Prisión de Almas: Acto II (Nudo)

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Eldril
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Re: Prisión de Almas: Acto II

Mensaje por Eldril » 01 Oct 2010, 00:09

Reinhard Russ

La situación se había torcido. Messner y el minero habían luchado duramente para llevar la escoria de Saford en manos del tribunal inquisitorial, y ahora, el destino de todo ese esfuerzo recaía en las manos de dos sucios guardianes de cloacas. Todas las muertes anteriores, todo el sufrimiento de la provincia y finalmente, siendo lo que más le dolía a Reinhard, la futura caza de la escoria sectaria pendía simple y llanamente de la voluntad del azar que había guiado a esos dos hombres a el momento y lugar preciso.

Pero no, ese pensamiento era demasiado mundano para el elegido de Sigmar, así que teniendo por seguro que su justificación seguía la razón divina, y que aún así los dos guardianes no dieron su brazo a torcer, Russ decidió seguir lo que para él, eran los preceptos de su dios.

Si Sigmar lo quiere así, que así sea…

El recorrido comenzaba a hacerse largo después del arduo combate llevado a cabo una hora antes, cuando obligados por razones de un peso mayor, se vieron forzados a dirigirse de nuevo a la salida de la casa de la Rosa. Aun con una rotunda negación por parte del minero y del fiscal, la comitiva torció el camino hacia la matanza de los soldados carroburgueses. Y no fue grande la sorpresa, cuando delante del grotesco espectáculo de sangre y vísceras, aparecieron seis hombres de la trampilla de la casa de la Rosa.

Y un torrente de recuerdos golpeó en el mismo lugar en que Vahis, unas horas antes, había cambiado para siempre la vida del minero. Des del golpe en la cabeza, Reinhard se había distanciado de la mundanidad, y distanciado de todos su recuerdos, pues ahora, el pacto con Sigmar ocupaba toda su determinación, pero volver a ver a su hermano le devolvió esa parte de humanidad que poco a poco iba perdiendo.

Y algo que le pareció muy y muy lejano a punto estuvo de dejarle pasmado.



-Mamaaa!! Rinjard me ha empujaooo!!!-gritó el pequeño Tobias, mientras las lagrimas brotaban de sus ojos, y un moco pegado en su nariz debido al frió del invierno Averlandés amenazaba con caer.
-Cállate mocoso!-trató de decirle a su hermano, mientras lograba no llorar por el dolor de la coz del caballo- Mamá está haciendo la comida para cuando papá llegue… deja ya de molestarla- se detuvo el jovencito Reinhard mientras se pasaba el reverso de la manga por la nariz con tal de limpiarse los mocos que a él también se le caían. Era pleno invierno, y los hermanos Russ jugaban en las calles de Averheim como todos los niños solian hacer. Pero aquel dia quedaría marcado en las retinas del joven Reinhard, pues esa sería la primera vez que él decidiria jugarse su tipo por el bien de los demás.

Reinhard se había puesto en peligro, con tal de poder apartar al inconsciente de su hermano que como no, se disponía a recoger un juguete de en medio de la calle, donde un temerario jinete huía de las órdenes de la guardia. Aún guardaba la cicatriz que la herradura del caballo le dejó en el muslo, y aun que decidió no contárselo a mamá para que ella no castigara a Tobias, ese recuerdo fue, por suerte, un recuerdo que su padre siempre le mantuvo vivo, ya que cuando él llegó del trabajo, se encontró al jovencito hermano mayor llorando al lado de la puerta de casa y temblando de frio, y este, no pudo evitar darle una explicación.




Reinhard hizo una mueca de sonrisa, al recordar tan preciados instantes con su hermano. Y se alegró de que esta vez, y después de haberle protegido de sobremanera, fuera él quien acudiera, por primera vez, en su ayuda.

Tobias… Nolan…qué diablos hacen aquí?

-Tobias.. –dijo Reinhard al recuperarse del asombro de la aparición- se puede saber qué hacéis aq..?

Reinhard no pudo acabar la frase. Ni tuvo tiempo de alegrarse de ver de nuevo a su hermano. El elegido de Sigmar tenía otros deberes, y tanto Nolan como otro de los aparecidos estaban a punto de lograr que Reinhard los cumpliese.

Ha de delatar a su escoria sectaria… aún no puede morir- se dijo a si mismo Reinhard, con tal de convencerse que su siguiente acción seria justificada.

Y rápidamente se situó entre la ira del Sacerdote guerrero y el tembloroso cuerpo de Saford, con tal de evitar, al menos por ahora, su muerte. A la vez que, haciendo cumplir la palabra dada a Messner, la noche anterior justo antes de acostarse, apunto con la última pistola cargada, aquella cuya bala debería atravesar los sesos del sectario que ahora protegía al asaltante de su leal compañero Heinrich.

-Detente si realmente aprecias tu vida- ordenó el minero con severidad mientras apuntaba a la amenazante silueta de Jahel. Acto seguido, y sin dejar de mirar al revolucionario, trató de calmar la ira de Nolan, justificando su intromisión entre su deber divino y el sectario- créeme, si Sigmar lo quisiese muerto, sus sesos haría tiempo que estarían esparcidos por la Casa de la Rosa! No somos nosotros quien debemos juzgar a esta escoria, no aún…

FDI. Me interpongo entre Nolan y Saford, y saco la pistola y apunto a Jahel. Todo lo que digo, lo digo mirándole a él, aunque le dirijo unas palabras a Nolan con tal de calmarle.
Última edición por Eldril el 01 Oct 2010, 16:30, editado 1 vez en total.
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Weiss
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Re: Prisión de Almas: Acto II

Mensaje por Weiss » 01 Oct 2010, 01:13

Heinrich Messner

Por más que Messner lo intentó, ninguno de los dos guardias se creyó la historia. En parte, era comprensible. Los fiscales no pululaban por las alcantarillas, secuestrando herejes. La escasa luz tampoco ayudaba a que los soldados reconociesen la armadura o la espada de Messner, por lo que poco podía hacer ya. Uno de ellos terminó perdiendo la paciencia, y fue el que tomó la palabra mientras su compañero se ponía a una distancia prudencial. Estaba bastante claro cuál era el que llevaba la voz cantante en la pareja de vigilantes.

-Claro claro, el fiscal de Averheim Heinrich Messner en persona, que ha venido a apresar a Oliver Saford que, fijate tu, a resultado ser un sectario hereje... Joder, para ser unos putos secuestradores teneis una labia y una imaginación que para que decir más.

Tras unas pocas palabras que Messner no alcanzó a oir, los dos soldados decidieron ponerse en marcha. En un alarde de generosidad, acordaron no matarles y robarles. En su lugar, les llevarían a ver al comisario, y allí ya tandrían tiempo de explicar si eran Heinrich Messner, Boris Todbringer, o el mismísimo Sigmar reencarnado. Antes de ponerse en marcha, sutilmente influenciado por la ballesta que no dejaba de apuntarle, el fiscal dirigió una mirada a Russ. Suspiró. No hacía falta ser el hombre más empático del mundo para percatarse de toda la resignación y hastío que acarreaba aquella mirada. Habían luchado, se habían arrastrado entre mierda y habían capturado al causante de los males de Averland sólo para terminar atrapados por hombres de su propio bando. Saford, por su parte, parecía tan descolocado como ellos, incapaz de creerse lo que estaba pasando.

-Movéos, Saford. No creáis que ésto cambia en algo el destino que os aguarda.

Durante el trayecto, Messner se dirigió al que parecía más amable de los dos. Los resultados fueron nulos. Era imposible sacar a aquellos hombres de su error. Y, aunque les sacasen, Messner dudaba que sirviese de algo; las alcantarillas eran su terreno, y allí la palabra de cualquiera estaba por debajo de la suya. Aún así, no perdía nada por intentarlo.

-Por Sigmar, ésto es una locura. Estamos llevando a cabo una misión para el conde, ¿y nos impedís cumplirla?. ¿Qué tengo que hacer para convenceros de quién soy?.

Del guardia sólo recibió silencios por respuesta. Además de andar y apuntarles, lo único que hicieron fue, transcurrido un trecho, dibujar unas marcas en las paredes. En un arranque de cordialidad, el moreno les explicó por qué marcaban las paredes, así como la situación en las alcantarillas. El fiscal tenía una ligera idea de por qué estaba rota la cerradura del Jorkstown... Sin embargo, y para evitar más problemas, decidió callarse. No pudo evitar sentir una decepción cuando el guardia describió el cadáver hallado. Deagraciadamente, no se trataba de Migolver Bacher. Aquel cobarde seguía suelto.

-Bastardo... Si volvemos a vernos juro que será la última vez.

El guardia también anunció que volverían a pasar por el corredor que llevaba a la Casa de la Rosa, así como sus sospechas de que algo bastante peor que contrabando se movía por el subsuelo. Las protestas de Russ y Messner no sirvieron de nada para evitar desandar el camino, pero el fiscal tenía la esperanza de que sí se tomasen un poco más en serio lo que tenía que decir.

-En eso tenéis razón. Antes escuché a ese rufián hablar de unos "vendedores de piedra" que habitan por aquí... No es la primera vez que me encuentro con ese término, y la última vez lo usaban unos mutantes. Sin duda no se trata de nada agradable.

A Messner le costaba dar cada paso. No sólo por las heridas en sí, sino por una especie de cansancio generalizado. Su piel cada vez estaba más pálida, y apenas era capaz de levantar los pies del suelo. Había perdido bastante sangre, y se encontraba agotado.No sabía si podría seguir andando mucho rato más. Por si fuese poco, el dolor de la pierna no remitía, y obligaba a Heinrich a avanzar cojeando. Por eso, agradeció que los guardias decidiesen tomarse un descanso, ya cercanos al pasadizo de la Casa de la Rosa.

El descanso fue interrumpido abruptamente por sonidos de lucha. ¿Podían ser los refuerzos de los que había hablado Saford?. Y en ese caso, ¿con quién luchaban?. Los guardias no daban crédito, y les instaron a apresurarse mientras se encaminaban otra vez al pasillo. Allí, Messner se encontró con un panorama que le cogió totalmente por sorpresa. Seis hombres acababan de entrar en las alcantarillas, procedentes de la Casa de la Rosa. Arriba, se escuchaban unos sonidos que ya eran familiares para Messner. Alguien intentaba derribar la puerta. Messner tardó poco tiempo en ser consciente de la situación. Enfrente de ellos tenían a seis hombres armados. Por el aspecto de varios de ellos, y por la presencia de un hombre de los Mahiven, un tal Jein, Messner infirió rápidamente que se trataba de revolucionarios. Migolver tenía razón, y el enemigo ya estaba dentro de la ciudad. Por si fuese poco, un caballero les acompañaba. Por último, un sacerdote se alzaba al frente del grupo. A Messner le sonaba el religioso, un hombre conocido como Grass. Todos los presentes se miraron unos a otros. Entonces, de repente, uno de los revolucionarios salió de la formación enemiga. Un revolucionario que se parecía misteriosamente a Russ. Un revolucionario que resultó ser su hermano. Todo aquello tenía cada vez menos sentido. ¿Sería todo una broma macabra?. Messner casi esperaba que en cualquier momento apareciese Muerte en los Caminos con un tablero de ajedrez.

El sacerdote fue el primero en recuperarse del estupor, plantándose frente a Saford y alzando su martillo, dispuesto a acabar con el sectario. Simultáneamente, uno de los revolucionarios comenzó a hablar, increpando a Messner. El muy cerdo parecía encantado de haberse encontrado con el fiscal, pues sin duda pensaba hacerle pagar todas las supuestas afrentas una a una. Por último, los guardias de cloacas cada vez estaban más nerviosos, y movían sus ballestas de un lado a otro mientras pedían explicaciones. Casi de forma refleja, Messner desenfundó sus armas.

Tenía que hacer algo. Aquel loco estaba a punto de matar a Saford, estropeando todo lo que habían conseguido. Pensó en nombrar a Hopek, a Jobb, a Effermann... a alguien. Sin embargo, Russ fue más rápido que él. Como un valiente, el minero se colocó entre el martillo y Saford, mientras que con una pistola apuntaba al revolucionario. Orgulloso, Messner decidió que estaría a la altura de su compañero.

Avanzó un paso hacia adelante, con las armas dispuestas por si alguien intentaba algo raro. Además, disimuló como bien pudo su dolor y sus heridas. Él sabía que no estaba en condiciones de luchar, pero sus enemigos no tenían por qué saberlo.

-Quieto si sabes lo que te conviene, escoria. Padre, venimos de parte de Effermann. Dejad a ese hombre con vida, o todo habrá sido en vano. Ayudadnos a colcluir nuestra sagrada tarea. En cuanto a los demás, tranquilos. Que nadie haga nada sin pensárselo...

Si aquel sacerdote tenía algún tipo de control sobre el grupo, esperaba que no les fallase...
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Nimref
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Re: Prisión de Almas: Acto II

Mensaje por Nimref » 03 Oct 2010, 16:17

Karl van Spenholf

Al poco de comenzar la marcha, el reo quedó sorprendido al ver que, en vez del señor del submundo, lo que tenía ante sí no era nada más y nada que menos que Saford acompañado de lo que parecían ser dos guardias de cloacas, un manco y un pordiosero.

Cual fue la sorpresa del exconvicto al ver que Tobias abrazaba efusivamente al manco, que el pordiosero era nada más y nada menos que Heinrich Messner (¡el hombre que años atrás lo había encarcelado!) y estaba siendo amenazado por Jahel Pechocabra, y que el sigmarita, fervorosamente, iba a acabar con Saford. El fiscal pidió que no lo hiciera, que era más útil vivo que muerto, y el manco, al tiempo que detenía a Jahel apuntándole con su pistola, convenciéndolo de que no atacara al fiscal, se interponía entre el sacerdote y su sagrada tarea.

Los guardias de cloacas no dijeron claramente que era lo que pensaban hacer pero, por lo que parecía, de un momento a otro acabarían por matar a los revolucionarios y llevar ante la justicia a los otros tres, o eso había entendido Karl, lo que, por otra parte, ponía en una situación favorable al fiscal (alto cargo del bando rival) y podía hacer que Saford siguiese vivo... Pero el bando revolucionario era el bando revolucionario, y tenía que salvar las vidas de sus compañeros.

Guardias, fiscal Messner, lleguemos a un acuerdo... -dijo, alzando los brazos ante todos, como imponiendo paz- Herr Nolan Grass, le pido que baje el arma... si Sigmar nos ha concedido esta ocasión, sin lugar a dudas nos concederá otra, si es menester... Les acompañaremos -dijo, señalando al fiscal, ante la perplejidad de Jahel- ante el tribunal sigmarita... a cambio de nuestra inmunidad, puesto que somos meros colaboradores de la Iglesia sigmarita imperial...

Ante de finalizar se giró hacia los guardias, acercándose al que había hablado.

Somos el Abfangenketzerkorps, que, antes que afiliación a un bando, es fiel aliado del culto sigmarita y, por tanto, está por encima de las distinciones de bandos y clases -dijo, acercando su cabeza y la del otro, y clavando sus pupilas en las de su opositor- . Puede matarnos, pero no matará un revolucionario, matará a un sigmarita, guardia... Jahel, deja las venganzas para más tarde, herr Messner nos debe algo a todos nosotros... ¿o no se acuerda de mi caso, fiscal?

Sin quererle dar mayor importancia, Karl dio una palmada y finalizó diciendo Guardias, ustedes saben el camino... y recuerde, herr Messner, inmunidad... de hecho, necesito un aval... ¿qué nos ofrece?

De pronto, Karl pudo ver al gigante Nasder junto a los guardias, y a Jahel con furia mirándolo, como queriéndolo matar a él más que al propio Messner. Posiblemente, el sacerdote no matara a Saford, sino que podría ser más paciente, pero, ¿el resto? El único en quien no podía confiar para la lucha era en Tobias, demasiado encariñado con el manco... pero eso era otro asunto, las tendencias sexuales de cada uno no eran de su incunbencia.

Karl había pensado hacer esto más adelante, con más calma y con menos riesgo, pero viendo a sus compañeros del Abfangenketzerkorps de Markus Leitdorf tan motivados, vio que era la mejor opción.

Claro que... ¿qué mejor aval que su cabeza, fiscal? -interpretando esa pregunta como una señal, esperaba que los revolucionarios atacaran a todos menos a Saford y, en todo caso, al manco: el fiscal y los guardias debían morir, Saford, vivir, de momento.

Karl, espada en mano, como había quedado con anterioridad para defenderse del posible peligro que le supondría el señor del submundo si se lo encontraban, no dudo en ayudar a Nasder (que esperaba que cargara a los guardias) en su pelea. No dudó que Jahel acabaría rápidamente con el fiscal, ni que el gigante Nolan sería un gran apoyo contra los guardias. El resto, simplemente podrían ayudar al fiscal o intentar que el manco no interviniera, ni Saford huyera.

FDI: carga a los guardias
You can take my mind and body, but you can´t take my pride

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Saratai
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Re: Prisión de Almas: Acto II

Mensaje por Saratai » 03 Oct 2010, 22:16

21 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

La marabunta de gritos, amenazas, insultos y advertencias habia colocado la situación en un extraño punto, donde cada uno de los implicados en el encuentro de las alcantarillas buscaba acabar con otro. Reinhard intentó poner orden, asi como el fiscal Messner, y ya parecia que toda la situación iba a desembocar en buen camino cuando de pronto, Karl Spenholf explotó y se abalanzó contra uno de los guardias, haciendo caer el delicado castillo de naipes que era la tregua entre ambos grupos. De no haber sido por el revolucionario ex-convicto, el encontronazo entre los hombres del sacerdote Nolan Grass y el variopinto grupo que habia capturado a Saford podria haberse desarrollado pacificamente.

