Final de Campaña I: Señores de la Guerra

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Nirkhuz
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Nirkhuz » 27 Oct 2010, 15:36

El viejo Adelfbert no salía de su asombro. Justo cuando parecía que algo podía hacer, que había conseguido vencer al jinete, iba el carbonero, al que segundos antes había intentado ayudar, y le intentaba prender fuego... y encima ahora intentaba empujarle al fuego. Iba listo. Adelfbert estaba lleno de rabia. ¿Qué quedaba del compañerismo, del honor? Todo estaba muerto. Adelfbert había vivido un bello sueño donde aún quedaban personas buenas. Pero no, todas habían muerto por estúpidas, como le iba a pasar ahora al pobre escudero. Al menos moriría con un arma en la mano. Por el rabillo del ojo vio una silueta. Estaba seguro de que era Sara, su mujer, que ya velaba por su alma. Bueno, pues no la defraudaría. También escuchó de nuevo los primigenios aullidos, como si el primer lobo de la historia aullara de rabia y dolor. Sintió la mirada de Ulric en su sien. Sí, le estaba observando, observaba su fuerza, su dolor. Ulric le exigía una lucha justa. Y al parecer la consiguió. Cojo contra cojo, Adelfbert se dispuso a no dejarse avasallar. Ese maldito cojo no le había dado más que problemas. Él causó el incendio que casi los mataba a todos en el bosque, él había causado este incendio, y ahora intentaba asarle. Pues no se dejaría. Adelfbert se arrastró, apartándose del fuego. Mientras el cojo le decía que no tuviera miedo, Adelfbert enloqueció. Además de traidor, se reía de las desgracias del pobre escudero.

Adelfbert
¡Cojo traidor! ¡Tus padres tendrían que haberte matado, por deforme! O ese abuelo del que tanto hablas, que parece más una imaginación que una realidad.


Parecía estúpido decir esto en mitad de un campo de batalla, donde la canción de las espadas y los gritos de dolor lo cubrían todo. Pero Adelfbert debía decirlo. Nunca había odiado al Cascarilla, teniéndole por un pobre cojo y algo chalado. Ahora era el objeto que más odiaba en esta tierra. Y sabía que no tenía que luchar contra él, que había un jinete en el suelo con el que debía acabar. Pero si no hacía algo, el joven carbonero le empujaría a una muerte entre las llamas... ninguna opción era buena...o sí... vío el caballo del jinete. Ulric le miraba desde los cielos... ¿debía rendirse y huir, o prefería luchar? Otro aullido -¿o había sido un martillazo?- le sacó de sus pensamientos. No huiría. Entraría en el más allá como un héroe. Adelfbert se giró hacia el cascarilla, y le golpeó con todas las fuerzas que le quedaban.

FDI: Basicamente, me muevo (me arrastro, más bien) para alejarme todo lo posible del fuego con media acción, y con la otra media ataco a Cässim. Lo que tenga que ser, será, pero creo, estoy seguro, que Adelfbert no pasa de esta
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Saratai
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 30 Oct 2010, 23:10

¿Como algo tan sencillo como respirar, algo tan vital, podia ser tan sencillo e involuntario, tan automático e insignificante? Nadie podia dejar de respirar, al menos sin medios externos o la ayuda de un tercero. No se le daba importancia, pero al mismo tiempo era lo más importante en la vida de una persona.


25 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Arboledas de Hirshhügel.

-No puedo respirar... Ayudame...

La voz de Botasucias sonaba muerta, profunda y cavernosa. La de Gomiar, viva, ligera y furiosa. Muy furiosa.

-Será un placer-
contestó el bastardo al batidor de Streissen, mientras degollaba al que fuera fiel seguidor de su sargento, el pistolero Mannricht. A veinte metros de Gomiar y el cadaver, el niño Müller y Gabri, empuñaban sendas armas. El resto de batidores de Mannricht se habian alejado de alli, persiguiendo a los compañeros de Gomiar, que habian huido justo antes de entablar combate, escabullendose entre los árboles tras haber amagado una carga contra sus enemigos, que les doblaban en número. Los cuatro batidores dejaron al niño y a Gabri para que defendiera a Botasucias mientros ellos se dividian en parejas para dar caza cada grupo de dos a uno de los enemigos restantes. Grave error.

No era que Mannricht hubiera dado tal orden, pero los batidores tenian su propia forma de entender un combate. Su sargento, mientras tanto, se encontraba demasiado ocupado para tomar control de la situación. A lomos de su herido Negranoche, el pistolero intentaba poner fin a la vida del arquero contra el que luchaba. El muchacho de ojos verdes intentó clavar en el sargento de los Mastines un puñal y acabar asi con su vida, pero el de Streissen no era rival fácil de matar. Muchas veces lo habian intentado, y el pistolero habia cogido práctica en mantenerse vivo. Con la zurda desvió el golpe con su escudo, y con la derecha repartió muerte a su rival. La espada reglamentaria de patrullero surcó el aire limpiamente desde el cielo a la tierra donde el arquero pisaba, y su filo rajó en un limpio corte vertical las tripas del muchacho, ya envuelto en lágrimas, que tiró su arma y cayó de espaldas precipitandose hacia el mullido suelo de hojas secas, mientras el corcel herido intentaba pisotearlo. Aun estaba vivo, pero ya no supondria un problema para Mannricht. Pero Gomiar, en cambio, si lo seria.

El bastardo, tras dar paz a Seisdedos, afrontó la carga de Gabri y el niño Müller. El primero embistió brutamente con su garrote, mientras el niño intentaba apuñalar a Gomiar por la espalda. Gomiar ignoró los tristes ataques de sus adversarios, y tras esquivar el ataque directo y sin fuerza de Gabri, agachandose y quedando a la altura de su cintura, lanzó un corte a diagonal ascendente a la cara del rival, que quedó cegado por su propia sangre. Antes de que el reguero de fluido vital chorreara hasta el suelo, el habil guerrero dió un fuerte giro con la muñeca izquierda, impriendo a la espada un rápido movimiento descendente, que fue a parar a la rodilla del batidor de pelo castaño, la cual estalló entre hueso y piel, haciendo perder el equilibrio a Gabri y mandandolo al suelo, donde Gomiar habria de escoger entre su vida o su muerte. La niña, que se habia hecho pasar por un crio llamado Muller, dejó caer la daga y se rindió. Para una pobre muchacha con ilusión por salir de la miseria en la que hallaba en la ciudad, aquella escena habia sido más de lo que podia digerir.



Lejos de alli, el infierno se hacia en el combate de los Mastines contra los mercenarios de Heideck. El Cascarilla habia prendido fuego a las carretas, y la paja habia ardido bien. Aquello, curiosamente, y en contra de la intención del demente y repugnante adolescente, iba a salvar a los Mastines. Los caballos del enemigo se habian inquietado, y ahora muchos huian. Y no solo los del enemigo, pues varios Mastines se habian unido a Günter, y decenas de combatientes corrian ahora en dirección opuesta al combate, tanto de un bando como de otro. Pero Adelfbert y Cassim no podian pensar en aquello. La estoicidad del primero y la demencia del segundo los habian condenado a enfrentarse, y solo uno de ellos podria salir vivo de tal letal e inutil enfrentamiento entre camaradas, del que tenia la culpa unica y exclusiva del odioso Cascarilla, traicionero y ruin como nadie.

Fue de hecho el joven de Loningbruck quien se impuso al confrontamiento, lanzando golpe tras golpe una lluvia de ataques de la que solo se podia retroceder o morir. El viejo herido combatió con fuerza, honor y valor, pero sus heridas eran muy fuertes, y su edad muy alta. Habia sobrevivido a mil aventuras, habia visto lo que muchos no verian en toda su vida, y ahora hallaria el fin. Vió horrorizado como el fuego crecia a su espalda, pero no tuvo miedo. Su familia le esperaba en el más allá, lo creia, lo sabia. El Cascarilla, cuando tenia al viejo acorralado, lanzó una patada directa a su estómago, y lo mandó estrellar contra su pira funeraria, cuyas llamas lamieron al honrado novicio del Oso Negro con violencia, haciendole volar. Pero no era su cuerpo el que volaba en tan cálidos brazos, sino su alma.

En el mundo terrenal, los gritos del cuerpo de Adelfbert llamaron la atención de Alan, que junto a Jon conseguia imponerse a su enemigo, entre una marea de cobardes desertores, sangre, muertos, y acero. Su enemigo estaba cubierto de pequeños cortes de espada, al igual que su montura, por lo que decidió poner tierra de por medio. Varios de los jinetes estaban huyendo por el fuego, y otros tantos habian perdido sus monturas y estaban siendo apuñalados en el suelo. Aquel combate se habia convertido en una trampa, y varios de los mercenarios se sentian engañados, pues la información que les habian proporcionado sus patrones habia resultado ser falsa. Pero no todos huian. Entre los gritos de Alan y los demás, entre toda la marea de muerte y destrucción, ocho figuras no cesaban de combatir.

Un jinete, armado con una hacha de montura repartia muerte entre los reclutas de Monheim que aun no habian huido, y ahora debatia con el hierro contra tres de ellos. A su lado, un segundo jinete de pelo rapado sangraba en su combate singular contra uno de los soldados de Streissen, Valik, que portaba el estandarte de los Mastines a pesar de la dificultad de combatir con el en una mano. Y por último, un tercer jinete buscaba machacar a su enemigo con el mangual, brazo cansado y rostro sudoroso. Su enemigo no era otro que Reiner Volk.

