Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Saratai » 26 Oct 2010, 18:13

24 de Destilario (Brauzeit) de 2527. Dorfbach.

El mendigo tardó en contestar al muchacho, que comenzó a inquietarse con la falta de actividad verbal de su mensajero. Nervioso, comenzó a exaltarse:

El Ralphi

-¿Me quié contesta, Dorotí? ¿Qui pasa contio? Oye, no me tomes er pelo, tullio de mielda... ¿Si? ¿Con que esa tenemoh no?


El muchacho agarró un palo de la calle, y se dispuso a sacarle a golpes la información de lo que habia pasado la noche anterior, pues en ella se jugaba mucho. Para su sorpresa, su brazo no reaccionó a la orden de su cerebro, pues en lugar de aire a este lo rodeaba una cuerda enrollada. A su espalda, tres siluetas se asomaban. Una de ellas, más adelantada, portaba un látigo en la mano derecha, y del arma salia la cuerda que apresaba al muchacho. Este quedó boquiabierto, al reconocer en el tipo del látigo dos colmillos inferiores que sobresalian de su mandibula, y casi llegaban a la altura de su nariz. Los otros dos no eran más normales, pues otro sacaba una lengua bifida con rapidez, y el tercero tenia la dermis recubierta de ojos pequeños y malignos. Un hilillo de orina recorrió los calzones de el Ralphi, mientras sus ojos se humedecian en lagrimas. Después comenzó el tormento del muchacho.

La banda de Hartrer habia llegado a Dorfbach.




26 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Dorfbach.


Los cascos del redentor macharon y batieron el suelo arenoso de Dorfbach, mientras buscaba a algun lugareño con el que hablar. Sin embargo, no tuvo suerte en su busqueda, y tardó más de lo previsto, hasta que por fin encontró una posada entre las despobladas calles de la aldea, una taberna pequeña y mal oliente, llamada ''Paso del Minero''. Alli dentro solo se encontraban tres mineros, el posadero, un mendigo tullido y un granjero sediento, en grave estado de embriaguez. Russ preguntó por los comercios del metal, pero todos los mineros estuvieron deacuerdo en lo mismo.

Minero de Dorfbach Ulein

-Lo siento, señor. No hay tal comercio en Dorfbach. Aqui solo sacamos lo poco que podemos de las excavaciones del Oeste, y las vendemos a los mercaderes que van a Grenzstad. Si quieres encontrar donde se encuentra de verdad la zona de comercio de minerales y metales, ve a la enaneria de alli. En la ciudad no solo encontraras lo que buscas, sino que estarás más a salvo de bandidos y bandas.


El redentor de Monheim se percató en que si aquel minero hablaba de bandidos, bien seguro que los habria. Fue encontes cuando entró en la taberna Karl, interrumpiendo la conversacion. El ingeniero no pudo creer que aquel ex-convicto le hubiera seguido hasta alli, más pronto creyó evidente que el revolucionario habria entrado en la taberna por los mismos motivos que el, por no encontrar a nadie entre las calles.

El pobre Dorotik no estaba acostumbrado a los forasteros en el pueblo de Dorfbach. Bastante habia tenido con los incidentes de la Banda de Hartrer, que ahora se dedicaban a erradicar a cualquier miembro de los mil navajas que encontraran, y que habian hecho del mendigo sin piernas su mensajero personal. No habia sido un mal cambio, pero el mendigo aun tenia un regusto amargo por lo que habia supuesto aquella colaboración para El Ralphi. Los mutantes de Hartrer le habian torturado hasta sacarle la información de todos los colaboradores de los mil navajas, y desde aquel dia no pasaba uno en el que algun hombre de Dorfbach que hubiera financiado a los mafiosos no apareciera muerto por los caminos del Fuego Negro. Hasta se rumoreaba que un sacerdote habia mandado un mensaje a la capital para que se enviara a algun investigador que solucionara los asesinatos. Cuanto podria haberse ahorrado el padre si Dorotik hubiera querido hablar.

Karl en cambio no se percató de la presencia de Russ hasta que hubo hablado con el posadero, quien le ofrecio una mesa, una comida caliente y un lugar comodo en la posada. El moreno ex-convicto ya habia dejado al fatigado Blancacrín en los establos, y el mozo de cuadras le habia asegurado de que no conseguiria hacer mover al caballo en al menos tres dias. Ciertamente, el estado del corcel era lamentable, y necesitaria alimento y reposo tras las heridas sufridas. En parte, Karl se encontraba igual. Una vez atendido, el posadero, un hombre de mediana edad, reconvertido a sirviente, le indicó cual era el camino a Grenzstad. Al ver el plato caliente que Karl iba a comer (y pagar con su dinero además), las tripas del herido Russ sonaron con fuerza, y recordó cuan cansados y hambrientos se encontraban también su corcel Brión y el perro de presa, que aguardaban fuera. Dorotik en cambio no tuvo mucho esfuerzo en recordar el hambre, siempre presente, y vió en el forastero una oportunidad perfecta de ejercer su oficio y llevarse algo a la boca.

Fuera en la calle arreciaba la lluvia, y el cielo iba oscureciendo. Nadie en la taberna soltó palabra alguna acerca de los asesinatos que habian acontecido en los ultimos dos dias, ni mucho menos de los mutantes que habian sido vistos. Si algún cazador de brujas les oia, tal vez decidiera quemar la aldea entera, y ellos no estaban por la labor. Mientras tanto, Karl y Russ se miraron, reconociendose en el acto, y dejando a su propia elección saludarse o pasar el uno del otro, mientras Dorotik quedaba atento al plato de comida del ex-convicto. Al tiempo, el granjero borracho se iba tambaleando, y los tres mineros comenzaron a jugar una partida de cartas, con el tabernero limpiando las jarras de fondo, y la madera del techo dejando caer sucias y enormes goteras, pobladas por eventuales cucarachas. Dorfbach no era bonito, y no tenia pinta de empezar a serlo para los tres aventureros.


FDI: Karl, gastas un chelin para la comida y cuidado del caballo, asi como para tu comida. Has visto a Russ, pero no sabes que esta haciendo alli. Por el contrario, te sientes mejor y más alimentado, y aunque las heridas siguendo doliendo, puedes disfrutar de la compañia tanto de los mineros como del borracho, asi como del resto de habitantes del ''Paso del Minero''.

Dorotik, te comento por privado lo que han pasado estos dias. Te aviso tambien de que vayas posteando, o si no el pj tardara más en ganar experiencia.Tambien recuerdo que si se está mucho tiempo sin postear, el destino se olvida del personaje y se pueden llegar a perder PD. Ahora te encuentras en la posada, y es cosa tuya hablarle a los recien llegados o no.

Russ, Karl te interrumpe en tu conversación con uno de los mineros que esta jugando a las cartas, pero sea como sea es evidente que no encontraras a la familia de Durak aqui. Además, tienes algo de hambre, y forzar a los animales hasta ir a Grenzstad puede suponer el riesgo de perderlos o enfermarlos, más con la lluvia presente. Tu eliges entre hablar con Dorotik, Karl, los mineros, posadero o con el borracho. Tambien diras si quieres descansar, comer algo o partir pronto hacia tu destino.

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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Eldril » 27 Oct 2010, 12:59

Reinhard Russ

El ex minero entró en Dorfbach con la esperanza de encontrar a alguien que le pudiese orientar en mayor en menor medida sobre el paradero de la familia Kurgsson, pero después de cabalgar un rato por sus arenosas calles sin ver alma alguna, Reinhard comenzó a sospechar sobre la situación actual del pueblo a las afueras de Grenzstad.

Éste, parece un pueblo fantasma... nadie hay por las calles... y la precariedad de algunos edificios demuestra cierto abandono.

El redentor de Monheim relajó el trote de Brión, y se dispuso a otear mejor la población.

Ahí... ahí parece que hay una taberna.

Nada más llegar a la altura del “Paso del minero”, cedió su montura al mozo de cuadras para que la depositara en el establo. Y entro, justo en el instante que un trueno amenazaba con llover.

Ahí solo se encontraban tres mineros, un granjero, un mendigo y el tabernero, que a veces hacia de sirviente. Reinhard dedicó una mirada a cada persona que se encontraba en la taberna, y al parecer, nadie mostraba el más mínimo rasgo de alegría. Algo ocurría en aquel pueblo, y seguro, algo que no era nada bueno.

El armado ingeniero se dirigió al tabernero y pidió una pinta de cerveza, a la vez que se disponía a preguntar a los mineros por la familia Kurgsson.

Estaba anocheciendo, y la lluvia empezó a caer. Así que después del largo viaje que había tenido hasta Dorfbach, Reinhard decidió estarse en aquella posada esa noche, levantándose antes de las primeras luces, con tal de partir raudo hacia el destino de su historia.

-Buenas noches, señores! Veo que se dedican a la minería, no es cierto?- Reinhard recordó sus manos marcadas por los cayos, y las ropas sucias de polvo que él llevo hacia ya tanto tiempo –He venido a Dorfbach, en busca de la familia de un amigo. Conocéis la familia Kurgsson?

El ingeniero esperó respuesta, y de repente, y entre los sonoros truenos de la tormenta que acontecía fuera, la puerta se abrió. Y ante el asombro del minero, de nuevo el revolucionario volvió a aparecer. Sin él percatarse de la presencia del ingeniero.

Reinhard oyó la respuesta de los mineros, y acto seguido se dirigió al tabernero para pedir otra ración y que se lo sirviera en la mesa del ex convicto. A la vez que mientras esperaba el plato para ir a sentarse a la mesa junto al que Sigmar había establecido sin opción a dudas como su acompañante en la ardua misión de acabar con Harrikher.

Ya está... eso es lo que querias, no? te dije que si me volvía a encontrar con él haría caso a tus señas. Si.. si.. tienes razón... los herejes no distinguiran entre el bando Alptraum y el revolucionario cuando empiezen a mermar nuestro pueblo.

La dura decisión moral se habia resuelto con la aparición del revolucionario. Haciendole entender a Reinhard que esa era la verdadera voluntad de Sigmar, y que cuando se lucha contra los seguidores de dioses oscuros, se hace más allá del bien y del mal.

Reinhard se fijó en el tullido mendigo. Le faltaban ambas piernas, y en su triste rostro se vio a él mismo, hacía cinco años cuando el médico de Colmfahre le amputó una mano y los dedos de la otra con tal de disimular su mutación. Recordó también la dureza recibida por todos a quien se encontró de vuelta a su casa, con la maldición en sus extremidades. Los ancianos de Tannfeld, Mannricht el patrullero... y su corazón le recordó cuan reconfortante hubiera sido para él, en aquellos momentos, una tranquila cena caliente, con una buena compañía.

El ex minero sentía mucha curiosidad por la situación actual del pueblo, así que sin titubear, decidió preguntar al tullido mendigo, ofreciéndole, a su vez, un plato de comida caliente y un asiento junto al revolucionario y él.

-Que le pasa a este pueblo que uno no encuentra alma alguna por sus calles?- Comentó el joven ingeniero con tal de romper el silencio de un lugar tan muerto. Esperó la respuesta del mendigo, a la vez que trató de dibujar una lastimosa sonrisa de compasión frente al duro pasado que ese hombre carreteaba.

-Muchacho- le dijo Reinhard al revolucionario- Sigmar te quiere a mi lado, y así será, te parece bien? Mis disculpas si he sido grosero en el camino... pero la verdad, creía que Sigmar nos estaba poniendo a prueba – el ingeniero tomó asiento en la misma mesa que el revolucionario, y se presentó. –Soy Reinhard, y él es... –acto seguido el tabernero trajo el tercer plato a la mesa, y el tullido mendigo se acercó con tal de responder a las preguntas del redentor de Monheim.

FDI: pregunto a los mineros por los Kurgsson. Luego intento hablar con dorotik sobre el pueblo en si.. y sino le saco nada pues preguntare a los demás... incluso hasta el borracho. No iré a dormir muy tarde, ya que justo con las primeras luces, quiero partir hacia Grenzstad, dependiendo claro esta de las respuesta de Karl y Dorotik
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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Nimref » 28 Oct 2010, 19:11

Karl van Spenholf

Cuando el posadero llevó un segundo plato de comida a la mesa del reo, éste no pudo sino sonreír de oreja a oreja pensando en la buena suerte que tenía y en lo amable del, ahora, sirviente. Pronto, para su descontento, vio como se acercaba el minero mancoo, y, de hecho, la persona con la que más veces se había cruzado Karl en los últimos días. No solo eso, sino que convidó a la mesa a un mendigo, que andaba pululando por la posada. No era que a al exconvicto le molestase la presencia del pordiosero (a buen seguro él había olido peor durante los últimos 6 años), sino que la osadía del redentor de Monheim, le ponía de los nervios. Para colmo, volvió con sus fanatismos, acerca de que era el mismo Sigmar el que había tratado de reunirlos.

