Era dificil de creer, pues estaba bien claro que la muerte era lo único que le iba a acontecer. Pero curiosamente ahi seguia. Tal vez fuera una señal de los dioses, para que llevara a cabo su tarea él mismo.

Su caballo cabalgó raudo por el sendero hacia Averheim, sufriendo los contratiempos de las trampas oxidadas y viejas que aun quedaban. Sin poder hacer nada para evitarlas, el corcel sufrió varias heridas por los cepos, y muy cerca estuvo de morir al caer del caballo. Tantas heridas recibió la montura, que el joven minero tuvo que abandonarla a mitad del camino, y de no ser por su buen ojo, su vida habria acabado de la manera más triste, atrapado por un cepo.

Pero no. Sobrevivió, igual que sobrevivió a una hambruna cuando era pequeño, igual que sobrevivió a la tragedia de Monheim, igual que sobrevivió a los esclavistas y a los túneles plagados de goblins, e igual que sobrevivió a los campesinos de Tannfeld y a los patrulleros de caminos. Reinhard Russ era sin duda, un hombre bueno y un superviviente nato, y si actuaba con inteligencia, podria alargar su destino hasta llegar a Colmfähre, para recibir atención médica y aniquilar su mutación.

Mas para llegar a tal pueblo, deberia atravesar innumerables caminos y afrontar duros peligros, ocultándo su malformación. Estaba claro que quien le encontrara, le mataria sin piedad, y eso junto a su grave estado de salud y a su enorme cansancio, dificultaba las cosas. Tras varias horas caminando solo por unos senderos alejados de la mano de Sigmar, en los que era raro caminar cien metros sin encontrar a algún animal muerto, la luz del sol calentó su espalda, pues ya estaba amaneciendo. Reinhard ignoraba que dia era, y de no ser por su fuerte carácter y su gran voluntad, habria quedado rendido en mitad del sendero. Pero la imagen de su familia, de las injusticias que habian cometido sobre él y de todos los muertos que habian quedado en el camino, le ayudaron a levantarse una y otra vez, hasta divisar de lejos la capital. Hacia mucho que el minero no veia la gran ciudad, Averheim, y bajo la luz del amanecer lucia impresionante, rodeada de sus murallas.


FDI: Lo has conseguido, has llegado a Averheim. Has tenido que gastar un PD para salvar el cuello tanto por los Ficks como por los caminos, pero ahora estás enfrente de las murallas. Ante ti se encuentra una puerta de 5 metros de alto, custodiada por dos soldados. Detrás de ellos, un pregonero grita nosequé de unos caminos y unos peligros. Tu solo llevas encima las ropas de granjero y nada más, pues el caballo se quedó por el sendero, y tu mutación podria ser percibida. Además, por el cansancio y las heridas, tienes un -5 a todas las tiradas, y un -10 a todas las tiradas mentales o sociales. Por si no fuera poco, sabes que los soldados pueden cobrar un impuesto por pasar la puerta. Lo dificil empieza ahora...
Última edición por Saratai el 04 Mar 2009, 10:43, editado 1 vez en total.

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Mensaje por Eldril » 03 Mar 2009, 20:27

Reinhard Russ

Mientras me escondo entre las hierbas y arbustos que hay cerca de la puerta, intento vislumbrar cómo lograré entrar en mi ciudad.

Por fin he llegado a casa... estoy tan cerca... pero me sera muy dificil conseguir pasar la muralla...hay dos guardias en la puerta... y esta el pregonero... así que pasar desapercibido... muy difícil.

Hago una tirada de percepción para oir que dice el pregonero

tal vez puedo esperar a que anochezca, y intentar trepar la muralla...

Me quedo fijandome en los guardias de la puerta... y en si encima de la muralla también hay vigilantes.
También me fijo en los posibles movimientos que pueda haber el la puerta.