El tuerto lansquenete combatia con una ferocidad y precisión brutales, imbuido en el poder de la disciplina y la violencia. Agarrando su arma cual lanza, lanzó un golpe tras otro, dando una combinación letal de embistes y tajos. Tras imponerse en velocidad a su adversario montado, consiguió encadenar un directo, que por poco falló en atravesar la cara del ahora odiado enemigo. Este desvió con su escudo el espadón rival, e intentó clavar el impacto de su arma en el craneo del veterano, sin lograrlo. Su montura quedó encabritada, pero los reflejos de Reiner estaban hechos de otra pasta, y consiguió evadir con una sencillez antinatural los cascos del irascible animal.

Aquel fue el momento esperado. Mientras el caballo de guerra quedaba en dos patas, Reiner pudo colocarse en una posición claramente ventajosa. El jinete vió como sus aliados huian del combate, pero su enemigo era un rival muy poderoso, el mejor soldado contra el que habia combatido jamás, y no podia dejarle ni un segundo de respiro si queria salir vivo de alli. De hecho, de no ser por estar montado, seguramente ya habria perdido comba, y ambos eran cosciente de ello.

Jinete Agalmer

-Por los dioses, jamás he visto cosa igual. Nadie habia aguantado antes las embestidas de Sangre de Alazán tanto tiempo. Doy gracias a Ulric por haberme topado contigo.


El mercenario habló, y aquel fue su error. Reiner pudo golpear rapidamente con su preciado zweihander, y el acero cayó sobre el jinete, cuyas piernas fueron heridas de gravedad. Los golpes no habian podido ejercer un gran impulso dada la presión que ofrecia Agalmer con su montura, pero aun asi le robaron dos gritos de dolor fieros y espantosos, tanto como los golpes del espadón en sus piernas, que ahora sangraban abundantemente. El primero le partió trozos de malla, y el segundo quedó enganchado entre su pierna derecha y los lomos del caballo. Agalmer aprovechó ese momento en el que Reiner atacaba a su enemigo, y casi al unisono, el segundo impacto de Reiner y un barrido de mangual coincidieron en el mismo espacio, y ambos dieron en el blanco. Las costillas de Volk, expuestas tras el golpe descendente de su enemigo, recibieron un salvaje impacto que le separaron de su enemigo y le impidieron rematarle, herido como estaba. Reiner cayó al suelo justo antes de que el caballo se alzara contra el para pisarle, y fue entonces cuando se percató. Se percató de que la vida de se va en un instante, se percató de que hay que aprovechar el dia a dia. Se percató de que estaba muerto.






FDI: Para Mannricht: 83 en Mando, pero unas buenas tiradas de ataque (12, daño de 14) mandan a tu rival al suelo, indefenso. Mannricht tiene a disposición de carga a Gomiar, que acaba de matar rápidamente a Gabri, y que tiene al lado al niño Muller, o a uno de los enemigos, que esta siendo perseguido por dos de sus hombres.

Para Reiner: Has de saber que tuviste un +5 el primer turno por tu ''rezo'' al dios de la sangre. Un post asi se lo merecia. 90 en tu primer ataque, 38 en el segundo. Sin embargo, el enemigo para el golpe, y tu gozo queda en un pozo. Tienes suerte, y tu enemigo saca un 94, pero su caballo un 12. Esta vez Khorne quiere ver sangre manando de armas empuñadas, no de los cascos de un caballo, y sacas un 14 en la esquiva. Al siguiente turno sacas un 21 y tu enemigo no consigue parar el golpe, aunque sigue combatiendo, cosciente de que darte la espalda seria su muerte. Haces 14 de daño, y el pierde 7 heridas. Tu segundo golpe acierta también con un 46, y este causa 12 de daño, perdiendo el 5 heridas y quedandose a 0. Te contraataca, y saca un 38 que fallas en esquivar con un 77. Tras hacer 12 de daño en el torso, quedas a 0 heridas, ganas un punto de locura y sufres un efecto critico de cuatro, rompiendose tu armadura. Su caballo de guerra saca un 18, y te derriba, haciendo 14 de daño en la espalda. Un efecto critico de 9 acaba con la vida de Reiner Volk, uno de los mejores soldados del Bando Leitdorf. Tus posts han sido increibles kurgan, de los mejores de la partida. Habria preferido otro resultado, este hilo se va a quedar muy cojo sin tus post, pero el rol tiene que mantener el azar, de lo contrario los jugadores serian meros espectadores de la historia del master(y he estado tentado de trucar la tirada, cosa que no se me habia pasado nunca antes por la cabeza). Aun asi, espero una narración postuma de tan gran escritor como eres. Ha sido un enorme placer tenerte en prisión.

Para Adelfbert: Pierdes la iniciativa, y sacas un 45 en Ha para resistirte al hostigamiento, fallando agilidad en 54 para evitar el fuego, que te consume rapidamente con un 10 en la tirada de dado. Desgraciadamente, tu enemigo saca muchos más exitos, y consigue acabar con tu vida. Me jode bastante, Adelfbert ha tenido momentos bajos, pero ahora tus posts comenzaban a ser mucho mejores, y el pj tenia una proyección mas que interesante. En fin, al igual que con Kurgan, me gustaria que hicieras un post postumo. Gracias por adornar la partida con las historias del abuelete que jamás huyo ni se acobardó ^^.

Para Cässim: Ganas inciativa, y no dejas oportunidad a tu enemigo para alejarse. Un 05 en HA lo manda directo al carro, contra el que se estrella. El carromato, envuelto en fuego, se convierte en una pira para tu enemigo. Sigues en la partida.

Para Rudiger: No es que me haya saltado tu turno, es solo que como ha pasado una semana y el tema estaba más que interesante, he tenido que postear. Fuera como fuera, tampoco tenias tiempo de atacar a nadie, más iendose en retirada el enemigo. El siguiente turno tendrás dos acciones, si es que el combate continua.

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Y.O.P.
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Y.O.P. » 31 Oct 2010, 16:32

Cässim

El dulzón aroma de la carne lamida por las llamas despertó al carbonero de su enajenación justo a tiempo para no perecer él mismo ante el colosal incendio que acababa de provocar.

El corazón le latía violentamente en los oídos mientras contemplaba el cadáver del escudero. Por un momento sintió pena por aquel hombre al que acababa de asesinar a sangre fría. Pero al márgen de su delirante enfermedad mental, todo formaba parte de un plan orquestado por Ivein Hopked, el consejero del Conde Elector, en el que el azar de las circunstancias, habían llevado a Alan a confiarle la vida del barbado Adelfbert al Carbonero, sin saber de las circunstancias que a éste le acompañaban.
¿Cómo iba a sospechar el pobre Alan que el motivo por el cual Adelfbert no se curaba de su viruela verde tenía mucho que ver con el propio Cascarilla?. Un desafortunado error, que le había costado muy caro al pobre abuelete.

Acto seguido, el muchacho cogió al soldado caído de dónde se encontraba y lo alzó como pudo en la grupa del caballo:

-No-no hay ti-tiempo que perder, es ho-hora de salir de a-aquí-, dijo subiendo el mismo y dejando atrás la tumba de fuego de Adelfbert, de camino hacia el bando de los leales a Heideck.

Con la ropa desgarrada, y la cara ennegrecida por el humo, el infame traidor recorrió con la vista el campo de batalla, donde ahóra, ante sus ojos se revelaba una historia de muerte y destrucción como nunca antes había visto.

Al parecer, la emboscada se había llevado a cabo según lo acordado y ahora, el fuego había provocado un enorme e inesperado caos en el campo de batalla, que el Cascarilla esperaba, le ayudara a escapar pasando desapercibido entre los soldados de uno y otro bando.

Más decidido que nunca a llevar a felíz término su misión, el Cascarilla azuzó al caballo y reemprendió su marcha de camino hacia dónde los del Conde Elector. Con un poco de suerte, los rebeldes ya no volverían a caminar con tanto orgullo después de ese día.
- Un verdadero guerrero nunca teme al desafío de una batalla. Pero siempre recuerda que no puedes escapar a tu destino.

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William Tender
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por William Tender » 02 Nov 2010, 03:20

Rudiger Croop

La suya no era una raza especialmente volcada a escuchar las tediosas teorías de los sacerdotes. Pero probablemente, en aquél momento, Rudi podía hacerse una visión muchísimo más clara del aspecto del infierno, que todos ellos juntos. El bosque ardía, las carretas ardían, caballos con los ojos inyectados en sangre huían de las llamas arrastrando con ellos a sus jinetes, el suelo estaba alfombrado con los cadáveres de ambos bandos, y cubierto de galas rojas, de la sangre de los caídos. Rudi salvo de aquellos pocos a los que llegaba a coger confianza, como Mannricht; recelaba mucho de los humanos, con sus prisas y sus chanzas, golpes, mofas, desprecios, orgullo, aires de superioridad, y formas recargadas y rimbombantes de hacer la misma mierda que el resto del mundo, y echarlo a perder. Sin embargo, había cocinado para muchos de esos hombres, casi se sabía el nombre de media docena de ellos, y había pensado en ellos durante un par de días como "sus chicos". Ahora, muchos de ellos alimentaban el escenario de carnicería y caos reinante.

Su agudo olfato, nacido de un más que notable apéndice natural, y curtido por los años de experiencia como cocinero; se colmaba de los olores del hierro, la leña ardiendo, y la muerte reciente. El hierro del acero de espadas, y de la sangre derramada, la leña seca de los carros y la leña verde del bosque, que llenaba el aire de humo negro, y la muerte, en los cadáveres recientes, que si bien habrían de esperar para acusar síntomas de putrefacción, ya habían relajado sus esfínteres al morir, inundando el aire de olor a excremento, y a tripas abiertas. No había nobleza ni romanticismo en la muerte, sólo náusea, agonía, y patetismo.

