Karl Spenholf I: Camino al Fuego Negro

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Karl Spenholf I: Camino al Fuego Negro

Mensaje por Saratai » 20 Oct 2010, 18:08

25 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Merfeld.

Rápido como sus debilitadas piernas podian, Blancacrín llevaba a Karl lejos de Merfeld, aquel lugar donde el ex-convicto habia conocido al matador Skalik y habia estado a punto de morir. Lejos quedaban ya los dias en los que habia servido a la revolución Leitdorf, pues ahora el reo solo se preocupaba por salir vivo de alli. Su única posibilidad de conseguir respirar unos cuantos dias más era llegar a Grenzstad, el único reducto de civilización por la zona que, a priori estuviera libre de viruela y ratas.

Cuando por fin dejó Merfeld, perdiendola en la oscuridad de la noche, Karl se sintió aliviado. Pero frente a él quedaban más de ochenta kilómetros que recorrer en la penumbra de la noche, y nada de comida. Y si esto fuera poco, era evidente que no encontraria ninguna posada en tan desoladas tierras. Para colmo de males, no tenia una idea muy clara de como llegar a Grenzstad. Sabia que podia llegar desde la Vieja Carretera de los Enanos, pero no tenia el más minimo atisbo de ella en aquel momento. También sabia que Grenzstad se encontraba entre las montañas, pero habian tantas en aquel lugar...

La montura sufria por las heridas sufridas, y la lluvia constante y el desgaste de sus patas en el barro no ayudaban a mejorar las cosas. El pobre caballo estaba en las últimas y bastante suerte tendria Karl si este llegaba vivo a su destino. Por suerte, el corcel tuvo fuerzas para cabalgar toda la noche, y a la mañana siguiente, el moreno ex-convicto, cansado y herido, pudo dislumbrar a un jinete en la lejania...



26 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Campos de Dorfbach.

Reinhard Russ habia cabalgado durante dos dias, haciendo las minimas paradas en Monheim y Heideck, con el único proposito de que Brión, el bello corcel que Messner le habia puesto a su disposición, pudiera comer y descansar. El redentor de Monheim, de haber ido a pie, no lo habria necesitado, pues Sigmar le insulflaba fuerzas suficientes para llegar a su meta sin problemas, pero criar a los animales era harina de otro costal. El viaje no se le habia hecho largo en absoluto, pero la última noche le habia llovido con fuerza todo el trayecto, y el dolor de sus heridas se habia incrementado. Mientras cabalgaba, recordaba la promesa que el anciano Ivein le habia hecho, y de como cuidaria de que la provincia volviera a la normalidad si a el le pasaba algo.

Fue al tercer dia cuando llegó a las inmediaciones de Dorfbach, lugar del que habia oido hablar. Durak, su gran amigo, habia trabajado alli una temporada bien larga, y le habia hablado mucho del lugar. Sin duda estaba cerca de Grenzstad, aunque la ciudad no estuviera visible. Creyendo oportuno preguntar, divisó a lo lejos a un jinete, cuyo blanco corcel trotaba cansado. No habia encontrado ningún viajero normal en aquellos dos dias de camino (tan solo una familia de campesinos que viajaban para evitar la guerra, una patrulla itinerante de la casa Alder, inofensivos para el redentor de Sigmar, y tres mensajeros que ni siquiera le habian saludado entre sus prisas), asi que tal vez aquel jinete supusiera una buena conversación. Cual fue la sorpresa del armado pistolero cuando al acercarse al jinete, comprobó que portaba una sucia camisa de mallas al uso de los rebeldes que habia encontrado en Averheim, asi como el mismo emblema morado cosido en su escudo. Más aun cuando pudo observar que el jinete le observaba, y que este mostraba raida barba negra, muy conocida para el fornido y devoto ingeniero. Aquel tipo no era otro que uno de los revolucionarios que habia cargado contra el guardia de cloacas Maneverb, tres dias atrás, en Averheim.

Karl pudo reconocer también a aquel enloquecido ingeniero que habia hallado junto al fiscal Messner el dia en que Saford le apuñaló por la espalda. Aquel era sin duda un encuentro extraño, pero el mundo era un lugar pequeño, más aun Averland, donde las gentes se conocian y chismorreaban continuamente entre ellas. El ingeniero montaba un caballo sano, y llevaba a un perro de guerra trotando a su lado. El perro ladró con violencia al caballo de Karl, que retrocedió unos pasos, asustado. Ambos elegidos de la iglesia se reconocian bien a pesar de no haber cruzado nunca palabra alguna, y hasta su estado de salud era similar, sufriendo ambos el dolor en las incontables cicatrices que surcaban sus cuerpos. Lo que si era una incognita era como iban a responder ante el otro, si con palabras de perdón o con la fuerza de las armas.




Tres dias más tarde...




29 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Campos de Dorfbach.

¡Que vacio se encontraba todo! Skalik y su eterna y demente compañera Thindrongol yacian recostados en una de las diligencias que se encaminaba hacia Grenzstad. En su camino, el matador y el resto de la comitiva tuvieron un viaje pacifico. Ni rastro de skaven ni bandidos, muy al contrario de lo que ocurria en Merfeld. Al parecer, habia escogido bien en salir de aquel lugar de pesadilla y acompañar a los aldeanos que corrian a refugiarse en Grenzstad. Al saber de el que era un hombre valiente, por los rumores que los Arcas Rojas habian extendido, los campesinos compartieron con el y con su compañera la comida que traian del viaje, con tal de que prometiera auxiliarles con su hacha en caso de que llegaran malas dadas.

Aquella madrugada el enano habia hablado con Horacio, el tileano que se habia quedado en Merfeld para aguardar refuerzos. Aun recordaba las palabras que aquel ballestero le habia dicho. Se habia portado muy bien con Skalik, sobre todo tratandose de un sucio humano, y hasta le habia ayudado a tintar su cabello de naranja, manteniendo asi el matador su apariencia acorde a sus ancestrales votos.

