Final de Campaña I: Señores de la Guerra

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Saratai
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 04 Oct 2010, 19:03

23 de Destilario (Brauezeit) de 2501. Wuppertal.

La Corona de Laureles Negros.

''Mi señor Duran, le relato en esta misiva la orden de su hermano. Se como le sentirá esta carta, y se que no le agradara el contenido. Ruego a Sigmar no me culpe a mi, pues solo soy un intermediario, nada más.

Su hermano me ordenó que su sobrino, su hijo mayor Markus, fuera entregado a sus dependencias de Streissen. Argumentó que usted no tenia la fuerza necesaria para ser un hombre, menos aun un padre, y que el muchacho no podria crecer fuerte bajo su mando. Le permite mantener al pequeño Leopold con usted y con su esposa, a pesar de que no le es de agrado que el joven se crie con una mujer de la Casa Pillher. Dice también en su misiva que será Markus el heredero de sus tierras, y que a el le entregará la Corona de Laureles Negros. Que ve en los ojos del muchacho el espiritu de su abuelo, des..''


Las lágrimas brotaron de los ojos de Duran Leitdorf. Su mil veces maldito hermano le robaba a su primogenito, envidioso por haber sido incapaz de engendrar un hijo varón. A su lado, su esposa gritaba desconsolada. Ambos sabian que cuando aquel tirano tomaba una decisión, correria la sangre de quien se opusiera a el, fuera quien fuera. Duran no tuvo más remedio que obedecer. Doce años después moriria de gota, sin llegar a conocer la funesta y merecida muerte de su tiranico hermano. Jamás volvió a ver a su primogenito, quien tras una decada de adiestramiento y lavado de cerebro por parte de su cruel tio, habia quedado trastocado de mente y alma, y rechazaba toda relación con su padre, que tanto le habia amado.




23 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

Las murallas de Averheim, la grandiosa capital de Averland, relucian a lo lejos con un especial resplandor. Tan solo él lo veia, pero aun asi, era la luz más hermosa que jamás hubieran visto sus ojos.

Markus Leitdorf

-Que bella ciudad, en verdad. Jamás me cansaré de verla- dijo el trastornado Conde, mientras andaba al trote. A quinientos metros de la Puerta Oeste, desmontó de su caballo y se dirigió hacia su ayuda de cámara, quien contenia un cofre. Markus le habia ordenado que lo tuviera dispuesto, dado que lo abriria antes de entrar en la ciudad.

Mi tio me dijo que no me coronara hasta que lo mereciera. Cuanto he luchado desde entonces y cuanto he sufrido, y ahora por fin lo he logrado. Ahora merezco llevarla. Ahora esta Provincia volverá al resplandor de antaño.

El Conde abrió el pequeño cofre, donde entre terciopelos carmesis una hermosa y deslumbrante corona de metales preciosos en forma de laureles reposaba resguardada de la luz. Muchos habian oido hablar de la Corona de Obsidiana que Marius habia guardado en su comoda durante años, pero muy pocos la habian visto relucir. Markus se la ceñó en la cabeza, y haciendo juego con su pelo negro y su armadura de placas oscurecidas, ribeteadas en oro y bronce, que tan buen porte le daban. Su destrero, adornado con la misma combinación de colores, portaba debajo de las mallas sedas de púrpura, negro y amarillo, asi como la capa de Markus. Su yelmo, coronado con un sol y una luna, habia sido tallado para asemejarse a la calavera, simbolo Leitdorf durante cientos de generaciones.

El sequito cabalgó de nuevo, escoltando al gran señor de toda Averland, hasta el centro de la ciudad. Cuando pasó por la Puerta Oeste, cientos de vitores y gritos de apoyo se alzaron en el cielo ya nocturno. Cuando cabalgó entre Jorkstown, las mujeres lloraban y los hombres rezaban, llenos de alegria y gozo por el advenimiento del salvador de todos los males. Pero fue al llegar a la Plenzerplazt donde la euforia se desató, mientras se lanzaban petalos sobre las calles recién limpiadas de la sangre de los dias anteriores. Desde balcones y callejuelas, todos relucian en la misma luz que el Conde hubiera visto en las murallas. Todos le amaban, y todos darian la vida por el. Todos, y cada uno de ellos...

En la Plenzeplazt, los grandes lideres revolucionarios esperaban al gran lider Leitdorf, ansiosos de su llegada. No faltaba ni uno, pues estaban Manuel Vod, Burs Mahiven, Giorgio de la Soura, el Sindicalista Bahever y hasta Beatrix Wagner. También se encontraban varios de los Neu Philosophen, expertos profesores de la Universidad de Averheim que con sus discursos habian apoyado toda la revuelta. Asi mismo, los Mastines Salvajes se hallaban, bien formados y disciplinados, gracias a los gritos de Reiner Volk y Rodrik el Renegado, grandes artifices de la victoria en la capital. Markus Leitdorf se bajó del caballo con la ayuda de Boris Novak, y saludó a toda la ciudad desde lo más alto de la Torre de Craneos, lanzando besos a diestro y siniestro. No habia nada en el mundo que le gustara más que aquello, y asi lo transmitió al pueblo.

-Averlandeses, habeis muerto por vuestra patria, habeis muerto por el fin de la tirania y habeis muerto por mi. Ahora seré yo quien os devolverá el favor, y moriré cada dia mil veces hasta que vuestro esfuerzo sea recompensado. ¡Asi lo juro por los dioses que nos miran! Y no solo esto, tambien traigo buenas noticias, pues esta mañana he recibido una misiva desde Legenfeld. Alli, el capitán Twin, tras enterarse de la disolución del Consejo Provincial y del robo del Colmillo por parte de Jobb, me ha jurado lealtad, y ¡me ha informado de que ha conseguido vencer a las fuerzas extranjeras! Los carroburgueses que alli defendian la ciudad tras haber sido derrotados por mi consiguieron debilitar a esos cabrones del afeminado Feuerbach, y Twin solo tardo cinco dias en tomarla.


Todos los presentes corearon su nombre a gritos, completamente euforicos, y acto seguido, por orden del mismo Markus, los hombres de Mahiven comenzaron a lanzar panes y comida a la hambrienta población, sacada de las bodegas saqueadas de las casas Fahen, Messner y Alptraum. Tras la pausa y el combate por la comida, Markus abrazó a Manuel Vod con gran fuerza, nombrandolo a el y a sus hombres como su guardia personal. Después se dirigió a Burs, nombrandole a el Consejero de Guerra. Asi mismo, repartió cargos a Beatix, al sindicalista Bahever, y a Muriel, de la Universidad. Tras casi una hora de discurso y de agradecimiento, el Conde bajó a ver a los Mastines Salvajes, que permanecian en sus puestos, no sin alguna falta de aspecto militar. Cuando vió a Reiner, se acercó y le dió un fuerte abrazo.

-Reiner Volk, leal soldado... Mira lo que has conseguido... Has logrado tu cometido, y ahora estás al mando de un escuadrón de voluntarios. ¿Quien es mi mejor hombre? ¡Si, tu lo eres! Oh Dios, que orgulloso estoy de ti.

El sonriente Conde pellizcó uno de los mofletes del tuerto veterano ante la atonita mirada del gentio, y le rascó la nuca como si de un animal se tratara. Acto seguido, una vez la muchedumbre habia devorado el pan entregado, Markus volvió a hablar.

-Me ha emocionado vuestra entrega, pero estoy algo cansado y tengo mucho que hablar con mis generales. Venga, pasad buenas noches.

Toda la población calló de golpe, asi como los propios soldados de Leitdorf. Al ver que seguian esperando más palabras, el Conde Resopló, ajustandose la Corona en las sienes.

-¿Que coño esperais? ¿Un beso antes de acostaros? ¡Largaos de la puta plaza, que me estais estorbando!


Los caballeros del Oso Negro comenzaron a colocarse alrededor de Markus, mientras el populacho comenzaba a susurrar entre si, completamente atonito ante la desproporcionada reacción del Conde. ¿Como podia atreverse a tratarles asi, tras todo lo que habian sufrido? ¿No era aquella la revolución del pueblo, donde alcanzarian mayores cuotas de libertad?

-Malditos seais, os voy a bajar las tasas y me he arriesgado una barbaridad para venir aqui, ¿y asi me lo agradeceis? ¿Con caras largas en lugar de sonrisas y abrazos?

Un hombre le gritó que no tenia derecho de hablarles asi, y varios le respaldaron. Al ver la situación, Markus volvió a hablar.

-Caballeros, cortarle la cabeza a ese Alptraum. No voy a tolerar que la revolución fracase por culpa de traidores. Y que esto sirva de precedente para los demás.


Dicho y hecho, tres caballeros cogieron de los brazos al hombre que habia discrepado, y un cuarto desenfundó su espada y le cercenó la cabeza de tres tajos verticales. Las calles enmudecieron, y ante la mirada desafiadora de los caballeros y del propio Markus, las gentes fueron volviendo a sus casas. La mayoria seguian coreando el nombre de Markus, otros callaban y volvian a sus hogares en silencio. Por ultimo, unos pocos conversaban entre si cabizbajos y preocupados por el futuro.





Mientras tanto, Mannricht cabalgaba hasta la capital. Negranoche tuvo que esforzarse sobremanera para alcanzar la carreta donde Molbin Asder, el galeno en jefe, y Rudiger Croop, se encontraban sentados dirigiendose a la gran ciudad. Al verles, el pistolero se unió a ellos por su entrada en la Puerta Este, que se encontraba repleta de banderas moradas y de milicianos revolucionarios que hacian guardia. Molbin llevó la carreta hasta el Palacio de Gobierno, donde Markus Leitdorf se sentaba triunfal en el sillón principal, rodeado de sus consejeros. Consejeros que habian de redactar las nuevas leyes que a partir de ahora serian norma legal en toda las ciudades bajo el liderazgo del Conde Revolucionario.

-Estarán exentos de impuestos aquellos que hayan sido reconocidos como revolucionarios, asi como las casas afines. Por contra, aquellos que incumplan o quebrante alguna ley previamente establecida, serán condenados a trabajos forzados, excepto aquellos que se muestren desleales o culpables de traición, quienes serán condenados a ejecución pública por garrote.

Beatrix copiaba a toda prisa las palabras del Conde, siempre atenta a las pervertidas miradas de éste, a pesar del sombrio gesto de Bahever. Markus continuó explicando las nuevas normas a imponer, creyendo innecesario pedir consejo a sus ministros.

-Asi mismo, la única iglesia verdadera es la de nuestro señor Sigmar,-
Todos los presentes le miraron asustados, pero el Conde ignoró sus gestos -quedando relegados el resto de cultos. No estará prohibidos, pero los dioses menores no necesitan subvenciones, y tampoco podriamos sostenerlas con el nuevo edicto tributario. Se suprimen también los gastos de la Prisión de Almas y resto de estancias penitenciarias. Los presos serán encadenados y se ocuparan de tareas en la Fundición de Acero, y que duerman en el suelo o yo que se. Estamos en guerra y tenemos que ahorrar, señores, ahorrar.

Fue en ese momento cuando Molbin Asder entró en la estancia, después de que uno de los caballeros del Oso Negro le diera paso. Markus dejó a un lado la tarea de la nueva constitución de las leyes y tributos para que el consejero Himain la continuara, pues quiso saludar a Mannricht y a Molbin Asder. Bahever se puso en pie y pidió amablemente al Conde que no dejara a medio la tarea, a lo que este contestó:

-Será mejor que te calles esa asquerosa bocaza, si es que quieres conservarla entera-
Markus se acercó, fijos sus ojos en los del sindicalista -Te voy a taponar el culo con el oro de los obreros de esta ciudad para que no me cagues encima. Asi que sigue comiendoles la cabeza ellos y haciendome caso a mi, que nos llevaremos bien.

Tras aquella intromisión al tirando de Averheim, Markus Leitdorf salió del Palacio junto a Mannricht, Rudiger y Molbin Asder, asi como tres de sus recien nombrados guardaespaldas. Dentro, el Consejero Himain siguió redactando las leyes que durante años su señor le habia obligado a memorizar para cuando el momento que tanto se habia soñado fuera cumplido, mientras Bahever agachaba la cabeza y seguia copiando las leyes a distribuir junto a Beatrix. El tirano preguntó a Mannricht acerca de su padre, y a Molbin acerca de Rudiger, al tiempo que se dirigian hacia la Plenzerplazt donde los Mastines Salvajes aguardaban, recibiendo instrucciones de Burs Mahiven, que habia quedado con ellos para ultimar los nombramientos.

