Prisión de Almas: Acto II (Nudo)

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Prisión de Almas: Acto II (Nudo)

Mensaje por Saratai » 30 Abr 2010, 15:57

24 von Nachexen de 2522. Backertag, Averheim.

Johann Burss se habia quedado helado tras leer la carta dirigida a Efferman, el lider de la iglesia de Verena, más no tardó en entregarla. Se avecinaban malos tiempos, y era dificil saber en que lugar se estaba más seguro.

Al llegar a la Iglesia y entregar el mensaje, Efferman pidió al carcelero Burss que buscara a Fabian Dortmund, para que se presentara ante él, pues aquel queria ver de primera mano al futuro investigador. Johann estaba hartandose de hacer de mensajero por toda la ciudad, pero al menos podia ver la luz del Sol, lo cual no estaba mal para variar. Al llegar a la casa de Dortumnd, este le recibió de manera seca y educada, como era costumbre en él. Juntos se encaminaron a la Iglesia de Verena, comentando los últimos acontecimientos ocurridos en la Prisión de Almas. Fabian Dortmund no llegó a bajar al quinto nivel de la prisión, pero un tal Lars se encargó de tan peligrosa misión. Fabian deseaba conocer los avances de tan valiente hombre, pues el quinto nivel de la Prisión de Almas debia de ser el lugar más peligroso de toda la provincia, peor que ser sentenciado a muerte.

Cuando ambos hombres pasaron cerca de la cárcel, Fabian recordó a Edmund, al preso loco que tuvo que interrogar, al sacerdote muerto... Muchas cosas habian pasado en aquel lugar, y una malsana curiosidad le impedia dejar de pensar en los secretos que aun se escondian en sus mazmorras. Johann y Fabian también pasaron por la taberna de la Espada Mellada, y recordaron los trabajos que Alan Friedsgoth les habia mandado los últimos días, y a los extraños compañeros que habian tenido, como el raro cazamutantes stirlandés, el alguacil Messner, o Mannricht el patrullero.

Pero Fabian recordó algo más que eso, recordó el primer trabajo que hizo con Alan, al poco de convertirse en vigilante del Distrito Sur. Fabian recordó el caso de Spenholf...




3 von Vorgheim de 2521. Wellentag, Averheim.

-¡Fabian, no dejes que se escape! - Gritó Alan al vigilante, mientras un muchacho que no llegaba a los veinte años huia de Dortmund, sin éxito.

Alan se acercó al muchacho al que el vigilante habia derribado, y sonrió a Fabian, contento por el buen trabajo que habia hecho. Alan y Fabian llevaban quince dias buscanso las pistas de un asesino, que ya habia matado a dos mercaderes. A cada dia que pasaba, la situación empeoraba: Secuestros, asaltos y asesinatos sin resolver se agolpaban, y los sargentos de la guardia Jaran Tropkter y Alan Friedsgoth no daban a basto.

-Dime tu nombre, basura - espetó el sargento al muchacho, con cierto desprecio ante un criminal de tal calaña.

-Karl... Karl van Spenholf... -
contestó el muchacho, de pelo negro enmarañado y ojos marrones, para excusarse después - Lo juro, yo no he sido... Ha sido un cazarrecompensas, yo trabajaba para él...

-Seguro - dijo Fabian - Por eso todos los vecinos de los asesinados concuerdan dando una descripción igual a la tuya, diciendo que un maleante de tus pintas entró en sus casas antes de que aparecieran muertos. Por eso los mercaderes murieron con heridas de cuchillo corto, tal y como tu llevas en el cinturón...

-Estoy harto de asesinos mentirosos, señor. - Comentó Fabian al sargento, el cual calló mientras levantaban a Spenholf del suelo, y lo llevaban a comisaria.

Dos meses después, el fiscal de por aquel entonces, el ilustrisima Treitt Hannodeck y su ayudante Heinrich Messner llevaron a cabo el juicio, por el cual se condenó el reo a la horca. Mas curiosamente, antes de que el juicio acabara el fiscal Treitt decidió cambiar la condena por la de seis años y medio en el quinto nivel de la Prisión de Almas, que era prácticamente una condena a muerte, con una ligera esperanza para Spenholf de sobrevivir. Lo que nadie supo fue que la familia Russ y los hermanos de Spenholf, Immanuel, Klaus y Friedich, pagaron una ligera suma para que Treitt cambiara el veredicto y sacara de la manga una interpretación distinta de la ley. Resulta que Spenholf, siendo huerfano por culpa de las plagas que azotaban a los campesinos, habia sobrevivido con sus hermanos a duras penas, y la familia Russ habian sido grandes amigos de sus padres. Tal circustancia lo envió a un lugar peor que el infierno, donde su mente y cuerpo sufrieron humillaciones, golpes y brutalidades hasta el limite. Conoció a afamados criminales como los Quober, aprendió a vivir en un mundo de crueldad bestial e inhumana con la minima comida, y aprendió a temer al ser que se escondia en unos túneles subterraneos que conectaban con el nivel inferior de la Prisión, unos túneles que pocos presos se atrevian a cruzar pues si el Rey del Submundo, como era llamado el ser que habitaba en tal lugar, no consideraba al reo merecedor de cruzarlos, el preso era desmembrado lenta y minuciosamente.




20 von Brauzeit, 2527. Marktag, Averheim.

Más de seis años han pasado ya, y Karl van Spenholf no es ningún niño. En todo este tiempo ha sufrido torturas, tanto de manos de los carceleros como de los propios presos. Ha aprendido a no confiar en nada ni en nadie, se ha visto obligado a comer carne muerta de los que morian en el sótano de la prisión y a luchar con los puños para recibir agua y pan mohoso. Su cabeza está rapada para evitar plagas, sus harapos lucen piel de rata mugrienta y su cuerpo está lleno de eczemas purulentos, fracturas y marcas de mordiscos y uñas. Ha perdido dientes y dignidad, y ha ganado en maldad e instinto animal.

El reo habia sobrevivido hasta el dia de hoy, y Karl no podia evitar pensar que habia sido gracias a los dioses, (más no sabria decir cual) pues no era normal haber estado tanto tiempo sin sucumbir a alguna plaga o golpe traicionero. Edmund Illimond, el jefe de la Prisión de Almas, lo sabia, y por eso decidió él mismo a avisarle de que al dia siguiente seria puesto en libertad. Tras bajar al quinto nivel acompañado de todos sus hombres, bien armados y pertrechados por si a los presos se les ocurria alguna tonteria, Edmund le dió la noticia al reo, y quedó con él para que estuviera al dia siguiente en la puerta del quinto nivel. Mientras los carceleros se retiraban, bien habría sido posible que el resto de presos mataran a Spenholf, por pura maldad e ironia de acabar con la vida de quien iba a ser puesto en libertad al dia siguiente. Pero en lugar de eso, los presos de el quinto nivel tenian otra costumbre más macabra: Agarraban al que fuera a ser libre, y lo lanzaban contra los tuneles para que el Rey del Submundo juzgara si merecia ser puesto en libertad o ser devorado para saciar el hambre del monstruo. Spenholf lo sabia, y también sabia que muy pocos eran dignos de salir vivos de alli. Sin resistirse, fue conducido a las tinieblas del túnel, y arrojado sin compasión a él.

Lo que alli encontró fue algo que cambiaria la vida de Karl para siempre. Entre las tinieblas del tunel infectado de alimañas, cucarachas y ratas deformes, Karl vislumbró unas manos delgadas y alargadas, sujetas a la oscuridad por antebrazos pálidos y morados, casi púrpuras. Entre las sombras se entreveian también las formas alargadas del cuerpo del monstruo, como si de un reptil se tratara. En aquel lugar no podia ver bien ni el cuerpo ni la cara del ser, pero un halo de pavor inundó su cuerpo. Sin embargo, el reo no se asustó ante el horrible ser que se escondia delante suya. No se asustó del Rey del Submundo, y el ser se percató de tal hecho. Una voz más grave de lo que ningún humano pudiera jamás imitar salió de las tinieblas que rodeaban al ser, mientras palabras iban formando frases que se agolpaban en la cabeza de Spenholf. El ser hablaba tan despacio que costaba seguir el ritmo de lo que decia, más era coherente en sus palabras.