Horacio Zanni, Ballestero de los Arcas Rojas

-¿El tipo que te acompañaba? Bueno, vimos a un hombre moreno, que portaba un escudo, y que salió corriendo en cuanto vió a los monstruos. Algunos de mis compañeros vieron a un jinete con un caballo blanco y flacucho que salia de la ciudad, puede que fuera el. Aunque muy amigo tuyo no seria, ni siquiera miró hacia atrás mientras se marchaba... En cuanto al tinte, tenemos pintura anaranjada para maderas. Se que no es un tinte ideal, pero si es importante para ti puedo hecharte algo encima de la cabeza.


Aquellas habian sido las últimas palabras entre Horacio y Skalik, antes de que el matador se despidiera de él y se dirigiera a acompañar a las cinco carretas que marchaban fuera de alli. Durante el corto viaje, Skalik habia conocido a un humano que le habia hablado mucho de Grenzstad, la ciudad a la que en aquel momento iban. Se llamaba Griet Lieb, y aunque no era muy agraciado fisicamente, le cayó en gracia al matador tras hablar unos ratos con el y presentarse. El tal Griet tenia la misión de encontrar a cierta persona huida de Averheim, y todas las pistas le indicaban a que su presa era el mismo hombre que Skalik se habia encontrado antes del ataque skaven, el mismo que habia huido a las primeras de cambio.

Griet Lieb

-Si, es eso mismo Skalik. Vengo cabalgando desde lejos solo para encontrar a ese criminal, que responde al nombre de Karl Spenholf, y que atentó contra la vida de un importante fiscal y que fue condenado por varios cobardes asesinatos en su juventud. Se que lleva un caballo blanco y un escudo, asi como que es moreno y ha sido un ex-convicto seis años. La última pista que tengo de él es que estuvo en Merfeld una noche que la ciudad sufrio un feo ataque de mutantes, y que huyó en dirección a Grenzstad. Por eso estoy aqui, enano.


Thindrongol comenzó a tocarle las orejas a Griet, pero el hombre se dejó hacer paciente. Habia visto a muchos locos en sus numerosos viajes, y sabia que era mejor no molesarles en mitad de sus ataques de demencia, siempre que fueran pacificos, claro. Tras la pausa, el cazarecompensas le preguntó al matador.

-Pero dime Skalik, ¿que te lleva a ti a Grenzstad? No creo que sea exclusivamente acompañar a estas gentes por comida. En la ciudad hay viviendo una gran comunidad de enanos, ¿tienes algun negocio alli?

El cazarrecompensas era joven, de unos veinte años, barba corta y pelo castaño. El enano reconoció en él valor, pero tendria que pensarse si relatarle acerca de su encuentro con el ex-convicto o no. Al fin y al cabo lo conocia de pocas horas, y ganarse la confianza de un enano no era cosa fácil.




FDI: Karl, 18 en Sabiduria Popular te hace recordar que Grenzstad está en las montañas. De no haberlo sabido, bien te podias haber perdido por los caminos de Averland. Tu caballo sacó un 24 en Resistencia el dia 25 para no morir, pero sabes que habrá que sacrificarlo tras el esfuerzo al que lo has sometido.

Reinhard, sacas 39 en Criar Animales, y mantienes a tu caballo y a tu perro de presa en perfectas condiciones. Has gastado 7 peniques diarios por la comida del perro y el caballo, y 5 peniques para ti, por lo que pierdes dos chelines de plata (aunque no tienes que preocuparte por el dinero, pues te sobra). Ahora, tras dos dias y medio, has llegado a Dorfbach, de la que sabes (12 en Sabiduria Popular) que es una de las aldeas cercanas a Grenzstad, por lo que estas en buen camino. Alli encuentras (16 en Percepción) entre las praderas a un jinete, que resulta ser Karl Spenholf, a quien recuerdasperfectamente del combate en las alcantarillas de Averheim, como uno de los revolucionarios que propició el combate, pero que a su vez servia a Nolan Grass. Se encuentra en tan mal estado como tú, por cierto, y parece llevar el mismo destino.

Karl, Reinhard, vosotros direis que decis entre vosotros. Ambos habeis tenido caminos muy distintos pero muy dificiles, pero recordar que no sabeis casi nada el uno del otro, solo que perteneciais a bandos distintos en la contienda de Averheim, pero que ambos colaborabais con la iglesia de Sigmar.


Por último, para Skalik, decir que postearas aqui un tiempo sin encontrate con el resto, al menos de momento. Mietras puedes conversar con Griet Lieb acerca de su misión. Ciertamente, el hombre al que busca concuerda en descripción con el tipo que te dejó tirado en Merfeld, pero es cosa tuya contarle lo que sabes o no. Asi mismo, puedes aprovechar para preguntarle lo que quieras acerca de Grenzstad, pues parece que el ya ha estado alli.

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Re: Karl Spenholf I: Camino al Fuego Negro

Mensaje por Eldril » 21 Oct 2010, 14:01

Reinhard Russ

El redentor de Monheim viajó dos días acompañado únicamente por su fe. El tiempo pasaba, un día más, era un día menos para encontrarse con el mal de la provincia, y esa idea fortalecía al herido minero. Tras dos días de viaje, pasando por Monheim y Heideick para dejar descansar su bello corcel Brión, Reinhard continuó su marcha hacia Grenzstad.

Fue aquí donde empezó todo, verdad? Aquí decidiste mi destino... aquí, mi voluntad quedó presa de la venganza… y este es el camino que a día de hoy recorro. Quien siembra odio, sólo podrá recoger la ira, no es eso cierto?

Justo antes de marchar de Monheim, el minero giró sobre sí mismo con tal de ver por última vez el inicio de su historia. Y se vio ahí, de pie en el carro y tratando de provocar a los pueblerinos de Monheim para que no se quedaran de brazos cruzados.