-Sea como sea, este mediano está roto, no lo quiero en mis cocinas. Lo mandaré a hacerle la comida a los niñatos que Reiner manda. Los tengo que poner en movimiento pero ya-
explicó el Conde a Mannricht al llegar a la Plenzerplazt. Una vez alli, el tirano saludó a los Mastines Salvajes, y Mannricht pudo ver por fin a su primo, bien engalando en su nombramiento oficial como soldado Leitdorf.

Burs Mahiven

-Balbian Boleslav, paso al frente. Te nombro músico de los Mastines. Que Leitdorf te guarde.


Entre los Mastines Salvajes, boinas moradas y cabezas desnudas resomaban, al tiempo que le era entregado a Balbian un grueso tambor y dos baquetas anchas. Tras el nombramiento, Burs prosiguió la entrega de titulos en el recién formado cuerpo militar al servicio de Markus Leitdorf.

-Rodrik Cinder, paso al frente. Te nombro estandarte de los Mastines. Que Leitdorf te guarde.

Al antiguo bandolero le fue entregada una bandera de manos de una costurera de la ciudad, al tiempo que otras mujeres iban preparando raciones en un carromato cercano, y cuatro obreros ponian a punto las armas del cuerpo militar.

-Reiner Volk, paso al frente. Te nombro sargento de los Mastines. Que Leitdorf te guarde.

Fue entonces cuando Markus Leitdorf interrumpió la ceremonia, llevando a Mannricht, a Molbin y a Rudiger frente a Burs.

Tirano Markus Leitdorf

-Saludos, Burs. Tengo unas cuantas sugerencias. Primero, quiero que sustituyas a Reiner del cargo de lider de los Mastines Salvajes. Si, ya se que el nombre se le ocurrió a el, que fue quien los dirigio, y tal. ¿Pero no ves que es muy feo? Hay que tener mas presencia para dirigir a los hombres, como la que tengo yo. Mira, este es Mannricht Boleslav, un fiel servidor. Su padre se dejó la piel por la causa, y el se pateó media provincia llevando mis cartas. Este va a ser el sargento de los Mastines Salvajes, si no te importa.


Burs quedó de piedra, asi como todos los hombres reunidos alli. Pero si pensaban que las sorpresas acaban ahi estaban muy equivocados.

-Asi mismo, este mediano con máscara va a ser el cocinero. ¿A que es irónico que os mande a un cocinero infectado de Viruela? Jajajaja, vaya si lo es. Pero no te preocupes, con esa máscara no os va a contagiar a nadie. A menos que se la quite mientras cocine, pero ese ya es problema de este otro señor, Molbin Asder, a quien tambien vas a meter en los Mastines Salvajes como sanitario.

El señor Mahiven creyó ver una ligera lágrima cruzar el rostro del galeno ante la última recomendación, la cual seguramente no habia sido consultada previamente con el cirujano. Por último, el Conde Elector dió una última orden antes de marcharse.

-Y bien, también quiero que los Mastines Salvajes salgan mañana en dirección Bieswang. Los Pillher van a asediarla en menos de una semana, y quiero que ellos saqueen los pueblos cercanos y causen el mayor alboroto que puedan. Con la pinta que tienen estoy seguro que se les dará bien, y que lo haran a gusto. ¡Mastines Salvajes, es un honor ser vuestro general! ¡Todas las preguntas, a Burs Mahiven, quien tendrá que decidir si os acompaña o no! ¡Adios y que Sigmar esté con vosotros!

Acto seguido, Markus y sus guardaespaldas marcharon raudos de la Plenzerplazt, para dirigirse al puesto de los Arcas Rojas, a los que sin duda les esperaba una charla parecida, y con la misma proporción de lógica y entendimiento mutuo. El Conde no le habia dirigido ni una sola mirada a Alan Friedsgoth, sabia Sigmar porque razón. Por su parte, Burs, petrificado, mandó a los Mastines a formar de nuevo, dandole a Reiner el estandarte, y nombrando a Rodrik cabo mayor y auxiliar de Mannricht.

Burs Mahiven


Dioses, esto es de locos... ¿En que demonios piensa ese pirado? ¿Meter ahora a este tipejo que ninguno de nosotros conocemos como sargento? ¿Desautorizarme y mandar a estos novatos sin preparar al combate? Esto va a ser un desastre...


-Señores, ya han oido los cambios que nuestro amado lider ha llevado a cabo. Aguardaré aqui toda la noche para responder a sus preguntas y atenderles, pues mañana han de partir dirección Bieswang, listos para el combate. Esta noche recibirán atención médica y raciones, y partirán los cuarenta y cinco auxiliados por dos caravanas de suministros, asi como con tres piezas de cordero, doce barrilles y veinte cajas de carne salada y pescado ahumado.

Reiner Volk, Mannricht Boleslav, Rudiger Croop, Cässim Cascarilla y el barbado Adelfbert se vieron, sin comerlo ni beberlo, formados en la Plenzerplazt y con la ausencia de un poder real y asentado entre ellos. Las nuevas incorporaciones, hechas a dedo por Markus Leitdorf, habian confundido a los hombres, pero tras haber contemplado como las gastaba el tirano con quien le contrariaba, nadie alzó la voz. Burs fue respondiendo unicamente a preguntas técnicas, como cuando recibirian la paga, si tendrian mudas de repuesto, o cuantos hombres habrian de defender Bieswang. Asi mismo, Burs forzó a Mannricht para que hablara frente a los Mastines Salvajes, susurrandole al oido que llevara a cabo algún discurso y se presentara firme, asi como que pidiera consejo a Reiner Volk o a Rodrik a partir de aquel momento. Alan le dijo en susurros a Adelfbert que aquello iba a acabar muy mal, y Tucko le comentó al cojo Cässim que se preparara para lo que venia.

Los errores en tiempos de paz se pagaban con oro, pero en tiempos de guerra era la sangre la única moneda.




FDI: Teneis un único post cada uno para narrar esta marabunta de cambios inesperados que acaban de sucederos. Mañana partireis por primera vez en una misión bélica, bajo el auspicio y mando de Mannricht, vuestro improvisado lider, al que varios ya conoceis bien. Rudiger, te toca ser el cocinero, igual que a Reiner portaestandarte y a Mannricht sargento. Adelfbert y Cässim, vosotros dos teneis la suerte (o desgracia) de mantener vuestro estatus de recluta intacto, respondiendo ante Mannricht y en su defecto ante Volk.

Preparaos, que al dia siguiente entrais en armas.



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William Tender
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por William Tender » 04 Oct 2010, 21:37

Rudiger Croop

Sin necesidad de pronunciarlo en voz alta, el pensamiento hacía eco en las voces de todos los presentes. Aquello era una locura. Iban de cabeza al desastre. Desastre. Locura. Y encima había tenido el descaro de decir que él estaba roto. ¡¡¡Roto!!! Como si fuera el juguete viejo del hijo consentido de un conde!!
Bien sabía Rudi que Mannricht tenía madera de héroe y de líder de soldados, pero eso no quitaba que a aquellos soldados les hubiesen arrebatado a su líder legítimo, y no se lo iban a tomar bien. Para colmo, había tenido la desfachatez de decir que él estaba infectado de viruela... y bueno, las habilidades culinarias de los halflings eran apreciadas por estas tierras (otro gallo cantaría en Stirland, donde a un primo suyo le había linchado una turba sólo por darle los buenos días a una señora que pasaba por la calle), pero nadie quería a un cocinero enfermo hurgando en tu comida. Rudi ya sentía venir sobre él la turba de linchamiento.

En los años que Rudi había trabajado para Leitdorf, éste nunca parecía haberse caracterizado por su cordura y buen juicio, pero esto pasaba de castaño oscuro. Ahora que prácticamente la provincia estaba en sus manos, estaba borracho de poder, haciendo ajustes arbitrarios, y pisoteando a su antojo a los que le apoyaban en su propio bando... Markus llevaba camino de convertirse en el perfecto tirano.
En fin, el viejo hideputa sabía mostrado sus verdaderos colores, y ahora que Rudi estaba lejos de sus cocinas, era tarde para ponerle remedio. Rudi no sólo estaba atrapado en una guerra, sino que estaba atrapado en el bando equivocado. Quizá la revolución se hubiese quedado corta... quizá una vez derrotados los Alptraum, debiera continuar la lucha contra el autoproclamado conde. Pero era muy pronto, o muy tarde, para dejarse arrastrar por esos pensamientos. La cuestión de ingresar en el regimiento de los Mastines, y las reacciones de los mismos eran mucho más acuciantes.

Una vez el conde y sus lacayos anduvieron lejos, Rudi se adelantó para dirigirse con apuro y cara de circunstancias a los hombres para los que habría de cocinar ahora.
-Esto me gusta tan poco como a ustedes, señores, pero son las órdenes que nos dan. Por mí pueden estar tranquilos, a pesar de los desvaríos del conde, ya estoy curado de la viruela, y la máscara es sólo para asegurarse. Y respecto a las nuevas incorporaciones, sólo puedo decirles que he luchado con ellos y que son hombres buenos, justos y valientes, no deben preocuparse por Manricht, no es ningún ruperto imberbe recién salido de la escuela de oficiales en Reikland.
Rudi esperaba de corazón que a aquellos hombres su apurada disculpa les hubiese sonado más convincente que a él mismo.

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Y.O.P.
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Y.O.P. » 05 Oct 2010, 12:38

Cässim

Cässim llegó a la plazoleta y asistió a un espectáculo que ya se sospechaba de antemano, a fín de cuentas, al Cascarilla la palabra <<Represión>> no le venía de nuevas, aunque le sonara a algo que se cura con friegas y aceite.

Hay gente que cree que firmar un contrato con los Poderes Ruinosos y que éstos se queden con tu alma para descuartizarla a trocitos chicos es una condena, ¡pero no! -suspiró-, esa gente no sabe lo que es hacerle una promesa a una Condesa o a un noble, eso si que es una condena, ¡¡¡de por vida!!!.

Balbian se había tomado muchas preocupaciones para garantizar el malestar general del carbonero, por lo que una vez pudo librarse de él, balbuceó una escusa vaga e ininteligible...y puede que algunos insultos disimulados en una toz y luego se marchó con la boca cerrada, ahorrándose explicaciones que en realidad, a nadie le importaban.

-Caballeros, cortarle la cabeza a ese Alptraum. No voy a tolerar que la revolución fracase por culpa de traidores. Y que esto sirva de precedente para los demás.

A primer vistazo se ve que Su señoría está de un humor de mil diablos-. El joven enseñó sus dientes cuando vió la cabeza salir disparada y luego un buen cañonazo de sangre-. Pero es que el señorito es muy <<así>>, de enfadarse a lo calentón, a lo instinto involuntario, pero luego seguro que se le pasa, sin rencores ni nada...¿Con unos pocos de muertos y ninguno suyo?, pues si, pero ya está. Un traidor menos.

Desazonado, retorciéndose las manos y mirando al halfling, Cässim penso en los soldados imperiales enfermos e indefensos, y en cuantos de ellos caerían muy pronto, así que recogió sus cosas, hizo caso a Tucko y en última instancia pidió a Mannricht permiso para que le dejara ir al templo de Sigmar que a buen seguro habría en la ciudad.

Ya que iba a morir, al menos quería que lo pillaran confesado.
- Un verdadero guerrero nunca teme al desafío de una batalla. Pero siempre recuerda que no puedes escapar a tu destino.

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Jacques el arcabucero
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Jacques el arcabucero » 05 Oct 2010, 13:19

Mannricht

El campesino no daba crédito a lo que acababa de oír.
¿Sargento de los mastines salvajes? ¿Pero si ni siquiera sabía de la existencia de este grupo? Miró alrededor suyo y vio caras de incredulidad. También vio un montón de personas mucho más validas que el! Allí mismo estaba el sargento Alan, el consejero de guerra Burs, el barbado Adelfbert que sin duda era un bravo guerrero e incluso ese tipo vestido con llamativas vestimentas y un Parche con el símbolo imperial al que estaban a punto de nombrar sargento de la unidad hasta que al Conde se le ocurrió la feliz idea de nombrarle a él… a Mannricht… un campesino cuya mayor cercanía con la guerra había sido… algunas revueltas estudiantiles, unas pocas escaramuzas con bandidos y gente de mal vivir en su época de patrullero de caminos y recientemente con esa horrible criatura “comecabras” o como sea que la llamaran… esto le venía grande. Nunca había tenido que tomar grandes decisiones, salvo si plantar tomates o lechugas en el huerto y para eso le solía ayudar Eloisse…

Mannricht comenzó a peinarse el flequillo hacia delante con la palma de la mano inconscientemente.

