Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

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Saratai
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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Saratai » 26 Nov 2010, 19:21

32 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Grenzstad.

El fuego comenzaba a apagarse tras los grandes esfuerzos llevados a cabo por los mercenarios de la ciudad, afanados en impedir su propagación. La noche ya habia caido, y la luz de las llamas eran como enormes antorchas que iluminaban la urbe por cada rincón. Félix quedó atónito al ver como el matador no respondia a sus palabras, como permanecia quieto mientras los mercenarios terminaban su trabajo.

Soldado Félix

-Pensaba que te agradaria esta oportunidad para mostrar tu valia, enano. ¿Por qué no aprovechaste a atacar cuando los mercenarios estaban ocupados apagando las piras? No te culpo por no querer hacerlo, era algo ruin hasta para un enano demente, pero me has pillado por sorpresa. Lo que no entiendo es por que no hay ninguno de mis compañeros por aqui, se supone que el fuego lo deberian haber causado ellos. Y hay por todas partes, tal vez Fran Miller haya...


Las palabras del soldado quedaron ahogas, asi como los movimientos de los ciudadanos de la calle y de los tres mercenarios que habian apagado el fuego. Alli, entre las angostas y tortuosas calles del Mal Ayuno, siete siluetas aparecieron con antorchas, riendo mientras prendian fuego a más establos y casas. Las gentes comenzaron a gritarles, y los mercenarios dejaron los cubos de agua y desenvainaron sus armas para atrapar a aquellos locos, causantes de los incendios y que durante los últimos dos dias habian causado problemas.

-¡Por fin los hemos encontrado! Esos locos pagarán por los destrozos causados- masculló uno de los mercenarios humanos encargado de la seguridad de la ciudad. A Félix se le atragantó la saliva, creyendo que habian descubierto a sus compañeros en mitad de la tarea, pero tras asomarse a la calle por si habia de defenderlos, un golpe de incredulidad le atacó de lleno. Aquellos siete hombres no eran los hombres de Franz Miller. De hecho, aquellos no podian siquiera ser considerados hombres.

Uno de los mercenarios corrió en dirección contraria a donde las siluetas se encontraban, para avisar al resto de sus compañeros para que acudieran en auxilio. Sin embargo, antes de que llegara a correr diez metros, tres perros enormes, grandes como lobos, se avalanzaron sobre él, haciendole perder el equilibrio y cortandole el paso. El pobre muchacho cayó al suelo de bruces, donde las bestias comenzaron a masticarle sin piedad. Sus compañeros quedaron estupefactos mientras las gentes de la ciudad huian a refugiarse, pero para cuando vinieron a darse cuenta, las siete siluetas ya estaban enfrente de ellos, dejando ver el horror que iban a desencadenar sobre Grenzstad. La primera de las siluetas se trataba de un hombre de mediana estatura, ataviado en una armadura completa negra como la noche, la cual estaba repleta de incrustaciones azabaches con la forma de huesos, manos y calaveras. Su yelmo ostentaba dos cuernos de toro, y el visor de linea horizontal no dejaba entrever el rostro del portador. A la espalda, una enorme guadaña de más de metro y medio se alzaba en una funda que corria diagonal por la parte trasera de la macabra y barroca armadura, mientras en la mano izquierda, el hombre movia una cabeza de un lado a otro, mascullando palabras sin sentido.

-Sigmar, salva mi alma y ten piedad de mi en esta hora oscura- rezo uno de los mercenarios al ver la cabeza cortada que el guerrero ataviado en negra armadura movia con frenesi histérico. Las facciones aun sin pudrir del rostro de Bukter Alptraum se encontraban plasmados en ella.

