Final de Campaña I: Señores de la Guerra

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Saratai
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 19 Oct 2010, 16:38

25 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Arboledas de Hirshhügel.

No fue dificil encontrar voluntarios para la misión de exploración por la zona boscosa, pues la moral de los Mastines estaba en su punto algido. Hacia buen tiempo a pesar de las nubes, se habian entablado grandes amistades entre los miembros de la compañia, y todos parecian atender bien a las ordenes entre las llanuras. Rodrik separó a la tropa en tres grupos, uno con los hombres armados con ballestas, arcos y hondas, el cual el mismo dirigiria, un segundo, compuesto por los catorce reclutas que Friedsgoth vigilaria de aquel entonces en adelante (incluidos Rudiger y el Cascarilla, asi como las carretas de suministros), un tercero, compuesto por los más habiles soldados, a los que Reiner daria supervisión y disciplina militar, y un cuarto, que seria liderado por Doni Botasucias, un antiguo guardabosques de Streissen, experto en rastreo, y que acompañaria a Mannricht en la exploración de los bosques de Hirsh-hügel, lugar bien conocido por el sargento de Streissen. Aquellos bosques estaban a un dia de Bieswang aproximadamente, por lo que el destino estaba bien cerca. Pronto, si Sigmar queria, el trabajo daria lugar a su parte final, y más peligrosa.

Reiner y Friedsgoth estuvieron deacuerdo con ir por la rivera del río, pero Rodrik apoyó la opinión del sargento Mannricht de dirigirse a los bosques tras una batida inicial. Al final se acordó en esperar los resultados de la búsqueda de los exploradores, para después tomar una decisión propicia. El grueso de los mastines esperó en la linde de la zona boscosa, mientras Mannricht, Botasucias y los otros seis batidores daban una vuelta por los bosques.





El galeno miraba con mala cara al viejo Adelfbert. Durante todo el viaje le habian mantenido aislado, y no parecia que nadie se hubiera contagiado por su culpa. Sin embargo, Molbin tenia sus serias dudas acerca de lo acertado de mantenerle con ellos. El barbado novicio del Oso Negro habia tenido que dejar su cargo como criador de los animales de tiro tras sufrir un empeoramiento de su estado, y ahora era incapaz de moverse con la cota de mallas puesta. El Cascarilla y Rudiger, ambos ya inmunes a la viruela, asi como Alan, eran los únicos que podian acercarseles, y por ello el propio galeno les hizo llamar.

Molbin Asder

-Señores-
dijo el galeno ante la presencia de Adelfbert -tenemos un grave problema. El anciano se encuentra muy débil, y dudo que pueda seguir el ritmo mucho tiempo más. He hecho cuanto he podido, pero no parece reaccionar ante ningun tratamiento, y la viruela se ha hecho fuerte en él.

El rostro de Adelfbert se habia plagado de marcas y bubones, y Asder no habia tenido más remedio que cubrirle con una sábana para que la brisa no le causara picores en la cara. Alan dudó unos segundos, pero bien cerca estuvo de proponer una rápida eutanasia, hasta que vió mover los ojos a quien habia sido su compañero durante tantos dias, y decidió dejarlo en manos de Morr. Molbin también quiso saber la opinión del mediano y del cojo de Loningbruck, pues en base a su respuesta habria de tomar una decisión.

Al tiempo, Rodrik y Reiner preparaban maniobras con sus respectivos grupos. Rodrik les hizo correr a un lado y al otro del grupo de Reiner, mientras el lansquenete se encargaba de mantener formaciones compactas y pasos al unisono. Podia parecer poca cosa, pero los progresos se estaban haciendo de notar, y aquella pausa en el camino les iba a dar tiempo suficiente como para practicar un poco un par de maniobras sencillas. Balbian aprendió rapidamente a cambiar el ritmo de la música para ordenar paso rápido y paso lento, asi como para transmitir las ordenes del portaestandarte. A su vez Rodrik supervisó la punteria de sus hombres contra varios arboles con dianas pintadas. Friedsgoth fue el único que no practicó con su grupo maniobra alguna, contentandose con que aprendieran primero a coger un arma como los dioses mandaban.

Alan Friedsgoth

-Asi no Molbin, cogela asi-
explicaba al galeno, mientras hechaba furibundas miradas a Cässim, explicandole que debia coger el hacha desde más abajo si queria cortar algo que no fueran troncos con ella. Le habia cogido especial aprecio al Cascarilla, más aun tras los incidentes en Loningbruck, y le dedicó tiempo y dedicación para que mejorara su posición. Tras varios minutos de instrucción, el caballero del Oso Negro mandó a pelear a algunos de los reclutas con espadas de madera, para habituarles al combate. Ya iba a mandar al Cascarilla a pelear contra uno de los reclutas de Monheim llamado Lous, cuando a lo lejos se divisó una nube de polvo. El experimentado caballero no dudó acerca de que se trataba.

-¡Reiner, Rodrik, vienes jinetes desde el Sur!-
los gritos de Alan provocaron la exaltación de todos los soldados, que comenzaron a mirarse preocupados buscando las ordenes de sus superiores. Rodrik no tardó en encarar a sus hombres en la dirección por la que venia la lejana nube de polvo. Waldemar cargó su ballesta, y el resto comenzaron a reunir sus piedras y colocarlas en las hondas. No se sabia que podia ser aquello, y siempre era mejor prevenir que curar. Alan por su parte ordenó formar alrededor de los carromatos de provisiones, la parte más vulnerable del convoy, al tiempo que Balbian, Jon, Boltus y los demás miraron a Reiner en busca de una orden que seguir, asi como Tucko sostenia inquieto el estandarte de la compañia, indeciso entre dejarlo clavado o darselo a alguien. Podian ser simples mensajeros, pero el tamaño de la nube asi como la rapidez con la que se movia parecian indicar lo contrario. Alan le gritó al niño Müller que corriera en dirección a los bosques para llamar a Mannricht. Aquello podia ser el bautismo de sangre para los Mastines Salvajes.




Botasucias se internó en la zona boscosa, mientras Mannricht trotaba con Negranoche. El bosque no era muy denso, y era sencillo cabalgar por él. El resto de batidores también caminaban al unisono, arcos preparados y miradas listas. Aun asi, anduvieron peinando la zona sin encontrar ni un solo rastro, hasta que cuando ya iban a volver, el quinto explorador, el joven Huni, encontró unas pisadas que llamaron la atención del grupo entero. Tras una inspección por aquella zona del bosque, quedó patente que alguien habia colocado trampas por aquellos bosques, entre cepos y fosas escondidas. De no haber pasado por alli, las tropas podian haber caido en una emboscada.

La presencia de aquellas trampas pusieron en sobrealerta a Botassucias, que no tardó en expresar sus dudas al sargento Mannricht.

Doni Botasucias

-Mannricht, es evidente que alguien ha pasado por los bosques antes que nosotros. Lo que no entiendo es como podia haber nadie en sobreaviso, pues solo nosotros sabiamos de la salida de Averheim y cual era nuestro destino...


Fue en aquel preciso instante cuando un grito se oyó de entre los bosques. Al darse la vuelta y encaminarse al lugar del grito, decenas de metrós más alla de donde las trampas se encontraban, Mannricht y el resto pudieron ver al niño Müller siendo retenido por un hombre de unos treinta años de edad, con un jubón sucio y cubierto de tierra. A su lado, otros cuatro hombres más apuntaban con arcos cortos a los exploradores. Fue el más joven de ellos, un mozo de poco más de veinte con barba rasa, quien se adelantó.

Gomiar de Bieswang, bastardo Ulbricht

-Tirad las armas, rebeldes, o rajaremos al niño. ¡No, tú, quieto ahi, no os movais ni un centimetro más!-
gritó el hombre al ver a Botasucias alargar la mano al carcaj -Vais a pagar caro haber venido a las tierras de mi padre, ¡perros Leitdorf!.

-¡Mannricht, se acercan jinetes desde el Sur! ¡He venido a avi...- intentó decir el niño Muller, hasta que el hombre que le retenia le cruzó la cara al niño, que no pudo sino callar.


FDI: Mannricht, has fallado una tirada de Percepción con un 96, asi como el resto, cuya tirada más alta ha sido un 38, insuficiente para percatarse de los cinco hombres apostados en el bosque. Vosotros sois más, pero ellos amenazan con matar al niño si os moveis. Posición dificil.

Mientras tanto, a unos quinientos metros de alli, justo en la linde del bosque, el grueso de los Mastines ha divisado nubes de polvo. Alan cree que deben ser más de una docena de jinetes, provenientes de Heideck o de la aldea de Willenfeld, al Sur de vuestra posición. Aun están lejos, puede que a setecientos metros, asi que teneis tiempo para actuar. Cässim, Alan te ordena colocarte junto a Adelfbert y protegerlo. Rudiger, Molbin y las putas se han metido en uno de los carromatos, tu puedes hacer lo mismo o prepararte para lo que venga, sea como sea otros te defenderán. Adelfbert, tu estás muy enfermo, pero puedes hablar o moverte de un carro a otro.

Por útlimo, Reiner tiene varias tareas. Debes escoger la mejor posición para tus hombres, asi como elegir quien irá en primera fila, quien se queda atrás, quien lleva el estandarte, etc. Os haré un mapa de la zona, para que tengais una idea visual de la escena. Buena suerte a todos.


