Viajero Stirlandés V: Oh, Dios de la Plaga

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Viajero Stirlandés V: Oh, Dios de la Plaga

Mensaje por Saratai » 12 Sep 2010, 23:37

23 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Zang.

El sueño habia sido reparador para el demente cazador de monstruos, entre las cómodas plumas de la cama de la posada. No habia sido caro, para ser realista, pues con cinco peniques habia comprado comida para todo el dia, habia descansado y bebido agusto, y se aseguró no pasar muchas penalidades en el camino a Agbeiten. Sin embargo, la maldita jaqueca no desaparecia, y las visiones se estaban prolongando más que de costumbre.

La noche anterior, Alan Friedsgoth habia partido junto a Cässim y Adelfbert hacia Averheim, después de que Mannricht se llevara al enfermo mediano a su ciudad natal. Como de costumbre, Miller volvia a quedarse sólo, pero esta vez seguia sin haber ningún Valentino que le sacara de sus intrincados problemas mentales. Con el tileano, pagar una comida, preguntar un camino o siquiera dormir era mucho más fácil. El stirlandés habia preguntado a mucha gente acerca de transporte hacia Agbeiten, pero la mayoria de las personas habia huido de él, se habian tapado la cara con gasas o le habian soltado escuetamente que Agbeiten estaba en guerra con Loningbruck.

Fuera como fuera, el afortunado stirlandés no habia pillado la plaga que parecia afectar a casi todo el mundo en el amurallado territorio, asi que tras colocar unas telas encima del esqueleto que habia de darle de comer gracias a la recompensa (si era afortunado claro), se puso en marcha hacia Agbeiten. La distancia entre ambas ciudades era de unos 60 kilometros, en dirección a Sureste según indicaba una señal a la salida de la ciudad. Miller no sabia contar, pero si que el simbolo del cartel significaba como minimo, dos jornadas de viaje. Con suerte, el 25 por la mañana estaria en Agbeiten y podria cobrar el trabajo, comer bien y equiparse de lo necesario para continuar con sus viajes, pero hasta entonces tocaria sobrevivir. Algo que no se le daba muy mal al loco cazavampiros, que tenia todo el Reik para pescar, y todas las zonas boscosas de entre el camino para cazar algún animalejo silvestre.

Ya llevaba tres horas de horrible viaje cuando Miller divisó a unos siete kilómetros una pequeña agrupación de casas. Tras acercarse, el stirlandés pudo comprobar de que se trataba de Zang, aldea algo más pequeña que su querida y bien conocida Tandern, donde Nina le esperaba... O eso creia él. Bajo el sol de la mañana, Zang lucia medianamente bonita, pero igualmente despoblada que Tandern. Los hombres capaces para luchar habian sido ya reclutados Pillher, vasallo de Markus Leitdorf, y por aquel momento debian estar ya cercanos a las montañas de Bernloch, haciendo de las suyas en las aldeas altas de los señores neutrales, los Alder.

Algo lejos de Zang, a unos cinco kilómetros, se intuia el cauce del Reik y por la zona, humo. Alguien debia estar acampado a lo lejos, sin importarle que fuera descubierto el humo en la lejania. Además, parecia que cascos de caballos habian pasado en dirección al rio, pero dificil saber el número exacto con la tierra tan seca ¿Patrullas de caminos independientes, soldados Alptraum reclutando hombres, bandoleros, esclavistas? Las posibilidades eran infinitas.

No parecia una elección importante, pero Miller y su esqueletica presa debian decidir que camino escoger. Tenia tiempo y estaba marchando a buen ritmo, pero un camino podia llevarle a perder más tiempo, podia proporcionarle información interesante de la zona o podia mandarlo al mismo infierno.


FDI: 81 en locura te asegura unas jornadas de paranoia y psicodelia. Un 68 en Cotilleo, unido a la plaga y a tu demencia (penalizador de -30) hace que ni los mendigos te pidan dinero. Con supervivencia en 39, a pesar de los penalizadores, te permite no morir de hambre y hervir agua por el camino. Por último, 19 en Percepción te da buenas vistas, y rastros de señas por los caminos.

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Re: Viajero Stirlandés V: Oh, Dios de la Plaga

Mensaje por Van Hoffman » 20 Sep 2010, 15:50

Franz Miller

El camino desde Loningbruck fue horrible. Miller veía sombras por todos lados, a su alrededor, acechandolo. Aquellas malditas visiones le volvían loco, y sin Valentino que le animase, se sentía mucho más perdido. Echaba tanto de menos al risueño tileano...

Y en esas estaba la frágil mente del stirlandés, que divisó Zang a varios kilómetros, y algo más cerca, humo de hogueras en la rivera del Reik. Por el camino que llevaba a la rivera Miller vio huellas de caballos, así que pensando que quizá lograse acelerar un poco su viaje (y de paso charlar con alguien), decidió acercarse al campamento.


FDI: Siento el retraso, pero con eso de empezar la uni y el curro, andaba loco ><
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Re: Viajero Stirlandés V: Oh, Dios de la Plaga

Mensaje por Saratai » 23 Sep 2010, 21:11

23 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Rivera del Rio Reik.

Miller se dirigió hacia la orilla del Reik, donde las huellas y rastros del camino le indicaban que se encontraria, a buen seguro, con un grupo de personas acampadas. Y desde luego, su talento de rastreador nato no le falló,, pues el viajero stirlandés no tardó en hallar el origen de una hoguera, y a su alrededor, varias personas tiradas, entre borrachas y cansadas, asi como cuatro caballos.

Fue uno de los hombres del grupo, de los siete que habian alli, quien se percató primero del loco cazavampiros que asomaba por alli. El bandido, sin tiempo que perder, se levantó y aviso al resto, que se pusieron en pie todo lo rápido que la borrachera les permitió. Fue un hombre con un garfio y una pata de palo quien le increpó al stirlandes.

Capitán de las Garrapatas del Reik

-¡Eh! Si, tu, ven aqui. ¿Qué hacez merodeando por aqui? ¿No seráz un desertor de la guerra?


El resto de piratas de agua dulce comenzaron a acercarse en corro, pero en contra de lo previsto por el stirlandés, no parecian violentos ni con malas intenciones. De hecho, más de uno estaba herido, y se notaba que no habian tenido una buena racha, dada la falta de cajas en el campamento, y la presencia de un único y pequeño bote en la orilla, amarrado a un tronco. Dos de los saqueadores de rio hablaron entre ellos, y después con su ceceante lider, quien parecia sacado de un cuento de piratas para niños, faltandole unicamente el sombrero de almirante negro y algún exótico loro en el hombro.

-Máz te vale que noz digaz a que haz venido por estaz malditaz tierraz. Aqui solo hay plaga y enfermedad, y nada de provecho para sacar. ¿Y que demonioz ez eze esqueleto que llevaz ahi? ¿Acazo coleccionaz huesoz de caballo?


FDI: Tu movimiento silencioso ha sido de 04, pero el hecho de que no haya árboles donde esconderse hace que seas visto sin remisión. Aun asi, no parecen tipos que vayan a asaltarte y robarte, al menos no de primeras de cambio, pues de ser asi ya lo habrian hecho. Más bien parecen bandoleros de rio en horas bajas.

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Re: Viajero Stirlandés V: Oh, Dios de la Plaga

Mensaje por Van Hoffman » 24 Sep 2010, 00:23

Franz Miller

Miller no tardó mucho en comprender que había dado con un campamento de bandidos, o piratas. Antes de acercarse más, tuvo la sensatez de esconder la espada de plata bajo la capa, dejando solo a la vista la barra de hierro y la daga.

El stirlandés se acercó en silencio, pero con actitud indiferente, casi amistosa. Estaba loco, si, pero no tanto como para enfrentarse a siete hombres, por muy borrachos y heridos que estuvieran. Alzó una mano en señal de saludo, pero la bienvenida no fue precisamente calurosa.

-¡Eh! Si, tu, ven aqui. ¿Qué hacez merodeando por aqui? ¿No seráz un desertor de la guerra?

- No más desertor que vosotros.

Los piratas murmuraron entre ellos, al tiempo que le rodeaban, intentando intimidarle. Luego, el cabecilla volvió a hablar.

-Máz te vale que noz digaz a que haz venido por estaz malditaz tierraz. Aqui solo hay plaga y enfermedad, y nada de provecho para sacar. ¿Y que demonioz ez eze esqueleto que llevaz ahi? ¿Acazo coleccionaz huesoz de caballo?

- ¿Estos huesos? -Miller miró el esqueleto que sobresalía de la manta que llevaba al hombro- No son más que un recuerdo del Matacabras, o Chupacabras, o como coño se diga. Si, el que vivia en los bosques cercanos a Loningbruck. Yo lo maté -Una entrada imponente ahorra problemas-. En fin. Vengo de paso de viaje hacia Agbeiten, y pensé que sería más rápido si seguía el curso del Reik, y así ahorrame un encontronazo con esos peajeros impertinentes -Miller miró por encima del hombro del jefe, a la hoguera del campamento-. Veo que estabais montandoos una pequeña fiestecita. ¿Podría gozar de vuestra hospitalidad y compartir algo de comida y bebida? Soy buen cazador, y si hace falta, quizás encuentre algun conejo o ardilla silvestre para hechar a la cazuela.

No era la primera vez que el stirlandés compartía comida con lo peor de la sociedad imperial. Hacía cinco años, en Monheim, había compartido hoguera con una banda de mutantes. Más tarde, en los Reinos Fronterizos, Fonseca y él habían conocido a un grupo de bandidos y forajídos. A Miller no le desagradaban, siempre y cuando no intentasen robarle. Aunque claro, ¿qué iban a sacar de él? No valía la pena el esfuerzo. Esa había sido diempre la ventaja del stirlandés.