Rey del Submundo

-Karl van Spenholf, llevo seis años esperando este momento. Poco para mi, una vida entera para ti... Veo que no me temes, y por tanto eres digno de mis palabras. Pero si quieres salir con vida de aqui, deberás hacerme un regalo, un regalo como ofrenda que haga que siempre me recuerdes por todos los años que resten a tu insignificante vida. Dime Spenholf, ¿que regalo me vas a hacer?


El convicto quedó petrificado, pues no sabia que podia darle a aquel monstruo de pesadilla para contentarle. Sólo tenia harapos y basura, y si le ofendia bien podian avalanzarse aquellas manos alargadas y atraparle en un suspiro. Habia de pensar rápido...


FDI: ¡Exito! Has sacado un 12 en Voluntad para resistir el miedo, y ahora tienes la opción de salir de ahi con vida. Si llegas a fallar la tirada de Miedo, el monstruo se habria tomado su regalo por cuenta propia.

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Re: Acto II: Prisión de Almas

Mensaje por Nimref » 03 May 2010, 18:48

Karl van Spenholf

El preso estaba tirado en su mugrienta celda, tumbado en el suelo y mirando a un techo lleno de marcas, cuando Edmund Illimond llegó a la celda para darle la gran noticia de su liberación.
En cualquier prisión esa era, posiblemente, la mejor noticia que le podían dar a cualquier reo. En la Prisión de Almas... no era así, y Karl lo sabía perfectamente. Mientras recibía la noticia estaba sentado de espaldas a Edmund, mirándose las manos, que posiblemente tuviera que usar horas, o tal vez minutos, más tarde para conseguir llegar al día siguiente con vida.
Una vez concretado el lugar en el que sería llevado a su libertad el día siguiente, siguió pensativo, calibrando si debería intentar evitar por la fuerza la prueba que todos los futuros liberados debían superar, o si debía afrontarla con la cabeza fría, confiando en las más mínimas posibilidades que poseía.

Minutos más tarde, sus "compañeros" llegaron y, cuando fueron a levantarlo por la fuerza, van Spenholf les sorprendió levantándose por su propio pie
Quitadme las manos de encima, perros... -susurraba, con una voz cargada de pura ira- Yo mismo iré, por mi propio pie, hasta el rey del submundo...
El resto de presos empezaron entonces a chillar y gruñir como verdaderas bestias al tiempo que lo escoltaban hasta el agujero que conducía a la guarida de aquel extraño ser. Cuando llegó y se asomó para intentar vislumbrar lo que había abajo, un empujón de entre los presos le hizo tropezarse y quedar una posición de poco equilibrio, en una metáfora entre la vida y la muerte, la prisión y el submundo...
Los presos reían, gritaban y señalaban mientras, en fracciones de segundo, Karl comprendía que no podría mantener el equilibrio mucho más. Cayó al subsuelo, observando la horrible situación que se apreciaba allí.
Momentos más tarde, observaba al señor del submundo, que, por un extraño motivo, no le produjo tanto pavor como esperaba, y el pacto que éste le ofrecía.

Señor… –comenzó Karl, y dedujo que con mal pie, pues el rey del submundo comenzó a revolverse- …os ofrezco mi meñique derecho como muestra de mi respeto, e incluso estoy dispuesto a daros mis dedos índice y anular de sendos pies o grabarme una marca que os represente en mi hombro derecho... siempre que os plazca, por supuesto…

Estoy harto de esta jodida prisión, necesito recuperar el contacto con el mundo exterior… y hacer un par de cosas…

FDI: como la otra vez, dime por MP o msn a ver como te parece q voy encarando al PJ... si hay algo no correcto o lo q sea, avisa
faltas de ortografía y todo eso, salvo en FDI, creo que no hay :wink:
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Re: Acto II: Prisión de Almas

Mensaje por Saratai » 04 May 2010, 16:13

-Ohh, sin duda eres valiente e inteligente...

El tunel desprendia un olor extraño, entre quemado y dulzón. Un olor a maldad, a oscuridad, a brujeria. Poco a poco, el monstruoso ser se fue acercando a Spenholf, arrastrandose entre el tunel. Los ojos del reo se iban acostumbrando a la oscuridad, y esta vez pudo ver al ser en todo su macabro esplendor.

Las extremidades eran alargadas y moradas, con la piel ajustada a los huesos en los que débiles músculos se aferraban con pasión. Extrañas telas cubrian la desnudez y partes intimas del monstruo, pero la caja torácica del ser se mostraba con la misma palidez purpurea, casi transparente, y cada vena y arteria era detectada con facilidad. No tenia más brazos de lo normal, ni ninguna extraño apéndice, pero su cuello era tan delgado y fragil como sus brazos y piernas. Su cabeza, algo más pequeña de lo normal, estaba coronada por extrañas formaciones oseas, que vagamente recordaban a una corona de falanges, y su rostro poseia unos ojos profundos y pequeños, de demente mirada. Pelo canoso recubria craneo y mandibula, y la nariz y orejas eran casi imperceptibles.

Alguien podria preguntarse porque los reos no se defendian contra aquel ser, porque se arrodillaban ante sus designios, siendo tan debil y desarmado parecia facil darle muerte incluso con los puños. Pero el olor que habia, la sensación de que aquel ser podia modificar la realidad con su mente y doblegar la voluntad con su mirada... Pobre de quien intentara levantar la mano contra él.

Rey del Submundo

-Spenholf, hace mucho que nadie me ofrece los dedos de sus pies, y los aceptaré gustoso. No te daré marca alguna, pues Edmund te la pondrá mañana cuando salgas, para que todos sepan que eres ex-convicto de la Prisión de Almas. Lo he visto en sueños, Spenholf, y también he visto que tu papel en el mundo influirá la vida de muchos...

El ser se acercó a Spenholf, y acercó sus uñas a los pies de éste, para proceder. Unas malsanas palabras en lengua impronunciable salieron de la delgada gargante del Rey, y Spenholf calló en una ensoñación que duró horas, mientras el mutante sajaba carne y huesos de las debiles falanges de los pies. El monstruo habló durante todas las horas, contó su historia, pero para Spenholf tales palabras quedaron sumidas entre sueños y visiones. El Rey habló de las gentes a las que habia instruido, habló de su maestro y de cómo acabo en la carcel. Hablo de extraños seres con cabeza de rata, que le buscaban para aprender y comerciar y también de sus aprendices que ahora gobernaban el mundo. Más Spenholf perdió el sentido del tiempo, y para cuando despertó, vió con horror como el Rey no habia cortado de raiz los dedos, sino que habia ido tomando muescas de ellos delicadamente, seleccionando solo aquellas partes que más necesitaba. Tanto tiempo habia estado el Rey trabajando en él a base de brujeria y amputación, que las horas habian pasado y ya era tiempo de salir de aquel agujero infernal.

Con dificultad, el reo salió medio soñando medio aturdido de los tuneles pero vivo, para sorpresa de los demás reos. Apenas podia caminar por el dolor y la falta de apoyo en los pies, que aun sangraban insalubremente. Edmund y sus hombres no tardaron en aparecer, golpeando con porras a los presos y sacando a Spenholf como a un saco de patatas. Tal como el Rey habia predicho, Edmund marcó en la espalda del preso con un hierro candante ideado para marcar ganado y cerdos, quedando asi señalado para toda su vida. Le dieron un trozo de pan y otro de queso, y expulsaron a Spenholf de la prisión, medio desnudo y malherido, sin un penique y con pocas esperanzas de vivir que no fueran mendicidad o robo.