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Y.O.P.
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Y.O.P. » 19 Oct 2010, 18:39

Cässim

El Cäscarilla estaba contento con las órdenes de Alan, pues no le hacía ni pizca de gracia tener que adentrarse en el campo de batalla a la pata coja, ni que las circunstancias pudieran tornarse, en otra huída como la de los Bosques de Loningbruck, cosa harto desaconsejable ahora que hallábase privado de su querida mula, <<Solomillo>>.
El muchacho respiró hondo y empuñó su hacha echando una mirada al viejo postrado.

- No-no sos pre-preocupéis, abuelete, que si a-alguien le pe-pega fuego a las ca-caravanas, ese seré y-yo-, dijo asintiendo con sarcasmo.

-Y como Sigmar no podía estar en todas partes, entonces Sigmar hizo a las madres-, Cässim pensó en esto, que decía mucho su abuelo, pero Cässim no tenía madre, así que se encogió de hombros y escupió.
El sonido de la turba, en el exterior, era como el ronroneo de la muerte, un sonido espectante que ponía en sobreaviso al carbonero y que le mantenía con los ojos y oídos muy bien abiertos.

FDI: pues nada,a esperar a lo que venga y a tirar por percepción, necesito todos los detalles posibles del lugar en que me encuentro, así que me fijaré bien, sobre todo en una posible ruta de huída por si tengo que sacar de allí a Adelfbert
- Un verdadero guerrero nunca teme al desafío de una batalla. Pero siempre recuerda que no puedes escapar a tu destino.

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Nirkhuz
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Nirkhuz » 19 Oct 2010, 19:40

Algún día del Destilario de 2527. Averheim.

Adelfbert estaba trabajando con las mulas. El trabajo le recordó a sus tiempos de mozo, y, por un segundo, recordó una silueta conocida. Recordó sus bellos movimientos. Recordó la ternura de su voz. Recordó a Sara, su mujer fallecida. Era extraño. Hacía años que no pensaba en ella. No por crueldad, si no por auto compasión. No quería imaginársela, por que eso le hacía sufrir. Le hacía recordar. Le hacía sentir viejo e inútil. Golpeándose la cabeza con la mano, intentó hacer huir al recuerdo. Pero era inutil. Gracias a los dioses, uno de los reclutas del Oso Negro, cuyo nombre no recordaba, apareció y comenzaron a charla. Entte una pregunta y otra surgió la de por que querían ser caballeros. Extrañamente, esa constante en su vida que había sido el ser caballero empezaba a tambalearse. Los caballeros del Oso Negro habían machacado a los leales. ¿Acaso no era la lealtad una virtud de la caballería? Los caballeros del Oso Negro habían, si los rumores eran ciertos, destrozado y violado a las viudas de varios soldados leales. ¿Acaso no era el honor otra de las virtudes? Incluso eran los guardaespaldas del tirano. ¿Quería Adelfbert seguir siendo un caballero? Siguió trabajando.

Otro día del Destilario de 2527. Averheim.

Adelfbert estaba sentado en uno de los carromatos. Tras mucho esfuerzo, había conseguido incorporarse. El trabajo con los bueyes era horrible, pero le recordaba a su casa. Estaba cansado, y muy muy enfermo. Dioses, dioses... la enfermedad le estaba matando más rápido que un espadazo. Sentía dolor en todo el cuerpo, y, aunque el galeno cuyo nombre no recordaba no le dejaba, se había visto la cara en un momento de soledad en el que se quitó la mascara. Solo fueron unos segundos, pero Adelfbert pudo vislumbrarse antes de taparse de nuevo. Era... horrible. Horrible. Su cara estaba marcada por bultos y cosas asquerosas. Estaba más arrugado que de costumbre. Tenía un ojo excesivamente legañoso, y su barba estaba desordenada y sucia. Era repulsivo. Para Adelfbert esto fue un tremendo golpe, pero no se dejaría vencer por una simple enfermedad. No, Dioses, No. Ya había rezado a Shallya, a Ulric, e incluso a Sigmar. Se iba a poner bien. Se lo debía a Sara. Se lo debía a su padre. No, Adelfbert haría algo grande. Con ese pensamiento en la cabeza, Adelfbert se dejó llevar por las somnolientas mareas de la enfermedad y el cansancio.

Un día más (o el mismo) del Destilario de 2527. Averheim.

Adelfbert se despertó sobresaltado. Había vuelto a soñar con Sara. Dioses, hacía años que no soñaba con su querida, con su pequeña Sara. El viejo escudero notaba que cuanto más se acercaba al reino de Morr, más contacto tenía con sus habitantes. También soñó con su padre, y alguno de sus hermanos. Y, claro, soñó con su mentor y maestro Hans. Definitivamente, Adelfbert notaba como su vida se iba. Sus recuerdos eran ya confusos. Sabía que estaba con los Mastines Salvajes. Sabía que estaba con Mannricht, Rudi, Cässim y Alan. Pero nada más. También estaba ese galeno tan majo que de vez en cuando iba a curarle. Mannricht acababa de pasar diciéndole que le quería ver luchar mañana. Adelfbert se reiría, si eso no le doliera tanto. El escudero no podría luchar ni mañana, ni nunca, si las cosas seguían igual. Con miedo, se tumbó. No podía hacer nada, así que se dedicó a hablar con su mujer muerta, como ya hizo en sus años mozos, tras la muerte de Sara. Durmió.

25 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Arboledas de Hirshhügel.

El escudero intentó incorporarse por enesima vez. No lo consiguió. ¡¿Dioses, era TAN difícil!? Alguien estaba hablando cerca de donde él se encontraba, pero no reconocía a nadie. Poco a poco fue viendo a Alan, y los inconfundibles movimientos del cojo Cässim. También vio a esa ahora familiar figura que era el galeno. Hablaban de algo, y le miraban. ¡Dejad de mirarme así, no estoy muerto! Decía Adelfbert en su fuero interno. Pero... ¿no lo estaba? Apenas se podía mover, apenas podía hablar, y mucho menos podía coger una espada y defenderse sin sentirse destrozado. Había sobrevivido al ataque de los pieles verdes a su pueblo. Había sobrevivido a los años de entrenamientos y viajes con Hans. Había sobrevivido a la caza del Comecabras... ¡y una simple viruela lo iba a matar! Estaba seguro de que algún ente conspiraba en su contra. Pero no, no iba a morir. No, no iba a permitir que su legado muriera como lo hizo Sara, entre sabanas, pústulas y llantos. A Adelfbert no lo mataría una enfermedad. Adelfbert sobreviviría a eso. O al menos eso se decía a sí mismo. El Dios de la Plaga no se lo llevaría a él también. No, no Señor. Adelfbert sobreviviría a esto. Se levantó, y le sonrió a Cässim. Por supuesto, tras la máscara de cuervo no se veía nada. Pero, ¿no era la intención lo que contaba?

FDI: Estoy jodido, así que no entraré en combate a no ser que sea extremadamente necesario. Aparte, creo que si voy a usar mi Destino para quitarme la maldita viruela, que me veo a Adelfbert muerto por el campo lleno de bultos y enfermedad, y no quiero eso para el vejete. Lo siento por la tardanza... :oops:
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kurgan
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por kurgan » 19 Oct 2010, 23:19

Reiner Volk

El recluta subió, bajó, subió... Los brazos le temblaron. No podía.

-¿No eres capaz de mantener la formación? ¿No eres capaz de sujetar bien el arma?¿Y ahora no eres capaz de hacer diez flexiones, escoria?

El hombre gorgoteó. Reiner alivió en algo la presión de la bota sobre sus omóplatos, y cuando el recluta consiguió coger algo de fuerza, retiró el pie por completo.

-Igual el señorito se pensó que estaba de luna de miel, ¿eh? Con tantos hombres viriles. Igual el señorito no tiene que estar en el ejército, sino llevar vestiditos. Aquí no hay rendición, recluta, porque yo no tengo piedad con los que se rinden. Para mí eres menos que un gusano, un cerdo. No te tengo nada de respeto y no lo recibirás de mí hasta que mme demuestres que vales algo. Venga, recluta, demuéstrame de lo que eres capaz, porque si no, voy a estar encima tuya el resto de tu miserable vida... ¡Y esto va por todos!

-¡Reiner, Rodrik, vienes jinetes desde el Sur!-y Reiner se olvidó del guiñapo sudoroso del suelo, lo levantó de un puntapié y le tiró encima su chuzo. Las miradas se centraron en él, y Reiner alzó el hacha por encima de la cabeza.

-¡Y me lo vais a demostrar ahora! ¡Tú, y tú, formad una media luna con los carros! ¡Girad ese y moved aquel! ¡Ahora!

Reiner dio más órdenes, preparando el orden de batalla a toda prisa. La primera línea estaría formada por los hombres más veteranos, por Alan y sus guerreros del Oso Negro, por los campesinos de Streissen, y Reiner los iba a colocar en fila y los haría agacharse. Escudos delante y juntos, no había tiempo para más. Detrás y a los flancos estarían aquellos que dirigía Friedsgoth, y en quienes el lansquenete fiaba infinitamente menos, pero que se ganarían la boina morada hoy. Sus espaldas quedarían cubiertas por las carretas, pues moviendo tan solo dos de ellas, se formaba una barrera que no permitiría un flanqueo. Los tiradores atrás y a los carros, Rodrik dirigiéndolos y que esperasen a disparar a la orden de Reiner. Si los caballeros se detenían y querían parlamentar, muy bien. Si se dispersaban, mantendrían la formación y los hostigarían a disparos. Si cargaban... Reiner y sus compañeros habían formado un muro de escudos, y ¿Qué caballo está dispuesto a lanzarse contra una barrera de hombres apretados, erizada por los chuzos de la segunda fila? Reiner daría la orden de disparar cuando viniesen, para herir a hombres y sobre todo monturas, que no llevarían armadura. Algunos animales se detendrían, otros continuarían una carga desorganizada que los de Reiner podrían parar.

