Heinrich Messner IV: Burocracias Gubernamentales

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Heinrich Messner IV: Burocracias Gubernamentales

Mensaje por Saratai » 17 Mar 2010, 17:33

18 von Brauzeit, 2527. Konistag, Averheim.

Mannfred Messner

Doce son las grandes familias de Averheim: Los Fahen, los Alptraum, los Leitdorf, los Brigundherfs, los Mahiven, los Tullirdef, nosotros, los Pillher, los Refger, los Hannodeck y los Norfendeger. Fahen, Alptraum, Brigundherf, Tullirdef y nosotros tenemos, como ya sabes, una alianza no escrita, mientras que Leitdorf, Mahiven y Pillher otra. Refger, Hannodeck y Norfendeger permanecen al margen, pero han fortalecido sus relaciones entre ellos a base de tratados comerciales, y usan sus almacenes entre si.

Más hay otras familias hijo mio, más allá de las fronteras de nuestra ciudad. Y a diferencia de las capitales que te he descrito, éstas disponen de pequeños ejércitos. Con la revolución que se nos viene encima, más nos vale estar en el bando ganador. Hemos luchado muy fuerte, tanto tú como yo, como para que nuestra casa gobierne. Sí, no tanto como las demás, pero al menos estamos en la Alianza ganadora. Grünwald controlan todos los territorios de Agbeiten y Hochleben (la zona Sur de la provincia) junto a ciertos terratenientes del ejército, y son fieles a la causa Alptraum. Otros aliados son los von Sachs, al norte, con propiedades en Lengelfeld, y los Ulbricht, en los bosques de Bieswang.

Pero no todos son amigos. Los Leitdorf nos quieren ver colgando bajo las horcas revolucionarias, y han buscado aliados para ello. Los von Kusch y los von Heine nos tapan con sus posesiones los principales caminos a Wissenland y la Asamblea respectivamente, y tienen fuertes aliados en estas zonas. Estas tres familias han taponado las salidas de Averland, y financias bandidos y forajidos para que los emisarios de nuestro Ducado no salgan al exterior. Ante una guerra civil, ellos estarian apoyados por mercenarios y revolucionarios.

Por último, los Alder y los Hindenberg no se han decidido por ningún bando aun. Es importante que se unan a nosotros, pues sus territorios son la visagra con los pueblos que aun no están bajo ningún dominio, esto es, Heideck en el centro de la provincia, Grenzstadt en el paso a las Montañas del Este respectivamente.

Hijo, recuerda esto. Se que es muchisima información, pero hoy pasarás a estar en el consejo de Gobierno y debes conocer a tus amigos y a tus enemigos, pues la reunión de este mediodia puede cambiar las vidas de muchas personas. No te digo que actues en contra de tu naturaleza, pero si que elijas tus palabras con sabiduría. Suerte y gloria, hijo mio.

El discurso de su padre se habia mantenido en la cabeza de Heinrich Messner más de lo que éste habia pensado en un principio. Aquella mañana se habia reunido con su padre para contarle que el Consejo de Administración de la Provincia le habia llamado a participar. Al parecer, el Consejo tenia unas reglas muy estrictas en lo que ha número de participantes se refería, pues siempre habian de ser nueve miembros los que tomaran la decisión. Estos miembros eran Bukter Alptraum, el nuevo líder y portavoz del Gobierno, que habia sido nombrado por Oliver Saford al retirarse éste del puesto y autoproclamarse ''Mediador del Consejo'', lo que le restaba poder pero aumentaba la información que llegaba a sus oidos. El poder Judicial lo ostentaba Kirdan Tullirdef, Juez Supremo de la Provincia. El poder Ejecutivo era parte de Inmaister Brigundherf, Consejero de Seguridad e Interior. Estos tres eran los más importantes miembros, y el resto de miembros eran simples visagras complementarias. Heinrich Messner, como Fiscal Jefe hacia de contraparte entre el Juez Supremo y el Consejero de Seguridad. Anna Alptraum ostentaba, recientemente, el cargo de mediadora entre el Consejero de Seguridad y Bukter Alptraum. Eberet Refger mediaba entre Bukter y el Juez Supremo. Por último, un Konrad Trademan era el encargado de las finanzas y los tratados comerciales; Vergamont Fahen era Consejero de Exterior tras contraer matrimonio hacia poco con Tania Fahen e Ivein Hopked, el experto en materia teológica.

Heinrich Messner se habia vuelto más responsable y menos idealista al pasar los años. Delgado, como siempre, y conservando pelo castano en su totalidad. Cinco años como fiscal lo habian cambiado bastante en comparación con el hombre que era antes del incidente de Sorghof, y ahora era un pater familias trabajador y esmerado. Sin embargo, la situación de aquel dia era muy distinta a lo que el estaba acostumbrado, es decir, juzgar a los enemigos del Estado. No conocía bien a ninguno de aquellos miembros (a excepción de Anna y el Juez Kirdan) y se sentia algo incomodo, sobre todo sabiendo que estaba reemplazando la silla de un hombre asesinado por un loco que se hizo volar en pedazos asi mismo a base de explosivo, todo por la causa proletaria. Fuera como fuera, era una cita inaludible. Lo que si conocia eran las antipatias que se habia forjado al no ceder ante ningún soborno ni actuar sengún las convenencias. Esperaba que esas antipatias no se reflejaran en aquella reunión. En aquellos pensamientos se encontraba su mente inmersa, cuando Oliver Saford dió comienzo a la reunión.

-Honorables caballeros, señora, todos conocemos los problemas a los que se enfrenta nuestra gran provincia. Los Leitdorf, demostrando su traidor temperamento, están apuñalando Averland financiando a febriles campesinos para que se revelen contra nuestro gobierno, incluso después de haber dotado a la provincia de seguridad y control. Por si fuera poco, un emisario del Conde Elector de Talabecland Helmuch Feuerbach, nos envia un mensaje por la cual se nos presiona a aliarnos con él en sus aspiraciones expansionistas, bajo amenazas de ataques.

La sala de la reunión era una obra de arte, repleta de hermosas piezas de orfebrería brigundana y cuadros de grandes pintores de Altdorf. La mesa era de roble macizo y el suelo estaba ribeteado de puro marfil procedente de la lejana Ind. Las ropas de los presentes, bordadas con plata, eran de tejido tan caro como la seda que venía de Catai, y más de uno lucía enormes medallones de Oro estaliano. Esta sala estaba localizada en plena Zona Comercial, en el basto edificio del Gobierno Condal.

El primero en responder fue Inmaister Brigundherf, de unos treinta y muchos años, de tez clara, pelo largo y bien cuidado bigote rubio:

-Nuestra prioridad es elegir un nuevo Conde Elector. Si el bando Leitdorf, que tiene a las masas populares en su bolsillo, inventara algún hijo bastardo escondido del anterior Conde, tendriamos una guerra civil en ciernes.

-Si bajaramos los impuestos, los campesinos no estarían con los Leitdorf-
gruño Konrad Trademan. Si los obreros no tienen ni para comer, no habrá quien sustente la provincia en un futuro.

-Sin los impuestos actuales no puedo mantener el orden, y volveriamos a la situación actual. ¿Quieres eso Konrad? Respondió Inmaister. -Además, debemos llenar las arcas para pagarle un tributo a Talabecland. No somos suficientemente fuertes para rechazarles, ni aunque nos unieramos a sus enemigos.
Propongo que Vergamont Fahen envie una misión de diplomáticos a recibir al emisario, y que lleguen a un acuerdo. Más adelante comentaremos cuanto podriamos pagar para que la negociación llegue a buen termino.


Konrad refunfuñó, pero el resto parecieron apoyar la propuesta, incluido Vergamont, que asintió favorablemente. Fue entonces cuando Kirdan, el enorme y grasiento Juez de ojos azules habló. Las relaciones entre Heinrich y Kirdan nunca habian sido cordiales. Lo curioso era que Kirdan se habia empeñado semanas atrás en que el Fiscal entrara en la sala del Consejo para tomar parte. Tras las palabras del Juez Supremo, Heinrich comprendió el porque.

-Todo eso está muy bien, lo aplaudo. ¿Pero de que nos va a servir ser vasallos de los Talabeclandeses si no eliminamos a los Leitdorf? Siento ser tan franco y directo, pero si los Leitdorf llegan a un acuerdo con Talabecland antes que nosotros, estaremos perdidos. Opino que el Fiscal condene sus acciones como traición mayor, y ataquemos directamente a sus posesiones. Se que no tenemos pruebas fieles de que dan fondos a los revolucionarios, pero si esperamos a tenerlas será demasiado tarde. ¡Debemos acabar con los Leitdorf cuanto antes, y que sus aliados se disuelvan miedosos ante nuestras acciones!