Ahora, la vida de Spenholf comenzaba de nuevo.


FDI: Aqui acaba tu paso por la Prisión de Almas, tras seis años de torturas, depravación y maldad. Toda las experiencias que has sufrido te han causado tres puntos de Locura, tras hacer una tirada por año y haber fallado tres (que no está nada mal). La operación de amputación del Rey del Submundo te ha dejado destrozado asi como la marca de Edmund al rojo vivo, y debes buscar a un médico urgentemente pues aunque estás estable, solo tienes dos heridas por la mezcla de inanición (dos puntos perdidos), la amputación de trozos de los dedos de los pies (8 puntos) y uno por la marca de hierro.

Sin embargo, puedes sentirte afortunado, pues no has perdido ningún PD ni has adquirido ningun trastorno, y ahora tienes todo el tiempo del mundo para mejorarte y cumplir tus objetivos. Tu dirás a donde te diriges.

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Re: Acto II: Prisión de Almas

Mensaje por Nimref » 04 May 2010, 18:46

Karl van Spenholf

Sin apenas comprender lo que el Rey le decía, Karl comenzó a caer en una especie de letargo que le impedía ver o sentir algo de lo que ocurría a su alrededor. Cuando por fin recobró el conocimiento, tenía los pies sangrantes y el dolor le impedía pensar con claridad.
Le costó ponerse en pie y no podía caminar correctamente, pero como pudo, se dirigió a la salida del túnel.

La gran mayoría de los reos lo miraban asombrados, como su fuera un muerto que hubiera venido desde ultratumba. Mientras llegaba al punto de encuentro con Edmund y sus hombres, dedicó unas palabras a los pocos presos que, incrédulos, le seguían desde el túnel.
Me compadezco de vosotros... -comenzó, girando un poco la cabeza para ver de reojo, a sus espaldas, a los presos- Yo fui juzgado por un crimen que no cometí y encarcelado en un lugar que no me pertenecía, voy a ser liberado y por fin he sido juzgado como lo que soy... inocente. Vosotros tenéis aquí vuestra tumba... -calló un momento, cuando vio a Edmund acercarse- ¡Qué os jodan, perros! -y acto seguido escupió al suelo y, con el dedo corazón, les demostró todo lo que sentía hacia aquellas personas que estuvieron a punto de conseguir que no volviera a ser libre.

Los momentos siguientes fueron dolorosos, mientras los guardias lo sujetaban para que (a pesar de revolverse), van Spenholf no pudiera evitar la marca al rojo que Edmund iba a propinarle como exconvicto que era. Sin embargo, a pesar de sus instintivos movimientos para evitar el daño, Karl no apartó la mirada ni un momento del jefe de la prisión, no como desafío, sino como recuerdo.
Era un gesto osado, pero era lo que consideraba, debía hacer.
Unos minutos más tarde, con la espalda resentida por el dolor del quemazo, Karl salió a la calle con poco más que harapos y algo de comida mohosa.
Miró al sol. Un sol que no veía desde hacía más de seis años y que, no obstante, recordaba a la perfección. Observó las calles para orientarse, recordando como caminaba por ellas años atrás, sin poder evitar que unas lágrimas salieran de sus ojos.
De pronto, como con un resorte, Karl miró al cielo abriendo enormemente los brazos, levantando la cabeza y gritando "¡Si!" ante los asombrados transeúntes de aquella insólita zona de la ciudad.
Hechas las reconciliaciones con el mundo exterior, Karl pensó en como y donde curar sus heridas, y un nombre vino a su mente...

Molbin Asder... si tan siquiera recordara donde vivía... pensaba Karl y, tras unos momentos de quietud y ejercicio de la memoria, sonrió para sí, lo había recordado.
Solo esperaba que herr Asder no lo hubiera olvidado a él...

Al llegar a la casa de Molbin (a la que había llegado por unas calles que habían cambiado relativamente pero que conservaban sus características originales, o las que tenían hacía seis años; con ligeros cambios y, tal vez, más gritos, en una situación más tensa de lo que van Spenholf recordaba, pero nada en comparación con la Prisión de Almas), llamó a la puerta varias veces, hasta que se aseguró de que le habían oído.
Herr Asder... ¿está usted en casa? -esperó unos segundos una respuesta, y, antes casi de dar tiempo a que alguien respondiera y aquejado por los extremos dolores que sentía, llamó de nuevo e insistió- Por favor... ¿hay alguien?
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Re: Acto II: Prisión de Almas

Mensaje por Saratai » 06 May 2010, 19:50

20 von Brauzeit, 2527. Marktag, Averheim.

Las pútridas calles del peor barrio de Averheim destrozaban el gusto olfativo de Spenholf, quien aun debia acostumbrarse a su recién adquirida libertad. Putas y mendigos se cruzaban en su camino. Unos se asustaban de miedo, pues un convicto de la Prisión de Almas que hubiera sobrevivido a aquel tormento era alguien a quien temer. Otros reian al ver su estado, débil y malherido. Por último habia quienes suspiraban a sabiendas que más de una vez podian haber sufrido el mismo destino.

Era media tarde, y Spenholf arrastraba sus pies con dolor por las calles de los Mataperras, hasta llegar al Distrito Sur, a la casa de Molbin Asder. El Distrito Sur era un lugar mucho más seguro, pero tampoco era un lugar donde ir exhibiendo oro fuera una buena idea. El ex-reo paso por delante de las iglesias del barrio y sufrió frente a los puestos de comida caliente, comida que no podia... comprar.

Hiciera lo que hiciese, al menos era reconfortante saber que en seis años las empanadas de carne no se habian extinguido durante su cautiverio, largo y tenebroso, en la prisión. Llegó a la casa donde tanto tiempo atrás viviera Molbin Asder, el gran barbero que todo lo curaba por pocos chelines. Sin embargo, cual fue la sorpresa de Spenholf cuando por la puerta de la casa no asomara una perilla negra y grasienta sino el rostro de una muchacha morena. Cuando Spenholf preguntó por el cirujano, la joven, llena de pánico ante el reo no pudo sino contestar con agitada respiración:

-N... No vive aqui, señor... Herr Asder vive en la calle...

La muchacha entró en la casa, y preguntó a su madre la dirección. Esta vez la vieja ama de casa salió, y respondió con seguridad y sin miedo:

-Asder vive en la calle de las palomas, en el barrio comercial. Pasate por alli si quieres, pero no se si podrás pagarlo.

Tras esto, la vieja cerró la puerta de golpe, deseosa de que el maloliente reo saliera de su portal. Éste, sin más opcion que visitar aquella calle, emprendió el largo camino hasta ella.

El barrio comercial era otra cosa distinta. Aqui, los vigilantes hacian buen trabajo, y Spenholf tuvo miedo al recordar la experiencia con Alan Friedsgoth y Fabian Dortmund, cuando le capturaron en lugar de al verdadero asesino. Al final, llegó a la casa que le habian dicho. Estaba claro que Asder habia prosperado, pues su nuevo taller de matasanos era grande y lujoso, con el simbolo shallyano en el portón. En la calle, dos carros enormes estaban plantados, con dos sendos cocheros entablillados, algo inusual para ser precisos. Spenholf llamó, y esta vez la puerta fue abierta por un hombre joven armado con una sierra y completamente cubierto de sangre. Esta vez si habia dado con el lugar correcto. Otro de estomago sensible habria sufrido nauseas, pero el reo habia visto y olido cosas mucho, mucho peores que las entrañas de un muribundo. El joven asisnte de Asder, como se hizo presentar, le dejó pasar dentro. Molbin ahora tenia ayudantes, y eso decia mucho de como habia mejorado su situación en la ciudad.