O eso esperaba el lansquenete.

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Jacques el arcabucero
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Jacques el arcabucero » 20 Oct 2010, 17:43

Mannricht

El campesino estaba seguro que habría alguna sorpresa aguardando en el bosque, aunque contaba con desmantelarla a tiempo y había sido así en parte. Si bien habían encontrado las trampas antes que nadie las activase, la repentina aparición del chico les dio a esos hijos del mil padres la oportunidad de tener algo con que negociar a cambio de sus pellejos.

Ellos eran más, pero los otros estaban apuntándoles con arcos y amenazando al muchacho.
Mannricht evaluó rápidamente las posibilidades. Si llegaban al cuerpo a cuerpo sería un trabajo fácil, les aplastarían, pero el chico podría acabar con el cuello rebanado y algunos ser heridos con esos arcos.
Si se rendían…
De eso nada.

- ¿Las tierras de tu padre dices? ¿Quien es tu padre? Alguien sin duda muy valiente al enviar a su hijo a defender sus tierras! Escúchame bien… a mi modo de ver las cosas la situación está en tablas, pero puede ser peor. Deja al muchacho y podrás ir corriendo ante tu padre a decirle que estamos aquí y que se prepare a conocer el Caos pues no va a quedar piedra sobre piedra!.
Si esto no te parece atractivo te propongo otra cosa… enfrentémonos tu y yo y ninguno de nuestros hombres será herido. Si vences haz lo que estimes con estos prisioneros, si venzo, hago lo mismo con tus hombres. Y no se derrama una sola gota de sangre más de la necesaria…
Por supuesto tienes una tercera opción… en la que tus hombres serán pasados a cuchillo y tu cabeza viajará en una cesta hasta la casa de tu padre con un lazo de regalo.


Mannricht no tenía tiempo. Le hubiera gustado elaborar un mejor plan pero no tenia tiempo! Los Mastines estaban siendo atacados como había informado el chico, así que debía zanjar este asunto cuanto antes y regresar con el grueso principal (y no se refería a Rudi).

- DECIDETE DE UNA VEZ! No tengo tiempo que perder!

Y en tono mas bajo, mientras se limpiaba la comisura de los labios con el puño susurró a Doni y a quien le pudiera escuchar de sus hombres - Atentos a los alrededores, puede que hayan mas hombres.

Mannricht se preparará para desenfundar su pistola a la mínima de cambio y observará los alrededores para comprobar si no hay nadie más emboscado.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 22 Oct 2010, 00:17

25 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Arboledas de Hirshhügel.

Gomiar de Bieswang

-No consentiré afrenta para con mi padre, y menos que sea tratado de cobarde por un seguidor de los Leitdorf. Boris Ulbricht es de los pocos hombres leales que quedan en esta provincia. Baja de tu caballo y afrontemos esto como hombres.


El bastardo guardó su arco, y desenfundó una espada larga, de doble filo y empuñadura basta y sucia como él mismo. Gomiar aceptó el desafio de Mannricht, y escogió la espada como medio de combate, llevando como única protección una chaqueta de cuero sobre la camisa. El hijo de Ulbricht habia demostrado valor aceptando el duelo, algo que Mannricht no encontraba a menudo en sus viajes. Sin embargo, aquello ralentizaria mucho ir en auxilio de los demás Mastines Salvajes, y aunque pondria al sargento por las nubes para con sus hombres, podria darse el caso de que para cuando el duelo finalizara, no quedaran hombres para apreciar su valor.

Uno de los forestales de la casa Ulbricht dejó al niño suelto, permitiendole volver con Botasucias y los otros, mientras todos se preparaban para ver el combate y animar a su campeón. Aquella era una forma extraña de solucionar el conflicto, pero los fieles al bando Alptraum se encontraban en inferioridad numerica por lo que no se quejarian de aquella salida al conflicto.






Mientras tanto, el resto de Mastines formaron como Reiner habia apreciado. Situando las carretas como muros de defensa, impedirian a los jinetes atravesar con cargas a los soldados Leitdorf. Rodrik apreció la idea, y Alan felicitó al tuerto lansquenete.

Alan Friedsgoth

-Gran idea Reiner, esto nos dará ventaja sobre ellos. ¡Tú Rudiger, ven a defender a Adelfbert!


El barbado Adelfbert habia estado en las últimas, y Alan se habia esforzado por mantenerlo a salvo. Al final, aquello habia dado resultado, y el anciano escudero comenzaba a recuperar las fuerzas, aunque habia sido recompensado con feas marcas de viruela, que le acompañarian el resto de sus dias. A su lado, el Cascarilla se preparaba para lo que estaba por venir. Ya a lo lejos se divisó al enemigo, compuesto de una veintena de jinetes, que cabalgaban hacia el grupo. El cojo de Loningbruck no tardó en apreciar el color azul en una banderola, dejando claro que no eran amigos. La superioridad numerica de los Mastines y su posición les daba ventaja. Sin embargo, decenas de metros más a la derecha del grupo de veinte jinetes enemigos, los Mastines apreciaron a cinco jinetes más, que trotaban despacio hacia los carromatos. Aquel grupo no parecia estar destinado a participar en el ataque, hasta que depronto...

-Dioses, no puede ser- exclamó Alan en voz alta. Se giró para mirar a Reiner, y le señaló al grupo de cinco hombres a caballo que trotaban. El tuerto lansquenete tardó en darse cuenta de los detalles por culpa de su defecto ocular, pero tras inspeccionar unos segundos se percató de que tres de ellos estaban armados con pistolas. Para cuando pudo confirmarlo, ambos grupos de jinetes se habian acercado a unos doscientos metros de los carros, y los Mastines respiraban rapido y con nervio.

Rudiger, de aguda vista, pudo comenzar a distinguir los penachos de los jinetes. El grupo de veinte jinetes que se dirigia directo hacia ellos vestian mallas, y portaban banderas azules. Sin embargo, sus colores no se parecian a los de ninguna casa familiar para el sirviente, y no portaban simbologia en sus escudos. ¿Mercenarios tal vez? Poco importaria cuando atacaran con sus lanzas a los Mastines.

El otro grupo en cambio no eran mercenarios, de eso no cabia duda. Tres de ellos, que ya se encontraban a unos cien metros, vestian a cuadros naranjas y negros, siendo inconfundibles como herreruelos pagados por la familia Hannodeck. Los otros dos hombres que cerraban el grupo de jinnetes no habian desenfundado sus armas, y portaban pequeñas banderas. Lo que el mediano no sabia es que aquellos dos hombres desarmados no eran sino un cronista y un mensajero, quienes debian enviar a Heideck el fruto del ataque.

Rodrik ordenó una tanda de disparos cuando vió al enemigo a tiro. Los sudores recorrieron a los hombres, quienes tendrian una dura prueba que afrontar. Waldemar accionó su ballesta, y su virote fue a clavarse al vacio del cielo, seguido de seis piedras, que cayeron inofensivas al suelo. Otras piedras impactaron en los jinetes, pero no se vió a ninguno caer, y los soldados agarraron con fuerza y miedo sus armas.

Después todo se volvió una marea de movimientos y figuras correteando. La sangre regó el suelo, y todo pareció moverse sin sonido, a una velocidad que el cerebro a duras penas podia seguir. Cuando Reiner se percató de que la carga de los jinetes habia caido sobre ellos, pudo comprobar como Tucko el fuerte tenia una lanza que le atravesaba el cuello de lado a lado, y a un caballo pisoteando su cadaver. Vió a Balbian tendido en un charco sobre sus propias tripas, aullando de dolor. Pero antes de poder fijarse en nada más, vió una lanza precipitarse a toda velocidad sobre su escudo. La punta de lanza atravesó y destrozó el debil escudo de madera de roble. El lansquenete no notó su brazo izquierdo, y lo siguiente que apreció fue un alazán negro aproximando sus cascos para embestirle. Sabia Sigmar como, un movimiento reflejó le apartó con un rápido giro de pies, y el caballo no le aplastó contra las carretas. Ahora el tuerto veterano se encontró en el lomo de la montura, y pudo ver a su rival. El jinete que le habia tirado la lanza era un hombre de piel cetrina y ojos negros, con un casco en punta y una cota de mallas plagada de telas negras. Desenvainó una mangual y comenzó a girarlo en el aire mientras Reiner se recomponia del tremendo golpe que habia desencajado su hombro. Vió una máscara cosida a una de las telas, y reconoció el escueto simbolo como el perteneciente a una compañia mercenaria de segunda con la que habia tratado en el pasado, pero no recordó su nombre. Lo único que recordó fué su hacha bien agarrada en su mano derecha.