A su lado, Reiner libraba un combate letal contra uno de los jinetes, balanceando el tremendísimo mandoble por encima de su cabeza. Rudi no imaginaba cómo podría ser más que un estorbo si se lanzara al cuerpo a cuerpo en un combate entre veteranos, así que cargó la honda y la hizo girar. Pero no quería arriesgarse a acertar por error a su compañero, y el combate era tan encarnizado, que Rudi no visualizaba una línea de tiro clara. Siguió girando la honda, apuntando con cuidado hacia su enemigo, esperando una ocasión de trazar una línea de tiro despejada, si Reiner se agachaba para una esquiva, o giraba hacia un lado.
La ocasión llegó dolorosamente unos segundos después, cuando Reiner era derribado de un espadazo en las costillas, y su costillar se hundía bajo los cascos del caballo de guerra. Desolado pero firme, Rudi liberó la piedra hacia el atacante.

¡Qué de hostias, virgen santa! Me descuido unos días, y dos PJs muertos en un mismo asalto... en fin, perdón por el retraso. Si tenía dos turnos para actuar, (o así creí entenderlo en el último post del máster), mis acciones serán: Cargar y Apuntar en el primer asalto, Apuntar y Disparar al jinete en la segunda, con Reiner caído, la línea de tiro debería estar libre de obstáculos y penalizadores, y estoy haciendo un disparo apuntado a menos de 5 metros contra un hombre a caballo... a ver si hay suerte y le hago daño, o le llamo la atención y me pisotea sin misericordia XD.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por kurgan » 02 Nov 2010, 14:01

Alexander Heuber

-EEEEEPA.

-Con cuidado, memo. No lo dejes caer.

-No se ve nada, mein herr. ¿Qué estamos buscando?

-Mira, Lud, ahí hay carros...-
dijo, nervioso, el otro chaval.

Alexander sonrió la ironía, bajo la tira de tela que le ocultaba parte de la cara. Era cierto, los vivos rechazaban la noche y amaban el día, y Alexander no llevaba el suficiente tiempo tratándolos desde el lado de la muerte como para habituarse a ello. O el viejo Alexander habría sonreido. Circunstancias habían hecho que dejase de apreciar el humor a la manera humana.

-Aquí hubo un combate, hace un par de días. Enconado. No se molestaron en retirar los muertos.Alexander no se vio en la obligación de añadir que él había sentido la alteración en los vientos del Dhar.

Los dos gañanes que había contratado en la aldea próxima debían haberse pasado ese día limpiándose los mocos.

Alexander hizo girar un poco de polvo, lo estrujó entre las palmas... Sí, sentía la presencia de espíritus inquietos, que habían muerto en la rabia y el odio. Y de guerreros poderosos, algunos con los caballos... Alexander recordaba los tumularios de los sarcófagos de las Montañas Negras...

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Jacques el arcabucero
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Jacques el arcabucero » 02 Nov 2010, 20:29

Mannricht

- Pe- pero… a donde demonios creen que van? Es una persecución o una huída?? – pensaba el campesino de tez rojiza cuando vio correr a sus hombres tras los que abandonaban la batalla.
- Mastines! A MI!! – vociferó Mannricht sin esperar a ver los resultados de su grito.

- Tarde para llorar – pensó Mannricht cuando el joven cayó muerto con lágrimas en los ojos a las patas de Negranoche. Tiró de su montura y se volvió hacia Gomiar con un rictus de rabia en sus labios. Debía acabar cuanto antes con esto y reunir a sus hombres. ¿Dónde demonios creen que van? Seguro que vuelven con un saco de moras! podían ir derechitos a un grupo de refuerzo que estuviera aguardando por lo alrededores! Maldita sea!

Mannricht espoleó a Negranoche dispuesto a terminar de una vez por todas. Quería embestirlo, pisotearlo bajo las pezuñas de Negranoche, desparramar sus asquerosas tripas y si se le ocurriera tardar demasiado en morir, dispararle en un ojo. Pero por otra parte, quizá podría servir de algo como prisionero…
El campesino cargó hacia él dispuesto a dejarlo inconsciente, herido, tirado en el suelo, tuerto, manco o cojo, daba igual, pero no muerto!

Mannricht pretendía hacerle caer, perder el paso, trastabillar o lo que sea. Una vez que tuviera una posición ventajosa lo encañonaría con la pistola y ordenaría a los Mastines presentes que lo desarmaran e inmovilizaran.

- Quieres morir? por favor, no te rindas! – le dirá con una sonrisa afilada como una daga ceremonial.

Llegados al punto de que el tipo no desistiera o hiciera un amago de atacar a alguien cercano, Mannricht dispararía a matar. Si el bastardo no diera opción a usar la pistola, Mannricht se enzarzará en combate con su espada reglamentaria.

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Saratai
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 03 Nov 2010, 18:16

25 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Arboledas de Hirshhügel.

-Gracias amigo...- fue lo único que pudo contestar el jinete mientras Cassim le ayudaba a levantarse y montarse en el caballo. Ya estaban los dos montados, y preparados para salir, cuando el corcel relinchó de pánico. El fuego estaba por todas partes, y seria necesario tranquilizarlo, algo nada fácil en la situación en la que ambos se hallaban. Un virote surcó el cielo, a escasos metros de las cabezas de ambos compañeros, y los gritos de Rodrik, todo compuesto por maldiciones, asustaban al mercenario, que veia como poco a poco todos sus amigos morian o huian. Mirando al Cascarilla le invitó a rendirse, pero pronto se percató que aquello solo serviria para una muerte más lenta y humillante.

Lejos, el jinete Agalmer, se lamentaba de las heridas en sus piernas, ocasionadas por el mil veces maldito Reiner Volk, que le habian dejado al borde del colapso. Fue entonces cuando un silbido le alertó, y miró hacia las carretas humeantes. Desde alli, una piedra voló a la velocidad de una bala, una piedra del tamaño de un puño. Agalmer fue a levantar su escudo, pero antes de que este llegara a la altura de su cuello, la masa petrea ya se encontraba dentro de las cuencas nasales de su rostro, reventando todos y cada uno de los huesos ahora fragmentados de su craneo. La densa sangre salió a chorro expulsada en pequeñas y gruesas cantidades desde sus oidos y ojos, y su boca, partido el labio y rotos los dientes superiores, se habia convertido en una indistinguible masa sanguinolienta. Rudiger jamás habia acertado a ningun ser vivo de aquella manera, y mientras Agalmer caia inerte del caballo, se percató de que el, un pequeño cocinero, habia sido más util que un aguerrido veterano de decenas de batallas a sus espaldas. Ahora Reiner Volk estaba vengado, y los compañeros de Agalmer más mermados aun.

Los mercenarios de Heideck que aun tenian caballos no dudaron en dar media vuelta, y los Mastines, heridos y semiderrotados, habian conseguido, a duras penas, sobrevivir al combate. Ahora estan medio muertos, y su número habia descendido a algo más de una docena, sin alimentos, sin tren de suministros, y con la moral completamente perdida. El sueño de tomar Bieswang habia muerto junto con el tambor de Balbian, el valor de Adelfbert y el estandarte de Reiner. Pero aun quedaban enemigos, cuatro concretamente. Un mercenario habia perdido a su caballo, y ahora era rodeado por cuatro de los mastines. Otro, aun con su caballo, luchaba a muerte contra Valik, llevando el jinete la ventaja. Por último, Cässim y el mercenario restante buscaban, montados ambos en un caballo blanco, salir de aquella pesadilla. Pero si pensaban que seria facil, estaban equivocados. Jon, Alan, Waldemar, Rudiger, Ern de Monheim y Rodrik aun estaban vivos y coleantes, y no tenian intención de dejar al asesino de Adelfbert sin castigo. La pena de el Cascarilla era doblemente condenable, pues no solo habia matado a un Mastin Salvaje, sino que durante dias y dias habia mentido y conspirado.

Alan Friedsgoth

-¡Apuntad al caballo! ¡Quiero al cojo vivo!
- gritó Alan, cansado y herido, a los Mastines que aun eran capaces de combatir. Ern de Monheim corrió en auxilio de Valik, que habia recibido un feo corte en el hombro, pero Waldemar y Rodrik apuntaron al enemigo mientras intentaba huir. Afortunadamente para el Cascarilla, tanto el virote de Waldemar como la bala de Rodrik distaron mucho de alcanzarles, y recayó en Alan y Jon la responsabilidad de pararles en su camino.

Llegaron corriendo hasta su objetivo, y fue Jon el que alzó su lanza contra el corcel, buscando su muerte y la caida de los enemigos. La lanza penetró en los cuartos traseros del animal, y este sufrió una herida brutal que hasta llegó a sus riñones, mientras la sangre corria colorida por su bella piel. Alan, a su lado, cogió las riendas del animal, y asestó un fuerte golpe a su cabeza. El mercenario y el traidor no tuvieron más remedio que abandonar el caballo, pues lo más probable seria que en su retirada, el enemigo lo abatiera. Una vez en el suelo, Alan quedó enfrente de el Cascarilla, y el mercenario de Heideck, armado ahora con una espada encontrada en el campo de batalla, se colocó enfrente de Jon. Ahora, ni Rodrik ni Waldemar tendrian una buena linea de tiro, y la dificultad para acabar con el enemigo se acrecentó como un rio un dia de lluvia. Rudiger tendria mucho que contar en aquello, pero justo cuando el mediano estudiaba que objetivo era más acertado, tres siluetas avanzaron cabalgando a lo lejos. Los herreruelos del bando Norfendeger habian llegado.


