Final de Campaña I: Señores de la Guerra

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kurgan
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por kurgan » 15 Sep 2010, 22:41

Reiner Volk

Mientras las habilidosas manos de la sacerdotisa le curaban la herida del pecho, Reiner se sumió en un apacible sueño...

-Mira que eres imbécil.

Reiner abrió los ojos y alzó los antebrazos, irguiéndose. A su alrededor, era noche cerrada, no había ni una luz en el parapeto, y la única fuente de iluminación era un hombre que tenía enfrente, en cuclillas. Era alto y rubio, estaba sentado con las rodillas dobladas, y le cubría el pecho una sobrevesta con la insignia de un dragón rojo. La cimera del casco representaba a la misma bestia, con las alas desplegadas y la lengua fuera, en un gesto de ataque con las garras. Una espada con empuñadura de rubíes le pendía del cinto, y pasaba la mano cubierta por un guantelete de malla por ella. Una vara le sobresalía del pecho, clavada a la altura del corazón.

-¿Eh?-Reiner estaba desconcertado.-¿Y tú quién eres?

-Markus Spügel. ¿No te parece raro que siempre tenga que repetírtelo, cada vez que te duermes? Y tú eres un imbécil. ¿Cómo puede ser un antepasado mío tan inútil? Y pensar que eres de la misma sangre que yo, que aguanté en el Torreón de la Sangre cinco asaltos, que desafié al mayor caballero de mi época, que...
En fin.

Ahora hablaba otro hombre, muy parecido, pero con una nariz muy pronunciada. Llevaba una túnica de cuero y se tocaba con un gorro extraño. De repente, estaba donde el caballero de antes, y hablaba con una voz muy parecida: tanto que Reiner no sabría distinguirlas. A veces parecía que estaban en el mismo sitio; a veces aparecían varias figuras, o Reiner veía un rostro callado y otra voz hablaba. Las caras expresaban todas las emociones posibles, desde la desesperación a la ira.

-Tus errores tácticos son imperdonables. Te lanzas a la carga sin pensar, con un impulso homicida que es digno de elogio, sin duda, pero que te costará probablemente la vida. ¿No has pensado en que lo más importante es el deber? ¿Que desperdiciando hombres no ayudas a la causa de tu señor?

El de la túnica fue empujado hacia atrás y el caballero volvió a ocupar su lugar, pero al mismo tiempo, era como si siempre hubiera estado ahí.

-¡Tú no me interrumpas, idiota! ¡Bien te sirvió a ti mantenerte leal al señor de Talabheim en los tiempos de Magnus! A cuento de que no querías servir a un señor de Reikland. ¡Has condenado a mi linaje a exiliarse a una provincia mierdosa, a vivir siendo campesinos memos! Y todo por no querer rezar a Sigmar, en vez de a Ulric.

Ulbricht de los teutogen ocupó el lugar del caballero.

-bien hizo. Porque Ulric es el único Dios, ¡está claro! en mis tiempos no sabíamos de ese tal Sigmar.

Otro guerrero tribal lo sustituyó. Este llevaba el pelo trenzado hasta el ombligo.

-Sigmar no era más que un caudillo. Pero, ¡Qué caudillo!Paréceme ahora verlo, él y su martillo, el cascagoblins lo llamaban... En el paso del Fuego Negro. Hacía chas, chas, y los dientes de los orcos salían volando. Sufría de estreñimiento, eso sí, y a veces, antes de las batallas...

Reiner se rascó la cabeza. Aquella gente, además de extraña, estaba loca.

-Ya podíais darme consejos útiles en vez de decir tonterías. Contadme, si sois tan listos, quién va a ganar la guerra de Averland, y dónde me tengo que poner para que no me den las balas y me lluevan los honores.

Otra de las apariciones suspiró. Era un hombre con el pelo totalmente quemado y reducido a cenizas, pero el iris de sus ojos tenía el característico azul que compartían todas las apariciones.

-No, Reiner, de nada serviría, tú no eres capaz de acordarte de nada cuando te despiertas. Ahora te desperezarás, te rascarás el paquete y no te acordarás de nada.

El hombre meneó la cabeza tristemente.

-Sólo unos pocos de la familia hemos tenido el don de recordar los sueños. Yo cometí el desliz de decírselo a un tipo delante de un cazador de brujas, pero...

Un hombre con cuernos de cabra pegados a la frente. Este tenía la cara más morena que los demás.

-Pero, en mis tiempos, sabían valorar los dones. Cuando yo hablaba con el espíritu del mamut y del león, en las montañas del este, antes de que los teutogen cruzáramos las tierras de ceniza negra en pos del Sol...

Lo sustituyó un hombre corpulento, barbudo y cejijunto.

-Si t´hubieras quedao en l´aldea, otro gallo cantaba. Estarías ahora trabajando con tu padre, como se debe hacer, como hice yo honradamente toa la vía...

Un torrente de intervenciones se sucedió. Los espíritus, animados por un humor belicoso, se lanzaban pullas unos a otros y trataban de aconsejarle acerca de qué hacer.

-¡Deserta!-dijo uno, con cara de rata.

-¡Sí, eso, que lo haga otra vez! Es que hay que ser... ¡Permanece fiel a Leitdorf!

-¡Abandona el ejército, funda una familia!


-¡El amor es lo único que importa, busca a Beatrix!-dijo uno que empuñaba un laúd.

-¿Pero qué tontería es esa? Sólo importa el dinero! ¡No confíes en nadie!

-¡Todos quieren traicionarte! ¡Mata, destruye!-dijo uno.

-¡Muere con honor!-respondieron diez.

-¡Disfruta de la vida mientras puedas!-exclamaron cien voces.

-¡Basta!

Las voces cesaron. Se hizo el silencio ofendido de mil antepasados.

-A ver, ¿Estoy muerto?

-No.

-No.

-No pero casi.

-No, pero como sigas así...

-Lo que estás es soñando, Reiner.


-Pues si estoy soñando, ¡Qué cojones! Dejadme en paz. Yo mando en mis sueños, por lo menos, y ahora, lo único que deseo, es soñar con una buena comida.

Se alzó un coro de protestas de ultratumba, mientras un plato de comida casera aparecía ante Reiner.

-¡Reiner! ¡No! Escucha esto, por lo menos. El significado de la vida es...

Reiner se despertó con la sensación de un sueño raro de cojones, del que sólo recordaba haber comido unas torrijas excelentes. Sonrió, salivando. Torrijas, qué ricas.

Se desperezó con un bostezo, sacándose las legañas y poniéndose torpemente en pie, amodorrado. Era día ya, y a juzgar por las actitudes de la gente, todo había transcurrido apaciblemente, sin ningún ataque. Esto era lo mejor de la guerra, la labor de guarnición. nueve décimas partes de las campañas eran eso: estar tirado en algún sitio esperando una batalla, o caminar de un lado a otro, poniendo sitio a fortalezas y quemando casas. Un cocinero, con una parrila portable, cocinaba unas generosas raciones que le hicieron la boca agua al lansquenete. El oro de los Mahiven había pagado carniceros, lo que era un lujo comparado con las secas galletas y las gachas de una ración de campaña estándar. Un lujo que había que aprovechar mientras se pudiera, así que Reiner se sirvió generosamente, aprovechándose de que era el oficial al mando para cogerse un buen trozo. Luego, con la boca llena y utilizando una tajada de pan como plato, observó a sus hombres y a Rodrik. ¿este último andaba un poco mosca con lo que había pasado últimamente, o era cosa de Reiner? El lansquenete miró abajo, para ver si habían retirado los cadáveres de sus recientes bajas, dispuesto a tomar medidas si los muertos seguían allí. Los hombres se merecían un funeral con un poco de dignidad, a ser posible, y Reiner deseaba presentarles sus respetos.

Su ojo crítico también observó si los guardias muertos habían sido despojados de su equipo. Las pistolas del capitán no le vendrían mal a Rodrik.

Un par de caballeros y algún mercenario había venido a reforzarlos. La conquista de la ciudad transcurría sin novedades, al parecer, y lo mejor de todo, había otros ocupándose de ella. Ah, había, sí, un asunto que solucionar.

-Balbian. Acompáñame, y Rodrik, hazte cargo de esta puerta, que hoy no creo que pase nada. Vamos a ver a Mahiven, a Bahever y a toda esta gente. A ver cómo andan las cosas.

En realidad, Volk también recordaba cómo, la noche anterior, las zorras se deslizaban buscando clientes entre la masa de revolucionarios. Seguirían en la ciudad, y los dioses sabían que Reiner se merecía un descanso. No estaría mal, la verdad, pasarse por un burdel, si las obligaciones no pesaban mucho...

Reiner deseaba hablar con los líderes del ejército, también, para averiguar cómo transcurrían las cosas y enterarse de las novedades. A ver si los podía encontrar con el edificio oficial tomado: por algún motivo, a Reiner le hacía ilusión ir a la sede de gobierno a dar sus informes.
Última edición por kurgan el 20 Sep 2010, 12:40, editado 1 vez en total.

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Y.O.P.
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Y.O.P. » 16 Sep 2010, 01:29

Cässim

El Cascarilla notó cómo le palpitaban las sienes y sintió que el frío sudor que recorría su el cuerpo no era precisamente normal. Cässim había oído a su abuelo hablar del <<miasma de la plaga>>, de cómo se transmitía por el aire, y así mismo, de esos elfos rijosos que allá en Loningbruck colgaran como responsables.

Que bien es verdad que apenas habían quedado unos pocos de vivos, para enterrar a los muertos, pero así eran las cosas en Loningbruck y para el carbonero, aquello funcionaba a cosa hecha.

Por desgracia no había muchos elfos a la vista, y mientras el pánico se iba haciendo presa en el muchacho, se maldijo a sí mismo por no haber escuchado más atentamente aquellas lecciones del pasado que le contara su abuelo.

Un lugar mágico, este Monheim, ojo a la cuchillada por el costado que seguro que nos cae ahora…

-Mmm, esto no pinta bien. ¿Creéis que deberíamos irnos de aquí antes de que esas columnas pasen por aquí?