Un grito se oyó en toda la esplanada. Un grito que heló la sangre de los Mastines, proveniente de uno de los jinetes. ''No mateis al cojo''. Fue en ese instante, mientras los rebeldes morian como propios canes, que una brecha se abrió en las defensas, entre los numerosos muertos por la tremenda carga. Cuatro jinetes penetraron en la zona de carros, y con dificultad para maniobrar, atacaron a Waldemar, al Cascarilla que se encontraba dentro, y a Russdel el zapatero. Una lanza rozó el rostro del Waldemar, y el ballestero disparó su ballesta a bocajarro de nuevo. El virote fue a dar al craneo del caballo del rival, y este encabritó tirando a su dueño por los suelos. Otro disparo, esta vez de Rodrik, fue a atravesar las mallas de otro jinete, y estas se tiñeron de rojo mientras el mercenario de Heidekc caia atonito por haber muerto sin poder atacar, taponandose inutilmente la fatal herida. Russdel tuvo parecida suerte, y la lanza de otro de los jinetes se clavó en la madera del carro, permitiendole aporrear el escudo de su enemigo sin daño alguno.

Pero fue el Cascarilla quien tuvo la peor fortuna. Justo cuando pensaba que el riesgo habia pasado de su zona, un jinete apareció entre toda aquella matanza, y su lanza fue a reventar en la cara del cojo de Loningbruck. Su cabeza chocó contra una de las maderas del carro, permitiendo al corcel de guerra encabritare y machcarle el craneo con sus herrados cascos. Todo se tiño de carmesi para el joven muchacho, mientras oia a su asesino exclamar una maldición. Tenia toda la cara astillada y machacada, y no podia ver por ningún ojo. Pero no estaba muerto, pues el dolor era penetrante como cuchillas al rojo. Las heridas quemaban como el fuego, sentia arder su rostro destrozado y sangrante, y solo podia pensar en el olor a quemado que le entraba en sus fosas nasales. Oia los gritos, y oia a Molbin, escondido como una rata. Oia los llantos y los golpes. Y oyó a su lado el quejido de Adelfbert.

Otro jinete, de pelo rapado y ojos aguileños, habia desatado la destrucción entre la linea enemiga, y llegando al carromato donde Cässim habia sido destrozado, paso junto al convaleciente barbado. Viendo la oportunidad de acabar con un herido, atravesó con su lanza la rodilla derecha. El anciano apenas sintió el dolor hasta que el arma de asta salió forzando su expulsión de la extremidad picada. Aquel dolor punzante bien podia haber desangrado al viejo, pero no fue asi. Imagenes de lobos aparecieron en la mente del escudero, y sintió el poder del dios fluyendo a través de sus venas. Su pierna izquierda habia acabo atravesada y muerta, pero el estaba aun lejos de acompañarla. Viendo su maza cerca, y a su enemigo asombrado de la resistencia y oposición del viejo, tuvo una oportunidad de oro para devolver aquel castigo del destino.

A todo esto, Rudiger contemplo la horrenda matanza que se estaba llevando a cabo. Uno de los jinetes habia lanzado una tea ardiente al carro de suministros, y el mediano tendria que actuar rápido. Bien podria intentar apagar el fuego, o colocar un canto en su honda y ayudar al resto. Gracias a su tamaño nadie habia reparado en el, pero aquello no era en absoluto esperanzador. Waldemar habia derribado a un jinete, y Rodrik habia acabado con otro. Alan Friedsgoth habia sobrevivido a una lanzada al igual que Reiner Volk, pero ahi acababan las buenas noticias. El cascarilla habia sido atravesado, y parecia inerte y cegado. Adelfbert habia sufrido un duro embite, y Balbian habia muerto entre las pisadas de un caballo tras que sus tripas fueran derramadas en el suelo. A Tucko el fuerte le habian partido el cuello de una lanzada, y un aguerrido hombre de Streissen habia perdido la vida despues de que un jinete atravesara sus mallas justo en el corazón. Hasta Boltus, el duro caballero del Oso Negro, habia sido aplastado por un corcel blanco ahora manchado de rojo sangre, y su jinete aprovecaba ahora para aplastar su craneo con un martillo de guerra. Un muchacho de Monheim habia muerto con la mandibula partida en una carga, y un escudero del Oso Negro habia caido incosciente y gravemente herido. Hasta Rodrik estaba herido tras haber sido alcanzado por otro jinete, y aunque vivo, no aguantaria otro golpe como aquel, por no hablar de otros dos soldados que habian recibido cargas y no habian aguantado el golpe.

Las bajas amigas se contaban en ocho, y las enemigas en únicamente dos. Por no hablar del fuego que se propagaba en uno de los carros, y en los tres herreruelos que evitando el combate se acercaban por un flanco. Por suerte, los dieciocho jinetes restantes que habian sobrevivido a la carga inicial habian perdido en su mayoria las lanzas, y ahora ya no contaban con la fuerza de su carga. Si los Mastines conseguian derribarlos de sus caballos, la victoria seria suya. Si fracasaban en la tarea, los enemigos podrian salir de aquella marabunta de golpes y huir para prepararse en una nueva carga, suponiendo el final de la compañia.



FDI: Cässim, recibes un impacto de lanza que te causa 13 puntos de daño, y de los cascos de un caballo de guerra que te causan 9. Pierdes un PD, y un ojo. Además, tras dos impactos criticos de 10 (ambos en la cara) puedes darte con un canto en los dientes por no haber perdido los dos. (Tus tiradas de Resistencia fueron de 17 y de 85 respectivamente). Tu personaje sigue consciente, pero no puede ver nada. Aun asi has sido lanzado directo a un carromato, y estas a salvo de las lanzas. Eso si, has alcanzado 6 puntos de locura, y tras fallar una voluntad por 59, adquieres el trastorno inciendiario.

Adelfbert, tras quedar expuesto, un jinete te ve y ve la oportunidad de aumentar la matanza. Su lanza se te clava en la pierna izquierda, y es por un PD que sobrevives al encuentro (05 en ataque, 16 de daño). Molbin se te hecha encima junto a Cassim, e intenta hacer lo que puede, pero ademas de perder el PD pierdes movilidad en la pierna izquierda (70 en Resistencia), y ganas un punto de locura. Sin embargo, Ulric te insulfla vida, y puedes responder al jinete que te ha golpeado.

Rudiger, la fortuna está contigo. Los jinetes apenas te ven entre tanta gente, y tu pequeño tamaño te oculta de las lanzas. Has tenido suerte.

Reiner, un jinete carga directo contra ti. Su lanza atraviesa la defensa de tu escudo, y su arma destroza tu escudo, punzando tu brazo izquierdo y dejandolo aturdido. El impacto es de 12 de daño, y te deja a cinco heridas, pero con la oportunidad de un contraataque con tu hacha. Con un 07 evitas facilmente los cascos de su caballo (ataque de 09), y no eres arrollado. Asi mismo, sacas un 33 en Sabiduria Popular, y reconoces el simbolo del jinete como el de una casa mercenaria de Heideck.

Mannricht, el bastardo está haciendo tiempo, y esperará a que te bajes del caballo. En cuanto lo hagas, comenzará el duelo, pero tienes una última oportunidad de pisotear tu palabra, y atacar con toda tu gente subido a tu caballo ahora que el niño ha vuelto a vosotros. Todo depende de si prefieres ser un sargento despiadado sin honor o un hombre de palabra con dos cojones.

Avise de que en los finales de la partida los pj iban a sufrir mucho. Suerte a todos, y tened acierto en vuestras acciones.

PD: Las nuevas reglas de daño son MUY mortales.

Bosques de Bieswang.jpg
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kurgan
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por kurgan » 22 Oct 2010, 13:54

Reiner Volk

-Si rompéis la formación, estáis muertos-repetía Reiner una y otra vez mientras los hombres se colocaban en sus puestos, intentando que no le temblase la voz-si dejáis que os gane el miedo, os cazarán y os matarán a todos. Esperad hasta que se deshagan, y entonces matadlos. Que no vuelvan grupas. Si rompéis...
Con las cargas de caballería pasa lo mismo que en todas las ocasiones en las que se espera algo con temor o ansia; el tiempo discurre engañosamente lento y al mismo tiempo muy rápido, y todo pasa sin poder recordar ni distinguir pasado de presente. El sonido de los cascos sobre el suelo va in crescendo, se acerca como los truenos de una tormenta que se dirige a uno, y de repente está encima. Aquellos puntos en la lejanía crecen, se conforman, les salen brazos y brillan sus yelmos, se separan unos de otros, se recortan sobre la nube de polvo que levantan, y por último se ven los detalles de sus caras, se les distinguen los bigotes, y el iris de los ojos, y las arrugas en el rostro, y entonces...

Reiner gritó Wolfhound y no lo escuchó ni él.

Balbian tembló y afianzó el escudo.

Alan Friedsgoth rezó por última vez una plegaria a Ulric antes del choque.

Tucko el fuerte volvió la cara para no ver el muro de jinetes que se les venía encima.

Un recluta pateaba una y otra vez el suelo, con la boca seca y no sabiendo si aguantar o huir.

Un hombre que se llamaba Heinz aferró el chuzo, encarándolo a la boca de un caballo que se precipitaba sobre ellos.

Un hondero giró la tela produciendo un zumbido profundo, medio subido a un carro, preparado para soltarla, y se le estaban aflojando las tripas.

Llega el impacto, de una unidad de caballería acorazada, las lanzas debajo del antebrazo, pegadas al torso, comunicaban una fuerza capaz de atravesar la frágil línea y salir por el otro lado, los gritos de guerra atravesaban el alma, y los hombres fueron empujados hacia atrás por la pura fuerza de los animales a la carga, y los caballos se alzaron de manos para aplastar y reventar huesos, y los dientes chasqueaban en el aire. La formación, destrozada, retrocedió varios pasos, mientras los hombres morían y se asentaban, o intentaban levantarse.

Reiner esquivó la muerte por poco, con un boquete en el brazo.