-No teneis que luchar por el Imperio, no teneis que luchar por la seguridad de este país... simplemente luchad por vosotros, por vuestra família, para que a dia de mañana, vuestros hijos puedan vivir con tranquilidad... Luchad por la tierra que sembrais, el pozo del que bebeis, la mina que escabais... y entonces, sólo entonces... vuestra determinación será tan grande que ni la más profunda herida, podrá parar vuestro afán para liberar vuestras tierras de la escoria mutante por la que se ha visto infectada! ¡¡Vamos a escribir con su sangre la historia de nuestros pueblos!!

Sin duda, aquellas fueron palabras de grandeza. Palabras que marcarían, (ahora era capaz de ver la repercusión que tuvieron), el acontecer de la provincia, fuera para bien o para mal.

-Brión, en marcha!- el caballo del ingeniero continuó con el camino hacia Grenzstad- fiuuuu! –Reinhard silbó para que Tori, que estaba olisqueando unos arbustos, les siguiera.

Aquel viaje, fue para Reinhard algo más que un simple trámite para llegar a Grenzstad, aquel viaje, le hizo recordar. Pasó por Monheim, donde todo empezó, viajo a través de la vieja carretera enana, donde solo vio miseria y muerte, desesperación y miedo, y finalmente, el camino le llevo a las inmediaciones de Dorfbach, cerca de Grenzstad, ciudad donde alguien a quien jamás olvidaría, y del cual llevaba un pesado recuerdo en la espalda, estuvo trabajando hace tiempo.

La guerra por el poder de Averland se había cebado con los pueblerinos y granjeros, la pobreza aparecía ahí donde mirases. Para el elegido de Sigmar, esa ofensa al pueblo de su Dios, seria algo que no quedaría en el olvido jamás, y se juró, de nuevo, hacerles pagar por ello a los culpables.

Durak, seré como la piedra que picamos hasta encontrar mi fin. Seré inamovible, preciso y implacable con los culpables de que ni tu ni Karl estéis aquí. Seré…

El pensamiento de Reinhard se centró en un punto en la lejanía. Ahí se encontraba un jinete cuyo corcel trotaba cansado, y del que tal vez podría conseguir algo de información con tal de llegar a Grenzstad, así que espoleo a Brión, y se dirigió rápidamente en su encuentro.

Cual fue la sorpresa del redentor de Monheim al reconocer aquel ser, no sólo como un revolucionario, sino como el que incitó el combate en las cloacas de Averheim. Reinhard rió incrédulo.

Me lo estás diciendo en serio? O simplemente te pretendes burlar de mi?


El mundo era un pañuelo. Como podría ser que se encontrase en medio de la nada, con el mismo hombre que casi logra que acabasen con la vida de Heinrich. Demasiada casualidad. Pero por suerte para el revolucionario, Reinhard hacía tiempo que ya no creía en ella.

De verdad crees que él es la ayuda que necesitaré?

-GRRRRR!! GUAUU GUAAU! –Tori la había tomado con el corcel del revolucionario, y el ingeniero trató de calmarlo. –Tranquilo Tori, tranquilo. Ven… va… acercate aquí.

Después de dedicarle unas palabras a su perro para que se calmase, Reinhard alzó el rostro y lo clavó en los ojos del revolucionario.

-Sé que eres un revolucionario, y sé que fuiste tú quien incitasto el combate en las alcantarillas de la casa de la Rosa. El mismo combate que podría haber acabado tanto con la vida de Heinrich, como con la de mi hermano. Así que, explícate… qué diablos haces aquí?

A Reinhard no le gustaba ese hombre, pues la primera impresión que tuvo de él, es que casi manda al traste todo el trabajo hecho para secuestrar a Saford, y además, pone en peligro vidas de inocentes.

Antes de que el revolucionario respondiese, el elegido de Sigmar volvió a dedicarle unas palabras a su más profunda fe. Así que con rostro tenso y des de encima del caballo, alzo la mirada al cielo y preguntó.

-Oye… de verdad él me ha de servir de ayuda? Después de todo lo que hizo en las alcantarillas?

Reinhard habló con Sigmar, y el revolucionario se quedó perplejo al ver como el ingeniero asentía con la cabeza, como si de algún lugar ultraterrenal, alguien hubiera respondido a sus preguntas.

El redentor de Monheim bajo la mirada hasta los ojos del jinete, y con rostro de nuevo medio sonriente habló.
-Tiene toda la razón… -comento el minero haciendo referencia a la respuesta recibida -explícate, por favor… Por ahora, no tengo motivos para hacer que pagues por todo el daño hecho.

Reinhard esperó la explicación del revolucionario. Y la escuchó detenidamente con tal de recopilar toda la información posible.

-Así que mientras te explicas, toma, -Reinhard se rebuscó entre la bolsa de monedas- coge esto.

El redentor de Monheim se había quedado con más dinero del necesario para él, así que no tuvo problema alguno en dar unas monedas a aquel quien tal vez, según Sigmar, tendría un papel desencadenante en la purificación de Grenzstad.

FDI: le doy 5 chelines. Y espero su respuesta en reserva, para poder reacionar a tiempo si pasase algo.
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Re: Karl Spenholf I: Camino al Fuego Negro

Mensaje por Nimref » 22 Oct 2010, 13:15

Karl van Spenholf

La lluvia arreciaba, y el agua calaba hasta los huesos al desgraciado exconvicto, que llevaba prácticamente una noche sobre su caballo en los campos cercanos a Merfeld y, haciendo todo el esfuerzo que podía para no quedar dormido, intentó recordar como llegar a Grenzstad, posiblemente el sitio seguro más cercano para el reo.

Está cerca de las montañas, creo... pensó, al tiempo que miraba alrededor y veía que cerca de allí había gran cantidad de elevaciones rocosas. Siguió oteando el horizonte al tiempo que recordaba algún otro dato sobre la situación geográfica de Grenzstad... nada, prácticamente, estaba condenado a vagar sin rumbo fijo por aquellos parajes, hasta encontrar el pueblo fortificado.

Agarrando las riendas del caballo y reclinado sobre la silla, con el agua cayéndole por el pelo y agotado por los duros acontecimientos sufridos, siguiendo su tétrica marcha, esperando llegar, por fin, a Grenzstad.