Spenholf fue llevado a una sala de operaciones, donde Molbin se encontraba afanado sacando tripas y órganos bajo los gritos del paciente y la inspección de un hombre alto, con un parche en la cuenca derecha a juego con su emplumado uniforme y el pelo blanco al cepillo, de corte militar, el cual se quedó mirando a Spenholf con sus ojos a... con su ojo azul. Según le comentó el ayudante a Spenholf, en el trastero esperaban treinta hombres más, pues era el hombre alto quien los habia traido. Al parecer habia habido algún tipo de accidente, y el militar habia traido dos carros repletos de heridos ante el afamado Asder.

Tras varios minutos de angustia, la expresión del paciente pareció aliviada y los gritos cesaron.

-Ya está, ¡terminé! - exlcamó alegre el cirujano.

El militar se quedó mirando a Asder unos segundos, bajos los cuales éste volvió a hablar.

-Ah si, el hombre esta muerto. Pero he sacado la bala de entre el higado y el estómago, o algo asi. No es algo que se consiga todos los dias...

El militar agachó la cabeza con la palma en la frente, y el ayudante de Asder fue al almacén a agarrar a otro herido con la ayuda de un segundo hombre, que al parecer era un herido leve proveniente del accidente. Entonces Molbin Asder reparó en Spenholf. Su perilla se movió asustada de sorpresa, pues el galeno pensaba que su viejo conocido de la infancia estaria bien muerto y bajo tierra.

-¡Karl, que sorpresa verte! ¡No me digas que has sobrevivido a la condena!

El ayudante reculó al saber que estaba en presencia de un ¿ex?convicto, pero el cirujano prosiguió la conversación sin el más minimo miedo.

-Me pillas un poco ajetreado, pero veo que tu también estas hecho una mierda. Me voy a hacer de oro, pero estoy sudando como hacia años, cuando cosia heridas de caballo... Dime, ¿que te trae por aqui?

Mientras Molbin Asder preguntaba a Spenholf el obvio motivo de su visita, pues al cirujano no solian visitarlo en su taller para preguntarle la hora, el militar pasó por el sotano del lugar a ver como estaban sus compañeros. Aquellos granjeros y salteadores habian luchado bien contra las fuerzas enemigas de Averland. ¿O eran ellos los enemigos? Tantos años de matanzas poco lucrativas habian hecho que Reiner Volk, veterano de decenas de batallas y experto combatiente habian hecho que no diferenciara muy bien buenos de malos. Reiner deberia estar luchando para el comandante Augoste Getter, defendiendo las fronteras de Averland contra los invasores de Talabecland. En lugar de eso, prefirió dejar tal defensa para más tarde y unirse a Boris Novak en la lucrativa cruzada de Markus Leitdorf por recuperar el titulo de Conde Elector. Hasta el dia de ayer habia sido un trabajo fácil, pero el dia 19 de Brauzeit, dia que no olvidaria, los soldados con los que habia combatido años antes marcharon para apresar a su nuevo señor por traición. Su señor, respaldado por guerrilleros y campesinos, usó una divertida y efectiva táctica para desmantelar los mandos enemigos tras enviar mensajeros a sus aliados, y consiguió una marginal victoria contra sus enemigos, que se desbandaron y retiraron a Lengenfeld, una población donde contaban con fuerzas aliadas, para preparar su ataque. Sin embargo, numerosos heridos habian quedado en el campo circundante a la propiedad de Markus Leitdorf, y éste mando a uno de sus mejores hombres a llevar a los heridos a la ciudad, pues el médico familiar habia muerto de un tiro en la cabeza mientras huia del lugar. No habia más remedio que llevar los heridos a Averheim, donde permanecia un galeno a favor de los ideales en contra del Gobierno de Saford, y a favor de la causa Leitdorf. Por suerte, Reiner habia llevado consigo a un diplomático, que consiguió que la carreta de heridos atravesara las fronteras de la ciudad sin inconvenientes. Ahora, era tarea de Asder y de Reiner que los heridos fueran tratados y transportados rapidamente antes de que las fuerzas de vigilantes se dieran cuenta de que Reiner no llevaba patatas en el carro, sino combatientes revolucionarios.

Además, la misión le venia bien a Reiner, pues de paso podria hacerse mirar la herida del pecho, que le molestaba bastante con el cambio de tiempo y pasar por cierta taberna de la capital, Ytingä Inn, donde debia encontrarse con unos conocidos de Molbin Asder. Escoria revolucionaria si, pero Markus le habia dicho antes de salir que intentara reclutar a todos los lanzabotellas que pudiera, porque hasta que llegaran los refuerzos iban un poco cortos de personal rebanagargantas. Por ello, criminales, pobres, locos, estudiantes o aburridos, todo aquel que pudiera agarrar una lanza era un potencial servidor de la causa Leitdorf por el control de la provincia.

Spenholf se preparó a contestar a Molbin Asder, mientras Reiner Volk seguia inmerso en sus pensamientos laborales, mirando en un espejo lo bien que le quedaba el uniforme nuevo. La sangre del antepasado Adrian Volk, el cual habia esparcido su vil semilla por cientos de granjeras averlandesas, era fuerte en el veterano Reiner.


FDI: He aqui el post de presentación de Reiner Volk, para Kurgan. Los detalles de la misión, porqué se ha elegido a Molbin Asder para curar a la gente, etc. te lo voy contando por privado. Aunque si miras las primeras paginas del hilo de Mannricht II: ¡Revolución! iras viendo algo de la situación.

En cuanto a Spenholf, a Molbin no lo conoces de mucho, pero de niños soliais jugar junto a otros chavales de la zona. El venia de familia más rica que tu, por supuesto, y vuestros caminos han sido opuestos. Pero no hay malos sentimientos entre vosotros, de hecho hay hasta algo de comprensión.

Por cierto, los dos habeis pasado sendas tiradas de Voluntad (faciles) para no vomitar en la mesa de operaciones.

kurgan
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Re: Acto II: Prisión de Almas

Mensaje por kurgan » 06 May 2010, 21:08

Reiner Volk

Reiner respondió por el presidiario, con las manos cruzadas sobre el pecho. No le valía al galeno perder el tiempo intentando recuperar casos incurables, no, ahora tenía que entablar conversación con cada parroquiano. Malditas las ganas que tenía de pasar en Averheim un segundo más de lo necesario, si de Reiner dependía. Mordió la lengua, sin embargo, para no responder con un grito y una obscenidad cuartelaria. Convenía estar a buenas con el cirujano, pues después pensaba pedirle que lo mirase a él directamente, y ya había suficientes lamentos de moribundos como para llamar más la atención, desde la calle.

-No perdáis tiempo en tratar a los que ya no tienen remedio. Yo mismo os señalaré a los que debéis dejar para el final. Primero pasarán los que son graves pero pueden curarse, luego los leves, por último... Tú, chaval, ven conmigo-dijo, señalando al ayudante, y como este tardó en reaccionar, le lanzó una mirada. Con su mejor sonrisa-poco tranquilizadora, la verdad le deseó al médico un buen desempeño de su labor.

Los heridos se quejaban, amontonados lastimeramente encima de los carros. Reiner los iba examinando uno por uno, apartando con suavidad las manos que se tendían hacia él en busca de ayuda.

Un campesino de cabello bermejo-¿o era la sangre apelmazada en el pelo?- se lamentaba llamando a su madre. Un brutal golpe, probablemente asestado desde la silla del caballo, de abajo arriba y con un arma pesada, le había abierto la cabeza. Reiner, asiéndolo brutalmente, apartó el vendaje, miró y lo volvió a colocar en su sitio. Se le veía el cerebro. Último grupo, susurró al joven, pues había visto una herida así en un compañero, y por el bien de este herido, debería dejarlo morir. Podía convertirse en un tarado babeante o nunca despertarse, esta noche.