El expresidiario se pasó los dedos pulgar e índice por la barba, sin afeitar, cerró los ojos y bajó la cabeza. Instantes más tarde, la levantó de nuevo mirando al fiel siervo de Sigmar.

Devoto, tengo asuntos que realizar… –comenzó el reo- No obstante, si me ayudas a terminarlos rápido y con éxito, te ayudaré en tu empeño, sea cual sea… –guardó silencio, sopesando la reacción de Reinhard ante su respuesta, después, miró a Dorotik.

Al ver al lastimero mendigo, echó un vistazo al resto de la sala: los mineros, cansados del trabajo; el borracho, que posiblemente viera la bebida como única salida; el posadero, que tenía que ser sirviente de quién llegara para intentar ganar unos cuartos de más… y, por último, el mendigo, cuya miserable vida estaba plagada de golpes (literales y figurados). O, al menos, Karl pensaba que todo eso era así.

Como oigan lo de Merfeld… podrían ser los siguientes…

El reo acercó su cara a la de Reinhard al tiempo que le hacía un gesto para que se acercara. Cuando estaban lo suficientemente cerca, le susurró unas palabras para que nadie más pudiera oírlas, al tiempo que sacaba, de nuevo, la carta que se había convertido en su tarea.

Devoto… mi misión consistía en encontrar al cazador de brujas que dirige el tribunal inquisitorial en Merfeld –dijo, al tiempo que le mostraba la carta con un rápido movimiento- . No obstante, un ataque mutante en mitad de la noche, a mi llegada, hace 3 días, o 2… he perdido la cuenta, hizo que huyera de allí… hasta llegar aquí, hace unas horas, cuando nos encontramos…

El exconvicto probó bocado de su comida, y bebió un sorbo de agua antes de continuar con la historia. Estaba nervioso y tenía que calmar su nerviosismo con algo y, si antes de beber agua para ello, comía algo para disimular, nadie se daría cuenta. Además, tenía hambre. Clavó su mirada en la de herr Russ y se volvió a acercar, pero esta vez, más que antes, incluso, mientras con la mano izquierda le agarraba del hombro fuertemente a éste, acercándolo, a su vez.

Herr… creyente… posiblemente el cazador de brujas esté muerto, pero soy consciente de que Sigmar nos otorga oportunidades para limpiar la tierra de esas horrendas criaturas –dijo, recordando el enfrentamiento con los carroburgueses en la casa de la rosa- , y, si tú tienes algún modo de que mi alma pueda estar en paz por no haber hecho frente a esa amenazada inminente enviada desde el mismísimo caos… te lo agradecería sobremanera…

Dicho esto, comió durante unos segundos para que el Devoto pudiera recapacitar sobre las palabras que Karl le había dicho. Cuando hubieron pasado unos cuantos segundos, alzó la mirada del plato y dijo, esta vez en voz alta.

¿Y bien? ¿Qué haremos? –miró al mendigo y prosiguió- ¿Qué le acontece a esta tierra que ningún mal merece?

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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Eldril » 31 Oct 2010, 19:54

Reinhard Russ

La estancia en la taberna sucedía lentamente como si el tiempo lo marcase la caída de las diversas gotas del maltrecho tejado. Y ahí, en aquella mesa abandonada de la mano de dios, tres curiosos hombres hacían tiempo antes de ir a acostarse.

El tabernero continuaba limpiando jarras, mientras que los mineros jugaban a cartas, y el borracho granjero perdía la conciencia encima de la barra de aquel antro de mala muerte. Aquel era un pueblo muerto, y tanto Reinhard como Karl querían saber el porque.

-Nos dirigiremos a Grenzstad, pues, y una vez allí, des de la capilla, tu tratarás de desvelar cuál ha de ser tu siguiente paso.-el ingeniero no habló con tapujos delante de nadie, pues el camino de Sigmar, era el camino a seguir.

-Aún que vayamos a trabajar juntos, no me enorgullezco de cooperar con un revolucionario. Pues le habeis hecho pagar al pueblo llano, años de corrupción por parte de quienes ahora perseguimos.

Reinhard iba mirando de vez en cuando al tullido mendigo, que ansioso comía del humeante plato. Aquel hombre, por ahora no había comentado nada, y eso ponía al elegido de Sigmar en alerta. Notaba el ambiente cargado, y sin razón alguna, estuvo más alerta de lo que hubiese debido.

-Sigmar nos presenta las pruebas, compañero... y somos nosotros quien debemos demostrarle que estamos a la altura de complacerle- dijo Reinhard mientras golpeaba amistosamente el hombre del reo. –somos nosotros...

La velada continuó, y Reinhard explicó a Karl que él quería partir la mañana siguiente hacia Grenzstad. Tal vez se deberían volver a separar, pues allí, el ingeniero tenía asuntos que atender. Pero aún asi, podrían tener la capilla de Sigmar como nexo para encontrarse.
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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Saratai » 02 Nov 2010, 23:27

30 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Campos de Dorfbach.

¿Quien demonios era aquel stirlandés? ¿Como habia acabado en aquel lugar? El capitán Minder no podia creerlo, no estaba acostumbrado a tratar con hombres asi. Pero no le dolia reconocer que la idea era buena, por lo que decidió adoptarla, sin quitarle mérito al cazador de monstruos. Era la segunda vez que le aconsejaba bien, y en honor a la verdad, Minder habia comenzado a confiar en aquel hombre.

Capitán Minder Halvut

-No creo que vaya a haber problemas, Miller, pero si los hubiera, reconozco que nos seria de utilidad tener hombres entre los refugiados, ocultos, por si la respuesta del castellano fuera negativa. Enviare en los carros a diez hombres, y en caso de que en un par de dias no haya una respuesta positiva, habreis de reuniros con ellos. Nosotros, una vez hayamos reclutado más voluntarios, estaremos en las puertas de la ciudad la siguiente luna llena, el primer dia de gelidario. Si para entonces, Gauss, que será el encargado de dar el mensaje, no ha obtenido una respuesta favorable, poneros en marcha y causad disturbios, asi como cualquier medida que considereis adecuada. No puedo prescindir de nadie más, y herr Gauss es de los pocos hombres que saben leer y escribir en mi pelotón.

El capitán mandó llamar a diez soldados. Aquella era una decisión arriesgada, pero si aquel stirlandés estaba preparado para darlo el todo por el todo, Minder no seria una excepción. El viejo capitán no habia previsto un acontecer violento en la toma de la ciudad, pero si este llegaba, en esta ocasión no lo evitaria. Si aquel stirlandés era tan capaz como parecia, y aquellos reclutas eran tan aguerridos como decian, entonces tal vez podria arriesgarse.

-Miller-
continuó el capitán -te nombro sargento en funciones de los infiltrados que vais a entrar en la ciudad. En total sereis quince, vosotros cinco- refiriendose a Skalik, Lieb, Gauss, Randall y el propio Miller -más estos diez hombres, militares de confianza- explicó mientras los diez soldados que habian sido llamados se presentaban ante Minder Halvut y Franz Miller, al tiempo que iban cambiando sus uniformes por ropas comunes. -Estos irán sin uniforme, pero los podreis reconocer por bandas azules en el brazo derecho si os encontrais en problemas. Stirlandés, Lord Grünwald tenia mucha confianza en ti. Solo espero que estuviera en lo cierto. Que Sigmar sea contigo y con todos vosotros.

Las palabras del stirlandes habian ofrecido a Minder un colchón sobre el que confiar. Si estaba dispuesto a asumir tal riesgo (pues la idea inicial de Minder habia sido que en caso de negativa, abortar la misión y mantener un cerco sobre Grenzstad impidiendo el paso a su tren de suministros) que asi fuera. Si el stirlandés tenia éxito en su operación, seria laureado y bien recompensado por el bando Alptraum. Si fracasaba, solo seria un extranjero más defenestrado en la contienda.

Los soldados se colocaron en las carretas, exigiendo a los refugiados de Merfeld su colaboración. Con suerte no tendrian tiempo de extender el rumor, y la misión iria en buen cauce. Más tarde se acordó que en caso de que la negociación fuera mal y los hijos de Grenzstad no aceptaran pagar tributos al Elector, Miller habria de organizar un ataque cauteloso a las puertas la noche del dia uno de Gelidario y abrirlas, momento en que Minder y sus hombres ya estarian preparados para atacarla desde el exterior. Todo aquello era arriesgado, pero merecia la pena correr el riesgo. Por último, antes de enviarles con las carretas de refugiados, se le entregó una misiva a Gauss para que actuara en nombre de Jobb Alptraum y de sus huestes, y se ultimaron los detalles del trabajo. Miller tendria que hablar con los soldados una vez dentro, acordar un punto de reunión, un canal de información, un lugar donde hospedarse, etc. No iba a ser un trabajo fácil, pero tal vez el cazador de monstruos diera la talla. Fue entonces cuando Skalik expuso su opinión, la cual no pasó desapercibida para el capitán.

-Escucha enano, es mejor evitar el combate y llevar a cabo la anexión de la ciudad pacificamente, sin sangre. Si esto te aburre, no te preocupes, pues no será asi mucho tiempo. Una vez recaudados los tributos y la firma de paz, nos dirigiremos a Merfeld y acabaremos con los seres que alli habitan. Alli podras serme útil, y encontrar rivales dignos de tu hacha, cientos de ellos, si los numeros de los refugiados no mienten.- Minder ya habia tratado con matadores en el pasado, y sabia como tratarlos. Los khazalids de Karak Kadrim habian sido un buen ejemplo para el capitán de lo que podia llegar a hacer un enano por sus creencias.

-Si no hay más dudas, dirigios de inmediato a la ciudad, pues necesitareis tiempo para estudiar sus guarniciones y calculad sus hombres. Que la luz del Elector os acompañe.


Una vez los hombres expresaron sus dudas, preguntas y ruegos, y que fueron repartidos los chelines a cada uno de los quince infiltrados que llevarian a cabo la primera exploración de la ciudad a anexar, las diligencias partieron. El cielo estaba nublado, pero el suelo estaba firme y con poco barro, por lo que las carretas no tuvieron mucho problema. El viaje fue tranquilo, y Miller tuvo tiempo de sobra de hacerse con los nombres de sus soldados (Ullimer, Toksied, Ahamien, Alande, Cacharros, Grett, Fiodor, Palem, Idiquer y Felix). Todos habian participado en batallas, y era Fiodor, un hombre moreno de treinta y pocos quien más años batallando tenia a sus espaldas. Ellos serian los encargados de que, si venian mal dadas con la reunión de Gauss, el ejercito tuviera las puertas abiertas para entrar y tomar control del gobierno urbano. Skalik en cambio tuvo una jornada de viaje más ligera, en la que pudo conversar con Griet Lieb y con Ullimer, uno de los soldados, cuyas historias de peleas y combates alegraron el violento y suicida corazón del matador. Acabara aquel trabajo como acabara, estaba claro que todos los hombres iban a ver cosas nuevas. Grenzstad tenia mucho por ofrecer.





Tres dias antes, 27 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Dorfbach.

La cama habia sido mejor de lo esperado, o al menos eso pensaban los dos viajeros. Reinhard Russ, el duro ingeniero, redentor de los corazones putridos y corruptos de herejes y malditos; y Karl Spenholf, huido de la justicia, pero leal a los dioses imperiales, cabalgaban juntos hacia Grenzstad tras haber pasado el dia anterior en el pueblo de Dorfbach. Sus caballos estaban cansados y en las últimas, por lo que el viaje hacia la ciudad seria largo y pesado. Aun asi, ambos pudieron apreciar la despoblación presente por la zona.

El dia de viaje transcurrió lento y pesado, pero ambos compañeros (forzados por las circustancias, a que negarlo) diferentes pero con un mismo fin, pudieron conversar e intercambiar ideas tanto trascendentales como ordinarias. Ambos eran como la noche y el dia, pues si Russ era un hombre de convicciones, la única convicción de Spenholf era vivir para ver el dia siguiente. Fue al caer la noche, que Russ y Karl encontraron el camino hacia la ciudad. Ya de lejos, entre las montañas escarpadas y el frio y gélido aire del invierno por llegar, pudieron divisar las luces de la gran urbe del Este. Grenzstad, maravillosa entre las montañas, y oscura como la noche, apareció ante ellos al entrar ambos en la madrugada del 28.


28 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Grenzstad.

Russ y Karl vieron la entrada de la ciudad entre muros negros y hogueras. No parecia haber demasiada guardia, pero en el ambiente se palpaba la tensión. Tras entrar en los limites de la urbe, pronto se percataron de que algo importante habia pasado alli. Las caras de la gente mostraban sorpresa, y no tardó una de las putas, tras intentar conseguir la atención de los dos viajeros, informarles de lo ocurrido en el lugar. La mujer era delgada pequeña, y contaba con un fuerte acento propio del este averlandés.