FDI: Lo se, es largo de cojones, pero no he podido acortarlo más. Heinrich Messner, este es tu post de inicio. Tus conocimientos de Leyes te indican que es ilegal atacar a una familia noble sin una prueba de crimen, y que el Ejercito Imperial podria incurrir en el desmantelamiento de un Gobierno que lleve a cabo esas acciones. De todas maneras, deberias de contrastar los Códigos Impierales para estar seguro. Por último, habla con cuidado ante la mesa, los ánimos están revueltos.

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Re: Burocracias Gubernamentales

Mensaje por Weiss » 18 Mar 2010, 03:05

Heinrich Messner

A Messner casi le dio pena sentarse en el asiento que le correspondía en la sala de juntas. Era en verdad una obra de arte, impecablemente tapizada en terciopelo, luciendo los colores provinciales, y con incontables detalles en oro y marfil. El valor de esas nueve sillas equivalía al presupuesto anual de la mayoría de poblaciones del Imperio... Pero el resto de la habitación no era menos imprsionante. El fiscal nunca había visto tanto lujo junto, ni en las señoriales mansiones de los Fahen o los Alptraum. Sin duda Oliver Saford era un tipo al que le gustaba vivir bien...

Sin embargo, poca atención pudo prestar Messner a la habitación, pues tenía asuntos bastante mas importantes que atender. Había sido nombrado recientemente miembro del consejo provincial. En teoría, siginificaba que era uno de los nueve hombres más poderosos de la provincia, aunque en la práctica distaba de ser así; las decisiones eran habitualmente tomadas por unos pocos miembros del consejo, siendo los demás meros comparsas. Y Messner tenía la impresión de que era uno de esos comparsas. Lo que más le había sorprendido de su nombramiento había sido quién le había propuesto. Aquel gordo seboso del Juez Supremo, el hombre que había encargado sillones nuevos para el Palacio de Justicia, pues los antiguos no dejaban espacio suficiente para su enorme trasero. Nunca se habían llevado bien, y era algo que ninguno de los dos trataba de disimular. Aquel proyecto de humano había dado al traste con varias acusaciones de Messner, alegando cualquier tipo de estupidez. No tenía ni la más remota idea de por quñe aquel hombre quería verle convertido en un consejero provincial.

La silla resultó ser increíblemente cómoda, pero el saber que su antiguo usuario había acabado esparcido por una plaza después de que un obrero se inmolase junto a él no transmitía demasiada confianza. Los obreros eran cada vez más osados, y no dudaban en usar cualquier medio a su alcance.

Maldita pólvora, y maldito el día en el que los enanos la inventaron...

Messner se fijó en el resto de asistentes a la reunión, el Consejo Provincial. Conocía a varios de ellos, pero con otros no había intercambiado más que unas pocas palabras en toda su vida. Conocía, por desgracia, al obeso juez, Kirdan Tullirdef. También conocía bien a Anna Alptraum, una de sus principales valedoras, y antigua portavoz del gobierno. Sabía que el actual portavoz, y sucesor de Saford, era un primo lejano de su mujer, pero no sabía mucho más sobre él. Konrad Trademann tampoco le era desconocido, pues cinco años antes habían hecho ciertos negocios...

Y pensar que ya han pasado cinco años...

Por último, Messner conocía al gran arquitecto de lo que ahora era Averland. Oliver Saford, el antiguo mayordomo de los Bacher. Un astuto e inteligente criado venido a más, que había gobernado la provincia a sus anchas durante años, tras la misteriosa desaparición de sus amos. Desaparición que a Messner nunca acabó de convencer dicho sea de paso.

Fue el propio Saford el que abrió la reunión, relatando un problema que no era desconocido para Messner: la revolución que estaba siendo financiada por los Leitdorf, y las pretensiones expansionistas del Conde de Talabecland, Helmut Feuerbach. Ninguno de los dos temas eran la especialidad de Messner, por lo que guardó silencio mientras el resto de asistentes expresaban sus opiniones. Entrelazó los dedos y apoyó los codos sobre la mesa mientras escuchaba atentamente. Brigundherf, Trademann y Fahen fueron exponiendo sus argumentos, siendo finalmente el triunfador Inmaister Brigundherf. Las razones expuestas por este último no eran para nada descabelladas, pero Messner sabía que Trademann tenía razón; era imposible que los campesinos apoyasen a un gobierno que llevaba años sangrándoles. quitándoles hasta la última pieza de cobre. La parte que de verdad interesó a Messner fue la que vino a continuación.

El descomunal juez luchó contra la gravedad para ponerse en pie, y luego habló con su empalagosa voz. Messner no daba crédito a lo que oía. ¿Se daba cuenta aquel insensato de lo que estaba diciendo?. En cuanto el juez terminó su intervención, Messner se aclaró la voz y se puso en pie.

Mi primera opinión en el Consejo...

Por lo menos, su aspecto era el apropiado para tan solemne ocasión. Se había puesto las ropas de gala, de seda negra y bordados de plata. Se había lavado y cepillado el pelo aquella mañana, llevaba la barba perfectamente recortada, y su espada lucía más que nunca. Había ordenado a Adalbert, el chico de los caballos, que le sacase brillo hasta que pudiese verse reflejado en ella, y lo había hecho más que satisfactoriamente. A Messner le gustaba aquel arma. Se la habían entregado junto con el cargo de fiscal jefe, y era una auténtica joya. Esperaba que todo aquello sirviese para impresionar a su público.

-Distinguidos caballeros del Consejo. Como sabréis, soy Heinrich Messner, y ocupo el cargo de Fiscal Jefe. Ya que mi colega Kirdan me pide mi opinión, se la explicaré a todos. Me sorprende -Messner miró hacia el juez- que alguien tan versado en leyes como vos hagáis semejante propuesta. Sabéis que hacen falta pruebas sólidas para llevar a cabo una acción militar contra una familia como los Leitdorf. No, aunque todos sepamos que son ellos los que están detrás de este asunto no podemos atacarles sin más. Si la memoria no me falla, los Códigos Imperiales son tajantes en ese aspecto, y llevar a cabo tal acción podría desencadenar la disolución del gobierno provincial por parte del Emperador. Ya tenemos bastantes enemigos como para ganarnos también la antipatía del Imperio, caballeros. No necesitamos que la Reiksguard venga a hacer un trabajo que ya están haciendo los revolucionarios... Por otra parte, un ataque directo sería una provocación a las masas que apoyan a los Leitdorf. Nos verán como unos monstruos, como los seres sin escrúpulos que los Leitdorf dicen que somos. Sólo provocaría una escalada de violencia, venganzas, bombas... Lo siento, pero debo oponerme enérgicamente. La ley es muy clara al respecto.

En cuanto al asunto de la financiación y la guerra... No soy un experto, caballeros, pero daré mi opinión si me lo permiten. Los Hannodeck, Refger y Norfendeger forman una alianza a tener en cuenta, y serían una importante adición a la causa. Piensen que la guerra en ciernes les ha hecho prepararse, aprovisionarse... Serían una ayuda económica más que valiosa. Mi estimado Herr Trademann podría llegar a un acuerdo con ellos, negociando los aspectos económicos y recompensándoles con protección y ventajas fiscales. En cuanto a la situación en el campo, la colaboración de los Alder y los Hinderburg es vital. Si se uniesen a nosotros no sólo sería un gran golpe para los Leitdorf, sino que serviría para frenar las ansias expansionistas de Talabecland a corto plazo.


Messner miró a los presentes, intentando adivinar qué estaban pensando.

-No sé si todos conocen mi historia, caballeros, pero hace cinco años la unión de las Casas fue la clave para salvar a la provincia. Una vez más, debemos estar unidos si queremos triunfar. Gracias por su atención.

Messner volvió a reclinarse en aquella formidable silla, esperando la respuesta del Consejo. Descubriría si la política era algo que se le daba bien...


FDI: Sí, a mí también me salió un post bastante contundente... Espero que seáis capaces de leerlo sin desesperaros.
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Re: Burocracias Gubernamentales

Mensaje por Saratai » 18 Mar 2010, 14:42

Las palabras del Fiscal Jefe sonaron en la sala contundentes. Ni el mismo Heinrich habia previsto hablar sin temores en la voz, con las ideas claras y expresando sus ideas de manera tan firme y directa. Varios miembros de la cámara asintieron a sus palabras. El primero en responder fue Kirdan. Antes de ser Juez, Kirdan era un brillante letrado, y no estaba acostumbrado a perder un combate dialéctico.