En su lugar, la tercera matanza de las alcantarillas iba a dar comienzo, y no todos podrian vivir para contarlo. Al ver a Karl avalanzarse contra Maneverb, Ulisses comenzó a retirarse por donde habia venido, consciente de que no tendria muchas posibilidades de ser útil con su arma en un entorno tan cerrado. O por pura cobardia, pero fuera como fuera el moreno guardia de cloacas desapareció mientras Nasder y Karl efectuaban una carga combinada contra Maneverb Sufrt.

Guardia de cloacas Maneverb Sufrt

Odio este trabajo... Con lo alto que podia haber llegado, y a esto me veo reducido...

-¡Venid mariconas! Puedo con vosotros dos con una sola mano, ¡escoria!


Y asi fue, pues Nasder y Karl llegaron hasta donde el pelirrojo guardia se encontraba. El ex-convicto marcado lanzó un tajo rápido y cruel al cuello del peligroso guardia, pero éste ladeo la cabeza en el último instante evitando el golpe. Sin embargo, al hacerlo quedó a merced de Nasder, que impactó con un golpe descendente de su maza en el hombro derecho del pelirrojo. Éste, escupiendo maldiciones, lanzó una estocada directa hacia el corazón de Karl, quien portaba armadura más ligera y mostraba peor estado que el caballero, para evitar combatir dos contra uno. El golpe fue rápido y con todo el impulso del cuerpo de Maneverb, pero el escudo redondo de elegido de Himain desvió el golpe y dejó al guardia boquiabierto.

Mientras, Jahel vió la oportunidad perfecta de atacar al fiscal, a pesar de la pistola que le encañonaba. El obrero ardia en rabia y odio, y no se perdonaria en la vida haber desaprovechado una oportunidad como aquella para matar a uno de los más importantes miembros del consejo Alptraum.

Jahel Pechocabra

-¿''Quieto escoria'' dices? Tu si que te vas a quedar quieto para el resto de tu vida, ¡malnacido!


El garrote del obrero se dirigió veloz y fuerte hacia el cráneo de Messner, cuya daga fue inutil contra el salvaje embite. El suelo se precipitó hacia su cabeza tras el contundente golpe diagonal directo a la sien que hizo rebotar repetidas veces su cerebro contra su tapa craneal, haciendole perder el sentido. Decenas de astillas se clavaron en su regio rostro y la sangre manó roja y cruda por su ensuciada cofia de mallas, hasta que el último aliento se despidió del cuerpo del politico, quedando este en coma. Su cuello se habia girado hasta el limite dada la fuerza del impacto, y todos los presentes pensaron que este se habia roto.

El fiscal habia caido, y Reinhard no tuvo más remedio que cumplir su amenaza y disparar su pistola, accionando el gatillo antes de que el cuerpo del fiscal tocara el suelo. El cañon del arma efectuó un poderoso disparo que iluminó toda la galeria durante unas décimas de segundo, y el cuerpo del Jahel fue atravesado de lado a lado, mandando al corpulento obrero dos metrós más allá de Reinhard, hasta chocar con una de las paredes del túnel.

Nolan quedó petrificado ante la brutal escena, en la que el fiscal y Jahel habian muerto entre si por sus propios hombres. Todos aquellos eran fieles sigmaritas, y por viejas rencillas politicas iban a matarse entre si. Habia fallado como lider y habia fallado como hombre de dios.

Nolan Grass

¿Todo esto para nada? ¿Tanta muerte y tanto sacrificio para acabar peleando entre nosotros? ¿Que cruel broma es esta, señor?

-¡PARAD TODOS ESTA LOCURA! ¡EL ENEMIGO ES SAFORD, NO NOSOTROS!

Sin embargo, no solo el combate no paró, sino que Saford, protegido por el cuerpo de Reinhard, vió la oportunidad perfecta para vengarse. El cobarde politico sabia que no podria escapar, pero si llevar a cabo la venganza que habia jurado a Karl. Por azar del destino, habia vuelto a encontrarse al hombre que le habia robado sus libros, y el que habia profanado su casa en dos ocasiones. Aprovechando que el ex-convicto peleaba contra Maneverb, Saford se escurrió entre el combate y recogiendo la espada de Tommen que se encontraba a su lado, se avalanzó por la espalda contra Karl y le atravesó el dorsal, furibundo y desesperado.

Oliver Saford

-Rata inmunda... Yo me iré al infierno pero tú te vendrás conmigo...-
dijo entre dientes el sucio sectario mientras la sangre de Karl, atravesada su protección de mallas, bañaba a su asesino en el rostro.

El cuerpo de Karl cayó al suelo inerte, y Tobias lanzó un grito de dolor, cayendo sobre Saford armado únicamente con sus puños y reduciendolo a base de golpes contra el suelo. Nasder, el caballero del Oso Negro, perdió su concentración al ver la muerte de quien habia sido su compañero en la lucha revolucionaria, y eso fue suficiente para que Maneverb encontrara una abertura en la dura defensa del jinete, regalandole un tajo de su espada en la cara que hizo retroceder al caballero, quedando imposibilitado para responder.

En menos de veinte segundos, los cadaveres habian comenzando a colapsar la salida subterranea de la Casa de la Rosa, pero aquello no habia hecho más que empezar. Un sonoro golpe sacó a todos los contendientes de su violenta ceguera, al percatarse de que Lars Trier y los soldados de Jobb Alptraum habian al fin conseguido penetrar la Casa, entrando a mansalva por doquier, y hallando la trampilla abierta. El espectaculo que encontraron tanto en el piso superior, lleno de cadaveres de soldados de Carroburgo, como en los subsuelos, con el caotico combate sin sentido que Karl habia provocado, fue suficiente como para que los soldados desenfundaran sus armas, entrando dos de ellos en la galeria.

Capitán de la guardia de vigilantes Bohüver

-¡Alto todo en mundo en nombre del Conde Elector Jobb! Quien no lance sus armas de inmediato será considerado revolucionario y enemigo de Averland.


Nasder tuvo que reprimir las lágrimas mientras tiraba su maza de armas al suelo, mientras Maneverb saludaba al capitán, viejo conocido suyo. Nolan se acercó a Saford, y le dejó incosciente de un puñetazo directo a la boca, que hizo saltar un par de muelas al escurridizo aliado de Bukter Alptraum, mientras Tobias se lo cargaba al hombro. Y poco a poco, Ulisses volvió a la escena de la pelea, bajó las miradas de reproche de Maneverb, ya acostumbrado a la actitud huidiza de su compañero a la más minima señal de peligro.




22 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

Habian más de doce soldados, acompañados por Lars Trier, en la Casa de la Rosa. Durante media hora sacaron cadaveres a la calle, improvisando una pira funeraria e incinerando los cadaveres, colocando juntos a revolucionarios y mutantes. No importaron las protestas de Nolan, que habia sido igualmente arrestado, ni las súplicas de Tobias, todos y cada uno de los participantes en los sucesos fue desarmado y engrilletado. Mientras se limpiaba la escena del crimen, Maneverb y Ulisses relataron los hechos, demostrando que pese a su incredulidad inicial, el a priori muerto Heinrich habia sido efectivamente el fiscal, y que Reinhard Russ trabajaba para él. Pasaron varias horas de preguntas y explicaciones, mientras el sanitario del cuerpo de vigilantes veia a los tres hombres heridos de gravedad, Jein, Karl y Heinrich. Los dos primeros fueron simplemente estabilizados, pero a Heinrich se le dió un trato preferente, y se le envió a la Mansión Alptraum para que fuera tratado alli, junto a Reinhard Russ como testigo de lo sucedido y Ulisses como representante de la guardia. El resto, Jein, Karl, Nasder, Tobias, Saford y Nolan quedaron apresados y encadenados bajo custodia de la guardia, y fueron llevados al Barrio Viejo donde se habian improvisado unas nuevas instalaciones para la guardia, que ya habia perdido su propio cuartel en el Distrito Sur a manos de los revolucionarios Leitdorf.

Tras pasar toda la noche en vela, Ulisses y Reinhard acompañaron al cirujano que tuvo que atender al moribundo Messner, bajo la atenta mirada del impasible Mannfred Messner, que en su interior sufria como nunca en su vida, acompañado asi mismo de Silvia Alptraum y su hijo, que acababan de visitar a Jobb Alptraum en el improvisado hospital que se habia formado en los Jardines del Barrio Viejo. Al parecer, durante el discurso de investidura, los revolucionarios habian emboscado a Jobb, y uno de ellos habia conseguido dispararle en la espalda. La bala no habia matado al primogenito de Anna Alptraum, pero el cirujano habia temido por algo peor: La afección que habia sufrido su columna en el estirpamiento de la bala de plomo. La columna habia sido dañada, y aunque Jobb habia recuperado la consciencia, le habia sido imposible mover las piernas, quedando confinado a una silla de ruedas.

Mientras tanto, los galenos de la casa Messner intentaban salvar la vida del primogenito Heinrich, cerrando y colocando puntos en su frente, y sacando las astillas de sus fosas nasales, su cuero cabelludo y lo que era más dificil, de su ojo izquierdo. El golpe habia sido devastador, y de no haber sido porque el arma se habia roto al impactar con el craneo del fiscal, su vida habria quedado en manos de Morr. Reinhard sufrió al ver como su compañero era atendido, y tuvo que reprimirse para no demostrar lo que sentia al ver como el galeno sacaba con unas tenazas desinfectadas un trozo de madera afilada de la cuenca ocular de Heinrich. La operación duró varias horas, y durante todo el dia los soldados de Alptraum iban y venian con noticias de nuevos ataques que se repetian por toda la ciudad. Los hombres de Jaran no daban a basto, y tras las noticias del estado de Jobb Alptraum, la moral habia decaido y las deserciones aumentado.

Las grandes familias se reunieron aquella tarde para planear una manea de salvar la ciudad. Tras horas de discusiones entre las casas Norfendeger, Fahen, Messner, Hannodeck, Tullirdef y Alptraum, asi como los consejos de Jaran Tropkter e Ivein Hopked, se llegó al acuerdo de que la única opcion posible era huir ahora que aun estaban a tiempo. Se ordenó al ejército que cerrara a cal y canto las calles del Barrio Viejo y que abandonara el resto de la ciudad a su suerte, mientras cientos de sirvientes comenzaron a empacar los objetos personales más importantes de cada casa, creando una caravana con la que huirian de Averheim a la mañana siguiente, en una retirada de la ciudad ordenanda y bien efectuada de manos del capitán Jaran. Fue Ivein Hopked, quien ostentaba el poder mientras Jobb se recuperaba, quien ordenó marchar a la fortificada Heideck, donde el aseguraba que contaba con aliados, y donde el gran caudal de los Norfendeger podria utilizarse para convencer a Kilmer Vorstub, el terrateniente de la ciudad, de abrazar el bando Alptraum.

Fue ya por la noche cuando Heinrich Messner se recuperó de la operación, entre los cuidados de su esposa y de su padre, que le informaron de todo lo ocurrido y de la decisión del Conde Elector de marchar hacia Heideck, asi como de su desafortunado accidente, que según los galenos no ocasionaria infecciones futuras. Cuando Heinrich se palpó la cuenca del ojo, miles de sentimientos diferentes afloraron en su interior. Habia quedado herido y tuerto de por vida, por culpa de el loco obrero al que Reinhard habia matado, y tendria que acostumbrarse a ello. Fue su cirujano quien le hizo entrega de un bellamente manufacturado ojo de cristal, que le daria un aspecto normal ante el resto del mundo, y fue el mismo quien le enseño a colocarselo y a quitarselo a su antojo.

Mannfred Messner

-¿Como te encuentras, Heinrich? El cirujano me dió señas de que no hicieras muchos esfuerzos durante unos dias, mientras te recuperas del trauma. Vendrás con la caravana que nos llevará mañana al alba en dirección a Heideck, donde volveremos a instaurarnos a la espera de que la familia Grünwald reuna una fuerza suficiente para ajusticiar a ese tirano Leitdorf. No te preocupes, todo va a salir bien...


Al tiempo, Reinhard fue atendido de sus heridas, y se reunió con Ivein Hopked, quien tenia mucho que contarle.

Ivein Hopked

-Reinhard, he oido hablar mucho de ti. De no haber sido por tu ayuda, no habriamos podido salvar la vida de Saford ni la de Heinrich Messner. Te debemos mucho, hijo, más de lo que nunca podremos pagarte.


El extraño consejero de larga barba blanca colocó paternal una mano en el hombro de Reinhard, y prosiguió con los hechos acaecidos durante la operación quirurgica de Heinrich.

-Gracias a ti hemos capturado a Saford, cosa que debimos hacer antes. Por ello, te explicaré a lo que hemos llegado en nuestra investigación. Como tu, yo también he colaborado con Rot Gertl para sacar a la luz a la horrenda organización herética que ha sobornado a nuestros lideres y a nuestros trabajadores durante tantos años, y estoy tan metido como tú en esta investigación. Tras varias horas, Saford nos ha confesado que la secta mantiente un nuevo cabecilla, que escindido de la jerarquia presente en la organziación, ha tomado a todos los sectarios como subditos y se ha nombrado sumo sacerdote. El hereje es un demente que se esconde en las Montañas del Fin del Mundo, y responde al nombre de Gottfried Harrikherr. Harrikherr ha reunido a varios de los clanes disperos de las montañas, asi como a bandidos y degenerados mutantes, y según Saford, habrá de jurar lealtad a Bukter Alptraum en su revuelta del Este de Averland. Bukter es un traidor a nuestro Elector, pero se hace llamar el sucesor del Consejo Provincial, que se constituyó años atrás bajo el fraude del referendum Bacher. Jobb Alptraum no quiso ajusticiar a su propio primo, pero con la información que tenemos ahora es evidente que no queda otra opcion. Es nuestro deber, como buenos ciudadanos imperiales fieles a Sigmar y a la ley, capturar o matar a Bukter Alptraum antes de que se reuna con Gottfried Harrikherr en las Montañas del Este. ¿Puedo contar contigo, Reinhard?

Ivein comentó a Reinhard que Bukter llevaba ya un dia de ventaja, y que al ir el solo con sus mercenarios, no tardaria más de una semana en llegar a su destino. También le explicó al elegido de los dioses que aquella cruzada contra los herejes pronto daria a su fin, pero que para ello habria que hacer un último esfuerzo. Por último, le explico que su hermano Tobias estaba a salvo, pero que no podria acompañarles. Se habia efectuado un juicio contra Nolan Grass aquella misma mañana en la que habia salido inocente de los cargos de traición, y como no se habia demostrado que Tobias Russ se hubiera extralimitado en sus tareas eclesiasticas o que hubiera llevado a cabo ataques contra posesiones Alptraum, ambos quedaron en libertad. Quienes si habian sido declarados culpables fueron Nasder y Jein, que quedaron a disposición de Jaran.

La noche cayó, y ya estaban todos los preparativos hechos para la mañana siguiente, entre los ruidos de detonaciones que se hacian oir por toda la ciudad, cuando Karl Spenholf despertó. A su lado se encontraba Nolan, quien le estaba vendando la herida de la espalda, donde el ruin Saford habia atacado.

Nolan Grass

-Ya era hora de que despertaras, Karl. Hemos tenido suerte... Oh, si, tu no te has enterado de nada... Los soldados Alptraum nos apresaron injustamente, pero han accedido a liberarnos tras unjuicio amañado, en el que han quedado en custodia de Oliver Saford. No, tranquilo, no pasa nada. Hay buenos hombres entre el gobierno Alptraum, y estoy seguro de que una vez Saford haya respondido a sus interrogatorios, será ajusticiado. El mismo Jobb Alptraum, tendido en su silla, me lo ha confirmado. Sin embargo, no he podido salvar ni a Jein ni a Nasder, al pertenecer ambos a organizaciones que ya han sido confirmadas como revolucionarias. Tu has tenido la suerte de no estar en ningún fichero ni de pertenecer a ninguna organzación más que a la santa iglesia.


Tras varios segundos, el ex-convicto se percató de que se encontraba en la Catedral, en las celdas de los sacerdotes, donde habian sido atendidas sus graves heridas. Nolan le confirmó que su trabajo para con la iglesia ya habia terminado, y que al dia siguiente seria libre de ir a donde quisiera, con la gratitud del enorme y aguerrido padre sigmarita.

El dia 21 de Destilario no seria olvidado facilmente para ningún averlandés, pues habia sido el dia en que el Consejo Provincial se disolvia, el dia en que Jobb Alptraum se nombraba Elector, y el dia en que cientos de personas habian sido muertas en la Plenzerplazt, dando asi lugar al inicio de la Revolución Leitdorf. Pero para Karl, Reinhard y Heinrich, aquel dia habia sido el dia en que Oliver Saford habia sido capturado, un hecho que no constaria en ningún libro de historia, pero que perduraria por todos los años del resto de sus vidas en su memoria.