Las otras seis siluetas no eran menos amenazadoras e inquietantes, pues cada uno de los guerreros era temible y espantoso a la par. El segundo era un hombre cuasi gigante de piel oscura y pelo largo y negro. Sus musculos eran duros como piedras y relucian con la luz de las llamas, protegidos unicamente por algunas prendas, al uso de los bárbaros. Su piel estaba tatuada con serpientes entramadas, y sus callosas manos manejaban una cruel hacha de un filo. El tercero era otro guerrero acorazado, cuyo yelmo dejaba ver su mandibula inferior, tupida de una espesa barba. En ambas sostenia cadenas, cinco en cada una, y de cada cual un monstruoso can permanecia tranquilo y despejado. El cuarto era un horrendo ser, cuyos brazos amorfos rezumaban un pus verdoso y axfisiante. Su cara, tapada en trapos humedecidos, parecia moverse con espamos irregulares, de los que pequeñas extremidades intentaban salir de su nariz, ojos y oidos. El quinto no tenia brazos, pero en su lugar una serie de cuchillas afiladas habian sido injertadas con demente brutalidad, y sus pasos torpes y lentos no parecian hacerle menos peligroso. Solo el último de los seis que aocmpañaban al guerrero de la guadaña no se mostraba, oculto en una túnica morada, repleta de dibujos de serpientes cosidos en hermosas e intrincadas siluetas. El segundo, el enorme humano de piel oscura, alzó su hacha sobre su cabeza, y de un tajo que Féliz y Skalik apenas pudieron seguir con la vista decapitó al mercenario que ante ellos se habia erguido segundos antes. Mientras, el mercenario enano caia entre epilecticas convulsiones, tras haberl inhalado el aroma del cuarto guerrero. Féliz marchó a correr entre gritos, temeroso de tales enemigos, pero los mastines del barbudo hereje le apresaron en la huida como habian hecho con el anterior guardia de Grenzstad.

Skalik se encontraba paralizado por el miedo de aquellos seres de inframundo, lo que fue aprovechado por el guerrero de la guadaña para acercarse a él.

Cabeza Inerte de Bukter Alptraum

-Deberias huir, amigo enano. No es que fueras a conseguir nada con ello, pues yo también lo intenté sin éxito. Pero al menos podrias sentirte dueño de tu destino durante unos segundos más.

Gottfried Harrikherr

-¡Venga ya! No le llenes al hombre la cabeza de tonterias, tiene las piernas tan cortas como tu antiguo copero...






El reo se introdujo en el callejón con paso decidido y espada en mano. El joven mercenario, que estaba terminando de orinar, se percató de su asaltante, pero antes de que pudiera hacer nada el filo del acero cayó sobre él... dejandole indemne. La espada de Karl rajó la camisa del muchacho, que se apartó de su asaltante desenvainando rápidamente su espada ancha. Karl no dejó tiempo para pensar, y volvió a golpear con un tajo horizontal que dió en la cabeza al muchacho, rajandole la frente pero sin llegar a penetrar en el craneo. Éste aprovechó para alzar su arma intentando espantar sin éxito al conciencudo ex-convicto, y golpeando de nuevo en el mellado escudo de Karl una y otra vez, hasta que Spenholf encontró un hueco para atacar con un tajo horizontal, que golpeo viento y ropa en lugar de en tripas y visceras. Tras el ataque fallio, Karl quedó desestabilizado, y el joven muchacho golpeó con su acero en la cabeza de Karl, que de no haber llevado la cofia habria perdido una oreja.

Ambos contendientes se separaron, y Karl quedó confuso. Aquello tenia que haber sido resuelto rápidamente, pero en su lugar ahora estaba luchando por su vida. Y lo que era peor, Sanros no parecia estar dandose cuenta de nada, muy ocupado en vigilar al comienzo del callejón. El joven guardia de Grenzstad tampoco gritó, y en su lugar se abalanzó como un loco para matar a Karl, con su instinto de supervivencia a flor de piel.

Las espadas chocaron una, dos y tres veces, y los rivales volvieron a separarse, ilesos, sudorosos y concentrados en la mortal danza. No habian preguntas, no habia dudas. Ambos volvieron a cargar, golpeando el cuerpo enemigo justo al mismo tiempo, pero despegandose rápidamente de nuevo para evitar ser atravesados, y tras comprobar que las armaduras habian protegido la piel, volvieron a concentrarse en amagar golpes y evitar quedar espuestos. Ninguno era un gran combatiente, pero no por ello cometieron muchos errores, y tras pocos segundos de descanso, cruzando las miradas, saltaron de nuevo una contra el otro.