-¿Sois forasteros eh? Teneis pinta, vaya que si. Hoy el dia ha estado movidito, hacia tiempo que no me cansaba tanto. Casi ochenta soldados (¡imaginaos!) han entrado en la ciudad hoy, acompañando a un tal Butter o Bokter, que dice ser gobernante de la provincia... El señor de... ¿No habeis oido hablar de él? Bueno, el señor Vlados es el administrador de este antro de enanos. Si, están por todas partes, y son mas tacaños que un stirlandés, que os voy a decir chicos. En fin, son cinco peniques la monta. Cada uno- finalizó mientras agarraba la entrepierna de Karl, no sin cierto sobresalto por la baja paridad de sus testiculos. -Bueno, a ti tres, que lo necesitarás mas que tu amigo.

Entre las calles de la extraña urbe (pues ni Russ ni Karl habian estado nunca en aquel lugar) no habia mucha presencia de guardias, y todo parecia más bien tranquilo. Pero si la ramera estaba en lo cierto, aquellos soldados debian estar en alguna parte...




FDI: Miller, Skalik, ahora posteareis aqui. Skalik, puedes hablar y contestar al capitán, asi como relacionarte con el resto de compañeros y conocerles mejor. Miller, lo tuyo es más dificil. Has sido nombrado sargento, y no es un puesto al que estes acostumbrado, pues siempre has trabajado solo. Te toca organizar a los quince hombres, y aunque Fiodor te va a ayudar, tendrás que soportar el peso del trabajo más que nadie.

Russ, Karl, habeis llegado a Grenzstad. Ahora es cosa vuestra organizaros, responder a la puta, buscar información, etc... Vosotros teneis muchisimas opciones, desde preguntar que hay de ocio en la ciudad, ir directos a las iglesias a preguntar por el cazador de brujas que alli actua, intentar saber más acerca del lider... El limite es vuestra imaginación.

Para todos: Ya he actualizado vuestros monederos. Un saludo, y tened suerte en Grenzstad.

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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Van Hoffman » 03 Nov 2010, 18:00

Franz Miller

Por fortuna, Minder Halvut había tenido en cuenta los consejos paranoides de Franz Miller. El varonil capitán ordenó que diez de sus mejores hombres se infiltrasen en la ciudad como refugiados, y mandó que se identificasen por medio de unas bandas azules que llevarían en el brazo derecho. Miller tomó una para sí mismo, y pidió otras para el resto de su equipo. Luego, Halvut lo nombró sargento en funciones del equipo de infiltración, ascenso que dejó al stirlandés confuso y desorientado. ¿Él al mando? ¿Él, que había trabajado siempre solo, o acompañado de un fiel amigo? Sería la prueba más dura a la que el cazavampiros se habría enfrentado nunca.

Una vez el plan quedó claro, Miller y sus hombres se pusieron en marcha. Antes de llegar a Grenzstad, el stirlandés se obligó a darse a conocer a los diez soldados, para ganarse su confianza. Un tal Fiodor parecía ser el más veterano, y podía ser un buen segundo si era necesario. Así se lo expresó a él y al resto. Luego, comenzó a preparar más o menos un plan.

- Bien, la cosa va a ir más o menos así. Vosotros diez llevareis las bandas desde ya, y si preguntan, decís que sois un grupo de pescadores fluviales del Reik. Nosotros nos los pondremos solo si las negociaciones se tuercen. Lo primero que haremos al llegar a Grenzstad será buscar una posada o lugar para montarnos nuestra base. Tenemos que permanecer en todo momento distantes, no demos la impresión de trabajar juntos. Es más, Ullimer, Alande, Cacharros, Palem y Félix, vosotros no llevareis la banda hasta que Fiodor o yo os lo digamos. Te nombro líder del grupo, Ulli. Una vez tengamos un sitio para reunirnos, vosotros os dispersareis en dos grupos; el grupo de Fiodor con la banda, y el grupo de Ulli sin ella. Lieb, tu irás conmigo; Randall y Gauss, vosotros ireis a ver a Vlados Foiter y todo eso. Skalik, a ti te corresponde ir a hablar con la comunidad enana y conseguir su apoyo. Lieb y yo recorreremos la muralla, contaremos soldados e intentaremos conseguir apoyo de los más pobres. El grupo de Ulli vigilará la puerta principal de la ciudad, estudiará los cambios de guardia e identificará a sus oficiales. El grupo de Fiodor se encargará de investigar lo que se dice por la ciudad, rumores, noticias y demás, y también de reclutar gente para la causa. Nos veremos todas las noches en el punto de reunión, pero solo Fiodor, Ulli, Skalik, Gauss y yo. Será necesario que cada grupo se aloje en sitios distintos, con tal de no llamar la atención -las murallas de Grenzstad aparecieron en el horizonte en aquel momento, y Miller no pudo hacer menos que suspirar-. Bien, ya casi hemos llegado. Una vez dentro, Fiodor, Ulli y nosotros cinco buscaremos un lugar de reunión; el resto, dad una vuelta y consideraos ociosos hasta que os busquen -Miller estrechó la mano de todos y cada uno de sus hombres-. Suerte, y que Sigmar os proteja.
Van Hoffman, pastor de garrapatos por gloria y gracia de Igarol

Nuevos cometidos:
Sacar a pasear al garrapato, limpiar caca de garrapato, cepillar al garrapato, limpiarle las muelas por dentro al garrapato...

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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Eldril » 04 Nov 2010, 16:20

Reinhard Russ

El ingeniero durmió tranquilamente, como si todo la situación actual de la provincia entera apenas le afectase. Se durmió con una leve sonrisa dibujada en el rostro, una sonrisa que demostraba que ocurriese lo que ocurriese, él lo daría todo para lograr que la misión que Sigmar le había encomendado, tuviese un buen fin.

El elegido de Sigmar sabía que tal vez, esa era la última vez que viajaba por los caminos de Averland, la provincia, su provincia. Aquel trozo de tierra por el que tanta gente estaba dando tanto. Tantas vidas perecían en aquel mismo instante por los ideales que unos gobernantes pretendía imponer, que a Reinhard hasta le pareció estúpido la muerte de tan nobles corazones siguiendo directrices erróneas que marcaron esa última vez sus vidas, de manera catastrófica. La única tierra por la que merecía la pena morir, era la tierra que tu familia cultivaría, el pozo del que bebería, a mina de la que subsistiría, no las efímeras promesas de mejores tiempos por parte de un despótico líder, o la corrupción de un gobierno ahora desmoronado que trataba emendar sus errores.

Esos pensamientos alumbraban el recorrido hacia Grenzstad, mientras la compañía de Karl ni amenizaba ni enturbiaba el viaje. Fue entonces cuando Reinhard, como si de repente despertara, trató de entender al revolucionario, y el porqué de su lucha.

-Dime Karl,-el joven minero trató de salir de su imaginación- no logro entender el porqué te convertiste en revolucionario... –Reinhard esperó su respuesta, pero al darse cuenta de que no había formulado del todo bien la pregunta trato de corregirse- No, no... eso no... el porqué no es lo que pretendo que me expliques, perdón...- el elegido de Sigmar se cogió del mentón, hasta idear la pregunta adecuada-mmm... que pretenden lograr los revolucionarios con todo esto?

Reinhard pretendía hacerle entender que más lejos de uno o el otro bando, el verdadero problema de la provincia durante tanto años, había estado la corrupción que la serpiente había depositado en el corazón del gobierno regente. Y que ese mismo veneno, había vuelto a los averlandeses contra sus propios hermanos, había desmoronado una provincia entera, y ahora amenazaba con ocultarla a las sombras.

-Los culpables del mal de la provincia no era el gobierno Alptraum, Karl... Debes creerme.- Reinhard pretendía liberar a Karl de los vínculos de un bando. Igual que Sigmar había le había liberado a él de la servitud con el bando Alptraum. Aquello que se hacen por la vida de un pueblo, se hace más allá del bien y del mal. –Nuestra tarea va más allá del que acabe siendo el gobierno regente... nuestra tarea será evitar que los causantes del daño que sufre ahora toda Averland, vuelvan a envenenar los corazones de esta provincia. Nuestra misión es acabar de raíz, con la secta que ha mancillado esta tierra.

El camino hasta las puertas de Grenzstad transcurrió entre debates y discusiones. Así que muy a pesar de cansancio de las monturas, se hizo algo más llevadero de lo que en un principio parecía.

Tras las puertas de la inmensa Grenzstad, la sorpresa se dibujaba en los rostros de los pueblerinos, así que Reinhard no tardó mucho en percatarse de que algo había sucedido en aquel lugar, y la aparición de la prostituta con sus comentarios no pudo más que confirmarlo.

En aquella ciudad, Reinhard debería adoptar el papel de cazador. Así que trató de agudizar su instinto y utilizar su audacia con tal de percatarse de toda la información recibida des de los cinco sentidos. A la vez, que su ingenio le mostraba una útil manera, aun que no muy propia de lograr una fiable información.
Estaba en calara desventaja si quería obtener algo de información fiable, así que el único camino que su intelecto le mostró, aun no gustarle en nada, era una buena opción. Tragó saliva, y alzó la voz sin miedo.

-Que sea una buena monta, te parece?- le dijo a la pequeña mujer mientras le lanzaba un chelín de plata al vuelo, y le guiñaba un ojo. –pero que sea en la intimidad, eh!!?

El minero miró a Karl, bajo de lomos de Brión y se lo acercó al reo- mira tu por donde, se me ha girado algo de trabajo-le dijo mientras le picaba un ojo –si me quieres esperar aquí? Dudo que vaya a tardar mucho...

Esas palabras le costaron un imperio a Reinhard. Pues él no que deseaba tener nada con aquella mujer, simplemente la veía como una buena fuente de información.

Y poniendo el brazo alrededor del cuello de la muchacha, la acompañó hasta los aposentos. La chica, acostumbrada ya a su trabajo, nada más llegar, se sacó los ropajes y espero a que el fornido minero estuviera desnudo. Pero muy a sorpresa suyo, eso no ocurrió.

-No... no es que no quiera... –Reinhard tartamudeó algo, al verse en aquella embarazosa situación- no... no... tranquila- dijo Reinhard al ver como el rostro de la puta cambiaba drásticamente y se tapaba con lo que parecía la sabana del lecho.

-Necesito que me expliques algo de los soldados que esta mañana han llegado a Grenzstad... y he pensado que quien mejor que su compañera de cama para hacerlo, no? –Reinhard tragó saliva, y esperó que la respuesta de la prostituta le ayudara.

-Te daré otro chelín, te parece bien el trato?- el joven minero empezaba a sudar, pues aun habiéndole explicado los motivos, y aun ofreciéndole un chelín más, aquella muchacha sólo cambio el gesto de su rostro a peor. Pasó de sorpresa por la primera reacción del elegido de Sigmar, a asombro al explicarle los verdaderos motivos de su visita, hasta mostrar algo parecido como rareza hacia el joven muchacho, debido a que parecía haber entendido que con él no practicaría postura alguna.

- A tu compañero le falta algo entre las piernas, pero a ti, no estoy segura de si lo tienes todo allá arriba... –dijo la mujer, mostrándose algo más relajada- de verdad que no quieres probar ni pieza?... tu verás, eh?! Pero eso si, luego no me vengas a reclamar... ni se te ocurra!

Reinhard estaba conteniendo el aire... y después de escuchar la respuesta de la mujer, respiro tranquilo, y empezó a preguntar.

-Jamás haría algo asi!- dibujó una leve sonrisa, y empezó a preguntarle a la mujer- viste algo extraño en aquellos hombres? Alguna marca... alguna vestimenta peculiar... o algo característico de ellos?- el redentor de Monheim trataría de recopilar información, sin vincular demasiado a aquella mujer.-Necesito toda esta información... y prometo no dar palabra alguna de quien me la ha dado...-escuchó atentamente todo lo que aquella prostituta le pudo decir sobre los mercenarios de Butker, y cuando parecía que la información llegaba a su fin, una última pregunta se le ocurrió al ahora interrogador-Por cierto, no te deberían comentar que era lo que hacían aquí exactamente, no?

La despedida fue un tanto rápida, y al volver con Karl, Reinhard adoptó la postura de un hombre triunfante, que instantes antes había demostrado su virilidad. Subió sobre Brión con su rostro dibujado en una sonrisa de satisfacción, y raudos se dirigieron hacia el templo de Sigmar. Era importante aparentar en aquella situación.

FDI: En el camino hacia Grenzstad, intento convencer a Karl de mis pensamientos. Haciendo tiradas de empatía o carisma si es necesario. Con la puta, pretendo aparentar que me lleva al catre, pero una vez ahí, le hago las preguntas pagándole 1 chelín, y otro más si la información que me da es útil y con tal de sellar sus labios.