Lejos de alli, Mannricht cargó contra Gomiar de Bieswang, intentando derribarle. Su voz sonó fuerte en la arboleda, y sus hombres dejaron de correr detrás del enemigo gracias a la orden de su sargento, salvandose asi de una muerte a base de trampas y picas, que la arboleda les ofreceria generosa. Negranoche fue espoleado contra el rival en una carga, pero Gomiar, en lugar de aminalarse, adopto una postura defensiva, alzando su espada por encima de la cabeza y esperando la llegada de su enemigo. Tras evitar la embestida de Negranoche, la espada de Mannrich cayó sobre el, acertandole por los pelos en un brazo, y dejandole una fea marca de sangre. La espada de Gomiar surcó la distancia entre ella y el rostro de Mannricht veloz, y media oreja del lider de Streissen salió volando por los aires, en un golpe tan limpio que Mannricht no se percató hasta notar la sangre en su oido.

Fue ahi cuando el combate más duro en la vida de Mannricht dió lugar, un combate singular entre uno de los espadachines más avezados de Bieswang y el aventurero más famoso de Streissen, que en menos de un minuto intercambiaron infinidad de golpes. Mannricht desenfundó con velocidad del rallo su pistola y apuntó al enemigo, pero este no tuvo problemas en apartar el brazo de su enemigo, mientras mantenia distancia prudencial con el negro corcel de guerra. Mannricht disparó al aire y tuvo que desenfundar de nuevo su espada reglamentaria, para acabar con un enemigo que no tenia intenciones de parlamentear. Gomiar, en lugar de hablar, se concentró en cuerpo y alma en aquel combate. Si vencia, podria ocultarse facilmente del enemigo en los bosques, y acabar con su arco con los batidores de uno en uno. Introdujó salvaje la espada en el pecho de Negranoche, forzando al animal a encabritarse y tirar a su jinete al suelo. El acero atravesó los huesos del caballo, y el bastardo, con un rápido giro de cintura, cercenó una pata delantera de la bestia de guerra mientras Mannricht caia al mullido suelo de hojarasca seca. Con dificultad por la malla, Mannricht se puso a pie justo a tiempo de bloquear con el escudo el siguiente ataque del rival, que golpe tras golpe se iba adelantando al de Streissen, haciendole ver que su rival era más habil, y que Mannricht encontraria en los bosques de Bieswang su final.

Pero cuando la ya mellada espada de Gomiar se encontraba bloqueada por el escudo de Mannricht, el enorme sargento de los Mastines salvajes vió una oportunidad, y con su diestra lanzó un tajo en estocada al brazo del arma de Gomiar, sesgando carne y musculo. Gomiar, herido, se apartó de su rival, y desde lejos lanzó una lluvia de golpes de acero, golpeando la dura armadura de Mannricht, la cual le salvó de perder las tripas. Apaleado y gravemente herido, Mannricht vió en la marabunta de golpes horizontales a su persona una abertura en la defensa del bastardo, que habia dejado desprotegido su pecho. Golpeando desde arriba y aprovechando su enorme altura, Mannricht desgarró con un rápido movimiento de su espada reglamentaria los tendones del cuello del rival. Los ojos inertes de Gomiar miraron por ultima vez a su rival, y por suerte para el bastardo, el golpe habia sido tan limpio que el dolor no llegó a su cerebro, muriendo placidamente mientras su cabeza rodaba por el lecho de hojas de otoño.

Mannricht, de nuevo, habia sobrevivido. Pero Negranoche no. Mientras Negranoche coceaba cercano a la muerte, regando con su densa sangre el suelo, los cuatro batidores que quedaban se reunieron con Mannricht. El sargento no lo habia visto, concentrado como estaba, pero cuando los batidores dejaron de perseguir a los arqueros para reunirse con el y ayudarle contra Gomiar, los fieles de Gomiar comenzaron a abrir fuego, con lo que ellos tuvieron que responder con los arcos. Sin embargo, la fortuna estuvo con los Mastines Salvajes no sufrieron más bajas, solo un herido. El enemigo, en cambio, no pudo decir lo mismo, y ambos arqueros enemigos murieron atravesados por las certeras flechas de los Mastines. La niña vestida de muchacho comenzó a llorar, viendo el cadaver de Botasucias, del batidor, de Gomiar y de Negranoche, asi como los otros cuatro muertos enemigos esparcidos por el bosque. Habia sido una sangria innecesaria, pero la tozudez del bastardo les habia llevado a aquello. Ahora, Mannricht, herido, triunfante pero dolido como si un familiar hubiera perdido por la muerte de Negrancohe, reunió a los cuatro supervivientes y a la niña. Ahora tenia que volver al combate principal, y auxiliar a sus amigos. No sabia aun cuanta sangre le quedaba por ver.





FDI: ¡Increible pedrada, Rudiger! Sacas un 02 en el disparo, y luego un 10 en el daño. Segunda tirada un 44, y otro 9 de daño. Sumado a la fuerza de la honda, y al acumulador de daño por niveles de éxito, has sacado la friolera de 8+4+9+10= ¡¡31 de daño!! Pocas veces se ven esos ataques, y tu rival cae inerte. Vuelves a tener otro turno, en el que actuas antes que nadie.

Cässim, te encuentras con Alan, impidiendote huir. El acorazado caballero es una mole, pero por suerte tanto el como Jon están muy heridos, y el merenario que te acompaña es fuerte. Pues atacar tanto a Jon como a Alan, asi como hostigarlos al fuego (en cuyo caso necesitarias dos exitos para mandarlos al infierno, pues estáis vosotros más cerca del fuego que ellos)

Mannricht, Negranoche acierta con un 22, pero el pasa una esquiva con un 28. Tu golpe acierta con un minimo, con un 53, y Gomiar no puede esquivarlo, recibiendo 6 de daño (sacas un 2), sin amilanarse por ello. En su turno, el bastardo lejos de rendirse, te ataca, pensando que si te mata y coge tu caballo, podra huir del resto de batidores. Carga, y con un 54 te acierta en el torso, aunque consigues pararle el ataque con un 01 de tu escudo. Entiendo que guardas la espada y con desenvainado rápido sacas la pistola y disparas, pero sacas un 92 en el tiro, y Gomiar hace un doble ataque, sacando un 01 en uno y un 85 en otro. No consigues parar, y el bastardo hace 5+5+2=12 de daño en la cabeza. La falta de yelmo te hace sufrir 8 heridas, y el combate a espada entre ambos comienza. Negranoche ataca, pero falla con 96.

Gomiar gana iniciativa, y hace dos ataques, esta vez a Negranoche, buscando hacerte caer. El primero, con 11, hace 15 de daño, y parte una pata delantera del animal. El segundo, con un 86, falla. Caes al suelo, pero al ser tu acción consigues ponerte de pie en media sin darle oportunidad al otro a atacarte, y lanzar un tajo al bastardo con un 31, que el otro falla al esquivar con un 50. Tu espada hace 11 de daño en su brazo, y consigues igualar el combate. Ahora ambos estais a seis heridas de caer.

Gomiar vuelve a ganar la iniciativa, y ejecuta dos ataques más. 01 y 59, mientras que tu solo consigues frenar el primer impacto, reduciendo en dos niveles su exito. Siete de daño en el torso se traducen en 0 heridas para Mannricht, y el de Streissen responde. con un 22 que Gomiar falla al esquivar con un 53. Un 10 en la tirada hace furia de Ulric, pero 85 al confirmar deja tu brillante ataque en 16 de daño, inflingiendole a el 11 heridas en la cabeza, la cual sale rodando por las hojas secas.

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Y.O.P.
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Y.O.P. » 04 Nov 2010, 01:57

Cässim

Alan lo quería vivo, los mercenarios de Heideck también decían que lo querían vivo, pero el Cascarilla por su parte se sentía y se veía más muerto que nunca…Supongo que cosas de ver la vida con un solo ojo.

- ¡Atrapad al traidor!-El caballero se dirigía ahora hacia a él con su dedo acusador en su mano alzada mientras un gesto inquieto se arrastraba por los labios del muchacho.

-No-noble señor-, dijo con sequedad, escondiéndose furtivamente tras el soldado desconocido, por si se escapaba alguna bala perdida desde el lado de Rodrik-. O-os to-tomáis muchas pre-preocupaciones para mantenerme co-con vi-vida, pe-pero viendo que-que vu-vuestras provisiones e-están que-quemadas, de-debéis disculparme si-si no-no me que-quedo a-a cenar.

El cascarilla miró rápido al lado de los herreruelos del bando Norfendeger y doy fe que jamás la visión de un hombre con un buen par de pistolas le había parecido tan atractiva, así que voceó y gritó con toda su alma para llamarles la atención, como quien jalea a la camarera en la cantina para que se lo quite todo.

-Ojalá funcionara-,pensó, mientras desenfundaba su hacha por si no era el caso-.

-Va-vamos, herr Alan, se-sed razonable. los Ma-mastines han si-sido de-derrotados y vos pro-pronto lo se-seréis si-si con-continuáis en vuestro e-empeño y aun así, os a-aferráis a-a mi co-como u-un cla-clavo ardiendo...-El muchacho hizo una pausa, mirando al fuego que se extendía cercano, -Y no os imagináis lo ardiente que está ese clavo…- Añadió finalmente con voz muy clara.

El carbonero sabía que si aquellos jinetes no llegaban a tiempo de agujerear el cráneo de Alan, una vez más tocaría prender fuego a algo, y a fín de cuentas, el fuego todo lo cura…y antes de que os apresuréis a emitir ciertos juicios de valor, os diré que no, eso no era lo que solía decír su abuelo. Pero bueno, en aquel preciso instante al cojo (y tuerto) de Loningbruck le sonaba igual de bien la idea que si lo hubiera dicho su abuelo, su hermana, o su santa madre que Morr tenga en su alma.