Otro. Balazo en la pierna, se quejaba, estaba consciente, era capaz de sostenerse un trapo negro de sangre contra el agujero de bala. Que pase en el primer grupo, pero quizás nos agradecería que lo dejásemos morir. Las próximas semanas tendrá que aprender a ir en muletas a todas partes, toda su vida. A su lado había un cadáver. Reiner lo cogió por los pies, y con cuidado de no mancharse, lo sacó del carro. Este tenía una herida en el abdomen, lloró y pidió agua durante todo el viaje. Alguien se la dio. Reiner no podía recordar si eso era lo que debía hacerse en estos casos o no. Debía tener quince años.

Un veterano, Volk intercambió un par de chistes con él. La mano había recibido un espadazo y se había rajado hasta la muñeca. El torniquete había dejado la carne azul. Debería haber ido para el segundo grupo, porque aquello era cosa de cortar y no perdía sangre, pero Volk se dejó comprar por un soborno, y le prometió hacer lo que pudiese para que lo atendiesen antes. Si el muy estúpido pensaba que le podrían salvar la mano...

Tras media hora, la cosa había acabado. Tres o cuatro habían quedado secos, y Volk se preguntó dónde y cómo enterrarlos. Puaj. Problema del cirujano, que estaban los fiambres en su casa, ¿o no? Volvió junto a este, que se limpiaba las manos en un trapo que podría haber servido de nido para las ratas.

-Antes de seguir... Yo mismo he tenido un problema de salud, últimamente. No tan reciente como los de los heridos en este accidente, pero...

Brevemente le describió los síntomas, ansioso por saber un diagnóstico. Mientras, el cirujano cortaba, sajaba, ataba e inquiría por algún detalle. Volk le explicó cómo ponerle su nombre a un sapo y enterrarlo no lo había curado, y tampoco el icono de plata de Shallya...

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Re: Acto II: Prisión de Almas

Mensaje por Nimref » 06 May 2010, 22:45

Karl van Spenholf

Karl estaba perplejo, aquella jovencita que le había abierto la puerta no tenía nada que ver con ningún miembro de la familia Asder, que él recordara. Cuando la otra señora salió, van Spenholf comprendió porque no recordaba a la joven, aquella no era la casa de Molbin...
Sin poder evitar con una mirada de enfado a la señora por darle la tremenda noticia de que había ido hasta allí para nada, se despidió con un furibundo
Grr... gracias... -mientras se rascaba la barba de largos años que tenía, escupía al suelo de la calle y se revolvía el pelo (ya de por sí enmarañado)

Siguió caminando por las renovadas calles de Averheim cargando con el hambre que tenía, teniendo que aguantar los apetitosos olores de la comida que había por la calle, así como panaderías y tabernas... realmente, cualquier cosa era mejor que aquella horrenda comida que había en la prisión..
Aquí al menos puedo disfrutar del olor... aquel queso rancio ni siquiera olía, ¡joder! mientras pensaba ésto, no pudo sin evitar soltar el joder en voz alta, de modo que unos guardias que por allí pasaban lo miraron
Tranquilos... no pienso volver a la prisión tan pronto, hijos de puta...
Unos minutos más tarde, consiguió llegar a lo que, ésta vez, estaba seguro de que era la casa de Molbin Asder. Llamó repetidas veces, hasta que por fin un joven la abrió...
¿Me he vuelto a equivocar? Joder Karl, estás sembrado...
¿Está Molbin? Herr Asder... -comenzó el exconvicto, casi avergonzándose de su segundo error en demasiado poco tiempo
Antes de poder terminar de preguntar por el galeno, el ayudante (o así se presentó) lo condujo a una sala en la que el siempre reconocible Molbin Asder estaba diseccionando vivo a un hombre, delante de un imponente soldado.
Ya está, ¡terminé! -exclamó Molbin
Estará de coña... o eso espero... si eso es lo que les aguarda a mis pies... pensó Karl ante la afirmación del mñedico y la mirada del soldado
La situación que se desarrolló a continuación, de varios segundos en silencio, creó demasiada tensión, la suficiente como para que Molbin se explicase. Unos instantes después, como intentando evitar el malhumor del soldado, se escudó en un saludo a Karl y en la pregunta que Karl estaba deseando que le hiciera, pero que todavía no sabía como responder
Dime, ¿qué te trae por aquí? -el galeno hablaba mientras revisaba las entrañas de su recién-muerto paciente, como si hubiera hecho una labor increíble

Karl pensó detenidamente lo que iba a decir a continuación, pero... no pudo hacerlo, le salió todo directamente
Molbin... me inculparon joder... yo no había hecho nada... ¡nada! -mientras decía eso enarbolaba los brazos, no tenía nada que ver con lo que le ocurría, y Molbin levantó la cabeza un segundo, mirándole a los ojos, a Karl le pareció que le diría "¿y?"- He pasado más de seis años en esa ratonera Molbin... ¿sabes lo que es comer pan revenido y moho procedene del lugar en el que te acuestas? ¿Sabes lo degradante que es saber que lo mejor que comerás hoy va a ser la rata que está comiéndose tus excrementos? -Karl agitaba la cabeza, como si él mismo no pudiera creerse su historia- Pero estoy aquí, Molbin... he sobrevivido, he madurado y me he hecho fuerte.. y lo mejor de todo... -el ayudante lo miró un momento, como si fuera a compartir con ellos que había encontrado un tesoro escondido o si supiera el secreto de la inmortalidad, Molbin volvió a levantar la cabeza de la caja torácica de su paciente, realmente estaba interesado, tanto o más que su ayudante...
Pero antes de que pudiera decir nada, el veterano interrumpió la conversación arrastrando al cabizbajo ayudante, que estaba deseoso por oír la historia de van Spenholf. Cuando se hubieron marchado a la bodega, éste continuó...
...estoy cuerdo! -dijo con los ojos como platos, mirando directamente a los ojos de herr Asder, que, incomprensiblemente, asintió sonriendo, como satisfecho, en un gesto de aprobación- ...Ahora, Molbin, necesito que me ayudes con ésto... es el precio por salir de la prisión... la próxima vez que nos veamos, te contaré esa historia... -acto seguido, puso el pie descalzo encima de la mesa, a escasos centímetros del cadáver (ciertamente, Karl había visto muchos últimamente y sus pies habían estado más entre sus entrañas que cerca de ellas), señalándose los dedos mordisqueados que le faltaban- ¿Es un buen reto?
Molbin miró ojiplático aquella ¿obra maestra? y Karl sonrió para sus adentros
Le he sorprendido, joder...
De pronto, Molbin empezó a aplaudir, como ilusionado y, cuando iba a tocar el pie, Karl lo bajó rápidamente porque se acercaba el soldado, de vuelta
Por cierto... Molbin... necesito algo de ropa... por los viejos tiempos... -dijo con una media sonrisa...
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Re: Acto II: Prisión de Almas

Mensaje por Saratai » 10 May 2010, 02:16

20 von Brauzeit, 2527. Marktag, Averheim.

El galeno trabajaba a destajo con los heridos, mientras Reiner Volk iba marcando leves, graves y muertos. Molbin Asder sabia que el militar Volk no tendria escrupulos en dejar los cadaveres en su casa. Y esa era una gran oportunidad, pues más de un par de botas podian añadirse a las prendas que llenaban el arcón del almacén, como propina por los servicios. El consejero Leitdorf, que se habia presentado como Garlp en esta ocasión (Reiner Volk ya le habia oido dos nombres distintos en lo que llevaba de excursión vespertina con él), se encargaba ahora de finalizar el pago con el galeno, que sin duda embolsaria una gran suma. Mientras el consejero hablaba de las cantidades, Molbin cosia la herida del brazo de un muchacho llamado Balbian, que habia recibido un feo tajo de manos de uno de los hombres de Jaran horas antes.

El consejero también hablaba con Molbin y con Reiner de la posada de Ytingä Inn, donde un tal Bahever estaria más que dispuesto a aportar hombres en gran cantidad para que el rubio Volk tuviera más hombres con los que ayudar a Markus Leitdorf en su personal cruzada. En ese instante, Spenholf comenzó a hablar ante el cirujano, mientras el tuerto Reiner ayudaba a Balbian a incorporarse.