Los dos jinetes, se dirigieron hacia el Templo de Sigmar. Karl con tal de encontrar ahí al cazador de brujas, y Reinhard, para acompañarle y pasar la información pertinente sobre el estado actual de la provincia.
Una vez llegados a las puertas del templo, trataron de albergar sus monturas en los establos, y entraron raudos pidiendo audiencia directa con el hermano de mayor rango, pues su cometido era de vital importancia.

-Hermano, -dijo Reinhard bajando la cabeza a modo de respeto- He viajado des de Averheim bajo los preceptos de Sigmar, para erradicar un mal que amenaza con nacer en esta ciudad.- Al ver la seriedad del rostro del elegido de Sigmar, el Sacerdote no pudo más que tomar en serio las palabras de aquel sufrido hombre que tanto había sacrificado- Necesito una audiencia con el líder de las Iglesias de Sigmar y Verenna. Decidles que vengo en nombre del mismísimo Conde elector, y en voz de Ivein Hopked y el padre Efferman.

El ingeniero esperó ser suficientemente convincente como para lograr llevar a cabo su idea. Vincular las dos Iglesias en la lucha contra Gottfried Harriker y Butker Alptraum, unir esfuerzos con tal de acabar con el verdadero mal de toda una provincia, con la corrupción.

-Ivein Hopked me ha enviado con gran urgencia hasta vuestras puertas. Pues quiere que os informe de la situación actual de toda la provincia. –Reinhard sabía que debía medir muy bien sus palabras, pues era imposible saber hasta qué punto la serpiente purpura había logrado arelar en Grenzstad.- El Líder Efferman y Nolan Grass han trabajado conjuntamente en Averheim para lograr la información que yo les traigo, además, soy un enviado de Ivein Hopked, que acuta bajo las ordenes del Conde Elector Jobb Alptraum.- realmente, el joven ingeniero tenía una impecable carta de presentación. Quien hubiera pensado que años atrás estaría trabajando codo con codo con tales símbolos del gobierno.- Es por eso que he creído oportuno seguir con el trabajo cooperativo entre las dos Iglesias, les parece?- Reinhard estaba dirigiéndose a dos altos cargos eclesiásticos y debía mostrar cierta educación, pero el elegido de Sigmar sabía que él hablaba en boca de un dios, así que trató de dejar las formalidades a un lado.

-Los Alptraum han abandonado Averheim, pues los revolucionarios habían logrado conquistar la mayor parte de la ciudad. Y se dirigen ahora a la amurallada Heideck, con tal de situar ahí su provisional gobierno. La revolución está destrozando la provincia entera, y ahora, el antiguo consejo provincial es otro poder más que reclama el poder sobre Averland. El consejo provincial que ha traicionado a los Alptraum, y que es liderado por Butker, el mismísimo primo del Conde Elector.- Una vez Reinhard pudo entrever que aquellos hombres eran de fiar, continuó explicando los motivos de su visita, así como que en pocos días, el ejercito de Matthias Grunwald, visitaría la ciudad en busca de la adhesión de Grenzstad a la causa Alptraum y que des de la Iglesia de Sigmar y Verenna sería necesario darles su apoyo. También habló sobre la misión de evitar que Butker se reuniera con Gottfried, el mal mayor que había tenido toda la provincia. Y explicó como Augostte Getter había delatado a Saford, y este a el nuevo líder de la secta, Gottfried Harriker, quien se encontraría con el líder del consejo provincial en Grenzstad en pocos días.

Aquellos tres hombres estuvieron hablando largo y tendido sobre el estado de la provincia, y los pasos a seguir. A la vez que orientaron un poco al redentor de Monheim sobre el estado actual de la ciudad.

Una vez aclaradas las ideas, y marcadas las nuevas pautas de actuación, Reinhard y Karl se reunieron de nuevo con tal de explicarse la actual situación. Y hacer recuento de los aliados que ahora disponían para hacer frente al mayor mal que aquellos simples hombres conocerían jamás.

FDI: He tirado por la via directa, y he juntado muchas acciones a la vez. Ademas de presuponer que todo me sale a pedir de boca. Si Reinhard no cree que aquellos hombres sean de fiar, (llamale instinto, o que dicen algo que me ponga en duda) no explicare nada sobre la secta ni Gottfried, sino que simplemente vengo a perseguir a Butker. Por otro lado, si nos dan hospedaje en la Iglesia perfecto, sino buscaremos algún que otro lugar.

Ambos descansaron, y se repusieron del duro viaje. Pero en aquella situación no había tiempo que perder. Así que Reinhard se despidió de Karl diciéndole que debía realizar unos encargos antes de estar dispuesto del todo. Y se dirigió tomándose con tranquilidad aquella mañana hacia la enaneria. Tal vez su última tranquila mañana.

Crees que he hecho bien de explicarles todo eso? Si, por supuesto que yo me encargaré de Gottfried, pero creo que para llegar a él habrá un largo y arduo camino, no es así? Y necesitaremos gente de convicciones fuertes y fe para combatir el mal que se nos abalanza.

Reinhard sabía que aquel tranquilo paseo seria él último que realizaría antes de enfrentarse cara a cara con su destino, así que lo pasó hablando con quien le había acompañado durante esos últimos días.

Espero estar a la altura de la prueba que me marcas, Sigmar. Pues de no estarlo querrá decir, que la corrupción seguirá envenenando los corazones de fieles y devotos, y eso es algo que mientras me quede el más mínimo resquicio de aliento, no dejaré que ocurra.

La convicción de Reinhard le había salvado la vida más de una vez, y el redentor de Monheim, confiaba que esta vez no le fallara.

Se internó en la enaneria con paso decidido, y el pico de la familia Kurgsson entre las manos, y tras preguntar a algún Khazalid que andaba algo ajetreado con su encargos, tan solo logró obtener la fría respuesta de –el gremio del Ferro... por ahí.

Si algo eran los enanos, eran directos. No se querían andar con rodeos, y después de convivir 5 años con Durak y Karl, el joven mienero se había contagiado de esa aptitud. Así que una vez llegó a las puertas del gremio, se dirigió al encargado y le incitó a responder.

-Estoy buscando a la familia Kurgsson –dijo mientras deponía el bello pico enfrente del enano- sabes donde la puedo encontrar?

El ingeniero aguantó estoicamente la grosera respuesta del enano, pues jamás se acostumbraban a que un humano les tratase con la certeza khazalid, y obedeció las indicaciones proporcionadas por el encargado, mientras regañaba entre dientes.


FDI: es un post muy largo... y aun me quedan cosas por hacer, como ir a comprar munición o preguntar por algún que otro ingeniero. Siento la longitud! Pero es todo lo que más o menos Reinhard quiere hacer. También pido disculpas por tirar de acontecimientos que no se como ocurrirarn, pero vaya... espero que sean más o menos así...Si sale todo muy diferente, hablamos en privado de cómo reaciona Reinhard, te parece?
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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Nimref » 05 Nov 2010, 18:23

Karl van Spenholf

Sin que el silencio de los parroquianos le molestase lo más mínimo (el reo estaba más que acostumbrado a que la gente no le mostrara la más mínima atención o, lo que es peor, ni siquiera le respetaran), Karl se dirigió a los que, por una noche, serían sus aposentos.

La noche transcurrió, como en una continuación de las anteriores, tensa. Desde que el señor del submundo lanzara su frase profética al todavía convicto, su vida había sido una continua aventura en la que el día siguiente se mostraba borroso. Las posibilidades de éxito eran remotas y, aún así, Karl se había mantenido leal a aquellos que le habían ayudado, hasta, finalmente, pasarse al bando de la Iglesia, por la descarga de adrenalina (y, por tanto, la consiguiente paz interior que encontraba en esos frenéticos combates) que sufría cuando combatía al caos… ese mismo caos que, según el exconvicto llegó a entender, era el mismo que le había profetizado que llegaría a hacer grandes cosas una vez que saliera de la Prisión. Antes de nada, Karl buscaba respuestas, y poco a poco las encontraba.

Finalmente, el reo se despertó sudoroso, pegado a las sábanas, pero habiendo descansado, que es más de lo que podía decir de prácticamente todas las noches anteriores, en las que su frenético viaje o, más atrás en el tiempo, las luchas revolucionarias, no le permitían descanso.

Reinhard y él fueron hacia Grenzstad, u Karl empezó a preocuparse por el estado de Blancacrin, que si que no había descansado, y estaba herido. No obstante, en Grenzstad, donde la estancia seria posiblemente más larga, podría descansar. Karl sufría con cada paso de Blancacrin, viéndolo como otro fracaso en su estrepitosa carrera como ayudante de Himain…

Himain… amigo… espero que todo vaya bien… prometo volver a Averheim, lo prometo…

Dime Karl, no logro entender el porqué te convertiste en revolucionario... –las palabras del ahora compañero de viaje del exconvicto sacaron de su ensimismamiento a este, que comenzó a poner a trabajar su cerebro en busca de una buena respuesta; segundos más tarde, pensó haber dado con ella.

Verás, devoto… siempre pensé que cuando te dan algo, tienes que dar algo a cambio… –comenzó, instantes antes de ser cortado por su compañero.

No, no... eso no... el porqué no es lo que pretendo que me expliques, perdón... mmm... ¿qué pretenden lograr los revolucionarios con todo esto? –preguntó el ingeniero, realmente interesado por sacar una contestación más que complicada de la boca del expresidiario.

Pues… –comenzó Karl, arqueando una ceja y rascándose la frente justo encima de la ceja izquierda, la no levantada- Creo que pretendían quitar al gobierno vigente, corrupto… mala gente, ya sabes… –concluyó, levantando los hombros, como si fuera obvio y Reinhard opinase igual.

Los culpables del mal de la provincia no era el gobierno Alptraum, Karl... Debes creerme. Nuestra tarea va más allá del que acabe siendo el gobierno regente... nuestra tarea será evitar que los causantes del daño que sufre ahora toda Averland, vuelvan a envenenar los corazones de esta provincia. Nuestra misión es acabar de raíz, con la secta que ha mancillado esta tierra –el interesante argumento de herr Russ hizo que Karl se irguiese en la silla, al tiempo que prestaba atención a sus palabras: ‘secta’.

Has dicho secta… y, no tengo demasiado conocimiento de los poderes ruborosos, o algo así –Karl llevaba sin usar ese término desde antes de entrar en la Prisión, y el tiempo había hecho que lo olvidara- , pero debo decirte, devoto, que en las alcantarillas oí algo que me recordó… me recordó los últimos momentos en la Prisión y despertó mi instinto más animal, y es por lo que decidí iniciar el combate… –en unos segundos, el reo decidió que nuevo compañero de viaje debería conocer todos los detalles del señor del submundo, aún a riesgo de que el devoto no comprendiera la relación que los unía.

Así pues, el resto del viaje, además de las continuas conversaciones ideológicas entre los dos aventureros, transcurrió con la explicación por parte del exconvicto del señor del submundo, por si era necesaria esa información: Karl pensaba que Reinhard era más ducho a la hora de interpretar información de ese calibre.


Nada más llegar a Grenzstad, a sus puertas vieron reunidos a una multitud de personas que los miraba con sorpresa. A una prostituta le faltó tiempo para acercarse a ellos y comenzar a palpar la parte menos viril (ahora) de Karl. No obstante, el instinto animal del reo y el tiempo sin un buen momento como el que aquel suponía, hicieron que se planteara aceptar la propuesta de la muchacha.

Justo cuando se iba a bajar del caballo para demostrarle que la falta de un testículo no era ninguna imposibilidad para el reo, el devoto se le adelantó, diciéndole que aguardara con los caballos.

Jodido huevón… y encima tiene dos… mira que bien se lo va a pasar…

Después de clavarle una furibunda mirada y observar a toda la gente allí congregada, comenzó a pensar en lo que la chica les había dicho. Bukter, le sonaba, o eso creía. La verdad es que la política había dejado de tener importancia para Karl hacia mucho, ahora trabajaba por quien creía que lo merecía.

Unos minutos más tarde, demasiados pocos, pensó Karl, apareció de nuevo su compañero de viaje, en una actitud que al reo le pareció de lo más ridícula, dado el poco tiempo pasado. Antes de ir a Prisión, el exconvicto era conocido entre su círculo de amistades por su gran resistencia, y la gente que aguantaba tan poco…

Vaya… por tu pintas te creía un semental… –comentó Karl, medio entredientes, mientras proseguían el camino.

Por Grenzstad, Blancacrin se limitó a seguir el camino que Reinhard marcaba, hasta que llegaron a la iglesia de Sigmar, momento en el que se separaron. Rápidamente, el reo bajó del caballo y lo dejó al cuidado de uno de los mozos, y se despidió de Reinhard antes de introducirse en el templo.

Devoto, espero que consigas tu objetivo… yo voy a intentar encontrar al cazador de brujas –dijo, al tiempo que daba una leve palmada en el hombro de su compañero- . Nos veremos más tarde imagino… esperemos que la hospitalidad de los hermanos sigmaritas sea tan buena como en Averheim –concluyó, atravesando el umbral del templo.