Friedsgoth vio con los ojos velados cómo uno de sus escuderos abandonaba el mundo entre mugre y sangre, y fue herido también él.

Tucko no sintió nada.

El recluta se giró en el último momento, loco de terror, y fue milagrosamente respetado por las lanzas y los cascos. A su alrededor, los jinetes atravesaron ambas líneas de hombres y los soldados con los que había compartido rancho y lecho en estos últimos días murieron o fueron pisoteados. Quiso huir, o volverse y luchar, al mismo tiempo.

Heinz gritó y embistió con la punta de metal de su arma, por encima del cadáver agonizante del hombre que había recibido el choque de la lanza, delante de él.

El hondero lanzó su piedra y acabó de cagarse encima.

Reiner estaba vivo. Pero aquel maldito mamón que tenía delante iba a dejar de estarlo.

-¡Acabad con ellos ahora! ¡Ahora! ¡Si les dejais volver grupas acabarán con nosotros! ¡Ahora! ¡Que no huyan!

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Jacques el arcabucero
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Mientras, en el interior del bosque...

Mensaje por Jacques el arcabucero » 22 Oct 2010, 16:27

Mannricht

-No consentiré afrenta para con mi padre, y menos que sea tratado de cobarde por un seguidor de los Leitdorf. Boris Ulbricht es de los pocos hombres leales que quedan en esta provincia. Baja de tu caballo y afrontemos esto como hombres –
escupió las palabras Gomiar.

El bastardo guardó su arco, y desenfundó una espada larga, de doble filo y empuñadura basta y sucia como él mismo. Gomiar aceptó el desafio de Mannricht, y escogió la espada como medio de combate, llevando como única protección una chaqueta de cuero sobre la camisa.
Mientras, uno de los forestales de la casa Ulbricht dejó al niño suelto, permitiéndole volver con Botasucias y los otros, mientras todos se preparaban para ver el combate y animar a su campeón.

Esa era la circunstancia exacta que buscaba Mannricht cuando provocó a Gomiar, hijo de Boris Ulbricht. Tener al muchacho a salvo era su principal preocupación en ese momento, y una vez eso conseguido, pensaba solventar la situación de otra manera…

Mannricht se llevó la mano a la pistola de filigrana marina y desenfundó rápidamente apuntando a uno de los forestales. Al instante disparó con un fuerte estruendo y el olor a pólvora lo impregnó todo.
- Gracias por entregar al chico. ¡A ellos Mastines salvajes, veamos el color de sus tripas! Quiero a este vivo! – señaló con la mirada a Gomiar.

Mannricht cargará contra los forestales desenvainando su espada. Si llega a ellos tratará de desbaratar sus filas dando tiempo a que lleguen sus camaradas. Tratará a su paso de golpear con el caballo a Gomiar para derribarlo, no aplastarlo.
Última edición por Jacques el arcabucero el 22 Oct 2010, 16:33, editado 1 vez en total.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Nirkhuz » 22 Oct 2010, 16:33

El viejo escudero veía como un buen montón de caballero se acercaban. No entendió lo que estaba pasando hasta que fué demasiado, demasiado tarde. Adelfbert vio como un caballero arrollaba a Cässim, una de las pocas personas que el consideraba más o menos amigo. El cojo de Loningbruck acabó destrozado en el suelo, Adelfbert temía que muerto. El viejo solo tuvo tiempo a gritar algo.

Adelfbert
¡¡Molbin, matasanos de los cojones!! ¡Sal de ahí y ayuda a Cässim! ¿no ves que se esta...?

El escudero no pudo decir nada más.Como un rayo que partía el cielo, como un hacha que cortaba un tronco, Adelfbert sintió la lanza atravesar su pierna. Una mezcla de sonidos, sentimientos, y sabores se mezclaron. Su boca le sabía a sangre, dejó de sentir la pierna y escuchaba gritos de algo, o alguien. Sí, un tipo le había atravesado la pierna con una lanza. Aún no podía recapitular muy bien de que iba todo pero, por Ulric, se había quedado cojo. De por vida. Lejos de lamentarse, Adelfbert sintió una furia creciendo en él. Su sueño se había visto truncado: nunca sería caballero estando cojo. Empezó a sentirse febril, pero también escuchó lejanos aullidos de lobos. Aullidos de rabia y sangre, de dolor y muerte. Sí, de muerte, pero no la suya. Ulric estaba con él, estaba seguro. Adelfbert vio como el lancero estaba sorprendido. No se esperaba que el viejo viviera. Mejor para Adelfbert. Con un grito desgarrador, medio plegaria medio aullido, Adelfbert fue a golpear a la cabeza de ese bastardo hijo de mala madre. Sin piedad, sin remordimientos.

FDI: Hago un ataque ¿total, era? Ese que te da nosequé burrada a la habilidad de armas, pero no te deja ni parar ni esquivar. Poco voy a parar y a esquivar en este estado, así que vamos a destrozar al cerdaco ese... Utilizó hasta dos puntos de suerte para acertarle. Si le acierto, pues no los utilizo y me los guardo para luego, que me valdrán, pardiez.
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Y.O.P. » 22 Oct 2010, 17:49

Cässim

Cuando las luces se apagan, es mejor no mirar con los ojos, (sobre todo si te los han machacado y que has quedado sin ellos).
Cuando las luces se apagan, es mejor dar rienda suelta a los ojos del corazón...

Y en el corazón de cässim había, una extraña ansiedad, parecida a la que sintiera aquella vez en el Bosque de Loningbruck, solo que tal vez, un poco distinta. Había algo en su interior hirviendo por salir, algo que le decía que quemar bosques pudiendo quemar personas era cosa de afeminados.
Bajo los cascos del caballo, el muchacho comprendió entonces, algo que había sido incapáz de apreciar antes; difícil de explicar, pero que podía resumirse en que Cässim, siempre había sido un chico muy falto de autoestima, pero aún así, todavía estaba a tiempo de hacer de Adelfbert el ser más ardiente que jamás hubiera conocido. Y a fín de cuentas y como decía su abuelo, hasta la moza más hermosa se pega pedos, aunque a algunos le sepan a pastelitos de Halfling.

-Que asco-, pensó mientras se arrastraba en busca algo que ardiese bien-. ya nada es como era antes...Antes, los incendios si que mataban con clase.

Escuchó a el viejo barbado luchando cerca de sí, distraído, y con su improvisada antorcha y por sorpresa, se la arrimó a las barbas con la presteza de una serpiente en cuanto tuvo la menor oportunidad:

-¡no sos pre-preocupéis mein herr!, ya-ya os dije que si a-alguien pe-pegaba fuego a las ca-caravanas, ese sería y-yo, jajajajajajajajaja-. El Carbonero se apresuró a quemar al viejo desvalido, muerto de risa, mientras recordaba las palabras del abuelo: <<Si es que, hijo mío, el que tié un vicio, si no se mea en la puerta, se mea en el quicio>>.

FDI: El plan es sencillo. En mi primer turno no puedo hacer nada y presupongo que el barbudo estará luchando con su ataque total por lo que no me estará hechando ni cuenta. Peeeero, en el siguiente turno y después de que halla acacado el mercenario, presupongo que habré gastando mi primera media acción en procurarme una antorcha, y mi segunda media acción irá dedicada al fuego purificador ^^.
- Un verdadero guerrero nunca teme al desafío de una batalla. Pero siempre recuerda que no puedes escapar a tu destino.

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William Tender
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por William Tender » 23 Oct 2010, 03:19

Rudiger Croop

25 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Arboledas de Hirshhügel.


La vorágine caótica estallaba a su alrededor, y el tiempo, que desde que viajaba por la provincia en vez de cocinar tranquilo en casa, ya hacía cosas raras; se ralentizó. Lo extraño de todo es que sucediera con naturalidad. A su alrededor, todas las leyes de la física se cumplían con diligencia, y sin embargo, todo parecía completamente antinatural, fuera de lugar, extraño. La gente luchaba y moría a su alrededor, y sangre que debería fluir dentro de su cuerpo original, volaba ahora por el aire, manchando la cara de Rudi, que no supo, ni se preocupó de saber, a quién pertenecía. Al principio sólo se fijó en los uniformes, ubicando inmediatamente a los atacantes en el mapa político... Ayer aún se preocupaba de la politica.

24 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Arboledas de Hirshhügel.

Waldemar el Fiero

-Mediano, esto si que es una buena comida. Asegurate de hacer los platos asi cada dia, y yo mismo te pagaré un viaje con Ilsa- dijo el ballestero señalando a una de las rameras que les habian acompañado en el viaje, y que en aquellos momentos se preparaba para su jornada laboral. No solo soldados viajaban con el grupo, pero al tratarse de un escuadrón no regular, las tareas que no formaban parte del dia a dia del soldado las hacian ellos mismos, desde Rudiger con la cocina, Molbin con las molestias, Adelfbert con los animales o Russdel con los zapatos. -También te queria preguntar una cosa, pues se oye mucho de ti entre los muchachos. ¿Es cierto que tu fuiste el artifice de todo esto? Comentan que tu hiciste el estofado que indigesto a Jaran Tropkter y a Anna Alptraum...
El comentario despertó algo de orgullo en el mediano, pero a los de su clase no les convenía asociar su nombre a maniobras políticas, porque eran el cabeza de turco perfecto, blanco de todos los odios, y nadie le echaría en falta. -Nah, una exageración... sólo soy un humilde criado, y cumplo lo que se me manda... pero ese día, estuve en esa cocina, y sé lo que se coció.- Rudi dejó la conversación ahí con un brillo gamberro en los ojos, haciéndose el interesante. No podía evitar conservar un poco de protagonismo, a pesar de intentar un poco de prudencia política.