FDI: toca vocear e instar a mi compañero a que grite también y aguantar en postura defensiva. Si veo que la cosa no funciona, entonces tocará hostigar una vez más contra el fuego ese :P
- Un verdadero guerrero nunca teme al desafío de una batalla. Pero siempre recuerda que no puedes escapar a tu destino.

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Jacques el arcabucero
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Jacques el arcabucero » 04 Nov 2010, 17:28

Mannricht

- No! No! – la voz se le rompía al campesino de Streissen mientras acariciaba la quijada de Negranoche al que se le escapaba la vida en un manto carmesí que regaba la hojarasca del bosque. Los ojos de Mannricht comenzaron a titilar como una estrella lejana y sintió un nudo en la garganta que le impidió hablar. Escuchaba los llantos de la que resultó ser una niña a su lado, los pasos de sus hombres llegar a la carrera.

La mano de Mannricht se empapó de sangre de su fiel yegua y notó como con un último estertor, moría. Quiso el campesino ser lo último que Negranoche viera antes de partir para siempre allá donde quiera que vayan las monturas mas fieles y bravas.
Se pasó el puño por sus ojos, tratando de apartar la angustia que sentía y secar las lágrimas que empezaban a formarse, no quería que le vieran llorar. Se volvió hacia sus hombres, los Mastines, y la muchacha.

- Estas bien? Corre, explícame que sucedió para adentrarte en el bosque en nuestra búsqueda!

Así no tardó en enterarse de las malas nuevas. El grupo de jinetes que llegaban a la carga, la inminencia de un ataque contra los Mastines mientras ellos exploraban el bosque.
- No hay tiempo que perder – y volviéndose hacia el resto de sus hombres continuó – Vamos! Puede que necesiten de nuestras armas!

Cuando todos sus compañeros salieron corriendo hacia el claro donde aguardaba el resto de los mastines, Mannricht se acercó a la cabeza del bastardo Gomiar y la agarró por los cabellos con un rictus de rabia en su rostro. Algo había cambiado en Mannricht, quizá para siempre. Su rostro como pulido en roca, la sangre que le pegaba el flequillo a la frente y manchaba su cara, sus ojos que diríase que escupían ascuas… - Tengo una promesa que cumplir contigo hijo de perra – le dijo a la cabeza masticando las palabras mientras agarraba una pieza de tela del cadáver de Gomiar y la envolvía con ella para llevársela consigo.
Cuando se disponía a emprender la carrera tras sus compañeros no pudo evitar volverse a mirar el cadáver de Negranoche.
- Adiós amiga… volveremos a cabalgar juntos tarde o temprano.

Mannricht corrió tan deprisa como pudo tras sus compañeros de armas. Había una batalla aguardándoles.

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Saratai
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 04 Nov 2010, 22:39

25 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Arboledas de Hirshhügel.

El Sol ya habia comenzado su descenso cuando los tres herreruelos llegaron al lugar de la matanza. Entre el chocar de aceros y los gritos de angustia, uno de los herreruelos alzó la voz, y a su unisono sus compañeros lanzaron una andanada de disparos en dirección... al cielo. El más veterano, de atusados bigotes avellana, fue quien llevó la voz cantante, mientras los otros dos desenfundaban sendas pistolas, por si la voz de su lider no era escuchada.

Herreruelo Norfendeger Grotts

-¡PARAD ESTA LOCURA, IMBÉCILES! ¡Parad si quereis seguir respirando, malnacidos!
- gritó el pistolero montado, mientras apuntaba a Rodrik, que ya estaba cargando de nuevo su arma. Waldemar alzó los brazos, al ver a otro de ellos apuntandole con su arma a una distancia en la que el acierto era una de probabilidad excesicamente alta. Poco a poco, los hombres de Monheim dejaron de atacar a su rival al ver que este intentaba evitar seguir con el combate, y Valik y su compañero, gravemente heridos, se apartaron de su rival, viendo en aquella pausa una oportunidad de tomar aliento.

Pero Alan no estaba dispuesto a parar, y a pesar de las suplicas de Jon, que le encomendó a escuchar a aquellos jinetes, el caballero del Oso Negro se lanzó contra Cässim, ardiendo en ira. La espada centelleó con la luz de las llamas que el Cascarilla habia creado, y a pesar de la advertencia de los herreruelos, el Oso Negro atacó a su rival, el taimado cojo de Loningbruck. El arma rajó la cara del ahora tuerto traidor, incluso con la defensa que habia adoptado el Cascarilla, y atravesó los ojos de la victima lanzandolo despedido hacia atrás, y tirandolo contra el suelo repleto de sangre y ceniza.

Alan Friedsgoth

-Si no puedo capturarte, al menos no te dejaré respirar un minuto más.


La espada del caballero se alzó sobre la cabeza sangrante del cojo, e hizo descender su espada sobre él.

-Adios.

El sonido de tres balas al dispararse estalló con un estruendo mortifero, dejando sordos a los más cercanos.

-No puede ser...

El rubicundo caballero del Oso Negro miró su armadura, ahora bañada en rojo, para mirar después a los herreruelos. Sus advertencias no habian sido simples intentonas de amedrantamiento, y ahora el cuerpo de Alan, irónicamente, caia junto el del hombre al que habia querido matar, mientras su espada caia al suelo antes de tocar el cuerpo del muchacho. Sus ojos fueron poniendose en blanco, pero mientras desfallecia y el sonido a su arlededor se iba fusionando, aprovechó para decirle sus últimas palabras a Cässim.

-Loco cabrón, ¿has visto lo que has causado? ¿te sientes mejor?... Joder, morir asi es... Ojala... hubiera...

Cassim lo oyó todo, pero no pudo ver a Alan. No pudo verle morir por las balas de los herreruelos, ni mover la boca a su lado. Cassim no podia ver nada. Cassim se habia quedado ciego.

Mientras tanto, los herreruelos continuaron amenazando a los soldados heridos, ante la incredulidad de estos, que acababan de ver a Alan morir. Alan, quien hubiera sido veterano de decenas de batallas, quien hubiera iniciado la investigación, cinco años antes, de la desaparición de Eva Fahen, y sin la cual, miles de acontecimientos no habrian ocurrido. Alan no volveria, y habia sido un shock brutal para todos.

-Ese es el final de quien no nos escuche, gentuza revolucionaria- continuó el herreruelo que habia matado a Alan -Habeis sido derrotados, reconocerlo. Habeis jugado a ser Señores de la Guerra y habeis perdido. Dejad las armas, y acompañadnos a Heideck en paz. Los que os rindais ahora sereis perdonados, y no tendreis porque acabar con la horca al cuello. Los enemigos de el Elector son numerosos, y podeis servirle contra ellos si renegais de vuestro loco tirano y de vuestras causas perdidas. De lo contrario, tendreis el mismo fin que ese estúpido caballero- finalizó, mirando el cadáver de Alan.

Los Mastines estaban atónitos, pero no por ello menos iracundos. Waldemar, que ya tenia la ballesta cargada y se encontraba junto a Rudiger y Rodrik, les dijó en voz baja:

-Esos cabrones deben pensar que somos sucios animales. Quieren llevarnos con vida a los que puedan para asi usarnos de mulas para sus ejercitos. Perros Alptraum...

Metros más alla, uno de los mercenarios, que estaba acorralado contra cuatro milicianos de Monheim, les habló en voz baja, sin moverse un ápice por si los herreruelos decidian atacarles:

-¿Habeis visto eso? Panda de cobardes-
dijo en bajo, susurrando entre dienes -han estado toda la batalla parados, bien resguardados, mientras mi gente moria... Ellos si que merecen una horca en el cuello.

Los susurros se extendieron virulentos en cada corrillo de combatientes heridos, mientras los herreruelos esperaban ver la respuesta de los luchadores. Lo que ninguno de ellos sabia era que, ocultos entre los árboles, Mannricht y sus batidores acababan de llegar, y esperaban con las armas cargadas. Los batidores habian tensado sus arcos y apuntaban a los herreruelos, esperando una señal de su sargento. No habian llegado a tiempo de ver la cobarde ejecución de Alan, pero si de oir la propuesta de los jinetes. Fue uno de los batidores, Deird, quien habló a Mannricht.

-Sargento, hemos oido disparos justo antes de llegar, no creo que esos jinetes tengan las pistolas cargadas. ¿Donde está Balbian? ¿Donde estan todos? Dioses, mirad todos esos cuerpos... La matanza ha sido espantosa...

Otro de los batidores, el que se encontraba herido por un disparo de flecha, también habló:

-Hijos de puta..¿Disparamos o nos rendimos, jefe? He visto bastante sangre por hoy, pero si quieres venganza, no vamos a acobardarnos.



FDI: Cässim, Alan saca un 01 en su ataque, y ni con tu posición defensiva logras evitar el golpe. Tras inflingirte 4 puntos de daño, te hace un efecto cricito en la cabeza de 8. Aqui entré en un dilema.