Daba zancadas largas para llegar cuanto antes al primer sacerdote y, una vez que se cruzó con uno, hizo una leve inclinación de cabeza, al tiempo que sacaba la carta de Nolan Grass.

Que Sigmar sea con vos… –comenzó, antes de pasarse el dorso de la mano por el peludo mentón- Vengo de parte del padre Nolan… necesito encontrar a herr Lothar, el cazador de brujas… es urgente –Karl solo esperaba que el sacerdote hiciera cuanto pudiese.

FDI: otro post largo, si señor... a ver si el sacerdote puede ayudarme a encontrar al cazador de brujas de Genzstad
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Saratai
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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Saratai » 06 Nov 2010, 14:16

28 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Grenzstad.

Tras un largo dia de conversaciones filósoficas, en la que Russ y Karl comenzaron a conocer los puntos de vista de el otro, la ciudad de Grenzstad apareció ante ellos inmensa. Alli, el ingeniero conoció a una prostituta, de la que esperaba sacar algo de información.

La mujer miró a Russ en aquel destartalado cuarto mientras el hablaba de misiones y enemigos, de redención y de dios. El fuerte redentor de Monheim nunca habia sido muy carismático, pero después de perder la cabeza su sociabilidad habia caido en lo más bajo. Tenia una resistencia al dolor sobrehumana, y su velocidad, incrementada por el poder del Caos, estaba por encima de la media humana. Sin embargo, no tenia habilidad social alguna, y la ramera no supo que responderle, al no comprender bien la lógica de Russ.

-Pues no se hijo, eran soldados... Nada raro, no, aunque uno tenia un auténtico trabuco entre las piernas, no se si me entiendes. Mira que eres raro.... Mira- dijo guardandose los dos chelines en el corsé-si alguien me pregunta, no te he visto. No quiero meterme en follones, asi que si tienes que hacerle algo a alguno de esos tipos, a mi no me metas de por medio.

Tras la inutil charla con la ramera, y las bromas del reo para con Russ, los dos compañeros se dirigieron al Templo de Sigmar, en el barrio de las Palomas. Grenzstad era considerablemente más pequeña que Averheim, y tan solo constaba de tres barrios, los cuales eran la Enaneria, el Mal Ayuno, y las Palomas. Este último era la zona de mayor nivel adquisitivo, donde los comercios humanos y los templos más importantes hacian acto de presencia. La Enaneria, en cambio, era un lugar lleno de letreros en khazalid, donde se podian ver tantos enanos como en varias provincias imperiales juntas. Aquel era su hogar, y también su propia porción del Imperio. Por último, el Mal Ayuno nada tenia que envidiarle a la Mataperras de Averheim, pues sus destartaladas viviendas y sus tugurios de mala muerte no podian considerarse el novamás de la limpieza y la pulcritud.

Fue en las Palomas, tras preguntar a varios ciudadanos, donde Karl y Russ encontraron el templo. Era un lugar sencillo, de dos plantas y una extensión amplia, robusta y simple. Un lugar que sin duda habria gustado a los sigmaritas más pulcros, que odiaban la ostentación y el recargamiento. Alli fueron atendidos por un sacerdote alto y escualido, que les hizo entrar en la iglesia. A aquellas horas el recinto estaba cerrado, pero la carta de Karl Spenholf fue más que suficiente para que ninguna puerta sigmarita quedara cerrada. Una vez alli, el lector que administraba la hacienda, llamado Tavos Wirdemann, les preparó asiento a los dos viajeros de Averheim.

Tavos Wirdemann


El lector de Grenzstad era un hombre achaparrado y de espesa barba morena y rizada. Lucia una tablilla atada en la afeitada cabeza, y ropas livianas y austeras. Tras presentarse, encomió a los dos aventureros a expresar el motivo de su visita.

-Hijos mios, habeis venido lejos, muy lejos, solo para llegar hasta aqui. Y en los tiempos haciagos que corren, no puedo sino admirar vuestro valor. Veo que vuestros cuerpos han sufrido, pero tranquilos, pues ahora estais en casa. Contadme vuestra historia.


Y asi fue, pues Karl relató su relación con Nolan Grass, y como éste le habia enviado para encontrar al cazador de brujas Lothar. Después, Reinhard habló largo y tendido de la situación actual de la provincia, de como la serpiente purpura, ya conocida por Tavos, habia introducido sus garras en el gobierno de Bukter Alptraum, y de como el ejército de Jobb Alptraum se dirigia en aquellos momentos hacia alli para liberar a la ciudad del yugo sectario. Habló tambien de la colaboración de Ivein Hopked, Effermann y Nolan para conseguir extirpar el tumor herético del gobierno, asi como todo lo referente a la contienda y a la corrupción.

El lector miró con recelo al ingeniero, y aunque Russ se habia percatado claramente de que era un hombre de fiar, digno de ostentar el cargo de Lector, sus inclinaciones políticas divergian notablemente.

-Russ, has debido pasar por mucho, pero creo que eres de fiar, y podrás hospedarte aqui el tiempo necesario. Sin embargo, has de saber que cualquier gobierno Alptraum será igual de inválido. Alexander Feuerbach y los Leitdorfs de Wuppertal son los únicos que reconocen a Sigmar como único dios, y por ello suya será la tarea de encauzar a la provincia en el buen camino, asi como acabar con revolucionarios y usurpadores. Eso si, hasta que estos nobles señores puedan liderar Averland, bien cierto es que debemos colaborar para que este gobierno corrupto, y repleto de herejia, caiga. Por ello, la iglesia ayudará a los ejercitos de Jobb Alptraum si su objetivo es medrar a Bukter y a la serpiente, pero solo hasta que Feuerbach pueda alzarse en el trono imperial.


Tras una pausa, el lector continuó: -Soy consciente del mal que habita en mi ciudad. Lothar ha hecho grandes progresos, pero somos pocos contra muchos, y necesitaremos más hombres libres de corrupción material o espiritual. Karl Spenholf, será un placer guiarte hasta Lothar, y ponerte a su servicio, pues sin duda apreciará más colaboradores. Reinhard, aprecio mucho tu ayuda y tu mensaje, pero no colaboraremos con las iglesias de dioses falsos, que no son sino aspectos de un único dios. Bukter Alptraum ya se ha reunido con el gobernador de Grenzstad, y ha puesto la ciudad ha sus pies. Más aun, han llevado a cabo un acuerdo con la familia Pillher. Sin duda son tiempos aciagos, y si recapacitas y rechazas a Verena, serás bien recibido en el seno de Lothar para colaborar con ella. Hasta entonces, solo puedo ofrecerte estancia y ayuda por tus servicios, nada más, asi como salvoconducto para los soldados que quieran oponerse a la herejia.

Acto seguido, Karl y Russ fueron llevados a unas celdas para novicios donde pudieron dormir, beber y comer, asi como a un pequeño establo donde sus monturas podrian descansar y alimentarse por la mitad de precio que en una posada. Aquella noche, Karl pudo pensar acerca de como seria Lothar, el cazador de brujas al que habria de servir. Russ en cambio tuvo que meditar si rechazar a los dioses menores y entregarse por completo a Sigmar para servirle con más eficacia, o si por el contrario debia de seguir su propio camino. La mañana siguiente supuso grandes cambios para ambos, con lo que el sueño reparador fue más que necesario.


29 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Grenzstad.

Para cuando Karl se despertó, Russ hacia ya tiempo que habia salido a la Enaneria en busca de la familia Kurgsson. Un iniciado le proporcionó una pieza de fruta y leche cuajada como desayuno, y le ayudó a cambiar las vendas de sus heridas. Tras esto, el lector Tavos le visitó, y le llevo hasta los sotanos del edifico, unas estancias frias y humedas, donde al parecer Lothar y dos de sus hombres de confianza rezaban cada mañana tras una charla con los sacerdotes. Tras bajar varios peldaños, el lector dejó a Karl en presencia de dos hombres, la pareja más opuesta que el reo hubiera visto jamás, y que hacian guardia en la puerta de una sala, en cuyo interior se encontraba Lothar. El lector marchó, tras saludar a todos los presentes, y continuó con sus quehaceres. Fue entonces cuando los dos hombres, siervos del cazador de brujas Lothar, se adelantaron. Uno de ellos portaba cadenas, y alambres por todo el maltrecho y herido cuerpo. Sus labios estaban cosidos, y su enloquecida mirada de densos ojos azules era más que suficiente como para hechar atrás al más aguerrido de los hombres. El segundo vestia con ropas de buena calidad, y tenia una media melena bien ciudada. Una sonrisa de engreimiento surcaba su rostro, y Karl pudo reconocer en el la expresion que muchos de sus compañeros en la prisión habian tenido. Fue el bribón el primero en presentarse, y el último.

Sanros Kodein

-Asi que tu eres el ex-convicto que nos envian desde la catedral de Averheim... Pues si que está mal la cosa. Me llamo Sanros, y mi compañero... Bueno, a él le puedes llamar Mudito. No te preocupes, que nunca responde a los apodos.-
El flagelante miró con desprecio a Sanros, para después volver a posar su mirada en Karl, inspeccionandole de arriba a abajo. Tras esto, Sanros continuó:

-Lothar no es una pesona común, amigo. El trabajo que hace es duro, y ya he visto como muchos colaboradores y compañeros han perdido la vida. Llevo trabajando con Lothar dos años, pero el que más tiempo lleva es Mudito, que creo que pasa los cuatro años. Lothar servia antes a un cazador de brujas muy immportante que fue asesinado por una sucia banda de mutantes hace cinco años, en las inmediaciones de Averheim. No se si te suena el nombre de Muerte en los Caminos... Bueno, si has estado entre rejas, como dice la carta de Nolan Grass, dudo que sepas mucho de lo que ocurrió en aquella época. En fin, no te entretengo más, ve a presentarte ante Lothar y reza para que no sea una entrevista muy dura.

La estancia estaba aromatizada con velas de sebo, y en su interior, entre antiguos tapices, una figura repasaba en voz baja varias letanias de un libro enorme y pesado. Karl tendria que ir acostumbrandose a tratar con locos del tamaño de Reinhard Russ, pues parecia que en aquella ciudad, todos los religiosos se extralimitaban una pizca en sus labores. La figura cesó en sus letanias al ver entrar a Karl, y se giró ante él. Era una persona menuda, delgada, cargada de herramientas. Su cara estaba cubierta por una máscara de hierro lisa, sin formas, que tan solo dejaba abertura en los ojos y una ranura muy pequeña para la respiración. Debajo de ella, una persona, el cazador de brujas Lothar, respiraba con dificultad. Un hilillo de voz salió de la máscara, preguntando al reo quien era y que hacia alli. Sin duda, Sanros o el lector ya le habrian informado de su llegada antes de aquella mañana, pero Lothar no parecia una persona dispuesta a formarse opiones antes de conocer a alguien, y prefirió que Karl le hablara directamente.

Lothar

-¿Quién eres tú, y que buscas de la vida en este lugar?


Las preguntas, aunque parecian estúpidas, estaban cargadas de significado. Que Karl pudiera hallarlo, esa era otra cuestión.


Mientras tanto, Reinhard Russ divagaban sin éxito por la enaneria. La gran mayoria de enanos ni se dignaban a pararse con él, y cuando uno lo hacia, solia responderle en khazalid. Aquello era muy propio de aquella cultura, pero para desgracia de Russ iba a dificultar su tarea una barbaridad.

Tras perder un dia entero por las calles de la enaneria, Russ llegó a la conclusión de que no encontraria a la familia Kurgsson facilmente, al menos no preguntando por las calles. Si quiera saber de ellos deberia integrarse aun más en la ciudad. Estaba ya pronto el anochecer cuando ocurrió. De entre las calles de la enaneria, una figura ataviada en rojo, seguido de diez hombres armados, cada uno con su propio emblema, apareció en dirección a las armerias de la ciudad. El hombre de rojo era desconocido para Russ, pero entre los murmullos de la gente oyó un nombre: Bukter Alptraum. Bukter cruzó una mirada con el extrafalario ingenierio, y mandó parar a sus hombres enfrente de él.

Bukter Alptraum

El primo de el invalido Conde Elector Jobb era una persona alta, de proporciones duras y gesto adusto. Su cabello era ondulado y rubio, y una fina perilla hacia juego con un bigote fino y no excesicamente poblado. Vestia sin pomposidad, pero joyas aparecian en manos y cuello. Sus hombres, en cambio, parecian mercenarios de la peor ralea, y de los diez, a Russ solo uno le recordó a uno de los soldados Carroburgueses. Aquello era extraño ¿si Bukter era un hereje, porque no mantenia herejes en su guardia?