_______________________________________________________________________________________

Tras casi un día de marcha, con pequeñas paradas en algún que otro lugar del que divisar las zonas cercanas para evitar cualquier posible intento de ataque contra sí, el expresidiario seguía cansado debido al poco descanso de las últimas horas.

Se hallaba ya en los campos de Dorfbach, que creía recordar más cercanos a Grenzstad, pero, realmente, no estaba, para nada, seguro. Siguió su marcha, sin detenerse, con la esperanza de llegar a Grenzstad.

Debo contactar con el culto y encontrar al cazador de brujas de Merfeld... con ayuda: ese pueblo no es seguro... Además, alguien debería avisar a Himain de lo que ocurre en las tierras de su señor...

El pensativo viajero errante no podía imaginar como, por azares del destino, se vería en una situación tan increíble como la que, segundos después, se le planteó. Cansado como estaba y más centrado en sus pensamientos que en el camino, no se dio cuenta de que un corcel, su jinete y un perro de caza se acercaban hasta donde él se hallaba.

Finalmente, cuando estuvieron a corta distancia, los ladridos del perro sacaron de sus ensimismamiento a Karl, al tiempo que el otro, reconocido por el preso por su cruce en las alcantarillas bajo la casa de la Rosa y su conflicto de intereses, hablaba, más como un loco que como una persona normal, y le ofrecía dinero a cambio de una explicación del porqué estaba allí.

Karl se irguió en la silla todo lo que pudo, al tiempo que fijaba sus ojos en los del devoto cazador de herejes, y arqueó una ceja. Instantes más tarde, sus temblorosas manos, agarrotadas y congeladas por el frío en los campos de toda la noche anterior, se introducían entre sus ropas para sacar la carta del padre Nolan que, sosteniendo entre dos dedos ante sí, mostró a Reinhard.

Éste es el motivo de mi viaje... -el reo espoleó a su caballo para que se acercara poco a poco al lugar en el que se encontraba su interlocutor.

Para cualquier persona que estuviese visualizando la escena, si la había, el contraste entre un caballo herido y el otro, bello y limpio y los dos jinetes, uno prácticamente abatido y el otro descansado, tenía un algo extraño que, posiblemente, fuera más designio de los dioses que cualquier otra cosa.

Karl le tendió su mano a su hasta ahora adversario, al tiempo que comenzaba su historia, tras el apretón de manos. Asintió con la cabeza en señal de respeto cuando recibió el dinero, guardándolo cuidadosamente en el acto.

En cuestiones de guerra, ya deberías saberlo, devoto, los hombres nos volvemos como locos y avariciosos... todos queríamos acabar con Saford, pero mi grupo, necesitaba ese reconocimiento... -dijo, mirando a su interlocutor- El fiscal... erhm... Mesholf o algo así... todos los míos se la tenían jurada y no podíamos dejar pasar esa oportunidad... Entiéndelo...

Finalmente, le tendió la carta a Reinhard, sin saber si éste sabía leer, y se dispuso a dar una pequeña información sobre ella.

Parece que ahora vamos a colaborar -comentó el reo, recordando que herr Russ trabajaba para la Iglesia de Sigmar, al igual que él ahora- . Así que, en asuntos de la divina providencia, debo colaborar tanto como pueda con vos... esta carta debe ser entregada al cazador de brujas de Merfeld, para que yo entre bajo su servicio... anoche estuve en Merfeld y... unos horribles mutantes, con forma rátida, nos atacaron... huí -remarcó mucho la última palabra y miró a Reinhard sin apartar la mirada, como diciéndole telepáticamente se atreviese a decirle que era un cobarde- . Y ahora marcho a Genzstad... a ponerme en contacto con el culto desde allí y dar las nuevas del ataque mutante... ¿y tú?
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Re: Karl Spenholf I: Camino al Fuego Negro

Mensaje por Eldril » 22 Oct 2010, 17:30

Reinhard Russ

El revolucionario, ante la demanda de Reinhard a dar una explicación de cuál era su cometido en esos momentos, ofreció como respuesta una misiva sellada.

Lo siento muchacho… eso no me sirve aún…

-Guárdatelo… pues no me aportará más información que ninguna explicación que tú puedas darme…

El revolucionario guardó el mensaje, y se dispuso a coger el dinero que el ingeniero le daba.

-Él cree que tal vez te vuelvas a cruzar en mi camino, así que por ahora, esta será mi manera de velar por eso.

El redentor de Monheim dudó en primera instancia de ese hombre, pero ahora que la dirección del encuentro se había orientado, Reinhard se tomó un respiro y trató, como poco, mantener unos modales.

Debido a que su formación como ingeniero aún no había terminado, el mensaje escrito no le servía absolutamente de nada, así que se dispuso a escuchar atentamente todo lo que el revolucionario tenía que decirle.

Y poco a poco, el rostro de Reinhard se fue volviendo duro e incomprensivo. No solo no entendía los motivos que según ese hombre justificaban el ataque en las alcantarillas de Averheim, sino que no compartía ni en lo más mínimo sus razones.

-Que qué dices que pasa en cuestiones de guerra?- lo que parecía una amistosa charla, se erizó a una discusión algo subida de tono.- Lo único que pasa en cuestiones de guerra, es que los inocentes sufren todo lo que los culpables logran evitar, eso es lo único que pasa! Y no, nosotros no queríamos acabar con Saford…- Reinhard, incrédulo ante la respuesta que le dio el revolucionario volvió a preguntarle al aire.

-De verdad que él es la ayuda que me envías? -Reinhard resopló, y volvió a bajar la mirada hacia el revolucionario.

-La verdad, nos daré otra oportunidad. –Reinhard no quería desobedecer a los designios de Sigmar, pero colaborar con aquel ser, después del último consejo dado por Ivein antes de partir de Averheim, no era de agrado para el ingeniero. –Yo me dirijo a Grenzstad, pero con otro fin distinto al tuyo. Antes, he de visitar Dorfbach, así que no podremos viajar juntos.