-¡Ya!, y-y pre-prenderle fuego a un bo-bosque y ca-cazar a u-un co-comegentes, ¿qué?, e-eso no es pe-peligroso, ¿ve-verdad?, eeso no e-es peligroso…¡Nein!. Que-que vayan abriendo las pu-puertas, que va-vamos la-lanzados-.El cascarilla espoleó a su caballo con su pierna buena y añadió-, Si to-total, mi a-abuelo si-siempre decía, dentro de lo-lo ma-malo, ma-más vale o-ostia que palo…

FDI: si me siguen mis camaradas, por el camino iré explicándoles el plan, que pienso, no es malo. Ante todo hay que darse prisa. Lo primero será entrar en el pueblo, pero no por la puerta principal y llamando la atención, sino con precaución, por algún lugar en que no halla guardias. Buscaremos en los tendederos ropas con las que vestirnos y no llamar la atención, porque, entre otras cosas, yo al menos, llevo la librea de mi señora e imagino que ellos también cantarán lo suyo. Después, nos dispersaremos por el pueblo a buscar un físico cuanto antes y el que lo encuentre que avise los demás, ¿hay algún lugar destacado que se vea desde lejos? pues ahí quedaremos. Y eso es todo por el momento
- Un verdadero guerrero nunca teme al desafío de una batalla. Pero siempre recuerda que no puedes escapar a tu destino.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Nirkhuz » 16 Sep 2010, 10:20

Adlefbert

Las toses y los espasmos destrozaban al pobre escudero. Sobrevivir a todo el viaje, al comegentes, a un incendio, y morir de viruela...esto es todo una burla, joder. Se dijo. Todo una gran burla. Por delante, vieron una gran columna de hombres...o varias, no podía distinguir bien. Alguien, al que seguramente identificó como Alan, preguntó algo:

Mmm, esto no pinta bien. ¿Creéis que deberíamos irnos de aquí antes de que esas columnas pasen por aquí?

Si, definitivamente era Alan, ya que luego respondió Cässim, y Adelfbert estaba claro de dos cosas: que el no había preguntado, y que los caballos no hablaban.

¡Ya!, y-y pre-prenderle fuego a un bo-bosque y ca-cazar a u-un co-comegentes, ¿qué?, e-eso no es pe-peligroso, ¿ve-verdad?, eeso no e-es peligroso…¡Nein!. Que-que vayan abriendo las pu-puertas, que va-vamos la-lanzados Si to-total, mi a-abuelo si-siempre decía, dentro de lo-lo ma-malo, ma-más vale o-ostia que palo…

Adlefbert no entendía muy bien lo que intentaba decir. Pero sabía que en el pueblo (que no tenía muy claro cual era) o en el cumulo de gente habría uno de esos extraños medicos, o incluso una fiable sacerdotisa de Shallya...encontrar a alguno de los dos sería un milagro. Pero Adelfbert no estaba en condiciones de emprender su búsqueda solo.

Adelfbert
Yo estoy con Cässim....aunque sea para movernos algo. Además, no gritéis mucho...me duele....todo.
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 20 Sep 2010, 01:13

22 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

Los obreros se habian hecho cargo de la Puerta Este bajo el mando de Rodrik, que ya habia repartido boinas moradas de escasa calidad al grupo de ataque del tuerto lansquenete, al tiempo que Pit apresaba a Gunter y Rito y mantenia a Jon Taimk bajo custodia. Tucko y Boltus hacian un pulso en las murallas y el resto de campesinos comian de lo que Joffel tenia para ofertarles.

Ya lucia el sol fuerte en el cielo a medio nublar cuando Reiner y Balbian se dirigieron a la Zona Comercial, concretamente al Palacio de Consejo Provincial el cual se iba a nombrar Palacio de Gobierno, donde Burs Mahiven y el sindicalista Bahever mantenian una fuerte discusión acerca de quien deberia tener el control de la ciudad. Y Mahiven no tenia las de ganar.

Balbian Boleslav

-Deberiamos ponerle un nombre a nuestro escuadrón, Reiner. Y también ponernos apodos, he oido que los soldados hacen eso. Tu podrias ser... Bueno, da igual.


Tras tantos dias de combate, Reiner, Balbian, Tucko y Pit habian acabado más hermanados de lo acostumbrado entre soldados. Más que compañeros de trabajo se habian convertido en camaradas, y aunque el mercenario ostentara el liderazgo del grupo por su experiencia en la guerra, los granjeros le trataban como a uno más. No ocurria lo mismo con Boltus y Rodrik, quienes si le consideraban un compañero de trabajo a secas y no tenian intención de obedecerle si la orden no les parecia adecuada. A si mismo, Reiner se habia percatado que, al tiempo de que Gunter y Rito, otros hombres estaban comenzando a cansarse de combatir y no seria extraño notar más objetores (e incluso deserciones) en el resto de los cinco campesinos supervivientes.

La Zona Comercial estaba sucia y malograda, y por todas partes se encontraban muchachos y estudiantes gritando ''Libertad'' y ''Muerte a Jobb Alptraum''. Al parecer, los Caballeros del Oso Negro habian atacado junto a los universitarios los puestos de defensa de los soldados, y estos se habian retirado al Barrio Viejo, donde proseguian fuertes. Los vigilantes habian sido sustituidos por milicias revolucionarias, y los negocios servian puramente al bando Leitdorf. Lo que estos desconocian era el lamentable estado de las arcas de los vencedores de la revolución.

Cuando Reiner y Balbian entraron en el Palacio Gubernamental, se encontraron con Beatrix Wagner rodeada de milicianos, que atendian a sus palabras. La mujer habia repartido más boinas entre los presentes, estableciendo que solo quien llevara esos colores podria entrar al palacio.

Beatrix Wagner

-Hola Reiner, ¿Como estas? Aham... Me alegro de que estés de una pieza. Ya me han contado lo sucedido ayer tarde en la Plenzerplazt, y temí por tu vida. Gracias a los dioses que te has mantenido a salvo, la revolución necesita a más hombres como tú. Por cierto, dile a Rodrik que Jobb Alptraum no murió en el ataque, aunque si resultó gravemente herido. Unos informadores me han contado que su galeno le diagnosticó paralización corporal parcial por la bala, y es posible que no pueda volver a caminar en el resto de su vida... Bueno, no te entretendré más, estarás ocupado. Mira-
dijo acercandose al lansquenete y tocando levemente su hombro -Bahever está arriba, junto a Burs Mahiven. Y perdona el desorden, pero los jinetes del Oso Negro no han sido muy cuidadosos con las puertas.

Ciertamente, la mayoria de las puertas del Palacio habian sido derribadas. Los muy salvajes habian reventado cajas y puertas, esperando encontrar soldados de medio metro escondidos detrás de éstas, y el Palacio parecia salido de las dependencias de un furibundo tornado. En la parte más alta, donde apenas unos dias antes se habia reunido Oliver Saford, Kirdan Tullirfed, Jobb, Anna y BukterAlptraum, Vergamont Fahen, Heinrich Messner y el resto de colaboradores del Consejo Provincial se encontraba Bahever (rodeado de escribas y estudiantes) alzando los brazos mientras le gritaba a Burs Mahiven, quien sostenia la mirada sin contestar al sindicalista, autoproclamado señor de Averheim. Al ver llegar a Reiner, este cesó en sus palabras y saludó al tuerto lansquenete.

Sindicalista Bahever

-Oh Reiner, ¡que bueno verte! Ya me han contado acerca de tus progresos en las Puertas, y has de saber que estoy muy contento con tus logros. Justo ahora estabamos discutiendo el siguiente paso a seguir, más viendo que los cobardes Alptraum se han escondido en el Barrio Viejo, y tenemos información de que planean abandonar la ciudad mañana por la mañana junto a las tropas de Jaran. Pero bueno, cuentame, si has venido hasta aqui supongo que será por algo...






Averland, en la guerra del halfling.jpg
Averland, en la guerra del halfling.jpg (55.35 KiB) Visto 2680 veces


23 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Monheim.

Cässim entró en el pueblo, mientras Alan y Adelfbert esperaban en una parte retirada. No encontraron tienda alguna abierta, pues era una aldea excesivamente pequeña, pero aun asi pudieron llevar a cabo el plan pensado por el cojo de Loningbruck. Andando lentamente, el carbonero se desplazó durante casi una hora con su torpe andar hacia la polvareda que levantaba el descomunal ejército de doscientos hombres, seguido de otros tantos cientos de hombres. A medida que se acercaba, pudo comprobar las decenas de colores que vestian los hermosos estandartes, pero antes de poder reconocer a nadie, se percató de que entre los soldados que componian la enorme marcha se encontraban soldados con el uniforme de Averland, negro y amarillo. Aquello solo podia suponer que aquellos hombres estaban escoltando al gobierno legitimo de la provincia, y que por lógica debian de estar bajo el mando del Consejo Provincial. Lo que Cässim no sabia era que el Consejo Provincial se habia desligado del paralitico Conde Jobb Alptraum, y que ahora era Jobb el lider de Averland.

Antes de que llegara siquiera cerca de la formación, un par de jinetes de acercaron. Portaban sendos uniformes negriamarillo, y se notaba que eran miembros del cuerpo de herreruelos. Uno de ellos era un joven imberbe, mientras que el otro no pasaria de los treina años y lucia el cabello recogido hacia atrás. Fue el segundo quien tomó la palabra la mayor parte del tiempo.

Herreruelos Viktor y Damian

-¡Escucha campesino! Aquel ejército que ves detrás nuestro es el ejercito del capitán Jaran, al servició de Averland y del verdadero Conde Elector Jobb Alptraum, portador del colmillo. Más vale que te arrodilles...


Los herreruelos llevaron a Cässim al interior de la caravana, haciendole entrar en contacto con un representante del minusvalido Conde.

Tras dos horas de lenta espera, Cässim volvió hacia el centro de la pequeña aldea de Monheim, junto a una sacerdotisa de Shallya que le acompañaba mientras el grueso de la inconmensurable caravana proseguia su marcha hacia el Sur, dirección Heideck, sin siquiera pisar Monheim, donde Alan y Adelfbert aguardaban montados en los caballos, expectantes ante cualquier singo de peligro para huir de alli. La sacerdotisa era una mujer mayor y arrugada, de pelo recio y azabache, que saludó a los jinetes del Oso Negro.

Sacerdotisa Buinger

-Oh caballeros, su joven amigo me ha comentado su situación, y de los males que la viruela ha hecho con ustedes.