El joven, esta vez más serio y optando por ataques diagonales, golpeó de abajo a arriba a Karl en el hombro, haciendole soltar un reguero de sangre en una rápida maniobra que el reo no pudo evitar. Aprovechando la abertura, Karl clavó su arma en el rival, hiriendole de gravedad, pero esto sirvió para que el joven tuviera el hombro del reo expuesto, con lo que hundió su espada a través de las mallas y la carne, y tras un rodillazo, quedó separado de Karl de nuevo. Ahora, pasado ya un minuto de pelea que habia parecido una hora, ambos enemigos sangraban por los profundos cortes, y la certeza de que solo uno sobreviviria tomó sustancia.

El mercenario volvió a adelantarse, pero acometió sin cuidado por su seguridad en una embestida buscando el estomago de Karl. Este fue el momento decisivo de la pelea, en la que Karl consiguió apartarse y destrozar la cara adelantada del joven de un tajo de revés de su espada, rajando toda la cara del guardia de Grenzstad quien aulló de dolor mientras sus ojos se cubrian de la sangre que emanaba de sus cejas abiertas. Aquello dió por fin la ventaja definitiva al reo, pues su rival comenzó a golpear salvajemente al aire en erráticos y repetidos golpes, que Karl no tardó en aprender a esquivar con facilidad desviando su escudo. A pesar de que necesitó varios intentos para librarse de la energia del rival, fue en un último golpe que atravesó el esófago del enemigo. Tras introducir su espada en la caja tóracica del rival, este soltó su espada y el aliento, y Karl consiguió empujarle hasta la pared del callejón donde quedó clavado entre la mugre. Al sacar la espada, las costillas se abrieron,y los pulmones del enemigo se encharcaron con el fluido de la victima, que comenzó a vomitar su sangre entre sus últimos estertores. Karl habia conseguido su primer asesinato a sangre fria, aunque le habia costado más de lo esperado. No habia oido la voz ni el nombre de su victima, pero tras sacar la espada de el cadaver, ensuciada de restos humanos, no tuvo tiempo de pensar en ello.

Sanros se econtraba junto a el, diciendole que tenian que largarse de alli. Al parecer, en una de las calles colindantes, un incendio se habia propagado y las gentes habian salido asustadas, gritando que varios monstruos estaban matando y quemando a todo el mundo a su paso. A lo lejos, Sanros y Karl vieron a lobos salvajes devorar a un hombre, y a varias figuras acorazadas acercarse a un enano. Las figuras, a unos noventa metros, no parecian haber reparado en ellos, por lo que los seguidores de la cazadora de brujas Lothar tuvieron tiempo para pensar que hacer. Si la guardia se estaba peleando entre si, aquello debia favorecerles a ellos ¿no?



Reinhard seguia hablando con Miller, recordando los tiempos pasados. Aquel dia habia hablado largo y tendido con Braagi acerca de su implante, y el enano le habia asegurado que, si le pagaba 40 coronas el se encargaria de todo. Al parecer, viendo el modelo que Russ tenia, si el ingeniero queria una protesis para su mano perdida necesitaria a un herrero y elaborar, en una mano postiza, un orificio donde la pistola iria encajada. Para ello deberia destrozar una de sus pistolas, y Braagi habia estimado el tiempo de trabajo de taller en unas 20 horas, tras perforar, soldar y enfriar el hierro. El modelo que Russ habia dibujado era una mano de metal de cinco dedos, con los que poder esgrimir de nuevo un arma del tamaño de su antiguo pico de mineria, no sin cierta dificultad, pero que tambien pudiera ser encajada en un escudo. Tal mano podria abrirse, dejando ver un pequeño cañon de pistola, que solo podria alojar una bala y polvora para un disparo. Seria un proceso largo y dificil, pero factible por fin.

Sin embargo, el tiempo para ello quedaba lejos, pues Miller estaba ahi, cinco años después enfrente suya como una vez hiciera en Monheim. Y al parecer, el stirlandés tenia, como otrora, un trabajo para el redentor de Monheim. Lo dificil seria discernir el resultado de tal tarea, y si Russ acpetaria a ayudar a quien años atrás le dejara enfrentarse sin ayuda a la muerte que los condenados y deshechos sociales de la nación habian regalado sobre las gentes de su aldea.