Al elegido de Sigmar le costaron pronunciar las siguientes palabras. Pero la decisión que había tomado era la más correcta. Dejaría de nuevo en manos de Sigmar, el reencuentro con esa persona. Y si la providencia así lo decidía, no habría nada a rebatir.

-Ve! Llega a Grenzstad y encuentra a quien estés buscando. Si Sigmar quiere que nos volvamos a encontrar, así será... de momento, nuestros caminos no tienen porque cruzarse aún!

Reinhard dio un vuelco con su caballo y antes de partir hacia Dorfbach, concluyó el encuentro.

-Aprovecha el dinero y sana esas heridas!
– el ingeniero azuzó de nuevo a Brión, y esta vez, el perro de presa los siguió sin dificultad alguna.

Y que Sigmar guie tus pasos.-Si Sigmar realmente lo quería como aliado, ese era el único mensaje que Reinhard era capaz de desearle a aquel hombre.

El esfuerzo moral hecho por Reinhard en aquel encuentro le había demostrado dos cosas, de las que Reinhard era aún novicio. La primera era que los designios de Sigmar podían llegar a ser de lo mas caprichosos y la segunda, que no había nada más duro que luchar contra uno mismo, por una banda el claro mensaje de su dios quien le había propiciado aquel encuentro en medio de la nada y por la otra, sus voluntad de poner justo fin al hombre que casi erradica toda opción de perseguir a la secta con la muerte de Saford en las alcantarillas de Averheim.


El redentor de Monheim se dirigió ahora hacia Dorfbach, en busca de familia de Durak Kurgsson, o al menos, de alguna indicación que pudiese orientarle mejor frente a tal incertidumbre.
Así que nada más entrar en el pueblo, se dirigió a la primera persona con la que se cruzó, y amablemente, pero sin rodeos, pregunto por el comercio de metales.

-Disculpe señor. Me podría decir dónde encontrar el comercio de metal, por favor?

Y obtenida la respuesta se dirigió raudo hacia la herrería. Una vez llegó ahí, ató el caballo a un poste y le ordenó a Tori que se mantuviera quieto. El que fue minero se dirigió hacia un trabajador de la herrería. Desenfundó el pico de Durak, y se dispuso a preguntar al hombre que se disponía a cargar de leña la caldera, Reinhard trató de poner fin a su búsqueda.

-Perdoneme... Sabria usted decirme dónde puedo encontrar la familia Kurgsson?- Reinhard situó el pico de la familia Kurgsson delante suyo. Y espero respuesta mientras se apoyaba en él.
Última edición por Eldril el 26 Oct 2010, 20:32, editado 1 vez en total.
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Re: Karl Spenholf I: Camino al Fuego Negro

Mensaje por Oeris » 23 Oct 2010, 16:55

Skalik Mataskavens

Karl... Karl Spenholf... No será bueno volver a encontrarse con él... Si le veo, le diré algo que asutaría al propio Sigmar...

Griet le habia dicho que era un ex-convicto y eso no era nada bueno, ¿qué habría hecho ese hombre para acabar en la cárcel? Skalik acababa de hacer un bueno amigo, o eso parecía... El humano, como todos los demás de su raza, había despertado su vena cotilla y empezó a preguntar al matador. Parecía que nunca había visto a uno por las preguntas que le hacía...

No exactamente Griet, -dijo el khazalid mientras se sonreía un poco- voy a Grenzstad para recuperarme de la pelea que tuve contra los skavens y buscar allí destino como matador, morir en un combate honorable. Siendo esa ciudad como me has contado, seguro que hay alguna historia sobre monstruos feroces que me pueda interesar. -el enano, después de decir esto, se acercó a Thindrongol con delicadeza- Deja a Griet tranquilo, chiquilla.
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Re: Karl Spenholf I: Camino al Fuego Negro

Mensaje por Saratai » 25 Oct 2010, 00:51

26 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Dorfbach.

Russ y Spenholf habian cruzado palabras, pero aunque sus caminos convergian en el mismo punto, el primero escogió no viajar con el ex-convicto, ya fuera por el prejuicio de lo ocurrido en la Casa de la Rosa o por preferir encaminarse el solo dentro de Dorfbach. El ingeniero siguió cabalgando, y el reo volvió a encontrarse solo por los páramo, con mas peso en el bolsillo esta vez, eso si.

El dia no daba a apetecer pasear por los prados, por lo que Karl pudo percatarse que entrar en el pueblo era la mejor opción. Dorfbach no era el mejor lugar de Averland para andar paseando, pero era bien sabido que estaba en el camino de Grenzstad, por lo que la mejor manera de llegar a la gran ciudad era atravesando sus calles y preguntando por el mejor camino. Al hacerlo, Karl encontró una población bastante desolada. Apenas se encontraban guardias ni vigilantes, y no se podia hablar de muchedumbres por las calles. Al menos habia una posada, donde Spenholf podria informarse y tal vez hasta pasar la noche, que aparecia próxima entre las montañas.




30 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Campos de Dorfbach.

El cazarrecompensas sonrió ante la respuesta de Skalik, y tras hablar un poco más con el, de despidió del enano y su eterna acompañante para ir a dormir un poco. La caravana habia parado a las afueras de Dorfbach, un pequeño pueblo en las afueras de Grenzstad, y todo apuntaba a que al dia siguiente el grupo llegaria a su destino, con la esperanza de hacer una nueva vida. Sin embargo, aun esperaban nuevas sorpresas para los refugiados de Merfeld.

La madrugada era cerrada, y el frio comenzaba a ser un problema. La estación invernal se habia adelantado aquel año, y quien no tuviera una manta a mano pasaria una noche de horrendo fio gelido. Skalik y la demente Thindrongol buscaban en aquel momento algo con lo que cubrirse, cuando de pronto los ballesteros que habian ofrecido protección a la caravana comenzaron a gritarse. Muchos de los pueblerinos se levantaron, y para cuando lo hicieron se dieron cuenta de que sus guardias habian abandonado sus puestos. Temerosos, corrieron a ver a Skalik y a Griet, los dos unicos guardias que no se habian inquietado. Ambos no comprendian lo que ocurria, hasta que, al cabo de unos minutos, varios hombres armados aparecieron por los caminos y todo cobró sentido. El enano vió a varios soldados acercarse y entrar a preguntar a los del carromato más alejado.