Spenholf habló con pasión y fuerza de las penurias que habia sufrido en la Prisión de Almas, y el galeno escuchó atento y entusiasmado a las palabras del ex-convicto. Cuando finalmente Spenholf puso sus mutilados pies en la mesa de operaciones, Molbin asintió con una sonrisa en la cara.

Molbin Asder

-Es increible que aun estes vivo, Karl, increible. Por supuesto que te ayudaré, te curaré esas feas heridas, mirare la ropa que te venga y además te daré de comer, por que estás en los huesos y no puedo permitir tal cosa.


El ayudante del galeno, el consejero, y todos los presentes se giraron mirando a Molbin atónitos, pues jamás habian imaginado tal generosidad del hombre. Balbian, se acercó tosiendo, y apoyó su mano en el hombre del galeno:

-Es usted un santo, señor. Que Sigmar guie su camino - dijo Balbian con voz debil, aun confuso tras la perdida de sangre, y dolido por la herida del brazo.

Asder sonrió amablemente, y comenzó a hacer cuentas.

Hmm, la comida serian diez peniques, más la cerveza dos, más 18 de las botas y tal de la curación, añado un interés por el prestamo que tendré que hacerle porque dinero no tiene seguro... Un total de cuatro coronas de oro estará bien, si. Cuatro con diez chelines, pensandolo mejor

Molbin mandó al ayudante a traer barreño y esponja para que Spenholf se desprendiera de piojos, liendres y olor carcelario, asi como de traer botas altas y ropa de campesino, recien adquirida por el galeno. Spenholf apenas podia creer que Molbin hiciera todo aquello gratis (y mal habria hecho creyendolo) pero sin duda tenia suerte de haberle encontrado. En rapidos y precisos movimientos, Molbin desprendió la carne putrefacta de los dedos de Spenholf, y añadió apositos a las heridas.

-Mañana tendrás que pasarte otra vez, aunque he limpiado la herida puede volver a infectarse si no se trata adecuadamente.

Fuera como fuera, Spenholf noto alivió en el dolor que sentia, y cuando el ayudante del galeno le trajo un tentempié con mantequilla, el antiguo convicto no podia ser más feliz.

Después de esto, Reiner se acercó al galeno, para hacerle unas preguntas relativas al dolor torácico que sentia. Tras medir las respiraciones del tuerto militar, Molbin tuvo su diagnostico lento.

- ¿Respiras entrecortadamente y con dificultad? ¿Te duele en el pecho al tener actividad fisica? ¿Tu color favorito es el verde? Entonces está claro para mi, tu lo que tienes es el pulmón izquierdo perforado, y suerte de que la herida no llegara al corazón, o no lucirias ese parche tan bonito. Si quieres dormir mejor echate aceite de sapo toro todas las noches antes de dormir, e inhala polvos de algodonera negra de pastosalvaje una vez a la semana, siempre por la mañana. Notaras gran mejoria, cien por cien asegurado.


Tras estas operaciones, que estaban pudiendo con la resistencia del galeno, ya solo quedaban diez hombres leves y dos graves por atender, lo que reducia notablemente el estres y la cantidad de sangre apreciable en la mesa de operaciones, cuyo color variaba del rojo al verde según se movia la mirada por ella. El consejero y Reiner tomaron algo de agua, y esperaron sentados el resto de la sesión hablando de la posada a la que debian dirigirse, al igual que Spenholf que permanecia agachado mientras los apositos iban haciendo su trabajo. El ex-convicto estaba alli oyendo las palabras del incosciente consejero, pues éste no habia reparado en su presencia y veia a todo aquel que estuviera en el estudio de Molbin como un amigo a la causa.


FDI: No, no os voy a decir las tiradas que ha sacado el galeno, pero Spenholf pasa de tener 2 puntos de heridas a tener 3. En cuanto a Reiner, esos balsamos los puedes encontrar en cualquier herboleria.

Ahora estais todos viendo como Molbin saca la sierra de cortar alambre para cercenar una pierna campesina, por lo que podeis hablar entre vosotros mientras dure el humedo espectaculo.

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Re: Acto II: Prisión de Almas

Mensaje por kurgan » 10 May 2010, 13:21

Reiner Volk

¡Un pulmón perforado! Reiner empalideció al escuchar el diagnóstico como si hubiese sufrido de nuevo la herida. De repente, tomó consciencia de la terrible verdad: se iba haciendo viejo, las heridas lo debilitaban, y al final del camino, a todos nos acecha das Alte Parade, el último presente de armas antes de desfilar ante Morr. Ése es el destino del mercenario. Sintió el sabor acre del vodka bajar por la garganta: había echado mano de la botella antes de pensarlo. La cerró y la volvió a guardar mecánicamente... Porque ya no bebería como antes, ni podría marchar con los hombres como antes, en la cabeza de la formación, marcando el paso, él, que fuera campeón de maratón en los viejos días felices antes de marchar a Middenheim. Mira a tu alrededor y dime dónde están los compañeros de otros tiempos. Friedsgoth, dicen, le va bien, Novak es un general prácticamente, pero porque ha sabido asumir riesgos y apostar por un caballo, es disciplinado y no le quema el dinero en las manos ni le asusta la responsabilidad. ¿Y tú, imbécil? ¿Para qué ha valido tu ojo?

Apretando los dientes, Volk maldijo. Estaba enfadado, y siguiendo la inmemorial costumbre militar, lo iba a pagar alguien más abajo en el escalafón. Ciertamente, Reiner era un veterano...

-¡Tú! ¡Y tú! ¡Y tú!

Levantó a tres heridos leves, a uno de ellos, con una brutal patada y una bofetada que cortó sus lágrimas abruptamente. Y total, por un tajo en el hombro, si este tuviera un pulmón perforado.

-¡Vagueábais! ¡No hay cosas que hacer! ¡Sacad las pertenencias de los muertos, haced un montón con ellas, para que podamos devolvérselas a sus dolientes viudas! ¡Y que no se os quede nada entre los dedos, o por lo menos, no mucho! ¿Habéis pensado en desenganchar los caballos? ¡Hay están, doliéndose de las riendas y los arreos! ¡Darles de comer!

-Pero no hay...

-¡Pues lo buscáis!


Reiner se giró, en busca de blancos fáciles. Empezó a prestar atención a lo que ocurría a su alrededor. El ras ras de la sierra hubiese sido asqueroso de no haberlo tapado los gritos del paciente. Se dirigió a paso ligero junto al consejero de Leitdorf. Tomó asiento. Pensó un momento.

-La posada...

-¡NONONONO! Por favor serrarla no... ¡AAAAHHHHH!

-¿Disculpad?-gritó el consejero.


-Digo, que la posada a la que hemos de ir...

-¡AAAHHH! Misericordiosa Shallya prefiero morir a... ¡NO! ¡Prefiero morir pero no lo hagáis por favor! ¡AYUUUDAAA!

El mercenario le indicó por señas al hombre que esperase, mientras recorría la habitación con la pistola agarrada por el cañón y recogía un trapo.

-¡Heeeerrr ayudadme! ¡UUUAAAAMMMAAAAHHH!

Clock.

El mercenario volvió a tomar asiento y bebió un poco de agua.

-Decía. Que la posada a la que debemos de ir, no sé dónde está. ¿Cuánto tardaremos en llegar? Pues sería prudente abandonar la ciudad en el día de hoy, y hay que sacar a esta escoria de aquí también. Mas la escoria que nos traigamos pegada de la taberna. Por cierto-dijo reparando en el pordiosero rapado que, habiéndose presentado como recién salido de la prisión, recibía comida y atención gratuita-¡Sigfried! Lo tuyo no es nada, no te quejes. El consejero y yo iremos a visitar a unos amigos. Estaremos fuera un rato. Coge a cinco de los que no estén peor. Da un carajo que te duela. Quedas al cargo. Que al doctor no le molesten mientras atiende a sus cosas. Y que ni el doctor, ni el ayudante, ni ese de ahí-lo señaló sin ningún pudor-tengan prisa por marcharse.