FDI: Skalik, fallas una tirada de Voluntad con un 82, por el miedo que la silueta de la armadura negra desprende, repleta de huesos y partes corporales humanas. En el siguiente turno sacas un 46, y consigues reaccionar. Puedes intentar razonar con él, huir o combatir, pero cada acción tendrá una consecuencia drástica, asi que piensalo bien. La cabeza inerte emite voz desde la armadura, lo que te indica que el ser de la guadaña, además de estar completamente trastornado es un buen ventrilocuo.

Karl, sacas un 57 en tu primer ataque, pero con los bonos de carga y de enemigo desprevenido, aciertas sacando un 5 en el daño. En el siguiente turno, ganas iniciativa, y con un 10 en ataque y un 1 en daño, inflinges dos heridas. El enemigo falla con 66, y tu vuelves a ganar la iniciativa, aunque en ambos fallais vuestros ataques, parando tu el golpe del rival. En el tercer turno, el enemigo acierta con un 41 y fallas parada con 93, recibiendo dos heridas en la cabeza, a lo que contraatacas con un fallo de 58.

El combate no mejora en el cuarto, donde ambos fallais vuestros ataques, pero en el quinto, aunque aciertas con 27, sacas uno en el daño sin hacer nada, y el enemigo falla con 96. Ya en el sexto turno (pelea de mancos :P) el rival saca un 13 que fallas en parar con 83, y te hace ni mas ni menos que siete de daño, sin resultado por tu armadura, a lo que tu respondes con un 33, haciendo cinco de daño.

En el septimo turno, decidis dejar de golpearos mutuamente con el mango de vuestras espadas y las empuñais del lado correcto, atacando con la parte afilada. El enemigo saca un 27 que fallas al parar con un 91, y recibes tres heridas más, acumulando cinco, Tu sacas otro 33, pero esta vez el daño total llega a 10, dejando al enemigo a cinco heridas del colapso. En el octavo turno recibes 16 de daño tras fallar una parada de un ataque de 02, y pierdes ocho heridas más, quedandote a una. Contraatacas con un inofensivo 90.

Noveno turno de lo que debia haber terminado en dos, en el que el mercenario falla con un 66 y Karl, por fin, saca una tirada digna (01), haciendo un total de 11 de daño en la cabeza rival, dejando al otro con un critico de 3 en el craneo, que le da un -10 e inclina el eterno combate a favor de Karl. En el décimo turno Karl falla con un 92 y el enemigo acierta con un 32, que Karl no para con un 75. Tras sufrir 6 inutiles puntos de daño, la pelea sigue. Ahora el enemigo falla con un 45 por su herida en la cara, y Karl no sufre daño, aprovechando para lanzar un 15, sacar 10 en daño, sacar 43, otro dos de daño y hacer un critico con el que acabar el combate, haciendo un total de 12+3+3=18 de daño, terminando el combate el turno numero once en el combate más igualado narrado hasta la fecha en igarol(a pesar de que el rival no tenia escudo e iba armado solo con cuero).

Después del combate, Karl ve la escena de las siluetas, teniendo la opcion de entrar en la pelea, correr aprovechando que no le ven, o hacer cualquier otra cosa que se le ocurra. Se abre para ti la opción profesional de sicario.

En cuanto a Russ y a Miller, os dejo un rato más para charlar que parece importante. Cuando tengais claro que hacer, comentadmelo y sigo con vuestra parte.

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Van Hoffman
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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Van Hoffman » 30 Nov 2010, 11:17

Franz Miller

El stirlandés escuchó atentamente todo cuanto Russ le contaba. El minero le explicó sus peripecias tras su breve encuentro en Monheim. Le contó cómo había sobrevivido a la batalla contra los mutantes, a su esclavitud y al viaje por el subsuelo. Le contó sus peripecias con el capitán Augoste Getter, que había resultado ser un hereje. Le contó su aventura con su viejo conocido Messner para cazar a Oliver Saford, que también había resultado ser hereje. Y todo bajo protección del hombre que había iniciado la aventura de Miller en Averheim; Ivein Hopked. Aquel extraño sacerdote parecía estar detrás de todos los importantes asuntos de la provincia.