La anciana inspeccionó a Adelfbert y a Alan, y tras varios minutos en los que tocó cuellos, rezó en voz alta, midió temperaturas y escuchó respiraciones, dió un veredicto:

-Oh, Shallya me inspire... Creo que no podré auxiliarles, lo siento muchisimo... Su enfermdad, bueno, está en un estado muy grave, y no tengo los conocimientos ni la ayuda de mi diosa para poder liberarles de su dolor... Sin embargo, en Averheim si que podrán encontrar ayuda. Ahora está tomada por salvajes revolucionarios, pero aun asi el templo de Shallya sigue abierto para visitantes. Anden deprisa y tal vez sus vidas puedan salvarse... Que los dioses vayan con ustedes...

Tras la pesima noticia, la sacerdotisa se dirigió a una casa de la aldea, donde le habian dicho que un enfermo de gravedad habitaba tras la infección una herida. Cässim tuvo entonces tiempo de comentarle a Alan y Adelfbert lo sucedido al entrar en contacto con la caravana del Conde tullido, y tras esto, Alan decidió que lo mejor era visitar el templo shallyano en Averheim cuanto antes, para que la enfermedad no se extendiera.

Alan Friedsgoth

-Los dioses me amparen... Solo espero que si los revolucionarios han tomado la ciudad, no nos tomen por enemigos. Cässim, ¿no has notado nada extraño en la caravana? Porque si Jobb Alptraum está dejando la ciudad, temo de que esos soldados no te hayan contado lo suficiente.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por kurgan » 20 Sep 2010, 13:19

Reiner Volk

Antes de marcharse, Volk se dirigió hacia Gunter y Rito, los dos que habían vuelto la espalda al peligro en la toma de la puerta de Jorktown. Agolpados el uno junto al otro, en mangas de camisa, desprovistos de armas y armaduras, se destacaban las cicatrices de la Plenzerplatz y del combate en los campos de Leitdorf. Dioses, no eran más que campesinos sin entrenamiento, pero esto era una guerra, y en la guerra...

-Cuando vuelva, estos hombres no tendrán las ligaduras, y mirad de proveerlos con las armas de los que cayeron y que dejaron abandonadas.

Rodrik y los campesinos intercambiaron miradas de asombro. Todos habían dado por supuesto que Reiner castigaría a los traidores de alguna forma, en cuanto los vieron aparecer maniatados. Pero el lansquenete se había limitado a ignorarlos durante medio día, descansando y dando todas muestras de haberse olvidado de ellos. De hecho, necesitaba un tiempo para evaluar la situación, pues nunca se había visto en un caso similar, enfrentado con tomar una decisión tal. Tenía que ser una decisión que ayudase a formar un sprit de corps en su reducida compañía, y para ello, nada mejor que apalizar entre todos a los desertores y luego colgarlos. Pero no quería mermar sus ya escasas fuerzas.

Volk se anticipó a sus protestas. Se volvió hacia los desertores.

-Aquí, vuestros kamerraden pelearon y murieron por tomar este puesto. Vosotros le disteis la espalda y huisteis. Cuando los compañeros luchan, no hay derecho a pensar en el propio pellejo. Podrían haberos necesitado, podría haberles costado la vida que no estuviérais para cubrirlos. Sois una escoria, vaya, y en justicia debería colgaros. Un hombre muerto, sin embargo, no me sirve de nada, y vosotros os habéis portado como valientes en la Plenzerplatz, todos. Así que miro para otro lado y os doy otra oportunidad, si vuestros kamerraden os perdonan.

Se giró hacia el resto de los campesinos.

-Si me los encuentro armados y en pie cuando vuelva, entenderé que hay perdón y sois dignos de estar entre sus filas. Si no están, o les ha ocurrido un accidente, también lo entenderé. Si han llevado un par de cintarazos o una patada en la cara, pues también se asume. Llevaréis, sin embargo, vosotros dos, la boina guardada, y no en la cabeza. Sólo los que se han portado dignamente siempre tienen derecho a llevarla. Cuando a mí me parezca y así os lo diga, podréis ponérosla, pero no antes. Pero nadie volverá a abandonar a un kamerraden bajo mis órdenes. Si desertáis, o se vuelve a dar un caso así, no habrá piedad. Si encuentro al que huyó le cortaré la cabeza, si no, que no piense en regresar a casa, pues en su pueblo le esperará la soga.

Volk los observó con cuidado. Era difícil, para un hombre, pelear al lado de gentes que ya lo habían abandonado una vez. Esperaba que la vergüenza y la oportunidad de redención pesasen más que la cobardía. En cuanto al sistema de castigos y degradaciones, así marchaban las cosas en el cuerpo de lansquenetes, en el que un soldado podía ser recluta, bisoño, degradado, soldado de segunda, soldado de primera, doppelsoldner y cabo antes de llegar siquiera a oficial, en un complejo sistema de jerarquías y privilegios semioficiales. Así esperaba que funcionasen las cosas entre sus hombres.

-Eh, tú, cambiachaquetas-y se dirigió hacia el guardia apresado-ya sabes cómo son las cosas en mi compañía ahora. Los que no lleven boina en la cabeza, no tienen derecho a saquear, no tienen derecho a mujeres cuando os consiga alguna, harán siempre los trabajos más duros y arriesgarán el pellejo, pero por otra parte, si pelean bien, podrán ganarse el privilegio de que les deje ponérsela un día. Dime, ¿vienes con nosotros, empezando desde abajo?

Tras disponer las cosas de tal manera, Volk se internó en la ciudad. Mientras caminaban, Balbian le hizo una propuesta interesante.

-Deberiamos ponerle un nombre a nuestro escuadrón, Reiner. Y también ponernos apodos, he oido que los soldados hacen eso. Tu podrias ser... Bueno, da igual.

-No, di, Balbian. Lo que pasa es que no soy bueno poniendo motes.

Eso era cierto. De chico, en la aldea, siempre se los ponían a Reiner, y el futuro soldado se liaba a mamporros cada dos por tres. No sabía responder a los insultos. Reiner rebuscó entre el escaso imaginario compartido por los campesinos y él mismo. La noche anterior, no, dos noches antes, el viejo de Streissen-Volk no lograba recordar su nombre, Goring o Goreld-había amenizado la velada con chistes e historias, sin saber que no llegaría a ver el anochecer siguiente. El viejo ahora se pudría en una pila de cadáveres, de las varias que crecían a la espera de que alguien sacase los cuerpos en una carreta en dirección a una fosa común. Entre las antiguas leyendas, estaban los cuentos de Redi el gigante, un monstruo nacido de padres humanos que, con fuerza sobrenatural, se metía en simpáticas aventuras en defensa del campesino. Ahogaba ejércitos mandados a exterminar aldeanos, acababa con hordas de goblins y orcos con un bramido de su cuerno, o abortaba ataques de hombres-bestia confundiéndolos con un rebaño de cabras y cortándoles los cuernos. Estas historias eran las preferidas de Reiner: siempre lo hacían reir como un niño. Había también recuerdos de batallas, de amores perdidos, bellas muchachas de río que llevaban a los hombres a la muerte en los acantilados de Lorelei. Y cuentos de animales que hablaban. Y, también, la historia de Streissen.

-¿Cómo se llamaba el tío ese de la historia, que salvó a vuestro pueblo de la hambruna? Sí hombre. El que tenía una banda de perros-lobos. ¿Qué te parece Kampfhundehaufen von Streissen, la banda de los perros de la guerra de Streissen? ¿O Rohlerwolfhound, los mastines salvajes?

Las palabras compuestas sonaban bien en reikspiel. Aquello, un poco infantil como todos los nombres que se ponían los grupos de soldados-Reiner había perdido la cuenta de las Compañías de la Muerte que había encontrado-podría funcionar.


El camino al palacio estaba flanqueado por edificios apedreados, ocasionales charcos de sangre, muebles defenestrados, cristales rotos. Reiner, bajo cuyas botas crujían vidrios arrancados de los marcos que valían más que todo su equipo y que le pegó una patada a un trozo de madera de roble importado de Ostland al salvar el marco con la puerta abierta a hachazos del parlamento, reía salvajemente para sus adentros. Aquello sí que era una revolución popular. Mira a los ricos y poderosos, les pegas un alabardazo en el culo y salen corriendo. Pensaba, quemando y matando, quizás se arregle el mundo y se acabe la explicación de por qué somos pobres. Entonces tendremos que buscarnos ricos y nobles que nos opriman, porque si no se acabaría la explicación de nuestra mala fortuna y seríamos más infelices aún.

Y allí, entre las boinas moradas y el humo y las partículas de polvo que danzaban en los rayos de sol que se colaban por los boquetes de los balazos, estaba Beatrix. Una boina morada ladeada le cubría media cabeza, y le dedicó a Reiner una sonrisa cansada que la hizo parecer una diosa. El mercenario se esforzó por mantener una expresión neutra.

-Hola Reiner, ¿Como estas?

-Mmmff...

-Aham... Me alegro de que estés de una pieza. Ya me han contado lo sucedido ayer tarde en la Plenzerplazt, y temí por tu vida. Gracias a los dioses que te has mantenido a salvo, la revolución necesita a más hombres como tú.


Dioses, pensó Reiner, sabiendo que no se había preocupado lo más mínimo. Nunca había estado con una mujer como ella, pensó. Está hablando con los hombres como la misma Verena, no, la otra diosa pagana del Sur que acaudilla a los soldados, Myrmidia. No es una mujer cualquiera. Aunque me mienta, como todas.

-Por cierto, dile a Rodrik que Jobb Alptraum no murió en el ataque, aunque si resultó gravemente herido. Unos informadores me han contado que su galeno le diagnosticó paralización corporal parcial por la bala, y es posible que no pueda volver a caminar en el resto de su vida... Bueno, no te entretendré más, estarás ocupado. Mira- dijo acercandose al lansquenete y tocando levemente su hombro -Bahever está arriba, junto a Burs Mahiven. Y perdona el desorden, pero los jinetes del Oso Negro no han sido muy cuidadosos con las puertas.

Reiner miró hacia abajo para disimular el embarazo, y no supo qué decir. Asintió. No había reparado, sin embargo, en que el mismo efecto provocaba Beatrix en muchos de los milicianos, y entre los que servían a la revolución por convicción, había muchos que lo hacían por el vuelo de unos rizos rubios cuando Beatrix hablaba apasionadamente sobre la justicia social. O por una breve mirada que parecía que iba dirigida a uno, entre la multitud.

-Subiré.

Reiner se giró, se detuvo, dio la vuelta de nuevo.