25 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Arboledas de Hirshhügel.


Política. Nunca le había interesado, y era, de lejos, lo último en lo que Rudi hubiera querido verse entrometido, pero el destino de uno a veces tiraba por senderos extraños. Rudi apenas se podía mover, pareció quedar paralizado durante una eternidad, que no fué sino un par de escasos segundos, experimentados como dos horas. La carga de los jinetes fué brutal, la sangre manchó el claro y las carretas, y Rudi de repente se encontraba acompañando al galeno y a las putas a bordo de su cocina rodante, mientras la violencia estallaba por doquier. Con la carga de los jinetes, Adelfbert hincó la rodilla al suelo, con una pierna atravesada limpiamente por la lanza de su oponente, y un charco de sangre decoró el suelo bajo ésta. La muerte era un don que se estaba dispensando desprendida y generosamente, y pensar que apenas unos minutos antes lo veía como algo ominoso, a lo que prefería no mirar a la cara...

25 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Arboledas de Hirshhügel.[/b] (Unos minutos antes)

Molbin Asder

-Señores-
dijo el galeno ante la presencia de Adelfbert -tenemos un grave problema. El anciano se encuentra muy débil, y dudo que pueda seguir el ritmo mucho tiempo más. He hecho cuanto he podido, pero no parece reaccionar ante ningun tratamiento, y la viruela se ha hecho fuerte en él.
Rudi nunca se había sentido con capacidad para decidir la vida o la muerte de nadie (nadie que no amenazara la suya en un plazo inmediato, como aquel inmundo pirata del río). No habría sabido qué decir, y la mera situación hacía que, por alguna razón, no se sintiera capaz de alzar la vista y mirar a la cara al viejo guerrero mientras los hombres deliberaban. Poco a poco, hizo retroceder a aquel miedo innombrable que hacía presa en la conversación, y dijo:
-Esta noche prepararé una cena con sustancia para Adelfbert, es lo único que puedo hacer. Le dará fuerzas para reponerse... y si no lo hace... por las bragas viejas de mamá Esmeralda, que será mejor comida de despedida que la que verán muchos nobles en años venideros!!!
(Nobles que se las apañen al cabo del mes con un poco de pan de viaje, carne seca, queso, y verdura rancia, pero a fé suya que intentaría hacer algo digno, o por lo menos, le doblaría la ración)
Rudi forzó a salir a una sonrisa de circunstancias mientras posaba una mano en el hombro de su compañero, en señal de apoyo...

25 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Arboledas de Hirshhügel.

Y sin embargo, la muerte trabajaba resuelta, alegre e indiscriminadamente. De repente, el Cascarilla se encontraba tirado en el suelo, con la cara rota, hundida en un charco de sangre, mientras Adelfbert, con una entereza que era muy de respetar, o aún incluso temer, en un moribundo de viruela con la pierna atravesada por completo, llamaba a gritos al médico, mientras Cassim se arrastraba hacia su amigo. Al mismo tiempo, el fuego estalló entre los vagones de suministros ¡La comida! Podrían sobrevivir al combate sólo para morir de hambre por el camino más adelante. Su inmaculada cocina estaba siendo mancillada y destruida... y sin embargo, allí delante la gente luchaba y moría. Y de repente, Rudi recordó por qué se había dedicado a la cocina. Con unos padres humildes y trabajadores, y una legión de hermanos pequeños tragones, Rudi había aprendido a cocinar criando a sus hermanos, y las primeras nociones de cocina, las aprendió para poder cuidar a su familia. El de cocinero era el oficio de un padre, o de un pastor, porque poseía mucho de atender y cuidar a tus comensales. La primera virtud del cocinero era la hospitalidad, y si un cocinero permitía a sus comensales morir en su propia casa, estaba siendo, sin duda, un pésimo anfitrión.
De repente, el tiempo volvió a su ritmo normal, y Rudi, con una lucidez inusual en él durante un combate, cargó su honda, decidiendo que si él estaba armado frente al enemigo, y las putas en la carreta que ardía, era trabajo de él luchar, y de ellas, apagar el fuego. Y con una serenidad similar a la liberación del que sabe que va a morir y ya no le importa, Rudi disparó al primero de sus enemigos.

Espero que con tanto flashback no se haya hecho lioso, pero es que quería ponerme al día en detalles que no tuve tiempo de matizar. Rudi buscará una línea de tiro despejada contra cualquiera que se encuentre cerca de él, Adelfbert y Cassim, interpretando por el momento, que o bien no me he fijado en el Cascarilla, o no tengo ni puñetera idea de sus intenciones.

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Saratai
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 24 Oct 2010, 21:25

El catalejo se cerró, y tras atusarse los bigotes, Radamier se giró para con su compañero.

-Creo que Jaran erró un poco con los cálculos.

25 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Arboledas de Hirshhügel.

Cronista y bardo habian esperado mucho tiempo aquella mañana, observando desde lejos a la columna de Mastines salvajes. Radamier y Coppal llevaban cabalgando juntos años y años, y habia sido en Heideck donde habian encontrado su hogar predilecto. Kilmer Vorstub, el señor de la ciudad, les habia proporcionado rápidos caballos y un hogar en la urbe con tal de que ambos aventureros fueran sus ojos y oidos. En aquella ocasión, la misión consistia en acompañar a los mercenarios contratados por la familia Norfendeger, y que habian recibido ordenes del capitán Alptraum Jaran, en la tarea de mermar a los Mastines Salvajes, la fuerza que hubiera tomado las murallas de Averheim y habia atacado al Elector el dia de su entronamiento.

-Tal vez no se haya equivocado- repuso Coppal a su compañero -Tal vez Jaran no queria supervivientes en ninguno de ambos bandos.

-En ese caso, amigo mio, lo mejor será dar media vuelta y esperar a que esto haya terminado. Si los mercenarios se dan cuenta de que han sido utilizados no estarán de buenas con los criados de sus señores.


-Tu mesura y visión extasiarian al mismo Clotidas el sabio, cronista- contestó el juglar a Radamier, mientras ambos daban la vuelta a sus monturas. Mientras tanto, los tres herreruelos de la casa Norfendeger le hicieron una señal a lo lejos a la pareja de cobardes aventureros. Mientras cronista y bardo se ponian a mayor distancia, los herreruelos se darian una vuelta por el combate, sin arriesgarse demasiado.



Decenas de metros mas allá, la compañia de los Mastines Salvajes sufria como nunca en su tren de suministros, al tiempo que jinetes iban y venian masacrando a los pobres rebeldes, incapaces de organizar una defensa apropiada. En uno de los carros, Waldemar, Adlefbert y Cassim sufrian las iras del enemigo, mientras que en otro carro, Rodrik y Rudiger disparaban a quien osara acercarse. El enemigo era inferior en número, pero su carga habia sido devastadora, y el combate habia quedado más que igualado. Entre tanto, Molbin y las rameras se marcharon a otro carro, más apartado del combate, donde esperaban que pasara aquella tormenta. Tormenta que no iba a pasar, quisiera lo que quisiera el agil galeno.

Fuera de los carros, en la lina frontal, el combate habia derivado en una masa informe de patas de caballo, tripas sueltas, sangre embarrada y hombres entrechocando aceros. Uno de esos hombres, Umindel Rober, mantenia una distancia prudencial con respecto al combate. Era de los pocos que no portaba las máscaras cosidas en la tela negra, y no parecia luchar con el entusiasmo de sus compañeros. Creyendo que aquel combate iba a ser más sencillo, el pecoso jinete dió la vuelta a su caballo y huyó de la pelea bajo las nubes oscuras que ocultaban el sol de las praderas. Jon Taimk, el lancero, intentó retener al cobarde en su huida, pero solo consiguió herir al corcel de gravedad, sin llegar a lesionarlo con la fuerza requerida. El animal huyo sangrante entre los apuros de su amo, y Umindel consiguió escapar de la muerte una vez más.

Jon, viendo como habian desembocado las cosas, corrió a auxiliar a Alan Friedsgoth, que se debatia contra un jinete armado con hacha larga y escudo. El mercenario lanzó su hacha a la cabeza del caballero, pero el golpe erro en el aire, lo que aprovechó el rubicundo Alan para lanzar una combinación de golpes para el jinete. Una estocada rápida no llegó a penetrar la armadura del enemigo, pero manteniendo la espada en posición, Alan movió el hierro e hirió de gravedad el abdomen enmallado del jinete. Jon, viendo su oportunidad, cargó con la lanza y efectuo una lanzada rápida y letal a la pierna del mercenario, que gritó de dolor mientras su caballo asustado coceaba irritado, embistiendo al acorazado Oso Negro sin mermar su posición más que medio metro.