-Paso por paso, señor Messner, paso por paso. Si mi memoria no falla y dudo que lo haga, los Códigos Imperiales hablan, en el año 1972, del ataque a un noble middenlandés por parte del Gobierno de áquella provincia a la que él mismo pertenecía en origen, debido a la colaboración que hizo con el ejército de Reikland para salir favorecido. El Gobierno Imperial que estaba legalmente establecido en aquella época, falló a favor del Gobierno de la Provincia de Middenland, y el susodicho noble fue ahorcado, su familia expulsada y sus bienen fueron heredados por el gobierno de Middenland a 8 de cada 10 partes, y 1 al clero de Ulric y otra al Gobierno Central del Imperio. Este caso crea jurisprudencia, y en él las únicas pruebas necesarias fueron las de un sargento reiklandés que testificó siendo el resto evidente para el juez, asi que ya me dirá usted el problema de conseguir pruebas.

El consejo consideró las palabras de Kirdan, pero éste continuo su alegato.

-Y más que eso, señor Messner, ¿conoce usted el tiempo que tardaría un juez imperial a mediar en este asunto, y lo que se tardaria en llegar a un juicio? La justicia interestatal es mucho mas larga y complicada de lo que imagina. Aunque es normal que no lo sepa y no le culpo, siendo usted el aprendiz de Treitt Hanodeck.

Unas leves risas se oyeron, provenientes del sitio de Vergamont, mientras que Bukter Alptraum observaba imparcial la situación.

-No es menos cierto un argumento que otro, caballeros-
Alzó su voz Bukter.- Kirdan es acertado al decir que la justicia Imperial tardaría demasiado en dar un veredicto, y que no es seguro esperar a ella, pues corremos el riesgo de sufrir un bloqueo comercial por parte de Talabecland y de que los revolucionarios tomen terreno. Esperar solo favorece a los Leitdorf. Y Messner es también acertado en que debemos tomar en consideración al resto de familias, para axfisiar las alianzas de los Leitdorf.

El señor Alptraum meditó unos instantes. -Debemos repartir los objetivos entre los miembros de la Cámara, y que cada uno envie misiones con los hombres de armas y letras de los que dispongan:

-Primer paso es contentar a Talabecland y pedir ayuda a Wissenland y a los Reinos del Sur, para mejorar las relaciones. Vergamont, conoces a tus diplomáticos, repartelos y lleva a buen puerto este problema.

-Segundo paso es cercar las poblaciones bajo mando Leitdorf, y observar sus movimientos. No debemos atacar si ellos no empiezan, pues nos pondria en mal lugar para posteriores juicios. Inmaister, es tu campo.

-Tercer paso es convencer a las familias nobles de que se alineen en nuestro bando. Messner parece el más capacitado para ésto, por su experiencia previa. También quiero que encuentres pruebas que inculpen a los Leitdorf de financiar a los revolucionarios.

-Cuarto es llevar a la horca a los revolucionarios y anarquistas que pueblan los asentamientos, y llevar a la justicia a sus lideres. Anna, usa tus hombres para recabar información, y si puedes, acabar con los líderes. Son fanáticos de su causa, asi que no pierdas el tiempo busandolos vivos. Si encuentras oportunidad, haz justicia de campo. Si además, puedes ayudar a Messner con sus pruebas, hazlo.

-Por último, habra que preparar un más que posible juicio para el Juzgado Imperial. Kirdan, envia tus representantes a Altdorf, y haz una labor de investigación en profunidad. Ivein, haz lo mismo que Kirdan con la Iglesia Sigmarita. Essmer estará interesado en el caso.


Oliver Saford esperó ante cualquier propuesta adicional, más los asistentes asintieron al unisono acerca del trabajo que habia que llevar a cabo, y rápido. Como acta final, quedó citada una reunión a la misma hora justo en siete días, para hablar de los progresos realizados y llevar a cabo una votación para elegir un nuevo Conde Elector para Averland.


FDI: Messner ha hablado muy bien ante la audiencia (17 en la tirada de Carisma) pero Kirdan no ha quedado peor (11 en la suya) con lo que el combate de personalidades se firma con un empate en el que el Juez queda ligeramente por delante ante la Cámara. Una tirada de Leyes fallida (79) te impide rebatir los argumentos del caso de Kirdan.

Los presentes son libres de cerrar la sesión y ponerse manos a la obra. Se espera que colaboreis entre vosotros, pero no se puede obviar que sois tan aliados frente al bando revolucionario como enemigos políticos entre vosotros.

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Re: Burocracias Gubernamentales

Mensaje por Weiss » 19 Mar 2010, 02:52

Heinrich Messner

El discurso de Messner tuvo bastante mejor acogida de lo que esperaba. Varios consejeros asentían ante sus palabras. El fiscal estaba bastante satisfecho, no podía negarlo. Pero toda aquella tranquilidad se desvaneció cuando el seboso Kirdan volvió a tomar la palabra. Sí, era un gordo, bastante manipulador y no le caía bien Messner, pero no podía negarse que era un buen letrado. Sacó a relucir un caso del que Heinrich no conocía ni su existencia, y que le sirvió para apoyar su propuesta de atacar a los Leitdorf. Messner estaba desconcertado, pues no era la primera vez que el juez supremo se había sacado de la manga un recurso así. Y lo peor es que posiblemente tuviese razón. Una cosa negativa del Derecho era que si algún juez decidía que un determinado idiota tenía razón, todos los idiotas que reclamasen lo mismo después la tandrían también. Aún así, Messner tomó nota mental del caso mencionado por Kirdan, pues quería consultarlo en cuanto pudiese.

Cuando el mastodóntico letrado acabó de exponer el asunto del noble middenlandés, pasó a otro tema. Destacó que la justicia imperial sería muy lenta a la hora de actuar, y que esperar cualquier tipo de veredicto por su parte no haría más que complicar más las cosas. Puede que realmente tuviese razón, pero a Messner no le gustaba que le llevasen la contraria, que dudasen de sus capacidades o que le dejasen en evidencia. Y aunque fuese legal, seguía sin gustarle la idea de atacar directamente a los Leitdorf. Por último, la despectiva mención que hizo sobre Treitt no mejoró lo que Heinrich pensaba sobre el juez.

Messner se sintió tentado de levantarse y contestar algo, pero Bukter Alptraum habló antes. El Fiscal se alegró al ver que su propuesta sobre pactar con el resto de las familias no había caído en saco roto. Alptraum fijó una serie de objetivos, y repartió las diferentes tareas entre los miembros del consejo. A Messner le correspondería negociar con los Refger, Hannodeck y Nordendeger, para conseguir que se adheriesen a la causa del gobierno. Messner no estuvo disconforme, pues pensaba que podría realizar un buen trabajo en ese aspecto. Además, debía encontrar pruebas sobre la traición de los Leitdorf, aunque en esta tarea contaría con la ayuda de Anna Alptraum.

En cuanto Saford dio por terminada la sesión e informó de cuándo sería la siguiente, los asistentes se fueron levantando. Messner miró de una forma extremadamente poco amistosa a Kirdan, pero saludó con la cabeza a los demás. En cuanto pudo, se acercó a Konrad Trademann. Cuando tuvo su atención, Messner habló.

-Herr Trademann, su ayuda me sería inestimable durante las negociaciones que me dispongo a llevar a cabo. Nadie conoce el estado de las arcas mejor que vos, por lo que sabrá qué podemos permitirnos ofrecer a las Casas indecisas. En cuanto dispongáis de tiempo podríamos empezar. Empezaremos visitando a los Hannodeck.

La mención a su antiguo jefe le había hecho decidir que empezarían pactando con los Hannodeck. Era un principio tan bueno como cualquier otro. Tras la respuesta de Trademann, Messner buscó a Anna. Cuando pudo, se dirigió a ella. Hablaron unos minutos sobre cosas triviales, hasta que el fiscal sacó el tema que de verdad le interesaba en aquel instante.

-Anna, siempre habéis sido buena consiguiendo información. Si descubrís cualquier cosa sobre la financiación de los anarquistas, hacédmelo saber lo antes posible Gracias, Anna.