-Venid si así lo deséais a la puerta. A mis hombres les haría mucho bien que los visitáseis, han... sufrido mucho. Y dicen que dais suerte.

Arriba había asientos de lujo en los que Bahever se sentaba como un dictador, Mahiven como un señor que se ha visto privado del poder.

-Oh Reiner, ¡que bueno verte! Ya me han contado acerca de tus progresos en las Puertas, y has de saber que estoy muy contento con tus logros. Justo ahora estabamos discutiendo el siguiente paso a seguir, más viendo que los cobardes Alptraum se han escondido en el Barrio Viejo, y tenemos información de que planean abandonar la ciudad mañana por la mañana junto a las tropas de Jaran. Pero bueno, cuentame, si has venido hasta aqui supongo que será por algo...

-A preguntar cómo van las cosas en el resto de la ciudad, más bien. Mi consejo es que se intente tender una emboscada con ballesteros, al paso de la caravana de los Alptraum. Supongo que las familias afines a estos intentarán irse con él. No tenemos hombres suficientes como para detener a los Alptraum, si intentan marcharse de la ciudad, es la difícil realidad. Pero hagámoselo pagar con disparos a cada paso, y hostiguemos su retaguardia, y tras ellos quedémonos con sus posesiones. Al enemigo que huye es difícil matarlo si retrocede en buen orden, pero si se le consigue poner en pánico la cosa se convierte en una desbandada y los acuchillaremos. Pena que la bala de Rodrik se desviase: si le hubiese dado en la cara a ese cabrón, no habría pretendiente ya, y sus hombres serían nuestros.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Y.O.P. » 22 Sep 2010, 02:41

Cässim

-Los dioses me amparen... Solo espero que si los revolucionarios han tomado la ciudad, no nos tomen por enemigos. Cässim, ¿no has notado nada extraño en la caravana? Porque si Jobb Alptraum está dejando la ciudad, temo de que esos soldados no te hayan contado lo suficiente.


El Cascarilla llegó al punto, al lugar dónde Alan y Adelfbert se encontraban, acompañado de la tan esperada ayuda en forma de sacerdotisa Shallyana, más no habrían de hallar en ella demasiada ayuda.

- Me-me temo, que no me ha-hallo en disposición de-de comentar gra-gran cosa mein herr-, el muchacho respondió vacilante-, cu-cuando me adyegué hasta allí, hube de me-mentir como un bellaco, ba-bastante hubo co-con jugarme el cuello y tra-traer a la moza. Con ca-carros y arcabuces ti-tienen, y bom-bombardas también.

A ver, tranquilidad, ante todo un poco de calma Cässim- se dijo a sí mismo, sojudgando el pánico-, porque en estos casos la peor hangada que puedes hacer es perder el control.

Mientras la muchacha hacía su trabajo, el carbonero miró afuera, en dirección a la columna armada. A poco menos de un tiro de piedra había algunas construcciones de madera, y casas con sus puntigudos techos de tejas, y también un templete hacia el que ahora avanzaban los revolucionários a paso ligero.
El mozo tragó saliva mientras la ciudad comenzaba a aparecerse en su mente más como una trampa sin salida, que como cualquier otra cosa en el mundo.

-Pss- susurró con el índice en los labios-, precisamente po-por eso que-que decís mein he-herr, porque no nos tomen por enemigos, habrá que mar-marcha cuanto antes. A A-a...¡Leñe!, a Averheim. ¿Créeis que-que el a-abuelo a-aguantará?-,el carbonero señaló con la cabeza a Adelfbert que se removía inquieto con sus fiebres. No tenía muy buen aspecto pese a los cuidados que se suponía, había recibido.
- Un verdadero guerrero nunca teme al desafío de una batalla. Pero siempre recuerda que no puedes escapar a tu destino.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 23 Sep 2010, 17:41

22 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

Una vez el tuerto lansquenete dió su opinión, Burs Mahiven se adelantó, dandole la razón. Sin embargo, aun faltaban algunos detalles que ultimar, que el primogenito Mahiven quiso ultimar.

Burs Mahiven

-Reiner, yo también he oido acerca de la captura de la Puerta Este que llevaste acabo la noche anterior, y estoy seguro de atacar en su retirada a los Alptraum es una buena idea. Pero también de que debemos coordinarnos para que las posesiones del Barrio Viejo no sean saqueadas por los obreros y ciudadanos, si no que sean vendidas y repartidas equitativamente, guardando la mayor parte para los tiempos que vendrán. Nuestras reservas son pauperrimas, y los Alptraum se han llevado sus letras del tesoro y sus reservas a Heideck, donde la neutralidad de los terratenientes les asegura la ausencia de traiciones.


Balbian se peinó el flequillo hacia delante por debajo de la boina, mientras miraba a Reiner. Rohlerwolfhound, los mastines salvajes, necesitaban descanso, y salir detras de los Alptraum solo aseguraba más bajas y deserciones.

-Tu equipo de ataque estará cansado, asi que te evitaremos que tengas que salir a hostigar a los Alptraum. Tu tarea y la de tus hombres será la de controlar los accesos al Barrio Viejo únicamente a los combatientes y lideres de la revolución, y no a cualquier ladronzuelo de tres al cuarto. Durante el dia de mañana, tus hombres tendrán las tareas de vigilancia y seguridad del Barrio Viejo, asi que te recomiendo que se lo hagas entender. Asi mismo, también te buscaré mas hombres para que trabajen en tu equipo ¿está claro?


El muchacho de Streissen respiró aliviado. Aquella tarea era mucho más facil que aguantar disparos de ballestas y evitar tajos de alabarda. Desde luego, Burs era un hombre experto en tales lides y sabia lo que se hacia.

-Serán los Osos Negros y las Arcas Rojas los que se encarguen del trabajo. Por primera vez en el conflicto podremos aprovechar a los jinetes para algo importante, y los Arcas Rojas nos vendrán muy bien para mermar desde las murallas al enemigo. Instalaremos a los ballesteros desde la sección de muralla que capturasteis vosotros, los...


Mastines Salvajes!- exclamó Balbian, entusiasmado con el nombre, a lo que Burs sonrió afablemente.

-Si, los Mastines. Mandaré también a unas cuantas shallyanas para que os repitan tratamientos antes de mañana, vosotros teneis esta tarde de patrulla, que os vendrá bien para continuar descansando, y a mi para buscaros más incorporaciones. Vosotros trabajais para Markus Leitdorf- dijo Burs, recalcando las últimas palabras para que Bahever, a su espalda, las comprendiera -y estoy seguro de que cuando venga querrá que su escuadrón sea más saludable y numeroso. A ver si podemos ampliar el número a cuarenta hombres para pasado mañana.

Dicho esto, Burs Mahiven puso la mano en el hombro de los mastines salvajes, y salió del despacho de Bahever, el cual dirigió una mirada seria y adusta a los mercenarios de Leitdorf. La tarde estaba tranquila, cual ciudad arrasada por un huracán, pero poco a poco las gentes salian a la calle, a comprar comida, vender sus mercancias o simplemente colaborar con la reconstrucción.

Eran tiempos duros, y tras dos dias de disturbios y sangre, mucha gente quedaria sin trabajo. Cientos de sirvientes habian sido despedidos, miles de obreros habian perdido sus trabajos, y desde el Palacio de Gobierno, se esperaba una fuerte recesión económica en la capital. Pronto, las hambrunas atacarian al recién establecido gobierno, y la única forma de evitarla seria conquistar más terrenos de cultivo y adquirir más cabezas de ganado. Que todo saliera bien dependeria de las nuevas teorias politicas de los Neuen Philosophen, una corriente de pensamiento surgida treinta años atrás en la Universidad de Nuln, y que gracias a Bahever accederia por primera vez en su historia a un Palacio de Gobierno.

Mientras tanto, en las murallas, los Mastines Salvajes habian castigado a Gunter y a Rito, y habia sido idea de Rodrik que tuvieran que hacer todo el trabajo, entregandoles la comida y siendo poco menos que esclavos para el grupo mercenario. Al tiempo, Jon Taimk habia cambiado su chaqueta, y habia decidido unirse a los mercenarios. Era una oferta más que suculenta, y como el lancero no habia llegado a matar a nadie entre el grupo, nadie pareció descontento. Aun más, el joven conocia montones de juegos de cartas que habian amenizado la espera, hasta que Burs Mahiven y los Arcas Rojas llegaron la intersección amurallada, trayendo vendas y a tres sacerdostisas shallayanas que vendrian de perlas para los heridos y los mirones.

La noche cayó, y el ejército de Jaran comenzó, en el Barrio Viejo, a repartir responsabilidades y tareas para la marcha matutina del dia siguiente. asi como el regimiento del Oso Negro preparó a los caballos, por orden de Burs Mahiven. Los Arcas Rojas ya habian tomado la Puerta Sur con gran facilidad, aumentando el número de prisioneros, y la Puerta Oeste fue rendida sin necesidad de luchar. Para cuando los Mastines Salvajes recibieron su ración de gachas y queso, todo estaba preparado para el dia siguiente.



23 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

Reiner Volk recibió atención médica, y la herida de su pecho comenzó a notar mejoria. Aun estaba muy lejos de sentirse curado, pero pronto dejaria de correr peligro de infección. A la mañana siguiente, sus tropas ya estaban listas para recibir las ordenes de Burs, que les envió al Barrio Viejo para vigilar la zona, con la orden de arrestar a quien quisiera irrumpir la ley. Mientras tanto, serian los mercenarios de los Mahiven los que entrarian en las casas y tomarian los objetos y bienes de valor, entre ganado equino, armamento, utensilios de cocina y bienes exoticos, que financiarian, al menos un tiempo más, al gobierno de Markus Leitdorf. Los Mastines Salvajes no lo sabian, pero de madrugada habian acontecido combates entre los Arcas Rojas y los soldados de Jaran, que habian acabado con doce muertos para los tileanos y siete para los soldados del capitán de Jobb. Fue justo antes del alba cuando la columna de nobles y pajes de los Alptraum salieron de la ciudad con sus más preciadas pertenencias, bajo la escolta de doscientos soldados al mando de Jaran. Algunos Arcas Rojas pudieron entrever a Jobb Alptraum alzado en una silla, y aunque no pudieron ensartarlo con un virote, le dispararon las más crueles de las risas.