- Getter y Saford herejes... -Miller no acababa de asimilarlo- Y pensar que estuve a punto de hacer un horrible trabajo para Saford y los Bacher... Gracias a Sigmar que no lo hice.

- El capitán Halvult, esta a ordenes de los Von Grünwald? dime... es eso cierto?

- Si, el capitán Minder Halvut es uno de los mejores oficiales de Mathias von Grünwald, a quien tuve la oportunidad de conocer en persona, y quien me obsequió con esta maravillosa arma -Miller no pudo evitar presumir de conocer a alguien tan importante.

- Ahora mismo, Grenzstad es un hervidero de herejes sectarios. Gottfried, Butker, Jaff... y tal vez Vlados. Sectarios igual que lo eran Saford y Getter... Mi divino cometido aquí es acabar con todos ellos... Mi cometido por parte de los Alptraum, es avisar a vuestro contingente de la situación actual de la provincia, y esperar apoyo alguno en la erradicación del mal corrupto de toda Averland.

- ¿Bukter Alptraum y Vlados Foiter herejes? Santo Sigmar, son una plaga... Cuentame todo cuanto sepas de la provincia y de la guerra. Halvut no tardará en llegar, y seguro que agradecerá la información. De todos modos, minero, no puedo ayudarte en tu cometido hasta que el capitán llegue y tomemos la ciudad. Ahora, lo que debemos hacer es lo que llevan haciendo mis hombres todo el día: causar disturbios.
Van Hoffman, pastor de garrapatos por gloria y gracia de Igarol

Nuevos cometidos:
Sacar a pasear al garrapato, limpiar caca de garrapato, cepillar al garrapato, limpiarle las muelas por dentro al garrapato...

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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Oeris » 30 Nov 2010, 20:37

Skalik Gimnirson

El khazalid, aunque ya mayor y concienciado mentalmente para enfrentarse a cualquier cosa, le parecia casi imposible lanzarse sobre los extraños seres que habia allí, al lado del fuego casi extinto por completo. Vió como su compañero intentaba huir, pero los perros del hombre barbudo se lanzaron contra él. Intentó lanzarse rápidamente a por los canes y su plan fracasó debido a que el hombrea rmado con la guadaña, si es que era una persona, se acercó a él y empezó a hablar como si fuera la cabeza que llevaba colgada en su armadura.

Skalik le miró de arriba a abajo y agitó la cabeza intentando despertarse del sueño en el que estaba. Al ver que no estaba soñando, vió en aquel ser la oportunidad de una muerte digna y necesitaba alguien que lo viera.

En un momento estoy contigo, -dijo el enano con una sonrisa de loco digna de su contrincante- vete preparando tu arma...

Skalik miró a su compañero Félix y se lanzó a gran velocidad contra los perros que le estaban intentando comer.

FDI: Cargo contra los perros que están matando a Félix intentando espantarles. Si no consigo espantarlos, les golpeo. Cuando termine con ellos, volveré a por el de la guadaña gastanto todos los Puntos de Suerte posibles para vencerle.
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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Eldril » 30 Nov 2010, 23:52

Reinhard Russ

La conversación se estaba alargando un tanto, y el ingeniero tenía que visitar a Lothar, con tal de comentar los avances de hoy día.

Le servirá de información saber que ya estoy colaborando con la iglesia de Sigmar... –pensaba Reinhard hasta que Miller le sacó de sus cavilaciones.

-Si... si... sectarios corrompidos por el poder de los dioses oscuros...igual que lo fueron Getter y Saford.-El ingeniero se sumergió en los recuerdos con tal de vislumbrar el mensaje que debía darles a los Von Grünwald- Dile al capitán Havult, que Averheim ha caído... ha caído en manos de los revolucionarios, y que la nueva sede del Gobierno Alptraum estará en la fortificada Heideick. Para poder así recuperar poco a poco el control sobre la provincia. Por otra parte, el sectario Butker Alptraum, ha traicionado a su hermano, y se ha declarado líder del consejo provincial, situando su capital, aquí en Grenzstad, así que ahora hay otro bando en lucha por el poder de la provincia- El redentor de Monheim, no tenía más noticias a nivel provincial, así que ahora se dispuso a detallar la información recopilada en Grenzstad.- Aquí en Grenzstad, la cosa no anda mucho peor... Gottfried Harrikher, el líder de la secta que destrozó y corrompió el legitimo gobierno de los Alptraum, está ahora tanto en manos del Consejo Provincial, como de la ciudad entera... así que hay que actuar de inmediato.