FDI: es muy alta la muralla? sé si suelen poner guardias? que se de las demas puertas para entrar a Averheim?
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Mensaje por Saratai » 04 Mar 2009, 13:07

29 de Ulricario de 2521. Puerta Este de Averheim, Angestag.

El minero habia llegado a casa, pero pasar los controles seria arriesgado. A su frente se encontraba la Puerta Este, que daba a las pequeñas aldeas de Averheim. Reinhard sabia bien que era la más sencilla de cruzar, puesto que las Puertas Sur y Oeste tenian demasiada seguridad, y la Norte permanecia cerrada la mayor parte del tiempo.

La muralla de piedra enana, contruida gracias al pueblo Khazalid, era una sencilla y práctica construcción de dura roca y gruesos muros. El portón permanecia abierto y sin tránsito, y solo dos soldados custodiaban la entrada, a ras del suelo. En las murallas no habia nadie, pues era un desperdicio colocar soldados si no habia riesgo inminente de asedio, y por ellas el transito era nulo. La altura de los muros rondaria los cinco metros, y su grosor cerca de los doce metros, una construcción sólida, sin duda, pero lejos de ser indestructible. El color de la piedra era gris, y las puertas disponian de una tonalidad oscura, abiertas de par en par para quien quisera entrar o salir. Cerca de ellas, un pregonero daba voces: ''Los caminos son seguros, y ya no hay peligro en salir; quien quiera por ellos dar pasos, no tiene riesgo a morir.''

La afirmación del pregonero no era del todo cierta. Por los caminos y bosques aun quedaban bandoleros, forajidos, criminales, hombres bestias y trampas mortales, pero él sabria a cuento de que decia tales cosas. A su lado, un viejo peajero se hechaba la siesta, sentado en un taburete. Los soldados que hacian la ronda de vigilancia permanecian quietos, charlando y riendo. Portaban el uniforme negriamarillo de la guardia, y apoyadas en sus hombros sendas alabardas de hoja convexa y vara reforzada. En sus cabezas, floridos sombreros rojos, pues si algo distinguía a los averlandeses era su hortera manera de vestir, solo superada por los más snobs de Reikland.

El cielo estaba despejado, con algún nubarrón que presagiaba próximas lluvias. El frío era intenso, pero al menos Reinhard tenia algo de ropa con la que protegerse de dichos vientos. El joven minero quedó pensativo, meditando acerca de cuál era la mejor manera de entrar...

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Mensaje por Eldril » 04 Mar 2009, 16:58

Reinhard Russ

creo que lo mejor será esperar a que anochezca, y mirar de colarme entonces trepando el muro.

Espero a que se haga de noche, y si no hay guardias en las murallas, me dirijire a treparlas.

Realizo tiradas de esconderme y de percepcion (vista excelente) con tal de ver si estoy o no en peligro y esconderme de éste. Gastaré, si me queda, mi último punto de suerte si fallo la tirada de trepar.
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Mensaje por Saratai » 04 Mar 2009, 18:58

29 de Ulricario de 2521. Jorkstown (Averheim), Angestag.

Paciente, el minero esperó a que fuera de noche. Aguantó el frio y los nervios, sin comer ni moverse, hasta que el sol dio paso a la noche. No fue hasta que las luces comenzaron a iluminar la ciudad, que se atrevió a salir de los matorrales para acercarse a la muralla. Confió en la oscuridad que le protegia para comenzar a escalar las muralas, usando las oquedades entre piedra y piedra.

Una y otra vez lo intentó, pero no llegaba a encontrar un lugar adecuado donde escalar, hasta que pasada media hora de intentos fallidos encontro las piedras perfectas. Como si de una araña se tratase, empezó a escalar la piedra, con las botas quitadas aprovechando las garras de sus pies. Ningún humano habria podido hacer tal azaña, pero él hacia tiempo que habia dejado de ser un humano normal y corriente. Combinando sus corruptas extremidades junto a sus años escalando por las paredes verticales de la mina, Reinhard consiguió lo imposible: Llegar a las murallas de Averheim sin ninguna cuerda.