Más adelante, Manuel Vod dirigió el mismo cargas y hostigamientos severos contra las fuerzas de Jobb, consiguiendo ralentizar su viaje hasta que llegaron a las zonas de Monheim, donde los perdieron. Fue precisamente en Monheim donde Manuel encontró unos aliados más que inesperados.



Cässim ya habia puesto en marcha a los jinetes, partiendo en dirección a la capital, entre toses y esputos. Sin embargo, el cojo de Loningbruck se encontraba notablemente mejor que sus compañeros, y no tenia problemas para hablar sin parar, entre dichos populares y tartamudeos severos, más fuertes que de costumbre. Llevaban media hora de trote cuando encontraron, ya visibles las murallas de la capital, un requero de hombres muertos y heridos. Y acercandose a rápido paso, a veinte jinetes armados con pesado equipamiento. Antes de que nadie hablara, Alan los reconoció como Osos Negros.

Alan Friedsgoth

-¡Por fin hemos llegado! Por los dioses, que tortura de viaje, pensaba que no acabariamos nunca!


El rubicundo caballero galopó veloz hastas Manuel, con un trapo en la cara para impedir contagiar su mal. Adelfbert y Cässim también pudieron acompañarle. Una vez los caballeros encontraron a Alan, todos estallaron en saludos, preguntando que tal habia ido el viaje. Alan les explicó todo el proceso, desde que encontraron a Amelia, hasta que toparon con revolucionarios hasta Loningbruck, asi como el encuentro con Mannricht y el famoso mediano del cocido de Markus. Comentó tambien el banquete con los von Kusch y la noche de juerga con los revolucionarios. Por último, relató la caza del engendro junto a Cässim y Adelfbert, y el horrible mal que habian contraido desde el sur, la viruela.

Los caballeros escucharon toda la historia, asombrados, mientras el grupo volvia a la ciudad. No tuvieron miedo por la viruela, y llevaron a Alan y al resto al templo de Shallya, donde sus heridas y males fueron tratados. Alli notaron que Cässim se encontraba mucho mejor, pero que Adelfbert estaba en un estado de riesgo muy alto, otorgandole una máscara de cuervo que deberia llevar puesta todo el tiempo para no contagiar su enfermedad al resto. Después, el gran Maestre del Oso Negro, Manuel, se entrevistó con Alan y con Adelfbert en el Cuartel de la orden, al tiempo que Cässim quedaba maravillado de la gran extensión de terreno con la que contaba Averheim, sorprendido y extasiado con el bullicio de gente, la voluptuosidad de las prostitutas, la frescura del pescado y la cantidad de hombres de armas que pasaban de un lado a otro.

Manuel Vod

-Jajajaja, sabia que lo conseguiriais. Y fue una fortuna que Alan se encontrara contigo, Adelfbert. Es una lástima que no pudierais traer el cuerpo, pero comprendo vuestra situación. Por tanto, Alan, aqui está tu recompensa-
dijo el gran maestre, al tiempo que le entregaba una bolsa al rubio caballero.

-En cuanto a ti- explicó mirando a Adelfbert -has llamado mi atención notablemente. Nuesta Orden tiene mucho trabajo ultimamente, asi que no podras ser entrenado como se debe hasta que esta horrenda guerra termine. Mientras tanto, servirás a Alan en un cuerpo de guerra al servicio de Markus Leitdorf, como prometi cuando la revolución. Asi será hasta que Markus sea el único y exclusivo lider de Averland, y hasta que recupere el Colmillo que por derecho de linaje le pertenece.

Manuel esperó la respuesta afirmativa (o negativa, si daba el caso) de Adelfbert. En caso de que el viejo caballero aceptara, pasaria a formar parte oficialmente del Oso Negro, y se le consideraria Osezno o Novicio hasta que el maestre creyera oportuno. Alan Friedsgoth, por su parte, tendria que hacerse cargo, junto al caballero Boltus, de aportar algo de fuerza a un escuadrón de ataque que se estaba formando, los Mastines Salvajes, donde trabajaria con un conocido suyo, el lansquenete Reiner Volk. Cässim, por su parte, seria recogido por Alan, y tambien tendria que trabajar con los Mastines, que en aquellos momentos se encontraban en tareas de vigilancia del Barrio Viejo. Eran tiempos dificiles, y aunque Markus Leitdorf aun no habia llegado a la ciudad, los reclutamientos forzosos estaban a la orden del dia. Pronto, más de lo que nadie aun esperaba, los cada vez más numerosos Mastines de Volk recibirian una misión como nunca antes habian tenido.


Averland, en la guerra del halfling.jpg
Averland, en la guerra del halfling.jpg (54.62 KiB) Visto 2624 veces


FDI: Reiner, puedes hacer preguntas y narras todo lo que tu quieras desde que te entrevistas con Burs Mahiven hasta que empiece tu turno de guardia en el Barrio Viejo. Te curan un punto de herida adicional, y quedas a la espera de ordenes de Burs Mahiven, que se encuentra tambien en el Barrio Viejo llevando a cabo un saqueo controlado, del que saldrá tu sueldo y el de tus hombres.

Cässim, curas un punto de herida también, y sanas un dia adicional de enfermedad. Tu estado comienza a ser mucho mejor que antes. Cuando Alan y Adelfbert terminen su entrevista con Manuel Vod, te llevarán al Barrio Viejo, donde comenzaras a servir en los Mastines Salvajes. Como no sabes hacer otra cosa ni tienes otro oficio de utilidad, el bando revolucionario te recluta por obligación.

Adelfbert, curas otro punto de herida, pero la enfermedad ha hecho mella en ti y es dificl restarle duración a ésta. Por contra, tu si tienes opciones para actuar. Puedes aceptar el trabajo de Manuel, pero también puedes negarlo, y cambiar de vida. En Averheim, el bando revolucionario necesita gente experta en el trato de caballos, y ahi tu puedes ayudar bastante. Es decisión tuya tomar uno u otro camino, pero sea como sea debes de servir al gobierno. En tiempo de guerra, quien no es amigo se considera enemigo...

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Y.O.P. » 24 Sep 2010, 01:40

Cässim

Quien mal anda, pues mal acaba, y puesto que la sabiduría popular raras veces falla, el cojo de Loningbruck acabó enrrolado con Mastines Salvajes sin comerlo ni beberlo ni tiempo de rechistar.
Por lo que Cässim respectaba, el guerra era cosa de nobles amancebados de su propia manos y pisaverdes malcriados, capaces de mandar a un pobre carbonero tullido al frente, antes que presentarse ellos mismos con un buen par de...Espadas en manos, distintas de las que tanto gustaban. Cässim se encogió de hombros mientras bajaba a dónde le habían encomendado, y es que ya lo decía la canción:

Señores de bujarrones,
y sirena de dónde los rabos
pues son los ojos del culo,
todas sus obras y rasgos...


Y en estas verdades se encontraba, mientras el mozo caminaba con su heróico bamboleo, echando una ojeada curiosa a lo que acontecía a su alrededor.
Si tenía que pelear, el Cascarilla al menos prefería conservar la sangre en sus venas que salpicar el suelo con ella; así que abrió bien ojos y oídos y en cuanto estuvo entre sus nuevos camaradas pronto se interesó por detalles como ¿quien era el oficial al mando de la defensa?, ¿que se había hecho de su señora, la Condesa?, ¿con que fuerzas contaba la ciudad? ¿y a dónde demonios le habían destinado a servir y a quién exactamente?

FDI: y si es necesário haré las pruebas de cotilleo u otras pertinentes que el director estime más al caso.
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Nirkhuz » 24 Sep 2010, 11:10

El pobre escudero apenas daba más de sí. No tenía recuerdos muy claros del ultimo día de viaje, y la conversación con Vod le parecía lejana, aunque realmente no habían pasado ni unos minutos. Vió como la ahora presencia familiar que era Cässim se iba. Se sentía apenado, ya que habían pasado muchas cosas juntos. Después de los tratos en el templo de Shallya, ya se sentía un poco mejor, aunque la mascara de cuervo le desorientara un poco. Cuando ya se volvió a sentir con fuerzas, hablo con Vod y Alan. Al parecer serviría a Alan hasta que la guerra acabara...y cuando eso pasara, y si ese tal Markus ganaba, se haría caballero....Si, era muy atractivo. Vivir para la camaradería, para la lucha. Sería un gran caballero. pero solo si la revolución triunfaba. Si no, se metería a un monasterio. Estaba empezando a hartarse del mundo exterior y su corrupción....cuando pensó eso, se dijo a si mismo que la enfermedad le estaba afectando.

Manuel Vod
En cuanto a ti, has llamado mi atención notablemente. Nuesta Orden tiene mucho trabajo ultimamente, asi que no podras ser entrenado como se debe hasta que esta horrenda guerra termine. Mientras tanto, servirás a Alan en un cuerpo de guerra al servicio de Markus Leitdorf, como prometi cuando la revolución. Asi será hasta que Markus sea el único y exclusivo lider de Averland, y hasta que recupere el Colmillo que por derecho de linaje le pertenece.

Adelfbert
Será un tremendo honor volver a servir con Alan Friedsgoth. Dijo la voz distorsionada del escudero detrás de la mascara. Serviré a Alan, y a la causa del Oso Negro, hasta mi muerte. El escudero intentó levantarse, pero se sentía sin fuerzas. Pero he de decir que aún estoy un poco débil....la plaga no me ha tratado bien. ¿Podría descansar unas horas? No creo que un vejete enfermo ayude mucho a cambiar las tornas de esta guerra. Dijo con un tono jovial. Ellos no podían verlo, pero el escudero sonreía.
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por kurgan » 24 Sep 2010, 16:24

Reiner Volk

Un par de cosas recomendó el lansquenete, sumando sus ideas al plan de Mahiven. El hostigamiento, además de desde las murallas, estaría bien realizarlo dentro de la propia ciudad, de la siguiente manera: se llenan carruajes con objetos, se vuelcan en una calle, se hacen barricadas, y tras ellas se esconden los ballesteros. No hay tantas calles tan anchas como para permitir una retirada ordenada de mucha gente, razonó Reiner. Los ballesteros disparan, y cuando los Alptraum avancen, abandonan sus posiciones y huyen por calles laterales. Si no los persiguen, muy bien, si los persiguen, habrá otro grupo preparando una emboscada. Este sistema no les causaría muchas bajas, pero los cansaría y los pondría nerviosos. Sin embargo, no teniendo una visión clara de las fuerzas que serían necesarias, y no comprometiéndose a dirigir la operación, no quiso dar lecciones en exceso a Mahiven.