FDI: Comprendo que no tengo mucha empatía, y menos afectado por mi locura, pero creo que, simplemente manteniendome indiferente a la situación, podré llevarme bien con los piratillas. De hecho, casi quiero parecer amigable, como si yo tambien fuera uno de ellos (que en cierto modo, lo es). En fin, espero que no se les crucen los cables a estos hombres...
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Re: Viajero Stirlandés V: Oh, Dios de la Plaga

Mensaje por Saratai » 27 Sep 2010, 18:16

23 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Rivera del Rio Reik.

El lider de los piratas se hechó para atrás cuando Miller propuso quedarse alli con ellos. Los tics del ojo del demente stirlandés daban bastante miedo, y aunque el creia que sus palabras eran normales y lógicas, realmente las expresaba con extraños movimientos exagerados e instantes en los que su mirada quedaba perdida. Además, sus palabras eran bruscas y sin sentimiento.

Aun asi, el lider de los piratas pareció feliz con la idea, tras darse cuenta de que aquel loco no era ningún siervo de la ley. Más aun, si habia cazado al Comecabras de Loningbruck (si realmente esos huesos eran suyos), buscaba evitar peajes y llegar a Agbeiten, aquel loco podia unirse a ellos. Las Garrapatas del Reik estaban faltos de hombres, y ningun momento era malo para reclutar uno.

Capitán Número Siete de las Garrapatas del Reik, Mediopalo Johannes

-Azi que sabez cazar ¿eh?-
el pirata miró de reojo al stirlandés, para después ofrecerle un sitio con sus chicos y un trago de vino barato -me llamo Johannez, y yo y miz hombrez viajamoz también en dirección a Agbeiten. Pescanoz algo por ahi y ayuda a llevar nuestraz cosaz, y te llevaremoz gratiz hacia el muelle máz cercano a Agbeiten. Supongo que tendrás una recompensa que cobrar por el monstruo ¿eh?

Cuando Miller se unió a los bandidos en la hoguera, los siete le saludaron relajados. Al verlo de cerca se percataron de las heridas que cubrian al stirlandés, y le creyeron inofensivo. Hasta algunos hicieron bromas acerca de que podrian cortarle el cuello y robarle al monstruo con su recompensa, asi como lo que llevara encima, pero tras varios chistes y pruebas a la sensatez del stirlandés, nadie llegó a hacer nada. Sin embargo, si que insistieron en que si queria viajar con ellos, deberia ser de algun tipo de utilidad.

Fue uno de los hombres, un pirata moreno y con más caries que dientes, el que más habló con Miller y quien le informó sutilmente de que viajar bajo su protección le costaria al cazavampiros algún que otro esfuerzo.

Pirata de Rio Gunslieb

-Escucha cazador, si quieres estar con nosotros, más te vale que cazes algo o nos des de comer. Tengo hambre y tu cara de loco me pone de mala ostia, y cuando se me juntan esas dos se me va la olla ¿entiendes lo que digo, o lo tengo que repetir más despacio?


A cada palabra de Gunslieb, el resto reia alegremente, sujetando las botellas de vino. Uno de los piratas, un tipo rubio de taimada sonrisa, le ofreció un poco de vino al cazador de vampiros, mientras le palmeaba la espalda. Aquella estancia entre piratas podia hacerse más larga de lo que Miller habia pensado.



FDI: Tirada de Empatia de 79, lo que junto a tu locura presente hoy no te hace ser muy apreciado. Los piratas te han ofrecido trabajar para ellos a cambio de llevarte a los muelles de Agbeiten sin problemas, pero no han llegado a soltar prenda de adonde van, ni a que organización pertenecen. Sin embargo, un 13 en Sabiduria Popular te hace sospechar de que se tratan de bandidos de rio bajo la protección de las Garrapatas del Reik, una famosa organización de piratas marinos muy perseguida en Reikland, pero menos conocida en Wissenland o Averland.

Lo que sabes de tal organización es que se trata de una especie de ruin sindicato para bandas de bandoleros del rio Reik, que aunque no trabajan juntos, siempre se protegen entre si si mantienen el simbolo de la organización en sus velas, un burdo kraken blanco. Averland es ahora mismo el mejor caldo de cultivo para ellos, pues las riñas politicas restan atencion al combate contra bandidos.

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Re: Viajero Stirlandés V: Oh, Dios de la Plaga

Mensaje por Van Hoffman » 29 Sep 2010, 23:23

Franz Miller

El stirlandés suspiró aliviado. Al menos, las cosas no habían llegado a las armas, y aquello ya era una victoria. Miller aceptó con una sonrisa la comida y la bebida, y charló un poco con los piratas. Aquellos bandidos eran gente curiosa. Violenta y camorrista, de palabras duras y directas, pero en el fondo, eran todos camaradas, hermanos de armas, por decirlo de alguna manera. Y le dio la sensación de que le había costado bien poco ser uno de ellos.

Un poco de trabajo no va a matarme.

- Bueno John, ¿puedo llamarte John? El caso es que pescar no se me da muy bien que digamos. Prefiero la caza a la pesca, pero cazar con un palo de hierro no suele ser fácil. Dejadme un arco, o mejor, una ballesta, y os cazaré el venado más gordo del bosque. Y si necesitais encender una hoguera o cargar con varias cajas, estaré dispuesto a ayudaros. Pero a decir verdad, me gustaría poder llegar a Agbeiten cuanto antes, aunque no quiero meteros prisa...
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Re: Viajero Stirlandés V: Oh, Dios de la Plaga

Mensaje por Saratai » 01 Oct 2010, 01:02

23 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Rivera del Rio Reik.

El demente cazavampiros fue manteniendo la camaraderia con los bandoleros, que aunque no le respetaban, no se propasaron con el en ningun momento. Los locos podian reaccionar desproporcionadamente, y eso era algo que los piratas de rio sabian demasiado bien.

Fue uno de los bandidos, un tipo ancho armado con un alfanje, el que rebuscó entre las alforjas de su caballo para darle al stirlandés lo que pedia.

Pirata de Río Victor

-Toma, aqui tienes un arco y cinco flechas, más que suficiente para cazar algo por alli. Nosotros partiremos mañana por la mañana antes del amanecer y llegaremos a Endsorf por la noche, una aldea cercana a tu destino. Eso si, con nosotros solo viajan camaradas de pleno derecho, asi que seguramente el jefe te pida algo de dinero por las molestias. Por eso, más te vale cazar algo suculento para él, y asi dejarle contento.


El arco no era de gran manufactura, simplemente un arco corto simple de cuerda fina y varias flechas de caza, sin punta de hierro y con cuatro plumas contadas cada una, lo justo para herir de gravedad a un cervatillo. Cuando Victor le entregó la herramienta a Miller le lanzó una mirada severa.

-Lo quiero de vuelta tal y como está, y procura recuperar las flechas. Más vale que tampoco intentes hacer nada raro, no le damos una muerte rápida a quien nos la juega.

El cazavampiros descansó un rato más con ellos, antes de ponerse en marcha hacia una linde cercana, en la que suponia que habria algunos animales silvestres. Tardó algo más de una hora en llegar, y estuvo hasta el anochecer buscando presas dignas de una buena cena. Hasta seis ciervos estuvieron por la zona, más Miller solo se percató de uno de ellos, dado que la suerte le acompañó cuando este rompió varias ramas en su camino. El stirlandés le vió, y tensó el arco, y aunque se ocultó de manera excelente, su respiración fue demasiado agitada y desveló su posición, alertando al animal que salió huyendo sin ofrecer un buen ángulo de tiro. Después, a pesar de los esfuerzos del stirlandés por rastrear las huellas entre las hojas caducas, la pista del animal se perdió y volvió al campamento con las manos vacias.

Los piratas rieron alegres, pues aunque el viajero stirlandés no habia conseguido una buena presa, habia supuesto un buen divertimento para todos, y los piratas compartieron la comida con el cazavampiros. Tras unas horas de descanso, el grupo partió, y fue el capitán John quien despertó y puso al corriente a Miller de la nueva tasa de transporte.

Capitán Número Siete de las Garrapatas del Reik, Mediopalo Johannes

-Bien muchacho, toca partir. El viaje te costará un chelín, por laz molestiaz. Piensa que tenemoz muchoz gastoz que cubrir...


El viajero stirlandés no tuvo problemas en pagar, y el viaje dió comienzo.


24 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Rio Reik.

Cuando los primeros rayos del Sol comenzaron a reflejarse en el agua, la embarcación fluvial ya llevaba un buen trecho recorrido. Aquella mañana, Miller se habia levantado después de una larga noche de pesadillas, pero su mente estaba consiguiendo mantener la calma. Para su sorpresa, los piratas no evadieron peajes en su camino, pagando incluso algo más en concepto de incentivo a los peajeros fluviales que encontraron por las claras y frias aguas del Reik, y el viaje fue tranquilo hasta su final. En más de una ocasión los piratas ofrecerion trabajo y estancia en su barca a Miller, pero este estaba convencido de que tenia que cobrar su recompensa antes de pensar en nada más.

El dia transcurrió tranquilo, y cuando la noche cayó, los piratas ya habian dejado al stirlandés en el muelle de Endsorf, lugar famoso por sus coles y salmones frescos. Victor se despidió del loco, asi como el capitán, que le dio su unica buena mano y le deseo suerte en su viaje, no sin cierta lastima por su estado mental. Asi pues, Miller se dirigió hacia la ciudad de Agbeiten, bastión de los Alptraum y dirigida por la familia Von Grünwald, nobles con grandes extensiones de pastizales, minas y cabezas de ganado. Al llegar a la ciudad de Agbeiten, Miller comprobó que la viruela también habia hecho de las suyas alli, aunque no tanto como en Loningbruck. Algunas piras demostraban que los cadaveres infectados no recibian toda la atención deseable en los jardines de Morr, pero los señores del cuervo y la rueda (pues asi era el simbolo de los Grünwald) no se andaban por las ramas a la hora de defender su ciudad de plagas y enemigos.