FDI: Creo que este ha sido el post más largo que he hecho en toda la partida. Perdón por ello, pero no me quedaba más remedio, pues habia que adelantar algo la trama y varios pj habian quedado incoscientes.

Las tiradas importantes del combate fueron el ataque de Jahel a Messner, con un 22, fallando este ultimo la parada con un 79 y haciendo el obrero 12 de daño, mandando al fiscal al otro barrio con un critico de 9 en la cabeza y haciendole perder un ojo, un PD y dandole un Punto de Locura.

Reinhard por su parte no desmereció, disparando con un 55 (bono de +20 por ser bocajarro) y haciendole al obrero 11 puntos de daño, que le hicieron un critico de 8 en el cuerpo matandolo bien muerto.

Por último, Karl fallo su ataque a Maneverb con un 69 pero paró perfectamente con su escudo con un 12. Sin embargo, el insidioso Saford atacó por la espalda con un 33 en ataque total, y tras sacar un 8 en el daño, te hizo un critico de 9 en la espalda, haciendote perder otro PD y ganando un Punto de Locura adicional. Para más inri, ya no te quedan PD, asi que tendrás que llevar cuidado de ahora en adelante.

Para acabar, os comentó a cada uno vuestra situación. Heinrich, estas bien grave, pero puedes hablar y moverte por todo el Barrio Viejo. Tienes dos asaltos para ir a donde te plazca, y hablar con quien quieras, incluido Jobb Alptraum, con los prisioneros, con Jaran, Ivein,etc. Exactamente lo mismo para Reinhard Russ, que se encuentra con Ivein Hopked el cual espera una respuesta del ingeniero en cuanto a seguir colaborando para acabar con la serpiente purpura. Tras esto, pues ir a charlar con Mannfred Messner o con los soldados (tiradas de cotilleo por si quieres añadir información), pero no con los jerifaltes de las familias nobles ni en ningún lugar fuera del Barrio Viejo. El resto de la ciudad está vedado, y quien salga de los limites se le considerará traidor al Elector.

En cuanto a Karl, estás en la Catedral del Distrito Sur, muy cerca de la Plenzerplazt. Has dormido más que el resto, pues tu herida era más grave, y te conviene descansar un dia más, hasta el 23 (aunque narremos los hechos de el dia actual y el siguiente en el mismo post, para ahorrar tiempo). Después de este dia, eres libre de ir a donde quieras, pues para entonces todas las familias afines a los Alptraum ya habran huido de la ciudad, y toda Averheim pertenecerá a Markus Leitdorf.

Un saludo, y espero no haberos cansado mucho con este tochaco!

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Re: Prisión de Almas: Acto II

Mensaje por Nimref » 04 Oct 2010, 16:05

Karl van Spenholf

El ataque estaba siendo todo un éxito: pudo ver como Jahel acababa con el fiscal justo antes de recibir un impacto de bala, pero no se preocupo demasiado, al fin y al cabo, Jahel no era uno de los que tuviera que proteger; Nasder y él hicieron una carga conjunta al único guardia que quedaba después de que el otro hubiese huido... solo esperaba que Nolan y Tobias pudiesen encargarse del otro o, al menos, que no interfiriese.

En un rápido intercambio de golpes, Karl puso en práctica lo aprendido en los muchos combates en los que había participado en los últimos días, parando una estocada mortal del guardia. Pero, cuando parecía que iban a conseguir acabar con el guardia, Nolan intentó detenerles con una orden, justo antes de que el reo recibiera una punzada de dolor en el costado.

Se dobló sobre sí mismo el tiempo que miraba con horror como la sangre salía de la herida provocada por el orondo Saford, que reía maléficamente.

Jodido sect... jodido setc... sect... jodido... -era todo lo que pudo articular Karl, presa del dolor, justo antes de escupir a Saford y caer inconsciente en la red de túneles bajo la casa de la rosa.

****************

Una explosión hizo que el exconvicto se despertara súbitamente. A su lado, Nolan había vendado su herida, y le puso al corriente de la situación. Al parecer, haber estado largos años en Prisión por fin daba su frutos (o lo más parecido a ellos: anonimato).

Con el dolor que le imponían las heridas sufridas en todos los combates, Karl solo podía llevarse una mano el pecho y otra al costado, donde tenía las peores heridas, al tiempo que, ausente se miraba su testículo perdido, o el lugar donde debería estar. El cansancio no ayudó a mitigar el dolor, y apenas pudo escuchar las palabras del sacerdote. El expresidiario solo sabía que, extrañamente y a pesar de las heridas, estas experiencias le estaban llenando y, en cierto modo, quería que la cosa siguiera a este ritmo frenético que le recordaba que estaba vivo.

Padre Nolan... me gustaría que siguiese siendo así... -dijo entre susurros, en respuesta al "ni pertenecer a ninguna organización más que a la santa iglesia"- Siempre teniendo en cuenta que debo lealtad a Leitdorf... pero, sin lugar a dudas, me gustaría ayudar cuanto pueda contra los problemas morales que asolan la provincia y solo pueden ser auxiliados desde la fe... claro que, primero me gustaría decírselo a mi superior directo, el consejero Himain, si no hay inconveniente... -dijo Karl, esperando una afirmativa o negativa rotunda del sacerdote, acompañada tal vez de una explicación de su posible función...
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Re: Prisión de Almas: Acto II

Mensaje por Eldril » 04 Oct 2010, 17:09

Reinhard Russ

La ferviente voluntad por parte de los cazadores de sectarios de concluir el encuentro de la manera más pacifica posible se vio reducida a cenizas con la carga de Karl a uno de los guardias. La situación parecía controlada, Nolan no hubiese atacado a Saford, a la vez que Jahel se hubiese mantenido quieto delante del cañon de Reinhard, pero el porvenir de las coas no debía de ser así, y la muerte volvió a sembrar semillas de odio y rabia en los corazones de los supervivientes.

Reinhard tenía demasiadas vidas por las que preocuparse si se entablaba un nuevo combate en las alcantarillas, pues al encontrarse por una banda tres bandos diferidos, y por otra, asuntos personales de los diferentes combatientes, nadie sabía por quien podría ser atacado, o quien le protegería de una puñalada por la espalda.

Karl detonó la tensión reinante en el ambiente, y el bando revolucionario tomó la iniciativa en el combate con un carga conjunta contra el guardia de cloacas, que Reinhard vio como decepcionado como tendría que luchar de nuevo por su supervivencia.

Se puede saber qué demonios tienen en la cabeza?-pensó el ingeniero al ver la carga de los dos revolucionarios contra Maneverb. Y ese, fue el tiempo justo que Jahel aprovecho para atacar a el fiscal, justo el preciso instante en que Reinhard dedicaba una mirada a los dos asaltantes.

Parpadeó, y vio como lentamente el cuerpo del fiscal, aquel que se lo había jugado todo por el bien de la provincia, caía lentamente junto a los cuerpos de los soldados carroburgueses, que horas antes, y haciendo acopio de una gran determinación, habían matado en un sangriento combate. No podía ser, todo el esfuerzo, toda la sangre derramada, todo se vio turbado por la muerte de su compañero, por la muerte del que a marchas forzadas se había convertido en su amigo, y un instinto de rabia puso fin a la anterior amenaza.

NOOOO!! Heinrich!!... –pensó el minero al ver el cuerpo caer del fiscal. La venganza afloró, y el disparo de su pistola fue certero y vengativo.- MUERE ESCORIA!

El disparo fue más certero que el deseo de venganza de Reinhard, pero de no ser así, se hubiese volcado con cuerpo y alma a acabar con la efímera vida de Jahel. Finalmente, decidió abalanzarse a proteger el cuerpo del fiscal, alzando una plegaria a su dios, para que lo mantuviera con vida.

Sigmar, sé que Heinrich aún no debe morir, lo ha dado todo por nuestra causa… por favor, mantenlo alejado de las puertas de Morr…

Después de este suceso, todo aconteció muy rápido. Nolan quería parar el baño de sangre. Saford se aprovechó para atacar a traición a Karl, y lo que aún sorprendió mas al aguerrido ingeniero fue la aparición de doce soldados fieles a Jobb Alptraum, que sin dar crédito a explicaciones, arrestaron a todos los presentes en lo que sería recordado como la matanza de las alcantarillas.

Luego, se hicieron piras con los cuerpos inertes, y a prisa y junto con Ulisses y Reinhard, se llevaron el cuerpo de Heinrich a la mansión Alptraum, con tal de tratar el cuerpo aun con vida del fiscal.

Gracias Sigmar… gracias por escuchar mi plegaria

Nolan, Tobias y los demás supervivientes, fueron arrestados y llevados a las nuevas instalaciones de la guardia. Y antes de despedirse, los dos hermanos se reunieron unos instantes.

-Tobias… com… como diantres habéis llegado hasta ahí? – Exclamó el minero a modo de enfado al ver en el lió en que su hermano se encontraba ahora. Reinhard estaba nervioso pues no sabía lo que podría suceder con los “revolucionarios” que habían aparentado ser Nolan y Tobias- perdóname… me preocupa mucho lo que os pueda suceder ahora- el ingeniero trató de recomponerse- me alegro mucho de verte hermano… parece que al final las cosas no han acabado de ir como esperábamos, verdad? – trató de hacer una mueca de sonrisa con tal de calmar un poco el ambiente- Te prometo que haré todo lo que esté en mis manos para que salgas en cuanto antes del antro al que ahora te llevan. –Los dos hermanos se dieron un fuerte abrazo mientras los guardias venían a buscar al preso.- Nolan!! Lo dejo en tus manos!

Y con toda la prisa que pudieron, se dirigieron hacia el palacio para poner a salvo la frágil vida del fiscal de la provincia. La operación duró largo tiempo, y toda su familia sufrió, casi tanto o más dolor que el propio fiscal. El minero, permaneció cerca, pidiéndole a Sigmar que velase por él.

Más tarde, cuando la operación acabo, las casas nobles se reunieron para determinar el camino a seguir, ahora que Averheim era insostenible, y la decisión fue abandonar la ciudad en dirección a Heideick, donde el que era el gobierno vigente, podría mantenerse unido y seguro.

Fue Ivein Hopked quien una vez tratadas las heridas de Reinhard, vino a explicarle la situación, a la vez que le explicaba el estado de Nolan y Tobias. Y le encomendaba la que sería su siguiente misión.

-No debéis pagarme nada, pues los designios de Sigmar van más allá de todo bien y todo mal. -frente a la noticia del estado de salud de Heinrich, el ingeniero no pudo más que alegrarse- estas noticias que me traes son agradables de oír, Ivein. Me alegro que Sigmar no haya permitido a un hombre que a luchado por el bien de nuestro pueblo cruzar las puertas de Morr.

Reihard dejó que Hopked acabara de explicarle la situación en general, a la vez que respiró tranquilo cuando el consejero espiritual informó que habían logrado sacarle información al malnacido de Saford.

Gottfried… Gottfried Harrikher… -ese nombre resonó en el cráneo del elegido – si…SI… -Reinhard estaba convencido- gracias Sigmar por volverme a brindar otra oportunidad de vengar mi sufrimiento y el de nuestro pueblo.

-Gottfried Harriker, me tuvo esclavizado… junto a Dieter y a Eimur…-Reinhard trató de recordar. El ingeniero había cambiado, antes odiaba hacer referencia alguna a hechos que marcaron su destino. La lucha en Monheim, la mutación de Jaff, el esclavismo de Gottfrierd… pero ahora, esas hechos eran su pilar donde se mantenía erguido frente a su lucha contra los dioses oscuros. Del recuerdo de todo sufrimiento pasado, sacaba la determinación y fuerza para llevar hasta el fin, su venganza, y la salvación del pueblo. Sus recuerdos, alimentaban su fe en un futuro mejor, y la situación actual, requería sobretodo de mucha fe y esperanza. –Jaff Harter nos mutó, y nos entrego a Gottfried y los suyos para que nos vendieran por piedra bruja. Huimos, y Dieter, y más tarde Eimur perecieron… Acabaré con ambos, si eso es lo que Sigmar quiere.-Aunque no lo pareciese, esa pretendía ser una respuesta a la solicitud de Ivein, a la que el minero aún tuvo alguna cosa más que añadir. –Contáis conmigo y con el favor de Sigmar consejero Ivein. Yo dedicaré cuerpo y alma en cazar la escoria sectaria, pero necesito tu palabra de que mantendrás a Jaran vigilado. –Reinhard no cambio el gesto delante de la expresión de Ivein al oír ese nombre. –Rot nos confirmó que Jaran también tiene indicios de corrupción, y no es nada descabellado dejar una venenosa serpiente en el corazón de cada bando, con tal de poder morder en el momento oportuno, no cree?- El elegido de Sigmar quería acabar con la secta de raíz, así que no podía dejar ningún cabo suelto, ni dejar que ningún sectario desapareciese del mapa, sin previo aviso.-Yo me encargaré de Butker o pereceré en el intento, pero por favor, si me ocurre algo, encargaros de Jaran, de acuerdo?

Luego Ivein acabo explicando el estado de Tobias y Nolan. Se habían salvado. Pero a cambio de la tapadera, no podrían acompañarles en la erradicación de la secta. Aun así, ese era un precio que merecía pagar.
-Gracias por todo Ivein, mi corazón reposa tranquilo al saber como les han ido las cosas a Nolan y Tobias. Por cierto, antes de marchar, podrás enviarle una carta a Rot explicándole lo sucedido? Creo que le interesará saber el estado de las cosas, y la verdad, tal y como és, debe de estar ansioso por tener noticias nuevas, no cree?- la tensión que Reinhard mantenía en su cuerpo empezó a desaparecer con las noticias sobre Tobias y Nolan, así que tuvo humor suficiente para lanzar una sonrisa cuando hacia el comentario referente a Rot.

-Por cierto, Ivein… cree que podría hablar con Saford antes de dirigirnos hacia Heideick? –Reinhard sabía que él difícilmente lograría sacarle más información de la que hubieran logrado con todas esas horas de métodos algo expeditivos, pero quería hablar con aquella persona que poco a poca había logrado dinamitar el gobierno de la provincia, hasta sumirla en el caos en que ahora se encontraba.

De camino a la celda de Saford, el ingeniero decidió ir a visitar a Heinrich, pues ese dia quedaría duramente reflejado en el rostro del fiscal.

-Heinrich? – preguntó Reinhard al verlo tumbado en la cama- como te encuentras?- el fiscal giró el rostro hacia donde Reinhard se encontraba, y el minero pudo ver con rostro severo, que Heinrich había perdido un ojo en el ataque de Jahel. Su familia también se encontraba ahí, y pudo ver el dolor en las expresiones de cada uno de ellos.- Siento no haber podido evitarlo Heinrich… el culpable pagó, lo juro… pero esa cicatriz –Reinhard levanto la mano amputada- igual que esta, jamás se curan… aunque siempre nos recuerdan algo, y nos dan vigor y determinación. – Reinhard había pasado por eso, él había perdido las dos manos, y intento pronunciar las palabras que a él, en esos instantes de dolor, le hubiesen sanado más su corazón.

-Descansa, pues tenemos un largo camino hacia Heideick.- Reinhard dio tiempo a la respuesta del fiscal, y al despedirse- Ahora me dirijo a hablar con Saford… Nos veremos mañana, de acuerdo?

Y con determinación se dirigió a encontrarse con Oliver Saford, el mismo que había puesto en duda, todo el gobierno de Averland.

FDI: eso es todo. Si puedo ir a ver a Saford iré, antes pasando a ver a Heinrich para darle un saludo.
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Re: Prisión de Almas: Acto II

Mensaje por Weiss » 04 Oct 2010, 22:04

Heinrich Messner

La situación no podía ser más tensa en las alcantarillas. Todos los presentes aguardaban espectantes, esperando a que alguien diese el primer paso, o mostrase cualquier signo de hostilidad hacia el bando contrario. Tras haber dejado clara su postura, Messner se alzaba frente al belicoso obrero, con las armas a punto. Por su parte, aquel asesino acariciaba un pesado garrote, deseoso de estampárselo al fiscal en la cabeza. Tras unos instantes que parecieron eternos, uno de los revolucionarios avanzó, tomando la palabra. Cuanto de su boca salió no fueron más que sandeces.

Aquellos hombres eran unos traidores, y era inútil que tratasen de dárselas de paladines de la Iglesia. Qué hacía con ellos el apático padre Nolan era algo que desconocía Messner por completo. Lo cierto era que la actitud del sacerdote le descolocaba bastante, pues esperaba que les hubiese apoyado. De momento, el religioso guardaba silencio. En cuanto al que estaba hablando, empezó a exigir algún tipo de inmunidad, de aval, y a decir que Messner debería acordarse de su caso...

Fue entonces cuando aquel cretino atacó a uno de los guardias, desencadenando el combate. Messner se distrajo unos instantes, sobresaltado por lo repentino del ataque. Craso error, pues aquellos instantes fueron suficientes como para que el obrero se lanzase furioso contra él, escupienso y gritando como un descosido. Consciente de su error, Messner trató de interponer su daga entre el monstruoso garrote y él, en un rapidísimo acto reflejo. Sin embargo, fue totalmente inútil. La ligera daga del fiscal no fue rival para el arma de su contrincante, y salió despedida nada más recibir el golpe. El impacto alcanzó de lleno a Heinrich Messner en la parte izquierda del cráneo, a la altura de lojo. El dolor fue inconcebible. El fiscal salió despedido hacia atrás, mientras un fogonazo llenaba las cloacas. Creyó ver a su atacante ser impactado. Tras una caída que pareció eterna, el cuerpo del desdichado fiscal tocó el firme.