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Re: Acto II: Prisión de Almas

Mensaje por Nimref » 10 May 2010, 22:33

Karl van Spenholf

Karl no podía creerse la suerte que tenía. Molbin no solo lo recordaba, ¡sino que lo estaba tratando sin cobrarle aparentemente ni un solo chelín!
¿Qué diablos estás tramando, Asder?

Pasados unos momentos, ya estaba tratado, sentado y comiendo, sin lugar a dudas, la mejor comida que probaba en siete años, y se dio cuenta de que no había hecho mal en ir cuando el dolor que sentía menguó de manera agigantada.
Joder que genio... estoy en deuda con él...

Mañana tendrás que pasarte otra vez, aunque he limpiado la herida puede volver a infectarse si no se trata adecuadamente -dijo Molbin, a lo que Karl le miro realmente agradecido

Gracias Molbin, mañana vendré sin tardanza -exclamó asintiendo con la cabeza

Pero se dio cuenta de que el galeno ya estaba hablando con el veterano, que, en cuestión de minutos, comenzó a soltar improperios y a dar órdenes fuera de lugar a los heridos. Karl se puso tenso y estuvo a punto de levantarse
Cálmate, el señor pecho-perforado podría ordenarles que te cogieran... y eso no es bueno

Entonces, optó por hacer lo más sensato y que había aprendido a hacer años atrás en situaciones como esa. Mirar al infinito, no escuchar y pensar en los asuntos propios...
De pronto, notó que lo miraban, alzó la vista y escuchó la frase del tuerto
Y que ni el doctor, ni el ayudante, ni ese de ahí tengan prisa por marcharse

Karl no pudo sino mirarle con una cara de incredulidad
¿Perdone? ¿Se supone que me está reteniendo aquí? -de pronto, comenzó a reírse mientras se ponía en pie- ¿Y eso por qué?
Se plantó a poco más de un metro del hombretón, mirándolo directamente a los ojos. No había salido de la prisión para que le dijeran que era lo que tenía que hacer...
Exijo una explicación...
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Re: Acto II: Prisión de Almas

Mensaje por kurgan » 11 May 2010, 21:10

Reiner Volk

Ya recogía a Erfolgreich, el zweihander que le había acompañado durante más de siete años, de la banqueta, cuando he aquí que el presidiario se levanta y se encara con Volk. Mirándole a la cara, como si fuera un igual. El mercenario le sostuvo la mirada sin mucha dificultad, aunque había algo de brillo salvaje en los ojos del presidiario que hacía pensarse dos veces buscar gresca con él. Pero Volk estaba armado y el otro no, estaba rodeado por compañeros y el otro no, era más alto y confiaba en su habilidad.

¿Perdone? ¿Se supone que me está reteniendo aquí? ¿Y eso por qué? Exijo una explicación...

Volk lo miró de arriba abajo, colgándose el espadón sin mucha prisa, y luego bajó las manos al cinto, levantando el jubón decorado. Del cuero, saqueado de un cadáver y adornado con eslabones de plata, pendían una buena daga y una pistola cargada. La situación era digna de lástima. ¿El tipo era un loco? ¿Un espía? ¿Un excéntrico amigo de Asder?

Sin separar la punta de los dedos de la empuñadura de la daga y de la culata de la pistola, Volk se volvió hacia el diplomático que lo acompañaba. Giró la cara, pero mantuvo un ojo en Spenholf.

-Cuando avanzo por un bosque, primero mando batidores a peinar el terreno, y en territorio enemigo no se encienden hogueras. La prudencia dictaba que, si hemos de reunirnos con nuestros amigos, no se vaya corriendo la voz de tal cosa. Puede ser que este hombre sea un camarada, y puede que lo conozcáis. Yo no. Decidme, amigo, ¿Quién es el legítimo gobernante de la provincia de Averland?

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Re: Acto II: Prisión de Almas

Mensaje por Nimref » 12 May 2010, 16:09

Karl van Spenholf

Karl estaba rabioso, lo estaban reteniendo como si fuera un animal del que podían elegir su destino... eso ya lo habían hecho, años atrás y durante los últimos seis años, y era algo que no le gustaba
¿Quién es el legítimo gobernante de la provincia de Averland? -preguntó el soldado, como si hiciera una pregunta de gran importancia

Karl entrecerró los ojos y empezó a acumular saliva, como si fuera a escupir al veterano. Se acercó hasta ponerse a escasos centímetros de su cara, de modo que el fétido aliento del recién liberado reo llegaba a la cara de Volk sin ningún problema...
¿Qué quién es el legítimo gobernante? -se rascó la barba, nervioso, intentando no dejarse llevar por la ira que durante tantos años le había sido útil en la prisión- ¿Eres uno de esos jodidos gusanos que se retorcían de placer cuando Marius murió, eh? Hijo de puta, no se quien está al frente de la provincia ahora, llevo muchos años sin ver la luz del sol, pero un gobierno sin un Leitdorf al frente me metió en ese fétido edificio... pero me da igual quien gobierne porque ahora... ¡quiero ver la luz del sol porque soy libre!

Dicho ésto, se irguió un poco más, para quedar a la altura del soldado, le miró directamente a los ojos y le dijo, con un tono cargado de furia
Tú no vas a decidir nada por mí, ¿queda claro? -tras lo que se dio la vuelta y se sentó en la silla, de nuevo
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Re: Acto II: Prisión de Almas

Mensaje por Saratai » 12 May 2010, 16:56

20 von Brauzeit, 2527. Marktag, Averheim.

El experto militar daba ordenes a diestro y siniestro en el sangriento hogar de Molbin Asder, y todos parecian acatarlas. Todos menos Spenholf, el cual habia visto demasiada muerte y miseria como para amedrantarse por un soldado tuerto y con dificultades de respiración, por muy bien armado que éste estuviera.

Cuando Reiner Volk mandó cerrar a cal y canto el improvisado hospital de Asder, el reo que habia acudido en mal momento no era de fiar para el rubio militar. Reiner mandó prohibir entrada y salida al lugar hasta que él mismo y el diplómatico consejero de Markus volvieran de su tarea en la Ytingä Inn, posada donde habian de reunirse con Bahever y organizar un nuevo reclutamiento de hombres capaces. Pero el recién salido de la Prisión no aceptaba órdenes asi como asi, demostrando tener arrestos al encararse contra el veterano Volk, armado con una magnifica zweihander y una pistola al cinto. Spenholf estaba casi desnudo a falta de la ropa y ducha que Asder le habia prometido, y no portaba más armas que sus dientes y uñas, pero aun asi se arriesgaba a morir por una bala de Volk, todo por no perder su recien adquirida libertad tan prontamente. Mientras Volk hablaba con el consejero de Markus Leitdorf, Spenholf le interrumpió mirandole fijamente a los ojo... al ojo y al parche.

Asder estaba preocupado, por lo que intervinió. Pero no precisamente para parar ningun altercado:

Molbin Asder

-A ver muchachos, haya tranquilidad. Este chaval que se llama Karl Spenholf es conocido mio de cuando eramos niños. Lo metieron en la carcel, y parece que ha salido hoy, y no muy bien parado. Pero sea como sea, me debe cuatro coronas de oro, y eso haciendole rebaja porque estoy de buen humor. Asi que Reiner, que creo que es como te llamas -
dijo el galeno mirando al engalonado militar - si le pegas un tiro me debes cuatro coronas, y no estás en posición de regatearme.

Si alguien pensaba que el galeno le habia regalado algo a Spenholf, debia estar en un sueño utópico maravilloso. Porque lo que el galeno hacia, el galeno lo cobraba. Tarde o temprano, pero lo cobraba.