El acento de las gentes de aquella ciudad era bien peculiar, y el stirlandés tuvo que reprimir una risa al preguntar por la mansión Grünwald, donde su recompensa le esperaba. Los guardias, al ver al esqueleto del ser a su espalda, le permitieron la entrada a las estancias de Matthias von Grünwald, señor de Hoschleben y Agbeiten, y fiel servidor de Jobb Alptraum. Escoltado por un guardia de uniforme plata y amarillo chillón, Miller pudo presentar sus respetos al señor de una de las familias más importantes de Averland, poco acostumbrado a tratar con plebeyos, en una habitación de estar repleta de objetos igual de hermosos que de prescindibles. Matthias mostraba signos de cansancio, pero no lo estaria por haber estado trabajando de sol a sol. Era orondo, y mostraba una barba castaña de recio pelo rizado. Su cabeza estaba adornada por un sombrero emplumado, y sus botas eran aun más llamativas que su colorida camisa de seda ribeteada en hilo de plata.

Matthias von Grünwald

-Me han dicho mis hombres que traes el esqueleto del Comecabras... Ese monstruo habia mermado el ganado de mis tierras, me alegra de que hayas conseguido acabar con él. Dime, ¿cual es tu nombre y que recompensa crees digna por tu hazaña?


El señor noble se recostó en su sillón de cuero liso, pero no ofreció ni asiento ni comida al stirlandés, del que preferia mantener una distancia prudencial. Miller supuso que le habia recibido en persona por no disponer de ningun intermediario a esas intempestivas horas de la noche.



FDI: Tus tiradas por el bosque han sido muy desafortunadas. Un 6 en un D10 me ha indicado el número de presas disponibles. Has fallado todas las tiradas de Percepción, con 87, 56, 49, 38, 91 y 76. Repites una con suerte y sacas 12, pero en tirada de supervivencia fallas con un 67. Después, fallas otra vez rastreo con un 75, y una tirada de Movimiento Silencioso con un 63.

Ahora has llegado a tu destino, y afortunadamente no has tenido percance alguno hasta la entrevista con el señor de aquellas tierras. Es el momento de cobrar el trabajo, y quien sabe si de apalabrar otro más para el futuro...


PD: Una tirada de 52 en Voluntad te libra de los efectos de la locura durante la negociación.

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Re: Viajero Stirlandés V: Oh, Dios de la Plaga

Mensaje por Van Hoffman » 01 Oct 2010, 13:15

Franz Miller

El arco no era gran cosa, pero serviría para cazar algo. Sin embargo, y a pesar del arco, Miller volvió con las manos vacías y con su orgullo herido. Los piratas rieron y bromearon, pero ahí quedó todo. Cenaron algo de pescado y un poco de sopa de nabos y cebollas. Rieron y bebieron juntos, y Miller se sintió bien como no se había sentido en mucho tiempo.

Aquella noche durmió tranquilo, aunque le asaltaron algunas pesadillas, y por la mañana se despertó mucho más despejado. Johannes le informó de que la tasa para viajar sería de un mísero chelín, o eso o trabajar para ellos indefinidamente. No sin refunfuñar un poco, Miller pagó el chelín, su único chelín.

Soy más pobre que las ratas...

El viaje transcurrió tranquilo y sin incidentes. Los piratas pagaron a los guardias fluviales que les detuvieron, sin dar señales de ser los piratas que decían ser. Más de una vez le insistieron al stirlandés para que se uniese a ellos en una vida de piratería y aventuras, pero siempre les daba la misma negativa. Él ya tenía sus propias aventuras.

Llegaron a Endsorf al caer la noche, y Miller se puso en marcha tras despedirse de sus nuevos amigos. No tardó mucho en llegar a la ciudad de Agbeiten, una de las más grandes del sur. Al parecer, la epidémia también estaba haciendo estragos por la zona, pero Miller era stirlandés, y estaba hecho de otra pasta, no como esos sureños blandengues.

Sin impresionarse de las piras a las afueras, Miller preguntó por la mansión de los von Grünwald, y una vez le indicaron, no le costó mucho trabajo dar con ella. Allí, un guardia le dio el alto, pero bastó una mirada al esqueleto para dejarle pasar. Miller no sabía mucho del tal von Grünwald, solo que estaba de parte de los Alptraum y en guerra contra los Leitdorf revolucionarios.

En la sala de recepción, Miller dejó el fardo en el suelo y lo desenvolvió, dejando ver el mutado y chamuscado esqueleto. Finalmente, se arrodilló.

-Me han dicho mis hombres que traes el esqueleto del Comecabras... Ese monstruo habia mermado el ganado de mis tierras, me alegra de que hayas conseguido acabar con él. Dime, ¿cual es tu nombre y que recompensa crees digna por tu hazaña?

- Mi nombre es Franz Miller, mi señor, un sencillo y humilde cazarrecompensas. A penas un poco de oro, lo suficiente para poder sobrevivir. O si preferís no gastaros vuestro preciado metal, con que me proporciones algo de equipo, me daré por satisfecho -Miller era un hombre honrado, a su manera. ¿Estaba llevandose el mérito por una hazaña que habían logrado varios? De alguna manera necesitaba vivir, y había prometido darles su parte a los demás si se la reclamaban. Y aún no había acabado de hablar. El stirlandés era consciente de la guerra y de los bandos, y si tenía que decantarse por algún bando, sabia muy bien por cual. Aquel que le iba a pagar, que en este caso, eran los Alptraum. Y por si fuera poco, hacía cinco años había trabajado para ellos en el asunto de Sorghof, y Frau Anna le había parecido una mujer íntegra y fuerte. Así pues, aprovecharía lo que había descubierto-. Una cosa más, mi señor. Soy consciente de la guerra civil que azota la provincia, y dejadme decir que apoyo fervientemente la causa Alptraum. Y hace cinco años serví en Sorghof con los colores de Frau Anna. Así pues, dejadme deciros que tengo información interesante para vos acerca de Loningbruck -Miller miró con una sonrisa la expresión de la cara de herr Matthias-. La ciudad está tan vacía como un mercado en Festag.


FDI: Intento parecer cortés, educado y protocolario, pero con esa picardía propia de los hombres de mundo como Miller.
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Re: Viajero Stirlandés V: Oh, Dios de la Plaga

Mensaje por Saratai » 01 Oct 2010, 19:44

24 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Agbeiten.

El Señor Grünwald sonrió, y tinteneó una campana para que varios sirvientes entraran en la habitación. Lentamente se puso en pie, y comenzó a andar por la estancia hasta asomarse a uno de los balcones del bellamente ornamentado palacio. Con un gesto mandó a Miller para que se acercara a él, mientras uno de los soldados merodeaba por la estancia comprobando que todo iba bien.

Matthias von Grünwald

-Los amigos de mis amigos son mis amigos, como suele decirse. Si serviste a Anna en el pasado, y estás dispuesto a hacerlo en el futuro, siempre serás tratado bien en mis tierras.


El señor de la marca Sur de Averland tomó aire, y abrió los brazos señalando toda la extensión de terreno que podia observarse desde el balcón.

-Observa todo este territorio, cazarrecompensas. Lo que se extiende entre los prados, las casas, las granjas, los valles y más allá. Pues imagina cien veces más aun, y extiende tu mente hasta las riveras del rio Reik, y aun más lejano, hacia Hoschleben, y todas sus llanuras y páramos, asi como sus fuentes de agua fresca, sus manantiales y sus zonas boscosas.


Los sirvientes entraron, y sin que nadie mediara palabra, retiraron el esqueleto del engendro para llevarlo a los sotanos, donde lo limpiarian y arreglarian para presentarlo como trofeo y advertencia, muy al gusto del engalanado Matthias. Tras la pequeña pausa, el señor de los von Grünwald continuó hablando.

-Herr Miller, todo lo que te he contado es mio. Mi padre me lo legó en su lecho de muerte, y alguno de mis hijos lo herederá. ¿Tiene hijos, Franz? Bueno, un padre siente la necesidad de entregarle a sus hijos más de lo que a el le fue entregado. Cuento con cientos de hombres a mi servicios, miles de vasallos, y decenas de miles de cabezas de ganado. Mis levas levantan ejércitos, y mis campos abastecen a Averland. Pero eso no es suficiente. Gasto mucho dinero en mantener este lugar seguro, pues los Leitdorfs bien los quieren para si. Por ello, la Alianza Alptraum me entrega parte de sus fondos, y yo les entrego parte de mis hombres, quedando asi hermanados. Pero no me contento con eso. Mi hijo tiene que recibir más herencia de la que yo recibi.

Los sirvientes que antes habian recogido el esqueleto del comecabras volvieron a entrar con una ligera reverencia, portando un cofre y un saco. Matthias inspeccionó el contenido, y comprobó que todo estaba correcto.

-Me agrada no solo lo que ha hecho, Miller, sino también la información y servicio que me ofrece. Por todo ello, le doy a elegir entre cincuenta coronas de oro como pago, o escoger las pertenencias de un reo condenado a muerte hace cinco dias.