Debía dejar claro que él no era la mejor decisión, ¿pero en que está pensando el Conde?
Entonces Burs, mandó a los Mastines a formar dándole a Reiner el estandarte y nombrando a Rodrik cabo mayor y auxiliar de Mannricht. No sabía quien era ese tal Rodrik, pero al parecer sería su mano derecha. El campesino no sabía que hacer, debería hablar con Alan, él si sabría que hacer ahora. Siempre sabía que hacer!

Burs Mahiven habló alto y claro ante las miradas de los presentes.

-Señores, ya han oido los cambios que nuestro amado lider ha llevado a cabo. Aguardaré aqui toda la noche para responder a sus preguntas y atenderles, pues mañana han de partir dirección Bieswang, listos para el combate. Esta noche recibirán atención médica y raciones, y partirán los cuarenta y cinco auxiliados por dos caravanas de suministros, asi como con tres piezas de cordero, doce barriles y veinte cajas de carne salada y pescado ahumado.

Seguidamente se acercó a Mannricht y le instó a que hablara frente a los Mastines Salvajes, susurrandole al oido que llevara a cabo algún discurso y se presentara firme.

- Firme? – pensaba Mannricht - Pero si tengo una flojera en las tripas de aúpa!

Nunca había tenido que hablar para tanta gente, nunca había tenido que hacerse cargo un grupo tan grande, de una unidad militar que en pocas horas saldría a la batalla!
Manann bendito, ¿porque no haces aparecer una ola inmensa que se me lleve de aquí? Les gritaría mientras se me lleva – Eeh! Hacedlo lo mejor que podáis! Ha sido un placer!

Mannricht miró alrededor a ver si veía venir la ola.
Pero la ola no vino.

Burs mantenía la mirada sobre el, igual que todos los hombres formados al frente. Tenía que hablar.
Se le escapó un gas, de esos traicioneros que no hacen ruido.
Sentía el sudor formarse en la frente, caerle por la espalda, tenía que dejar de peinarse el flequillo, lo estaba haciendo, maldita sea, siempre lo hacía cuando se ponía nervioso… bueno, y cuando realmente no escuchaba a su interlocutor y cuando pensaba profundamente y…

Rudi habló.

-Esto me gusta tan poco como a ustedes, señores, pero son las órdenes que nos dan. Por mí pueden estar tranquilos, a pesar de los desvaríos del conde, ya estoy curado de la viruela, y la máscara es sólo para asegurarse. Y respecto a las nuevas incorporaciones, sólo puedo decirles que he luchado con ellos y que son hombres buenos, justos y valientes, no deben preocuparse por Manricht, no es ningún ruperto imberbe recién salido de la escuela de oficiales en Reikland.

Las palabras del halfling fueron como un vaso de vino en un día especialmente caluroso. Le reconfortaron y dieron fuerzas para hablar. Tenía que hacerlo, sabía que una patrulla de caminos sin un líder que no titubeara en los momentos difíciles estaba perdida. Volvió a mirar de refilón al sargento Alan.
Recordó entonces las palabras de su padre cuando le dijo lo orgulloso que estaba de él cuando trabajó en la ciudad, recordó que le dijo que cuidara de su primo Balbian, al que acababan de nombrar músico de la unidad… así iba a hacerlo.

Mannricht dio un paso al frente y se expresó en voz alta y clara.

- La mayoría de vosotros no me conocéis, soy Mannricht Boleslav, hijo de Streissen, de donde es toda mi familia. Mi padre y mi madre vertieron su sangre por defender sus ideales en las revueltas contra las tropas de la Condesa Ludmilla, hace muchos años. Esos ideales son también los míos. Participé en revueltas, asistí a reuniones secretas donde oí palabras como: revolución, autodeterminación o gobierno del pueblo. Se que estos ideales forman también parte de vosotros, y se que estaríais dispuestos a luchar hasta dejar la última de vuestras gotas de sangre por conseguir este, nuestro propósito común.
Quizá consideréis que yo no soy la mejor opción para estar al mando de esta unidad… entre nosotros… yo también lo pensaba hasta hace un momento… pero veo entre vosotros gente muy capaz, veteranos de guerra, gente de armas, valientes todos! y ello me anima a seguir adelante, pues se que caminare entre los mejores. Ojala pudierais veros desde donde yo os estoy viendo. Ojala pudierais ver el brillo que hay en vuestros ojos como yo lo veo. Ese es el brillo que deberán ver allá donde nos digan que vayamos, esa furia que desprende vuestra mirada y que será capaz de aplastar a cualquiera que ose cruzarse en nuestro camino; las manos temblarán al empuñar las armas, las piernas flaquearán frente a nosotros, joder… hasta las montañas se apartarán para dejarnos pasar! Acompañadme, cabalgaremos juntos hasta donde nos ordenen. Si quiere que saqueemos los pueblos cercanos a Bieswang pues así lo haremos! Quieren alboroto? Pues bien… van a tener un alboroto como jamás lo ha habido antes!
Mastines salvajes, este es sin duda un buen nombre… mañana partimos!


Cuando terminó sentía como la sangre golpeaba con fuerza en sus sienes, sentía la adrenalina del momento, esperaba haber logrado transmitir a esos hombres la confianza suficiente, si no conseguía mantenerlos unidos, todo sería un fracaso mayúsculo…
Acercándose a Rudi le dio una palmada agradecida en el hombro y enseguida se le acercó el cascarilla ha pedirle permiso para ir al templo de Sigmar. ¿Pedirle permiso...? debería ir acostumbrandose cuanto antes.

- Por supuesto Cässim. Ve y reza por todos.

kurgan
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por kurgan » 05 Oct 2010, 16:40

Reiner Volk

Aquél debía ser el momento cumbre de su existencia. El sol brillaba entre las nubes, y sus rayos se reflejaban en los techados de las casas, en los charcos de las calles que se habían formado donde los ciudadanos de Streissen había arrancado el pavimento para recoger munición que arrojar, durante los disturbios. El sol hacía relucir los petos de acero, los extravagantes yelmos, prestaba colorido a las plumas que los coronaban, convertía en luz el pan de oro que recubría la armadura del Elector, de las de su escolta personal. Reiner se arrodilló ante su señor cuando lo vio entrar en la Plenzerplatz, mientras Mahiven desgranaba sus méritos, y sonrió, con calidez en su duro corazón de mercenario, con la rodilla en el lugar en el que había sido herido. Su señor había venido a presenciar su elevación a un puesto de mando. Volk le agradecía tal deferencia. Aquel lugar le daba suerte tanto como desgracia, heridas por victoria, honores por...

- ¿Pero no ves que es muy feo? Hay que tener mas presencia para dirigir a los hombres, como la que tengo yo.

Ya lo sé. Hombres como sólo se bañan en sangre, y los afeitan las espadas. Hombres como yo estamos sucios para que tú estés limpio. Claro que soy feo, hijo de puta, y al instante se sintió culpable por haber pensado así de su señor. ¿No había nacido para mandar? ¿No había nacido para dominar las vidas de sus vasallos como si ellos fueran perros y él el amo? Hacía poco acababa de morir un hombre por cuestionar eso, así que Volk se calló, mirando al suelo, volvió a erguirse y se retiró. Echó un vistazo furtivo a sus hombres. Eran sus kamerraden, sus amigos, tanto como sus kinders, sus niños, a los que había educado en la guerra, a los que había protegido como mejor supo, y sumergido en sangre en su Kriegtaufe, bautismo de guerra.

Ellos eran suyos como él era de ellos, ellos eran su banda de mastines y él su amo. ¿Qué hace una jauría sin líder? Sus hombres, que formados contemplaban cómo la mayor vergüenza de su existencia era cometida.

***
-Blablablablabla, blablablablabla, blablabla, bla, bla, blabla. ¡Blablabalblablabl!

Y aquel imbécil seguía hablando, hasta que por fin, ¡por fin! calló. Reiner no le había prestado atención, ni a él ni al puto halfling, pero vio la oportunidad de dejarle las cosas claras.

-Tú-y señaló al recluta Müller-Detrás mía. Lleva el estandarte en lo alto. Con paso firme, ¡y alza el puto estandarte, carallo!.

Reiner maldijo para sí, con el acento de Merfeld y el sur, junto a las Montañas Negras, marcándose. El recluta cojo estaba comiéndole la cabeza al recién convertido en jefe. ¿A quién pretendía de acusar de traición ahora? ¿Quizás a Reiner?

Se plantó ante ellos, con el sol de espaldas, los colores Leitdorf meciéndose entre los inseguros brazos del recluta, la cabeza del mastín sonriendo con los colmillos convertidos en una mueca cruel. Reiner dejó descansar la hoja del hacha en el suelo, reposó el mango sobre el muslo, el escudo tirante del brazo izquierdo, totalmente armado.

-Cascarilla hostias. ¿No te llamabas Cässim? Pero mira, Cascarilla te pega más. Recluta Cascarilla, saluda a tu sargento-recalcó sargento-cuadrándote como debe ser. ¿Me has entendido, recluta?

Y a Mannricht:



-Me llamo Reiner Volk. y estos son los Mastines Salvajes, mis guerreros. Los he llevado desde Streissen hasta aquí. Burlamos la guardia de la ciudad, destruimos a este gobierno. Preguntad por ahí quién mató a los alabarderos de Alptraum. Hemos tomado la puerta Sur de la ciudad en un audaz golpe. Por todo ello, me iban a nombrar sargento. No he mamado vergas, eso es cierto, ni puesto el culo. Sólo peleado y masacrado, y guiado a estos hombres.


Volk se pasó la empuñadura de Erfolgreich por encima de la cabeza. Susurrando y acercándose a Mannricht, le habló.

-Sé que sois familia de Balbian, y él es un buen chico. No sé aún si sois un inútil o un enchufado. Esta es mi espada. El hacha y el escudo las llevo para matar, pero la espada es el arma más noble. Y por ella os juro, que si metéis a mi cuerpo en un lío, si los lleváis a la muerte, yo os mato, os arranco el corazón y os ahogo en río de sangre. Me delatáis a Leitdorf, me pasa algo, y me aseguraré de que algún otro lo haga por mí. Si tenéis algún problema, podemos solventarlo ahora con el acero, como gustéis.


Volk se separó de él.

-Esto a título personal. Con respecto al resto, el regimiento tiene una forma de funcionar que ya aprenderéis. Hay reclutas, soldados de primera, y soldados degradados. Este chico lleva el penacho, yo cobro por él, y a Rodrik y a mí se nos consulta, que buenos consejos sabemos dar. Si no hay más, me despido, mi sargento.

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Jacques el arcabucero
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Jacques el arcabucero » 05 Oct 2010, 18:32

Mannricht

Aquel tipo tuerto de andares marciales e impresionante planta se acercó directamente hacia el campesino hablando en tono alto, del modo que lo hacen los que están acostumbrados a dar órdenes.

Se plantó ante ellos, con el sol de espaldas, los colores Leitdorf meciéndose entre los inseguros brazos del recluta, la cabeza del mastín sonriendo con los colmillos convertidos en una mueca cruel. Reiner dejó descansar la hoja del hacha en el suelo, reposó el mango sobre el muslo, el escudo tirante del brazo izquierdo, totalmente armado.

-Me llamo Reiner Volk …

- Reiner Volk – pensó Mannricht – era el tipo que iba a ser nombrado sargento de los Mastines hasta que el conde Markus decidió no hacerlo y nombrarle a el.

… y estos son los Mastines Salvajes, mis guerreros. Los he llevado desde Streissen hasta aquí. Burlamos la guardia de la ciudad, destruimos a este gobierno. Preguntad por ahí quién mató a los alabarderos de Alptraum. Hemos tomado la puerta Sur de la ciudad en un audaz golpe. Por todo ello, me iban a nombrar sargento. No he mamado vergas, eso es cierto, ni puesto el culo. Sólo peleado y masacrado, y guiado a estos hombres.

Mannricht frunció el ceño, no le gustaba el tono que estaba adquiriendo el encuentro.