La situación se ponia fea para el preso, pues Reiner solo tenia que sacar la pistola y rematarle alli mismo. Ironicamente, el dia que era puesto en libertad, iba a quedar absuelto de ella por la guadaña purificadora de la muerte, pues Reiner era violento y tenia bastante más que cuatro coronas para darse el gustazo de matar a quien le desobedeciera. Sin embargo, y como recordatorio de lo que el Rey del Submundo le dijera a Spenholf el dia anterior, el consejero de los Leitdorf habló antes de que nadie tuviera tiempo:

Consejero Leitdorf

-Molbin, eres un buen tipo dandole ese capricho a este preso, pero Reiner no te va a pagar por su vida, lo haré yo.

Dicho y hecho, el consejero se acercó a la mesa del galeno, y puso unas monedas en la sangrienta mesa de operaciones, donde un granjero acababa de ser amputado, mezclandose oro y sangre por la vida de un ser humano. El consejero sonrió a Spenholf. Viendo la marca a hierro de Spenholf, donde la inscripción REO CVII lucia sangrienta, el consejero no pudo evitar rascarse la espalda. Además, aquel muchacho habia tenido las agallas de, moribundo, provocar la ira del peligroso Reiner Volk, estando éste armado y en perfectas condiciones.

-Escuchame Reiner, - dijo el consejero al rubio militar - este reo tiene arrestos y valor, más de las que habria tenido yo en toda mi vida. Si crees que te ha ofendido, al menos ten la decencia de luchar de igual a igual con una espada en la mano y de manera legitima, lo contrario seria un vil asesinato y un crimen. Además, parece seguidor de los verdaderos gobernantes de Averland y contrario al falso Consejo. Si no lo matas tengo la intención de contratarle, asi que tu mismo.


''Lo he visto en sueños, Spenholf, y también he visto que tu papel en el mundo influirá la vida de muchos...'' Las palabras del Rey del Submundo repiquetearon en la cabeza de Spenholf, y las del consejero en las de Reiner, pues un duelo o un combate era una cosa, pero pegarle un tiro a un moribundo desarmado era otra muy distinta. Se arreglara el malentendido o la sangre corriera por el portal de la calle de las palomas (pues Asder no permitiria una pelea en su casa), los miembros de la revolución Leitdorf iban a variar en los proximos segundos.

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Re: Acto II: Prisión de Almas

Mensaje por kurgan » 12 May 2010, 19:31

Reiner Volk

El mercenario se inmutó poco cuando aquel desarrapado insultó a su parentela. Su madre no había sido puta, que le constara, pero se lo habían llamado tantas veces... Aquel no era un asunto de honor. Era un asunto de si el tipo era un espía mandado a observar la casa, o un desesperado capaz de venderlos por unos pocos peniques. Peor llevaba que lo mirasen tan de cerca, y que un apestoso lo tutease delante de sus hombres. Bueno, sus hombres: sus compañeros, en realidad. No entendía muy bien quién lo había nombrado jefe de esta comitiva, pero sin un oficial al mando, Reiner prefería mandar y hacer obedecer que dejarlo todo en manos de, Sigmar líbranos, un civil. Volk sonrió cuando Asder dejó la cosas claras: ese era el mundo del lansquenete, en el que todo tiene un precio en sangre o en oro, y a veces ambas medidas de valor se solapan.

-Escuchame Reiner, este reo tiene arrestos y valor, más de las que habria tenido yo en toda mi vida. Si crees que te ha ofendido, al menos ten la decencia de luchar de igual a igual con una espada en la mano y de manera legitima, lo contrario seria un vil asesinato y un crimen. Además, parece seguidor de los verdaderos gobernantes de Averland y contrario al falso Consejo. Si no lo matas tengo la intención de contratarle, asi que tu mismo.

Palabras mayores. El que paga manda, se dijo Reiner. Las ganas de matar a cualquiera tras recibir una mala noticia no valían arriesgar trabajo y dinero. Giró la faz hacia el consejero.

-Yo decido si se me ha ofendido o no, y decido también cómo cobrarme una reparación. No me da miedo cruzar el acero con este o con cualquiera-y recorrió con la mirada toda la concurrencia-, mas tampoco me gusta pelear en un duelo como un gallo en el corral de las apuestas. Hablaba antes de saber que este hombre estaba de nuestro lado. Ahora, si es amigo, yo seré el primero en acogerlo en las filas y marcar el paso a su lado.

Ahora miró directamente al preso, callando un momento. Todos los waffe kamerraden miraban la escena, expectantes. Reiner tenía pocas ganas de enzarzarse en un duelo por aquella nimiedad, pero tampoco de rechazarlo tenía la apetencia. Matar a alguien le compensaría, en parte, por la mala noticia que acababa de recibir, pero cada vez que se desenvainan las espadas hay un cierto riesgo. Se puede saber que un cuerpo caerá al suelo, pero nadie puede predecir el de quién. Además, un presidiario de Averheim le podía resultar de utilidad, para ciertos negocios propios. Así que, decidió dejar que el otro eligiese.

-Si no te he ofendido tanto que no quieras ser mi camarada, y prefieras resolver las cosas con acero. No voy a estar al lado de uno que me guarde rencor. Si no, darse la mano, declararse amistad, y matar cabrones de los Alptraum, hombro con hombro.

FDI: No me apetece ningún asunto de duelo al amanecer, con armas parejas y un juzgado evaluando. Si Spenholf hace algo remotamente hostial, o habla de que le den un arma Volk usará su Desenvainado rápido para extraer a Erfolgreich y lanzar un Ataque rápido. Si no, ningún problema en darle la mano y zanjar el asunto.

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Re: Acto II: Prisión de Almas

Mensaje por Nimref » 12 May 2010, 22:05

Karl van Spenholf

De pronto, Karl entendió como funcionaba aquello, todos entendían que Volk podría tumbarlo en cuestión de segundos, se percibía por sus comentarios.
Pero sea como sea, me debe cuatro coronas de oro, y eso haciendole rebaja porque estoy de buen humor -era lo que había dicho el galeno, a lo que Karl no pudo responder con otra cosa que no fuera una mirada a Asder. En el fondo, ya lo sabía...

Karl apenas podía prestar atención a su alrededor... la adrenalina se esparcía por todo su cuerpo al tiempo que resonaba en su interior la palabra violencia, solo podía actuar de una manera, pero, en algún extraño momento de lucidez...
Además, parece seguidor de los verdaderos gobernantes de Averland y contrario al falso Consejo. Si no lo matas tengo la intención de contratarle, asi que tu mismo.
¿Como que el falso consejo? ¿Qué quería decir con toda esa palabrería?

Karl apretó los puños, con ganas de golpear al soldado para demostrar a toda la sala que nadie mandaba sobre él... Además, la irritación que sentía por el hecho de no comprender que ocurría en ese mundo tan aparentemente igual al suyo pero, realmente, tan cambiado... de pronto, notó como si no estuviera en aquel lugar, sino en un sitio que se había convertido ya en el más odiado...
Las voces de los reos se oían alrededor de Karl y la mole que se alzaba ante él, solo tenía que golpearlo para que le respetaran, como hizo años atrás para que en la prisión no abusaran de él... levantó la mano, como si fuera a golpear a Volk, volviendo de nuevo a la realidad y, finalmente... agarró la mano de Volk y la estrechó con fuerza

Supongo que ambos estabamos confundidos... -se excusó al exconvicto, que comprendió que había tenido que aprender en un tiempo record que el mundo real no era como la prisión- No he vivido mis mejores años y me ha pasado factura... -de pronto, se giró hacia el diplomático- ¿Contratarme, eh? -hizo una media sonrisa y lo miró fijamente, como esperando una oferta

Parece que el rey del submundo tenía razón...
You can take my mind and body, but you can´t take my pride

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