-Muchacho-
dijo Bukter a Russ -veo que llevas armas y armadura, pero no me consta que estes en la guardia. ¿Acaso eres un mercenario sin amo? Puesto que si es asi, has de saber que el Consejo Provincial busca hombres fuertes para defender nuestra tierra de revolucionarios y usurpadores, y tal vez te interese servirle.

Aquello fue completamente inesperado, y pillo por sorpresa a Russ. Bukter estaba alli, tan cerca y tan lejos al mismo tiempo, y aparecia justo cuando el ingeniero tenia que meditar si seguir su busqueda de la familia Kurgsson, buscar algun erudito para continuar sus estudios, o regresar a la iglesia para responder al lector y elegir servir a Lothar. El redentor tenia demasiadas opciones ante si.





A la noche siguiente, 30 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Grenzstad.

Las gentes de la diligencia se horrorizaron al ver los cuerpos colgados de las horcas, inertes, mientras los cuervos los hacian zarandear de un lado a otro cada vez que se posaban en ellos para picotear de sus tiernas cuencas oculares. Las murallas de Grenzstad estaban repletas de horcas, con un total de quince hombres muertos y ajusticiados. Miller, Skalik y el resto pudieron comprobar como varios de aquellos cuerpos pertenecian a mercenarios de los Arcas Rojas, y como llevaban el emblema del bando de Leitdorf.

-Esto es muuuy bueno, amigos-
dijo Ulli feliz -pues si los de Grenzstad han ahorcado a los del bando Leitdorf, eso quiere decir que son nuestros aliados.

Fiodor miró a su compañero, y negó lentamente con la cabeza, pero este continuó en sus trece.

-Joder, ¿no te suena la frase el enemigo de mi enemigo es mi amigo? Mierda, sois de lo más negativo de este mundo.

Al llegar a las puertas, una pareja de guardias pararon a las carretas. Grenzstad solo tenia una puerta de entrada y de salida, y estaba bien defendida. Las guarniciones estaban divididas entre soldados enanos, mercenarios humanos y los soldados carroburgueses a los que Miller tan bien conocia (pues fue uno de ellos quien estuvo a punto de matarlo cerca de la aldea de Ninna). Uno de los guardias era enano, y al ver a Skalik le preguntó en su lengua, la cual nadie más entendia.

-Hermano ¿que haces viajando con ubris? ¿Qué habeis venido a hacer aqui?

Mientras tanto, otro soldado, este humano, fue inspeccionando las carretas en busca de contrabando de mercancias ilegales. Al acabar, le preguntó a Miller y a Lieb que a que venian a la ciudad.

-Sed sinceros- dijo -En esta ciudad ya hemos tenido bastante de mentiras- terminó señalando a las murallas, donde los cadaveres colgados se mostraban intimidantes.





FDI: 51 en Cotilleo para Russ, y la puta no le sirve para absolutamente nada. 23 y 29 en Sabiduria Popular para Reinhard y Spenholf respectivamente os hacen saber a ambos que la iglesia de Sigmar de Grenzstad apoya al movimiento de los Redentores de Sigmar, una secta sigmarita que enfatiza que el patrón del Imperio es el único dios. Va a ser dificil que esa iglesia colabore con nadie que no siga su credo. Karl, te curan un punto de heridas en el templo, pero más adelante, cuando estás con Lothar, fallas una tirada de Percepción con 39, aunque eres cosciente de que pasa algo raro con él. Russ, fallas cotilleo con un 78, y el enano no es de ayuda.

Miller, Skalik, siento que no haya mucho para vosotros este turno, pero habeis de equipararos al tiempo de los otros dos pjs. La proxima actualizacion sereis vosotros los que tengais más protagonismo.

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Van Hoffman
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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Van Hoffman » 07 Nov 2010, 20:02

Franz Miller

Sorprendentemente, las murallas de Grenzstad estaban llenas de ahorcados, y por lo que parecía, eran mercenarios con los colores de los Leitdorf. Aquello pareció animar a los hombres, pero no a todos, ya que tanto Fiodor como Miller compartian la sensación de que aquello no acababa de ser buena noticia. Al llegar a la cola que se formaba en la única puerta de la ciudad (echo que Miller gravó en su memoria), los quince hombres se dividieron en los grupos que habían acordado, y mientras Skalik hablaba con un guardia enano, a Miller y a Lieb se les acercó uno de los guardias.

- Oh, somos simples cazarrecompensas -dijo Miller.

- Si, vamos tras la pista de un peligroso fugitivo, ex-convicto de la Prisión de Almas -añadió Lieb. Luego le dio la descripción del reo.

- No se preocupe, ni notará nuestra presencia en la ciudad.


FDI: Si he dicho más de lo que sabe Lieb, editalo, oh amado master. Luego, si nos dejan pasar, mandaré a Lieb directamente a una posada cercana a alquilar una habitación doble (para Lieb y para mi), y yo me reuniré con Fiodor, Gauss, Ulli y Skalik.
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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Eldril » 10 Nov 2010, 16:31

Reinhard Russ

Cómo?... has estado en presencia del Rey del Submundo?

Cuando el reo pronunció aquellas palabras, Brión, el caballo del ingeniero paró en seco. Y Reinhard, con la mirada perdida y los ojos como platos, titubeó:

-cómo?... qu...que has dicho?

El caballo de Karl siguió trotando lentamente, y Reinhard alzó la incrédula mirada hasta clavarla en los ojos de Karl, y lograr así que se detuviese.

-Ahora todo coge sentido.-dijo el redentor calmando la expresión de la cara-ahora entiendo porqué Sigmar te hizo llegar a mí.

Reinhard se había quedado atónito ante la explicación de Karl. Esa era una información mucho más valiosa de lo que el reo creía. Y daba opción al redentor de Monheim a clamar venganza, si en su actual misión no pereciera.

-Supongo entonces que no debes saber que el Rey del Submundo del que hablas, es quien guía los preceptos de la serpiente purpura, no?- Reinhard quería hacerle entender la gravedad de su encuentro-ese maléfico ser, ha movido durante años como simples títeres a los políticos de nuestra provincia... y la guerra civil... ten por seguro que es causa de sus subterfugios.

El elegido de Sigmar escuchó atentamente todo lo que aquel extraño acompañante tenía que decirle sobre el Rey del Submundo. Sigmar le estaba preparando un gran destino, pues de no ser así, jamás se hubiera encontrado con alguien que hubiese sobrevivido a un encuentro con tal abominación, y eso le llenaba de fuerzas y determinación.

Gracias por creerme merecedor de tal oportunidad Sigmar.

**********

La idea de sacarle información a la ramera no había tenido éxito alguno. Y además había quedado algo mal con Karl, pero eso, de camino a la Iglesia de Sigmar, tendría solución.

-No ha sido lo que parece...
–dijo Reinhard mientras se aclaraba la voz con tal de reclamar la atención del reo- Tori ven, va!!-El perro estaba abrumado por todos los olores que encontraba en aquella nueva ciudad y era muy complicado hacerlo avanzar a buen ritmo.- simplemente quería interrogarla...

Reinhard trató de justificar su actuación, pero la mirada de desaprobación del Karl ya fuese para chinchar o simplemente porque no le creía, ponía en duda a Reinhard- No pongas esa cara!... Lo prometo... solo quería interrogarla...

El ingeniero había explicado el motivo de la fugaz visita, ahora quedaba en manos del reo creerlo o no.

***********

Russ, al poder confiar completamente con el letrado de la Iglesia de Sigmar, explicó toda la información útil que poseía. Y poco a poco, vio como a pesar de la voluntad de ayudar de Tavos, su gesto se torcía frente a la propuesta de trabajar conjuntamente con la iglesia de Verenna.

Y escuchó con recelo la respuesta del Lector. La respuesta de otro que solo veía la materialidad de la fe en Sigmar, que solo le encontraba sentido si la juntaba con la política, y la separaba de la realidad de otras iglesias.

-Siento mucho oír tales palabras de un sigmarita de corazón, Lector Tavos, así que trataré de explicarme mejor. –el elegido de Sigmar tenía su propio concepto sobre la providencia que su dios le profesaba, y esperaba poder transmitírsela a Tavos con tal de que viese el verdadero problema.- He sufrido mucho... demasiado... y sin embargo siempre he seguido luchando. –dio un tiempo para que aquellas palabras calaran hondo en la gravedad de la discusión. -Hasta no hace mucho me preguntaba el porqué... el porqué jamás he bajado los brazos, el porqué a pesar de todos los impedimentos que la vida me ha puesto en mi camino, siempre he logrado seguir adelante... es cierto... he sufrido... vi morir a muchos compañeros para luego acabar traicionado, y ahí, a pesar de todo, Sigmar me salvó. –Reinhard trataba de recordar las imágenes que le arremetieron contra la cabeza los instantes antes del golpe de Vahis- me destrozaron las manos y Gottfried me esclavizó en los subsuelos, pero él seguía ahí, y Sigmar guió mi camino hacia la superficie.- En esos precisos instantes, el redentor de Monheim alzó las manos con tal de observar las claras consecuencias de aquellos hechos.- Augoste Getter vino a arrebatarme lo que más quería, y lo logró. Se llevó a dos compañeros, dos amigos... se llevó a dos hermanos, pero aún así, Sigmar guió mi espada hasta el corazón de ese repugnante ser, y si, volví a sobrevivir.- el tono de voz de Reinhard era severo y fuerte, trataba de explicar él porque seguía este camino, y estas eran palabras de dolor y sufrimiento. –en la captura de Saford, un guardaespaldas golpeó duramente mi cabeza... rompiendo en el acto placa y malla... y fue en ese preciso instante donde toda esta verdad me fue revelada... Sigmar volvió a evitar que yo pereciera, y me dio la determinación suficiente para lograr capturar al maldito sectario.- Se tomó un respiro dejando que las palabras reposaran en el foso de la mente y acto seguido continuó –Yo... yo no elegí mi camino, Tavos. Él me eligió a mí. – los recuerdos atormentaban el joven corazón del elegido de Sigmar- Sigmar me eligió para que erradicase la corrupción de la faz de nuestra tierra... y daré mi vida con tal de que así sea.

Reinhard quería hacerle ver al Lector, que si se sigue el verdadero camino que Sigmar marca, el camino de erradicar la corrupción de Averland, todo aliado... cualquier ayuda, era bien recibida. Así que después de observar la expresión del Lector, trato de poner en contexto su experiencia.

-Supongo que entiendes a lo que me refiero , no es cierto?- si Tavos era Lector, era por algún motivo, así que en ningún momento el ingeniero dudó de su capacidad de comprensión. –Sigmar nos ha dispuesto el escenario... y los herejes a erradicar! Muchos han perecido en tal camino... demasiados. Dime entonces... qué motivos tenemos nosotros para evitar la ayuda de otras personas?-si algo había cambiado en Reinhard des de la intervención divina con Vahis, era su capacidad de reflexión. Un nuevo compañero había despertado en su interior, y hasta dia de hoy, largas habían sido las conversaciones que ellos habían mantenido.- Pues doy fe de que los herejes no distinguirán a un Verenneano de un Sigmarita en un combate a muerte. No distingiran a un Alptraum de un Leitodrf de Wuppertal. No... ellos no... los herejes son enemigos de la humanidad, Tavos,y de todos y cada uno de nosotros que creemos en un mañana mejor. Yo... sintiéndolo mucho... no seré capaz de detestar la ayuda de cualquier bando... pues ese será el camino más llano hacia la salvación de nuestra provincia. Ese será el camino que Sigmar quiere!

Reinhard no esperaba que Tavos reaccionase al instante. Pues había demostrado una clara postura en contra de la cooperación entre Iglesias. Lo que si que esperaba el elegido de Sigmar, era depositar una pequeña semilla que poco a poco se fuera abriendo camino entre la estancada mente del Lector.


*********

Aquella noche, el joven ingeniero le costó conciliar el sueño. Pues igual que pasó con el encuentro con Karl, Reinhard tenía que decidir entre seguir el camino que él se había labrado, o completar el que Sigmar le había presentado.
En el encuentro con Karl, Reinhard tuvo que dejar de banda el bando revolucionario del reo, abrazandolo en la voluntad de seguir el camino de Sigmar. Y ahora, debía decidir si abrazar el camino que Sigmar le marcaba, con sus pros y contras, con su ayudantes y sus enemistades, o cooperar con Lothar y negar la ayuda de todo aquel que no creyese fervorosamente en Sigmar.
Él no creía en Sigmar. El redentor de Monheim, no tenía esa necesidad. Él era un elegido, y Sigmar lo había dispuesto a corregir los errores de la humanidad. Reinhard no había elegido a su dios, sinó que Sigmar lo había elegido a él. Así que decidió, ser fiel a su divino compañero, y emprender el verdadero camino, aun que fuese en la solitud de un redentor delirante.