Fredd, Gauss, Lomi y Miller fueron los primeros en encontrar las diligencias que habian dejado las huellas en los caminos. Era evidente que no se trataba de nada más que de refugiados de Merfeld, seguramente extraviados por los asaltos que los seres rata habian llevado en su población. Fredd se acercó a los carros, y tras hablar con el más viejo de los que habitaban las diligencias, volvió a ver a Miller.

Batidor Jefe Fredd

-Miller, Gauss, parece ser que lo que encontramos en la ultima aldea era cierta. Esta gente huyó de Merfeld esta mañana, parece ser que la situación alli es insostenible y los soldados están en las últimas. Fue buena idea no pasar por alli.


El experto explorador mandó a Gauss a a visar al resto de la columna de que no habia peligro, y tras pocos minutos, Minder y los milicianos aparecieron por alli. El capitán Minder Halvut habló a las gentes de la diligencia cuando llegó a su altura, mientras que la milicia iba entrando en el pueblo de Dorfbach, aprovechando la protección de la noche, para llevar a cabo su trabajo.

Capitán Minder Halvut

-Gentes de Merfeld, ya he oido por lo que habeis pasado, pero no os preocupeis, vuestro mal ha acabado. Soy el capitán Minder Halvut, y comando a un batallón de hombres en nombre de el Conde Elector de Averland. Hemos venido a Dorfbach para acabar con los rebeldes que en ella pudieran habitar, y mañana nos dirigiremos a Grenzstad para que las buenas gentes de alli puedan jurar lealtad al Elector y a toda la familia Alptraum. Aceptamos nuevas incorporaciones, por lo que si hay aqui algun hombre apto para acompañarnos, que sepa que se da comida y una corona de oro por cabeza cuando todo se haya llevado a cabo con exito.


Miller creyó que aquella suma de dinero era un poco exagerada, pero no parecia adecuado contradecir al capitán. Skalik en cambio vió en el discurso de aquellos soldados (que debian ser enemigos de los guardias de Merfeld que hasta ahora habian acompañado a las diligencias) una oportunidad interesante de ganar dinero y encontrar una muerte en un campo de batalla, con suerte quizas. El capitán mandó a Miller y a Gauss que hicieran una ronda por las diligencias, aceptando las sugerencias de quien quisiera entrar a su servicio. Sin embargo, el stirlandés solo se encontró con tres hombres capaces: un moreno herrero de Merfeld, fornido y joven; un extrafalario enano, tatuado y cubierto de cicatrices y un tipejo feo, bien pertrechado de armas. El herrero se hacia llamar Randall, y aceptó unirse a los milicianos, pues ya no contaban con su yunque ni con sus herramientas.

Despues le toco el turno al cazarrecompensas, apellidado Lieb, y que se notaba que habia viajado (no como aquellos pueblerinos de Agbeiten, Loningbruck y Merfeld, que Miller se habia encontrado desde que volveria a Averland). Griet Lieb sonrió al apreciar la caracteristica marca en la mejilla del stirlandés, asi como en su acento.

Griet Lieb

-Por todos los dioses, que me aspen si eres el cazamutantes de Sorghof. En Averheim se cuentan historias de un stirlandés de pelo castaño y sucio, que estaba como una puta cabra y no le tenia miedo a monstruo que Sigmar le pusiera por delante. ¿Eres tu el stirlandés que pasó por Sorghof hace unos años?


El cazarecompensas no llegó a confirmar su interés por acompañar a los militares, por lo que el orondo Gauss pasó a preguntarle al enano si queria unirse a ellos, mientras Lieb iba preguntandole a Miller acerca de la veracidad de lo que se contaba (pues la historia se habia exagerado un poco, y se contaban falsas hazas del cruel fiscal Messner y del demente stirlandés, como grandes justicieros en la capital, que torturaban mutantes y quemaban vivos a los contrabandistas y a los obreros que no respetaban a la autoridad Alptraum). El mataskaven no pudo sino oir aquellas historias, y la curiosidad le picó, mientras Gauss le preguntaba.

Batidor Gauss

-Enano, prestame atención, joder. ¿Te vienes con nosotros o te quedas con la diligencia?

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Nimref
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Re: Karl Spenholf I: Camino al Fuego Negro

Mensaje por Nimref » 25 Oct 2010, 13:47

Karl van Spenholf

26 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Dorfbach.

El reo entró en Dorfbach, viendo, para su sorpresa, las casi desiertas calles, prácticamente desprovistas tanto de aldeanos como de vigilantes. No obstante, unos minutos más tarde y ya dentro del pueblo, pudo localizar una posada, que Karl decidió que sería el lugar desde el que planificaría su viaje a Genzstad.

Desmontó para librar a Blancacrín de su peso, al tiempo que mantenía las riendas bien agarradas. Fue acercándose a la posada, esperando encontrar un mozo o similar al que dejar el caballo a su cuidado, esperando que le proporcionase comida y un lugar en el descansar hasta el día siguiente. Por supuesto, el reo preguntó por el coste, esperando que no superara los dos chelines o, como mucho, tres.

Una vez aclarado el asunto del caballo, entró en la posada y fue directamente a hablar con el posadero.

Buenos días, a pesar de lo aciago de estos tiempos, camarada... -comenzó el exconvicto- Necesito descansar bien esta noche antes de partir de nuevo mañana a Genzstad, pero mi huida desde el pueblo de Merfeld hizo que me desorientara por los campos cercanos... ¿podríais ayudarme? -preguntó Karl, al tiempo que inspeccionaba que la carta estuviera en perfecto estado y sacaba los chelines de plata que le quedaban- Sólo una cosa más, señor... necesito comida y bebida para reponerme del cansancio de las últimas horas...