Volk se pasó la empuñadura de Erfolgreich por encima de la cabeza. Susurrando y acercándose a Mannricht, le habló.

-Sé que sois familia de Balbian, y él es un buen chico. No sé aún si sois un inútil o un enchufado. Esta es mi espada. El hacha y el escudo las llevo para matar, pero la espada es el arma más noble. Y por ella os juro, que si metéis a mi cuerpo en un lío, si los lleváis a la muerte, yo os mato, os arranco el corazón y os ahogo en río de sangre. Me delatáis a Leitdorf, me pasa algo, y me aseguraré de que algún otro lo haga por mí. Si tenéis algún problema, podemos solventarlo ahora con el acero, como gustéis.

Volk se separó de él.

-Esto a título personal. Con respecto al resto, el regimiento tiene una forma de funcionar que ya aprenderéis. Hay reclutas, soldados de primera, y soldados degradados. Este chico lleva el penacho, yo cobro por él, y a Rodrik y a mí se nos consulta, que buenos consejos sabemos dar. Si no hay más, me despido, mi sargento.

- Todavía no Reiner – Mannricht ni se planteó no contestar al tipo tuerto, no soportaba los menosprecios o las amenazas y en Streissen no había nadie que se hubiera quedado callado ante tamañas palabras. No elevó el tono, quería que esto quedara entre Reiner y quienes estuvieran mas cerca, lejos de los Mastines que aguardaban al frente - Mira… si tienes problemas en que el Conde Markus me haya nombrado sargento te sugiero que vayas a verle inmediatamente y se lo hagas saber. Te acompañaré gustosamente y asentiré a todo cuanto le digas, incluso apoyaré tu solicitud de que te den el mando inmediatamente pues a juzgar por todos los hechos que me acabas de enumerar, sin duda eres un tipo valido. Mientras no sea así, deberemos viajar juntos. No me importará solicitar vuestra ayuda cuando sea necesario, pues intuyo que esto sucederá a menudo. Cuento con vosotros. Si habéis estado con estos hombres desde el principio, confiarán en vosotros, así que quiero que sigan funcionando tan bien como supongo lo han estado haciendo hasta ahora, y para ello, no deben notar que las órdenes vienen confusas, o que hay disputas en la cadena de mando. Para ello, necesitaré de tus consejos además de por supuesto, los de Rodrik.
Una vez esto claro, Reiner, quiero presentarte a dos amigas mías –
Mannricht abre ligeramente la casaca de capitán de navío mostrando con discreción la empuñadura de sus dos pistolas – Esta se llama “nometoques” y la otra se llama “loscojones”, y si vuelvo a sentirme amenazado por ti como acabas de hacerlo haré que tengas un encuentro mucho mas íntimo con ellas. Un encuentro que no olvidarás.
Queda claro Reiner?
A mí, como a ti, no me gusta lo que ha sucedido, pero es deseo expreso del Conde y hemos de obedecer su voluntad. Llevaremos a cabo esta misión y cuando todo esto acabe, me largaré por donde he venido. Tengo familia en Streissen y regresaré con ellos, podrás entonces quedarte con tus Mastines. Yo mismo hablaré con quien sea necesario para que esto sea así.
Estamos juntos en esto Reiner, para bien o para mal. Tiremos del carro en la misma dirección o no avanzaremos.


Separándose de Reiner y en tono más alto añadió:
- Puede retirarse.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 06 Oct 2010, 17:41

23 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

Un gran corro se habia formado alrededor de Mannricht y Reiner. El primero era uno de los pistoleros más famoso de la ciudad, de la familia plebeya más conocida, la Boleslav, y era muy querido por todos los de Streissen y por el mismo Conde Elector. El segundo era unode los veteranos más aguerridos de Averland, de la familia plebeya más extendida, la Volk, y era muy temido por todos los Mastines Salvajes y por el mismo Jobb Alptraum.

En más de un aspecto se podria decir que ambos hombres eran lo opuesto entre si, y el hecho de que Reiner, que espera que aquel fuera el dia más importante de su vida, en el que le darian el mando de una compañia entera de combatientes, hubiera sido humillado y reemplazado, habia dado pie a un enfrentamiento verbal que bien podia acabar en tragedia. Sin embargo, Burs Mahiven no intervino en ningún momento. En lugar de eso, se alejó, y hablo con Rodrik el Renegado.

Burs Mahiven

''Mastines Salvajes... El nombre les viene que ni pintado, pues son más una jauria asilvestrada que un disciplinado cuerpo del ejército. Me sabe mal por Reiner, pero tendrá que aprender que en esta vida no son los mejores sino los más afortunados los que acaban en la cima''

-Rodrik, dile a tu sargento, cuando todo este más tranquilo, que mañana al alba teneis que partir hacia Bieswang y llevar a cabo el saqueo de sus aldeas, asi como auxiliar a las tropas de los señores Pillher en su asedio. Esperaremos resultados positivos.

Dicho esto, Burs marchó de la escena, y cuando vió que Reiner habia parado bajo la advertencia del carismático pistolero de Streissen, paró su caballo para hablarle, sin importarle de que Mannricht le escuchara.

-Reiner, no os voy a acompañar en esta marcha, he de quedarme en la ciudad, pero no es por cobardia. Rezaré a los dioses para que vuestra expedición vaya bien, pero alguien tiene que estar con Markus Leitdorf y decirle la verdad a la cara, o si no todo aquello por lo que hemos luchado se irá al traste, puesto que si sigue tomando medidas tan arbitrarias respecto a la administración de la capital, será cosa de dias que Averheim caiga en el caos. Solo espero que no me mande ahorcar por ello.

Después, se acercó un poco más al tuerto veterano, y al oido le susurró unas palabras en privado.

-Y si me ahorca, y ves que ha perdido el juicio por completo, no seria considerado traición que los Mastines Salvajes trabajaran para los Leitdorfs... de Wuppertal. Pero esto que quede entre nosotros, lansquenete.

Acto seguido, Burs y sus dos guardaespaldas marcharon de la Plenzerplazt, mientras un grupo de diez hombres de los Mastines Salvajes, liderados por Tucko, el enorme campesino de Streissen, se agolpaban frente a Rudiger Croop.

Tucko el fuerte

-¡Tú! ¿Eres el cocinero no? Pues danos que comer, tenemos hambre. Y como se nos pegue algo raro, o espute mas de la cuenta, serás tu quien acabe en la olla.


El mediano habia hablado con inteligencia momentos antes de la disputa entre Reiner y Mannricht, pero ahora volvia a ser el cocinero halfling. Los humanos nunca aprenderian a respetar otras razas y culturas, y si su estereotipo era el de chef y ladrón, asi se quedaria hiciera lo que hiciera. Al menos, si tenia material de sobra para cocinar, entre lomo barato en salazón, granos de maiz en sacas, garbanzos y judias, patas de conejo en aceite y gran cantidad de lechuga y zanahorias, lista para hacer un buen potaje, aunque el mediano erró en la cocción, creando el mejunge más horrendo jamás creado. Mientras el mediano lidiaba con la turbe hambrienta, Molbin Asder comenzó a atender a los hombres con heridas de dias anteriores, y las putas que habian tenido el acuerdo con Reiner Volk se dedicaban a ejercer su trabajo detrás de los carromatos.


Al tiempo, Alan Friedsgoth, que habia visto toda la escena, se dirigió a Adelfbert antes de ir hacia Reiner.

Alan Friedsgoth

-Adelfbert, ¿te encuentras mejor? Bueno... Tendremos que dejar los caballos en el cuartel antes de irnos, no podemos permitirnos su mantenimiento. Mira, te presento a Boltus-
dijo el rubio caballero mientras le presentaba a un grandullón de espaldas anchas, caballero por pleno derecho de los Osos Negros, y bien pertrechado con una maza de armas. Boltus se mostró cordial con el viejo barbudo, y le ofreció un asiento con el en las escalinatas de la plaza para engullir la horrenda comida de Rudiger.

Después, el caballero fue a hablar con Reiner, cuando Mannricht hablaba con Gunter acerca de las horas de marcha que iban a tener que hacer cada dia.

-Vaya Reiner, no esperaba encontrate aqui ¿recuerdas quien soy?-
Alan habia sido el sargento de lansquenetes de Reiner años atrás, cuando el tuerto veterano no era ni tuerto ni veterano. Por aquel entonces, Alan era un hombre de gran voluntad y determinación, pero tras abandonar el cuerpo e ingresar en la beligerante orden del Oso Negro, el rubio averlandés habia cambiado mucho -Como ves, las cosas cambian. No me llames de usted, ya no soy sargento, Reiner. Mal me parece que me toca ser un imbecil como tú, que va a tener que jugarse la vida para comer. En fin, ha pasado mucho, asi que cuentame ¿como has acabado aqui?

Entre tanto Alan y Reiner conversaron, el rubicundo caballero saludó a Mannricht efusivamente, explicando despues a Reiner que Mannricht tambien habia sido un hombre a su cargo hacia varios años, justo al igual que el tuerto veterano, asi como que era un hombre laborioso y honrado. No obstante, le indicó las dudas que tenia acerca de si seria capaz o no de llevar a cabo la tarea de dirigir a aquellos hombres mejor que ellos.

-Pero ya sabes lo que dicen, Reiner, para contar chistes es mejor caer en gracia que ser gracioso.

Varios reclutas se acercaron a Mannricht para presentarse ante él, como Gunter o un extraño muchacho con cara de no tener más de trece años, pero fue Balbian Boleslav quien se presentó con mayor felicidad.

Balbian Boleslav

-¡Primo! ¡Que alegria verte! Veo que al final pudiste entregar el mensaje del señor Markus... Y no solo eso, has tenido que caerle muy bien para ponerte al mando de esta compañia... Pero estoy seguro que contigo, no perderemos jamás, eres el mejor patrullero de caminos que haya existido nunca, Mannricht.


El joven Boleslav sonrió como de costumbre, pero después recordó a su tio, al viejo Mark, y su rostro se entristeció.

-Por cierto ¿has visto a tu padre? No se encontraba muy bien cuando me tuve que venir aqui, con Reiner. Perdonale por lo que te ha dicho, y lleva cuidado. Es un tipo muy duro, y fue nuestro jefe estos dias. Te tengo que contar lo mal que lo pasamos justo en esta plaza hace tres dias, o como tomamos las murallas de la ciudad... ¡Wow, fue increible! Pero dime ¿que tal te fue tu viaje por Loningbruck? He oido que cazaste un monstruo, me lo ha dicho ese hombre de ahi, Herr Friedsgoth. Dice que te conoce bien... ¿Es cierto?

El Cascarilla fue el último en llegar ante Mannricht, pero sobraban las presentaciones. No se conocian bien, pero despues de los hechos en Loningbruck, el cojo carbonero ya sabia con que tipo de persona se jugaba los cuartos. Tras pasar por enfermeria, el grupo comenzó a descansar, preparandose para el dia siguiente, el dia que comenzaria su marcha hacia Bieswang.



24 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

Excepto Molbin, que estaba agotado tras toda la noche trabajando, el resto de la compañia de Mastines Salvajes estaba bien descansada para partir de la ciudad. Por su camino hacia las puertas, decenas de obreros les dieron agua y habituallamiento, asi como animos y bendiciones para su viaje. Desde las murallas, Burs Mahiven se presignó usando la señal de Sigmar, rezando porque todo fuera bien para los Mastines Salvajes.


Mannricht conocia de sobra el camino a Bieswang, pues cientos de veces lo habia hecho cuando era patrullero de caminos. El era el unico que viajaba a caballo, pero el resto iba a pie, y pudo estimar en 120 kilómetros la distancia hasta sus alrededores. A marcha normal, cada hora recorrerian unas cinco horas. Si cada dia marchaban ocho horas, el grupo estaria descansado, pero habria mas tiempo para quejas y problemas, pues tardarian tres dias en llegar. Si marchaban 12 horas diarias, tardarian dos dias, y aunque no habria tiempo para malentendidos, el grupo estaria cansado. Marchar seis horas supondria tardar cuatro dias, y haria que los hombres estuvieran en optimas condiciones para entablar combate, pero las provisiones podrian llegar a escasear. Mannricht tenia que tomar una decisión, apoyandose en su portaestandarte Reiner Volk, y en su segundo al mando, Rodrik, asi como concertar dudas con Molbin el galeno y Rudiger el cocinero. Los hombres charlaban, y ponian a punto sus armas, que costaban en su mayoria de escudos y armas de mano, alguna honda y alguna alabarda. Adelfbert hablaba con sus compañeros del Oso Negro, y Cässim, al que le costaba seguir el ritmo, ayudaba a Rudiger en una de las carretas. El tuerto veterano llevaba el pesado estandarte, de dos metros y medio de alto, con la insignia de un mastin enseñando los colmillos, mientras Balbian tocaba una musica ligera para la marcha y Mannricht vigilaba a todos desde su montura Negranoche. Iba a ser extraño estar al mando para Mannricht, y dificil estar en segundo plano para Reiner.