Varios metros más alla, entre encarnizados combates y moribundos soldados, el jinete armado con un mangual de tres bolas de acero esgrimia su arma en el aire para imprimir velocidad y fuerza a su golpe, al tiempo que Reiner preparaba el golpe con su hacha, haciendo uso de todas sus fuerzas para intentar machacar al rivarl. El tuerto veterano, aun dolido por el golpe recibido en el brazo, alzó su hacha de mano contra el enemigo, pero su caballo reclinó y la embestida del lansquenete quedó sin efecto. Fue ahi cuando el jinete vió su oportunidad, y descargó con toda su fuerza el mangual en dirección a Reiner. Sin embargo, las cadenas quedaron cortas y lo que debia haber aplastado el rostro del rebelde quedó en un corte de aire. El corcel intentó aplastar al veterano, pero una y otra vez sus coces y encabritamientos quedaban sin efecto, y Reiner tuvo tiempo de lanzar el hacha al barro y con el brazo izquierdo recuperado del impacto, desenfundar su zweihander, al cual no habia usado desde la masacre de protestantes en la Plenzerplazt, el dia del entronamiento de Jobb Alptraum. El arma era pesada, pero el veterano la esgrimia con facilidad. Aun asi, su gran tamaño la hacia facil de parar, y el jinete pudo bloquear un ataque que bien podria haberle rebanado el craneo. Tras frenar su trayectoria, el equilibrio del veterano falló, y su segundo embite quedó futil contra el enemigo, que tambien se encontraba cansado tras haber hecho un sobreesfuerzo en el manejo del mangual. El combate se estaba alargando más de lo que el jinete habria querido, y de no terminarlo en los proximos segundos, este optaria por retirarse para volver a poner tierra de por medio.

Más atrás, Rudiger consiguió subirse junto a Rodrik a uno de los carros, mientras ambos disparaban a todo lo que veian pasar. Cerca suya, dos jinetes descargaban espadazos contra sus compañeros de Monheim, por lo que el objetivo fue facil. Ambos jinetes portaban mallas y espadas, aunque uno no llevaba yelmo. A sus pies cuatro hombres de Monheim se defendian como mejor sabian, armados con garrotes y lanzas. Tras haber perdido el impetu inicial de la carga, los mercenarios tenian problemas para deshacerse de la marea de rebeldes que molestaban a sus caballos, por lo que sus golpes erraban una y otra vez. Rodrik vió una linea de tiro claro y accionó su pistola, pero su disparó erró y acabo impactando en uno de los rebeldes, que sufrió una fuerte hemorragia. A su lado, el mediano dejó la cocina por las piedras, y lanzó su honda contra el mismo enemigo, pero al errar, su proyectil acabo impactando en otro compañero, que pensó que habia sido impactado por el arma enemiga. Pronto quedó claro que no podian dispararn a los jinetes que estaban luchando contra sus camaradas, bajo riesgo de darles a ellos, por lo que Rodrik guardó su espada y desenfundo su pistola. Mientras lo hacia, uno de los jinetes vió al renegado, y manejo su montura hasta llegar donde este se encontraba, lanzandole un golpe con su maza y dejando al dirigente de los honderos en grave estado, rotas varias costillas. Rudiger, que se encontraba a su lado, deberia elegir entre continuar disparando, huir o acudir en auxilio de Rodrik.

En el carro de al lado, Waldemar escogió bajarse del carromato, y esgrimiendo su espada se dirigió a donde más necesario creia que estaba el combate. En su camino observó como Günter y Rito, dos de sus compañeros, ponia pies en polvorosa del lugar, y desatando varias mulas de los carros se ponian a partir de alli. Distraido por la rabia de ver a tales cobardes huir, el ballestero no se percató de uno enemigo que se dirigia hacia él, siendo arrollado por su montura y tirado por los suelos. Alli tirado, su enemigo le pisoteo a placer, y cuando el fiero consiguió desembaracarse y ponerse de pie, a punto estuvo de perder la cabeza por un golpe de espada, que erro bien cerca de su craneo. Mientras tanto, Adelfbert y Cässim yacian heridos, intentado oponerse al enemigo que habia clavado su lanza en la pierna del barbudo. El Cascarilla aullaba de dolor, tapandose la cara y maldiciendo, pero el barbudo Adelfbert consiguió ponerse en pie, apoyandose en un lado del carro y a base de fuerza de voluntad, y esgrimió su maza contra su rival, aplastando piezas de malla en su pecho.

Pero antes de que pudiera reaccionar, a su espalda el demente Cascarilla agarró una linterna, y aplastandola contra la cabeza del barbado y noble Adelfbert, desperdigó llamas por doquier. El carro, repleto de paja para que los heridos se recostaran, no tardó en arder, y en cuestión de segundos el fuego comenzó a lamer las provisiones y la madera. Adelfbert, aun consciente, calló malherido del carro junto a Cassim, y ambos vieron como el fuego comenzó a inquietar a los caballos. El jinete contra el que se habia enfrentado el barbado escudero callo de su inquieta montura, mientras esta se ponia enfrente de el Cascarilla y el herido escudero. Ambos vieron como a su alrededor el combate se sucedia, y como tanto enemigos como amigos huian del lugar. Era momento de elegir entre rematar al jinete caido, montar el caballo y huir o poner las cosas en su sitio, despues de que el Cascarilla estrellara la lampara contra su amigo. Fuera como fuera, solo uno de los dos podria conseguir el caballo, o la venganza.



Lejos de todo aquel caos, Mannricht espoleaba a Negranoche contra los enemigos de los Mastines. Haciendo uso de una falta de honor y valentia sin precedentes en su vida, el sargento de los Mastines engañó al bastardo de los Ulbricht y no solo no bajó de su caballo para hacer frente al duelo, sino que una vez que el niño estaba a salvo, cargó contra los enemigos a pie, haciendo que sus hombres le siguieran.

Gomiar de Bieswang

-¡CANALLA! Las alimañas como tú más merecen la muerte que la vida. ¡Pagaras cara esta deshonra!


El bastardo cargó con su espada contra Mannricht, apuntando a su montura para hacerle perder el equilibrio. Tras colocarse con una rodilla flexionada, esperó a que el sargento de los Mastines pasara a distancia de toque, incorporandose y lanzando un corte horizontal perfecto de lado a lado del cuello de Negranoche. La sangre manó densa y calida por el cuello de la bestia, pero la espada no llegó a separar las venas de la carne, y la montura, aunque gravemente herida, consiguió salir del paso y cocear a Gomiar, o eso habria hecho, de haber golpeado con más certeza. En su lugar, Gomiar quedó ileso viendo como Mannricht cargaba contra uno de sus compañeros, que tuvo que dejar el arco en el suelo mientras veia al sargento cagabalgando hasta él. Mannricht lanzó un fuerte tajo con su espada, pero el movimiento del herido Negranoche le impidió arrancar la vida del arquero de Bieswang. A cambio, éste intentó rajar al pistolero de Streissen, pero la velocidad de su carga fue demasiado para el hombre de sucio jubón.

Botasucias no perdió el tiempo, y al ver a su sargento cargar, tensó su arco y disparó contra uno de los tres hombres de Gomiar que no habian recibido la carga de Mannricht. La flecha voló certera contra el más joven de los enemigos, de rala barba, pero el proyectil se clavó en un árbol. El resto siguieron su ejemplo, y seis flechas más volaron hasta donde se encontraban los arqueros enemigos, protegidos por los árboles. Una flecha voló por los aires hasta matar la corteza de un árbol, pero otra voló certera y se clavó en los riñones de un arquero fofo y mal peinado, haciendole apretar los dientes de dolor. Otra flecha fue a parar a los pies del mismo, pero una cuarta cayó justo en la cara de su compañero, haciendole tirar el arco. Antes de que los dos restantes batidores de Mannricht disparan, los arqueros de Bieswang lanzaron su mortifera carga. Una flecha cayó inofensiva lejos del chaval Müller, pero otra fue a dar a las tripas de Botasucias, que dejó escapar una maldición mientras caia de rodillas entre sollozos, aun cosciente gracias al cuerto tachonado que le protegia el torso. El resto de batidores terminaron de responder al ataque, pero sus flechas cayeron entre los robles, y tanto los dos arqueros de Bieswang que aun quedaban enteros como los batidores de Botasucias dejaron los arcos y empuñaron las mazas y las espadas. Con lo que no contaban los batidores era que Gomiar, a pesar de que habian recibido la orden de no matarle, no iba a ser tan cuidadoso con ellos en respuesta.




FDI: Para Reiner: No tengo claro que querias hacer, asi que como ponias en FDI ataque total y decias que no tenias claro lo del arma a usar, imagino que usas el hacha (mira que te dije que lo editaras para dejarlo claro, que a mi se me olvida luego). Sacas un 84 en tu ataque, y el jinete lo evita facilmente. En el siguiente turno, el mercenario falla con un 78, y su corcel te embiste con un 33 haciendote 4 de daño, sin efecto. Tu golpe en cambio resulta en 51, pero el enemigo lo para. Creo recordar que me dijiste noseque de que al segundo turno atacabas con el espadón dos veces, pero tu segundo golpe erra con un 70, y quedais en tablas. En el tercer turno, el saca iniciativa, pero falla otra vez con un 79, pero su corcel acierta. Consigues esquivar, y comienza tu actuación.

Para Rudiger, tu disparo falla con un 59, y acabas dandole a un compañero. Recuerda que disparar a un combate tiene un penalizador de -20, lo que supone una probabilidad de darle a un objetivo diferente del escogido en caso de errar por esa diferencia.

Para Adelfbert, aciertas a tu enemigo con un 42 y este falla su parada con un 83. Le inflinges 8 de daño en el torso, pero no es suficiente como para matarle. Es en ese momento cuando recibes de lleno el lamparazo de aceite hirviendo y fuego de la lampara del carbonero, que al no poder esquivar ni parar te hace 7 de daño en la cabeza. Fallas agilidad con un 46 y entras en llamas, pero el gasto de un PD hace que el fuego se propague al carro en lugar de a tu persona. Ganas otro Punto de Locura al verte en llamas temporalmente, y caes del carro muy malherido, con la cara chamuscada y picada y sin PD restantes. Hay un corcel sin jinete, por lo que podrias aprovechar la oportunidad y montarlo. Tambien puedes vengarte del Cascarilla, o rematar al enemigo indefenso, tu decides...