Primero uno y luego otro, dos guardias pasaron de largo a ras del suelo, sin elevar la cabeza a las murallas. Ahora, Reinhard estaba dentro, y sólo tenia que bajar las escaleras para llegar a Jorktown. De noche, todos los gatos son pardos, y seria más dificil que nadie viera sus manos con tan poca gente por la calle...

FDI: ¡Lo has conseguido! Ahora estás dentro de la ciudad. Eres libre de ir a donde quieras, pero ten cuidado. Si alguien te viera las manos, serias hombre muerto.

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Mensaje por Eldril » 05 Mar 2009, 15:30

Reinhard Russ

con lagrimas en los ojos... ya estoy en casa... por fin... cuanto tiempo ha pasado? cuantas muertes han visto mis ojos?

me dirijo a mi casa, intentando pasar desapercibido, y yendo por las calles menos transitadas. A la que encuentre algunos harapos en cualquier esquina, me taparé las manos y continuare con el camino a casa.

en cuanto llegue a la puerta

-(Toc,toc, toc) Mama! soy yo! Reinhard!! Ya he vuelto!

y despues de una larga explicacion con lloros, lamentaciones,etc... de todo lo que me ocurrió.

-Pero estate tranquila, se de un lugar donde me podré curar! es en Colmfhare! y además.. nosotros ahora tenemos esa mina... y ese tal Wumnter y Trock son muy buena gente, seguro que te ayudaran en todo lo que puedan, y te guiaran a la cueva de cobre! Con ellos, podras abrir la mina, y conseguir dinero para poder vivir con tranquilidad! Y recuerda... en cuanto tengas dinero.. has de buscar a Mannricht... a él le debo la vida!

-Yo en cuando mejore un poco, marcharé... y no se si volveré... Sigmar me ha ayudado hasta dia de hoy, y tengo fe en que siga haciendolo... Dejadlo todo, vended la casa...y dirijios a Tannfeld a empezar una nueva vida!

Al cabo de pocos dias escondiendome en casa, y cuando me encuentre mejor para partir cogeré una parte del dinero de vender la casa, le dire a mi hermano que me vaya a comprar un caballo, ropa (guantes grandes y resistentes, igual que las botas) equipo de viaje, raciones y un pico a dos manos! Con todo esto, marcharé de casa, dirección Colmfhare.

-Stolz, cuida a mama de acuerdo? Nos volveremos a ver!

no puedes comenzar un camino sin tener la determinación de llegar al fin
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Mensaje por Saratai » 09 Mar 2009, 11:31

26 de Fridario de 2522. Heideck, Bezahltag.

La bala se introdujo en la pistola, quedando ésta perfectamente cargada. Gottfried Harrikherr sufrió un fuerte tick en el cuello, con espasmos que de haber sido otro quien los hiciera, habrian suscitado risas por toda la casa donde los sectarios se reunian formalmente. Harrikherr se quitó la camisa, para que el tatuador le inscribiera la siguiente serpiente en el brazo derecho. En el último año, el que fuera un sucio traficante de seres humanos habia ascendido hasta cotas insospechadas, convirtiéndose en maestre de ceremonias, sólo tres escalafones por debajo del lider de Averland, y a unicamente doce peldaños del lider absoluto que se encontraba en Altdorf.

El loco sectario estaba feliz por el nombramiento, y por los conocimientos que habia adquirido en los últimos meses. Nunca olvidaria aquel dia, hace ahora casi un año. En aquel dia, Jaff Hartrer fue sentenciado al ostracismo, expulsado de las fértiles tierras del Gran Ducado y obligado a irse a Wissenland, donde a buen seguro que planearia su regreso para vengarse de la Serpiente Púrpura, la mayor organización del Sur, dediacada al poder personal y al control de la sociedad en toda su totalidad.