En campo abierto, dijo, la caballería debía no comprometerse en un combate cerrado, sino amagar constantemente con cargar, y llevar caballos de reserva. Situaría dos fuerzas diferentes, decía Reiner, una delante como pantalla para hostigar y mantener a la caballería enemiga cerca de la fuerza principal, otra preparada en reserva para cargar cuando el enemigo diera señales de flaqueza: este grupo se lanzaría contra la infantería desorganizada, en marcha, y luego volvería grupas y huiría, descansando mientras el otro grupo cubría su retirada. Eso hacían los kurgan en el Norte, dijo Reiner, con su caballería ligera y caballeros acorazados, y les iba muy bien.

Lansquenete y noble salieron a la calle, con una fugaz mirada a las espaldas de Beatrix, con Balbian un paso por detrás. El lansquenete se puso incómodo al verla y le pego una patada a algo. Sabía que no vendría a la muralla, y que, aunque así fuese, no tendría nada que decirle. Luego se dirigió hacia Mahiven, que le hacía el honor de tratarlo con respeto y al que apreciaba por ello. Sentía pena, sin embargo, por él. Aquí estaba, aguantando a Bahever, dando dinero por la causa, arriesgando su vida y propiedad, para que los réditos recayesen en el inútil de Leitdorf. A veces, el mundo era muy injusto.

-Aumentar el número de hombres de un regimiento es siempre complicado, mein herr, pero haré lo más que pueda. El grupo es aún muy joven, y no tiene... historia. Los reclutas no saben a qué se unen, y el núcleo de veteranos, por llamarlos así, es muy pequeño. Será complicado.

Mahiven enarcó una ceja.

-Sí, me toca hacerle historia. Igual algún día se me recuerda por eso, ¿Eh? Cuando el viejo Reiner esté en la tumba, los Mastines se seguirán echando a la garganta de los enemigos de Averland. No estaría mal.

Un hombre escarbaba en la calle. Llevaba una boina morada, un jubón de trabajador, salpicado de cerveza, y una bota en la mano. Echó la cabeza atrás, empinó el codo, pero de la bota sólo salió un minúsculo chorrito de cerveza que pronto se extinguió. Exasperado, el hombre lo tiró a un lado lo pateó furiosamente, insultó a un tal Adolf, se sentó y se echó a llorar. Era obrero de una fábrica de metal propiedad de los oligarcas de Averheim, a los que creció odiando. Su madre murió muy joven, su padre no supo nunca quién era, él se veía obligado a dejar a Adolf y a Lisa en casa de los vecinos y a colocarlos de sirvientes. Él había llevado a su hermano a las reuniones, le había convencido de la necesidad de la lucha obrera. Él le había prometido a Lisa que no les pasaría nada, que aquellos cerdos que habían explotado a su madre hasta la muerte, que la sobaban mientras trabajaba en su casa, que hacían trabajar a los obreros hasta la extenuación por una miseria, pagarían esa noche. Ahora un sicario de los propietarios había matado a Adolf, y él estaba sólo, y se daba cuenta de que prefería morir de pie a vivir de rodillas, pero prefería morir o vivir como fuese a perder a su hermano pequeño. Levantó la vista cuando pasaron Reiner y sus acompañantes, y el lansquenete lo miró sin compasión. Pero él, a cambio, no los veía.

Había muchos como él. La guerra convertía a los ricos en pobres, los obreros en mendigos, los mendigos en saqueadores que cortaban la garganta de los heridos después de la lucha, por robarles un mendrugo de pan. Tras la batalla venía el hambre, sabía Reiner, y la peste que se ceba con los hambrientos, y la podredumbre del agua corrompida por los cadáveres. Siempre era igual. Middenheim, donde algunos habían llegado a devorar los muertos... Volk intentó pensar en otra cosa, pero los pensamientos sobre el futuro le revoloteaban la cabeza como malos augurios, graznando como cuervos.

-Hay una historia, señor-comentó Reiner a Mahiven mientras este montaba en su caballo, antes de despedirse-Una leyenda pagana de los orcos, que una vez me contaron. Dicen que en una montaña hay un dios furioso, la Gran Boca lo llaman. Los orcos le tiran allí de todo: prisioneros y cabezas de ganado y... Muchas cosas, vaya. Pero el dios siempre tiene hambre, y nunca se sacia.

Reiner señaló en derredor.

-Así es la guerra, señor. Come gente. Come oro. A mí me comió el ojo y la salud, a muchos camaradas la vida. Arrasa países, mata ejércitos, siempre sigue y nunca se cansa. Adiós, mein herr. Cuidad que nos os consuma a vos y a vuestra familia-dijo en voz baja cuando se fue, y luego le echó el brazo por encima de los hombros a Balbian.

Amigo, le dijo, hay dos cosas que se necesitan para ser un soldado. Una es el bautismo de sangre, y ese ya lo has tenido. Le contestó en qué consistía el otro, y Balbian se puso rojo, y se lo llevó de putas.

***

-La herida mejora-la doncella de Shallya no era hermosa. Era una mujerona de más de metro ochenta, con hombros de campesino y una sola ceja, pero su voz era dulce y sus manos hábiles-dentro de poco, no habrá que realizar más purgas. ¿Habéis hecho esfuerzos últimamente?

Jon Taimk se rió y Volk le echó una mirada matadora. El lancero se cayó inmediatamente y siguió repartiendo los trozos de pan que hacían las veces de plato para el rancho. Volk pensó que había sido una buena adquisición: el joven era diestro en aprender, simpático y se había integrado bien. Al no ser de Streissen, levantaba la moral, con conversaciones que no llevaban siempre a los amigos muertos en combate. El caballero del Oso, a un lado, jugueteaba con la maza. Rodrik limpiaba las pistolas, con trapo y soplidos. Se estaba bien de guarnición. Habían preparado un toldo para protegerse del calor y la lluvia, habían puesto motes a las torres adyacentes, y habían tenido paz por primera vez en una semana.

Las tenacillas de acero que limpiaban la herida salieron de la carne y el alcohol la empapó. La sensación era extraña, caliente y fría a la vez. Reiner suspiró cuando las vendas volvieron a tapar la cicatriz. Estaba herido pero no iba a morir. Por alguna razón, eso le hacía muy feliz, más que si hubiera estado sano.

-El menos que se pudo, hermana. Danke. No-llamó la atención de una shallyana que se dirigía hacia Gunter-a esos dos tratadlos de últimos.

Burs Mahiven, que había acompañado a las shallyanas, estaba sentado en el parapeto. El viento le tiró de la capa. Miraba hacia el Sur, y parecía como si creyese que, afinando la vista, llegaría a ver a los Alptraum, allá en Monheim, o a su señor que acudía desde Streissen. O a Feuerbach, y su ejército.

-¿Se sabe algo del ejército de Talabheim?-preguntó Reiner, apoyándose junto al noble. Cuando este le hubo respondido, el veterano pasó al tema de los reemplazos.

-Necesito gente...

-¿Despolitizada?

-Eh... No sé. Quiero decir, que no tengan la cabeza comida por Bahever.


Bajó la voz.

-Eso de la revolución popular está muy bien, pero, señor, Leitdorf va a lanzarse encima de Bahever en cuanto la guerra acabe. No quiero que me apuñalen por la espalda mis propios hombres. Si pueden ser campesinos, mejor será, y si pueden ser de Streissen, mejor que mejor. Si no, hombres que hayan estado en la milicia. No más caballeros si os es problema, pero sí... guardias, guardias de alcantarillas, soldados, hombres de armas.

La noche transcurrió apaciblemente.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 29 Sep 2010, 22:12

23 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

Burs Mahiven paró su caballo cuando llegó a la altura de Reiner Volk, mientras los mercenarios se encargaban de terminar el trabajo de expolio. Burs sentia un gran aprecio por el tuerto lansquenete, y durante la noche anterior habian conversado largo y tendido. Balbian también, pero en otro lenguaje, cuando ambos visitaron un prostibulo del Distrito Sur, que hizo las delicias del joven campesino. Sin embargo, ahora tocaba trabajar, y tales ocios quedaban fuera de lugar... Hasta el cambio de turno.

El señor Mahiven le habia prometido al veterano de los Mastines Salvajes refuerzos de gente joven y sin influir por el sindicalista Bahever, algo de lo que el mismo compartia entusiasmo. Caballeros del Oso Negro y hombres de fuera de Averheim eran los elegidos para unirse a los Mastines Salvajes.

Burs Mahiven

-Balbian, Reiner-
saludó Burs cuando pasó a caballo por la salida de la plaza del Barrio Viejo, entre los jardines Leitdorf -El dia esta sucediendose sin percances. Casi preferiria algo más de movimiento, me suele inquietar la calma en mitad de una revuelta del tamaño de ésta. Y para colmo, no tenemos noticias ni del ejército de Twin que marchó hacia Legenfeld ni de los talabeclandeses. En fin, espero que esta noche Markus y su consejero lleguen sanos y salvos y nos informen de algo.

El señor noble siguió su camino entre sus hombres, recibiendo miradas de aprecio y saludos formales. Burs sabia hacerse de respetar, y a pesar de su juventud, aparentaba más edad de la que realmente tenia. El hecho de estar siempre rodeado de hombres fieles a su casa, y ser de los pocos lideres revolucionarios con cultura y maneras también ayudaba, todo habia que decirlo. Cuando la tarde comenzó a suceder a la mañana, el noble se dirigió a entrevistarse con Manuel Vod, que se encontraba charlando con sus hombres en la Casa-cuartel del Oso Negro.

La ciudad habia comenzado sus preparativos para recibir al Conde del Pueblo, como ya habian comenzado a llamarle. Se habia extendido el rumor de su llegada, y las puertas y calles ya se habian limpiado de sangre y engalanadas con banderillas moradas y el simbolo de la calavera, la luna y el sol del Conde Leitdorf. Los ciudadanos habian esperado aquel momento durante casi siete años, y los hombres más ancianos contaban historias de lo bonita y maravillosa que habia sido su niñes bajo el gobierno de Marius, el Conde Loco, olvidando temporalmente el hambre y la miseria que habian sufrido toda su vida independientemente del gobernante.