Todo se volvió negro.


Aquellos que habían estado a punto de morir describían tal trance de variadas maneras. Unos juraban haber visto los portales de Morr. Otros clamaban haber estado en presencia del mismísimo señor de la muerte. Algunos pretendía haber sido bañados por una luz, y unos pocos habían contemplado su propio cadáver desde lo alto, como volando. Messner no experimentó ninguna de esas sensaciones. Sin embargo, tampoco le sorprendió lo más mínimo volver a encontrarse por enésima vez con Muerte en los Caminos.

Heinrich Messner vestía de un negro impecable, más no era el negro de la fiscalía. Era el negro de los funerales. Tanto él como Wrak estaban sentado en el último banco de una pequeña capilla, en la que una multitud de figuras velaban un cuerpo. Nadie parecía reparar en ellos dos, pero el fiscal sí lo hizo en los allí presentes. A los pies del ataúd, Isabella von Adler lloraba. Junto a ella, Silvia Alptraum colocaba un ramo de flores junto al féretro, de la mano del pequeño Mannfred Messner-Alptraum. El niño preguntaba que cuándo se levantaría su papá, ignorante de lo que a su alrededor acontecía. Junto a la cabeza del difunto, Mannfred Messner aguantaba el tipo, asintiendo a los hombres y mujeres que se le acercaban para expresarle sus condolencias. Konrad Trademann, cabizbajo, acompañaba al líder de la Casa Messner.

No hacía falta ser muy inteligente para adivinar a quién estaban velando. Heinrich le dirigió una mirada incrédula a Muerte en los Caminos, que asintió lentamente. Messner se levantó del banco, y se acercó al ataúd. Como era de esperar, el muerto era él. Con la piel totalmente pálida y el pelo bien peinado, el fallecido fiscal tenía una apariencia bastante majestuosa. Heinrich se giró, y Wrak ya estaba justo detrás de él.

-¿Estoy muerto?.

-Por mucho que os cueste creer, aún no estarlo. Pero casi. Haber estado muy cerca, fiscal, pero por alguna absurda razón vos seguir vivo. Ésto sólo ser lo que haber pasado si no ser tan afortunado.

-Y si no estoy muerto, ¿para qué me mostráis ésto?. ¿Qué ha sido de mí?.

-Estimado fiscal, yo mostrarlo para que vos ver lo que pasaría si morir. Vos ir alegremente a matar sectarios, a luchar en cloacas, y dejar mujer, hijo, amigos y parientes en casa. Vos haber estado a punto de dejar huérfano a Mannfred, viuda a Silvia, aunque dudo que le importase... Vos no ser guerrero, Heinrich, aceptarlo de una vez. La próxima vez puede que no tener tanta suerte.

-No soy yo quien elige todas estas situaciones. Nada me agradaría más que no volver a tocar una espada en mi vida. Pero es como si el destino fuese caprichoso, como si colocase los enfrentamientos en mi camino. Los hombres de Saford, los guardias, los revolucionarios... Ahí yo no puedo hacer nada.

-No, fiscal, no poder hacer nada. Lo que llevarnos al asunto de siempre. Estar como al principio, Heinrich. Vos no elegir cómo cosas ser. Vos ser títere de otros. ¿Destino, poderes ruinosos, dioses... puede que un mortal?. No haber aprendido nada aún. No haberos liberado de las cadenas que os atan. Haber estado a punto de morir varias veces. Por mí, por Oliver Saford, por Effermann... empezad de una vez a elegir cómo vivir. Elegid, o seguir siendo marioneta.

-¿Y qué debo hacer?. Sólo trato de hacer lo correcto.

-Eso deber averiguarlo vos, fiscal. Si vos no saberlo, yo no saberlo. Imagino que ya haberos dado cuenta, pero yo no ser más que vos. Yo ser aquella parte de la que vos no querer darse cuenta, aquellas cosas que no queréis ver. Por eso, no tengo más respuestas que las que vos no querer daros. Ahora despertar. Espero que haber aprendido algo de todo esto...



Lentamente, Heinrich Messner abrió los ojos. Por lo menos, eso pensaba él... Su padre pronto se percató de ello, y con gran alegría anunció la nueva al resto de los presentes. Por alguna razón que le puso los pelos de punta la escena era francamente parecida a la de su sueño. Mannfred a la cabecera de la cama, y Silvia, Isabella y el pequeño Mannfred a los pies. Sólo la ausencia de Trademann era la nota discordante. Heinrich quedó cegado por la luz, y se llevó las manos a los ojos, que le picaban al ver la claridad después de sabía Sigmar cuánto tiempo. Messner no fue consciente de la reacción de las caras de sus familiares en aquel momento, y si lo fue, no le dio mayor importancia. No fue hasta unos instantes más tarde cuando se dio cuenta de que donde antes había estado su ojo izquierdo, ahora había una cuenca vacía. No pudo evitar gritar.

Su padre y, sorprendentemente, Silvia, se apresuraron a calmarlo, sujetándole, abrazándole y susurrándole palabras de aliento y tranquilidad. Pero no había tranquilidad posible. Messner había perdido un ojo. Aquelo bastardo le había dejado tuerto. Messner se aseguraría de que si no estaba muerto ya, lo estaría pronto. Él y el imbécil que había provocado la pelea. Heinrich estalló en lágrimas, y le llevó un rato recuperarse. Perder algo tan importante como un ojo era un trance que pocos hombres tenían que experimentar, y el fiscal fue consciente de lo duro que era. Pasado un rato, reunió la suficiente tranquilidad como para preguntar por qué había pasado en todo aquel tiempo.

Aliviado, Mannfred Messner comenzó a contarle cómo había sucedido la pelea, cómo el obrero había muerto, cómo Saford había apuñalado a otro, y cómo la guardia había irrumpido deteniendo a los malhechores. Además, quien había guiado a la guardia no había sido otro que Lars Trier. El conocer todos aquellos datos reconfortó en gran medida a Messner. Su misión había tenido éxito, Russ estaba sano y salvo, y además había vengado el ojo del fiscal. Saford seguía vivo, y volvía a tener noticias de Trier. Había pagado un alto precio, pero lo habían logrado. No tan alentadoras fueron las noticias de la herida de Jobb, del combate en la Pleszerplatz y de la retirada de la capital. Por lo menos el Conde seguía vivo, cosa que no podía decirse de Inmaister Bringundherfs, que había sido asesinado por la chusma revolucionaria. Por si fuese poco, su familia había abandonado la causa. En cuanto a la herida, Mannfred insistió en que habían podido curarla limpiamente, y esperaban que no se infectase. Un cirujano corroboró sus palabras, mientras le presentaba un elaborado ojo de cristal, casi idéntico al perdido por Messner. Heinrich agradeció al cirujano sus cuidados, así como la prótesis. Una vez que el cirujano abandonó la estancia, el fiscal se dirigió a su padre.

-Premiad con cinco coronas a cada cirujano. Dad otras quince a Russ, por todo lo que ha hecho por mí. Además, anunciad que entregaré diez a quien me traiga la cabeza del bastardo que inició el combate en las alcantarillas... Os agradezco a todos la atención que me habéis prestado, no os imagináis cuánto os lo agradezco. -Se giró para mirar a Silvia- Sobre todo a vos, querida. Siento todo lo que os he hecho pasar. Siento mis ausencias y retrasos. Siento no haber sido el marido que esperábais. Os aseguro que a partir de ahora enmendaré mis errores.

El pequeño Mannfred jugaba a su aire mientras, correteando por la sala. Messner sonrió. Luego miró a sus progenitores.

-Gracias. Os aseguro que no volveré a daros tales sustos. Se acabaron las cabalgatas y los combates. No me vienen nada bien...

Como intentando quitar hierro al asunto, el fiscal esbozó una sonrisa.

-Me gustaría dar un paseo. Creo que ya he tenido suficiente cama por ahora. Tengo que ver a Konrad, me temo que prefiero contarle las cosas de primera mano...

En aquel momento, alguien entró por la puerta. Era Reinhard Russ. Mannfred Messner miró al joven minero con aprobación, y se apartó para dejarle sitio. Messner fue consciente del cambio en la cara de su compañero cuando vio su cuenca vacía. Era comprensible.

-¿Heinrich, cómo te encuentras?. Siento no haber podido evitarlo, Heinrich… el culpable pagó, lo juro… pero esa cicatriz... igual que esta, jamás se curan… aunque siempre nos recuerdan algo, y nos dan vigor y determinación. Descansa, pues tenemos un largo camino hacia Heideick. Ahora me dirijo a hablar con Saford… Nos veremos mañana, ¿de acuerdo?

-Un poco aturdido, pero nada más. Al parecer no me convienen los esfuerzos en unos pocos días... Os agradezco de corazón que dieseis buenas cuenta del culpable, Russ, no esperaba menos de alguien tan valiente como vos... Sí, espero que ésto -Messner señaló el lugar donde había estado su ojo- nos sirva para seguir más fuertes. Por lo menos será un recordatorio constante de contra qué luchamos, y el daño que puede causar. Pasad un buen rato con ese bastardo. Nos veremos mañana.

Junto con Russ también salieron de la sala el resto de acompañantes de Messner. Segundos después, un sirviente entró para ayudar a su señor a vestirse. Se puso una túnica de los colores de los Messner. Al desvertirse, pudo ver en todo su esplendor las heridas de su cuerpo, ahora cosidas. Una en el muslo, otra larga en el tórax y una última en el brazo derecho. Los cirujanos habían hecho bien su trabajo, pues el dolor había disminuido bastante. Messner no pudo evitar cierto estremecimiento al contemplar al criado que le ayudó. Aún no sabía quién había tratado con Migolver. Cuando terminó, salió de su habitacón, en busca de Konrad Trademann. Nada mejor que una charla y algo de vodka para hacer más llevadera la convalecencia. Aún así, tenía varias cosas que hacer, así que no podría dedicar todo el tiempo que habría deseado. Tenía que entrevistarse con Jobb, y si pudiese con Saford y Effermann. Por último, debía dar las gracias y la enhorabuena a Lars Trier.

En la vida de Messner, incluso en la convalecencia, apenas había tiempo para el reposo...
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Saratai
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Re: Prisión de Almas: Acto II

Mensaje por Saratai » 06 Oct 2010, 15:17

22 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

El jefe diplómatico de Jobb Alptraum se puso en pie, dando un paseo. A su espalda, Adolf Lieb caminaba sombrio, recriminandole con la mirada. Como de costumbre, no decia nada, pero pensaba y mucho. Pensaba en como le habia fallado a su señor, estando lejos de él. Pensaba en que habia estado a punto de perder su lucrativo oficio. Y también pensaba que no dejaria a su señor combatir otra vez, pasara lo que pasara.

Lieb distribuyó las ordenes de Heinrich Messner, entregando quince coronas al equipo de cirugia que le habia salvado la vida a Messner, dando otras quince a Russ quien habia llevado el cuerpo incosciente del antiguo fiscal, y por último, y con lo que más disfrutó, enviandole un mensaje a su primo Greit. No, no habia duda, Greit no fallaria trayendo la cabeza de ese tal Karl, no habia fallado nunca y no lo haria ahora. Diez coronas extra era un buen sueldo, y como Greit haria el trabajo por nueve, Adolf cobraria un extra por las molestias.

Heinrich pudo ver a Erwin, y también charlar con su padre y con su esposa. Mannfred Messner no estaba de buen humor, pero Silvia fue reconfortante, otorgandole algo de cariño y amor antes de que el diplomático marchara para su reunión con Konrad. Trademann se habia convertido en un buen amigo de Messner, y habian adoptado la costumbre de charlar largo y tendido durante los últimos dias. Al administrador le habria gustado pasar más tiempo con Messner, pero Jobb le habia necesitado ahora más que nunca, y cuando Heinrich llegó a la mansión Alptraum donde Jaran, Ivein Hopked y Konrad habian retocado los últimos detalles mientras Jobb dormia, Trademann fue feliz de ver a su amigo en relativamente buen estado.

Konrad Trademann

-Dioses Heinrich, lo he pasado muy mal todo el dia. Los cirujanos dudaron de tu recuperación, y ha sido necesario esperar mucho para que estuvieras fuera de riesgo... Ojala pudieramos darte unas merecidas vacaciones, pero tu accidente no podia haber ocurrido en peor momento.


El administrador preparó el mismo unas bebidas, y tomó asiento con Heinrich, mientras Ivein se dirigia a hablar con Reinhard Russ, que se encontraba por la zona. Jaran en cambio, comenzó a preparar a sus tropas para la pronta partida, calculando la ruta y el tiempo que tardarian en llegar al destino escogido, y no pasaba desapercibido que desde que el rudo militar salvara la vida de Jobb, se habia convertido en el favorito del Conde. Konrad hablo largo y tendido con Heinrich, informandole de todos los cambios acontecidos, asi como la nueva situación política, que el diplómatico Messner deberia memorizar.

-Heinrich, tengo otra terrible noticia... Hemos perdido Averheim. Ayer tarde, mientras tu te encargabas de ir (temerariamente, permiteme decirlo) por las alcantarillas en una tarea suicida, Jobb Alptraum sufrió la ira de los rebeldes en la Plenzerplazt. Perdimos muchos hombres, y el mismo fue herido de gravedad. Los malditos seguidores del demente Markus Leitdorf aprovecharon la situación, y detonaron explosivos matando a nuestros guardias, y dando un golpe de Estado. Hemos perdido el Palacio de Gobierno, y ahora en el se sienta un analfabeto obrero, el maestre de los Osos Negros, los taimados Mahiven y un puñado de tileanos sin honor. En eso se ha reducido nuestra ciudad, amigo mio. No podemos contener a sus hordas, asi que Ivein ha optado por dirigirnos a Heideck, donde cuenta con amigos. Heideck es inexpugnable, y alli estaremos a salvo y en una buena posición, justo en el centro de la provincia. Te necesitaremos bien apto para negociar con los terratenientes de la ciudad una alianza con Jobb. Tenemos demasiados enemigos, y si seguimos asi, perderemos esta guerra y acabaremos colgados de alguna misera pica.


En ese instante, Jaran Tropkter entró educadamente en el cuarto, con una inclinación de cabeza como saludo. Konrad le habia pedido que hiciera un recuento de sus hombres, asi como de que informara de la situación militar del bando Alptraum. El rudo capitán miró a Heinrich, pero fue dificil para el Messner averiguar que pasaba por su cabeza. La carrera profesional de ambos habia subido como la espuma en los últimos seis años, Heinrich pasando de ser un ayudante más del fiscal a ser el diplomático en jefe del Conde Elector, y Jaran de dirigir un puñado de hombres en el cuerpo de vigilantes a ser el capitán de las fuerzas averlandesas leales al Elector oficial. No habian tratado mucho, pero dadas las circustancias, uno y otro deberian confiarse sus vidas, pues de lo bien que trabajaran juntos dependeria la supervivencia del bando Alptraum.

Capitán Jaran Tropkter

-Herr Trademann, Herr Messner, pido disculpas por interrumpir su reunión pero tengo información muy importante que reportarles. He perdido el 80% de la guardia personal de nuestro Elector, y un 60% de mis vigilantes ha renunciado. Todo apunta a que Anna Alptraum sigue en Streissen, bajo yugo Leitdorf. Asi mismo, he de informarles que el escriba Tobias Grünwald ha sido hallado muerto esta tarde en las inmediaciones de la Zona Comercial, apaleado por una banda itinerante de rebeldes obreros de la Fundición que no han podido ser capturados. Por último, tambien decir que no he recibido noticias del capitán Twin ni de los hombres que fueron a defender Legenfeld del ataque talabeclandés, ni de Vergamont Fahen, que debiera haber escrito hace cuatro dias. Recordar que el capitán Tretmund tampoco se encuentra disponible, pues no le ha quedado más remedio que viajar hasta Agbeiten para auxiliar a nuestros aliados y al señor Matthias von Grünwald, que no estará contento con la noticia de la muerte de su tio.


Tras dejar una pausa para que ambos ministros digerieran la información (desorbitadamente negativa), Jaran continuó entregando los reportes. El capitán habia aprendido a escribir, pero su letra era torpe e infantil, por lo que se vió obligado a explicarlo todo en viva voz.

-Contamos con un total de doscientos hombres de mis tropas, más un cien más de hombres de armas que servian como vigilantes, lo que hace un total de trescientos, señorias. Además, las familias Fahen, Treitt, Norfendeger, Alptraum y demás aliadas han contratado los servicios de un total de cincuenta hombres más entre todas, que nos darán apoyo en la retirada que debemos hacer a toda costa mañana a primera hora. No tengo duda de que el enemigo, superior en numero y equipamiento, nos hostigará durante las primeras horas de marcha, y estimo una perdida de entre veinte y setenta hombres, que tendremos que apostar para defender las posiciones y asegurar la retirada de las diligencias y carros que transportaran a los sirvientes y familias aliadas, cuyo numero total asciende a quinientos, más cincuenta hombres capturados del bando enemigo. Es una operación muy delicada, que nos llevará todo el dia de mañana, pues habrá de efectuarse por la Puerta Norte, la única que tenemos bajo control. Estimo en cuatro dias el viaja a Heideck, en caso de no encontrar serios contratiempos.