Si, habia pasado mucho tiempo, mucho tiempo esperando el momento oportuno. La serpiente habia esperado paciente su turno. Mientras bárbaros e imperiales combatian en una lucha sin sentido, la serpiente se habia hecho un hueco en el corazón de la sociedad. Pronto estallaria la rebelión, y el momento que tanto habian aguardado comenzaria. Y la victoria seria suya, seguro, puesto que dominaban a la perfección a las marionetas del gobierno, y a los líderes revolucionarios. La idea de Harrikherr era magistral, pues planeaba comenzar un enfrentamiento brutal. Mandaria a los cabecillas revolucionarios para que mataran al portavoz del gobierno, desencadenando asi una dura represión, y entretanto, se llevaria a cabo la santa purgación aprovechando los asesinatos de los revolucionarios, eliminando del gobierno a todo aquel ajeno a la secta, y sustituyendo sus puestos por sectarios afines a la ideologia. Cuando los revolucionarios hubieran sido masacrados, y los asesinatos por el bien común hubieran terminado, todos los sectarios del Imperio vendrian a la provincia, alentados por el poder y la proteccion que el gobierno les brindaria. Se crearian medidas legales para prohibir la actuación de cazadores en la provincia y juicios populares, y poco a poco, toda la población se asimilaria. Después, cuando las otras provincias descubrieran el secreto de Averland, a buen seguro estallaria el debilitado Imperio en una dura guerra civil, que terminaria por acabar con él, resurgiendo de las cenizas la serpiente, que dominaria el resto de provincias con la misma táctica de guerra y asimilamiento. Todo era perfecto.

Bueno, todo no. Habian algunos inconvenientes. Los salteadores de caminos se habian hecho muy fuertes. Fieles únicamente al oro, la secta necesitaria su apoyo para controlar que desde las fronteras, nadie ajeno a Averland interviniera en el proceso de ingesta gubernamental. Pero para ello deberian negociar con Herman y Kilmer, los señores del crimen que ostentaban un poder incluso mayor a los burócratas de la capital. Sin la ayuda de esos hombres, la secta no podria erigirse fuerte. Pero eran aliados de poca duración, pues cuando la serpiente creciera, también los asimilaria a ellos, creando de nuevo luchas internas y colocando a miembros en altos cargos.

El problema que tenia más dificil solución, era el del monstruo de Loningsbruck. Rumores de un ser que acababa con la vida de todo viajero que hablara de su existencia, inquietaban sobremanera a Harrikherr, pues los vampiros contaban con un gran poder, enemigos declarados del Caos, pues eran todo lo opuesto a éste. Ellos querian que todo se quedara como está, y los sectarios querian cambiarlo todo y hacer evolucionar al mundo. Los no muertos eran el estancamiento, y la serpiente púrpura el futuro. Por ello, Harrikherr tendria que andarse con cuidado con aquel ser, pues podria intervenir en contra de sus planes, para mantener a sus presas y no perder su posición frente a una secta.

En ese instante, llamó a la puerta el bretoniano. Vergamont L'amund y Pitel Quober se encontraron alli, esperando a que Harrikherr les dejara pasar. El sectario esperó a que terminaran de tatuarle las escamas inferiores para dejarles entrar. A sus pies, la cabeza de un galeno le servia de distracción.

Cabeza inerte de médico

-Harrikherr, andate con ojo con esos cerdos, Pitel fue capaz de matar a su propio padre para salvar el cuello.


Gottfried Harrikherr

-¡Cállate imbécil! Ellos son los mejores secuestradores que tenemos. Además, me tiene que ayudar con un pequeño asunto que tu ya sabes.