Fallaste la tirada de Resistencia con un 85, y tuve que decidir que ojo perdias, si el que te quedaba o el otro. Decidi que con un par el efecto se ingoraria al dar en el que ya no tenias, y justo salió un 6. El problema es que tambien te estabas desangrando, con un 20% de posibilidades de morir cada turno. No hay nadie que tenga la habilidad de sanar entre los pnjs restantes, y aunque este turno has sacado un 7 y no te mueres desangrado, Molbin hace tiempo que se largó en una mula y no está por las de volver (no al menos si no se sacrifica un PD en su honor, y como no lo haga Mannricht... a nadie le queda). Auguro que tu pj deberia morir en cuatro asaltos, o cuarenta segundos, peeeero, hay otra opción:

Puedes escoger perder el otro ojo, en lugar de que la espada hubiera cortado la vena. Esto es peor que morir, pues tu pj estaria ciego, pero podrias seguir posteando. Es elección tuya. Lo hago solo por ser el caso especial de que el critico coincidia con el otro ojo, algo que no esperaba que ocurriera. En cualquier otro caso, el fin de el Cascarilla habria sido la muerte sin elección, pero esto será una excepción.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por William Tender » 10 Nov 2010, 01:10

Rudiger Croop

Mierda. Acababan de librar un combate a muerte, sólo para resultar intimidados por tres nuevos jinetes. No es que Rudi fuese a presentarse voluntario para plantarles cara, pero sospechaba que algo se podría hacer...
Daba igual, el empuje estaba perdido, los hombres, desmoralizados por el asesinato de su compañero. Y Manritch y el resto de los hombres... quién sabe. Desaparecidos en la espesura, muertos quizá en otra emboscada similar a la propia. El halfling esperaba de corazón que el rubicundo granjero hubiese salido de ésta también, pero no lo sabía. Alguien debería avisarle de que sus hombres estaban en una encerrona, y, si el hombre estaba muerto, alguien debería avisar a los hombres del imbécil de Markus lo que le había sucedido al glorioso regimiento... Quizá alguien podría ayudarles...
Quizá Rudi podría deslizarse fuera de la vista de los herreruelos solo un segundo, pasando detrás de sus compañeros con cuidado, o bajo los restos de la carreta. Nadie se fijaba en la gente pequeña. Puede que hubiera que correr, pero los jinetes tenían descargadas sus armas en ese momento, y si lograba llegar hasta la espesura, sus cabalgaduras dificultarían su paso, y si perdían el tiempo en desmontar, estarían dando la ventaja a los Mastines, o dividiendo sus fuerzas. Si se salía con la suya, podría hacer de mensajero para buscar ayuda, o incluso crear una distracción ideal para darle la vuelta a la situación... A estas alturas, y si nadie hacía nada, era carne de fosa común, de todas formas, así que merecía la pena el intento. Discretamente, Rudi mantuvo la honda colgando de una mano, y una piedra presta en la otra. Si le perseguían dentro del bosque, podría defenderse.

Y discretamente, lento como un caracol, se fué recolocando detrás de su compañero más cercano, preparado para cambiar discrección por fuga desenfrenada a la primera señal de peligro.

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Jacques el arcabucero » 10 Nov 2010, 18:25

Mannricht

El campesino observaba el desastre.
El grupo de mastines que hasta hace poco marchaba orgulloso cantando de viva voz estaba mermado, diríase, destrozado! Cadáveres de los que los cuervos pronto darían buena cuenta, humo y fuego…
Al ver el rastro del fuego Mannricht rememoró la imagen de cierto cojo paleto que prendió el bosque cuando trataban de acabar con “comecabras” o como diantre se llamara. Esta fugaz imagen abandonó su mente rápidamente para volver a la cruda realidad mientras uno de los herreruelos montados hablaba con altanería.

-Ese es el final de quien no nos escuche, gentuza revolucionaria. Habeis sido derrotados, reconocerlo. Habeis jugado a ser Señores de la Guerra y habeis perdido. Dejad las armas, y acompañadnos a Heideck en paz. Los que os rindais ahora sereis perdonados, y no tendreis porque acabar con la horca al cuello. Los enemigos de el Elector son numerosos, y podeis servirle contra ellos si renegais de vuestro loco tirano y de vuestras causas perdidas. De lo contrario, tendreis el mismo fin que ese estúpido caballero - finalizó, mirando un cadáver en el suelo que Mannricht desde esta distancia no pudo identificar.

Uno de los batidores, Deird, susurró a Mannricht.

-Sargento, hemos oido disparos justo antes de llegar, no creo que esos jinetes tengan las pistolas cargadas. ¿Donde está Balbian? ¿Donde estan todos? Dioses, mirad todos esos cuerpos... La matanza ha sido espantosa...
Otro de los batidores, el que se encontraba herido por un disparo de flecha, también habló:
-Hijos de puta..¿Disparamos o nos rendimos, jefe? He visto bastante sangre por hoy, pero si quieres venganza, no vamos a acobardarnos.

- ¿Rendirnos? – la mirada que le dedicó Mannricht resultó muy significativa – Ningún hijo de Streissen se rinde! Esos hijos de perra cabalgarán muy pronto hacia el reino de Morr.
Deird, esos bastardos han cometido dos errores. Dar por derrotados a los Mastines, darnos la espalda y no cargar sus armas inmediatamente –
eran tres razones, pero daba igual – vamos a hacer que se coman sus palabras y su orgullo. Tirad a los caballos cuando oigáis mi señal. Quiero que esos bastardos caigan al suelo de donde no volverán a levantarse. Cuando todo se desate, asegurad los disparos, asaetearlos, los Mastines que quedan en pié responderán como deben!
Estad atentos!


Mannricht encorvado, casi a ras de suelo, abandonó la posición de los batidores para cuando llegara el momento, no revelar su posición y se desplazó hacia el saliente boscoso mas cercano a los herreruelos, sin salir de la vegetación, aprovechando su cobertura. Sus ojos asomaban del rojo carmesí que le empapaba la cara, su pelo moreno pegado a la frente, en pequeños picos, como dientes negros, la muerte reflejada en sus ojos…

Una vez recorrida esa distancia tan rápidamente como le fuera posible, y cargando con la cabeza envuelta del bastardo Gomian, asegurándose de tener las dos pistolas cargadas, salió al raso y avanzó un par de pasos, a distancia de tiro. Entonces cantó a los cuatro vientos, con fuerza, palabras de valor y fuerza mientras disparaba contra uno de los herreruelos al azar, le daba igual a cual, pues para él eran igual de despreciables y dignos de morir.

Sus palabras sonaron fuertes, sus palabras sonaron a venganza, sus palabras gritaban libertad!

Unser liebe Fraue
Vom kalten Bronnen,
Bescher' uns armen Landsknecht
Ein' warme Sonnen !
Last uns nicht erfrieren,
Wohl in des Wirtes Haus
Ziehen wir mit vollem Säckel,
Und leerem wieder aus.

Die Drummen, die Drummen,
Larman, larman, larman, heiriderideran,
Rideran Landsknecht voran !
Landsknecht voran !


http://www.youtube.com/watch?v=W5Z6Aez6T3c

Mannricht dispara, cambia a por la segunda pistola y dispara de nuevo. Aguarda a que los batidores ataquen y sobre todo, aguarda la respuesta de los valerosos Mastines!
Va por ti, Kurgan!

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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 10 Nov 2010, 19:39

25 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Arboledas de Hirshhügel.

Cuatro silbidos, ni uno más ni uno menos. Cuatro flechas que volaron a infernal velocidad, en dirección a los herreruelos, seguidas de un fuerte disparo, todos errados. Los herreruelos se giraron, perplejos e indemnes de los disparos, viendo como del bosque salian cinco energumenos cubiertos de sangre, hojas secas y matojos, pero sobre todo, repletos de ansias de venganza y libertad. Los revolucionarios de Mannricht por fin habian llegado, e iban a suponer un cambio trascendental en el devenir de los acontecimientos.

A toda prisa, los herreruelos cargaron sus armas, pero esto les dio tiempo a los de Mannricht a volver a lanzar una andanada de disparos. De nuevo, otras cuatro flechas salieron de los tensos arcos, y esta vez si dieron en su blanco. Una flecha blanca atravesó la pata del caballo del jinete más joven, y otra fue a dar a sus cascos. El corcel se encabritó, pero el joven consiguió mantenerse habil en la silla. Pero fue el disparo de Mannricht el que torció su gesto de satisfacción por el de profundo dolor, cuando noto como de su brazo un denso liquido rojo mojaba su camisa. Asustado, el herreruelo intentó evadirse, pero para entonces la lanza de Jon Taimk ya le habia cortado el paso. A su lado, el sargento de los jinetes vio como Rodrik, con su pistola ya cargada, apuntaba certero hacia él mientras la bala atravesaba su rodilla. Waldemar no se dió menos brio, y su ballesta descargó su mortifera carga, que fue acolchada por la dura coraza del lider de jinetes.

Menos fortuna tuvo el tercero, que vió como Valik, el recluta herido y los cuatro de Monheim se avalanzaban sobre él. Entre los seis le rajaron y empujaron hasta tirarle del caballo, y una vez en el suelo dieron buena muerte de él. ¿Y que pasó con los tres mercenarios de Heideck que hasta entonces habian luchado contra los Mastines? Para sorpresa de todos, se unieron a la refriega, y cargaron contra el taimado sargento de los herreruelos, impulsados por el odio de quien se suponia que debia de haberles ayudado en sus horas más bajas y en cambio les habia dejado morir como perros. El hacha de uno acabo en su pierna herida, y la espada de otro rajó sus costillas, pero fue la maza del tercero la que aplasto su cabeza y lo envió a ver a Morr. Por último, el herreruelo más joven lanzó la pistola al suelo, y rindiendose, dejó el caballo a merced de la unión entre Mastines Salvajes y Mercenarios de Heideck que aun quedaban. Rodrik se dispusó a darle muerte tambien, pero Waldemar le apartó en el último momento, exigiendole algo de respeto por un hombre que se habia rendido.