Para Cässim, aciertas a Adelfbert con un 26, y le haces 7 de daño. Ahora el fuego se propaga por el carro, y por estúpido que parezca, los caballos enemigos se asustan de el. Uno de ellos tira a su jinete, y el caballo queda libre para ti. Viendo a varios camaradas huir, salir del lugar no parecia ninguna tonteria. Ahora hay tres jinetes menos, y varios de los camaradas no se encuentran presentes.

Para Mannricht, Negranoche está herido grave, tras recibir un golpe de 19 de daño que bien cerca ha estado de matarle. Gomiar sacó un 01, y tras rodar un 9 en el daño, la herida resultó muy aparatosa, aunque la montura aun puede actuar. Negranoche atacó sacando un 93 en su golpe, sin efecto, y te llevó hasta las lineas del bando enemigo donde pudiste golpear a placer a uno de los arqueros, con un 64. Este tiró el arco al suelo y arremetió contra ti con su puñal, sin conseguir nada (76). Recuerda que tienes dos puntos de suerte.


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Jacques el arcabucero
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Jacques el arcabucero » 25 Oct 2010, 15:40

Mannricht

Poco puedo añadir a lo que va a realizar Mannricht en los siguientes turnos. Enfrascado en combate no tiene tiempo de atender el golpe que ha recibido Negranoche, así que seguirá golpeando a diestro y siniestro mientras sus compañeros hacen lo propio.

Por otra parte, haré todo cuando esté en mi mano para proteger y evitar que Negranoche reciba daño. Siento no extenderme más, pero ando muy justo de tiempo y esto es a cuanto llego. Gastaré puntos de suerte si son necesarios, para no recibir daño, ni Mannricht ni Negranoche.

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Y.O.P.
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Y.O.P. » 25 Oct 2010, 22:45

Cässim

-Hay gentes a las que todo le sale mal, hasta el cagar; nada, que la vida no les sonríe-, el Cascarilla se encogió de hombros mientras miraba a su alrededor, como sopesando la situación-. Y luego estamos, pues los que habemos nacío con suerte. Y una diabólica sonrisa se dibujó en su sucio rostro.

-Si es que el destino tonto no es, tonto no es...

El carbonero sabía el dilema que se presentaba ante sí: Bien dirigirse hacia el caballo, batiéndose en retirada y huír a expensas de lo que pudiera hacer Adelfbert, bien acabar con el soldado caído, por aquello del ojo por ojo, bien seguir con su plan de quemar al viejo o al caballo, que como diría su abuelo, muerto el perro acabose la rabia.

Y bien sabe Sigmar que la posibilidad de perdonarle la vida a herr Adelfbert, dentro de las incontables posibilidades que se presentaban ante sus ojos, era una, que bueno, la había barajado. Esa posibilidad la había barajado pero...A ver, teniendo en cuenta que un viejo vivo significaba que la cosa del incendio y la diversión se rebajaran una barbaridad, ¿sabéis quien lo iba a perdonar?, ¡¿sabéis quien?!...Pues eso mismo.

- No o-os preocupéis, me-mein herr, ce-cerrad los o-ojos y fingid que-que soy una pe-pesadilla- dijo balanceando el hacha para hostigar a su barbado adversario contra el fuego-, e-es como y-yo lo ha-hago.

El muchacho comenzó a blandir el hacha a un lado y a otro delante suya, tal y cómo Alan le había enseñado, con la esperanza de empujar al viejo contra el fuego y hacer que prendiese en llamas. Total, si antes le había funcionado en el bosque,¿por qué no habría de hacerlo ahora?.

El caballo relinchó a su espalda.

- jejejeje, -eesto os va-va a-a que-quedar de puta madre a-abuelete-, el mozo sorbió por la naríz.- Ya ve-veréis. Só-solo sus dolerá un po-poquito na más.

-Vaaaaya, ¡que resulta que el viejo va a querer defenderse y todo!.

-¡No me jodáis ahora!, que-que e-esto os re-resultará familiar.

Y así fue cómo se inició un combate mortal, dónde el cascarilla se lo jugaría el todo por el todo.

FDI: Pues eso, voy a hostigar a mi adversario contra el fuego ^^.
- Un verdadero guerrero nunca teme al desafío de una batalla. Pero siempre recuerda que no puedes escapar a tu destino.

kurgan
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por kurgan » 27 Oct 2010, 11:31

Reiner Volk

Más allá de las fronteras del espacio y del tiempo

Es un palacio negro y rojo a la vez, y si lo mira uno muy fijo, se derriten los ojos en las cuencas, el alma escapa de su envoltura material y se precipita a una existencia de dolor eterno-¿o será sólo un segundo?.

Hay una escalera, y los peldaños son losas de piedra negra, una mezcla de gneis, granito y dolor, pero si se fija uno, no son de piedra, sino de cráneos de bronce cuyo color no tiene nada que ver con el negro, y si se acerca uno a ellos, se ve que cada cráneo está formado por infinidad de cráneos más pequeñitos, y estos a su vez están compuestos por otros cráneos, y así ad infinitum, o no, porque dentro bailan incandescentes las almas condenadas. Llegue arriba el condenado, si no es empujado hacia un vacío insondable por los demonios que revolotean a su alrededor.

Hay murallas y pasillos y portones que dan hacia abajo, pero si uno se dirige hacia ellos, no cae, porque las curvas se doblan y se hacen rectas, y la arquitectura crece en estalatictas sangre solidificada, y hay fuentes desde las que brota fluido rojo que se difunde en ondas imposibles de pura rabia.

Y el palacio está habitado, por miles, por millones, por trillones de sentimientos y deseos, de odio y de rabia. Hay salas llenas de copiastas que los registran en pergaminos hechos con sangre humana, y luego los destrozan en arrebatos de rabia sin sentido. Procesiones de bestias cornudas entrenan con las armas en un Valhalla de mil salones de guerra, y rugidos de rabia se difunden a través del vacío. La atmósfera es sangre. Los cimientos son fósiles. Anexos al palacio, hay infinidad de forjas, que crean sin cesar armas de guerra: cuchillos, hachas, mazas, espadas, arietes, cosas que un hombre de un Viejo Mundo no podría comprender nunca y cosas que un humano no podría comprender nunca. El fuego se crea mediante la combustión del odio, una materia prima abundante en el Reino en el que nos encontramos. El humo que sale de las mil chimeneas es grasa derretida y vaporizada en mil partículas, que cae como lluvia para regar los jardines de Khorne, donde revolotean mariposas de bronce que van a libar a flores llenas de putrefacción, y de sus frutos salen diablos con piernas de cabra y cuernos de bronce.

Y en el centro de todo, está Khorne, al que no podemos describir. Ahora-si hay un ahora-observa un espejo pulido que ante él sostienen trescientos sesenta y seis devoradores de almas castigados a esta tarea. El peso los va aplastando poco a poco, y ahora, vemos, uno es aplastado y desaparece en un rugido de rabia. El espejo tiene que pesar mucho, pues en él Khorne puede ver todo el Universo; por lo tanto, tiene que ser tan grande como este, si no más. ¿No?

En él, el más poderoso de los dioses del Caos ve imágenes de matanzas sin cuento, de guerras, de asesinatos, riñas, batallas, peleas, combates, traiciones, furia y masacre. Ve a los hombres morir y pelear por todo el Universo, y entonces dirige su mirada hacia un pequeño planeta, hacia un pequeño continente, hacia una pequeña provincia.

Un pielverde acuchilla a otro.

Una mujer grita a su marido.

Un marido da una bofetada.

Dos primos se pelean por la demarcación de unas tierras.

Impaciente, Khorne ruge, y el palacio se estremece. Averheim es demasiado pacífico. Averland es demasiado pacífica. El Viejo Mundo no tiene las matanzas que desearía. Nada lo tiene. Hasta que todos los seres del Universo participen en la contienda. Hasta que todo sea lucha y muerte. Hasta que todo...

Sus ojos observan a un adorador suyo que, sin saberlo, ataca con un zweihander.

Más allá, en un mar de pústulas que adquieren formas, Nurgle observa como unas de sus víctimas ha escapado de la viruela. Entristecido, ve que una de sus víctimas ha escapado de la viruela.

En otro lugar del infinito, Tzeench crea una nube de pájaros que se mueven erráticamente, formando los dibujos del futuro. Las aves tienen forma humana, dos cuerpos unidos en los que han crecido alas. Sobre el azul de la condenación, Tzeench interpreta los cursos del destino y ve qué pasará con la Serpiente. Un pequeño combate tendrá mucha importancia en sus cálculos...

Slaanesh hace a un gemido abrirse como una ostra y sale, dejando la orgía en la que se hallaba, y mata de placer a sus amantes sin forma.

Los dioses del Caos miran el Viejo Mundo, y en el Viejo Mundo...

Averheim, 25 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Arboledas de Hirshhügel.

Reiner empuñó la espada como si fuera una lanza, dispuesto a llevarse por delante al caballero.

Pensar que iba a morir así, sin que le importara a nadie...

FDI: Haré un ataque rápido. Ya que Khorne está pendiente, no le decepcionemos.

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