FDI: espero que no cueste demasiado el hospedaje, xDD
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Re: Karl Spenholf I: Camino al Fuego Negro

Mensaje por Van Hoffman » 26 Oct 2010, 00:51

Franz Miller

Después de informar al capitán Minder, Fredd y Miller se reunieron con el resto de exploradores y les explicaron que el capitán les ordenaba adelantarse y reconocer el terreno. Así pues, los once exploradores avanzaron a paso rápido, con las armas listas, preparados para enfrentarse a un peligro inminente. Qué sorpresa se llevaron cuando descubrieron que no se trataba más que de una caravana de refugiados, de Merfeld seguramente.

- Miller, Gauss, parece ser que lo que encontramos en la ultima aldea era cierta. Esta gente huyó de Merfeld esta mañana, parece ser que la situación alli es insostenible y los soldados están en las últimas. Fue buena idea no pasar por alli.

- Ya sabía yo que no andaba muy equivocado... Pero cuidado, también había huellas de cascos de caballos, y aquí no veo ningún jinete.

Miller esperó con Fredd y los demás a que Gauss regresase con Minder y el resto de soldados. Una vez allí, y mientras los milicianos entraban en Dorfbach para hacer Sigmar sabía qué, el capitán dio un discurso dirigido a los refugiados. Hablaba de las penurias que habían pasado y de que ellos estaban allí para ayudarles. Hablaba de que venía en nombre del Conde Elector a tomar las ciudades de la zona y para que sus habitantes les jurasen lealtad. También invitó a los refugiados a que se unieran al ejército, prometiendoles comida y una corona de oro por cabeza. Miller no pudo evitar mirar al capitán con una ceja alzada. Si estaba de humor, quizá luego le reclamase la suya...

Les tocó a Miller y a Gauss pasearse entre las carretas para reclutar a los nuevos milicianos. Y de entre todos, solo tres valían para algo, y no para mucho. Uno era un herrero de Merfeld sin trabajo, que ante la prespectiva de dinero fácil, aceptó la oferta del capitán. El segundo era un enano extraño, con el pelo teñido, tatuado y lleno de cicatrices, un tipo peligroso y al que habría que tratar con cuidado. El último era un joven feo y sencillo, bien equipado para un viaje largo. Miller no pudo evitar fijarse en él. Se notaba que era un muchacho dado a viajar. Durante un momento, a Miller le recordó a si mismo cuando era más joven. Estaba sonriendo cuando el tipo le dirigió la palabra entusiasmado.

- Por todos los dioses, que me aspen si eres el cazamutantes de Sorghof. En Averheim se cuentan historias de un stirlandés de pelo castaño y sucio, que estaba como una puta cabra y no le tenia miedo a monstruo que Sigmar le pusiera por delante. ¿Eres tu el stirlandés que pasó por Sorghof hace unos años?

Miller miró al muchacho con los ojos como naranjas, sorprendido de lo que estaba escuchando. Luego, no pudo contener una carcajada como nunca la había tenido.

- Madre mía, quien me iba a decir a mi que después de tantos años hubiese gente que se acordase de aquello. Pues si, el mismo, Franz Miller, el "Héroe de Sorghof". Dime, ¿cuales son esas historias que se cuentan de mi? -Lieb le fue explicando algunas de las más inverosímiles versiones de la batalla de Sorghof, y por primera vez en mucho tiempo, Miller reía, como si todos los males que pesaban sobre él se hubieran esfumado-. No negaré que me siento alagado por todas esas historias, aunque no son del todo ciertas. Messner no era tan cruel y despiadado. Era un buen hombre; bueno, supongo que lo seguirá siendo. Me pregunto qué habrá sido del estirado chupatintas... Y por amor de Sigmar, en Sorghof no eran cien mutantes, a penas llegaban a una docena. Y si, una vez quemé a un trío de brujos, pero con la ayuda de las buenas gentes de Tannfeld. Pero tras Sorghof, me marché de Averland y estuve viajando mucho, así que casi todo lo que se cuenta de mi no es verdad.

Miller siguió charlando con el muchacho sobre sus aventuras en Wissenland y los Reinos Fronterizos, mientras Gauss hablaba con el enano y los milicianos hacían su trabajo. Tenían un momento tranquilo y no pensaba desaprovecharlo. Tras una larga charla, Miller le puso una mano en el hombro a Lieb.

- Chico, me recuerdas a mi cuando era más joven. Vente conmigo a Grenzstad, y quizá pueda contarte más cosas de mis viajes, y seguro que podré enseñarte algún buen truco.
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Re: Karl Spenholf I: Camino al Fuego Negro

Mensaje por Oeris » 26 Oct 2010, 20:09

Skalik Mataskavens

Cuando la diligencia paró, el enano preparó su hacha y escondió a Thin. Después de un rato, unos hombres se acercarón y comenzaron a hablarles sobre unos revolucionarios, guerra, comida y dinero. Skalik escuchó tres de las cosas que mas le gustaban pero, de pronto, Griet dijo algo sobre monstruos y a la mente de khazalid apartó inconscientemente esto y se centro en la conversación de los dos hombres. Oyó algo sobre un cazador de monstruos y como terminó con algunos mutantes. Cuando estaba inmerso en la conversación, un hombre le grito y el khazalid volvió al tema principal.

Claro que voy. -dijo Skalik mientras agarraba el hacha y sus pertenencias- Thin, me voy a un sitio peligroso y debes quedarte aquí... Puede que nos volvamos a ver algún día...

Aunque la cara del enano no cambiaba de expresión muy a menudo, su rostro daba sensación de que dentro de él habia algo de tristeza porque seguramente no volvería a ver a aquella humana loca a la que habia cojido algo de cariño. Después de prepararse y antes de tener que partir, se acercó al cazamutantes.

Humano, -dijo el matador acercando la mano para estrecharla con el hombre- soy Skalik Gimnirson y será un honor luchar a tu lado. Si salgo de esta, Grimnir no lo quiera, estaría encantado de cazar mutantes con vos, seguro que encontraría una muerte honorable a su lado.