Reinhard aun dudaba de si explicarle o no a Miller, el secreto contingente que se albergaba en las entrañas de Sigmar.

Sólo hay un camino para lograr la salvación... y será mejor recorrerlo lo mejor acompañado posible...

-Miller... –Pronunció el ingeniero cuando este pretendía marcharse- no todas las noticias son malas... –Reinhard miró con gesto algo menos tenso y continuó- estoy trabajando conjuntamente con la Iglesia de Sigmar... con un cazador de Brujas, que está completamente enterado de lo que sucede aquí, ahora mismo me dirigía a informarle de la situación, pero vosotros me interrumpisteis –puntualizando el hecho, que a pesar suyo, no le había gustado lo mas mínimo.- Yo continuaré trabajando con ellos, a la vez que os ayudaré a vosotros. Seré el nexo de unión... y seguro que si somos capaces de trazar un plan conjunto entre las dos caras de la misma justica, con tal de conquistar Grenzstad, la victoria no escapará de nuestras manos.- Reinhard empezaba a clarificar cual serian sus claros aliados en el momento final. Ivein tenía razón, él solo no podría hacerlo... pero ahora contaba con un ejército a las puertas de la ciudad, y una devoción sin límites en su interior.

Reinhard se levantó de su asiento, cogió sus pertenencias, y antes de marchar hacia la Iglesia de Sigmar, se encaró de nuevo con Miller, poniéndole una mano de confianza en el hombro.

-Nosotros... nosotros Miller, somos las herramientas cambio que la provincia ha estado esperando durante estos cinco años...-apretó algo más la mano al ponerle mayor sentimiento a sus palabras.-así que ten por seguro, que no les vamos a defraudar.

Y ingeniero y perro, se dirigieron hasta las dependencias de Luthor, con tal de poder informar de los nuevos descubrimientos.
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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Nimref » 01 Dic 2010, 00:23

Karl van Spenholf

El reo retrocedió medio a trompicones al tiempo que desenterraba la espada de las entrañas de su rival. No estaba seguro de si sería así siempre, pero cada vez que conseguía abatir a un rival, sus entrañas acababan esparcidas por el suelo. Pateó un poco el cadáver mientras le escupía: le había costado algo más de lo que pensaba.

De pronto, Sanros estaba junto a él. Con toda la arrogancia que pudo, envainó la espada e hizo sonar sus nudillos. Mientras escuchaba el mensaje de Sanros.

¿Guardias peleándose…? Algo no encaja…

Entonces, Karl comprendió que era lo que no encajaba. Era posible que algún mercenario tuviera varios perros y estos, en plena euforia y presos del hambre, hubieran atacado a otro… ¿pero que un grupo de hombres acorazados se paseara por entre las llamas a “interrogar” uno por uno a los transeúntes?

Cómo por una chispa de inspiración, Karl se quedó pensativo unos instantes: que visión tan apocalíptica. Meneó la cabeza para desechar esa idea… pobre mercenarios… y pensar que tarde o temprano tendría que matarles. Alzó el dedo hacia el barbado guerrero acorazado al tiempo que daba con el codo en el hombro de Sanros.

¡Eh! De ese me encargo yo también… pero otro día, ¿vale? –comentó, antes de girarse en dirección contraria- Vamos a avisar a Lothar, mi sentido “de presidio” me dice que algo no va bien… ¿por qué coño alguien más además de nosotros quema casas?

Negando con la cabeza como si se acabara de dar cuenta de que los habitantes de Genzstad estaban completamente locos, avanzó por las calles buscando a Lothar. No obstante, intentó olvidar, con todas sus fuerzas, el hecho más dramático que había vislumbrado en esa caótica escena: algo en la cabeza del barbudo… algo… no, definitivamente no era una cabeza.
You can take my mind and body, but you can´t take my pride

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