FDI: Mannricht, sacas un 28 en Carisma, cayendo bien y pareciendo una persona seria y respetable ante la cuadrilla de Mastines Salvajes. Reiner, tu sacas un 14 en Intimidar, consiguiendo amedrentar al personal, y desde luego, intimidando al sargento Mannricht, pero que con un 05 aguanta bien la presión.

Rudiger, tu sacas un 91 en Oficio (Cocinero) y haces uno de los peores platos de tu vida. Puedes pedir disculpas, o hecharle la culpa a quien quieras. Disfruta de ser uno de los cocineros. Por tus pucheros tienen que pasar todos, asi que tambien puedes preguntarle lo que quieras a cualquier miembro de los Mastines Salvajes.

Adelfbert, te encuentras bien cansado, pero vas a estar siempre acompañado de los otros tres reclutas del Oso Negro, asi como de Boltus y Alan, los dos caballeros oficiales. Vuestros caballos tendrán que quedarse en la casa cuartel, pues la manutención de estos seria muy cara. El único que puede conservar su caballo es el sargento.

Cascarilla, has podido ir a rezar a la catedral, pero para cuando vuelves ya te has perdido todo el jaleo entre Reiner y Mannricht. En cambio, encontrarás conversación con Pit el hondero, un tipejo bastante peculiar, asi como con Jon Taimk el lancero, del que pronto descubrirás que no siempre fue un fiel servidor de los Leitdorf. Tiradas de Cotilleo te permitirán averiguar detalles adicionales, dependiendo de con quien hables más.

Por último, decir a Mannricht y Adelfbert, que os podeis librar de la Viruela gastando un PD, cosa que os vendria la mar de bien ahora que sus efectos no se han propagado aun. Tambien que he curado a la gente que estaba herida, y he hecho los cambios en las fichas que iban tocando.

Un saludo!

kurgan
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por kurgan » 06 Oct 2010, 21:27

Reiner Volk

El camino cruje bajo las botas, pues la vida del soldado es marchar, hacia el Norte, hacia el Sur, hacia el Oeste y el Este y el mismo infierno si hace falta. ¿Era así la canción? No, pensó Volk, no era así. El destino del soldado es marchar... llevando el mismo infierno consigo. El pensamiento lo puso de buen humor, y le silbó a Tucko.

-Lleva el estandarte un rato. Me apetece descansar los brazos. Ya sabes, mínima señal de que vamos a entrar en combate, corriendo vienes a traérmelo.

Desde un principio, el veterano había dejado bien claro que él, serlo sería el portaestandarte, pero que pensaba llevar la insignia sólo al principio de la jornada y en caso de combate. Para diario, confiaba en los fuertes brazos de Tucko. Lo cierto era que no lo hacía sólo por dignidad y por quejarse de su situación de portainsignia en vez de jefe; lo cierto era que caminar se le hacía cada vez más difícil a Reiner. Se giró hacia Friedsgoth; Reiner gustaba de hacer el camino con el grupillo del Oso Negro, que había insistido, llevarían la chapela morada como tocado, como soldados de primera. Apreciaba a sus veteranos de la Plenzerplatz, pero sabía que ellos eran de Streissen y Mannricht era de Streissen, y que se habían alegrado de tenerlo como comandante. Y Reiner se sentía traicionado, también por ellos.

-¿Os acordáis de cuando ganaba las competiciones de maratón, en el regimiento? La guerra nos cambia. El otro día preguntábais por qué había sido de mi vida desde que nos separamos. Bueno-dijo, levantándose el parche para dejar a la vista la carnicería de la cuenca ocular-he viajado mucho. Hasta Sarsingen caminaba todo el día y no me agotaba. Hasta Sollen veía en, como cojones se dice, cuando se ve con los dos ojos, tiras una cosa y aciertas, ya sabe, por la distancia que... Bueno, quiero decir, hasta Sollen tenía dos ojos. Luego Uzller, o algo así. Nunca llegué a saber su nombre. En todo el pueblo sólo quedaba un viejo, o vieja, nunca lo supimos, totalmente ciego y mudo. Así se las gastan los orcos. Nomsberg, y luego los campos de la hacienda de nuestro señor Leitdorf, y la Plenzerplatz, y las murallas de Averheim.

Reiner cesó de recorrer sus cicatrices.

-Se honrado dándome el honor de conocer al honorable señor Vod-le dijo a su antiguo sargento intentando imitar al comandante. Pregunté por vos, en vuestro schloss, pero estábais con ese. cazando monstruos.

Señaló al del caballo. No, el sargento parece tenerlos bien puestos, pensaba Volk, y motivo de más para no retarlo ahora y posponer el duelo: si llegaban a las armas, uno de ellos se quedaría en el sitio, y Volk empezaba a sospechar que necesitaría la espada del campesino, escaso como andaba de hombres duchos en el manejo de las armas. ¡Si sus veteranos eran granjeros con una experiencia en batalla de una semana! Por no hablar de que los de Streissen le serían fieles, y Reiner estaba sólo, de no ser por ellos. Quizás lo había juzgado mal, con la pasión del momento.

Lo que no quitaba que, si Mannricht llegaba a engañarlo, Volk le cortase el cuello sin ningún remordimiento. Y a Balbian... Le costaría más, pero también, si se interponía. Era un asunto de honor, y los Volk se tomaban ese asunto muy en serio.

-Sargento Friedsgoth, vos le conocéis mejor que yo.-dijo señalando a Mannricht con la cabeza- ¿Le creéis hombre capaz de romper su palabra?

Reiner meditó la respuesta, y luego, intentando parecer humilde y sincero-talentos que pocas veces practicaba-, añadió:

-En ese caso, si os pregunta, podéis decirle que os he dado mi palabra de no apuñalarlo por la espalda. Si es lo que teme. En fin, señor, ¿os acordáis de la canción del camino carroburgués? Se me hace aburrido cantar sin marchar.

Los lansquenetes siempre cantan, mientras marchan. Reiner se volvió hacia la columna, hablando mientras caminaba.

-¡Wolf-hound! ¡Quiénes van a hacer arder Bieswang? ¿Vosotros? ¿Con esa voceza de nenas? ¡Más alto! ¡Así me gusta! Ahora, rogarle a Shallya que nos de buen tiempo. ¡Sería cosa mala que nos lloviese prendiendo casas! ¡Balbian, toca algo con ese tambor que tienes! ¡Ta-ram, ta-ram, taram taram taram!

(http://www.youtube.com/watch?v=W5Z6Aez6T3c)

Unser liebe Fraue
Vom kalten Bronnen,
Bescher' uns armen Landsknecht
Ein' warme Sonnen !
Last uns nicht erfrieren,
Wohl in des Wirtes Haus
Ziehen wir mit vollem Säckel,
Und leerem wieder aus.

Die Drummen, die Drummen,
Larman, larman, larman, heiriderideran,
Rideran Landsknecht voran !
Landsknecht voran !

Der Trommler schlägt Parade,
Die seid'nen Fahnen wehen,
Jetzt heißt's auf Glück und Gnade
Ins Feld spazieren gehen.
Das Korn reift auf den Feldern,
Es schnappt der Hecht im Strom,
Heiß weht der Wind von Geldern,
Herauf weht er herauf den Berg op Zoon.

Die Drummen, die Drummen,
Larman, larman, larman, heiriderideran,
Rideran Landsknecht voran !
Landsknecht voran !

Wir schlucken Staub beim Wandern,
Er hängt des Säckel hohl.
Der Kaiser schluckt ganz Flandern,
Bekommt ihm ewig wohl.
Er denkt beim Länderschmanse
Wie er die Welt erwürb.
Mir wohnt ein Lieb zu Hause,
Das weinte wenn ich stürb.

Die Drummen, die Drummen,
Larman, larman, larman, heiriderideran,
Rideran Landsknecht voran !
Landsknecht voran !

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Jacques el arcabucero » 07 Oct 2010, 11:38

Mannricht

Alan se acercó a saludar al campesino de tez rojiza, en la que apareció una amplia sonrisa de satisfacción. Era todo un alivio encontrar una cara amable entre tantas de desconfianza. Mannricht jamás se planteó acabar ostentando un cargo de relevancia, cuando lo expulsaron del cuerpo de patrulleros de caminos regresó a su casa y se dedicó al campo, no se planteó seguir ejerciendo ninguna profesión que tuviera que ver con la disciplina o las armas, de hecho, tuvo que sacar sus armas del baúl bajo el cuadro del tío Rosendo cuando comenzaron a llegar oscuros nubarrones de guerra a Streissen, poco antes de que le encomendaran el trabajo de correo para el Conde Markus. Y hacía mucho tiempo que estaban en ese baúl, llegó a pensar que jamás las volvería a necesitar y ahora… - Mannricht miraba alrededor donde se encontraban los acerados Mastines – estaba al mando de su propia unidad.
- Como estás Mannricht? – las palabras del sargento Alan le interrumpieron de sus pensamientos, y asegurándose de no ser oído por nadie, habló con el con franqueza, realmente, era una de las poquísimas personas de las que le rodeaban con quien podía hacerlo.
- Procuro que no se note que estoy temblando como un flan, Alan. ¿Cómo me he visto envuelto en un asunto como este? No era así como quería participar en la revolución, la anhelaba, si… pero no quería esto. Ahora siento un terrible peso en mis espaldas sargento… siento que no puedo fallar, la responsabilidad casi me asfixia, deberían haberle dado el cargo a otro. Ese Reiner los tiene bien puestos y parece muy indignado por lo sucedido, creo que el debería haberse encargado de todo, o usted sargento, o que se yo! Ese Adelfbert parece un tipo muy valido, o el tal Rodrik.
Tengo claro que no voy a fallar, no puedo permitírmelo. Llevo demasiado tiempo preparándome para la revolución con mi gente de Streissen como para dejar que esto pase sin dejar huella. Manann o cualquier otro dios caprichoso ha querido que esta unidad y yo discurramos por el mismo camino, es una herramienta, una poderosa arma. Y pienso utilizarla.
Alan
(era la primera vez que no le llamaba sargento), me gustaría que estuviera ahí. Puedo fallar, puedo equivocarme, mis pies pueden hundirse en un paso en falso, voy a recorrer un camino por el que nunca he pasado, pero quiero tener la certeza de que tendré su ayuda cuando sea necesario, su consejo es en este momento es mi valor mas preciado.
Esperará a que Alan le de alguna respuesta y a continuación añadirá.
- En cuanto a ese Reiner… estoy seguro que desearía que cayera muerto en este momento. De hecho seguro que no le importaría encargarse de ello el mismo. Le he visto hablar contigo… que puedes decirme de el? Caminaremos en la misma dirección o se encargará de llenarme las ruedas de palos? ¿Puedo confiar en el?

Mas tarde cuando se separaron, varios de los Mastines se acercaron a presentarse. Mannricht les estrechó la mano con fuerza y una sonrisa de confianza. Uno de los que se le acercaron fue un muchacho que rondaría los trece años.
- Que habrá impulsado a este crío a empuñar las armas y unirse a la milicia? – pensó el campesino mientras le daba la mano para a continuación preguntarle – Como te llamas muchacho? Tienes aspecto de ser muy rápido, ¿lo eres? Cuando lleguemos a nuestro objetivo, te quiero cerca de mí. Si hay que enviar ordenes a hombres distantes serás tu quien las haga llegar. ¿Qué me dices a eso?
Mannricht prefería tenerle cerca a tener que enterrar su cuerpo en la cuneta de cualquier camino. Es muy joven para esto y seguro que muy orgulloso, decirle que se largue sería inútil.
A continuación apareció su primo Balbian al que Mannricht recibió con un fuerte abrazo.
- Balbian! Jajajaja! ¿Como estás? Deja que te eche un vistazo!
A continuación Balbian le puso al tanto de todo lo vivido a las órdenes de Reiner y mostró su interés por su tío Marc.
- Tu tío Marc no esta muy bien. Esa herida de bala le tiene postrado en cama, pero es duro como un roble y se que está ansioso por volver a saber de ti. Aguardará a nuestro regreso para que le contemos entonces todas nuestras experiencias y de paso, le digamos que la revolución ha sido un éxito. Diablos! Cuando se entere que has sido nombrado músico de la compañía de Mastines salvajes! En cuanto a lo del monstruo… pues bueno, yo estuve ahí, si, pero ¿ves a esos tipos de ahí? – señala con disimulo al cascarilla, a Adelfbert y Alan – esos fueron quienes mas cerca de ella estuvieron, pudieran mirarla directamente a los ojos… cuando regresemos a Streissen te lo contaré con mas detalle. Dándole un nuevo abrazo, se despidió de el.