Jaran se rascó la barbilla con poca delicadeza, y terminó sus reportes con la situación general de la provincia, desplegando un mapa sobre la mesa.

-Con muchisima suerte, nuestras fuerzas serán de unos doscientos cincuenta hombres para cuando lleguemos a Heideck, donde, permitanme mi opinión, nos urge reclutar más, como minimo cien hombres adicionales, y eso solo para defender los territorios, no podemos ni pensar en llevar una ataque aun. En cambio, el capitán Tretmund y Matthias von Grünwald contarán, según su útlima carta, con unos trescientos-cuatrocientos soldados para defender Agbeiten y Hochsleben, asi como atacar puntos localizados, y rezo porque no sean más agresivos o dejarian puntos abiertos entre los territorios de la rivera del Reik. Esto es lo único que tenemos, dos ejercitos, el que nos escoltará hasta Heideck y el de Tretmund, ambos inferiores a cuatrocientos hombres. Desconozco el numero de ejercitos enemigos, pero intuyo de que el Consejo Provincial del Este de Herr Bukter debe contar como minimo con un ejército superior a doscientas espadas, que los talabeclandeses, como minimo, con dos ejercitos superiores a trescientas espadas cada uno, y que los revolucionarios tendrán unos cuatro ejercitos superiores a cien lanzas cada uno, siendo esta la fuerza más numerosa y movil. Supongo que los Alder, que son neutrales, asi como los terratenientes de Heideck, tendrán sus propias guarniciones.


Tras finalizar sus informes, Jaran se retiró con el permiso de Konrad y Heinrich, pues tenia mucho que preparar, asi como elegir que hombres habrian de sacrificarse para cubrir la retirada del ejército y los partidarios Alptraum. Konrad se giró ante Messner, y con preocupación, le pidió su opinión.

Konrad Trademann

-Heinrich, me gustaria mucho que me contaras con tus propias palabras que ocurrió anoche en las alcantarillas, pero lo que Jaran ha dicho me ha dejado descorazonado. ¿Como vamos a lidiar con tanto enemigo? Tenemos que pensar en alguna solución, o iremos perdiendo territorios cada semana...


Tras unos instantes en que Heinrich pudo contestar a Konrad, un sirviente llamó a la puerta y entró en la sala, empujando una silla de ruedas. Trademann no tardó en levantarse y hacer una reverencia, pues quien iba tristemente sentado en su rodante trono de metal no era otro que el joven Jobb Alptraum.






El fraternal Ivein Hopked mostró una feliz sonrisa ante la determinación de Reinhard Russ. Su valentia le inspiraba, y sabia que hombres como el podian cambiar el mundo con su ferrea voluntad.

Ivein Hopked

-No dudes de que informare al lector de la Catedral, a Efferman y a Rot. Todos ellos nos apoyan, y se encargarán de informarnos de todo movimiento que el enemigo lleve a cabo. Dudo que la ciudad aguante en el estado de Caos en el que se encuentra... Aun asi, tu hermano estará a salvo, Russ, no me cabe duda. Saford se encuentra en la casa de la familia Fahen, en los jardines, duramente custodiado. Todos han oido hablar de ti, asi que no tendrás problema alguno en hablar con él, hijo.


El consejero se levantó, acompañando a Reinhard a la salida, y pidiendole un último favor. Antes de hacerlo, el siniestro guardaespaldas de Heinrich Messner, Lieb, entregó a Russ un sobre sellado, con el pago por el servicio realizado. Quince coronas se encontraban en él.

-Hijo, hay una cosa que si quiero pedirte-
continuó Ivein tras la interrupción, entre los ruidos que los sirvientes hacian transportando cajas y objetos de las casas a las diligencias, que ya se encontraban listas para partir -y es que sepas que el único bando en esta contienda que de verdad lucha por los dioses y por la justicia es el nuestro. Los Leitdorfs, con su revolución, han causado tanto daño como Gottfried Harrikher, al que sin duda daremos caza con tu ayuda. De no haber sido por esos revolucionarios, podriamos haber caido con toda nuestra fuerza sobre los corruptos. Por ello, no olvides que esos bandoleros y criminales son tan peligrosos y dañinos como los propios seguidores del Consejo Provincial.

Tras aquellas palabras, Reinhard pudo dirigirse hacia los jardines Fahen, que al dia siguiente serian saqueados. Alli, entre cuatro soldados, se encontraba una caseta donde Oliver habia sido confinado. El regordete sectario yacia semidesnudo y humillado en una silla, atado de pies y manos y afeitada la cabeza. En su cuello mostraba una marca de convicto, y en las estanterias de la oscura salita habian instrumentos de tortura que sin duda ya habian sido usados. Los soldados abrieron paso a Reinhard, saludandolo con admiración pues sabian que el habia sido el mayor artifice de la captura de aquel traidor corrupto.

Cuando el redentor de Monheim vió a Saford, pudo comprobar que estaba tiritanto de frio y miedo, y que su piel habia sido lacerada para que se mostrase más reacio a colaborar. En su espalda, varias insignias tatuadas se mostraban, ligeramente parecidas a las de Augoste Getter, pero ni mucho menos igual de grandes. Estas eran delgadas lineas, muy separadas y que no ocupaban mucha parte de su grasiento y tremulo cuerpo. Según habia dicho uno de los guardias, no tardarian en ejecutarlo, pero se queria esperar hasta llegar a Heideck, para que la ejecución fuera pública. Todo aquello habia sido idea de Ivein Hopked, que según contaban todos tenia especial interés en llegar a aquella ciudad.

Oliver Saford

-No, por favor, ya lo he dicho todo...-
dijo Saford en voz cansada y debil, sin ser capaz de reconocer a Reinhard -Gottfried es el culpable, el y sus malditos seguidores... El desobedeció al Rey del Submundo, el desobedeció al fundador... Ya lo he dicho todo...




FDI


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Re: Prisión de Almas: Acto II

Mensaje por Weiss » 06 Oct 2010, 20:02

Heinrich Messner

En cuanto Messner salió de la alcoba que le habían asignado en el Palacio Alptraum Lieb se levantó de la silla en la que había estado esperando a su señor. Eficiente, ya se había ocupado de las peticiones de Messner, recompensando a Russ y a los cirujanos, y anunciando que se abría la veda para cazar a aquel tal Karl. Sin embargo, era obvio que algo le pasaba al hombre. No se atrevía a mirar a su amo, y caminaba cabizbajo y en silencio detrás de él, mientras Messner se dirigía al exterior del magnífico edificio.

Lieb no parecía ser muy hablador, así que el fiscal no esperaba que le diese una conversación apasionante. Aún así, se notaba a millas que algo rondaba la cabeza del guardaespaldas. Cuando los dos hombres llegaron a la calle, Messner se dio la vuelta y se encaró a Lieb.

-No os culpéis, Herr Lieb. Fui yo quien partió sin esperaros. Nada de lo que pasó fue culpa vuestra, y nadie os reprochará nada. Caminad con la cabeza alta, caballero, pues servís en el bando del legítimo señor de Averland. No todos pueden decir eso.

Esperando haber reconfortado al dolido mercenario, Messner contempló el paisaje a su alrededor. El Barrio Viejo estaba más activo y concurrido que nunca, pero esta vez la escena era radicalmente diferente a la habitual. No eran caballeros y damas, ostentosos carruajes y engalanados chambelanes los que atestaban el Barrio, sino soldados, carromatos, cirujanos y criados transportando cajas incansablemente. Messner sintió un escalofrío. Tantos siglos de historia, las moradas de tantos linajes ilustres abandonados a su suerte. Las mansiones de los señores de Averland serían saqueadas por campesinos llenos de odio, azuzados por líderes mentirosos, y no respetarían ni la historia ni el arte que allí se guardaba. Era muy triste. A lo lejos, pudo ver la Mansión Messner, de la que hileras de sirvientes sacaban cajas que guardaban en carros. Una sensación de tristeza embargó al fiscal. Decidió acercarse a su casa, aunque fuese para despedirse de ella. Una vez allí, se percató de que su familia debía haber pensado algo parecido. Allí estaban Mannfred, Isabella, Silvia y el pequeño Mannfred. Intentando librarse de los sombríos pensamientos que llenaban su cabeza, Messner pasó un rato con ellos, hablando o jugando con su jovencísimo heredero. Un súbito relincho le recordó que en esa finca se hallaba otro buen amigo suyo. En las caballerizas, Erwin resoplaba feliz de volver a ver a su dueño. Siempre bajo la atenta mirada de Lieb, Heinrich dedicó unos minutos a acariciar las crines de su montura. Luego volvió a emprender la marcha hacia el Palacio Alptraum, donde Trademann organizaba la retirada junto con otros dirigentes.

El ambiente pesimista era generalizado en el barrio. Incluso los poco antes arrogantes y altivos nobles parecían menguar y envejecer, al ser conscientes de que estaban en una situación delicada, y que sus ilustres apellidos no podían hacer nada por ellos. La mayoría de ellos habían dejado atrás su aura de majestuosidad, y ahora parecían hombres sencillos y asustados, afanándose como el que más en salvar lo que pudiesen, colaborando con sus criados para poner a buen recaudo sus posesiones. El mismo pesimismo lo sentían los soldados. No reían ni entonaban obscenas y victoriosas canciones. No bromeaban con sus compañeros. Se contentaban con soportar el peso de sus alabardas, o quizás fuese al contrario. Los únicos cantos que entonaban eran los fúnebres, ante las fosas comunes que se habían excavado en los exuberantes jardines del Barrio Viejo, donde sacerdotes de Morr daban a sus compañeros caídos una sepultura lo más digna posible. Cuando el grito de un camarada agonizante o que estaba siendo tratado por los cirujanos rasgaba la monotonía de las plegarias, los guerreros rezaban más alto, tratando de no escuchar los estertores de muerte de sus amigos. Otros soldados lloraban sentados junto a los muros de las mansiones, y algunos buscaban desesperadamente a compañeros y familiares, intentando convencerse a sí mismos de que seguían vivos. Los cirujanos corrían de un lado a otro, con sus camisas blancas empapadas de sangre, conscientes de lo crítico de la situación. Messner reconoció a uno de los que le había tratado, y le saludó con la mano. Éste, estaba demasiado ocupado amputando el brazo de un joven como para fijarse en el fiscal. A lo lejos se oían explosiones, y enormes columnas de humo se alzaban de numerosos puntos de la ciudad. Veinte metros bajo sus pies, Averheim ardía, tomada por un ejército de humo negro que atestaba las calles.

Messner llegó nuevamente al Palacio Alptraum, donde un sirviente que transportaba varios candelabros de plata le indicó el salón en el que Trademann se encontraba, al parecer junto a Tropkter y Hopked. El fiscal se encaminó en esa dirección, y se personó en la estancia sin más ceremonia ni presentación. Los tres hombres que ocupaban la sala callaron súbitamente y miraron al resucitado primogénito Messner. Konrad fue el que rompió el silencio, congratulándose por la recuperación de su amigo. Tropkter y Hopked se despidieron educadamente, y abandonaron la sala para dejar conversar tranquilos a los dos consejeros.

-Ahora se llama accidente a que te destrocen la cabeza de un garrotazo... Por Sigmar, Konrad, estamos en guerra. Hay gente que está bastante peor que yo, tendrías que ver cómo están los soldados que acampan en los jardines. Me alegro de que estés bien, me he enterado antes de lo que le pasó a Brigundherfs. Las cosas se han ido de madre en muy poco tiempo, no esperaba una guerra abierta tan pronto...

Mientras Messner hablaba sentado en un sillón, Konrad servía varios vasos de vodka, atento a las palabras de su amigo. Los dos brindaron.

-Oh, perdona mis modales. Agradezco tu preocupación, amigo, pero puedes estar tranquilo. Los cirujanos lo han hecho bastante bien. Me han dado un ojo bastante bonito, pero no sé, no me convence del todo. Siento como si estuviese traicionando a mi ojo perdido... Volviendo a los temas importantes, lo de Brigundherfs ha sido una noticia pésima. No sólo por él, que en paz descanse, sino porque su familia ha abandonado la alianza. No es que podamos permitirnos perder aliados ahora...

Trademann asentía, confirmando las palabras del fiscal. Cuando éste terminó, volvió a hablar. Lo que Konrad contó no era nuevo para el fiscal, que ya había sido informado por su padre. Trademann, ya nervioso habitualmente, estaba ahora al borde del colapso. Messner fingió una tranquilidad que no sentía para intentar confortar a su amigo.

-Sí, Konrad, mi padre ya me ha informado de todo. No me esperaba que nos retirásemos a Heideck, pues pensaba que la solución lógica sería Bieswang, que todavía nos es fiel. Sin embargo, me imagino que Hopked sabe lo que hace. Tengo entendido que es cierto, que pasó un tiempo en la ciudad. En cuanto a la evacuación, ya he visto ahí fuera cómo andan las cosas. Asegúrate de que nos llevamos hasta el último penique. Sobre lo que se carga en los carromatos, ordena que lo hagan con cabeza. Nos llevaremos todo lo que tenga valor de por sí, vajillas de plata, candelabros, marcos de metales nobles... Si hay que dejar algo que sean los tapices, cuadros y estatuas, que los Leitdorf no sabrán qué hacer con ellos. Por muy valiosos que sean ahora mismo no hay nadie que vaya a pagarles por ellos, así que les serán totalmente inútiles. Para la salida no debería quedar en las casas ni un mísero tenedor de plata. Y especial cuidado con los documentos y títulos de propiedad, no deberíamos extraviarlos. Asegúrate de que se ocupen eficientemente de todo. Ya verás cómo sale bien, Konrad...

La puerta se abrió, terminando precipitadamente la explicación de Messner. El recién llegado no era otro que Jaran Tropkter, que volvía a entregarle un informe a Konrad. Al parecer, el consejero había solicitado conocer la situación de las fuerzas del Conde. Tropkter miró a Messner, con una mirada difícilmente definible. Había indicios de que aquel hombre era un sectario. Messner lo sabía, Konrad lo sabía, Hopked lo sabía y Jobb seguramente también. Y asún así, allí estaba, formando uno de los principales pilares del gobierno del conde Alptraum. Tenía ganas de tratar aquel tema con Hopked, Effermann y Jobb. Sin embargo, en aquel momento se olvidó de sus prejuicios y escuchó atento a Jaran, que cortésmente pasó a explicarles la situación.

Las noticias fueron para Messner como si Vahis le acuchillase de nuevo. Las tropas estaban mermadas en extremo, la deserción era masiva, habían perdido el contacto con un ejército entero, y otro estaba destacado en Agbeiten. Anna seguía capturada y Vergamont no daba señales de vida. Pero la noticia que destrozó a Messner fue la muerte de Tobías von Grünwald.

-Malditos cabrones... ¿Quién puede hacer algo así?. ¿Qué jauría de cobardes golpea hasta la muerte a un anciano indefenso?. Han asesinado a uno de los mayores eruditos de la historia de Averland, al que era posiblemente el mejor jurista de todo el Imperio, y un buen hombre y mejor amigo. Juro por el ojo que me queda que los culpables pagarán con creces. Hauptmann, quiero toda la información posible sobre los cerdos responsables. Sobre el resto, intentad volver a contactar con Herr Twin, e interrogad a todo el que pueda saber algo de él, a todo el que sepa algo de esa zona. En cuanto a Herr Fahen, si no da señales de vida deberemos trazar nuestro plan sin contar con él, pues no podemos arriesgarnos a dejar cabos sueltos. Anna será liberada, tenedlo por seguro, pero a su debido tiempo. Ahora no estamos en condiciones. Por último, evitad a toda costa que más hombres deserten. Sé que es complicado, pero debéis darles ánimos. Dadles buena comida, algo de bebida, e incluso adelantad la paga si lo veis necesario. Si encontráis alguna forma de recaptar a algún desertor, no dudéis en hacerlo. Decid que podrán enmendar su cobardía volviendo a luchar por el conde, y que sus familias serán protegidas en la caravana. Ah, y yo personalmente me ocuparé de escribir a Matthias von Grünwald.

Messner terminó de hablar, y miró a Konrad por si éste quería decir algo. Luego, Jaran Tropkter continuó. Acto seguido, pasó a explicar la situación real de las tropas de Jobb. Las noticias no eran nada alentadoras. Además. había varios datos que descolocaban a Messner.

-No me cuadran vuestros datos, Hauptmann. Decís que sólo contamos con cincuenta hombres de las casas. Hasta donde yo sé, sólo Norfendeger ya colabora con más de veinte. Junto con los de mi padre y los Alptraum ya sumarían más de cincuenta, a falta de añadir los de las demás casas. Os rogaría que revisáseis ese punto, por favor. Y ya que hablamos de Herr Norfendeger, quiero que aparezca el cañón que prometió, así como las armas. Usaremos sus carros y su avituallamiento para el traslado, y si aún tiene algún tipo de control sobre sus barcazas, que las mande a Bieswang, donde estarán seguras. Sobre la caravana, estará abierta a todo aquel fiel al conde, sea cual sea su condición. Ahora más que nunca no podemos permitirnos hacer distinción. Familiares, amigos de los soldados y todo aquel ciudadano que vea en Jobb al legítimo gobernante. Sobre quién puede quedarse a cubrirnos tengo una sugerencia, Hauptmann. Antes he estado fuera, y he visto hombres que es obvio que no durarán más de unas jornadas, y que serán desgraciadamente un engorro para la comitiva... Hauptmann, ofrecedles la opción de morir luchando para salvar a los suyos. Preguntadles si prefieren entrar en las tierras de Morr agonizando en un catre o empuñando una alabarda. Despertar su orgullo y su espíritu guerrero. Dadles la oportunidad de morir haciendo historia. Sus nombres serán recogidos, recordados y honrados, y sus viudas y madres recibirán una pensión. Por último, nos llevaremos hasta el último prisionero, no os olvidéis del Mahiven y el Oso Negro capturados.