Tras la despedida de rigor, Messner aguardó en la sala unos instantes. Si nadie tenía nada que decirle, era hora de ponerse a trabajar. Y revisar los Códigos Imperiales sería un buen comienzo.
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Re: Burocracias Gubernamentales

Mensaje por Saratai » 22 Mar 2010, 18:55

Heinrich Messner

-Herr Trademann, su ayuda me sería inestimable durante las negociaciones que me dispongo a llevar a cabo. Nadie conoce el estado de las arcas mejor que vos, por lo que sabrá qué podemos permitirnos ofrecer a las Casas indecisas. En cuanto dispongáis de tiempo podríamos empezar. Empezaremos visitando a los Hannodeck.


El experto en finanzas escuchó la propuesta de Messner, la cual le pilló de sorpresa.

Konrad Trademann

-Estimado Heinrich, dificilmente podemos ofrecer efectivo a tales casas nobiliarias. El oro de nuestras arcas va todo a pagar más soldados, mejorar la infraestructura y el gasto público. Todo cuanto podriamos ofrecer a tales casas nobiliarias son puestos gubernamentales, que deberá ceder la casa Alptraum o a lo mucho favorecerles comercialmente reduciendo las tasas a sus productos. Yo podre ayudarte mañana, pero si quieres comenzar a trabajar, puedes rebajar un 10% el impuesto de caminos y un 20% el de ganado, y ésto es lo máximo que puedes ofrecerle a las cinco casas neutrales. Este impuesto se deduciria para la proxima fecha impositiva, y las posteriores serian negociables. Si solo una casa estuviera interesada en prestar colaboración, puedes darles un 50% el de caminos, y liberarles del de ganado, pero sólo a una.

Konrad continuó haciendo cálculos mentales, entre números, tablas y ecuaciones hasta que perdió por completo el hilo de la conversación.

-Bueno, como sea. Mañana a las tres de la tarde estaré aquí. Ven a visitarme si quieres que te acompañe, tendre la tarde menos ocupada.





Messner también habló con la mediadora del Consejero de Seguridad. Tras varios minutos de cortés conversación, el Fiscal formuló su pregunta:

-Anna, siempre habéis sido buena consiguiendo información. Si descubrís cualquier cosa sobre la financiación de los anarquistas, hacédmelo saber lo antes posible. Gracias, Anna.

La contestación de Anna, en cambio fue bien distinta a la de Konrad. La señora de la casa Alptraum tenia en buena estima a Messner. Sabia que era un hombre de principios, y que podia fiarse de él.

Anna Alptraum

-Oh Messner, justo ahora estaba pensando en si podrias acompañarme en un recado que llevo tiempo pensando en acometer. Te explico, en Streissen se encuentra uno de los bastiones de la revolución y Herr Waltar Leitdorf tiene su residencia allí. El sargento Tropkter se dirige justo ahora al lugar, y habia pensado en organizar una escuadra de los nuevos soldados para que me escoltaran para hablar con Waltar. No habria peligro alguno, puesto que entre los hombres de Tropkter y los mios hariamos más de cien. ¿Qué te parece?



FDI: Ahi estan tus opciones. Si te diriges a revisar los Códigos, la Iglesia de Verena es un buen lugar, asi como la biblioteca del Palacio de Justicia.

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Re: Burocracias Gubernamentales

Mensaje por Weiss » 23 Mar 2010, 02:35

Heinrich Messner

A Messner no le sorprendió la respuesta de Trademann. Las arcas estatales estaban extraordinariamente mermadas, debido al esfuerzo bélico de los últimos meses. Oliver Saford había reclutado y armado a un gran ejército, que consumía recursos a un ritmo alarmante. Pero al igual que Trademann, Messner no había pensado en ofrecer efectivo. Puede que el dinero contante y sonante sirviese para comprar a los políticos, pero a los mercaderes les gustaban aún más las promesas de ventajas fiscales. Bien aprovechadas, podían ser bastante más útiles que las coronas en efectivo.

Messner tomó nota mental de los porcentajes que Konrad mencionó, para ir trazando un plan. Sin embargo, decidió que esperaría al día siguiente para empezar las negociaciones, cuando Trademann pudiese acompañarle. Acto seguido, se acercó a Anna, de la que obtuvo una repuesta bastante más emotiva y espontánea que la de Herr Trademann.

Anna le propuso acompañarla a Streissen, para entrevistarse con un líder Leitdorf. Streissen era además un foco de movimiento revolucionario. Al principio estuvo tentado de aceptar, pues podría encontrar bastante información interesante allí. Sin embargo, al final decidió rehusar la invitación; ir a Streissen no era completamente imprescindible, y ahora su prioridad era dialogar con las Casas neutrales. Cuando hubiese terminado, podría dedicarse a investigar el asunto de la financiación.

-Agradezco la invitación, Anna, pero me temo que mi parte del trabajo requiere mi presencia aquí. Debo empezar a hablar con los indecisos cuanto antes. Sin embargo, mandadma un mensajero si encontráis algo interesante. Buena suerte y buen viaje, Anna. Tened cuidado por los caminos, pues no son un lugar recomendable, aunque no creo que tengáis problema con tan formidable escolta.

Le dio dos besos y un abrazo antes de despedirse de ella y encaminarse a la salida. Justo antes de salir, se detuvo unos segundos, por si alguien más tenía algo que decirle. En caso contrario, se encaminaría hacia el Palacio de Justicia. Tenía la sospecha de que el caso expuesto por Kirdan presentaba varios puntos discutibles. Sin embargo, prefería no decir nada hasta que no estuviese completamente seguro.
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Re: Burocracias Gubernamentales

Mensaje por Saratai » 23 Mar 2010, 16:20

Messner salió de la sala, al mismo tiempo que Vergamont Fahen, el cual se colocó su amplio sombrero de tres picos. El extranjero era un hombre al que le gustaba destacar, ya fuera con sus comentarios o por sus coloridos atuendos. Le dedicó una amplia sonrisa al Fiscal como saludo, para seguidamente montar en su corcel.

Vergamont Fahen

-Espero que tenga suerte Fiscal, se nos avecinan tiempos difíciles. Si necesitara mi ayuda, no dude en pedirla, Herr Messner.


Tras ésto, Messner se dirigió raudo hacia el Palacio de Justicia gracias a Erwin, su vieja montura, donde encontraria los documentos que ansiaba encontrar. Dejó el corcel en las caballerizas, y recorrió las blancas escaleras de piedra en un santiamén hasta llegar al tercer piso del edificio, donde se encontraban los viejos y desgastados códices legales. Las horas pasaron, y Messner buscó absorto una pequeña prueba, algún documento comentario que le indicara el error o la contradicción de Kirdan. Incluso un viejo letrado que se encontraba en la sala le ayudó en sus requerimentos, pero ni aun asi encontraron la prueba que buscaban.

Y en verdad que era complicado encontrar nada, pues cientos de libros, papiros y pergaminos se encontraban alli amontonados, y buscar algún caso documentado que contradijera el veredicto en contra de aquel noble middenlandés sin saber ni fecha ni lugar ni juicio del fallo que ayudara a contradecir tal caso era algo extremadamente complicado. Al final, tras siete horas de intensa busqueda, y quedando el sol ya escondido, Messner se dió por vencido.

FDI: Tirada combinada de Leyes, Buscar y Leer: 67. No has encontrado nada digno de mención.

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Re: Burocracias Gubernamentales

Mensaje por Weiss » 25 Mar 2010, 02:48

Heinrich Messner

El fiscal nunca había sido un seguidor de las modas, ni un amante de las extravagancias. Por eso mismo pensaba que el atuendo de Vergamont Fahen era extremadamente antiestético. El traje que llevaba el consejero estaba hecho de telas de los colores más chirriantes que se podían imaginar, formando intrincadas y enrevesadas formas. Sin embargo, estaba claro que era carísimo...

El consejero se despidió de Messner antes de montar, y le dirigió unas palabras amables. No sin cierta expresión de sorpresa, Messner se giró hacia Fahen.

-Agradezco el detalle, Herr Fahen. Suerte igualmente en vuestra tarea.

En cuanto Vergamont se alejó cabalgando, Messner se subió en su caballo. Erwin. Aquel caballo le había acompañado durante largos años, y aunque empezaba a notar que la edad estaba haciendo efecto, seguía siendo una montura extraordinaria. Por sus venas corría la sangre de los mejores sementales del Imperio. El caballo pareció responder a la presencia de su amo, y relinchó feliz. No le gustaba estar solo mucho tiempo. Messner le acarició la cabeza antes de ponerse en marcha.