Matthias abrió el cofre, y el demente viajero pudo observar el contenido. En el arcón se hallaban ropas oscuras, varios frascos, una espada curva, dos puñales, una caja con treinta virotes, una bolsa con diez chelines y el arma más extraña que habia visto Miller en todos los años de su vida. A simple vista parecia una ballesta normal y corriente, pero en su mecanismo se hallaban cuatro cuerdas tensadas y un montaje de ocho piezas que componia una especie de cargador alargado, habilitado para diez virotes. Aquella arma era una completa maravilla.

-Ese arcón contiene las herramientas que portaba un experto asesino, enviado por la casa Pillher para deshacerse de mi persona. Sin embargo, mis guardaespaldas no son ningunos aficionados, y consiguieron reducirle y capturarle. Los Pillher siempre han sido ruines, y espero que no tengas que cruzarte nunca con uno de ellos. Te doy a elegir entre las cincuenta coronas, con las que podrias vivir desahogado durante varios años, o las armas y equipo del condenado, bastante más valiosas que el dinero, pero que solo sirven para una cosa. No son herramientas que mis hombres sepan utilizar, pero por tu profesión tal vez te sean utiles, no lo sé. Tu eliges entre dinero para vivir o una inversión para tu oficio.


El señor noble le dejó tiempo al cazavampiros para pensar, mientras revisaba a su lado las ropas. Los atuendos de Miller estaban roidos y apestosos, pero aquellos otros de color negro tenian mucha mejor pinta. Una vez escogido una u otra recompensa, el noble continuó.

-Dado que dices estar de parte del Conde Elector Jobb, y como me gusta charlar antes de irme a dormir, te pondré al corriente de los movimientos políticos que han acaecido recientemente. La que fue tu señora, Frau Anna, fue capturada por las tropas rebeldes de Markus Leitdorf, el traidor aspirante al titulo de Elector. Ese fue el desencadenante de esta horrenda guerra, por cierto. Sin embargo, este hecho también tiene sus partes positivas. Averland consta de varias ciudades que están en manos de ruines terratenientes, como Merfeld, Grenzstad o Heideck. Y con la contienda en la que nos hallamos, el verdadero Elector y sus aliados tenemos no solo la oportunidad sino el deber de restaurar el orden en estas tierras. Es por ello que te desvelaré que en breve mis tropas se dividirán y se dirigirán hacia dos puntos. Un tercio hacia Loningbruck, que como bien me has informado, y como yo ya sabia por mis propios empleados, se encuentrá debil por la viruela para resistir un asedio prolongado. Otro tercio quedará aqui para defender Agbeiten y Hoschleben de bandidos y ataques Leitdorf, y el útlimo tercio partirá al Este, para tomar Merfeld y Grenzstad.


El señor noble cerró el balcón, pues la brisa nocturna comenzaba a arreciar, y la calidez de la estancia a mermar con ella.

-¿Y porque te cuento esto, te preguntarás? Bien, te informo de todo esto dado que te considero bajo el servicio del buen Conde Elector Jobb Alptraum, que ahora se dirige hacia Heideck para firmar una alianza con el bastardo plebeyo que la gobierna a su antojo, y asi ganar apoyo para frenar a los rebeldes. Te lo cuento también porque veo en ti un hombre capaz de grandes cosas, y porque deseo que acompañes a mis hombres o a Loningbruck o al Este. Tanto en un sitio como en otro necesito cazadores de monstruos como tú, y aqui viene la parte que te interesa más que nada. En Loningbruck se halla una plaga horrible como sabes, pero el Este está azotado por algo peor. Bandas de repugnantes mutantes campan a sus anchas, asi como esclavistas y bandidos sin control. No me costará mucho tomar Merfeld y Grenzstad por las buenas, pero por las malas también imploro por hombres que no conozcan el miedo ante los engendros que se ocultan entre las montañas del Fin del Mundo.

La entrevista con Grünwald le habia demostrado al solitario stirlandés que habian gentes que ganaban con la contienda, y mucho por cierto. No era de extrañar que ni un solo noble se hubiera opuesto a una sucesión de actos militares, pues con ello podian ganar mucho más de lo que harian en tiempo de paz. Uno de estos hombres era Matthias von Grünwald, que de salir todo a su gusto, podria llegar a poseer más tierras que el propio Conde Elector, desde Loningbruck hasta Grenzstad, pasando por Merfeld, Hochsleben y Agbeiten, asi como la rivera del rio Reik. Y gracias a la familia Norfendeger, que financiaba al bando Alptraum, Matthias podria armar a un ejército suficientemente grande no solo para vencer a Markus Leitdorf, sino al Consejo Provincial del Este y a los talabeclandeses que apoyaban a Leopold de Wuppertal, el cuarto aspirante al gobierno.

-¿Qué me dices, Miller? Mataste tu sólo al Comecabras, un engendro de gargantuescas proporciones. ¿Quieres repetir la experiencia en el Este, o prefieres un puesto normal y corriente entre mis hombres que marchan en dirección Loningbruck?

El barbudo señor noble no solia hacer concesiones ni permitir a sus hombres escoger su destino, pero la hazaña de Miller le habia impresionado sobremanera, asi como su duradera lealtad a Anna Alptraum, y queria contar con sus servicios y hacerle sentir comodo bajo su mando. Ahora solo restaba ver si el stirlandés estaria por la labor...



FDI: Ale, ahi tienes tu recompensa. Toca ver ahora que prefieres, asi como escoger un destino, ya sea Loningbruck de nuevo, o buscar nuevos horizontes y monstruos de pesadilla, como se rumorea que hay en las zonas del Este averlandés. La decisión que tomes cambiará el destino de Miller para el resto de la campaña, asi que tomate tu tiempo para escoger el destino que creas mas acorde.



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Re: Viajero Stirlandés V: Oh, Dios de la Plaga

Mensaje por Van Hoffman » 03 Oct 2010, 17:48

Franz Miller

El sucio y malherido stirlandés siguió al perfumado señor de Agbeiten en su paseo por la sala de audiencias. Dejó que von Grünwald hablase y hablase y se mantuvo en silencio, incluso cuando le preguntó si tenía hijos. Al parecer, herr Matthias era un hombre ambicioso y pretendía expandir sus territorios por todo el sur averlandés. Tras su largo discurso, varios sirvientes trajeron un cofre y un saco y los depositaron frente al noble.

-Me agrada no solo lo que ha hecho, Miller, sino también la información y servicio que me ofrece. Por todo ello, le doy a elegir entre cincuenta coronas de oro como pago, o escoger las pertenencias de un reo condenado a muerte hace cinco dias.

Cincuenta coronas... Aquello era toda una fortuna, y con tanto dinero podría volver a comprar armas y hasta quizás un caballo. Pero entonces, von Grünwald mandó abrir el cofre y los vio. Unas ropas limpias, oscuras, perfectas para pasar desapercibido. Una extraña espada curva y dos puñales. Varios frascos llenos de Sigmar sabe qué. Treinta virotes para ballesta. Diez chelines en una bolsita. Y finalmente, el arma más rara y exótica que Miller había visto jamás. Parecía una ballesta, pero tenía cuatro cuerdas y algún tipo de cargador con capacidad para diez virotes. Nada más verla, Miller sabía lo que quería.

- Por Sigmar, Verena, Morr, y todos los Dioses... -el stirlandés tenía los ojos abiertos como platos- Esto es... es... es una maravilla... Mein Herr von Grünwald... sois muy amable al recompensarme con tal regalo. ¿Qué son cincuenta míseras coronas comparadas con la magnificencia de vuestra generosidad? Será un honor para mí aceptar los objetos que me ofreceis.

Herr Matthias parecía satisfecho y contento, y continuó hablando tras la pequeña pausa. Esta vez, habló de sus planes, y de los planes de sus aliados, el bando Alptraum. La noticia de la captura de Frau Anna entristeció a Miller, pero no dio muestras de ello. Al parecer, von Grünwald pensaba iniciar una serie de ataques. Una parte de sus fuerzas atacaría Loningbruck, a sabiendas de que había quedado desprotegida, mientras que otra iria hacia el este para tomar Merfeld y Grezstad. Von Grünwald no se había quedado de brazos cruzados, por lo que parecía, y no era un hombre corto de entendederas. Finalmente, herr Matthias le hizo un ofrecimiento a Miller.

-¿Qué me dices, Miller? Mataste tu sólo al Comecabras, un engendro de gargantuescas proporciones. ¿Quieres repetir la experiencia en el Este, o prefieres un puesto normal y corriente entre mis hombres que marchan en dirección Loningbruck?

- Mein Herr... si vuestros planes tienen éxito significará que... -Miller creyó comprender la magnitud de la estratégia de von Grünwald- la mitad de la provincia estará en manos de los Alptraum. Sería un honor para mi volver a combatir bajo los colores de tan noble y correcta casa. Y en cuanto al destino que me ofreceis... Loningbruck parece un destino menos peligroso, pese a la plaga, pero... Allí es donde perdí a Valentino pero prefiero acompañar a vuestro ejército en su viaje hacia el este. Si lo que se oye es cierto, mis habilidades podrían resultaros útiles allí. Sin embargo, estoy agotado de tanto viajar, y aún me duelen las heridas. ¿Podría descansar antes de partir? ¿Y sería mucho pedir que me mirase algún galeno?

Miller esperaba poder descansar y recuperarse de sus heridas antes de hacer posesión de su nuevo equipo y partir al este en busca de nuevas aventuras.
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Re: Viajero Stirlandés V: Oh, Dios de la Plaga

Mensaje por Saratai » 05 Oct 2010, 20:51

24 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Agbeiten.

Los sirvientes comenzaron a preparar la leche caliente con especias y la cama señorial para que el lider de las ciudades del Sur preparara su dulce sueño, al tiempo que el cazamonstruos Miller expresaba su última petición. De buena gana, el señor de la mansión accedió a ello.