Alan y Adelfbert habian terminado la reunión con el Gran Maestre, y mientras el viejo descansaba, Alan habia recogido a Cässim, que no habia pasado mucho tiempo sin encontrar gentes en la ciudad con las que conversar. El cojo de Loningbruck ya se habia enterado de las fuerzas que componian la revolución, y de las casas favorables a Markus Leitdorf, asi como de los sangrientos sucesos de la Plenzerplazt del dia 21, y de la toma de las murallas por los Mastines Salvajes (ambos hechos algo edulcorados y debidamente exagerados, que le dieron a Cässim la idea de que los Mastines eran unos heróes de guerra guapos, fieros y valientes). Cuando el rubio caballero encontró al carbonero, no tardó en darle las ¿buenas? nuevas, sacandole de una conversación con un carpintero que reconstruia un puesto que habia sido dañado con una explosión de las detonaciones de los estudiantes durante la toma del Palacio de Gobierno.

Alan Friedsgoth

-Cässim, deja ya de parlotear, esta gente está ocupada. Ocupada como lo vamos a estar tú y yo. Al final resulta que el Oso Negro está al servicio de la Revolución como el que más, y nos toca ingresar en uno de los regimientos de la ciudad, que ahora están haciendo patrullas en el Barrio Viejo. El viejo barbas está durmiendo, vamos a despertarlo y a ponernos en marcha.


Los cos compañeros no tardaron en llegar al cuartel, donde el viejo dormia. Fue justo al llegar a su litera, cuando oyeron el estruendo de Burs Mahiven llegando al centro del cuartel. Alli, el señor de los Mahiven reunió a los elegidos de Vod para unirse al escuadrón de los Mastines Salvajes. Fueron un total de cinco hombres del Oso Negro, incluidos Adelfbert y Alan, asi como dos escuderos más y otro caballero, un hombre orondo de pelo negro llamado Asier. Por otra parte, Manuel habia reclutado por las calles a veinte extraños a la ciudad recien llegados a la capital para unirse a la revolución por unas monedas, asi como a Cässim, escogido por Alan para seguir trabajando con ellos. Esto hacian venticinco personas, que unidas al grupo de Reiner harian de los Mastines Salvajes un grupo de cuarenta hombres (contando a Reiner, Rodrik, Balbian, Jon el lancero, Gunter pies rápidos, Rito, Gran Boltus, Pit el hondero y Tucko el fuerte, asi como seis hombres de Streissen más). La gran leva de reclutas partió entonces de la Mataperras, con los animos de los restantes caballeros del Oso Negro, en dirección al Barrio Viejo donde los Mastines Salvajes esperaban su ración de garbanzos secos y queso blando.

El sol comenzó a ponerse oscuro en el horizonte, mientras los Mastines, cada vez más fuertes y recuperados de sus heridas, seguian trabajando de guardia por el Barrio Viejo, mientras Jon cantaba y Tucko le daba un empujón a Rito de pasada. Pit y Gunter habian hechado a un par de ladronzuelos de la zona, pero aparte de aquello no habia ocurrido nada digno de recordar. Mahiven le habia dicho a Rodrik que en media hora podrian descansar y visitar a las shallyanas en la Plenzerplazt, centro neurálgico para los hombres de la revolución. Sin embargo, antes de que la hora pasara, una niña de unos quince años, algo feilla y de pelo enmarañado, se acercó gritando a Reiner con varias moscas revoloteando su sucia pelambrera.

Betty Loid

-¡Tuerto! ¡Quiero una boina morada! ¿Puedo ser una de los vuestros?


El joven Balbian miró a la niña y se hechó a reir, pero habia algo extraño y demencial al mismo tiempo en los ojos negros de la cria, que se presentó como Betty, y que sacó una navaja oxidada de entre las rotas faldas, diciendo que ella también podia ser de utilidad para matar a Alptraums. Tucko estuvo a punto de hecharla a patadas, pero antes de que pudiera los cascos del destrero de Burs se oyeron por toda la calle de adoquines, precedido de los más de veinte reclutas que iban a unirse a los Mastines. El señor bajó del caballo y saludó a Rodrik y a Reiner.

Burs Mahiven

-Lo prometido es deuda, caballeros. Aqui están vuestros refuerzos. No os podreis quejar, nunca habia visto una leva tan rápida en toda mi vida.


El señor de los Mahiven se dirigió entonces a toda la masa, explicandoles su cometido sin exceso de pompa ni grandes espavientos.

-Hombres de Averland, fieles servidores de Markus Leitdorf, tengo el placer de presentaros a los que serán vuestros camaradas de ahora en adelante. Vosotros conformareis el escuadrón que ha de entregar libertad al pueblo leal de Averland, y muerte a los ladrones y corruptos seguidores del tullido de Jobb Alptraum, cobarde rata que se ha escondido de la lucha como esta niña pequeña.

El noble señalo a Betty con la última frase, y varios hombres rieron. Tras la pausa, el noble continuó con su recital.

-Dentro de una hora os espero a todos en la Plenzerplatz, para repartir más comida y atención sanitaria, asi como las ordenes para el dia de mañana. La siguiente paga será en cinco dias, asi que portaros bien. En mi ausencia, respondereis a estos hombres.

Burs señaló a Reiner y a Rodrik, para acto seguido marcharse a caballo. Los cuarenta hombres comenzaron a saludarse entre ellos y a formar corrillos, como un grupo de estudiantes nuevo en un curso, mientras algunas prostitutas intentaban hacerse un hueco hasta llegar a Cässim y un vendedor ambulante molestaba a Adelfbert, siempre cerca de Alan con sus máscaras de cuervo. Todos conocieron a varios de sus compañeros y fueron entrando en motivación acerca de lo que suponia ser un Mastín Salvaje. No tenian ni idea de que, justo en aquel momento, Markus Leitdorf y su panda de granjeros estaba traspasando la Puerta Oeste de la ciudad.



FDI: Cässim, sacas un 23 en Cotilleo, y te enteras de lo que te he comentado. Para todos, ahora teneis un post para hablar con quien querais, relacionaros entre vosotros o narrar tranquilamente, que tiempo teneis.

Aprovechad esta oportunidad, que la paz no dura eternamente...

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Y.O.P.
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Y.O.P. » 30 Sep 2010, 00:10

Cässim

El cojo de Loningbruck se deslizó renqueando y en silencio como buenamente podía. Mientras las prostitutas se abrían paso hasta él, el muchacho hizo un esfuerzo para dejarlas atrás y entonces se dio cuenta del trabajo que le costaba mantener el ritmo entre toda aquella multitud.
En vano, deseó que hubiera habido alguna forma de quedarse con los caballos o en la cantina o cualquier otra cosa antes que aquel endemoniado lugar, al cabo que finalmente consiguió llegar hasta dónde ese tal Reiner se encontraba:

-Co-con e-esto-, dijo señalando a su alrededor, -su-supongo que e-el ejército de Le-leitdorf recupera su-su dignidad y se da-dará por bien pa-pagado, su se-señoría. Mi-mi nombre es Cä-cässim, a-aunque los que-que me co-conocen, me lla-llaman el Cas-cascarilla…

El muchacho miró de soslayo a su alrededor y masculló disimulando discretamente, fingiendo como que buscaba algún grupo al que acoplarse:

-No-no me pa-parece prudente de-demorar más e-este aviso mein herr. Me-me te-temo que e-el éxito de vu-vuestra em-empresa corre gra-grave peligro-. El cascarilla se sonó los mocos en la manga y continuó murmurando por lo bajo-. La-la muerte no-no tendrá lu-lugar sólo en-en el cam-campo de-de batalla tal-tal y-y como i-imagináis, si-sino tam-tambien ro-rodeada de estas pa-paredes de pi-piedra…Ha-hay u-un traidor e-entre no-nosotros.

FDI: utilizaré <<esconderse>> para pasar todo lo desapercibido que pueda hasta llegar a Reiner. Una vez allí, mientras hablo con él utilizaré también <<percepción>> para detectar si alguien nos observa.
- Un verdadero guerrero nunca teme al desafío de una batalla. Pero siempre recuerda que no puedes escapar a tu destino.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Nirkhuz » 30 Sep 2010, 13:31

Adelfbert se sintió mejor después de descansar, pero aún se notaba febril. La cabeza le daba algunas vueltas, pero al menos podía andar con cierta facilidad, y sin complicaciones. La mascara de cuervo, aparte de aportarle un siniestro semblante, le hacía ver peor. Pero al menos no contagiaba a la gente.

Se encontraba con un grupo de 'voluntarios' para unirse a los Mastines. Al parecer eran una conocida fuerza revolucionaria. A Adelfbert esto ni le iba ni le venia, pero como su supervivencia se aseguraba por la cooperación con esos hombres, intentó hacer algunas amistades. Intentaba hablar con sus camaradas, pero un pesado mercader no paraba de intentar venderle el infalible remedio para la muerte, o un diente del Archilector Volkmar... Adlefbert lo espantó casi a golpes, pero el tipo no se iba.

Mercader
Amigo, amigo, que va en serio. Este bote contiene mocos de un mago de fuego. Esos curan hasta el más fuerte de los catarros, solo tienes que frotártelos contra la frente.
Adelfbert intentaba evitarlo, pero el tipo era incansable. ¿No estás acatarrado? Entonces seguro que te interesa esto. El vendedor sacó una pequeña astilla. Esta astilla la llevó el propio Magnus el Piadoso en un dedo gordo de su pié durante 3 semanas. Confiere suerte a aquel que la porta. Adelfbert ya empezaba a enfadarse, y mucho. Al parecer, a Alan le hacia mucha gracia. Veo que el caballero tiene suerte... entonces quizás quiera echarle un vistazo a este curioso matojo de pelo. Se dice, yo no soy un teólogo, pero se dice que son pelos de las barbas de Ulric y Taal. Como lo oyes. Cuenta le leyenda que Ulric bajó a la tierra para hacerle una visita a su hermano Taal, y entonces... El tipo no iba a callar. Pero Adelfbert no iba a darle dinero. Mientras intentaba alejarse de él, escucho una voz de mando que dijo algo.

Dentro de una hora os espero a todos en la Plenzerplatz, para repartir más comida y atención sanitaria, asi como las ordenes para el dia de mañana. La siguiente paga será en cinco dias, asi que portaros bien. En mi ausencia, respondereis a estos hombres.