Raudo, Messner se dirigió a la imponente mole que era el Palacio de Justicia. Tras dejar a Erwin en los establos, el fiscal se adentró en el edificio, encaminándose a la escalinata principal. Subió al tercer piso, donde se archivaban los tomos de leyes. Miles de años de sabiduría se almacenaban allí, por lo que encontrar algo sería una tarea ardua. Sin embargo, estaba dispuesto a hacer el esfuerzo con tal de cerrar la boca a aquel idiota de Kirdan. Además, aquel documento podría evitar una guerra inminente...

Heinrich fue recogiendo tomos y tomos, y apilándolos en una de las mesas. Las horas fueron pasando, y los ojos de Messner se resentían cada vez más. La cabeza le dolía, y tuvo que parar un rato para tomar aire y descansar. Un viejo letrado que también estaba en la biblioteca se percató de la frustración del fiscal, y se ofreció a ayudarle. Agradecido, Messner le explicó qué estaba buscando, pero ni entre los dos fueron capaces de encontrar nada que les fuese útil. Sobre las ocho, el anciano anunció que tenía que irse, así que Messner le volvió a dar las gracias. Justo antes de que el letrado se fuese, Messner le detuvo.

-Por favor, avise a alguno de los hombres que montan guardia en la puerta. Decidle que mande un mensajero a mi casa, y que avise de que llegaré tarde. Intentaré encontrar algo en los archivos del Templo de Verena.

Después, Messner abandonó la biblioteca y se encaminó a su despacho. Fuera era ya de noche y necesitaría algo de abrigo. Cogió una lámpara de aceite y recorrió los largos corredores del castillo hasta llegar a su estudio. Le habían dado un despacho nuevo junto con el cargo de fiscal, y no tenía queja ninguna. Aqel despacho era envidiable en todos los aspectos. Era espacioso, contaba con chimenea, balcón y un enorme ventanal. En cuanto al mobiliario, era bastante ecléctico. Obviamente, tenía una mesa grande y cara, llena de papeles y tomos por encima. Las paredes estaban casi tapadas por las estanterías, a excepción de trozos de muro donde tenía colgado algún cuadro, algún tapiz o un gran mapa del Imperio. Tenía además varias mesas por la habitación, y en cada una tenía los documentos sobre un tema diferente. Varios armarios y un gran arcón en una esquina servían al fiscal para guardar las cosas que no usaba en cada momento. Sin embargo, nadie se imaginaba qué contenía aquel viejo y pesado arcón. No contenía libros ni tinteros, plumas o pergaminos. Contenía una toga negra, una armadura con los colores de los Alptraum, un viejo abrigo de cuero y un sombrero. Todos aquellos objetos llevaban allí cinco años, el mismo tiempo que llevaba una espada con el emblema de la justicia colgada sobre la chimenea. En una vitrina descansaba un viejo libro de Anatomía, junto a unas cadenas y un par de cráneos. Nunca nadie le había preguntado por su procedencia... Por último, una brillante armadura decoraba el despacho de Messner. Una armadura que sobre el yelmo lucía un castigado sombrero de cazador de brujas.

No es que ese sombrero trajese mucha suerte a sus antiguos dueños...

Aún así, Messner lo conservaba como trofeo. Finalmente, cogió un abrigo de la percha que tenía detrás de la puerta, cerró el despacho con llave y se dirigió de vuelta a los establos. Comprobó cómo había bajado la temperatura mientras había estado dentro, y se subió a Erwin lo más rápido que pudo. Al galope, Messner se puso en camino hacia el Templo de Verena. Allí esperaba encontrar por fin el documento que necesitaba.

Esta vez tenía una idea un poco diferente: no buscaría sobre el caso mencionado por Kirdan en concreto, sino que buscaría ejemplos de casos en los que se desestimaran leyes de la época de los Tres Emperadores. Tenía sentido, pues las condiciones legales de aquel tiempo eran bastante diferentes que las actuales.


FDI: Me imagino que alguien me recibirá en el Templo, así que le explicaré lo que estoy buscando y le pediré que me ayude si no le supone una molestia.
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Re: Burocracias Gubernamentales

Mensaje por Saratai » 26 Mar 2010, 04:12

El Fiscal decidió finalmente acudir al Templo de Verena, dónde esperaba encontrar las pistas que necesitaba para rebatir al orundo Kirdan.

Lejos de allí, seis hogares cenaban con muy distintos pensamientos.
El primero de ellos, la mansión Messner, donde Silvia Alptraum arropaba a su hijo. La fiel esposa de Heinrich Messner esta comenzando a sentir como se fraguaba una extraña sensación dentro de si, no de abandono, pero si de soledad. En la Mataperras, un cabeza de familia acostaba a sus niños, el alguacil Kurt, el más pobre y honrado de los ayudantes del Fiscal. En la casa Grünwald, Tobias el letrado, anciano estudioso de la ley y el más viejo de los ayudantes de Heinrich, daba cabezadas frente a una novela del escritor del momento. Camdar Hümm, experto vigilante al servicio de Jaran, y colaborador esporádico del Fiscal, visitaba un burdel no sin cierta borrachera encima. Lias Trier, un joven e idealista estudiante de la ley, cantaba a su enamorada en la Manzana de Plata. Por último, un sombrio alguacil trabajaba hasta altas horas de la madrugada en Jorkstown, el adusto Rewding.
Todos ellos estaban más relacionados con las acciones que el Fiscal tomara en las proximas dias de lo que jamás nadie hubiera imaginado.

En pocos minutos, Heinrich llegó a las puertas de la Iglesia. A pesar de las horas, un hombre entrado en años, de espesa y rizada barba blanca abrió la puerta. Una túnica con los colores de su deidad más querida, y una gran calva relucian en el sacerdote.

Investigador Jefe Efferman

-Vaya, si es el mismisimo Fiscal, que sorpresa verle aqui. Pase pase, no se quede fuera que no son horas para estar deambulando.


Heinrich le comentó su cometido al encargado, pues de lo contrario era consciente de que jamás tendria acceso a los documentos que alli se encerraban. Sin embargo, Efferman no fue tan abierto como el Fiscal esperaba.

-Mi apreciado Fiscal, mucho me temo que no puedo ofrecerle los servicios de nuestras bibliotecas ahora mismo, puesto que algunos de mis sacerdotes se encuentran en importantes trabajos y.., y me sabria fatal interrumpirles, más aun teniendo en cuenta el problema que voy a comentarle a continuación. Si usted hiciera algo por mi, un pequeño detalle sin importancia, pues....


La situacion se estaba volviendo extremadamente incomoda. Era muy extraño que un sacerdote, por importante que este fuera, intentara regatear sus conocimientos, y más aun a un hombre como el Fiscal.

-Se que es extraño, pero... Bueno, el caso es que hay una pequeña enfermedad incipiente. Si, se que aun no se ha oido nada, pero nosotros solemos estar un paso por delante de cualquier rumor, ya sabe. El caso es que este mal empieza haciendo crecer pequeñas manchas rojas, casi diminutas, en espalda y pantorrillas. Por ello, me placeria que vuestra merced se desprendiese de sus ropas en el hall, para que yo pudiera examinarle detenidamente. Si no tiene inconveniente claro. Después le dejaria pasar a las bibliotecas con mi ayuda, por supuesto.

El sacerdote arqueó una ceja al terminar de hablar. Estaba claro que era un hombre inteligente, pero conversar con desconocidos no era su punto fuerte.

FDI: No hace falta ni que hagas tirada: Efferman esta mintiendo acerca de la enfermedad, se ha puesto rojo y habla sin demasiada coherencia. ¿Qué haces?

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Re: Burocracias Gubernamentales

Mensaje por Weiss » 28 Mar 2010, 02:37

Heinrich Messner

Messner cruzó las ya oscuras calles de Averheim a toda velocidad. Últimamente no era del todo seguro andar solo en cuanto anochecía, pues los revolucionarios aprovechaban el anonimato que les brindaba la oscuridad para cometer sus fechorías. Algunos guardias habían sido agredidos, y edificios del gobierno habían sido atacados, mientras Saford se afanaba en presentar una calma aparente, intentando convencer al pueblo de que el asunto revolucionario era algo pasajero y controlado. Nada más lejos de la realidad...