Matthias von Grünwald


-Por supuesto, Miller. Sabia que un hombre de tus habilidades no querria enfriarlas en un destino tan sencillo como Loningbruck- (cuan equivocado estaba el señor Grünwald acerca de la dificultad que entrañaba la ciudad de la viruela) -Hay una habitación libre en el cuarto de los criados, y la vieja tata podra limpiar esos tajos. Nos veremos por la mañana, pero no se si podremos conversar pues debo dirigirme a Hochsleben a atender a los terratenientes y vasallos de la familia Otmund. Tu capitán en la expedición al Este será herr Minder Halvut, un experto capitán que ha servido en mi familia durante muchos años, y que seguro que te tratará bien. Para cuando Minder parta yo no estaré, pero le hablare de ti y el se encargara de tu manutención y pago en tanto dure la campaña, que no creo que se alargue más de dos o tres semanas. Trabajaras para él como rastreador y explorador, asi como experto si, Sigmar no lo quiera, habeis de hallar seres malditos por los dioses oscuros.

Tras dar las buenas noches y hacerle indicar a Miller el camino a las dependencias de los criados, Matthias Grünwald se despidió del habil cazador. Miller no solia tener patrones, pero aquel señor era un hombre agradecido con quien le servia. Por contra, también era igual de implacable y frio con sus enemigos.

Cuando Miller llegó a las dependencias de los sirvientes, no tardó en reconocer a la vieja tata. Una abuela de unos setenta años, desproporcionadamente arrugada, se encargó de quitar los vendajes al demente stirlandés entre risitas y cuentos repetitivos.

Vieja Tata del Palacio Grünwald

-Oish hijo, que fuerte estás... ¡Y que músculos! Me han dicho que vas a servir con el viejo Minder, espero que tengas cuidado... Es un militar con fama de sádico y con extraños... gustos y preferencias. Espero que no te lo cruces mucho.

Aquella vieja cocinera era muy habladora, pero sus habiles manos cerraron y cosieron las heridas como más de un cirujano habria querido hacerlo. La noche fue reparadora para el solitario viajero stirlandés, y la cama mucho más comoda que el frio suelo de las llanuras. Por la mañana, Miller pudo ver por las ventanas del Palacio como un grupo de cien hombres partia del centro urbano en dirección Loningbruck, en su mayoria compuesto por militares averlandeses y milicianos reclutados a ultima hora, entre niños y ancianos. Tuvo todo el dia para descansar sus heridas y seguir recibiendo tratamiento, asi como asistir a la despedida del Señor Noble Grünwald en dirección Hochsleben.




25 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Agbeiten.

Hacia mucho tiempo que el stirlandés no disponia de un dia tranquilo de vacaciones, en el que poder charlar con quien quisiera. Pudo visitar la taberna, donde los hombres más ancianos jugaban a las cartas y bebian cerveza, o al mercado donde las mujeres se quejaban de la partida hacia Loningbruck de sus hijos y maridos. En los talleres gremiales el ritmo era frénetico, entre la reparación de armas, armaduras y herraduras, asi como en las fruterias y carnicerias, que buscaban habituallar al tercio de cien hombres que partiria al dia siguiente en dirección Este. El sol brillaba fuerte en el cielo, pero los campesinos que llegaban a la ciudad hablaban de que en el Este se verian lluvias como hacia años que la provincia no habia vivido. Aquellos rumores no tranquilizaron al stirlandés, consciente de lo dificil que se haria la marcha bajo lluvia.

Al final del dia, hecho todo lo habido por hacer, Miller pudo volver a la sala de criados, donde la Tata le preguntó que le habia parecido la ciudad de Agbeiten mientras volvia a tratarle las heridas. Unos ungüentos dejaron al stirlandés en estado óptimo, y tras otra noche de buenos y tranquilos sueños, su cuerpo se recuperó por completo.




26 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Agbeiten.

Tras el primer canto del gallo, los pasos de formaciones se hicieron notar en toda la ciudad. Las tropas del capitán Minder Halvut ya se encontraban listas para partir, y ultimaban sus efectivos en la puerta del palacio. Cinco carros de suministros, treinta pollos, decenas de cajas y diez bueyes darian protección alimentaria al centenar de hombres, divididos en tres grupos. Un primer grupo de soldados averlandeses, treinta hombres con sus tipicos uniformes negriamarillos y armados con escudos y espadas, y comandados por un bigotudo sargento destinado por el capitán Tretmund a auxiliar las tierras Grünwald. Un segundo grupo, de sesenta pueblerinos y milicianos, equipados en ropas y cueros ligeros, y portadores de alabardas de un solo filo, mucho peor presentados pero con los colores bordados de oro (más bien amarillo brillante) y el simbolo Grünwald del cuervo y la rueda en cada jubón y chaqueta, siendo comandados por un veterano patrullero de caminos. Por último, diez batidores y exploradores, entre los que habria de estar Miller, armados con arcos y dagas, que abririan paso a la colummna principal e informarian de trampas y emboscadas.

Por último, el capitán Minder, un viejo de pelo canoso y mirada viciosa, vestido con los colores negros y amarillos de la provincia, y pintado en el escudo el cuervo y la rueda de Grünwald. Montaba un destrero casi tan viejo como él, y portaba una armadura de placas lisa, sin ornamentos innecesarios, pero rematada en una capa roja y demasiado gruesa para la estación otoñal en la que se encontraban. Al ver a Miller, cabalgó hasta él para darle un saludo seco y hosco.

Capitán Minder Halvut

-A si que tu eres el tipo stirlandés del sombrero ancho del que me hablo el señor Matthias... Dicen que eres experto cazando monstruos y engendros ¿es cierto eso?


El capitán le miró de arriba a abajo, fijandose durante muy tendido en sus ropas y armamento, asi como en su rostro. Demasiado tiempo, para la opinión común.

-Soy el capitán Minder, tu superior en esta expedición. Nuestro objetivo común será tomar la ciudad de Merfeld en nombre de Jobb Alptraum, asi como evitar que Grenzstad reciba suministros. La tuya será obedecerme a mi, y servirme de avanzadilla, asi como asesorarme en caso de que encontraramos... enemigos inesperados. Supongo que ya me entiendes. ¿Queda todo claro, stirlandés? Si tienes alguna pregunta será mejor que la hagas ahora, la marcha se espera de durar cuatro dias hasta Merfeld, donde supongo que encontraremos resistencia, y tras descansar alli una vez tomada, otros cuatro dias hasta Grenzstad.

El viejo capitán esperó a las cuestiones de sus hombres, para que una vez finalizadas éstas, diera comienzo su marcha. Habia llegado la hora del contraataque Alptraum.




FDI: 46 y 13 en Voluntad, tu Locura no te afectara tampoco durante los dias 25 y 26. Tus heridas han pasado de 2 a 13 en estos dos dias, y por curacion natural llegas a tu máximo (Tiradas de la Vieja en Sanar de 28 y 44, la última obteniendo un 10 en las heridas a sanar). Vuelves a ser el Miller de siempre, listo para la acción.

PD: Puedes narrar todo lo que quieras hacer durante el dia 25, desde buscar información hasta comprar alguna cosilla, o ir a rezar. Es un dia libre, y hay que aprovecharlo :P

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Re: Viajero Stirlandés V: Oh, Dios de la Plaga

Mensaje por Van Hoffman » 07 Oct 2010, 00:22

Franz Miller

- Cuidado con esa herida, abuela, aún due... ¡Auch! Por todos los dioses... -Miller gruñía y se quejaba mientras aquella momia le toqueteaba so pretexto de curarle las heridas. Sin embargo, la vieja era la curandera del castillo, así que entre charla y charla y cataplasma y cataplasma, Miller aprovechó para preguntarle-. Dime una cosa anciana, ¿me sabrías decir qué es esto? -Miller le enseñó la pócima que le diese días atrás el viejo Shorwz, anciano de Tandern. La vieja tomó el frasco, lo examinó, y provó una gota.

- Oh, esto no es más que una pócima reparadora, jovencito. Sirve para que las heridas se curen antes y alivia el dolor. No sabe muy bien, pero funciona, te lo aseguro.

Una vez la vieja terminó de tratarle y de contarle los cotilleos del barrio, Miller se dirigió a su dormitorio, un humilde cuartillo para la servidumbre. No era más cómoda que la más cara habitación de posada, pero era mucho mejor que dormir al raso, como tantísimas otras veces había hecho el stirlandés. Aquella noche, para regocijo de Miller, las pesadillas le dejaron tranquilo y pudo conciliar un sueño tranquilo y reparador.


A la mañana siguiente, Miller se sentía fresco como una rosa, con ganas de moverse y animado. Lo primero que hizo tras desayunar un poco de pan, queso y un huevo fue mandar a que limpiasen y lavasen sus sucias ropas. Luego, se dispuso a limpiarse y lavarse a sí mismo. Ya que tenía la oportunidad, no pensaba desperdiciarla. Se frotó con un paño remojado en un cubo con un poco de jabón de aceite y sebo. Luego se afeitó la barba que le había crecido después de casi una semana entera sin tocarla. También se recortó el cabello para que no le cayese más allá de la nuca. Finalmente, y mientras sus viejas prendas y su armadura era limpiada de sangre y mugre, se puso la ropa de color oscuro que le había dado el Conde y salió a la ciudad.