Tras la corta conversación entre cabeza y loco, los dos hombres entraron. Pitel Quober, bajo el pseudónimo de Umindel Rober o Pitburgar Quossin, habia eludido a la justica incontables veces. Vergamont, por su parte, se habia hecho pasar por estaliano, tileano, kislevita e incluso por mercader de Ind, para cubrir su procedencia, claramente extranjera y Harrikherr habia contado con ellos en numerosas ocasiones. Hacia exactamente un año, Oliver les encargó el trabajo de secuestrar a decenas de muchachos, para que el pánico cundiera y Rudiger Bacher tuveria una baza extra para ganar su referéndum. Rudiger, el bueno de Rudiger. No era tan exquistio cuando se vestia con harapos en un pueblo perdido de Hochland. Pero la secta apreció en él grandes cualidades, y una poderosa labia. Junto a él, un experto duelista, que odiaba a la nobleza con toda su alma se unió al mendigo. Ellos dos formaron la pareja Bacher, (pronunciada Bachâ en la lengua del Reik). La secta diseño un emblema, una historia falsa que se remontaba en varias generaciones, y un nombre parecido al de una rica casa comerciante de Middenland, para que a los paletos de Averland les sonara el nombre de algo. La secta invirtió mucho dinero con ellos, dinero bien invertido como se vió al final. Oliver Saford coordinó toda la operación, diciendoles en todo momento como debian actuar, que ropa habian de vestir, y con quien tenian que tratar. A tanto llegó la farsa, que Migolver dejó encinta a una mujer de la casa Fahen, prometiendole mentiras y usandola para destrozar su honor, todo por pura diversión. Cuando todo estuvo listo, Saford y Harrikherr planearon dos actuaciones.

Cabeza inerte de médico

-Lo que tu digas.


Vergamont cogió una silla, y el tatuador se retiró de la instancia. Pitel se quedó de pie, en la puerta, con la pistola cargada. Aun no se habia acostumbrado a tratar con esa gentuza sectaria, y no se fiaba un pelo. Alrededor, cinco sectarios con máscaras animales y cuerpos tatuados contemplaban a los recién llegados, recelosos de todo aquel que no fuera de su organización.

-Ains, las cosas eran distintas antes, Harrikherr. Espero que algun dia sepas escucharme.

Por un lado, Oliver Saford utilizó a los Bacher con su mano derecha, creando una estirpe desde cero para hacer demagogia y politica barata acerca de seguridad estatal, y con su mano izquierda contactó con Herman el viejo, con Kilmer y con los salteadores como Vergamont y Pitel Quober que poblaban Averland, otorgándoles medios, dinero, poder e información para que el contrabando, los asesinatos, los secuestros y la corrupción aumentaran exponencialmente, todo ello bajo el respaldo de la secta desde Reikland. Con este trabajo, la gente se vió axfisiada por el crimen, y los Bacher se convirtieron en la única esperanza para el pueblo, una esperanza nueva y diferente que les prometia la salvación.

Por otro lado, Harrikherr contactó con el Rey del submundo con su diestra, para proveer de brujeria y piedra a los sectarios y crear confusión y fugas en la prisión, y con su siniestra negoció con los abundantes mutantes de Jaff Hartrer y Muerte en los Caminos, para que eliminaran a los patrulleros y a los cazadores de brujas que podian hechar abajo los planes de la secta, pagandoles con la piedra que el Rey del Submundo proporcionaba.

Asi, Harrikherr defendia a Saford con sus acciones, y Saford aumentaba el poder de la secta. Un tercer miembro, Augoste Getter, controló la comisaria e introdujo miembros sectarios por doquier, y encantando a los que no lo fueran, como Jaran o Tretmund, y fortaleciendo las acciones de los otros dos maestres. En el plazo de un año, todo salió a la perfección, y Averheim quedó bajo control sectario.

O casi todo, porque seis hombres se interpusieron en los planes de la serpiente púrpura. Alan Friedsgoth, Fabian Dortmund, Reinhard Russ, Franz Miller, Heinrich Messner y un tal Mannricht. Alan, un sargento de la ciudad, no sucumbió a la secta ni a las promesas de Getter, y organizó a hombres que no tuvieran que ver con la guardia para ''hacer justicia''.