Lo que se estaba gestando era una guerra civil en toda regla. Si no se conseguía remediar estallaría una lucha fraticida en la provincia. Los Alptraum contra los Leitdorf, el gobierno contra los anaquistas, el ejército contra los revolucionarios... La Tormenta del Caos aún estaba demasiado presente para todos, así como la destrucción que había causado. Nadie en su sano juicio desearía ver otra guerra, y menos en su propio hogar.

Finalmente, el fiscal llegó al templo. Un pensamiento fugaz pasó por su mente. Recordó las llamas, la pira de cadáveres, la nieve que caía, el humo. Recordó a Mannricht, a Dortmund. Fue el día que capturó a Gottfried Quober, el día anterior a su enfrentamiento con Muerte en los Caminos. Messner se sacó ese recuerdo de la cabeza. Todo aquel episodio llevaba años atormentándole las noches, y pensaba en él lo menos que podía.

Ató a Erwin justo a las puertas del templo, y se adentró en el edificio. Poco después de entrar fue recbido por el investigador jefe, el hombre a cargo del templo. Se trataba de un tal Effermann, y a Messner le constaba que era un hombre inteligente y capaz, un erudito de las leyes y un fiel sirviente de su diosa. El religioso le saludó, y Messner le devolvió el saludo cortésmente. Luego pasó a explicarle el porqué de su visita.

Fue entonces cuando la actitud de Effermann cambió totalmente. Messner creyó ver cómo el hombre se puso ligeramente rojo, cómo empezó a sudar, cómo movía las manos nervioso. Pero si aquellos gestos no eran prueba bastante de que algo raro estaba pasando, sus palabras acabaron de convencerle. Saltó una parrafada incoherente sobre una supuesta enfermedad, una excusa con la que no habría engañado ni a su hijo de tres años. Messner reparó en que en aquellos momentos ya debía estar acostado, y se maldijo por no haber estado en casa una vez más. Las cosas no habían sido fáciles últimamente, y Messner no prestaba a su familia toda la atención que debería...

Una vez que Effermann terminó con su increíble verborrea, el fiscal contestó. Intentó calmarse antes de hablar, pues más de una vez la impulsividad le había jugado una mala pasada. Pero es que Messner no soportaba que la gente le tomase por idiota...

-Mi estimado Effermann... -el fiscal tomó aire- ignoro la razón por la cual deseáis que me desprenda de mis ropas, y la verdad es que no estoy seguro de querer conocerla. Lo que sí os aconsejo es que busquéis una excusa mejor para otra vez. He venido en busca de unos documentos de vital importancia para la provincia, y no pienso irme de aquí sin ellos. Haré llamar a un juez si es necesario, traeré a Hopked si es lo que queréis, pero no perderé el tiempo discutiendo idioteces... Herr Effermann, sé que sois un hombre inteligente, así que dejémonos de tonterías. Decidme si tenéis algún tipo de problema por el que no podáis dejarme ver los archivos, pues quizás podamos solucionarlo. En caso contrario ésto podría alargarse toda la noche... Siento si soy desagradable, investigador, pero entended que lo que acabáis de contarme es prácticamente un insulto a la inteligencia...

Messner intentó en todo momento no parecer hostil. Simplemente sabía que el investigador jefe le estaba mintiendo, y no encontraba razón alguna para que el hombre se comportase de tal manera. Cruzó los brazos y esperó la respuesta de Effermann.
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Re: Burocracias Gubernamentales

Mensaje por Saratai » 31 Mar 2010, 21:59

Investigador Jeje Efferman

Bien, habra que hacerlo de la manera dificil. Es miembro del Consejo, y no tendré otra oportunidad como la presente para tenerle a solas.

-Mis más sinceras disculpas, Fiscal. No será necesario que llame al juez Kirdan. Venga conmigo.


Efferman llevó a Messner por unas escaleras de caracol hasta el fondo de la iglesia, dónde se localizaba la biblioteca histórica. Alli, cientos y cientos de tomos se apilaban, recogiendo copias que la iglesia vereneana habia tomado de todos los acontecimientos importantes a lo largo y ancho del Imperio. Alli, en aquella estancia de unos cien metros cuadrados, repleta de antorchas y velas para iluminar y cubos de agua por cualquier accidente que pudiera acontecer, dejó el investigador Efferman al Fiscal.

-Vengo en unos minutos-
explicó Efferman a Heinrich, pero no especificó en cuantos lo haria.

A su alrededor, tres hombres de negras túnicas revisaban tomos y observaban al Fiscal a partes iguales. Heinrich no pudo obviar que los tres estaban armados, algo inaudito en una orden de estudiosos ''cualquiera''. Pero poco a poco Heinrich se dió cuenta de que los investigadores vereneanos podian ser muchas cosas menos ''cualquiera''.

El investigador jefe estaba tardando mucho, y Heinrich llegó a pensar que no volveria. Pero el encargado cumplió su palabra, y regreso con un enorme tomo entre las manos, que databa del 2217. Se titulaba ''Fallos del Ilustrísimo Gobierno de Nuln Volumen XXIV''

-Abralo por el capitulo quince, Fiscal.


Al hacerlo, Heinrich pudo ver como se detallaba el caso del Conde Terrmein von Liebwitz, en el gobierno de Wissenland contra un noble de la casa Widdünch. Widdünch fue acusado de traición, por el supuesto envio de un asesino a la casa Liebwitz. El gobierno mandó un ejército para atacar sus posesiones en Wissenland, y expropiarle, pero el Emperador defendió con la ley del artículo 157 del código interimperial a los Widdünch, puesto que los Liebwitz habian atacado intereses de la comunidad.

En estas páginas estaba Heinrich, preguntandose que tipo de persona era Efferman para saber de memoria aquel caso y encontrar el libro sin perder horas y horas, cuando, al pasar la página para terminar de leer el artículo, un papel se desprendió del códice. El papel decia así:

''...Y por tanto esgrimimos las pruebas siguientes:
-El interrogador Navenül consigue mediante sus expeditivos pero sobradamente fiables métodos, que sus presos le hablen de una organización que pactó con ellos hará ya siete años.
-La iglesia de Verena es incendiada. Creimos esto relacionado a la organizacion a investigar hace ya seis años.
-El interrogador Lars, en los subterraneos que se conocen como la Prisión de Almas, intercepta un miembro de tal organización. Consigue sacar el nombre y modus operandis. Se conoce como la serpiente púrpura, y basan su jerarquia en la cantidad de tatuajes. Comercian con piedra bruja y pactaron con los mutantes que crearon el altercado en Sroghof, hace ya cinco años.

-El hermano Fabian Dortmund consigue, mediante la interrogación de vigilantes bajo protección de anonimato, saber que Vergamont Fahen y Jaran Tropkter poseen los tatuajes que el confidente de Lars explicó detalladamente. Ambos miembros importantes del gobierno que se formó hace cinco años por el referendum de Rudiger Bacher y Oliver Saford. Se dirime oportuno investigar en profundidad el caso, hace ya cuatro años.
-El hermano Rot Gertl consigue deducir que la organización se reune en las catacumbas, mediante investigación y seguimiento de Vergamont. Se conoce que los miembros llevan máscaras y que se reunen en sitios distintos. Se pierden el resto de pistas hace ya tres años.
-El interrogador Lars consigue más informacion del modus operandis de la organización, por investigación en la Prision de Almas. Se cree que el convicto 0034, demente y llamado Rey del Submundo pertenece a la organización. Se pierde su paradero en los tuneles del subsuelo, hace ya dos años...''


Al terminar de leer el documento, Heinrich vió cómo los tres hombres que habian estado con él en la biblioteca se levantaban lentamente ante un gesto de Efferman. Uno de ellos, con perilla y fino bigote oscuro, habló:

-¿Es nuestra información de su agrado, Heinrich Messner?


FDI: Como anotación aparte, has sacado un 10 en Carisma cuando hablabas con Efferman. En esta vida es vital caer bien. Tirada de 29 te confirma que el articulo 157 del código interimperial es correcto en su aplicación, porque el apartado segundo habla del derecho de las casas nobles a ejercer oposición contra gobiernos provinciales perniciosos.

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Re: Burocracias Gubernamentales

Mensaje por Weiss » 02 Abr 2010, 01:32

Heinrich Messner

La determinación del fiscal pareció surtir efecto, y Effermann debió darse cuenta de que Messner no se iría de allí tan fácilmente, y que estaba más que decidido a ver los documentos que allí se guardaban. Tras unos instantes, accedió a guiarle hasta los archivos. Messner estaba orgulloso; le gustaba que las cosas saliesen bien. Además, con la ayuda de los eruditos de Verena seguramente sería capaz de encontrar el documento que necesitaba. Bajó por unas estrechas escaleras, hasta encontrar la sala donde se custodiaba el secreto más valioso del templo: el conocimiento acumulado a lo largo de siglos.