Agbeiten presentaba un aspecto mucho mejor que Loningbruck. A diferencia de la anterior ciudad visitada, la gente iba y venía con normalidad, con toda la normalidad que una guerra podía permitir. Había puestos de comida ambulantes, pedigüeños y prostitutas; todo lo que se podía pedir de una ciudad imperial de bien. Miller se dirigió primero a una curtiduría. La armadura de cuero del stirlandés había sido estropeada por el bocado indiscriminado de un muerto viviente, así que tenía la intención de repararla, pero cuando el curtidor le dijo que reparar el gorro le costaría una docena de coronas, Miller lo mandó al cuerno y salió de allí airado al tiempo que lo maldecía entre gruñidos.

Tras su desengaño, se dirigió a una armería, con la sana intención de conseguir algo de equipo inicial. Tras una dura negociación con el armero, el stirlandés logró truncar su vieja daga por unas sencillas a la par que prácticas boleadoras de tres cabezas. Miller se sentía agusto contando con un arma capaz de incapacitar al rival sin matarlo y su habilidad con el lazo, la red o las boleadoras era considerable. Así que salió de la armería con una sonrisa que bien compensaba el mal trago de la curtiduría.

La mañana iba pasando, y aún quedaba un rato hasta el mediodía, así que Miller se dedicó a pasear por el pueblo y charlar con sus habitantes, tratando de captar algún rumor o noticia interesante. El resto de la mañana discurrió tranquila y sin sobresaltos para el stirlandés, y al mediodía comió unas salchichas de carne de cerdo y una pasta de patata y nabos, todo pasado con una cerveza calentada con el atizador de la chimenea. Que bueno era vivir tranquilo y sin preocupaciones. Quizá pudiera acostumbrarse a una vida sencilla...

Pero Miller no estaba hecho para ese tipo de vida. Aproximadamente una hora después de la comida, Miller regresó al castillo del Conde. Allí, pidió al maestro de armas una diana de paja para practicar con la ballesta. El stirlandés se tiró hasta el anochecer tensando, apuntando y disparando, todo para hacerse uno con su nueva arma. La cual era una maravilla. Su intrincado mecanismo le permitia mantener una cadencia de tiro relativamente alta, ya que solo necesitaba tirar de una palanca hacia adelante y hacia atrás. En aquel movimiento, una saeta se colocaba en posición, la cuerda era tensada, y mientras el proyectil se disparaba, el siguiente estaba listo para tomar su lugar. Era, sin lugar a dudas, un arma magistral.

Al caer la noche, Miller estaba agotado. Se había descamisado durante su entrenamiento, y su torso colmado de cicatrices estaba perlado de un sudor frío. Tras recojer los últimos virotes disparados y volverse a poner la camisa, entró en la sala común del servicio del fuerte para cenar. Aquella noche se sirvió una sencilla sopa de verduras con tropezones de pan duro y queso fuerte para acompañar. Tras la frugal cena, Miller regresó a sus aposentos, dispuesto a enfrentarse a la larga marcha que daría inicio al día siguiente. Aquella noche, Miller soñó con Ninna.


A penas hacía un momento que había salido el sol, que toda la ciudad estaba patas arriba. La gente corría, los soldados formaban y los sirvientes iban de un lado a otro preparando las carretas. Miller salió al patio y vio al ejército del Conde von Grünwald a las puertas del palacio. Cinco carretas tiradas por parejas de bueyes acompañarían al centenar de hombres, veteranos y novatos, en su marcha hacia el este. Miller se acercó a ellos cuando una imponente figura a lomos de un caballo de guerra igual de imponente trotó hacia él. El stirlandés no tardó en reconocer a Minder Halvut.

- Mein Hauptmann... -Miller fue lo suficientemente sensato como para agachar la cabeza.

- A si que tu eres el tipo stirlandés del sombrero ancho del que me hablo el señor Matthias... Dicen que eres experto cazando monstruos y engendros ¿es cierto eso?

- Se podría decir que si, señor.

- Soy el capitán Minder, tu superior en esta expedición. Nuestro objetivo común será tomar la ciudad de Merfeld en nombre de Jobb Alptraum, asi como evitar que Grenzstad reciba suministros. La tuya será obedecerme a mi, y servirme de avanzadilla, asi como asesorarme en caso de que encontraramos... enemigos inesperados. Supongo que ya me entiendes. ¿Queda todo claro, stirlandés? Si tienes alguna pregunta será mejor que la hagas ahora, la marcha se espera de durar cuatro dias hasta Merfeld, donde supongo que encontraremos resistencia, y tras descansar alli una vez tomada, otros cuatro dias hasta Grenzstad.

Una semana... ¿habré hecho bien en tomar esta decisión? En fin, ya no hay marcha atrás...

- Ninguna pregunta, señor. Todo muy claro, señor.

El capitán Minder asintió y volvió a sus asuntos, así que Miller continuó su camino hacia el grupo de exploradores. Los dioses sabían que Franz Miller no era un hombre sociable que gustase de trabajar en equipo, aún así, decidió ir conociendo a los que serían sus compañeros, y tal vez incluso camaradas, durante los próximos diez días.

Tras casi un par de horas, el pequeño ejército se puso finalmente en movimiento. Miller iba en vanguardia con los exploradores, hacia el este, hacia el enemigo. Miller iba a la guerra.
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Re: Viajero Stirlandés V: Oh, Dios de la Plaga

Mensaje por Saratai » 14 Oct 2010, 18:11

26 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Agbeiten.

Las botas levantaban polvo del suelo a medida que el centenar de hombres del capitán Minder Halvut. El viejo y disciplinado capitán marchaba delante de sus tropas principales, solo detrás de los exploradores que abrian terreno. Cubriendo al destrero del capitán, treinta soldados, expertos espadachines todos ellos, marchaban como vanguardia en gran orden y rapido paso, con sus brillantes uniformes negros y amarillos y su estandarte ondeando al viento. Mientras en la retaguardia, los sesenta milicianos de la familia Grünwald caminaban sin orden ni formación, cubriendo las carretas y charlando animadamente.

Los batidores eran once hombres, y seria con ellos con los que Miller compartiria alimento y bebida aquella semana. Siempre avanzaban antes que el resto, nunca comian junto al resto de camaradas, y jamás, ni por la noche ni en los tiempos de descanso siquiera, dejaban sus arcos y garrotes lejos de sus brazos. El cazamonstruos stirlandés no tardó en hacerse con sus nombres, más aquel dia en que se encontraba de buen humor y su demencia no habia aflorado con toda su fuerza. Tres batidores eran padre, hijo y primo respectivamente, siendo los tres de Agbeiten, los tres de apellido Volk, y de pelo castaño rojizo. Iban siempre en el flanco derecho, armados con arcos de madera de pino, cortos y recios. Un cuarto era Rot, un viejo barrigón pero que corria como nadie, armado con su garrote de madera. El quinto era un hombre de edad madura, que habia sido batidor profesional, y que era el lider teorico del grupo, aunque no tuviera especial interes en desempeñar su función. Su nombre era Fredd, y sus rizos y barba acompañaban en color a su oscura capa, asi como a su arco largo y sus espadas. El sexto y septimo eran dos amigos de Spalt, que habian salido de su pueblo en busca de aventuras, ambos jovenes e imberbes. El octavo era un viejo que apenas podia llevar el ritmo, y el noveno un chaval joven que no tenia experiencia alguna en tal trabajo. Por ultimo estaba Gaus, un hombre de ojos negros, algo rechoncho, con quien más hablaba Miller.

Batidor Gaus

-Mira stirlandés-
decia Gaus cuando ya era media tarde, llevadas ya 5 horas de marcha -trabajar en grupo no es como trabajar solo. Solo todo es más peligroso, y muy arriesgado. Solo si eres bueno corriendo y ocultandote puedes sobrevivir. Yo nunca he cazado monstruos, Sigmar me libre de tal locura, pero si se de ganarse el jornal en los bosques y en las praderas, y algo puedo contarte acerca del fin de los heroes solitarios.

El primer dia acabo sin problemas, no encontrando los batidores señal alguna de enemigos, ni mucho menos de viajeros o seres peligrosos. El trabajo era facil, pues al viajar entre llanuras, los rastros eran facilmente visibles, asi como encontrar alguna huella reciente. Por la noche los exploradores hicieron turnos y descansaron decenas de metros más alejados del resto, en grupos de tres rodeando el campamento. A Miller le tocó con Gaus y con el enclenque muchacho al que le costaba seguir el ritmo, de nombre Jerimer. Los turnos y la noche transcurrió sin problemas (por no contar las sombras que creyó ver Jerimer, resultando ser dos conejos), y el viaje continuó al dia siguiente.



27 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Kulzt.


Los malos sueños volvieron a la mente del stirlandés justo cuando creia que estaban alejandose de su vida, y el dia siguiente estuvo plagado de oscuros pensamientos para el audaz cazador de vampiros. El ejército avanzó hasta salir de los limites de Agbeiten, entrando en los de Hochsleben, por la rivera del Rio Reik. Al mediodia, los exploroadores divisaron la aldea de Kulzt, indicando según Fredd que se estaba siguiendo el mejor camino. Por la tarde se corrió el rumor de que el viejo capitán Minder habia hecho llamar a su tienda la noche anterior a un joven mozalbón de entre los milicianos, y que al dia siguiente este se habia mostrado con poco humor, y menor flexibilidad aun en nalgas y muslos.

Ya parecia que iba a ser otro dia sin contratiempos, cuando entrada ya la tarde, entre unos valles, el viejo de los Volk oyó unas campanas. Antes de que ninguno de los exploradores pudiera discernir los sonidos, Gaus divisó a lo lejos aun grupo de seis personas, dirigiendose hacia ellos. Al venir desarmados y harapientos, Fredd no dió orden de avisar a los soldados que marchaban para no ralentizar su marcha, y en su lugar mandó avanzar hacia aquellas personas.