Ya era de noche, pero Mannricht no podía irse a descansar tan fácilmente. Su cabeza era como un caldero burbujeante. Contemplaba a “la amada de Manann” en silencio, sin moverse, mientras alrededor suyo reinaba el silencio solo roto por algunos grillos distantes. No recordaba la última vez que le había costado conciliar el sueño… de hecho, estaba convencido de que nunca le había costado conciliar el sueño, tenía una conciencia de bebé a la hora de dormir, pero esta noche era diferente.
Rezó a Manann largamente en silencio, de forma sentida y después, se fue a dormir.

24 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim

De buena mañana Mannricht introdujo la cabeza en un barreño de agua, estaba helada. Sacó la cabeza con un rápido gesto mientras llenaba los pulmones de aire sonoramente. Se peinó el flequillo hacia delante con la palma de la mano y se vistió. Comprobó sus armas, espada y pistolas, y cuando todo estuvo dispuesto, desayunó con los Mastines mientras aprovechaba para hablar con Rodrik y Reiner.

- Todavía no he tenido el placer de saludarte como debiera – se dirigía a Rodrik a quien le estrecho la mano – ¿Conocéis el lugar a donde nos dirigimos? Yo conozco bien los caminos que llevan hasta allí, pero he estado en Bieswang solo de pasada cuando era patrullero. Hasta allí son alrededor de 120 kilómetros, caminaremos siete horas diarias salvo que el ritmo sea especialmente bueno o malo, en cuyo caso, podremos variar las horas de marcha según conveniencia. No podemos bajar este ritmo pues las provisiones jugarían en nuestra contra, ni aumentarlo pues podríamos llegar al punto de destino lejos de las mejores condiciones físicas para el combate.
Allí donde nos dirigimos es una zona boscosa, y en ese entorno, un grupo como este de hombres a pié sería casi invisible. Esa puede ser nuestra mejor baza en caso de entrar en combate. Tanto para emboscar como para retirarnos, los bosques pueden ser nuestros mejores aliados.
Rodrik, ¿esta el equipo cargado? Encárgate de que no falte nada, las provisiones al completo y todo el material que el galeno pueda necesitar.


Cuando Rodrik se fue y antes que Reiner hiciera lo mismo, le hizo un gesto.
- Aguarda Reiner – y a solas prosiguió – estos hombres creen en ti. Por lo que tengo entendido los dirigiste con pulso firme durante la toma de las murallas y en aquella plaza. No hay nada mas difícil que conseguir la confianza de alguien, y más, de un grupo tan numeroso, ello te honra y dignifica a mis ojos. Puede que no hayamos comenzado con buen pie, pero no es como empieza, si no como acaban las cosas lo que la historia acaba recordando. Ahora tenemos la oportunidad de escribir un renglón en el libro de la historia, un párrafo pequeño comparado con el volumen que tendrá la crónica completa de la revuelta en esta tierra, pero esas pocas líneas que juntos vamos a escribir, van a llenar de orgullo a los nuestros para siempre. Pues en estas líneas solo se hablará de fuerza, valor, unidad y victoria.
Que me dices Reiner?
Pongámonos en marcha, tenemos órdenes que cumplir.


Mas tarde, en camino, Mannricht avanzaba al frente, conocía a la perfección el camino que recorrían, y disfrutó con el canto de los Mastines y el redoblar del tambor que tocaba su primo. Sentía el pecho henchido de una sensación de júbilo, sentía que en ese momento, los Mastines serían capaces de tomar la más fortificada de las ciudades como un huracán de acero y furia.

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William Tender
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por William Tender » 08 Oct 2010, 20:31

Rudiger Croop

Rudi no se lo podía creer. Por fin, después de raras aventuras con mensajes secretos, piratas de río, y monstruos malditos, volvía a ejercer el oficio para el que había nacido, y se sentía torpe...
¿Tan fácil era dejar atrás tu vida para vivir otra de peligros y desventuras? Aquel potaje hubiese sido la verguenza de su casa y de media Asamblea, pero no se encontraba en la Asamblea, y para el gaznate de una milicia humana, tampoco hacía falta la mano de Esmeralda. Más tarde, mientras engullía con algo de mal disimulado asco su ración de potaje, pensó que tampoco era mala cosa que la primera comida fuese mala. De ese modo, no habría un sólo soldado que quisiese repetir, y ni siquiera muchos que se acabaran el plato, lo que contribuiría al racionamiento, y a poder hacer la marcha con el cuerpo ligero. Siempre podría echarle la culpa a la mala calidad de los ingredientes (Aunque sabía, avergonzado, que no era tal el caso). Y además, si no se hacían unas espectativas muy altas desde el principio, no se enfadarían más adelante por un mal plato, y agradecerían más las comidas que salieran bien.

Entre tanto politiqueo, viejos conocidos, amistades y enemistades, rencillas y paso militar, Rudi se dió cuenta de que no conocía apenas a nadie (con la notable excepción de Mannricht), y de que no tenía mucho que hacer hasta las horas de las comidas, así que decidió organizarse para hacer bien su trabajo.
El pequeño cocinero recorrió la carreta de suministros de un extremo a otro cuatro veces, contando escrupulosamente las raciones con las que podía contar, el equilibrio de ingredientes. Pensando en el racionamiento, y el menú que podría dar para no quedarse demasiado pronto con escasez de tal o cual, y poder mantener algo de variedad en los platos. La sorpresa inicial de ser destinado a cocinero de campaña de los Mastines, aconchabada con las prisas y los nervios, le habían jugado una mala pasada. Pero no volvería a ocurrir. Aunque sólo tuviese un puchero grande, un cucharón de palo, y cuatro sacos piojosos en una tabla con ruedas, aquello iba a ser una cocina, SU cocina, y Rudi debía ponerlo todo en orden, y controlar la situación para no hacer un estropicio como la primera vez.

Rudi comenzó a planificar con cuidado las comidas, de acuerdo al siguiente principio:
-Mientras no tuvieran a la vista el siguiente cargamento de suministros, las raciones normales serían austeras. No escasas, pero sin la más mínima concesión al despilfarro o la glotonería.
-Las comidas previas a una batalla, o ejercicio especialmente intenso, no llevarían mucha verdura que provocara gases, y serían incluso, un poco más escasas, para evitar el problema que supone una digestión pesada durante una escalada o un combate.
-Después de una batalla, o ejercicio duro, la comida sería algo más generosa, y se complementaría con parte del botín que se capturara (si lo hubiera). El alcohol se reservaría para estos casos.

Hechos los arreglos, Rudi se recordó a si mismo ser especialmente cuidadoso en lavar bien los platos y cubiertos de los hombres de quienes sabía que habían contraído la Viruela, así como lavarse bien las manos, y usar la máscara que el médico le diera, cuando fuera a cocinar. Sólo le faltaba que se contagiara medio regimiento, y que le echaran las culpas a él... Rudi sabía que no contaba con la simpatía del regimiento, pero se tomó muy al orgullo propio el deber que se le encomendaba. Serían una tropa de zarrapastrosos, pero por las gachas de su tío abuelo segundo, el gran Fradoc de Vientofresco, que mientras fuera él quien les alimentaba, aquél regimiento estaría sano. Fuera de la carreta, el redoble del tambor, y el canto de los hombres, reforzó su estado de ánimo enérgico, y antes de darse cuenta, Rudi se encontraba tarareando la melodía de la canción, cuya letra desconocía, mientras ordenaba y hacía inventario.

...

Más tarde, aquella noche, durante la cena, Rudi se sentía algo cansado pero satisfecho, y se acercó a hablar con la única alma de aquél pelotón con la que tenía algo de confianza. Últimamente no había hablado con él, y empezaba a necesitar hablar con quien fuera, y le daba la sensación de que al bueno de Mannricht le pesaba el cargo. Le dedicó una sonrisa amable pero preocupada.
-Caramba Man... Sargento en un día ¿Eh?
Se hizo un breve silencio incómodo, y Rudi le dejó tiempo a Mannricht para responder o callar.
-No te preocupes, lo harás bien. El viejo Leitdorf estará como una puta cabra, pero hasta las decisiones tomadas desde la estupidez aciertan a veces por casualidad, y tú tienes madera para el cargo.
Y bueno... últimamente han pasado tantas cosas que no he tenido tiempo ni de preguntarte cómo está tu familia (que es cosa importante, la familia).
Rudi charló con calma con su amigo, le dió una palmada en el hombro, y le escuchó con atención.
-Bueno, antes de irme a recoger... me vendría bien saber en cuántos días llegaremos a ese sitio... y si tienes la menor idea de lo que sucede, qué es lo que nos encontraremos allí.

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Y.O.P.
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Y.O.P. » 13 Oct 2010, 20:32

Cässim

El camino hacia Bieswang era todo monte y la carreta traqueteaba y saltaba mientras cássim trataba de afilar su hacha convenientemente. Su breve paso por la vicaría había obrado en él un efecto esperanzador y ahora se hallaba convencido de ser lo suficientemente feo y lo suficientemente cojo como para triunfar por sus medios en esta maldita guerra.

-Bescher' uns armen Landsknecht
Ein' warme Sonnen !


Y venga y dale, lo del Reiner pareceme aberrante ya, que tiene un síndrome de trovador ahí a lo paleto que es que no puede con él...

Un movimiento y un gruñido sordo de la carreta hizo que la piedra de afilar resbalara y una gota de sangre corriera por su dedo gordo. Cässim maldijo a viva voz.

- Anda que, man-mandar un tu-tullido a la guerra tam-también, vaya una co-cosa gua-guarra-, el muchacho se llevó el dedo a la boca.
Alguien se rió a carcajadas, a su lado. Se trataba de Pit el hondero, pero esto Cässim no lo sabía aún.
- Bueno, en algo ayudaréis mein herr.
- Lo-lo decía por ese Re-reiner mein herr. ¿O-os conozco dalgo?-, el muchacho gruño, sorbiéndose los mocos.
-Ah-. El hombre se inclinó en algo que Cässim dedujo como una especie de reverencia en una carreta en marcha-. Sos pido perdón, a mi me llaman Pit, Pit el hondero, y ese daí es herr Taimk, el lancero y vos, ¿cómo os llamáis?
- Mu bi-bien, yo me llamo Cä-Cässim.
Con una mirada de soslayo reparó en el lancero aquel, de aspecto aguileño y con las sienes plateadas de blanco. No era precisamente lo que se podría decir, <<una joven promesa>>. Además, todo el mundo sabe que Taimk es nombre de capullo.
El carbonero ya se imaginaba la estampa: Gotrek y Félix, Leos von Liebwitz...Y ese que parecía un orco con la cara vomitada por una mula...Y entre todos ellos, el cojo de Lokinburg y sus dos camaradas, dispuestos a darlo todo.


FDI: en pocas palabras, hablaremos con el lacero ese, a ver que se cuenta el <<muchacho>>.
- Un verdadero guerrero nunca teme al desafío de una batalla. Pero siempre recuerda que no puedes escapar a tu destino.

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Saratai
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 15 Oct 2010, 20:05

24 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Averheim.

Jon Taimk


El lancero andaba a paso ligero cerca del carromato donde el Cascarilla, que le habia llamado para conversar tras charlar con Pit el Hondero, ayudaba a remendar botas. Jon era un mastin sin probar, y al igual que el Cascarilla, aun no habia combatido con los soldados de Streissen. Sin embargo, no habia nadie mejor que el para contar chistes y jugar a las cartas o los dados.