Mientras tanto, Mannricht llegó al centro de la matanza, encontrandose con el huidizo Rudiger por el camino, quien por suerte no habia llegado a los bosques aun, y aun podia escudarse en que buscaba una mejor linea de tiro en lugar de una ruta de huida. Mannricht, Rudiger y los batidores se encontraron con Rodrik, los tres mercenarios y los siete Mastines Salvajes que aun quedaban vivos. Los once hombres discutian a viva voz acerca de que hacer ahora, y fue evidente que las palabras de Rudiger y de Mannricht habrian de calmar el asunto, o la sangre volveria a correr por enesima vez en aquella arboleda. Pero era dificil pensar con claridad, pues el espectaculo dantesco que Mannricht y Rudiger podian ver ahora con claridad era más que devastador:

Alan Friedsgoth yacia muerto por un tiro de pistola en mitad del campo, y no muy lejos de él, el Cascarilla, incosciente, sangraba por ambos ojos. El cuerpo calcinado de Adelfbert era casi irreconocible, y su olor, pernicioso. Más alla, Balbian yacia con el cuerpo atravesado por una lanza perdida, y pocos pasos más adelante el cadaver de Reiner Volk, machacada su columna por los cascos de un caballo, regalaba dolor a quien posaba la vista en él. Tucko, a su lado, miraba al vacio con ojos blancos, muertos. Todo el campo era un erial de muerte, pues no solo amigos y camaradas miraban a los supervivientes con difunta envidia, sino tambien otros, irreconocibles y desconocidos. Un total de más de treinta cadaveres, entre partes cercenadas y cuerpos deshechos y trozeados. ¿Aquello era la guerra?

-Matemos a esos mercenarios primero, y luego a ese herreruelo cabrón-
dijo Urfield de Monheim señalando a los enemigos que habian sobrevivido.

-Calla loco, no más muerte por hoy-
respondió Valik de Streissen -aun quedan heridos a los que tratar. Bastantes muertos hemos dejado ya en una pelea sin sentido.

-Sin sentido para ti-
contestó entonces uno de los mercenarios de Heideck, que aun portaba sus armas y que junto a sus compañeros no se acercaba a los Mastines, quienes les superaban ampliamente en número -Nosotros hemos muerto por el capricho de los Alptraum, que nos han dejado abandonados, quienes nos han utilizado como basura. Los otros dos mercenarios a sus espaldas le dieron la razón, quien sabia si para granjearse la amistad de los Mastines y salvar el cuello o por pura convicción.

Entre los Mastines supervivientes a la carga de jinetes y los batidores de Mannricht, aun quedaban vivos y coscientes Mannricht, Rudiger, Rodrik, Waldemar, Jon, cuatro batidores, la niña vestida de chaval, Valik y Noel de Streissen y los cuatro de Urfield de Monheim, haciendo un total de dieciseis Mastines heridos y tambaleantes. Cerca, los tres mercenarios de Heideck, que habian luchado hasta el final, hasta que los herreruelos se habian presentado alli. Por último, el herrueruelo que habia sobrevivido a las represalias y que se habia rendido, y cuyo destino aun habia que redimir. Tambien habian otros que aun respiraban, pues Boltus, Cässim, cinco mastines y dos mercenarios estaban vivos, pero incoscientes y muy graves. El resto habian huido, y los carros de provisiones habian sido completamente devastados. Solo dos caballos estaban sanos y listos para ser cabalgados, y Rodrik no tardó en apoderarse de uno de ellos. Acto seguido, y una vez montado, se irguió en su verdadera forma, en los pensamientos que siempre habia albergado.

Rodrik el Renegado

-Gentes, haya calma. Todos hemos sufrido, y yo mismo no seria sino feliz si pudiera mandar al infieron a esos bastardos-
dijo mirando al herreruelo capturado y a los tres mercenarios -sin embargo, creo que lo más inteligente seria dirijirnos a los bosques y buscar algo de comida para todos los que aun estamos vivos asi como intentar salvarle la vida a nuestros heridos. Por este herreruelo podemos pedir un rescate, a buen seguro su familia es rica. Y por mi, a Markus Leitdorf le pueden dar bien por el culo. Podia habernos dado más hombres o haber esperado a que los refuerzos de Loningbruck llegaran, antes de mandarnos a menos de cincuenta hombres a apoyar el asedio de Bieswang. No se que pensais vosotros, pero yo le ayudé a tomar Averheim, y mirad como me lo ha recompensado...

Las ultimas palabras de Rodrik salieron entre esbozos de llanto, mirando a sus camaradas muertos. Pero lo que decia era sinonimo de volver la espalda a la guerra y convertirse en bandidos. Waldemar apretó los puños y se dirigió a él con fuerte voz:

-¿Estás loco? No pienso ser un bandido de tres al cuarto, y menos despues de lo ocurrido. Volveremos a Averheim y reportaremos al Conde lo ocurrido.


-¿Con que alimento, imbécil?- contestó Rodrik -Por si no te has percatado, estamos a más de un dia de Averheim y no tenemos provisiones, y por si fuera poco, varios jinetes enemigos (y algunos de los nuestros, cobardes sabandijas) han escapado tambien. ¿Quieres saber que pasara si hay algun otro ejercito enemigo de camino a Averheim? Yo te lo diré, moriremos todos o peor, seremos capturados. No pienso correr ese riesgo.

Rodrik miró a Mannricht, asi como los Mastines supervivientes. En teoría, él seguia siendo el sargento de los Mastines, y en el recaia la decisión de que hacer. Tendrian que decidir si volver a Averheim, con los riesgos que eso suponia, o darle la espalda a los señores de la guerra que luchaban por el control de la provincia y dedicarse al pillaje y al asalto. Tambien habia que decidir que hacer con los muertos, con los heridos, con el equipo abandonado, con los rehenes, con los mercenarios aun armados y expectantes a la decision de los Mastines... Mucho habia que decidir, y en poco tiempo.

Valik de Streissen

-Sea lo que sea tenemos que decidirlo. No tardará en anochecer, y si volvemos a recibir un ataque como el de esta tarde no tendremos escapatoria. Personalmente, no pienso servir a ningun Alptraun ni ha nadie que intente mantener el yugo en el campesino. Pero me da absolutamente igual servirme a mi mismo que servir a Markus Leitdorf, que al caso es lo mismo. Lo que si que no quiero es tener a este mediano cerca-
dijo mientras se acercaba a Rudiger, dandole un empujon. Valik habia visto su intento de huida, y aunque esta habia sido una decisión inteligente y facilmente enmascarable, Valik siempre habia sentido un fuerte rechazo hacia los medianos, y ahora dio rienda suelta a su desprecio, aprovechando la falta de autoridad reinante y la desesperación de aquel momento -¿querias huir tu tambien, verdad pequeñajo? ¿o querias ir a robarle a nuestros muertos mientras nosotros nos matabamos?



FDI: Tras la masacre, el caos, el llanto, el dolor y la desesperación reinan en el campo de batalla. Valik quiere descargar su ira en Rudiger, y Urfield en los heridos. Rodrik quiere abandonar la misión y volver a su vida de salteador de caminos y Waldemar, reportar a Averheim. Por su parte, los capturados quieren salvar el cuello, logicamente. Cada uno tiene sus razones, pero el tiempo corre en vuestra contra, y cada minuto de retraso es un minuto a favor de la muerte de los heridos, el regreso de más enemigos y la caida del sol. Hay muchas decisiones contrapuestas, por lo que será dificil contentar a todo el mundo.

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Jacques el arcabucero
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Jacques el arcabucero » 10 Nov 2010, 22:26

Mannricht

Este podía ser el peor día de la vida de Mannricht, pero sabía que podía ser peor.
Negranoche fue la primera pérdida, pero ahora se añadían a la lista su primo Balbian, el sargento Alan a quien tanto cariño y respeto le procesaba, el barbado Adelfbert, incluso Reiner Volk! Joder, joder! – Mannricht se pasaba los dedos por el cabello con gesto preocupado.
Todavía quedaban algunos en pie, Rudi, Rodrik, Waldemar, Jon, cuatro batidores, la niña vestida de chaval, Valik y Noel de Streissen y también los cuatro de Urfield de Monheim, haciendo un total de dieciséis Mastines heridos y tambaleantes, si, pero en pie.

A su alrededor los hombres hablaban, discutían en algunos casos, pero Mannricht casi no los oía mientras daba vueltas alrededor de los cadáveres tratando de encontrar heridos, hombres a quienes ayudar, se detuvo con pesar frente a Balbian y de cuclillas le cerró los ojos mientras rezó en silencio una breve oración a Manann y Morr. El padre de Mannricht le encomendó el cuidado del muchacho… con que noticias regresaría a Streissen si es que llegaba a regresar algún día.

Descubrieron otros que aun respiraban, Boltus, el cojo Cässim, cinco mastines y dos mercenarios estaban vivos, pero inconscientes y muy graves. Los carros de provisiones habían sido completamente devastados por el fuego. Rodrik tomó uno de los dos caballos que quedaban dispuestos para ser montados, Mannricht fue hacia el y comprobó su estado dejando claro que pensaba usarlo de montura.
Mannricht debía hablar, decir algo, los hombres lo necesitaban. Pero fue Rodrik el primero en hacerlo, y su mensaje fue muy esclarecedor.
Quería ser un proscrito, un renegado, viajar al bosque y pedir incluso un rescate por el herreruelo que había quedado vivo. Tan desesperanzado estaba…

-¿Estás loco? No pienso ser un bandido de tres al cuarto, y menos despues de lo ocurrido. Volveremos a Averheim y reportaremos al Conde lo ocurrido – dijo con rabia Waldemar.
-¿Con que alimento, imbécil?- contestó Rodrik -Por si no te has percatado, estamos a más de un dia de Averheim y no tenemos provisiones, y por si fuera poco, varios jinetes enemigos (y algunos de los nuestros, cobardes sabandijas) han escapado tambien. ¿Quieres saber que pasara si hay algun otro ejercito enemigo de camino a Averheim? Yo te lo diré, moriremos todos o peor, seremos capturados. No pienso correr ese riesgo.
Para rematar la faena, Valik cargó contra Rudi acusándole de tratar de huir.
La situación pintaba mal. Sin el apoyo de Alan, ni de Reiner y con Rodrik optando por abandonar, Mannricht estaba solo.
- Valik deja al halfling! Es un valiente aliado y no toleraré rencillas entre nosotros. De nadie Valik! – el campesino manchado de sangre gritó alto y claro para ser oído. Seguidamente se volvió hacia Rudi mientras cargaba de nuevo sus pistolas – Eh, Rudi, estás bien? Que ha sucedido? Que le ha pasado a las carretas? Nuestras provisiones iban ahí.