Ya estaban los individuos a unos treinta metros del grupo, cuando Fredd dió la orden de parar y hasta de retroceder: Aquellas personas eran aldeanos de Kulzt, si, pero además eran portadores de la Viruela. Sus cuerpos estaban hinchados, y todos y cada uno de ellos presentaba fuertes toses y espasmos. Los enfermos comenzaron a avanzar, llorando y pidiendo agua y comida, entre toses y esputos.

Batidor Experto, Fredd

-Dioses, estos pobres diablos están contaminados... Los han debido de expulsar del pueblo, y les han encadenado a cencerros para que se sepa si se acercan. ¡Hombres, retiraros!


Aldeano en avanzado estado de infección de Viruela

-Por piedad ¡No nos hagais nada! ¡Dadnos tan solo un poco de caridad, lanzad algo de comida... *cough* *cough*... o algo


Fuen el joven de los Volk quien comenzó a desplazarse a la izquierda del grupo y a tensar su arco, mirando a su padre y a su primo, que asintieron con él.

Viejo batidor Modimer Volk

-Vamos a matar a estos antes de que nos contagien, es la mejor piedad que podemos tener con ellos. Dejaran de sufrir y aliviaran al mundo de Viruela.


El experto Fredd dudó unos instantes, estaban en contra de matar a aquellos inocentes, que tras las palabras de Volk comenzaron a chillar asustados, pero tampoco tenia ninguna intención de que continuaran esparciendo su mal por el mundo, pues más de una aldea habia sufrido ya su castigo. Al final, se limitó a ver como Gaus increpaba a los Volk, y como el más joven de estos disparaba una flecha hacia una mujer de unos cuarenta años, morena, que afortunadamente tuvo la suerte de no recibir el punzante proyectil.




FDI: Tu dirás si paras esta demencia, te mantienes indiferente o incluso te unes al exterminio de la plaga. Por cierto, has sacado un 91, asi que este dia tendrás las penalizaciones de la locura.

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Re: Viajero Stirlandés V: Oh, Dios de la Plaga

Mensaje por Van Hoffman » 16 Oct 2010, 16:39

Franz Miller

Para el viaje a Merfeld, Miller había vuelto a vestirse con su ropa vieja, que habían lavado en el palacio de Agbeiten. Su nueva muda estaba guardada en la mochila, a buen recaudo. El stirlandés avanzaba con los otros diez exploradores a considerable distancia del grueso principal de las tropas. Poco tiempo necesitó el stirlandés para conocer a sus compañeros. Estaban los Volk, familia todos ellos, y con mala fama. Estaba Rot el Gordo, que se decía que podía correr tan rápido como el viento. Estaban los dos amigos de Spalt, pobres ingenuos. Un viejo decrépito y un crio tan joven que Miller dudaba que hubiese visto más de una decena de inviernos. Estaba Gaus, un hombre rollizo y simpático con quien el stirlandés había trabado amistad. Y finalmente, estaba Fredd, un hombre de experiencia profesional, y quien más confianza inspiraba a Miller. Si alguien podía compararse a sus popias habilidades, ese sería Fredd.

El primer día tocaba a su fin y los exploradores acamparon en grupitos de tres distribuidos alrededor del campamento principal. A Miller le tocó con el bueno de Gaus y con el chiquillo, Jerimer, que resultó ser un asustadizo. La guardia transcurrió tranquila, y Miller pudo echarse a dormir tranquilamente.

O eso pensaba él.



- Me has abandonado.

La voz procedía de algun lugar indeterminado de la negrura que envolvía a Miller. El stirlandés miró a su alrededor, y no vio más que oscuridad.

- Decías ser mi amigo, y me has abandonado.

De pronto, Miller sintió una presencia a su espalda y se volvió al tiempo que llevaba la mano a la empuñadura de su arma. Solo que no había ningun arma en su cinto. Entre la negrura, apareció una figura oscura y difuminada, que fue tomando forma frente al cazavampiros. Miller no tardó en reconocer el cuerpo decapitado que se alzaba frente a él; una criatura humanoide de enorme tamaño, con una armadura de piel humana y brazos musculosos.

- Todo mi dolor no sirvió para nada, y ahora me has dejado a mi suerte.

La voz sonó ahora a su izquierda. Miller se volvió rápidamente, y vio otra figura formandose. Esta vez, se alzaba frente a él la criatura que mataron en Tilea, mitad hombre, mitad murcielago, con el torso recorrido por un brutal tajo en diagonal que le inflingió un arma de plata. Sus ojos brillantes cargados de odio le atravesaban.

- Todos esos años, y no has cambiado nunca.

De nuevo, la voz venía de su espalda. Tan rápido como pudo, Miller se dio la vuelta y vio la bestial forma cuadrúpeda del bosque, con la piel quemada y la cola quitinosa amenazadora. De sus heridas rezumaba un asqueroso líquido negro, y sus fosas nasales desprendían vapor de azufre mientras miraba con ojos rencorosos al cazavampiros.

- Todo es culpa tuya.

La voz sonó a su derecha, y Miller dio un respingo. La forma que se formaba era extraña, cambiante, imprecisa. Tan pronto parecía una hermosa mujer con rasgos aristocráticos, tan pronto era el rostro duro y tuerto de un hombre conocido, tan pronto aparecía una joven muchacha campesina. Las cuatro formas rodearon a Miller, y este se encogió.

- No... Dejadme en paz. Yo no he hecho nada. Valentino... no... yo... Ninna... ¡¡DEJADME EN PAZ MALDITOS!!




Miller se levantó de un salto. Como una centella, su sable relampagueó al ser desenvainado. El sudor frío le cubría el cuerpo y respiraba agitadamente. El grito también había despertado a Gaus, que miraba al stirlandés alarmado.

- ¿Qué ocurre, amigo?

El stirlandés miró a su alrededor y se calmó al comprovar que todo había sido una pesadilla, y que estaba de nuevo en el camino a Merfeld, con sus compañeros exploradores, en el ejército de Matthias von Grünwald.

- Nada. Solo ha sido una pesadilla.

El resto del día transcurrió oscuro y pesumbroso para el cazavampiros. Veía sombras en todos los rincones, creía oír sonidos que nadie más percibía y le parecía notar el peligro a cada recodo del camino. Al medio día, habían salido de los dominios de Agbeiten y entrado en los de Hochleben, todos gobernados por los von Grünwald. Sin duda, Herr Matthias era un hombre poderoso.

Ya entrada la tarde, dieron con un grupo de hombres con cencerros atados a sus cuellos. Cuando se hallaban a una treintena de metros de ellos, se dieron cuenta del peligro. Eran hombres y mujeres infectados de la Viruela que azotaba la zona. Si aquel grupo llegaba al grueso principal de fuerzas...

-Dioses, estos pobres diablos están contaminados... Los han debido de expulsar del pueblo, y les han encadenado a cencerros para que se sepa si se acercan. ¡Hombres, retiraros!

-Por piedad ¡No nos hagais nada! ¡Dadnos tan solo un poco de caridad, lanzad algo de comida... *cough* *cough*... o algo

Uno de los Volk se alejó y tensó su arco, apuntando a la masa de hombres enfermos. La cosa estaba a punto de complicarse, y las palabras del viejo Volk no ayudaron precisamente a calmar la situación.

-Vamos a matar a estos antes de que nos contagien, es la mejor piedad que podemos tener con ellos. Dejaran de sufrir y aliviaran al mundo de Viruela.

Fredd se quedó en silencio, sin saber qué hacer ni qué decir; mientras que Gaus increpó a los tres hermanos, solo para ver como uno de ellos abría fuego, a pesar de que fallase el tiro. Miller se adelantó, ballesta en mano.

- Mierda Gaus, yo he estado en Loningbruck y he visto lo que hace esa enfermedad. No me he contagiado de milagro, y no pienso dejar que esos apestados se me acerquen -Miller miró a Fredd-. Fredd, si tienes un poco de sentido común, no dejarás que estos enfermos se acerquen al ejército del capitán Minder. Y si para ello hay que darles la piedad de Morr, que así sea.

Miller apuntó con su ballesta de repetición a los enfermos, y no dudaría en abrir fuego si alguno se acercaba más de la cuenta.



FDI: Intento convencer a Fredd de que no hay que dejarles ir, mientras apuntaré a uno de los enfermos y si se acerca o trata de hacer algo raro, dispararé.
Van Hoffman, pastor de garrapatos por gloria y gracia de Igarol

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Sacar a pasear al garrapato, limpiar caca de garrapato, cepillar al garrapato, limpiarle las muelas por dentro al garrapato...

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Saratai
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Re: Viajero Stirlandés V: Oh, Dios de la Plaga

Mensaje por Saratai » 18 Oct 2010, 23:34

27 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Kulzt.

Griterio y llanto se sucedieron en los bosques mientras los pobres enfermos corrian asustados. Las flechas Volk fueron las primeras en silbar, pero al final, las únicas. Ninguno de los hombres del grupo de Fredd tuvo la sangre fria para acribillar a inocentes enfermos que huian de ellos, y que a buen seguro no volverian a cruzarse en el resto de su vida con un batallón Alptraum. Por si aun quedaban averlandeses que dudaran de los métodos del bando Alptraum.

La primera flecha fue a parar a la pierna de un viejo, que cayó instantaneamente presa del dolor en el suelo, retorciendose mientras la afilada punta le perforaba más y más su defenestrada rodilla. El resto de flechas cayeron entre los árboles, pero los enfermos no necesitaron más pruebas de la indulgencia de los batidores. Tras el sangriento suceso, Fredd no hizo más declaraciones, pero ordeno estrictamente no dar parte al capitán Minder acerca de lo ocurrido, algo en lo que todos los exploradores estuvieron de acuerdo.