El Hauptmann Tropkter asintió, como tomando nota, antes de desplegar un mapa ante ellos. En él estaban representados todos los ejércitos que se movían por la provincia, así como sus efectivos aproximados. Metódicamente, explicó a los dos consejeros el estado de las diferentes mesnadas.

-Sí, en Heideck tendremos que reclutar hombres, todos los que nos sea posible. Kilmer Vorstub es un hombre inteligente según tengo entendido, y abrazará el oro antes que cualquier ideología. Además, es más que necesario contactar con los von Adler. Puede que aún logremos ganárnoslos para la causa. Muchas gracias, Hauptmann, habéis hecho un trabajo excelente.

Konrad dirigió también unas palabras a Tropkter, que abandonó la estancia tan educadamente como había entrado. Messner no habría esperado tal eficiencia de un supuesto sectario. En cuanto los pasos de Jaran se alejaron por el pasillo, Trademann planteó a Messner la pregunta que llevaba un rato guardándose. Qué había pasado en las alcantarillas. Messner se dispuso a contestarle.

-Bien, Konrad, os lo contaré. Como sabéis, teníamos indicios de que Saford era un hereje, cosa que resultó ser cierta. Al conocer la noticia de que abandonaría la ciudad decidimos ir a capturarle, pues no podíamos permitirnos perder tal fuente de información. Las cosas fueron más o menos bien, y logramos cogerle. Sin embargo, las cosas se torcieron, y nos encontramos con un grupo de revolucionarios. Ahí fue donde perdí el ojo... Tened confianza, amigo, saldremos de ésta. Puede que los enemigos sean poderosos, pero luchamos por una causa justa, y los dioses no permitirán que perdamos.

Ojalá el fiscal hubiese sido capaz de creerse sus propias palabras. Nuevamente, alguien volvió a llamar a la puerta. El que esta vez entró no era otro que el mismísimo conde, yaciendo en una extraña silla rodante. Konrad se apresuró a arrodillarse, pero Messner aún tenía el cuerpo demasiado dolorido como para hacerlo. Esperando que el conde le disculpase, respondió con una simple inclinación de cabeza. Jobb, postrado en si silla, daba verdadera lástima, pero Messner decidió no hacer mención a ello, para no herir el orgullo guerrero del conde. Jobb Alptraum, otrora poderoso guerrero, ahora estaba confinado en una silla de ruedas.

-Herr Kurfürst, es un honor recibir vuestra visita.
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Re: Prisión de Almas: Acto II

Mensaje por Eldril » 06 Oct 2010, 20:10

Reinhard Russ

Reinhard, después de las palabras de Ivein y de su último deseo, se dirigió pensativo hacia la casa de la familia Fahen.

La revolución esta sesgando vidas de inocentes…
-el ingeniero odiaba la situación que estaba sufriendo la provincia, la odiaba porque conocía los verdaderos culpables, la odiaba porque miles de personas morían a diario por falta de alimentos, revueltas, o combates que no podían permitirse supervivientes, la odiaba, porque de esa guerra, los únicos beneficiados eran los sectarios que aguardaban a las sombras del conflicto para asaltar al bando triunfante con dulces palabras envenenadas de poder, y poder así corromper de nuevo el débil gobierno.- y los únicos que se benefician son la escoria sectaria de Saford, Gottfried y compañía. Ahora todo el pueblo debe pagar la ineptitud de sus dirigentes, y sufrir las consecuencias de las duras artimañas que unos locos sedientos de poder han instaurado en el gobierno.

El minero, pese a la advertencia de Ivein, sabia quien era el verdadero enemigo. Sabía que los seguidores de Leitdorf, aún impulsado por un loco dirigente, tenían razones para jugarse la vida para lograr un cambio. Un cambio que nadie sabía si seria para mejor o para peor, pero como le dijo su padre hace tiempo: -Cuando ves a tus hijos perecer de hambre, alguien debe pagar por ello.

Y eso era lo que había ocurrido. Las decisiones de un consejo provincial corrupto, habían volcado toda la población a la miseria y la hambruna. Y el pueblo, había decidió que antes de perecer en el lecho tristemente, prefería hacer padecer a los que para ellos eran los culpables de todo, arma en mano y luchando por lo que creían que sería un futuro mejor.

Sigmar, nuestro pueblo sufre…yo, como tú me pediste, me encargaré de los verdaderos culpables de ese dolor. Les haré pagar con creces, todo el dolor que han ocasionado a nuestros hermanos. Pero dime, quien sanará sus corazones llenos de odio? Quien logrará apaciguar la guerra que atormenta con desmoronar toda la provincia?

Sigmar le había encomendado la erradicación de los seguidores de los poderes oscuros, pero alguien debería encargarse de enmendar el daño que estos infieles le habían hecho a la moral del pueblo.

No quiero limpiar de infieles sectarios una provincia muerta… Te pido, por favor…


El redentor de Monheim había llegado ya a la casa Fahen, el camino que lo hizo acompañado de su divinidad, se le hizo extremadamente corto, así que sin más, se presento a los cuatro guardias que custodiaban al preso.

-Buenas noches soldados. Soy, Reinhard y he venido a ver a el preso.- Reinhard, después de haber reflexionado por primera vez en las consecuencias que estaba teniendo la revolución, y haberse dado cuenta de toda la gente que debería estar sufriendo, había decidió mostrarse severo y directo, pues quien sabe cuánta gente podría estar pereciendo en ese mismo momento.

Los soldados lo recibieron de buen grado, y logró entrar sin ningún problema a visitar a uno de los culpables.
Reinhard había visto a Saford llorar y patalear, hasta mearse encima, así que lo que vió no le asombró ni lo mas mínimo. Saford merecía eso, y mucho más, pero por ahora, el minero trataría de recuperar parte de la cordura del que fue consejero provincial, y hurgar, si aún le quedaba, sentido de la culpabilidad, y deseo de arrepentimiento.

Que seas tú quien cuide de nuestro inocente pueblo…

Reinhard acabó la conversación con Sigmar justo en el momento en que Saford habló, pues ahora otros asuntos le atañían.

-No, por favor, ya lo he dicho todo...- dijo Saford en voz cansada y débil, sin ser capaz de reconocer a Reinhard -Gottfried es el culpable, el y sus malditos seguidores... El desobedeció al Rey del Submundo, el desobedeció al fundador... Ya lo he dicho todo...

-También escuchabas las peticiones de todas las familias que han pasado hambre en estos cinco años en los que has envenenado el consejo, ehh… Saford?


En la débil situación en la que se encontraba Saford, después de caer des de lo más alto de la pirámide hasta el fango de sus cimientos, tal vez sería sencillo mermar la voluntad de una mente tan retorcida como la suya.

-No he venido a torturarte Oliver… -Reinhard se mostraba muy severo- sólo he venido a comprobar si en tu perturbada alma, aún queda algo de humanidad…- el elegido de Sigmar dejo correr unos segundos que para el consejero se hicieron eternos- Dime… crees que todas estas torturas son merecidas, Saford? –Reinhard quería que el preso hablara, así que después de cada cuestión, cedía sin ninguna prisa, el tiempo necesario para la respuesta.- Crees entonces, que el dolor que tus carnes han sentido en estas últimas horas, son equiparables a todo el daño que le has hecho a los ciudadanos inocentes de esta provincia? El dolor de los niños al ver como sus padres marchan a luchar con los revolucionarios, sabiendo que jamás los volverán a ver? El dolor de las mujeres, cuando los pueblos son arrasados por un bando dirigido por un loco?- Reinhard quería mermar la voluntad de Oliver hasta que se sintiera culpable por lo que había hecho, así que prosiguió con los ejemplos de la dureza que la guerra ocasionada por él y los suyos azotaba la provincia. –Piensa en lo que nos dijiste en la casa de la Rosa… lloraste por no tener una familia adinerada… lloraste porque no querías morir pobre y solo… - Ahora, Reinhard ya estaba fuera de sí, la situación… tener el culpable de tanto dolor y sufrimiento delante suyo… quería dominar la situación, pero al final la situación lo dominó a él.-DIME PUES, COMO CREES QUE MUEREN TODOS LOS INOCENTES QUE LA CRUELDAD DE LA GUERRA SE LLEVA A LAS PUERTAS DE MORR?

Había alzado el tono de voz, y sin darse cuenta, tenía una mano en la empuñadura de la pistola con remaches de bronce y filigranas de cobre, aquella que poco más de un día antes, había jurado delante de Ullias que terminaría con la ruin vida de Saford. Pero por suerte para el preso, una voz le calmó.

Tu cometido con él ha terminado…
-esa voz lo tranquilizó enormemente- tu cumple con tu palabra, y yo cumpliré con la mía. Me encargaré de que su ejecución pública sea un pilar en los corazones de nuestro pueblo hijo mío. Haré que su muerte sea ejemplar de la lucha contra el verdadero mal que ha sufrido esta provincia, la lucha contra los dioses oscuros.

La respuesta a la petición que Reinhard había hecho justo antes de que Saford hablase, había sido contestada. Saco la mano de la empuñadura de la pistola, y se dispuso a hablar, ahora tranquilamente con la parte humana que bien seguro quedaba en el cuerpo del Oliver.

-La guerra contra los dioses oscuros se llevaron a mi padre, y nos revocaron a mí y a mi familia a la pobreza… pero jamás dimos el brazo a torcer, y logramos tirar hacia delante. Yo también sufrí de pequeño como tú sufriste, pero una mala decisión en el momento menos oportuno han hecho que tu estés ahí sentado, y yo de pie delante de ti.

Reinhard tomó un respiro, y prosiguió, dejando que lentamente las palabras reposaran en la débil mente del preso.

-No puedo culparte por haber elegido este camino… pero sí que te culpo de todo el daño hecho a el pueblo de Sigmar, eso, tanto tu como yo, sabemos que no tiene perdón…-el minero hizo mas hincapié en las siguentes palabras- He venido pues, para darte opción a que por tu propia voluntad decidas enmendar tus errores, decidas recuperar esa humanidad que tu padre y madre te brindaron al nacer…y así tal vez seas juzgado ante los ojos de Sigmar cómo un humano que cometió graves errores, y no como un sectario adorador de los dioses oscuros.

Lo que dijo Reinhard no pretendían engañar a Saford para que explicara todo lo que él sabía sobre las serpiente purpura. Sus palabras fueron sinceras y llenas de verdad. El elegido de Sigmar quería brindarle la oportunidad a redimir sus pecados. Él, debido a la gracia de Sigmar, había sobrevivido a todos los obstáculos, y ahora era un ferviente luchador en contra de los poderes oscuros. Simplemente pretendía que Saford se diera cuenta de que jamás era demasiado tarde para ser perdonado, y enfrentarse al mal que a tanta gente atormentaba.

-Escucharé todo lo que tengas que decirme Oliver… y tu venganza a los que tanto daño le han hecho a tu vida, será llevada en mis manos, lo prometo. Dime, que quieres que sepa de los culpables del caos que siembra la provincia?

FDI: si al final acaba explicando cosas, pretendo que me explique cosas sobre Gottfried y sus hombres. Sobre el rey del submundo y sobre el fundador. Cuáles eran los planes reales de la secta, y que pretenden ahora que Gottfired está al poder.
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Re: Prisión de Almas: Acto II

Mensaje por Saratai » 13 Oct 2010, 16:40

22 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

No es que fuera la primera vez que interrogaban a Saford, pero desde luego, si la primera que le hablaban con la demente comprensión con que lo hacia el redentor de Monheim. El torturado miró al torturado, y no halló sentido en sus palabras hasta minutos más tarde, cuando entre lágrimas y miedos, sonrió a la luz del triste candel que pendia de una las mal iluminadas esquinas de la salita.

Oliver Saford

-Dioses, estás como una cabra... Supones que vas a hacerme hablar algo más con tus promesas acerca de redención, para no sentirme tan culpable cuando me muera. Lo que no entiendes es que no voy a sentirme más o menos culpable. Acepte lo que hice, y lo único que espero es que me mateis cuanto antes, pues lo único que me queda en esta existencia es dolor físico, un dolor del que ya he tenido bastante.


A pesar de las palabras de Oliver, Russ siguió hablando, dejando pausas que el antiguo administrador de la ciudad usaba para sorberse los mocos o morderse los labios lleno de estrés y presión. Cuando el ingeniero terminó, fue Saford quien comenzó a expresar la situación vivida por la provincia, desde su propio punto de vista.

-Si, han habido muertos, y tu habrás sufrido muchisimo, pistolero, de eso no me cabe duda. ¿Pero en serio te crees que si yo no hubiera estado ahi no habrian habido contiendas, sufrimiento y podredumbre? ¿Te crees, iluso de ti, que las guerras de antes de que yo naciera siquiera eran también culpa mia? ¡Que te jodan! Yo no te habia visto en mi vida, y mira lo que me hiciste a mi y a mis hombres, que tampoco te habian visto en mi vida. Y mira lo que te hicieron otros, que te dejaron sin mano. Me preguntas si escuché las suplicas de las familias que pasaban hambre, como si yo tuviera la culpa de que lo pasaran, como si yo hubiera establecido por mi cuenta y riesgo los impuestos, que por otra parte, también estaban ahi antes de que yo llegara. Bien, supongo que jamás entenderás ni la mitad de lo que ha ocurrido aqui, pero como todo el mundo necesita un malo al que hecharle la culpa de sus propios problemas, sea yo el villano.


El capturado comenzó a hablar con más confianza, tal vez tras aceptar que su vida iba a terminar sin remisión de un momento a otro, tal vez por el miedo a morir llevandose a la tumba conocimientos que bien podrian acabar con la vida de quienes le hicieron daño.

-Eso si, te contare acerca de Gottfried, no como redención a mis supuestos pecados, que consistieron en hacer la vista gorda a cuatro criminales contados, sino como venganza para ese bastardo, quien supongo es tan enemigo mio como tuyo. Gottfried Harrikherr era uno de los más laureados guardaespaldas del antiguo Elector Marius Leitdorf, bajo el nombre de Gottmuld Harrikherr, como era conocido entonces, antes de ser nombrado capitán del ejército. Te hablo de hace veinte años, dudo que hubieras nacido siquiera. Es un cuarentón, aunque parece más joven, veterano de las defensas contra el pueblo kurgan y el caudillo Crom. Fue tras entablar contacto con las tribus Kurgan y Hung, asi como con los pueblos ogros y los adoradores de Hashut, todos ellos de las estepas del Este, por las rutas que los hobgoblins de las llanuras entre los pueblos enanos e Ind infectan tales territorios. Gottfried batalló en aquellos beligerantes tiempos contra orcoides, hobgoblins, centauros, ogros, barbáros y toda una retaila de enemigos que incluso a alguien como tu pondrian los pelos de punta. Tras tantos años guerreando, Gottfried volvió a Averland esperando una recompensa por sus servicios, pero lo único que encontró fue la espalda de la iglesia y las deudas del Elector, más preocupado en política y en las batallas que el mismo luchaba contra su cordura que en la vida de sus subordinados. Gottfried se vió abandonado por los señores por los cuales habia dado seis años de su vida matando y muriendo en el Este, y solo vió consuelo y reconocimiento en la serpiente purpura, organización de culto, conocimiento y comprensión a la cual yo ya pertenecia desde joven.


Tras haber hablado levemente de Gottfried, Saford comenzó a poner a Russ en contexto acerca de la serpiente purpura. Era muy dificil obtener conocimiento de tal secta, por lo que el ingeniero podria considerarse privilegiado de escuchar tales palabras, aunque más tarde comprenderia que solo le servirian como contexto a la situacion y no como llave para erradicarla.

-La serpiente purpura se constituyó hace noventa años en Altdorf, como adoración a Tchar, o Tzitch, dios del conocimiento y el poder, dios prohibido por la iglesia, temerosos de su poder. Tiene cientos de nombres, pero es adorado en todo el mundo conocido y por conocer. La serpiente, mediante un intrincado sistema de favores que luego te detallaré, se extendió por varias provincias imperiales, incluso en Tilea y Bretonia, puede que más al Sur incluso. Sus preceptos eran sencillos, y sus recompensas fuertes, por lo que se extendió como una epidemia por las poblaciones humanas entre aquellos hombres y mujeres que tenian ambición y valia. En Averland, su creador fue un hombre que llevaba a cabo las reuniones en los subsuelos, quien evidentemente padecia de graves malformaciones por las que habia sido rechazado. Le llamabamos Rey, y en cierta medida lo era, pues muchos hombres de poder acudian a el para recibir consejo o material de conocimiento, y el a cambio pedia favores para aquellos que le seguian. Algunos de sus seguidores eran esclavistas, y su mercancia era intercambiada en las profunidades por sustancias altamente demandadas en la superficie. Asi, como en otros lugares, la secta consiguió intercambiar tales sustancias por favores, y favores por fe. Escribas, politicos, capitanes y administradores, muchos buscaban al Rey para que sus hechizos les hicieran la vida más facil y erradicaran a sus enemigos, El lo hacia y a cambio estos otorgaban lugares de poder a los novicios que como yo, adorabamos al Rey y sus enseñanzas.