-¿Que pasa cojo? Si quieres que te lleve de caballito vas listo, que voy con la espalda molida. Me han dicho que eres de Loningbruck, y que ya habias trabajado con ese tal Mannricht, con el cocinero y con los Osos Negros. ¿Son buenos compañeros?

Tras hablar un rato de forma insulsa acerca de los demás, Jon pasó a presentarse formalmente, mientras el resto de Mastines iban y venian desordenados de un lado a otro de la mal estructurada formación, siempre hablando y siempre preguntando, como viejas chismosas y cotillas.

-Yo soy Jon, pero me llaman el lancero. Si, un placer. Por si no lo has oido ya, fui soldado una temporada, trabajando para los Alptraum en las guardias para proteger las Puertas de la Muralla. Y asi fue hasta que los Mastines me apresaron, y me dejaron trabajar con ellos, gracias a Sigmar si me fijo en como acabaron las cosas. Con los tiempos que corren, mejor tener trabajo que no una puñalada en la espalda, y está claro que los Alptraum van a recibir muchas de esas, ¿no crees?


Jon no era muy mayor, apenas un joven veinteañero, de la edad de Cässim. El Cascarilla pudo charlar con el placidamente durante todo el viaje, mientras Adelfbert, que habia sido relegado a cuidador de los buelles dado su conocimiento en la crianza de los animales, hacia su trabajo alimentando a los animales de carga.


Mientras tanto, en el segundo carromato, colgado de putas y comida, Rudiger hacia el inventario de sus alimentos. Las putas jugaban de vez en cuando con los nabos y zanahorias del cargamento, pero Molbin Asder, el galeno, siempre se las quitaba de las manos entre juegos y risas.

El total de piezas de carne conservadas en sal era de cuarenta, además de pan y un queso. Cada pieza daba para alimentar a diez personas durante un dia, por lo que según las cuentas cada dia serian devoradas aproximadamente cinco piezas diarias. También habian verduras y pescado en salazón, treinta piezas de este último, siendo cada pieza suficiente para dos personas en un dia. Además de ésto, también se contaban con cinco botellas de vodka kislevita y tres de ron de baja calidad, asi como diez más de vino malo y un barril pequeño de cerveza por no hablar del pienso de las mulas de carga. Según estas cuentas, habria comida suficiente para veinte dias, más que suficiente llevando el racionamiento adecuado. Era trabajo de Rudiger repartirla, por lo que pronto se habituó a innovar platos de estofado y carne asada. Ya no necesitaba llevar la máscara, y el único que tenia que mantenerla era Adelfbert, que cada dia se encontraba peor de salud.

Fue aquel dia por la tarde cuando Rudiger conoció a Waldemar el fiero. Waldemar era un hombre austero, armado con ballesta y conocido por haber sido uno de los guardias más fieros de la guarnición de Burs Mahiven. No sabia tratar bien a nadie, pero sus fuertes brazos y su barba rojiza y rizada serian un gran apoyo si las cosas se ponian feas en algún momento. En aquellos momentos, sus brazos se ocupaban de cargar los platos vacios tras la cena, y llevarselos al mediano que acababa de hablar con el sargento Mannricht.

Waldemar el Fiero

-Mediano, esto si que es una buena comida. Asegurate de hacer los platos asi cada dia, y yo mismo te pagaré un viaje con Ilsa-
dijo el ballestero señalando a una de las rameras que les habian acompañado en el viaje, y que en aquellos momentos se preparaba para su jornada laboral. No solo soldados viajaban con el grupo, pero al tratarse de un escuadrón no regular, las tareas que no formaban parte del dia a dia del soldado las hacian ellos mismos, desde Rudiger con la cocina, Molbin con las molestias, Adelfbert con los animales o Russdel con los zapatos. -También te queria preguntar una cosa, pues se oye mucho de ti entre los muchachos. ¿Es cierto que tu fuiste el artifice de todo esto? Comentan que tu hiciste el estofado que indigesto a Jaran Tropkter y a Anna Alptraum...


En aquellas estaba el mediano, cuando Alan fue a hablar con Reiner. El duro portaestandarte le explicó al rubicundo caballero las dudas que le asaltaban, pero este le relajó enseguida.

Alan Friedsgoth

-No te preocupes por eso, soldado. Mannricht no es la persona más disciplinada o fuerte que conozca, pero si la más honrada. Un tipo sano, amigo de sus amigos y padre de familia. Que dude de su capacidad para mantener el orden entre esta panda de novatos no significa que no le confiara mi vida en caso necesario. Descuida por eso, que no actuara con represalias por lo de anoche.


Tras la charla, Alan y Reiner se saludaron, y el tuerto lansquenete comenzó a imponer un buen ritmo de marcha, amenizado por Balbian y su tambor, y las voces que coreaban la canción del portaestandarte. No era querido, pero si respetado, y ya habian varios de los soldados que consideraban a Reiner el mastin principal de la embarcación que era aquella banda de guerra, los Mastines Salvajes. Concretamente Balbian y Tucko, que no se separaban mucho del experto veterano, asi como de Müller, el afeminado muchacho de escasa edad, de quien tanto Balbian como Volk sabian muy bien su procedencia, más aun cuando este intentaba forzar gravedad en su voz y dureza en sus gestos.


El rubicundo caballero del Oso Negro ya habia hablado con Mannricht el dia anterior, y ante las dudas de éste le habia tranquilizado, asi como aconsejado, de los peligros por encontrar. También le habia hablado acerca de Reiner, explicando que el tuerto habia luchado con él, y que era un hombre serio, pero muy orgulloso. Aconsejó a Mannricht de que no se dejara amedrentar, pues al fin y al cabo el era el sargento, pero también de que dejara hacer a Reiner, que bien capaz era de mantener el orden entre los muchachos.

Durante el resto del viaje, Mannricht pudo hablar con Rudiger y con Reiner, limando diferencias con el último y desestresandose de las tareas con el primero. También conversó acerca de la familia con el músico, el joven Balbian, y recibió las atenciones de Rodrik, que asinitó ante las ordenes de su lider.

Rodrik el Renegado

-Asi se hará, señor. Me parece interesante ese ritmo, y estoy seguro que nos veremos más protegidos entre los bosques de Bieswang, yo mismo iba a proponerselo.


Ninguno de los dos lo sabian, pero Rodrik y Mannrich bien podian haber sido enemigos años atrás, cuando el primero atacaba los caminos y las carretas de mercancias, y el primero los defendia. Sin embargo, por ironias de la vida, ambos habian acabado trabajando juntos, desconociendo los origenes del otro. Después de la charla con Rodrik, Mannricht pudo hablar con tranquilidad con Reiner, intentando llevar a buen puerto la cooperación entre ambos. Entre unas cosas y otras, el grupo recorrió la distancia estipulada, y tras siete horas de dura marcha se levantó un sencillo campamento, estableciendo rondas entre los honderos de Streissen, voluntarios para ello.




25 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Camino Boscoso a Bieswang.

Cuando Mannricht se despertó, Negranoche ya estaba bien dispuesto, y las nubes comenzaban a marchar sobre el sol de la mañana. En menos de una hora, todo el grupo se encontraba en movimiento otra vez, y para media mañana, el sargento de Streissen cabalgaba en la vanguardia, dirigiendo el grupo por sus muy conocidos caminos averlandeses. Bien parecia que se habian adelantado a las predicciones, y el pistolero pudo deducir que para el dia siguiente se encontrarian ya en los alrededores de Bieswang. Fue entonces cuando Rodrik forzó el paso hasta colocarse cerca suya, aminorando Negranoche el paso para que su dueño pudiera hablar al mismo nivel con el renegado.

-Mi señor Mannricht, llevo toda la mañana pensado en que tal vez deberiamos de estipular una formación más seria, y distribuir a los hombres en grupos más pequeños. Como habrá podido observar, la variedad de armas con las que contamos, asi como las habilidades de los reclutas no son nada parejas entre si. Por ello queria comentarle, y darle mi opinión, de que tal vez seria mejor organizar unidades de hombres que sean más estables entre si.

Alan Friedsgoth, el cual solia viajar siempre cerca de Mannricht, le dió el visto bueno y aconsejó a Mannritch a tomar una decisión. El rubio caballero no tenia ninguna posición oficial dentro de los Mastines Salvajes, pero todos sabian de su valia y experiencia militar, y se rumoreaba de que el mismo Markus Leitdorf le habia degradado en un ataque de demencia fugaz.

Pero lo cierto era que Rodrik tenia razón, y que el grupo de los Mastines no podia ser más heterogeneo. Por una parte se encontraba Reiner Volk, Tucko el fuerte, los tres escuderos del Oso Negro, Gran Boltus, el mismo Alan, Jon Taimk, Balbian y tres de los hombres de Streissen, que portaban buenas armaduras, escudos, armas de mano y gran habilidad esgrimiendolas, siendo un total de doce. Por otra parte, se encontraba el grupo de Waldemar el Fiero, Rodrik el Renegado, Pit el Hondero, dos hombres de Streissen, Günter el rápido, Rito y cinco de los voluntarios de Monheim, que formaban un segundo grupo de doce hombres expertos en armas de proyectil. Un tercer grupo, conformado por Russdel el zapatero, Cässim el Cascarilla, el niño escualido Müller, Molbin Asder, el enfermo Adelfbert, Rudiger, los cinco voluntarios de Monheim restantes, uno de Tanfeld y dos de los valles, que hacian catorce inexpertos o debiles combatienes, armados con toda una increible variedad de lanzas, hachas, garrotes, chuzos y rodelas, que además carecian de buenas armaduras. Por último, se encontraban siete más, un hombre de Streissen, cuatro de los valles y uno de Tannfled, asi como el mismo Mannricht, que armados con arcos, pistolas y equipamiento agil eran expertos en rastreo y rapidez. Doce, Doce, Catorce y Siete, haciendo el total de 45 soldados con los que contaba Mannricht, como bien apuntó Rodrik y Alan.

Mientras que Rodrik y Alan presionaban al sargento para que tomara decisiones acerca del equipamiento y estructura organizativa del escuadrón, el Cascarilla iba conociendo mejor a Jon, asi como a Russdel el Zapatero, quien le mandó ayudar para coser las mantas para el grupo, y deshilachar cuerda para los carromatos. Junto a ellos, Adelfbert y Rudiger se ponian de acuerdo para alimentar tanto a las fieras armadas como a los animales que tiraban de los carromatos, bajo la atenta mirada de Molbin que llevaba a cabo los saneamientos de las heridas entre pausa y pausa de la marcha. Adelfbert se encontraba realmente mal, y solo Rudiger, Alan o Mannricht, ya inmunizados contra la enfermedad, tenian permiso para acercarse a el. Cässim por su parte, gracias a sus remedios naturales, estaba pasando la Viruela sin problemas, sobreponiendose a la enfermedad.

Reiner seguia con su paso férreo y sus canciones de mal gusto, hasta que cuando ya estaba entrada la tarde y parecia pronta la hora de descansar, Pit el hondero encontró unas marcas de cascos en el suelo, que según el se repetian por doquier. Mannricht pudo volver sobre sus pasos para atender a aquellas marcas, y tras inspeccionarlas un trecho pudo comprobar que efectivamente, eran recientes, y apuntaban a ser las de dos corceles ligeros. Aquello podia suponer muchas cosas, pero una de ellas era que estaban siendo seguidos y espiados, y dificilmente ningun aliado Leitdorf haria tal cosa sin avisar.

El cielo comenzó a oscurecerse, batizinando una lluvia ligera para el dia siguiente, al tiempo que los valles poblados de árboles comenzaban a abrirse paso. Ahora, el nucleo principal de los Mastines Salvajes, compuesto por Alan, Rodrik, Reiner, Mannricht y el cocinero (que mucho tenia de lo que opinar, pues era el encargado de las provisiones) deberian decidir si hacer caso y seguir por su ruta habitual, la que atravesaba los bosques, o dirigirse por la rivera del rio o rodeando los bosques. De ir por la rivera del rio Aver, los Mastines no perderian más de una hora de marcha, pero rodear la zona boscosa podria suponer la perdida de toda una jornada de marcha.



FDI: Rudiger, esta vez sacas un 29 en Cocina, saliendote un cocido mucho mas sabroso y tragable. Adelfbert, tu tirada de criar animales acaba en 28, dandoles la porción de comida adecuada para que trabajen sin problemas, y sin cebarles en exceso.