Tras escuchar la respuesta de Rudi, Mannricht seguirá hablando bien alto para todos los presentes.

- Es un momento difícil. No tenía que haber ocurrido nada de esto, ha sido una verdadera desgracia – el gesto de Mannricht era un rictus de ira – pero hemos sobrevivido al ataque y ahora debemos seguir comportándonos como se espera que lo hagamos, como una Unidad.
Las palabras de Rodrik no son descabelladas. Hemos sufrido graves perdidas, muchos estamos heridos, ¿que clase de fuerza de choque somos ahora? Acamparemos a un lado del camino, lejos de este vado, donde tengamos buena visibilidad. Organizaremos patrullas, deberemos estar atentos ante posibles visitas inoportunas. Enterraremos a nuestros muertos, cavaremos una fosa y allí quedarán sus cuerpos descansando al fin. Los cuerpos de nuestros enemigos quedarán donde se encuentren como festín de cuervos, tomad cuanto podáis usar en adelante, reaprovisionaros tan bien como podáis, tomad armas, agua, lo que se pueda salvar de esos carros. Rudi! Alguno de esos carros podría reaprovecharse?
Al alba continuaremos con la misión encomendada. Saldremos en dirección Bieswang, allí aguardaremos la llegada de los Pillher, nos uniremos a ellos y continuaremos adelante. Hemos llegado muy lejos como para detenernos ahora! Quien quiera seguir adelante, que se prepare, mañana partimos, y quien quiera abandonar… que lo haga esta noche, después de enterrar a los nuestros. Tenéis mi palabra que no habrán represalias, aseguraremos que os vimos caer en batalla o simplemente desaparecisteis en el fragor de la batalla, quizá tomados como rehenes… vosotros decidís! –
dice esto mirando a Rodrik al que personalmente, prefería tener a su lado, pero no pensaba obligar a nadie a seguir entregando sangre por una causa cuya fuerza parecía estar perdiendo credibilidad entre los Mastines - En Streissen siempre hemos anhelado la revolución y ahora ya esta aquí! No vamos a dar un paso atrás! Y si el Conde Leitdorf mañana debe encontrarse frente a su propia revolución, así será. Y si debe pagar con su sangre así lo hará, no os quepa la menos duda, pero hoy… tenemos un cometido que cumplir, y de todos modos… la única opción es reunirnos con las fuerzas Pillher y seguir camino juntos. Pensad en que querrían los ausentes… Reiner hubiera optado por regresar? O Alan? Mastines, ahora mas que nunca juntos!

Dicho esto, se pasará la mano por el flequillo peinándolo hacia delante, evaluando rápidamente el siguiente paso.

- Hay que tratar a los heridos, donde esta el galeno? Moveos!

Por supuesto, dependiendo de las respuestas de Rudi, o la intervención de cualquier otro, añadiré mas chicha a este tostón que acabo de soltar.

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Saratai
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Re: Final de Campaña I: Señores de la Guerra

Mensaje por Saratai » 16 Nov 2010, 21:12

25 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Arboledas de Hirshhügel.

El grupo estaba lejos de estar cohexionado, pero las palabras del Sargento, oportunas y certeras, metieron a los hombres revoltosos en vereda, al menos por el momento, Rodrik incluido. Los muertos comenzaron a ser enterrados, entre lágrimas y maldiciones. Boltus y Adamiel, ambos muy heridos, recuperaron el conocimiento, y rezaron plegarias para que Alan, Adelfbert y el resto encontraran su camino al Reino de Morr. Valik y Dientesverdes hicieron lo propio con Balbian, Reiner Volk y el resto de revolucionarios, y Urdimel y los demás con los milicianos caidos. Fue una noche triste, en la que Waldemar y Rodrik desarmaron y repartieron las riquezas de los caidos, y desarmaron tanto al herreruelo como a los mercenarios de Heideck que seguian vivos. Estos se quejaron, pero Rodrik les dió a elegir entre muerte o cautiverio, y no dudaron en que camino escoger, a pesar de que habian colaborado con los Mastines a reducir a los Herreruelos.

Mannricht no podia estar en todo, por lo que Rodrik se ocupaba de todo lo demás. Aunque tras el discurso revolucionario del sargento de Streissen todos habian coreado el nombre de Mannricht, Rodrik no habia tornado su gesto en sonrisa. Habia jurado lealtad a Mannricht pero por motivos muy suyos.

-Te seré leal Mannricht, solo porque te respeto y porque solos no podriamos sobrevivir- dijo Rodrik a Mannricht cuando estuvieron a solas. -Iré contigo a Bieswang y te ayudaré, pero despues yo y los que quieran seguirme haremos nuestro camino propio. Si tan solo Reiner hubiera sobrevivido...

Tras limpiar las heridas, repartir las armas y el dinero, y rezar por los muertos, el grupo comenzó a realizar las guardias, todos acampados en la linde del bosque. Fue entonces, cuando se repartió el dinero y el material sobrante. Cada miembro de los Mastines recibió 45 chelines y algo de equipo. Mannricht obtuvo otra pistola, la de un herreruelo, y un caballo nuevo, Vientoligero. Rudiger recibió tambien cuarenta y cinco chelines de plata, asi como una espada y un escudo. El resto tambien tomaron lo suyo y no hubo quejas en cuanto al dinero, pues Betty Loid, quien hasta aquel dia se habia hecho pasar por el niño Muller, habia demostrado gran cabeza para los números y las cuentas, y junto a Rudiger, que apenas soltaba palabra, eran los únicos Mastines con cultura y alfabetización.

Los Mastines que seguirian a Mannricht hasta Bieswang eran los siguientes:

-Mannricht, lider revolucionario
-Rodrik, segundo al mando
-Rudiger, miembro de sequito y administrador
-Betty Loid O Müller, miembro de sequito y ayudante de cuentas

-Waldemar el fiero, ballestero de Averheim
-Kain, arquero de Streissen
-Klose, arquero de Endorf
-Blaus, arquero de Siegenhausen
-Cedric el cazador, arquero y batidor de Streissen

-Jon Taimk, portaestandarte de los Mastines Salvajes
-Valik, guerrero revolucionario de Streissen y portador del hacha y el escudo de Reiner Volk, en memoria
-Noel, guerrero revolucionario de Streissen y portador del Zweihander de Reiner, en memoria
-Kino, guerrero revolucionario de Streissen y gravemente herido
-Boltus el grande, caballero del Oso Negro y gravemente herido
-Adamiel, recluta del Oso Negro y gravemente herido

-Urdimeler, revolucionario de Monheim, armado con espada y escudo
-Rex, revolucionario de Monheim, armado con guadaña
-Vertel, revolucionario de Monheim, armado con mangual y escudo
-Russel, revolucionario de Averheim, armado con pistola y espada

Diecinueve Mastines en total, habiendo sobrevivido de entre los heridos tan solo Boltus, Kino y Adamiel, y cayendo en necesidad de sacrificio el resto, dada la gravedad de sus heridas y de su sufrimiento, y por la ausencia de Moblin que habia huido de aquel condenado campo de batalla. De los diecinueve, Russel, Vertel, Rex y Urdimel eran partidarios de Rodrik, y el resto de Mannricht. Además, entre todos destacaban Valik, Kino y Noel, los tres guerreros más expertos, que habian sobrevivido a la batalla de los Campos Lietdorf, a la de la Plenzerplazt de Averheim y a la toma de las murallas, los únicos miembros veteranos de los Mastines, con tantas cicatrices a sus espaldas y tanta sangre derramada por el mismo estandarte que sin ellos el grupo estaria perdido y sin rumbo.

La noche terminó de cerrarse, y tras haber dado sepultura a los muertos, se prosiguió con el encadenamiento de los cuatro apresados, los tres mercenarios de Heideck y el herreruelo de la familia Norfendeger, rivales de la Revolución. Mientras Jon hablaba de perdonarles y hacerles unirse a los Mastines, Valik argumentó que debian de ser pasados a cuchillo. Como lider, Mannricht deberia decidir, pero tendria toda la noche para ello para pensar su respuesta, mientras la cabeza de Gomiar iba desplegando su aroma en las alforjas del sargento.


26 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Arboledas de Hirshhügel.

El Sol salió por el horizonte, y agradecidos, los Mastines comprobaron que todos seguian con vida. El peligro de un ataque era muy alto, pero aquella noche habian tenido suerte y podria proseguir su camino hasta Bieswang. Una vez solucionado el problema con los hombres capturados, el camino para unirse al ejército de la familia Pillher daria comienzo.




FDI: Esto es extraño a más no poder. Juraria haber hecho un post larguisimo aqui hace unos dias, en el que relataba quienes eran los supervivientes, de donde eran, etc. Me siento como si hubiera estado escribiendo para nada, no le veo mucho sentido a lo ocurrido. Tal vez me fallara la conexión al enviar el mensaje o que se yo... Vaya faena.

En fin, no recuerdo las tiradas exactas pero si lo que escribi, a duras penas. Mannricht, se que pasaste una tirada de Carisma, y convenciste a los indecisos y a Rodrik. Las carretas estan completamente destruidas, y no hay nada que se pueda usar entre sus escombros.

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