-Tras pocas decadas, ya en Averheim una gran cantidad de altos cargos tenian algun tipo de relacion con el Rey, y hasta se desarrolló un intrincado sistema de seguridad por el cual los novicios que asistian a sus primeras clases acerca la historia real del mundo, (historias que si yo te pudiera contar, harian que vieras la vida de forma completamente opuesta) veian a los más experimentados con máscaras, para que si eran capturados o decidian irse de la lengua, no pudieran delatar a nadie de los presentes más que a novicios como ellos.


Saford habló de los miembros de la serpiente, muchos de ellos ya muertos, y si tenia razón en lo que decia, inferiores a lo que la iglesia de Verena pensaba. No dijo nada respecto a Jaran, del que argumentó que no conocia más que por su oficio como militar para el ejército, pero era casi imposible saber si mentia.

-Además, el Rey del Submundo enseñó a sus miembros más habiles, los secretos del mundo. El mundo, como espero que algun dia comprendas, se nutre de los sentimientos. Las rocas, arboles y hasta los dioses, son creados a partir de esas sensaciones humanas y animales. Y quien conoce como fluyen esos sentimientos hasta crear todo lo visible, puede llegar a acelerar el proceso exprimiendo al máximo sus propios sentimientos y los de quienes le rodean y crear en cuestión de segundos otros elementos, como piel humana o huesos para curar a los heridos, fuego o metales para eliminar a los enemigos o incluso vida elemental para crear siervos o animar muertos. Esta es la base de la hechiceria y el sacerdocio, pistolero, por mucho que estos ultimos quieran negarlo al pueblo llano para mantenerlo en su ignorancia y manipularlo más facilmente.

-La orden de la serpiente, simbolo del dios Tchar, quien se opone a la ignorancia y nutre el conocimiento, habia estipulado que sus administradores fueran hombres habiles y cultos a la par. Yo fui considerado uno de los más importantes, y a mi fue confiada la tareda de colocar a los novicios fieles y leales en puestos de importancia, como hice con hombres tan conocidos como los hermanos Bacher, Augoste Getter o Vergamont Fahen. Teniamos planeado mostrar pronto, y en golpe, nuestra adoración a todo el pueblo del imperio, para que cesara de una vez la prohibición de los cultos, pero todo se fue al garete por culpa de Gottfried. A diferencia de mi, Gottfried habia entrado a la organización mucho despues que yo, pero habia mostrado increible habilidad con las armas y la hechiceria, y el Rey, pese a saber que el seria la causa del fin de la secta en Averheim, le otorgó influencias. Gottfried arremetió contra mi y contra mis proposiciones, alegando que el administrador de la serpiente debia ser un elegido de Tchar y no una rata habil con los numeros. Asi pues, me hostigó y forzó a que, desde mi puesto, contratara a los Veteranos de Carroburgo (uno de los tres ejércitos de la famosa ciudad de Middenland), conocidos de Gottfried y famosos por emplear a norses en sus filas. Tambien me forzó pagar en piedra bruja a bandas itinerantes de mutantes para que crearan problemas y asi acelerar el proceso de elección de mis novicios, los hermanos Bacher, y la creación de un estado nuevo, que llamaria la atención de otras provincias que querrian anexionar Averland a su vasallaje.

-Sus prisas hicieron llamar la atención de las iglesias de Sigmar y Verena, y es evidente el resultado de todo esto. Ahora comprendo que todo era parte de su plan inicial para forzar una guerra, donde el podria salir a la luz. Yo fui una marioneta, y el es el titiritero, y bien me gustaria que pagara por ello. Si quereis encontrarlo, como ya le he dicho a Ivein Hopked, la mejor manera es ir a Grenzstad. No tengo dudas de que Gottfried manejara a Bukter Alptraum, (quien por cierto no sabe nada de la serpiente purpura mas que de oidas, y que jamás ha asistido a una reunión, y asi se convertirá en un pretendiente al cargo de Elector) lo que le daria poder para dirigir tanto la serpiente purpura como a la poblacion de Averland. Grenzstad no sirve a ningun pretendiente, y es un lugar idoneo para establecer su Utopico Gobierno sin recibir el ataque ni de los Alptraum ni de los Leitdorf, y desde ahi rapiñar otros territorios asolados por la guerra.

El redentor de Monheim habia escuchado a Saford durante horas, hasta que la madrugada llamó a la puerta de la estancia. Afuera se oyeron tambores y se dió las señales propicias para que el contigente Alptraum se preparara a salir de la ciudad en las proximas dos horas.




En esos instantes en los que Saford hablaba con Russ, Jobb Alptraum entraba en su Mansión, asistido por sus ayudas de cámara que empujaban su magna silla, para hablar con su diplómatico y con su gestor. ¡Cuan fragil parecia ahora el Elector de Averland, y mayor pretendiente al titulo de gobernante de la provincia! Pero aquello, en lugar de haberle hecho perder la razón, solo le habia hecho ganar impetu, y bajo su herido fisico subyacia una fuerte voluntad. Heinrich y Konrad habian hablado entre si, y ya tenian nociones del trabajo por hacer. Ahora en cambio, tenian que expresarlas al joven Elector.

Jobb Alptraum

-Heinrich, Konrad, me alegro de verles aqui. Hay mucho de lo que hablar antes de comenzar a lamentarnos por nuestras heridas, y no me hare repetitivo quejandome de la situación. Somos hombres fuertes, grandes brigundanos, y hemos de pensar en las soluciones y dejarle a las mujeres los llantos.


El joven Elector se pasó la mano por la cabellera negra, y sus ojos claros denostaron cansancio y determinación a partes iguales. A pesar de ir en su silla, el Alptraum portaba unas mallas ligeras con los colres de su casa, azul y blanco, y el brillante, de incalculable valor, Colmillo Rúnico, bien resguardado en su vaina de oro y plata.

-Messner, Konrad y Jaran ya le habrán puesto al corriente de nuestra situación, asi como de su nombramiento como diplómatico en jefe en lugar de como fiscal, puesto que tristemente hemos de volver a gobernar para poder impartir justicia. Nos faltan hombres, pero sobre todo nos faltan aliados, y es ahi donde necesito yo y toda nuestra gente que usted nos proporcione alivio. Las cuentas de Konrad y los ingresos de Norfendeger nos proporcionan 12000 coronas que hemos podido salvar de la ciudad y con ellas hemos de negociar a nuestros aliados.-
Era evidente que Jobb habia oido las hazañas y meritos de Heinrich, y le habia confiado una gran responsabilidad -Entre ellos, y siento decirlo asi, debemos de considerar a Leopold Leitdorf, que no nos ha atacado, asi como a las tropas de Feurbach y a las familias que apoyan a Markus Leitdorf. Por supuesto, y como mayor prioridad, a las ciudades independientes de Heideck y alrededores, y a la familia Alder, de quien se que usted esta emparentado. Le otorgaré el respaldo de veinte hombres y cinco mensajeros, lo más que puedo darle, para que visites la ciudad y poblaciones que crea conveniente y nos granjees más aliados, por lo que deberá, una vez fuera de peligro, adelantarse a la columna que va hacia Heideck.

Las palabras del Elector eran pragmaticas y serias. No se andaba por las ramas, ni intentaba parecer popular o amigable. Simplemente, iba al centro de la cuestión sin dar rodeos. Si sentia algún tipo de dolor por el secuestro de su madre o la confrontación con su primo hermano, no lo demostraba, asi como tampoco lo hacia con la herida de Heinrich. Estaba harto de que le trataran como el invalido que era, y por ello no sentia compasión alguna por los sufrimientos ajenos. Aun asi, era sencillo aconsejarle, asi como ganarse su confianza. Seria un gran lider, si conseguia sobrevivir a sus odiados adversarios.

-Pero sea como sea, Messner, hay algo innegociable, y es la posesión de mi familia del Colmillo. Dicho esto, ¿tiene algún plan en mente? Ivein me ha asegurado que Kilmer Vorstub, el señor de Heideck, aceptará de buena gana nuestra llegada, si esque accedemos a algunas de sus peticiones. Preferiria que usted se nos adelantara y pasara por Heideck antes de continuar su camino a otro lugar, como podria ser Wuppertal o Berlnoch, pero si tiene otra idea es bien recibida.

Konrad puso entonces al corriente al Kurfürst de las nuevas de Tropkter, y tras ello se le dió tiempo a Messner para expresarse ante su Elector. El diplomatico en sustitución del traidor Vergamont no tendria mucho tiempo para explayarse, pues pronto habria de partir la caravana y dejar la desagradecida ciudad de Averheim, que pagaba con sangre la buena fe del bando Alptraum.



FDI: Perdón por el retraso, pero ya estoy de nuevo aqui, dando la brasa. Teneis por ahi algo de experiencia, comentadme en que la gastais e ipso facto la apunto en las fichas. Un saludo!

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Weiss
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Re: Prisión de Almas: Acto II

Mensaje por Weiss » 18 Oct 2010, 00:58

Heinrich Messner

Incluso reclinado en su silla rodante, Jobb Alptraum presentaba una apariencia impresionante. La apariencia de todo un Conde Elector. Aunque inválido, Jobb mantenía su status de general, y lo mostraba vistiendo una armadura de cota de malla con los colores de su casa. Y, obviamente, era imposible pasar por alto el Colmillo Rúnico. "Entristecemadres", la espada ancestral de los señores del Aver, pendía de su cinto, guardada en una profusamente decorada vaina de oro y plata. Las hazañas de aquel arma, así como las de sus once hermanas, eran ampliamente conocidas. De ellas se decía que eran capaces de atravesar cualquier armadura como si fuesen simples trapos. Incontables enemigos del Imperio habían caído bajo el filo de tan nobles aceros.

Su actual situación no había hecho mella en la determinación del conde, sino que le había permitido salir reforzado. Ahora, Jobb sería más sensato y prudente. Las palabras que pronunció no hicieron sino confirmar esta actitud. No hablaba de forma pomposa ni aduladora, deseoso de ganarse a Konrad y a Messner. Lo hacía de forma clara y precisa, sin florituras ni palabras vacías. Explicó el estado de las cuentas de la alianza, asi como la necesidad de conseguir nuevos aliados, tarea que recaería en Messner. Por último, se aseguró de recalcar que el Colmillo no serviría para negociar. Los Alptraum no renunciarían a él de ninguna manera. Messner no podía estar más de acuerdo en ese punto, pues conservar el Colmillo era vital para conseguir la legitimización del gobierno de Jobb. Podía haber varios aspirantes a Kurfürst, sí, pero sólo uno de ellos ostentaba el símbolo de su poder. Y ese hombre era Jobb Alptraum. Konrad Trademann transmitió al elector las nuevas proporcionadas por Tropkter antes de que a Messner le llegase el turno para hablar.

-Me honráis con este nombramiento, excelencia. Espero estar a la altura de la confianza que dopositáis en mí. Haré todo lo posible para reforzar la alianza, tenedlo por seguro. Os agradezco los recursos que me proporcionáis, pero me gustaría hacer ciertas puntualizaciones. Primero, me gustaría que todos mis hombres contasen con monturas, pues la velocidad ahora mismo es clave. Además, actualmente tenemos corceles de sobra... Segundo, me gustaría contar con la presencia de mis hombres. Si no tenéis inconveniente, agradecería que Herr Kurt, Herr Redwind, Herr Hümm y Herr Trier cabalgasen conmigo. Me vendría bien algún tipo de símbolo oficial; un sello, un estandarte, un anillo... algo que me legitime como vuestro emisario. Sabéis que muchos nobles son quisquillosos con esas minucias, así que debemos asegurarnos de que todo esté en orden. Iremos en calidad de negociadores, en son de paz, enarbolando la bandera blanca. Tal y como están las cosas, no quiero que nadie nos ataque por error... Como habéis dicho, la prioridad será tratar con Kilmer Vorstub, y luego con los Von Adler. Creo que podemos permitirnos ser optimistas en esos dos asuntos, excelencia, pues veo considerables las posibilidades de éxito. En vista de cómo se desarrollen los acontecimientosya trazaremos el plan a seguir después, pero tenéis razón en que deberemos considerar aliados potenciales a actuales enemigos. En cuanto a nuestros ingresos, mein herr, dudo que algún otro bando pueda equipararse a nosotros en cuestión de riqueza. Será un punto a nuestro favor, que debemos explotar lo más que podamos. Mi dinero quedará a cargo de vuestra hermana, excelencia. Tomad lo que sea necesario. Los Messner colaboraremos en todo lo que podamos. Como comentaba antes a mi amigo Konrad, al partir deberíamos llevar con nosotros todo lo que valor que haya en el Barrio, incluyendo todo lo que podamos sacar de mansiones como la Leitdorf, obviamente. Esos bastardos no van a tener consideración ninguna con nuestras posesiones, así que no veo por qué deberíamos tenerla con las suyas... Sobre Heideck, si cuento con vuestra venia, puedo ir preparando el reclutamiento, para que ya tengáis trabajo adelantado cuando lleguéis a la población. Creo que no me resta nada más que deciros, señor conde. Si tenéis algo más que ordenar...

Claro que le restaban cosas que decirle a Jobb, pero aquel no era momento. Quería escuchar de su boca cómo había sido la reunión, qué había pasado en la plaza. Por qué se confiaba en Tropkter, quién era realmente el misterioso Ivein Hopked y qué había confesado Saford. Tendría que dejar sus preguntas para otra ocasión más propicia, cuando el tiempo no jugase tan descaradamente en su contra... Aún tenía algunos asuntos que resolver antes de la partida.
Última edición por Weiss el 18 Oct 2010, 19:07, editado 1 vez en total.
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Re: Prisión de Almas: Acto II

Mensaje por Eldril » 18 Oct 2010, 16:37

Reinhard Russ

Reinhard no esperaba esa reacción del reo. Después de los sucesos en la casa de la Rosa y su reacción ante el asalto de los cazadores de sectarios, Reinhard esperaba encontrarse con el mismo Saford, que después de horas de tortura había perdido de nuevo la cordura, pero no fue así.

El ex consejero se mantuvo firme y consciente, no tiro la toalla, sino que decidió merecerse una muerte lo más digna que podía llegar para un sectario. Colaboró con Reinhard Russ, pero no para merecer así un perdón, sino para vengar el culpable de la situación actual de la secta, Gottfried Harriker.

Saford empezó a explicar el funcionamiento de la secta, los orígenes y hasta delató a miembos tanto muertos, como activos, de los que la Iglesia de Verenna daría buena cuenta. Pero él solo pretendía hacerle pagar a Gottfried su actual situación. Así que fuese por la via del perdón, o por la via de la venganza, el redentor de Monheim, había logrado, en cierta medida, lo que quería: información y algún que otro nombre.

-Oliver… Oliver…-Reinhard pretendía que el exconsejero le diese oportunidad a hablar- OLIVER!- el reo calló, y el ingeniero pudo responder a las preguntas que Saford había hecho, aun que no esperase que fueran contestadas.

-Tiene tanta culpa quien deja hacer a los demás, como quien hace él mismo el propio mal, así que no pretendas ahora, a escasos días de tu ajusticiamiento, alejar culpas.

La explicación continuó largo y tendido, hasta que el amanecer volvió a alumbrar las calles de una ahora destrozada Averheim, y los tambores anunciaron la inminente marcha del contingente Alptraum. Y Reinhard decidió darle un epitafio digno.

-Jaff Harter me hizo mutar, y me amputé las manos con tal de erradicar el mal oscuro. Luego me vendió a Gottfried… -el rostro de Saford se asombró- si, si…el mismo Gottfried que ahora mueve los hilos de la provincia, según tú, no? – En ese preciso momento Reinhard se dio cuenta de porque se encontraba en ese preciso instante, delante de Saford- Logré escapar de él, y continué mi vida con tranquilidad hasta que hace cosa de unos días, Getter volvió a levantar cicatrizadas heridas, y acabé con él en mis minas. Luego… vinimos a por ti… y ahora… -si, Reinhard estaba en lo cierto, la traición en las cuevas de Monheim, la huida de la locura de Gottfried y el encuentro con las vetas de cobre, el enfrentamiento contra Getter y sus hombres, la caza de Saford... todo… todo había sido un entramado de sucesos que llevarían al redentor de Monheim, al elegido de Sigmar, a él, Reinhard Russ, que tanto había sufrido, que se había alzado frente a la adversidad, que había batallado contra los mas aferrimos enemigos, a un fin digno de un sirviente de Sigmar, a erradicar la corrupción en las tierras de su patrón.- y ahora… gracias a los designios de Sigmar, tengo la oportunidad de vengar todo el daño que he recibido de los sectarios como tú, a la vez que purifico una provincia tan destrozada, por todo el veneno que le habeis arremetido contra su sano corazón!

El elegido de Sigmar alzó la mirada hacia el cielo-Gracias Sigmar por brindarme esta oportunidad!- Y sin despedirse de Saford, se dirigió decididamente hacia la mansión Alptraum. Pues ahora sabia, sin duda alguna, cuál era el camino que Sigmar había escogido para él.