Volk, una tirada fallia de Sabiduria Popular te hace confundir el camino hacia Bieswang, creyendo que estais iendo en mala dirección, pues jurarias que la ciudad está al Sur. Mannricht, tu por tu parte sigues seguro del camino, entre tiradas de Orientación y Sabiduria Popular, pero fallas una de Percepción cuando ibas a cabeza del grupo, y es cuando encuentras las huellas de caballo recientes cuando te das cuenta de que tal vez alguien os haya estado siguiendo (10 en Percepción a media tarde, 29 en Rastreo).

PD: Los heridos recibis atención médica, y Adelfbert y Cässim hacen tiradas para ver el estado de su enfermedad. El primero falla con 72 y el segundo pasa con 21, y el estado del barbado se empeora. Recuerdo que se pueden gastar PD cuando se quiera. Mannricht y Rudiger dejan de estar afectados, y se reponen de sus males.

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Y.O.P.
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Y.O.P. » 15 Oct 2010, 21:17

Cässim

-¿Que pasa cojo? Si quieres que te lleve de caballito vas listo, que voy con la espalda molida. Me han dicho que eres de Loningbruck, y que ya habias trabajado con ese tal Mannricht, con el cocinero y con los Osos Negros. ¿Son buenos compañeros?

Era bastante normal en el Viejo Mundo, cuando uno tenía oportunidad de elegir enrrolarse en <<la tropa>>, (cosa que raras veces ocurría), querer conocer al jefe de la misma y a su vez, saber cual era su trato con los soldados.
¿Será fiable?, ¿tendrá dinero?, ¿tal vez demasiado bien pagado de sí mismo?, ¿estará del lado de los soldados o del patrón?. Pese a que en lo referente al Cascarilla, tal no era el caso, ya que había sido reclutado casi por la fuerza, no tuvo a mal en platicar un poco con el lancero acerca de todas estas cuestiones y dar su opinión sobre todas ellas. Así, el Cascarilla hablo primero sobre el Señorito Mannricht con sobriedad pero sin faltar a la verdad. Entusiasmado, derrochó cariñosos epítetos para herr Reiner, emitió un ténue sonido de preocupación respecto al barbado Adelfbert y ninguneó al halfling, del que sólo advirtió a Jon que no le dejara que le diera un beso.

Y en todo estas cosas se entretuvo durante un buen rato mientras la caravana proseguía su tortuosa marcha muy lentamente hasta que sin venir al caso, de pronto se detuvo de golpe.

Cässim sonrió ampliamente. Ahora se las había ingeniado para recitar su heróica gesta del <<Comegentes>> prácticamente sin tartamudear ni tener que pensar mucho en los detalles y adornos, con vírgenes encadenadas a grandes rocas y todo, cuando la comitiva hizo un repentino alto en el camino para decidir por dónde seguir a continuación.

- Pa-pareceme-, siguió el muchacho asomando la cabeza por fuera del carromato-, que-que hubiérales de ayudarles nu-nuevamente, co-como allá, en los bo-bosque. Pos yo pe-personalmente-, el cascarilla carraspeó lanzando un escupitajo al que siguió fuera de la caravana con gesto de decepción-, no pi-pienso hacer ná si no me-me llaman. So-soy el único Hi-hilver en todo Loningbruck llegar a los di-dieciseis con to lo-los di-dientes, y no está la co-cosa como pa derrocharlos a-ahora.Así que id e-echando mano a los dados herr Taimk, que-que creo que os tocaba a vo-vos...¡Eh-eh!, ¡las ma-manos dónde yo-yo pueda ve-verlas!...
- Un verdadero guerrero nunca teme al desafío de una batalla. Pero siempre recuerda que no puedes escapar a tu destino.

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Jacques el arcabucero
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Jacques el arcabucero » 17 Oct 2010, 10:03

Mannricht

- Tenía razón Rodrik – pensó Mannricht, que no estaba acostumbrado a pensar en cantidades tan grandes. Por lo general en su época de patrullero iba solo, o con otro patrullero como máximo y solo debía pensar en si viajar a la derecha o a la izquierda. Ahora eran 45! Y no podía decir la mitad a la izquierda y la otra mitad a la derecha, así que…
- Rodrik, encárguese de que cada hombre se encuentre en el sitio adecuado. Confío en su criterio.
Y de este modo dio por zanjado el asunto.

Durante la marcha, el campesino de tez rojiza abandonó el frente para ver como quedaba dispuesta la formación, tenía curiosidad por ver cual era el sitio adecuado según Rodrik, del que tendría mucho que aprender. Por el camino saludo con la mano o con gestos de cabeza a quienes le saludaban, sobre todo a sus vecinos de Streissen o su primo Balbian.
Llegó hasta la carreta donde se atrincheraba Rudi y le llamó de un grito.
- Eh Rudi! ¿Como estás? Menuda cocina de campaña, eh? Si te vieran en casa! Dando de comer a un batallón de valientes! Cuando alcancemos la victoria será con el estomago lleno de tus guisos, seguro que hasta en la Asamblea se hablará de esto. Jajaja…

Mannricht siguió su marcha por la formación que cantaba a pleno pulmón las canciones que comenzaba Reiner hasta acercarse a donde se encontraba Molbin para interesarse por el estado del barbado Adelfbert.
- Como está, galeno? ¿Crees que podrá empuñar una espada cuando sea necesario? - y dirigiéndose al barbado escudero le gritó – Eh! Adelfbert, te necesito recuperado cuanto antes, mañana llegaremos a los alrededores de Bieswang y necesitaré de alguien que sepa manejar eso – Mannricht señaló el arma del escudero - ¿Cuento contigo?
Tras esta breve conversación, Mannricht volvió al frente de donde no se movió durante el resto del día.

Cuando ya estaba entrada la tarde y parecía pronta la hora de descansar, Pit el hondero corrió al frente a informar de un descubrimiento inquietante. Huellas!
Mannricht pudo volver sobre sus pasos para atender a aquellas marcas, y tras inspeccionarlas un trecho pudo comprobar que efectivamente, eran recientes, y apuntaban a ser las de dos corceles ligeros. Aquello podia suponer muchas cosas, pero una de ellas era que estaban siendo seguidos y espiados.
Mannricht odiaba que se usaran los caminos para fines delictivos, incluso para espiar. Los caminos ya no eran lo que eran desde que le expulsaron del puesto. No hay nada mejor que un camino seguro y este lo era, vaya que si! Pero debía volver a la realidad y abandonar estos pensamientos. Alzo la cabeza al cielo inconscientemente y vio que la lluvia se aproximaba, no tardaría en llegar, quizá esta noche.
- Buen trabajo Pit – le dio una palmada en el hombro de camaradería y regresó al frente poniéndose la compañía de nuevo en marcha. Momento que aprovechó para hablar con Alan y Rodrik – Hay que estar atentos, estamos siendo vigilados y esa zona boscosa a donde nos dirigimos puede acabar teniendo más sorpresas de las que en un principio podía sospechar.

Y así fue hasta que llegaron al punto donde los valles poblados de árboles comenzaban a abrirse paso.
Mannricht ordenó detener la formación y se volvió hacia “el núcleo principal de los Mastines Salvajes” para hablar.

- Bien. Esos bosques de ahí pueden ser una ratonera para los segundos en llegar.
Si nosotros somos los primeros y sean quienes sean los que han recibido la información de los dos jinetes cuyas huellas descubrimos esta tarde, aparecen después, nuestra situación sería ventajosa.
Ahora bien, si estos han llegado antes que nosotros y nos aguardan en el bosque, nosotros seríamos los segundos y podríamos encontrarnos una desagradable sorpresa.


Aguardará unos instantes a ver las reacciones de sus interlocutores para añadir a continuación.

- Si cruzamos por la rivera y nos atacan, un flanco estará perdido por el río. Solo tendremos un lado por el que movernos y reaccionar, y si hubieran dispuestos arqueros sería como tirar al pato en una feria.
En cuanto a perder un día de camino rodeando los bosques, ni hablar. No hemos llegado hasta aquí con un ritmo tan bueno para perderlo ahora.
Creo que un grupo de exploradores deberían adelantarse hasta el bosque a ver si descubren algo. Yo mismo iré con ellos.

- ¿Algo que añadir? –
Mannricht mirará uno a uno a los presentes muy interesado en sus opiniones.

kurgan
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por kurgan » 17 Oct 2010, 11:21

Reiner Volk

-...pues por algo será que creo que Bieswang está al Sur, ¡No me lo habré inventado yo!

-Pero razona, Reiner. ¿Tú has estado alguna vez en Bieswang? ¿Has ido desde ese pueblo hasta Averheim?
-Alan Friedsgoth intentó ser paciente con el lansquenete. De tiempos de andanzas compartidas, sabía que las cosas le tardaban en abandonar la cabeza.

-Todo el mundo sabe que...

-Pero responde, ¿Estuviste o no?

-¡No hace falta haber estado! Yo no he estado en Sylvania, vos no habéis estado en Sylvania, y ambos sabemos que está al Este, junto a Marienburgo.

Friedsgoth no dijo nada.

-Claro, y ahora me diréis que...

-Sí, Marienburgo está al Norte, más al Norte de Nordland, junto a Ostermark-Friedsgoth asintió con la autoridad que da la sabiduría de un hombre viajado, un hombre de mundo, aunque empezó a pensar si no estaría confundiendo Ostermark con Ostland, la de las salchichas.

-Hum...

XXX

-Yo creo, Rodrik, que vamos escasos de tropas de primera línea de frente. O sea, vale, los honderos de Streissen y tal para disparar y debilitar al enemigo, nos vendrán muy bien si nos enfrentamos contra alabarderos. Siete hombres contamos para hostigar y explorar por delante, labor necesaria, también. Pero al final las batallas se resuelven en el cuerpo a cuerpo, los que pueden servir de algo en un choque los cuento yo con los dedos de las manos, bueno, y un par de los pies. Que mis veteranos de Averheim no son élite de élite, eh, y sinceramente, sólo yo, Friedsgoth, alguno más, sabemos lo que es una guerra de verdad. Imaginaos que nos salen defensores de Bieswang a caballo, hombres de armas del señor de allí. Barrerían a nuestros tiradores y gente ligera, zas, zas, matándolos desde el caballo, y a placer, puesto que los nuestros, acojonados, correrían. Necesitamos probar a los nuevos reclutas, y armarlos bien. No tenemos caballería, y nos pueden hostigar y explorar a placer, pero en fin, a eso no hay que hacerle.

-Dame a mí la veintena de hombres preparados para el cuerpo a cuerpo. Los entrenaré en cada parada diaria. Formar en línea, marchar en columna, que se acostumbren a tener un hombre a la derecha y otro a la izquierda, siempre el mismo. Situar los escudos delante, acostumbrar a los lanceros a pelear empleando sus armas por encima de su cabeza. Tú coge a los honderos y enséñasle la táctica de correr delante, disparar, y después ponerse detrás de los míos. Cuando estemos en cuerpo a cuerpo, a ponerse a los lados del enemigo y dispararles sin darles a los nuestros, hostigar las filas traseras. No conseguiremos maravillas en dos días, pero...


XXX

La cosa era bastante rara. Reiner había aceptado la mano del patrullero, y con ello entendía que lo reconocía como comandante. Ahora veíamoslo tomar decisiones, y parecidas a las que hubiera tomado Reiner...

-Esos bosques de ahí pueden ser una ratonera para los segundos en llegar.
Si nosotros somos los primeros y sean quienes sean los que han recibido la información de los dos jinetes cuyas huellas descubrimos esta tarde, aparecen después, nuestra situación sería ventajosa.
Ahora bien, si estos han llegado antes que nosotros y nos aguardan en el bosque, nosotros seríamos los segundos y podríamos encontrarnos una desagradable sorpresa.


¡Nos habla a todos! La enfermedad de referendum de Bacher se extiende también a él.

-No conozco los caminos del bosque, pero si tenemos que conformarnos en columna, no sólo será jodido si nos tienden una emboscada, sino que no podremos formar en ese terreno. Así que yo votaría por ir por la ribera, y mandar a los exploradores en nuestro flanco, peinando el bosque, digamos con doscientos metros de adelanto. Podemos colocarnos de espaldas al río si nos atacan... Porque creo que lo que hemos visto son dos jinetes de milicia de señor local, que sólo tendrá una veintena de hombres de armas y el doble de milicianos que se limpian los mocos y huirán a la primera oportunidad.
Y qué tienes tú, Reiner.

-Vayamos por el bosque, entonces
.

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