*********

A la mañana siguiente, Reinhard se dispuso a localizar a la familia Kurgson, quería explicar la heroica muerte de Durak y Karl, quería, que aquellos dos enanos que tanto habían dado para cambiar el funesto destino de una provincia que tan poco les había reportado, fuesen recordados por su raza.

Y la tarea se complicó más de lo esperado. No recordaba cuan tercos se volvían los enanos con alguien que no conocían, y menos si se trataba de un humano. La situación le hizo recordar los primeros días de trabajo junto a Durak, pues Karl, al ser ingeniero, había tenido mucho más contacto con los humanos.

Y después de pasar todo el día deambulando sin dar con respuesta alguna. Su destino, volvió a cernirse sobre él, como si huella a huella, hubiese un camino delante del elegido de Sigmar, que le mostraba los pasos a seguir. La divina providencia le trajo al encuentro a Butker Alptraum.

Reinhard escuchó atento la propuesta de una de sus próximas víctimas, y trató de calcular velozmente las siguientes palabras que diría, pues determinarían mucho sus siguientes pasos.

-Veo que tienes buen ojo... Cierto, no estoy en la guardia, ni milito en ningún grupo de mercenarios. –el ingeniero se dispuso cómodamente en frente de aquellos once hombres-Pero veamos-comentó Reinhard mientras desenfundaba la pistola con inscripciones enanas- cuál será el precio por la contratación de cuatro pistolas – y acto seguido, sin dar ningún gesto brusco y con media sonrisa de complicidad dibujada en los labios, apunto el arma al pecho de Butker- y de una certera puntería?

BOUM!-en el subconsciente de Reinhard, aquella pistola se había disparado. Aquella pistola había acabado con el primer hereje de la cazeria de Grenzstad. Aquella pistola, había provocado su muerte, al sufrir las represalias de los diez mercenarios.

Reinhard salió rápidamente de su imaginación. Y antes de enfundar de nuevo el arma, dijo con los labios, lo que su corazón ansiaba hacer con el dedo-Boum!- completó la onomatopeya con el gesto de regreso, sopló suavemente la embocadura del arma, y la enfundó –me parece un precio adecuado, señor...

Reinhard sabía que se jugaba el tipo de aquella manera, pero eso era un mercenario. Alguien dispuesto a darlo todo por una buena paga, así que, qué mejor paga conseguiría que impresionando a quien debía pagársela?

FDI: Reinhard se alista en las filas del consejo provincial. Aunque tratará de que le dejen algo de tiempo libre para terminar algunos asuntos... ya sea empezando a trabajar a la mañana siguiente, o dándole la mañana libre. A ver como sale esto de la infiltración...
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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Nimref » 11 Nov 2010, 00:12

Karl van Spenholf

Karl se sentía como en una nube cuando se despertó y fue guiado hasta el lugar en el que se hallaba el cazador de brujas: ni rápidas huidas, ni frenéticos viajes… algo había cambiado, y al reo, le gustaba el cambio. No obstante, algo le hizo replantearse tan absoluto pensamiento cuando llego a la puerta, flanqueada por los dos acólitos.

El arreglado hablaba, y el exconvicto intentaba mirarlo todo el tiempo, en parte para escucharle mejor, en parte por no querer mirar al horrendo… ¿hombre? que tenía al lado. Ver a esas dos personas tan próximas, con las más que obvias diferencias que había entre ellas, hizo que Karl viera que a partir de ahora formaría parte de extraños equipos, en los que trabajar codo con codo con uno de sus enemigos (como era el caso del devoto), era el menor de sus problemas.

Las primeras palabras apenas pudo escucharlas, observando como estaba, ciertamente atónito (atónico, que no asustado, puesto que, por alguna extraña razón, la vida le había curtido), al tal Mudito. Cuando oyó las palabras que finalizaban la cháchara del tan hablador nuevo compañero del reo, fue cuando éste comenzó a hacerle caso y, como viendo que era el momento de desaparecer de la escena y entrar a aquella habitación…

Karl –dijo únicamente tendiendo la mano hacia el acólito, y viendo que se sorprendió de lo súbito del saludo, agarró el mismo la mano- . Karl van Spenholf, voy a hablar con el “jefe”… adiós –dijo, tras terminar el apretón y dar una palmadita en el hombro a Mudito, en señal de saludo; instantes después, entraba en la habitación.



Cuando el reo entró en el, para él, viciado habitáculo en el que se veía una figura agachada rezando, el exconvicto sopesaba como iniciar el comentario de presentación anterior a la entrega de la carta. Se pasó las ahora sudorosas manos por el pantalón mientras cerraba la puerta, al tiempo que veía por una fina línea, los últimos restos de su interlocutor.

¡Joder! Tengo que preguntarle al jefe porque deja que se hombre se cuide tan poco y el otro tanto… y yo que pensaba que los religiosos compartían las riquezas… que mal está el mundo, Ranald bendito… ¿Ranald?

Karl se quedó quieto en la habitación pensando en la estupidez que acababa de cometer. Claro, Ranald era el dios de la suerte y el azar, pero pensó que debía excluir al resto de dioses de su panteón unos días atrás cuando Nolan le dio la carta, y tomar como único a Sigmar. Karl lo respetaba: ese había vivido.

En esas se encontraba, con el pulgar izquierdo señalando hacia la puerta, medio indignado por la diferencia de sus dos nuevos compañeros, y avanzando entre silencioso y atrevido, cuando oyó las oraciones del cazador de brujas. Karl fue bajando progresivamente el pulgar al tiempo que la épica imagen que se había hecho del cazador de brujas (un hombre alto, fornido, de barba corta… bueno, un Nolan Grass con armadura) se transformaba en Lothar: más menudo que él y con una máscara de hierro en la cara. A estas alturas, y fijando sus ojos en las ranuras, el pulgar ya estaba en el punto más bajo que podía estar, sin señalar nada. Los hombros de Karl caídos y, en su rostro, cierta cara de sorpresa.

Seguro que esa máscara encierra otro horrible rostro… el acólito lo hizo por afinidad… será posible… yo no pienso hacerlo…

¿Quién eres tú y que buscas en este lugar?

No es que le hubiera cogido por sorpresa una pregunta como aquella (en el fondo esos filosóficos eclesiásticos y políticos y sus palabrerías ya formaban parte del día a día del reo), ni que tuviera miedo del horrendo tono de ultratumba que salía de aquella máscara de hierro, ni que el olor le impregnara las fosas nasales y le impidiera respirar, ni siquiera era que la mítica persona de un cazador de brujas estuviera ante él… era, más bien, que a través de esas rendijas podía sentir como Lothar leía su alma, buscando cualquier resquicio de debilidad, y eso le ponía los pelos de punta. Había llegado la hora de hablar… y ahora, por fin, sabía que era lo que sintió cuando acompañó a Nolan en su purga.

Soy Karl van Spenholf, señor –comenzó, justo antes de carraspear y rascarse la frente, rompiendo, de paso, el nervioso contacto visual, antes de reanudarlo instantes después, tras un segundo de paz- . Vengo de Averheim, de parte de Nolan Grass y… y la verdad es que creo que estoy en deuda con esta tierra, y posiblemente éste sea el mejor modo de compensar todo lo que ha hecho por mí… ya sabe: una segunda oportunidad… incluso una tercera… y haberme dejado ver tantos horrores que, a buen seguro, le serán útiles… –se encogió de hombros, antes de añadir, con una voz que no supo muy bien de donde salía- Vengo en busca de paz.

Karl había hablado, o, al menos, eso esperaba…
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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Saratai » 11 Nov 2010, 15:40

29 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Grenzstad.

Lothar, de cuerpo menudo, se irguió tras escuchar las palabras de Spenholf, y asintió con la cabeza. Su contestación, enlatada y directa, no se hizo esperar.

Cazabrujas Lothar

-Que encuentres la paz será el destino quien lo decida. A partir de hoy trabajarás para mi, y recibirás parte de mi sueldo. Cada semana que pases conmigo cobrarás cientocincuenta peniques. La estancia irá de mi cuenta, pero la comida y el forraje de tu montura, si la tienes, irá de tu parte. Obedecerás cada orden que de, no te apartarás de mi ni un solo segundo, y si el tiempo decide que eres digno y sobrevives a la clase de trabajo que yo y tus otros dos compañeros llevamos a cabo, tu sueldo aumentara y tal vez encuentres la redención que ansias.


Tras la notificación, llevada a cabo sin contrato o escrito alguno, Lothar se levantó y se dirigió a la salida de la estancia. No esperó a que Spenholf la siguiera, pero al ver al reo dudar, le hizo un gesto.

-Recuerda, siempre, en todo momento, no estaras lejos de mi. Nuestro trabajo se hace por amor a las tierras de Sigmar y por fidelidad al pueblo brigundano, pero no por ello deja de ser un trabajo, y como tal ha de ser profesional ¿comprendes? No hay segundas oportunidades, y no me temblará el puslo si tengo que reprenderte o expulsarte de mi lado.


Detrás de la máscara, la respiración, ahora más agitada de Lothar, se oia entrecortada. En un principio no parecia que trabajar con Lothar fuera algo especial, ni que se requiriera alguna habilidad alguna. Pronto Karl descubriria cuan equivocado estaba.

Lothar, Karl, Sanros y Mudito salieron como uno solo de la iglesia, y tras despedirse del lector, procedieron a un dia de trabajo. Hasta aquel dia, el reo, como la mayoria de la población imperial, pensaba que el trabajo de un cazador de brujas y de su séquito se reducia a quemar herejes y purbar aldeas. Nada más lejos de la realidad, la primera jornada laboral de Lothar y sus hombres fue copiar y trasladar unos viejos tomos de la biblioteca de la ciudad a la iglesia, entrevistarse durante más de dos horas con fieles y creyentes, escuchando sus opiniones, quejas e impresiones, y por último revisar documentación acerca de acusaciones de herejia o sospechas de cultos, en su gran mayoria infundadas. Al caer la noche, el sequito volvió a la iglesia tras la burocrática jornada de trabajo, y tras unos diez minutos de rezos, Lothar pasó a limpiar sus armas.

El armamento del cazador de brujas era de lo más variopinto, y consistia en un extraño rifle envuelto en una basta tela y dos pistolas de repetición, de tres cargadores cada una. También completaban su equipo lo que parecia una bola de hierro rellena de pólvora, un sable y un main gauche remataban el equipamiento de Lothar. Sanros (él único que daba conversación a Karl) por su parte llevaba consigo armas más sencillas, consistentes en una espada, tres cuchillos arrojadizos y dos hachas ligeras, aptas para ser lanzadas. Por último, Mudo contaba únicamente con un enorme mayal de cinco puntas recubiertas de afilados salientes retorcidos. Ninguno portaba mallas o algun tipo de armadura pesada o que dificultara los movimientos, ni ningún simbolo que los acreditara como cazadores de brujas. Tampoco parecian necesitarlo, pues si cada dia de trabajo era como el que Karl habia vivido, lo más peligroso que habrian de enfrentar seria cortarse con el canto de alguna hoja. El reo no estaba para nada cansado, pues lo único que habia hecho todo el dia habia sido merodear alrededor del sequito, con el escudo preparado, amen de ayudarles a transportar algunos documentos, y por la caida del sol habia recibido atención sanitaria de Lothar, quien estaba insistiendo en enseñarle a coser sus propias heridas, por si acaso. Asi, sin esfuerzo, acabo el dia, y Karl esperó tranquilo y paciente la llegada del siguiente.



30 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Grenzstad.


Era dificil de creer, pero alli estaba Russ, deambulando por la muralla de la Puerta de Grenzstad, mientras Tori, su fiero perro de presa, intentaba acelerar la marcha tirando del collar. El dia anterior, Russ se habia encontrado cara a cara con el mismisimo Bukter Alptraum, y a pesar de montarle una escena, el portavoz del Consejo Provincial le habia dado un oficio, a regañadientes. Su tarea, si la cumplia bien, le otorgaria 320 peniques semanales, aunque sin gastos pagados ni dietas incluidas. Cada falta le reduciria el sueldo diez peniques, y el sargento que estaba a su cargo estaba deseoso de recordarselo desde el primer dia. Bukter habia asignado a Russ al sargento de las murallas, un humano de barba poblada y rojiza y pañuelo en la cabeza, llamado Kort Seder. En un solo dia, Russ ya habia averiguado que las defensas de la ciudad se llevaban a cabo unica y exclusivamente por mercenarios, y que no habia leva estable. Cada año, e incluso cada mes, se iba renovando con nuevos reclutas, y entrar a servir en los cuerpos de defensa de la urbe era tan sencillo como lucrativo, y por buenas razones. Grenzstad era una ciudad apartada, y no estaba exenta de peligros. Pocos querian vivir alli mucho tiempo, y apenas habian familias asentadas alli, lo que aceleraba la rotación de la población. En aquellos dias, dada la inseguridad del resto de aldeas colindantes, la población de Grenzstad habia crecido, pero esto era una excepción.