El resto del dia pasó sin problema alguno, y la marcha continuó rápida hacia su objetivo. Sin embargo, aquella noche cayó una copiosa lluvia en el campamento del ejercito de Halvet, y a la mañana siguiente algunos milicianos tosian presos del enfriamiento.


28 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Hochsleben.

La mañana siguiente fue humeda y pegajosa, y el ejército se levantó presa del entumecimiento. Poco a poco, los cantos y alegrias cesaron, y los hombres comenzaron a marchar tristes y cabizbajos. No se sabia si alguno de los batidores habia extendido el rumor de lo ocurrido el dia anterior, o que tal vez los sombrios cielos presagiaban una funesta sorpresa en la ciudad de Hochsleben.

Miller y sus compañeros divisaron sin problemas la ciudad de Hochsleben después del mediodia. El stirlandés habia dormido bien a pesar de la lluvia, pero habia sido de los pocos escogidos. El resto se sentia incomodo y frio, ya fuera por la cercania del rio o por la humedad presente en la zona. Los prados eran verdes, pero era raro encontrar cabezas de ganado. La revolución Leitdorf habia ocasionado robos de vacas y caballos, asi como ralentizar el comercio de reses. Hochsleben no estaba exenta de tales males, como pronto se darian cuenta los hombres del vicioso Minder.

Al entrar en los alrededores de la ciudad, Miller y sus compañeros pudieron observar la precariedad de la guardia. Todos parecian cansados y miedosos, pues la plaga de viruela habia afectado notablemente aquella zona de la ciudad. Las calles no estaban muy pobladas, y por doquier se veian carros de muertos llevando su funebre mercancia entre el manto de lluvia y las sombras del cielo, por lo que el capitán escogió salir de alli cuanto antes. Nno iban a conseguir más hombres capaces de acompañarles en su misión, y las toses de algunos de los milicianos inquietaban al capitán más de lo que nadie se habria atrevido a sospechar. La maldición de Loningbruck no habia quedado alli. Sin embargo, cuando ya estaban saliendo de la ciudad, un heraldo joven, de larga caballera castaña cabalgó hasta la avanzadilla de la columna, donde el capitán cabalgaba junto a sus exploradores.

Heraldo Jodricie, mensajero de los Grünwald

-¡Mi señor capitán, traigo malas noticias del Oeste!

-¿De que se trata, muchacho? Tenemos prisa por salir de aqui, se breve-
contestó el veterano capitán.

-El infortunio se ha cebado con nosotros, mi señor. Traigo un mensaje urgente del capitán Tretmund. Al parecer, el ataque a Loningbruck estaba siendo un éxito, y ya habian tomado una de las puertas de la ciudad cuando su retaguardia fue atacada por los soldados von Kusch, entre los que se contaba un mil veces condenado magister.-
El heraldo parecia seriamente preocupado por aquella noticia, pues el ejército del capitán Tretmund era una de las pocas esperanzas de la alianza Alptraum -No teniamos constancia de que los soldados de Markus Leitdorf tuvieran hechiceros con ellos. Al parecer, los supervivientes cerraron las puertas de Loningbruck, pero no sabemos cuanto tiempo podrán contener a los atacantes que luchan por retomar su ciudad.

El capitán Minder paró un segundo su marcha, y tras meditar unos segundos negó con la cabeza.

-Lo siento, heraldo, no podemos volver atrás. Se que se necesita ayuda, pero tengo una misión que realizar y no tenemos provisiones para llegar hasta Loningbruck, y Hochsleben no se encuentra en estado de auxiliarnos, por lo que tendre que tomarlas en Merfeld.

-Pero mi señor-
respondió el heraldo -Es que traigo más de una mala noticia, como le decia. Las fuerzas Leitdorf de Averheim han comenzado un movimiento contra Bieswang, según habia sido informado herr Tretmund. Además, creemos que los señores de Wuppertal han llegado a una alianza pacifica con los Hindenberg, según ha recibido una carta Matthias Grünwald, y se cree que se negocia con ellos. Dados este punto, no creo adecuado seguir...

-Lo que tu creas adecuado me importa tanto como a un halfling la puntualidad. Puedes molestar a otro, te repito que Minder Halvut no cambia de rumbo hasta haber terminado sus ordenes. Solo Matthias Grünwald puede hacerme cambiar de rumbo, y si no traes una orden directa de su señoria, ya sabes por donde te puedes marchar.

Los soldados callaron ante la conversación de su capitán y el heraldo, quedando consternados. Era evidente que la mejor opción era retroceder y ocupar posiciones defensivas, por si Tretmund rindiera la ciudad de Loningbruck y el enemigo continuara su avance. Pero Minder era un hombre de costumbres, y no aceptó ninguna sugerencia o critica de sus sargentos. En su lugar, hizo redoblar el paso, y avanzar aun más rapido hacia Merfeld, mientras el heraldo apretaba los dientes. Aquella decisión iba a poner en riesgo todas las poblaciones de los Alptraum, que en aquel momento parecian más infimas que las de ningun bando, contando únicamente con las asediadas Bieswang, la débil y enferma Hochsleben y la rodeada Agbeiten, que habia quedado sin apenas defensas.

La comida aquella noche supo más amarga que cualquiera de las raciones que el batallón de Minder hubiera probado antes. Tal vez el dia siguiente consiguieran llegar a Merfeld, pero los hombres no tenian la moral dispuesta para resultar victoriosos si encontraban una fuerte resistencia. Además, las toses fueron propagandose por el campamento, pues al parecer al comienzo del viaje alguno de los milicianos habia resultado enfermo. Minder Halvut mandó a Hocshleben a aquellos que parecian enfermos o afectados, siendo un total de diez milicianos, un cocinero y dos soldados. Todos sabian el destino que tendrian al llegar a la ciudad, en especial Miller y el resto de batidores, pero nadie les defendió. Ahora, el ejército de ochenta hombres continuó su marcha hacia Merfeld, ignorantes de los males que estaban por llegar.


29 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Spalt.

Batidor Gaus

-Despierta Miller, hoy nos espera un dia duro. Se cuenta que tal vez lleguemos esta noche a las puertas de Merfeld.


La lluvia habia arreciado, y el cielo se mostraba oscuro y amenazante. Más tosidos se oian entre la tropa, pero el capitán confió en que pudieran aguantar un dia más hasta llegar a Merfeld, donde todos rumoreaban que dejaria a los enfermos para que se ocuparan de la guarnición. A Minder solo le importaba acabar con los soldados Leitdorf y que la bandera Grünwald ondeara desde la torre más alta de la población, sin sufrir mal sueño alguno por sacrificar a sus hombres. Y aquello no era ajeno a los milicianos, que hasta habian propuesto a los batidores a amotinarse abandonando aquella misión a su suerte. Sin embargo, Fredd, Gaus y hasta los Volk se habian mostrado firmes en mantener el apoyo al capitán, y por la tarde, antes de llegar a Spalt, los azuzadores fueron castigados con latigazos y cadenas.

El pueblo de Spalt era un lugar demencial. Alli donde el temerario matador Skalik hubiera pasado dias antes, la enfermedad y los raptos de familias enteras habia hecho mella, y apenas quedaba nadie alli para atender al ya mermado ejército. Fue entre las abandonadas casas de Spalt por donde Miller y Gaus encontraron una serie de huellas en el barro humedo, consistentes en ligeras zarpas de algun extraño ser. Las huellas se repetian por doquier por detrás de las casas, por donde el grueso del ejército no iba a pasar. Fredd también se percató, asi como otros de los batidores, que asustados miraron al stirlandés, experto en tales lides.

Batidor Jefe Fredd

-Joder, lo que faltaba. Si la viruela no nos estuviera dando bien por el culo, ahora faltaba encontrarse esto... Stirlandés, tu eres el experto, ¿que puede haber hecho esto?


Lo cierto era que Miller no tenia ni idea de a que podian pertenecer los rastros, pero a buen seguro, y como todos los exploradores deducieron, debia ser el causante de la ausencia de población en Spalt. Sin embargo, el ejército bien pensaria que se trataba de los estragos de la enfermedad.

-Sea lo que sea, no deberiamos alertar al resto de estas huellas. Bastante mal se encuentran todos para hacer cundir el pánico ¿no creeis vosotros?

Fuera como fuera, las huellas se desviaban hacia el Oeste, siguiendo el curso del Reik, y desviandose un poco de Merfeld, aunque no demasiado. De seguirlas, Miller se percataria de que habian cientos de ellas, y pero no podria asegurar su antigüedad, dado que aquel dia la lluvia habia sido fina. Aquella era una decisión muy importante, pues si se seguia el ritmo marcado, aquella noche el ejército llegaria a Merfeld.


FDI: 40 y 52 en voluntad, la locura no te afectara estos dias. El dia 29 encuentras el rastro de pisadas inhumanas, incontables de ellas. Fredd se muestra reticente a extender la alarma, es tu decisión decirselo al capitán. Has de ser consciente de que decirlo o no cambiará drásticamente las acciones del pelotón, asi como tu relación con Fredd.

Has sido contagiado de Viruela, que durara 14 dias. Sin embargo, aun no has sufrido sus efectos. Puedes gastar un PD para reducir sus virulencia y quedar inmune a ella, algo que seria bastante prudente dada la situación de las zonas que estais cruzando.

Mientras tanto, Vergamont Fahen hace su trabajo, y llega a una alianza con el clan Hindenberg, obteniendo la alianza de Wuppertaal-Feuerbach el control de Colmfahre y sus impuestos. Hay que plantearse que bando va a ganar, y hacerlo rápido.


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