Un iluso. En sus estúpidos planes, se llevó consigo a un patrullero venido a campesino que molestó a los contrabandistas, y a un investigador Vereano, que creó inconvenientes al Rey del Submundo y al mismisimo Auogoste en sus investigaciones de la guardia. Esos tres debian morir por los problemas que le habian causado al número 3 de la secta, Getter.

Luego estaban Heinrich Messner y Franz Miller. Imbéciles idealistas. Por llevar a cabo sus ideas de salvación, entorpecieron a Oliver Saford (el número 2 de la secta) a los Bacher y a los mutantes que hacian su misión. Moririan, por Tchar que moririan.

Y por último estaba Reinhard Russ. Aquel cretino paleto habia escapado de las mismisimas manos de Harrikherr, el cuarto número de la secta en Averland. Harrikherr pensaba que el minero moriria, siendo un mutante como éra no podria sobrevivir. Pero lo hizó, nadie sabe con que fuerzas. Llegó a un pueblo, Colmfähre, donde un médico cuya cabeza pertenecia ahora a Harrikher le mutiló sus garras para que pareciese humano. El asqueroso minero, que habia metido las narices donde no le llamaban, habia ayudado a un patrullero de caminos para resolver las muertes que los mutantes de Harrikherr llevaban a cabo, antes de que Jaff fuera ''despedido'' de las negociaciones. El minero y un montón de estúpidos ilusos fueron a Monheim a acabar con los mutantes, y al final resultaron ellos los acabados. Pero por arte de magia, Reinhard y cinco más sobrevivieron, acabando tres de ellos en manos de Harrikherr, que les iba a utilizar en sus experimentos. Sin embargo, de los tres uno era Reinhard y otro un zumbado de la capital, que consiguieron escapar, siendo asi los únicos que sobrevivieron aquel dia, pues el tercer capturado murió, y Jaff hizo mutar hasta la muerte a los otros dos.

Reinhard y el zumbado deambularon durante dias, sobreviviendo una y otra vez, hasta encontrar una veta de cobre que el maldito minero explota ahora junto a dos viejos. Salieron de las cuevas dónde Harrikher les habia confinado, y viajaron por los pueblos, hasta que Alan Friesdgoth y sus hombres mataron al compañero de Reinhard. Deberian haber matado entonces a aquel entrometido muchacho, pero como de costumbre volvió a sobrevivir, para traspasar la seguridad de la capital, hablar con su familia y obtener de éstos recursos para llegar a Colmfähre, donde el muy estúpido contactó conmigo para que le ayudara. Fui tonto al hacerlo, pues asi atraje la atención de los sectarios que le seguian la pista, y mi cabeza acabó con Harrikher. Ahora yo estoy muerto, y el minero se hace rico con su mina y con sus muñones, pues para quitarle las garras tuve que cortar dedos y músculos de las manos, sustituyendo piel por vendas, y huesos por débiles alambres. Una obra de arte, que al final me costó la vida.

Pero por fin se hará justicia. Vergamont y Pitel han venido aqui para hacer su trabajo. El lider de la secta se reunirá esta noche con sus tres súbditos más poderosos e influyentes, con Oliver Saford, Augoste Getter y Gottfried Harrikher. Juntos, los cuatro, trazaran el plan para controlar la capital en las próximas semanas, mientras que los dos secuestradores matan uno a uno a los seis entrometidos que durante dias han entorpecido a la secta, en su mayoria de veces incoscientemente.


Los seis han de morir, antes de que Alan Friedsgoth los reuna una vez más.



Gotfried Harrikherr


Buena frase, galeno.

-Vergamont, Pitel. Los seis han de morir, antes de que Alan Friedsgoth los reuna una vez más.

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