Kort Seder no era el único sargento en la muralla. El otro era Braagi Durelsson, un khazalid de ojos negros y turbios y barba en tirabuzones. Braagi se encargaba de mandar a los enanos, y Kort a los humanos, pues ninguna de las dos razas toleraria un superior de la otra. En la ciudad habian muchos enanos, por lo que parte de la guarnición estaba formada por ellos, y no haber contado con ellos habria sido algo imposible. Gracias a aquel metodo, la seguridad estaba asegurada, con cincuenta humanos de guardias y veinte de reserva asi como treinta enanos vigilantes y doce en reserva (siendo estas las cifras de seguridad de la muralla, sin contar los cuarenta mercenarios que formaban la guardia de Bukter). Además, Russ oyó decir a Kort el primer dia de trabajo que la seguridad del centro urbano, y la guardia personal de Bukter Alptraum y Vlados Foiter, los ahora señores de Grenzstad, estaba dirigida desde hacia tres dias por un tipo muy extraño que habia sido nombrado el mismo dia que Bukter fue aclamado por Voiter como sumo lider de Averland, del que decian que hasta cagaba con su armadura puesta. Aunque no oyó su nombre, Russ pudo suponer que aquel dirigente no era otro sino Gottfried Harrikherr, pero solo eran suposiciones.

Russ habia encontrado una posada donde vivir, en la cual le cobraban 20 peniques diarios con todo incluido, desde pienso para Tori y para el caballo Brión, hasta una cama caliente, baños dia si dia no y comida hasta hartarse. Por si fuera poco, en la posada habia un cocinero experto en cortar carne y coser heridas, y ofrecia sus servicios hospitalarios a quien pagara la estancia alli. Ahora se encontraba algo mejor de sus heridas, pero el dolor seguia siendo fuerte, aunque mas apagado. Fue a la caida del primer dia de trabajo, cuya jornada consistia en ocho horas ininterrumpidas de paseos por la muralla, cuando llegó a una intersección en la que su jefe Kort Seder se afanaba en colgar unos cuerpos en unas horcas. Al pasar por alli, Kort y los dos muchachos que le ayudaban exigieron al manco guerrero de dios que les echara la mano que aun conservaba para alzar con las cuerdas los cadaveres. Fue el mismo Kort quien le explicó la situación a Russ.

Kort Seder

-Jejeje, putos Arcas Rojas... ¿Sabes lo que son esta gente? Revolucionarios, insidiosos revolucionarios que querian abolir al gobierno. Una patrulla de la banda de Hartrer los encontró esta mañana, y hemos podido colgarlos ahora, como aviso para los demás. Estaban huyendo desde Merfeld, los muy cobardes. Venga, ayudame con este que es muy gordo.


La banda de Hartrer... Aquello tenia un significado muy claro para Russ, pero el redentor de Monheim tendria que pensarse si preguntarle a su alcoholico jefe acerca de aquella banda o reservarse su curiosidad y pasar desapercibido. Mientras alzaban al último de los cuerpos, a lo lejos vieron varias carretas que se dirigian a la puerta. Tras unas inspecciones de cargamentos, las diligencias pasaron dentro de la ciudad, y sus miembros fueron desperdigandose por la urbe. Antes de que pudiera fijarse en nadie, Kort lo mandó a seguir su ronda, y el redentor de Monheim continuó su paseo por las murallas, mientras detrás suya, abajo a nivel del suelo, Miller y Skalik paseaban libremente por Grenzstad.

Los controles habian sido faciles de pasar, y los guardias tampoco quisieron llevar muy lejos el interrogatorio a los refugiados de Merfeld. Skalik no contestó siquiera al khazalid que le habia cuestionado el motivo de su viaje, y mientras los soldados de Fiodor buscaban una posada donde asentarse y Gauss se dirigia raudo al palacio de Vlados Foiter para comprobar donde tendria que ir a la reunion, Miller, Griet Lieb, el herrero y Skalik fueron fijandose en los distintos barrios de la ciudad y en los locales que alli habia. Pararon unos minutos en uno de los fosos de pelea, donde un reciario hostigaba a un gladiador con su lanza, hasta que el fornido luchador de pozo que era atosigado agarró la lanza de contrario y con sus propias manos le partió el cuello, haciendo volar los peniques y los aplausos de las gentes. En contra de la normativa imperial, Vlados Foiter habia legalizado las luchas de pozo, y aquello era una de las más grandes fuentes de ingreso urbanas, pues todos los ciudadanos apostaban y disfrutaban con ellas, y los alguaciles recibian sin problemas su parte del pastel. Lieb fue, como Miller habia ordenado, a reservar habitaciones para los dos, mientras el herrero se daba un paseo por el barrio de Las Palomas, deleitandose con el movimiento que habia alrededor de los campos de snotbol y la belleza del Estrado de Justicia, un edificio antiguo pero de rectas proporciones.

La noche estaba por caer, y a la hora acordada, todos se reunieron donde Miller habia acordado. Una vez alli, Gauss le preguntó a Miller cuando podria ir a visitar a Vlados, y Lieb le pidió tiempo al stirlandés para hacer una batida en búsqueda de Karl Spenholf. Por su parte, los soldados tambien quisieron hacer visitas por la ciudad, pero respetaron el orden de mando que Minder Halvut habia ordenado, y esperaron a que Miller les diera permiso. Por último, Skalik deambulaba entre el resto, sin hablar demasiado ni hacer gran cosa, sin inquietud y tal vez algo hastiado. La hora del plan habia dado comienzo, y no podria haber fallo alguno en su consecución. Muchas vidas estaban en juego.




FDI: Karl, Russ, vuestras heridas han mejorado, sobre todo para Karl que vuelve a estar a pleno rendimiento. Tambien vuestros bolsillos han mermado, por la manutención de vuestros caballos y de vosotros mismos.

Russ, fallas una percepción con un 83 y no consigues reconocer ni ver a Miller, el stirlandés que propició los incidentes de las cavernas en Monheim, y por consiguiente, el cambio en tu vida. Postea lo que quieras en relación a lo que haces ese dia tanto en tu trabajo como en tu tiempo libre, asi como las preguntas que quieras hacerle a tus nuevos compañeros de trabajo.

Karl, idem que con Russ. Es momento de conocer a tus compañeros, asi como habituarte a la vida de sequito de un cazador de brujas. Te aviso que aprecias que Lothar esta preparando algun tipo de trabajo importante para el dia siguiente, asi que puedes preguntarle acerca del tema. Eso si, recuerda que Sanros se mostrara mucho mas comunicativo.

Miller, ya estas dentro, y es tu turno de llevar a cabo tu plan y poner a cada uno de los hombres en su sitio. Es tarde, asi que el dia de hoy no tendras mucho tiempo, por lo que ve preveiendo las acciones del dia siguiente.

Skalik, date algo de brio, pues tus acciones se van pasando. Mientras no actues, llevare al matador como pnj.

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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Van Hoffman » 11 Nov 2010, 23:05

Franz Miller

Ya estaban dentro, y había sido fácil. Al caer la noche, estaban todos reunidos, a la espera de que Miller expusiese su plan.

- Bien, ya estamos aquí, así que ahora ha llegado el momento de poner en marcha nuestro plan. Gauss, mañana a primera hora, ireis Randall y tu a hablar con Foiter, ya sabes lo que hacer. Ulli, elige a uno de tus hombres para que haga guardia esta noche en la puerta y vigile los turnos, cuente tropas y todo eso. Iros turnando para que os sea más sencillo trabajar, y los que no estén de guardia podrán descansar y pasear por la ciudad.

Fiodor, tú y los tuyos os dispersareis por toda la ciudad, recabando noticias y viendo como está la situación en general. No descuideis ningún rincón. Si de paso conseguis información de las tropas que hay en la ciudad, tanto mejor. He visto a algunos soldados de Carroburgo, así que tened cuidado con ellos.

Lieb, hoy no te necesitaré, así que puedes ir a indagar por donde quieras. Te digo lo mismo que a Ulli, cualquier información que obtengas, me la haces saber. Y si pillas al tipo ese, todo tuyo, nadie te reclamará la recompensa.

Skalik, ya sabes lo que hay que hacer. Ves al barrio enano, investiga, y hazte con el apoyo de los tuyos. He visto enanos en la puerta. Hay que ponerlos de nuestra parte. No te preocupes, si todo sale bien, habrá lio en un par de días.

Yo iré a la mia, investigando todo lo que pueda. No volveremos a vernos hasta mañana por la noche, a esta misma hora. Entonces, me informareis de todo lo que hayais descubierto
-Miller se levantó y todos lo imitaron-. A todos os digo, buena suerte, y que Sigmar os ampare.

La reunión se disolvió y cada uno se marchó a sus residencias. Miller y Lieb se dirigieron a la posada donde el joven cazarrecompensas había alquilado una habitación doble. El stirlandés dejó sus armas en un rincón, se quitó la armadura, la chaqueta y las botas, y se dejó caer sobre el camastro, agotado. A penas tardó unos minutos en caer presa del sueño.



A la mañana siguiente, y después de desayunar en la posada un poco de pan, queso y un vaso de cerveza caliente, Miller y Lieb se despidieron hasta la noche. El stirlandés dejó la ballesta, la aljaba y la espada de plata en la habitación, y se quedó solo con la espada curva y los puñales (que escondió entre sus ropajes). Aquel día, estrenaría sus ropas oscuras, que medio ocultaban las piezas de cuero tachonado entre capas de ropa negra. En Grenzstad, el clima era más frio debido a que se encontraba a más altura que Averheim, y además, era otoño bien entrado, así que Miller no desaprovechó la capa y el sombrero.

Tras desayunar, se dirigió primero al Templo de Sigmar, en el barrio de las Palomas. Aquella era la zona más rica y más bonita de la ciudad, y Miller pudo comprovar que también allí habían erigido los templos de Myrmidia y Verena. El stirlandés llegó a tiempo para asistir a la primera misa del día, en la que el Lector Wirdemann leyó un pasaje que hablaba de cuando ascendió a los cielos y se convirtió en el único Dios. La misa finalizó y Miller se quedó un rato rezando frente a una capilla. El stirlandés era un hombre devoto, temeroso de Sigmar, que con el tiempo había descubierto que rezar le resultaba tranquilizador, sobretodo en momentos en los que sus recuerdos le atormentaban.

Así pues, Miller se quedó en el templo cuando ya se había vaciado casi del todo. El stirlandés se acercó al Lector, que estaba hablando con un novicio, y esperó pacientemente a que terminase. Una vez quedó libre el Lector, Miller se dirigió a él con todos los respetos.

- Padre, Eminencia -Miller se arrodilló y besó el anillo del Lector-. Con toda mi humildad, os ruego que me concedais el perdón por todos mis pecados, y que me deis vuestra bendición para la tarea que me ha sido encomendada.

El Lector Wirdemann escuchó atentamente la explicación del stirlandés. Miller le contó cómo había mentido para quedarse con una recompensa que no le pertenecía a él solo, y cómo había dejado morir a varios enfermos de viruela de camino a Hochleben. También le pidió que le perdonase los pecados que seguramente cometería en unos días, por todas las muertes que podía causar. Siempre que tenía ocasión, Miller rezaba y pedía el perdón por los pecados, y aquella vez, si Morr reclamaba su alma, se iria con la conciencia tranquila.
Van Hoffman, pastor de garrapatos por gloria y gracia de Igarol

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Re: Final de Campaña II: Ratas Hambrientas

Mensaje por Oeris » 13 Nov 2010, 16:08

Skalik Mataskavens

Por fin habian llegado a la ciudad y todos tenían algo que hacer. Skalik, después de oir las órdenes de Miller, se fue a la cama y al día siguiente se dirigió directamente hacia el barrio enano en busca de gente que se pusieran de su parte. Hacia mucho que no veia construcciones enanas y todo le recordaba a su hogar. Después de preguntar sobre las tabernas del barrio, se dedicó a realizar una ronda por todas en busca de más matadores que se unieran a su casa prometiendoles una muerte honorable en batalla, sin dejar de tomarse una cerveza en alguna de las tabernas.

El khazalid, al terminar su busqueda de matadores, hablo con unos cuantos enanos más explicandoles lo que querian hacer y lo que podrían conseguir si se unian a su causa. Cuando consiguió a unas cuantas personas más para la causa, se dirigió hacia los pozos en busca de algún oponente al que pudiera vencer y así ganar algo de dinero, ya que en esos momentos le hacia algo de falta.

FDI: Básicamente lo que hago es dirigirme al barrio enano después de descansar en busca de matadores que se quieran unir. Después de hablar con unos cuantos busco a otros enanos que se quieran unir y cuando tenga algun grupillo de interesados, les diré que se dirigan a la posada en la que me encuentro dentro de cuatro horas para explicarles completamente el plan. Y luego, directamente a los pozos a ver si puedo conseguir algunas monedas.
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