Aquella biblioteca era como un sueño hecho realidad. Messner no tenía queja ninguna de la que poseía en la Fiscalía, pero la de los vereneanos tenía algo más. Aquella orden tenía acceso a un tipo de sabiduría que la mayoría de los mortales ignoraban. No en vano sus miembros se contaban entre los más grandes sabios del Imperio.

Effermann dejó a Messner en la sala, con la promesa de volver en unos minutos. Los minutos pasaban y pasaban, y el fiscal empezaba a impacientarse. Además, la presencia de tres hombres armados nunca era tranquilizante, por muy siervos de la diosa que fuesen. Se apoyaba alternativamente sobre un pie y sobre el otro, movía las manos con nerviosismo, miraba a todos los rincones de la sala... No le gustaba esperar, y menos en situaciones importantes. Finalmente, Effermann volvió a aparecer, portando un enorme tomo. Messner lo recogió dándole las gracias, lo abrió sobre una mesa y se puso a examinarlo. Heinrich lo abrió por la primera página, a lo que Effermann respondió inmediatamente que buscase en el capítulo XV.

Messner no podía creérselo. Aquello era exactamente lo que estaba buscando. Llevado por una emoción repentina, el fiscal leyó todo lo que en aquellas páginas aparecía. Sin duda, el artículo 157 era la clave para evitar la guerra en ciernes. Aquel libro serviría para convencer al Consejo de que forzar la guerra atacando a los Leitdorf sería algo inútil, pues entonces perdería el favor de Reikland con toda seguridad. Aquello les permitiría ganar un poco más de tiempo, ya fuese para prepararse más o para buscar una solución al conflicto. Messner no podía dejar de preguntarse cómo podía Effermann haber dado con aquel caso tan rápido, y contando con tan pocos datos. Era obvio que aquellos hombres sabían mucho más de lo que aparentaban.

Cuando estaba a punto de terminar cuando un trozo de papel apareció entre las vetustas páginas del códex. Messner lo leyó, incrédulo. Miles de palabras, de escenas, empezaron a entrecruzarse en su mente. Hechos sucedidos tiempo atrás empezaron a cobrar sentido, y sus consecuencias aún eran visibles en aquellos momentos. Muchas preguntas fueron respondidas, pero otras fueron planteadas. Fabian Dortmund, Pieter Azhelhof, Jaran Tropkter, Vergamont Fahen, Pietel Quober, Muerte en los Caminos, Heinrich Messner.

Todos ellos formaban parte de una inmensa partida que llevaba años jugándose. Messner palideció, un sudor frío recorrió su frente. El fiscal era un hombre acostumbrando a dominar la situación, a saber qué cauce iban a tomar las cosas. Se sentía orgulloso de ser un gran observador, y de poder adivinar las intenciones de la gente. Y sin embargo, había sido engañado de la forma más absoluta. Se habían reído de él. El puesto de fiscal, el asiento en el Consejo... Posiblemente no eran más que pasos en el plan de alguien. Alguien que llevaba años observándole...

Ahora sabía por qué Jaran le había mandado investigar a Friedgsoth. Sabía qué estaban haciendo Pieter y su maestro en Averland. Sabía la verdad detrás de la fuga de la Prisión de Almas cinco años antes. Y lo más importante: sabía que la provincia estaba mucho más cerca de la condenación de lo que la gente sospechaba.

Lentamente, se dio la vuelta, para contemplar cómo los siervos de Verena le miraban. Uno de ellos habló, pero Messner no encontraba palabras con las que responder. Tras unos segundos fue capaz de hilar una frase coherente.

-¿Es... Es ésto cierto?

Desgraciadamente, presentía que la respuesta sería "sí".
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Re: Burocracias Gubernamentales

Mensaje por Saratai » 04 Abr 2010, 23:05

Efferman le hizo un gesto a uno de los investigadores, el de perilla y bigote marrón oscuro, el cual salió de la instancia inmediatamente. Los otros dos, uno de mostacho rubio y otro bien afeitado, mantuvieron sus posiciones.

Investigador Jefe Efferman

-Tan cierto como que esta iglesia fue calcinada hasta los cimientos, mi apreciado Fiscal
. - El lider vereneano tomo asiento enfrente de Heinrich Messner, pues habia una importante explicación ante manos. - Ahora comprenderá usted mi burdo intento anterior para desprenderle de la camisa... No queria llegar a estos extremos, y de haberse hecho usted el tonto y seguir mis indicaciones, no me habria obligado a enseñarle ésto - explicó el investigador mientras señalaba con el indice el papel que habia descolocado a Messner.

-Es algo desafortunado, pero como podrá comprobar si es de su gusto, real. Siete largos años se lleva investigando a una organización, cuya presencia en todos los niveles de la sociedad hace tambalear los mismos cimientos de la cultura Imperial. Esta organización se ha hecho con puestos en altos cargos mediante el crimen, la brujeria y la destrucción de inocentes. La creemos relacionada con los ataques mutantes en los que vuestra merced se vió envuelto hace años, asi como a la inseguridad y al contrabando realizados para que la población se mostrara favorable ante un gobierno formado en tiempos sombrios para dar seguridad al pueblo. Ahora, como sabe, este gobierno contrata soldados extranjeros con el prestesto de defenderse de enemigos invisibles, y nuestra iglesia teme por sus motivos ocultos, pues sabemos de lo ruin de sus metodos y de su negro corazón.

-La iglesia de Verena tiene estrechos lazos con la Central Sigmarita de Altdorf, Manfred Archibald y Johann Esmer son grandes compañeros y colaboramos juntos para que el sagrado pueblo de Sigmar goce de protección y seguridad. Podriamos ejecutar ipso facto a los miembros que creemos altamente probable que pertenezcan a la organización gracias a nuestras conciencudas investigaciones, una sola carta enviada a la catedral, y toda la maquinaria del dios hombre se alzaria contra los sectarios. Pero, ay, seria muy estúpido si lanzaramos tal ataque, pues solo conseguiriamos matar a unos pocos peones, mientras que el rey de la secta se esconderia y volveria más fuerte después. Además, no sabemos cuan hondo se esconden las raices de la secta en la sociedad averlandesa, tan solo que se encuentran en el Consejo de Gobierno y que han traficado con brujeria y piedra maldita. Se que usted participó en Sorghof, y que acabó con los condenados aquel dia, además de que es un hombre integro. Pero eso no despeja mis dudas acerca de usted, Herr Messner.


En ese instante, el hombre de cara afeitada se dirigió hacia una de las estanterias, en la cual habian talladas finas y bellamente labradas columnas. De ésta sacó un brillante espejo, que colocó enfrente de Heinrich Messner. Efferman recitó unos salmos, para después mirar de súbito al Fiscal, mientras que tocaba su hombro con la mano derecha, apretando levemente. La luz de la biblioteca cambió su tonalidad amarilllenta por una grisacia, y los del Efferman brillaron con una tenue luz blanca, sonando su voz profunda y seca.

-Dime, Heinirch Messner, ¿Estás bajo la influencia de alguna organización ilícita?

Heinrich no podia entenderlo. Su boca se movió involuntariamente, sus cuerdas vocales se tensaron y antes de darse cuenta respondió: -NO

Aquello era demasiado. Buscando un argumento en contra de Kirdan, se habia topado con una conspiración de tamaño colosal, y con una orden eclesiastica de gran poder, que no dudaba en usar sus herramientas sobrenaturales para conseguir su objetivo. Y nada de aquello era bueno para él.

Los investigadores se miraron unos a otros, relajados. Efferman continuo hablando.

-Le pido mil disculpas, Herr Messner. Siento de veras haber usado tales métodos invadiendo su intimidad, pero en una situación como ésta comprenda vuestra merced que cualquier palabra puede ser falsa. Pero al menos ahora se que hasta ahora no ha sido usted colaborador con tales individuos, y puedo requerir su colaboración. Siento también que se vea obligado a ayudarnos, pero sabe demasiado como para olvidarlo todo. Además, cuando todo esto acabe, usted será considerado como un ayudante de nuestra Orden. Mi petición es que usted siga llevando su vida normal y obedeciendo órdenes de sus superiores en el consejo, que no serán muchos, y se reuna periodicamente con nosotros para revelarnos cuanto ocurra en sus reuniones, cada dos noches para ser exactos. Asi mismo, si pudiera hallar más información acerca de los miembros del Consejo, nos seria de gran utilidad. Debemos saber cómo de fuerte es el yugo de la secta para con el Consejo, y usted nos será vital para ello.