Una vez llegado a la mansión, vio todos los preparativos, así que tuvo que apresurarse a acabar los tratos que aún le quedaban pendientes. Inicialmente buscó a Ivein, para pedirle que transmitiera toda la información que le había logrado sonsacar a Saford, a la vez que le pediría algo de equipo, ya que la delicadeza de la situación requería de ir lo mejor preparado posible.

-Conserjero Ivein… -le dijo Reinhard mientras el consejero pasaba raudo y estresado por un pasillo de la mansión.- veo que no dispone de mucho tiempo… pero tengo nueva información sobre la secta.- Reinhard se aseguró de que no hubiese nadie alrededor, asi que entraron en una habitación que daba al pasillo, una habitación desalojada por la huida.

-Despues de hablar con Saford, me explico el funcionamiento general de la secta, me dio algunos nombres, y me explicó como Gottfried ha llegado tan y tan lejos. He venido directamente a informarle Ivein, para que puedas, a su vez, informar a Rot.

La serpiente purpura se constituyó hace noventa años en Altdorf, como adoración a Tchar, o Tzitch, dios del conocimiento y el poder, y funciona mediante un intrincado sistema de favores. Tiene unos preceptos sencillos y recompensas fuertes, así que se extendió como una epidemia por las poblaciones humanas (varias provincias imperiales, y incluso en Tilea y Bretonia). En Averland su creador es conocido com Rey del Submundo, ser que padece graves malformaciones, y que por eso solo se reúne en los subsuelos. Muchos hombres acudían a él en busca de consejo o material, y él les pedía favores. Algunos de sus seguidores eran esclavistas, y su mercancia era intercambiada en las profunidades por sustancias altamente demandadas en la superficie. Asi, como en otros lugares, la secta consiguió intercambiar tales sustancias por favores, y favores por fe. Escribas, politicos, capitanes y administradores, muchos buscaban al Rey para que sus hechizos les hicieran la vida más facil y erradicaran a sus enemigos, El lo hacia y a cambio estos otorgaban lugares de poder a los novicios que como Saford, que adoraban al Rey y sus enseñanzas. Tras pocas decadas, ya en Averheim una gran cantidad de altos cargos tenian algun tipo de relacion con el Rey, y hasta se desarrolló un intrincado sistema de seguridad por el cual los novicios que asistian a sus primeras clases acerca la historia real del mundo veian a los más experimentados con máscaras.

Reinhard se dio un descanso con tal de que Ivein fuera absorviendo lentamente toda esa información, que en un futuro, podría servir para exterminar realmente la serpiente, de la faz del Imperio.

Saford tenia la misión de colocar a los novicios en posiciones de poder, y así lo hizo con los Bacher, Getter o Vergamont Fahen. Y según parece, todo les funcionaba bien hasta la aparición de Gottfried.
Gottfried Harrikherr era uno de los más laureados guardaespaldas del antiguo Elector Marius Leitdorf, bajo el nombre de Gottmuld Harrikherr, como era conocido entonces, antes de ser nombrado capitán del ejército. Es un cuarentón, aunque parece más joven, veterano de las defensas contra el pueblo kurgan y el caudillo Crom. Tras tantos años guerreando, Gottfried volvió a Averland esperando una recompensa por sus servicios, pero lo único que encontró fue la espalda de la iglesia y las deudas del Elector, más preocupado en política y en las batallas que el mismo luchaba contra su cordura que en la vida de sus subordinados. Gottfried se vió abandonado por los señores por los cuales habia dado seis años de su vida matando y muriendo en el Este, y solo vió consuelo y reconocimiento en la serpiente purpura, organización de culto, conocimiento y comprensión a la cual yo ya pertenecia desde joven.
Gottfried habia entrado a la organización mucho despues que Saford, pero habia mostrado increible habilidad con las armas y la hechiceria, y el Rey, le otorgó influencias. Gottfried hostigó y forzó a que, desde el puesto de Saford, contratara a los Veteranos de Carroburgo (uno de los tres ejércitos de la famosa ciudad de Middenland), conocidos de Gottfried y famosos por emplear a norses en sus filas. También le forzó a pagar en piedra bruja a bandas itinerantes de mutantes para que crearan problemas y asi acelerar el proceso de elección de sus novicios, los hermanos Bacher, y la creación de un estado nuevo, que llamaría la atención de otras provincias que querrían anexionar Averland a su vasallaje.


Reinhard volvió a parar, y miró el rostro de Ivein. Quería saber cómo reaccionaba ante ese torrente de información. Y se dispuso a concluir el informe.

-Finalmente, Saford aportó como cree él que iran las cosas de ahora en adelante. Dijo que sin duda alguna Gottfried manejará a Bukter Alptraum, quien no sabe nada de la serpiente purpura mas que de oidas, y que jamás ha asistido a una reunión, lo que le daría poder para dirigir tanto la serpiente purpura como a la población de Averland. Según él, Grenzstad no sirve a ningún pretendiente, y es un lugar idóneo para establecer su Utópico Gobierno sin recibir el ataque ni de los Alptraum ni de los Leitdorf, y desde ahí rapiñar otros territorios asolados por la guerra.

Hasta el ruido atareado de los pasillos con sirvientes cargando cajas de arriba a bajo, se amortiguó durante el silencio que se originó después de la explicación de Reinhard. Hasta que él, de nuevo, lo volvió a rasgar.

-Ivein, el siguiente paso puede ser el último de un largo entramado para erradicar el mal de Averheim, o puede ser el primero de una épica hazaña para ahogar y exterminar lentamente la corrupción de la Serpiente purpura alrededor del Imperio. Eso, y solo eso, recae ahora en nuestras manos y decisiones. Sigmar nos ha enseñado los arduos caminos, y debemos decidir contra cuál de ellos nos enfrentaremos.

El minero esperó la respuesta del consejero, ya que quería saber que prioridades daba al asunto.

-Debemos acabar con Gottfried sea como sea. Y es por eso, que también he venido a pedirte un favor. Yo, dedicaré lo que me resta de vida en erradicar este mal del que tan poco sabemos, es por eso que he decidido solicitaros equipamiento para prolongar el mayor tiempo posible mi muerte. Ivein, me gustaría contar un con una armadura completa, pues sólo Sigmar sabe contra que males me tendré que enfrentar. Aún así, por favor, no necesito ningún tipo de protección en la cabeza, pues de bien seguro que no me dejaría ver con claridad los verdaderos enemigos del Imperio. Verdad, Sigmar?

Reinhard, una vez hubiese hablado con Ivein, realizaría todos los preparativos necesarios para marcharse junto al contingente Alptraum, y iniciaría su marcha hacia Heideick.

FDI. Siento la tardanza, pero al final he podido arreglar el problemilla con los accentos. Por otra parte, siento el copiar/pegar del post de Saratai, pero es que es claro y conciso y con la informacion necesaria, asi que si queria abreviarlo, se perdia informacion..^^
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Re: Prisión de Almas: Acto II

Mensaje por Saratai » 19 Oct 2010, 21:28

22 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

Jaran Tropkter

-Vosotros tres, id a la mansión Alptraum. Messner os reclama para un trabajo, asi que ya estais recogiendo vuestras cosas.


Hümm, como de costumbre, fue el primero en empaquetar sus cosas. Redwing y Kurt tardaron un poco más, pues quisieron despedirse de su familia. La Voz del Elector Alptraum les habia llamado en mitad de la noche, pues al parecer habrian de ir con el en una misión diplómatica. Junto a ellos, nueve soldados más, el guardaespaldas Lieb y Lars Trier escoltarian al Messner, se encargarian de la seguridad, de guardar el dinero, de mandar correos a las distintas embajadas y poblaciones según fuera necesario, etc. Iba a ser un trabajo importante, que les llevaria desde Averheim hasta Bernloch, pasando por la famosa Heideck, en un desesperado intento de dar las tornas a la contienda que hasta ahora iba perdiendo el bando Alptraum. Con suerte, aquella guerra se ganaria con la palabra más que con las armas, y si esto era cierto, ellos serian los encargados de desenvainar las voces y conquistar el entendimiento.

Cuando los alguaciles llegaron a donde Heinrich Messner les esperaba, se encontraron al mismo Jobb Alptraum dando su beneplacito para la misión diplómatica que habria de partir en aquellas horas, adelantandose a la comitiva principal que habria de salir de la ciudad. Heinrich habia entregado la mayor parte de su fortuna a la causa, y no solo eso, sino que era padre del sobrino del Elector además de su cuñado. Por ello, y por el gran trabajo que habia realizado, Jobb le habia regalado al marido de su hermana la armadura de el padre de ambos, quien fuera marido de Anna Alptraum, para que la llevara al entrevistarse con los posibles aliados. Cuando la comitiva que habia de escoltarle llegó, dos sirvientes le estaban ayudando a encajarsela, para ver como le quedaba, mientras en los establos el gallardo corcel del diplomático era alimentado y vestido asi mismo con acero enmallado.

Conde Elector Jobb Alptraum

-Heinrich, siempre has sido un leal amigo y un servicial vasallo, asi como un gran marido para mi querida Silvia. Siento no haberte podido compensar antes, pero acepta las placas que mi propio padre llevó en su dia, y que espero que tu hijo pueda llevar en un futuro. El infortunio me ha robado a una madre y a un primo, asi como mis piernas, pero a cambio ha creido oportuno en otorgarme a quien ya considero un hermano.


Tras una emotiva despedida, en la que Silvia le entregó a su esposo las banderas de su familia, Jobb se marchó con la ayuda de sus sirvientes para dormir un poco, mientras Redwing, Trier, Lieb, Hümm y Kurt, asi como los nueve soldados restantes quedaban a la espera de ordenes. En cuanto Heinrich lo propusiera, los quince jinetes partirian raudos a Heideck. Si iban por la Carretera y se apuraban, llegarian en ocho horas.

Lars Trier

-Mi señor Messner, es un alivio verle sano y salvo. Cuando le recogimos de las alcantarillas muchos temimos por su vida. Solo confirmarle que estamos dispuestos para la marcha cuando usted lo ordene.


El estudiante habia demostrado una increible habilidad a la hora de infiltrarse entre los revolucionarios, y gracias a él se habian capturado a muchos rebeldes. Sin duda, el era una de las piezas clave para llevar a buen puerto aquella tarea, de cuyo logro dependia la estabilidad de toda la provincia.




23 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

Soplaba un fuerte viento en aquella madrugada, y fue aun más violento conforme las horas, durante las cuales Reinhard habló con Ivein, pasaban. Ambos discutieron largo y tendido la mejor forma de acabar de raiz con la secta, y tras repasar punto por punto la información obtenida a lo largo de distintos interrogatorios, los dos creyeron indudable que Gottfried Harrikherr era la presa a cazar para desmebrar la cabeza de la serpiente.

Ivein Hopked

-Russ, sin duda estás en lo cierto, pero es imposible que consigas hacer esto tu sólo. Si quieres ir a Grenzstad a por ese corrupto condenado, primero deberás reunirte con más hombres leales a los dioses y al verdadero Elector.


El consejero de Jobb se levantó, y tal como habia pedido el ingeniero, mandó llamar a su ayuda de cámara para que trajera los animales y los guanteletes.

-Confio en ti tanto como lo hizo Rot y Efferman antes que yo, Russ. Messner ha repartido veinte caballos para los siervos del buen Sigmar, y puedo proveerte de uno de ellos, asi como de un perro de presa para ayudarte en tu tarea. Asi mismo, y aunque no puedo darte la coraza que pides, te entregaré un guantelete de placas para la mano que aun conservas. Te pediria que contribuyeras a la causa con el dinero que creas adecuado, pero no te forzaré a ello, es elección tuya. No podremos pagarte, asi que entenderé que quieras conservarlo para subsistir mientras tu tarea dure.


Los rallos del sol comenzaron a asomar mientras los soldados comenzaban a partir hacia Heideck, escoltando la caravana. Ivein se percató de que era el momento de partir.

-Russ, tenemos que marchar ya. Conozco a Matthias Grünwald, y se que sus fuerzas atacaran Grenzstad. Ve a la ciudad y espera a que sus hombres lleguen para unirte a ellos, contandole a su capitán lo que nosotros sabemos. Sin duda ellos te auxiliarán. En caso de que alguna desgracia ocurriera, o que no pudieras encontrarte con las fuerzas Alptraum que se dirigan a tomar posesion de Grenzstad, dirigete entonces a la iglesia, yo quedaré rezando porque los herejes no las hayan tocado. Si partes ya, desde aqui y cabalgando tu solo por la Vieja Carretera de los Enanos, deberias llegar a la ciudad en dos días, pues el caballo que te doy es fuerte. Si partes ya, Russ, que todos los dioses del hombre sean contigo.





FDI: Este ha sido un post corto, poco trascendental. Aqui se separan los caminos de Russ y Heinrich, y si cada uno decidis partir ya, ireis a hilos diferentes en la siguiente actualización. Espero vuestras respuestas, y cuando las tenga, ya le diré a cada cual a que hilo va.

Como colofón, tambien habreis notado que recibis equipo nuevo para esta última misión. Heinrich recibe las insignias Alptraum, asi como equipamiento para Erwin. Russ recibe un caballo para llegar a Grenzstad, y un perro de presa para ayudarse en caso de tener que seguir rastros. Podeis hacer todas las donaciones económicas a la causa, aunque Messner ya ha donado casi todo lo que tenia. Es muy posible que no podais volver a Averheim en lo que quede de partida, asi que aprovechad este turno también para finiquitar lo que tengais que hacer en la ciudad.

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Re: Prisión de Almas: Acto II

Mensaje por Eldril » 20 Oct 2010, 11:50

Reinhard Russ

El viento arremetía contra las ventanas de la habitación donde Ivein y Reinhard trazaban el plan que trataría de eliminar a Gottfried. En breves instantes, la comitiva Altptraum marcharía hacia Heideick, y según parecía, Reinhard, no les iba a acompañar.

-Hermano Ivein, jamás volveré a caminar sólo por estos mundos. Pues Sigmar ha decidido caminar a mi lado! El ha trazado mi camino, y yo solo espero estar a la altura de las circunstancias.

Ivein tenía razón. Dirigirse a Grenzstad a cazar a Gottfried era ya una locura, más aún tratarlo de hacer sin ayuda alguna. El que ahora era líder de la serpiente purpura, seguro que no había sido el azar quien lo había colocado en tal situación, así que esta vez, Reinhard se enfrentaría al que podría ser su último enemigo, tal vez último, pero el minero estaba convencido que este, si que sería el adversario más fiero.

-Tomad, quedaros con 35 coronas. Y por favor, hacedle llegar a Tobias 5 coronas más, pues mi tarea me clama dejarlo a un lado, y necesito asegurarme de que conseguirá estar bien.

Reinhard le entregó el dinero a Ivein, pues en la muerte, no había necesidad alguna de llevar los bolsillos llenos. Así que se desamparo de todo el dinero que no le sería necesario para equiparse o para abastecerse al de repente, numeroso grupo.

-Gracias por el caballo y el perro, Ivein, de bien seguro que me serán de gran ayuda. –En la reunión con Saford, Reinhard se había dado cuenta de cuál era el cometido que Sigmar le había deparado. Descubrió porque sobrevivió al combate contra Jaff, y porque, después de conocer a Gottfried, logró huir de los subsuelos. Ahora, después de tantos años, el destino había venido a buscar a Reinhard, y después del combate contra Getter y sus hombres, y el secuestro de Saford, el redentor de Monheim estaba preparado para enfrentarse a él con gran determinación.

-Ivein, sé que Sigmar me ha brindado esta oportunidad para que acabe con el mal que asola nuestro pueblo. No prometo que regresaré, pues sólo él sabe mi camino, pero por favor, si perezco en el intento, no permitáis que las sombras cubran aquello que tanto apreciamos. No permitáis que las sombras vuelvan a reinar las tierras de hombres y mujeres fieles a nuestro Dios.

Sigmar habló en boca de Reinhard, y su mensaje fue claro. El minero daría la vida por la causa, pero si no lo lograba, era Ivein quien debería hacer todo lo que tuviese en las manos para tratar de erradicar el mal de una provincia llena de hombres de fe.

-Gracias por todo, Ivein. Que Sigmar guié nuestros pasos.

Reinhard se giró y fue a salir de la habitación para dirigirse a los establos, cuando mencionó algo que se le había olvidado.

-Deséale suerte a Heinrich… pues seguro que en estos aciagos tiempos, nadie anda falto de ella.

Y Reinhard, después de comprobar todo el equipo mientras se dirigía raudo hacia los establos donde sus nuevos compañeros de viaje le esperaban. Les saludó cariñosamente, y después de subirse a lomos de Brión, lanzó una plegaria al aire.

-Sigmar, creo que necesitaré algo más de ayuda para lograr acabar con el mal que amenaza nuestras tierras. Eso lo dejo en tus manos.

Y espoleó al corcel para encarar rápidamente camino hacia Grenzstad, donde su destino se forjaría a través de pólvora y sangre.

FDI. Le doy 35 coronas a Ivein, y 5 mas para Tobias. Yo me quedo con las 8 restantes y los 24 chelines. Y por lo demás me dirijo, ya! Hacia Grenzstad.Haciendo varias tiradas de percepcion y todo eso
Última edición por Eldril el 21 Oct 2010, 14:06, editado 1 vez en total.
"Un hueso roto por cada rama rota con una pisada"

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