Eso tenia buena pinta. Adelfbert se encaminó ya hacia la Plenzarplatz. Quizás si llegara el primero podrían tratar un poco sus síntomas... aparte, ahora todo el mundo estaba disperso, y intentar hablar con alguien era difícil. Aviso a sus únicos conocidos, Alan y Cässim.

Adelfbert
Alan, Cässim, yo me voy yendo ya hacia la plaza. Quizás puedan tratarme un poco las Shallayanas, ya que no me encuentro muy bien. Tras la mascara de cuervo, su voz sonaba algo lejana y hueca. Era siniestro. Deseadme suerte. Nos vemos en un rato.

Adelfbert se marchó con algunos de los voluntarios que también se movían ya. Con gran alivio vió que el vendedor ambulante estaba ahora lejano. Se fijó un poco, y vio que ahora estaba martirizando a Alan. Soltó grandes carcajadas al ver los suplicantes ojos de su compañero rogándole que le sacara de ahí. Hizo comos i no lo viera, y se marchó. Adelfbert no era rencoroso, pero una vez al año...
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por kurgan » 02 Oct 2010, 16:43

Reiner Volk

Fue un día de responder a gente...

***

El primer día hay que dar ejemplo, pensaba Volk mientras miraba a los poco prometedores reclutas. Hay que encontrar a algún idiota que quiera irse de listo y que justifique la primera bronca. Tras él, disciplinadamente alineados, había dispuesto a sus veteranos. A él se dirigió un tipo feo y cojo, con aire conspirativo que le recordó a alguien. Oh, dioses, otro como aquel. Si ahora le contase que no podía hacer instrucción porque estaba mal de la pierna...

-No-no me pa-parece prudente de-demorar más e-este aviso mein herr. Me-me te-temo que e-el éxito de vu-vuestra em-empresa corre gra-grave peligro-. El cascarilla se sonó los mocos en la manga y continuó murmurando por lo bajo-. La-la muerte no-no tendrá lu-lugar sólo en-en el cam-campo de-de batalla tal-tal y-y como i-imagináis, si-sino tam-tambien ro-rodeada de estas pa-paredes de pi-piedra…Ha-hay u-un traidor e-entre no-nosotros.

Gracias, Ulric. Aquello era incluso mejor.

-Te has equivocado de sitio, recluta. Aquí, la inteligencia militar y el espionaje lo lleva el general Von Hegel. ¿Conoces al general Von Hegel? ¿No? Claro que no, recluta, porque eres...

Volk tomó aire.

-¡UN PEDAZO DE GUSANO INMUNDO QUE NO MERECE LLEVAR LOS COLORES DE LEITDORF! ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO ENTRE MIS GLORIOSOS MASTINES, RECLUTA? ¿HAS VENIDO A TOCARME LOS COJONES, RECLUTA? ¡ESTO ES EL EJÉRCITO! ¡PONTE FIRME, PEDAZO DE ESCORIA! ¿ESO ES FIRMES?

Reiner le explicó en términos muy coloridos lo que opinaba de la postura de Cassim, a lo que le recordaba y lo que suponía que estaría haciendo su madre con tres caballeros en ese mismo momento, en un lenguaje que no reproduciremos aquí por el bien de la decencia. Luego, cuando supuso que se había ganado la atención de todos los reclutas, se dirigió a ellos.

-¡FOOORMAD!

Evidentemente, no supieron formar. Reiner hizo alinearse a los soldados y a algún vendedor despistado en filas irregulares. Balbian, que se había adaptado muy bien a la vida militar, amplificaba el discurso de Reiner repitiéndolo en voz alta y recalcando las últimas frases. Como golpe de efecto, había mandado a los soldados hacer un coro de gritos cada vez que hiciese una pausa.

-¡Buenos días! ¿Sabéis lo que son los Mastines Salvajes? ¿Sabéis quién soy yo? Los Mastines Salvajes son unos cabrones que matan mierda Alptraum, y yo soy Reiner Volk y soy más cabrón que ellos. ¡Esto es el ejército, reclutas, y no una charada!

-WOLF-HOUND-gritaron los campesinos de Streissen, mirando al frente, con sus alabardas en la mano.

-¡He tenido que admitiros en este cuerpo tras pedir soldados de verdad, pero al parecer Mahiven se equivocó y me trajo niñitas! Primera orden: sacaos esas boinas de las cabezas. ¿Veis a estos hombres detrás de mí? Son los cabrones más duros al Sur del Taal, y se han ganado el derecho a llevarlas pasando a través de una muralla de alabarderos. ¡Vosotros no habéis hecho un cojón para ganaros el privilegio! ¡Y hasta que merezcáis el privilegio de llamaros soldados de primera, seréis reclutas!

-WOLF-HOUND

-Yo os voy a transformar en soldados de verdad. Os voy a hacer tragar polvo y os voy a dar instrucción hasta que os sangren los pies, y después os voy a hacer lo mismo otras cuatro veces. Y cuando haya acabado con vosotros, seréis capaces de zamparos a un caudillo orco para desayunar y pedir segundo plato.


Reiner se paseó entre las filas más compuestas de reclutas. Cuando alguien estaba nervioso, se le notaba y lo abroncaba. Cuando no estaba nervioso, la mirada del tuerto durante medio minuto acababa poniéndolo. A los que parecían tener porte militar,

-Balbian, no le quite ojo a este-dijo señalando a Cassim-.Venga, media vuelta, condúcelos. ¡Hacia la Plenzerplatz! yo estaré en diez minutos. ¡Uno, dos, uno, dos, uno...!

¡***
-Escucha chica, que las mujerse no pueden estar en el ejército. No es porque sean más tontas y débiles y quejicas que los hombres, que lo son, ni porque anden siempre metiendo las narices donde no les llaman. Ni porque debieran quedarse en la cocina atadas a la escoba y no meterse en temas políticos.

Reiner pensó en Beatrix, hizo una pequeña pausa y luego continuó.

-No es sólo por eso. Es también porque en el ejército hay hombres, y esos hombres se van de campaña mucho tiempo, y no tienen mujeres, y se cansan de estar así, ¿eh? Y una mujer no puede abrirse de piernas para doscientos hombres de grado. Así que los soldados se las apañan como pueden con ella. ¿Eh? Y los oficiales les dejan, porque este oficial prefiere violadores contentos que hombres puros amotinados. Eso es lo que te pasa a ti si vienes con nosotros: tarde o temprano acabarás comiendo tierra con una fila detrás esperando su turno, y yo no me voy a meter e igual hasta estoy esperando mi vez, ¿comprendes?

-Ahora, no me llores, que no digo que no se pueda hacer nada. He dicho que no voy a reclutar a Betty Loid, que tiene un nombre gilipollas y debería cambiárselo. Pero sí a un tal Müller, que quiere unirse a mi compañía, me viene con el pelo corto, me viene vestido de hombre y está en la Plenzerplatz dentro de una hora. Müller se va a mear separado del resto de sus compañeros, se pone un trapo en la entrepierna una vez al mes y le dice a Volk qué murmuran sus colegas que quieren desertar, y Reiner Volk no va a ponerse a dejar en pelotas a cada recluta para ver si es una mujer disfrazada. ¿Müller sabe tocar el tambor, por hacer algo útil? ¿no? Bueno, en ese caso, ya podría buscarse un poste de madera de tres metros y medio de alto, un trapo con los colores de Leitdorf, más o menos como una sábana, y una calavera de perro grande, como de mastín. Ya podría componérselas para traerme un estandarte.


-¡Eh, tú! ¿cómo te llamas?

La mujer frunció los labios pintarrajeados y dijo un nombre que Volk pronto olvidó.

-Escucha, tengo un negocio que proponerte-Volk señaló hacia la fila de soldados que marchaban hacia la Plenzerplatz-y para un par de amigas sanas. Ahí detrás tienes a medio centenar de mozos que no me interesa que se los coma la sífilis. "De señoritas" acabarán yéndose todos, a lo más tardar en dos noches. Veo que llevas armas encima, sí, bien escondida la navaja en la bota y muy estilosa por cierto, y te he visto el otro día en la reunión a pie de calle, husmeando. Si tú y tus compañeras queréis ganar dinero, garantizadme que no tenéis enfermedades, que no os acostaréis con los que no lleven la boina morada en la cabeza, y tendréis el privilegio de ser las únicas que trabajen con mis chicos. Tendréis el munopollio.

-No, claro que no os saldrá gratis. Una pieza de cobre por servicio, para el fondo de viudas y huérfanos, y oye... ya encontraremos algún otro acuerdo.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Y.O.P. » 02 Oct 2010, 21:54

Cässim

Una vez más y para variar, al muchacho le había vuelto a subestimar y Reiner no sabía lo mucho que eso molestaba al Cascarilla.

...¡UN PEDAZO DE GUSANO INMUNDO QUE NO MERECE LLEVAR LOS COLORES DE LEITDORF! ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO ENTRE MIS GLORIOSOS MASTINES, RECLUTA? ¿HAS VENIDO A TOCARME LOS COJONES, RECLUTA? ....

-sigue hablando cabrón, tu sigue hablando-...El cojo se sorbió los mocos. Huelga decir que los precedentes en ese ámbito particular no eran buenos. La última vez que alguien había subestimado al carbonero un bosque entero había ardido en llamas y al igual que en aquel momento esta vez, Cässim también esta vez tenía un plan para herr Volk.

- ¡ESTO ES EL EJÉRCITO! ¡PONTE FIRME, PEDAZO DE ESCORIA! ¿ESO ES FIRMES?.

Cässim se puso tan firme como la inseguridad de su cojera le permitía, sin chistar, y sonrió por dentro ante los comentario del arrogante reiner al tiempo que iba grabando bien su cara en la memoria, el sonido de su voz y el color de su blasón, para cuando le estuviera lacerando su nombre completo en el escroto con hierros al rojo vivo.

A este punto cabría comentar que el hecho de que Cässim no supiera leer o escribir, más que un impedimento, sería un divertimento más y un reto a superar en un futuro no muy lejano, aunque no, eso Reiner tampoco lo sabía. Pero bueno, para esto estaba el Cäscarilla, para recordárselo sin acritúd.

Mientras tanto y como su abuelos olía decir, <<el que calla y obedece da por culo dos veces>> así que tranquilamente y con toda la calma de su cojera amén de una buena dósis propia de flojera, el muchacho se puso en marcha <<un-dos,un-dos>> de camino a la Plenzerplatz, tal y como su buen amigo Reiner le había recomendado.
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