Efferman paró, al darse cuenta de la cantidad de información que estaba solicitando del Fiscal, y más tras el shock del encantamiento que habia usado contra él. Espero paciente la respuesta de éste, al tiempo que uno de los investigadores traia vino y queso para aliviar a Heinrich.


FDI: Tiradas de Sabiduria Popular de 45 y 12, con lo que sabes que los nombres de Manfred Archibald y Johann Esmer corresponden a los lideres vereneano y sigmarita respectivamente, las más altas esferas eclesiasticas del Imperio. Además, sospechas que te encuentras ante la Orden de los Misterios, una meticulosa Orden de Verena encargada de servir al Imperio con su conocimiento. Una tirada de 67 en Voluntad te impide resistirte al hechizo (veridico, no ha sido por la trama, y lo puedes agradecer porque lo contrario habria significado someterte a tortura psicológica durante toooooda la noche).

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Re: Burocracias Gubernamentales

Mensaje por Weiss » 06 Abr 2010, 14:06

Heinrich Messner

Messner estaba conmocionado. Sentado en uno de los escritorios de la biblioteca aguardaba la respuesta de Effermann. El investigador, por su parte, se tomó las cosas con calma. Con un gesto, indicó a uno de sus lacayos que abandonase la estancia, mientras que los otros dos se mantuvieron firmes. La función de aquellos dos hombres no le gustaba nada a Messner... claramente, estaban allí para que el fiscal no pudiese salir hasta que Effermann lo decidiese. Messner estaba sufriendo una forma bastante poco sutil de secuestro...

El investigador jefe rodeó a Messner, hasta sentarse enfrente suyo. Cogió aire, entrecruzó los dedos, y miró a Messner a los ojos. Heinrich le devolvió la mirada, una mirada que delataba la confusión que sentía en aquel instante. Effermann empezó a hablar. Messner se limitó a escuchar, procesando toda la información que estaba recibiendo. Descubrió muchas verdades, pero también reparó en que el investigador tenía una forma un poco particular de ver las cosas.

Decir que el Consejo estaba luchando contra un enemigo invisible era una idiotez, pues la amenaza de los Leitdorf era algo más que importante. Siguió unos minutos hablando sobre el apoyo de la Iglesia de Sigmar, sobre el Gran Teogonista, sobre cómo podrían acabar con los herejes si quisiesen, sobre cómo se escondería su líder. También recordó el incidente de Sorghof de hacía cinco años. Pero, al parecer, que aquel día Messner hubiese combatido a los mutantes no era bastante prueba para Effermann.

Uno de los investigadores cogió un espejo de una impresionante estantería, y se lo pasó a su jefe. En aquel momento, Messner dejó de tener plena consciencia de lo que pasaba. Recordaba a Effermann recitando unos versos, unos cambios en la tonalidad de la luz, y una voz de ultratumba que le hablaba. Todo aquello era extremadamente raro.

Sin que él tuviese que hacer nada, su garganta decidió contestar a la pregunta planteada por Effermann. ¿Ahora usaban magia contra él?. Ya era demasiado... Él era un representante del gobierno, de la justicia, fiscal y consejero de la ciudad, y le estaban investigando como a un cultista en potencia.

De una forma bastante cínica, el investigador jefe se disculpó, y siguió con su discurso. Al parecer, había decidido que Messner se convertiría en su perrito faldero a partir de aquel instante. Paró un momento, como para dejar a Heinrich pensar, y uno de sus hombres partió a por algo de comer. Messner tenía bastante claro lo que iba a decir.

-Investigador jefe Effermann, me extraña el desinterés con el que tratáis el estado actual de la provincia... Os atrevéis a calificar de invisible la amenaza que se cierne sobre nosotros, en forma de guerra civil. Los Leitdorf no se detendrán ante nada con tal de lograr sus objetivos, y recurren a la demagogia y a la agitación de las masas para conseguirlo. Engañan a campesinos y obreros para lograr su apoyo, prometiéndoles puestos y una vida mejor, cuando lo único que ansían en el Colmillo Rúnico. Sé que el gobierno ha tomado algunas decisiones controvertidas, de hecho yo estoy aquí por culpa de una, pero no creo que se equivoquen al prepararse para defender la ciudad. Además, esta es una guerra de la que no puedo huir, Herr Effermann, y mi bando está claro. Mi mujer es una Alptraum, mi hijo es un Alptraum, y ese mentiroso de Markus Leitdorf hará lo posible por destruirnos. Amo a Averland, como creo que he demostrado, pero amo aún más a mi familia, y lucharé por el bando en el que pueda protegerlos. Afirmáis que existen traidores en el Consejo, y no dudo de vuestras palabras, pero no pienso convertirme en el correveydile de la Iglesia de Verena, permitiendo que todo lo que hemos alcanzado se consuma bajo el fuego de los revolucionarios.

Messner paró unos instantes para calmarse, pues se estaba alejando del tema principal.

-Colaboraré con vos si me mantenéis al corriente, y si me juráis que me explicaréis todo lo que sabéis. Lucharé desde mi posición si me es posible, pero no me pidáis que vaya contra los intereses de los míos. Decidme si es posible y os ayudaré.

Messner mantuvo su vista en Effermann. Ahora le tocaba a él mover ficha. Messner era consciente del problema que le estaba planteando el investigador, y le preocupaba. Pero no ayudaría si el precio a pagar por la eliminación del culto era todo lo que había conseguido hasta entonces...
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Re: Burocracias Gubernamentales

Mensaje por Saratai » 06 Abr 2010, 16:46

Investigador Jefe Efferman

El lider vereneano escuchó detenidamente las palabras del Fiscal, antes de hacer observación alguna.

-Ya veo... Sois el arquetipo de hombre que antepone sus intereses materiales a los de su espiritú. He visto a muchos como usted, apreciado Fiscal. Pero sepa usted que en este tema en concreto, sus posesiones e intereses están en juego. Si no paramos pronto a tal poderoso culto, sus garras se extenderán por todo el Consejo, y llegará un momento en que bien dificil será separar el trigo de la paja, ya me entiende usted.


Efferman paró, para comprobar el efecto de sus palabras en Heinrich. Los otros dos hombres volvieron a sus quehaceres, sabiendo que el Fiscal era de fiar.

-Herr Messner, usted siga con su vida normal, no se preocupe por los hechos que acaban de ocurrir, pues sólo le pedire pequeños detalles. Pero sepa bien que si sus intereses se enfrentan a los mios, no tendre piedad en aplicar justicia. Según creo, usted y yo somos ambos hombres de ley, honor y buen juicio. Por ello quiero que escoja bien que y a quien defender, pues para nada deseo enfrentarme a usted, ya sea en un juzgado con palabras o en la ciudad con espadas.

Una vez habia quedado patente la opinion y modo de ver de Efferman, éste relato lo que deseaba de Heinrich.

-Usted tiene una posición envidiable en el Consejo, y espero que la guarde por muchos años. Pero hemos de eliminar de éste a los elementos corruptos y malditos, y usted nos puede ayudar dándonos información acerca de éstos. Quiero que en dos días nos veamos, y en ese tiempo reuna usted información acerca de Vergamont Fahen y Jaran Tropkter, nuestros sospechosos. Quiero que me diga con quien se reunen, con quien pasan más tiempo y sobre todo, que lugares visitan. Si no me equivoco, el culto se reune semanalmente, y la noche de mañana es el dia elegido según cuentan nuestras fuentes. Si localizamos a ambos sospechosos en un punto mañana por la noche, ese lugar deberá ser el designado por la reunión, y podremos estudiarlo a fondo. Por supuesto, se que usted no tiene la capacidad de hacer sus quehaceres cotidianos y seguir a dos personas al mismo tiempo, pero es usted un Messner, y tiene posición, dinero, contactos y sirvientes de sobra para llevar el cometido a cabo sin levantar sospechas.


Efferman se levantó lentamente de su silla, finalizando su dialogo.

-Aqui nos veremos, en dos noches. Y por supuesto, le informaremos de nuestros avances y daremos buen informe acerca de usted a la Catedral de Sigmar, todo a cambio de su colaboración, Herr Messner.

Cerrado

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