El enano no era muy propenso a demostrar respeto a alguien hasta no conocerlo bien, pero si ese hombre habia luchado contra las fuerzas del Caos, aunque hubieran sido minimas, merecía un respeto y sería un buen compañero si no moría en esta.
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Re: Karl Spenholf I: Camino al Fuego Negro

Mensaje por Van Hoffman » 26 Oct 2010, 21:35

Franz Miller

El cazavampiros se giró cuando escuchó la voz ronca y dura del enano. Al parecer, le había caido en gracia al tipo, y se presentó, ofreciendole la mano.

No me equivocaba. Está como una puta cabra. Aunque... parece peligroso, y tiene mucho músculo. ¿Y dice que busca una muerte honorable? Mmm... Bueno, siempre he necesitado un compañero que haga el trabajo difícil...

Miller estrechó la mano del enano.

- Un placer, enano. Mi nombre es Franz Miller, y estaré encantado de tu compañía.


FDI: He tenido que postear (con algo pequeño) porque me ha aludido directamente. Espero que no te enfades ni me sometas a torturas, amo Saratai :roll:
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Re: Karl Spenholf I: Camino al Fuego Negro

Mensaje por Saratai » 01 Nov 2010, 19:12

30 de Destilario (Brauezeit) de 2527. Campos de Dorfbach.

El cazarrecompensas dudó acerca de aceptar la proposición de Miller, pues tenia un trabajo entre manos. Sin embargo, era evidente que su presa no se iba a ocultar por los paramos y mucho menos volver al centro de la provincia, donde Adolf y Messner habrian colocado más carteles de busqueda. Si Karl Spenholf habia ido a alguna parte, esa sin duda era Grenzstad.

Griet Lieb

-Está bien, stirlandés, me has convencido. Te echaré un cable en lo que necesites mientras encuentro al reo huido, y de paso me costearé el viaje.


El benjamin de la familia Lieb estrechó la mano del cazavampiros, y decidieron trabajar juntos. A su lado, Skalik, el matador, quedó entusiasmado por lo que acababa de oir. No era común ver humanos valerosos, dispuestos a dar la vida por la aniquilación del corrupto, y aquello enterneció el duro y petreo corazon del khazalid. Skalik puso su arma al servicio del ejército Alptraum, siempre y cuando tuviera la oportunidad de batirse con un rival digno, y acompañar al heroe de Sorghof en su trabajo. El capitán Minder Halvut sabia de la valia de hombres como aquellos, y de lo necesarios que serian en Sorghof. Ninguno era de Agbeiten, y todos tenian interés en mostrar su valia.

Tras presentarse todos entre si y ante el capitán, el experto militar decidió su proximo paso. Ya habian ido los milicianos al centro de Dorfbach, y la carreta habia seguido su destino, cuando el capitán tomó la segunda orden del día: Enviar a un grupo de gentes desligadas de la población de Agbeiten para entrar en Grenzstad, como simples mensajeros del ejército. Los escogidos serian Griet Lieb, por ser originario de Averheim; Gauss el explorador, por ser de Heideck; Franz Miller por su origen stirlandés; Randall el herrero por venir de Merfeld; y Skalil el matador por razones obvias. El grupo de cinco hombres habria de encaminarse, junto a la diligencia de refugiados, directos al corazón de Grenzstad.

Capitán Minder Halvut

-Caballeros, ustedes cinco se adelantarán al grueso de las fuerzas para enviar el mensaje de que su señoria el Conde Elector Jobb Alptraum ha enviado hombres a firmar un tratado de vasallaje con la ciudad de Grenzstad y su señor Vlados Foiter. Una vez alli aguardarán en la ciudad donde el señor Foiter dispense.


Minder hizo llamar a su tesorero, uno de los soldados de Tretmund que sabia leer y escribir. Este selló una misiva, y le dio un chelin a cada uno de los hombres para que pudieran habitar en la ciudad hasta que el ejercito llegara a la ciudad para, si los dioses querian, rendirla pacificamente al Elector y que sus tributos pasaran a la familia Alptraum.

-Nosotros tardaremos unos dias en llegar, pues quiero reclutar más hombres por las zonas colindantes, y superar la centena de hombres de armas. Con un numero alto podremos negociar mejor la adhesion de la ciudad, al fin y al cabo Grenzstad nunca ha tenido relación con los Leitdorf, y dudo que quieran enfrentarse a nosotros. Una vez lograda su adhesion, nos dirigiremos, con más hombres, a Merfeld, para después volver a casa. ¿Hay alguna pregunta?

No hubo ninguna por parte ni de Gauss ni de Lieb o Randall. Al fin y al cabo aquel trabajo si era sencillo: Acompañar a los refugiados de Merfeld a la ciudad, pedir audiencia con Vlados Foiter en nombre del Elector y ponerle al corriente de lo que estaba por llegar. Pan comido.

Cuando todo estuviera claro, la diligencia partiria de los caminos de Dorfbach, y presumiblemente llegaria al dia siguiente a la ciudad. Minder esperó a las cuestiones que Skalik o Miller pudieran tener, y una vez solucionadas, serian enviados como mensajeros neutrales.


FDI: Este es un post de transición, comentad lo que querais, y si no teneis dudas, con un post corto valdrá. Después de hacer vuestros posts, cerraré el hilo y pasareis a vuestro final. Un saludo y buena suerte.

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Re: Karl Spenholf I: Camino al Fuego Negro

Mensaje por Oeris » 01 Nov 2010, 19:38

Skalik Gimnirson

La misión era sencilla: entrar en la ciudad, dar el comunicado y esperar. Sería una buena forma de descansar un poco antes de volver a concentrarse en su destino. El khazalid miró al capitán y se dió cuenta de que esto no le llevaría a combatir contra ningun oponente digno, ni si quiera a pelear.

Capitán -dijo mientras se rascaba la cabeza- ¿No va a haber ninguna batalla contra el bando contrario?

El enano se había unido al bando buscando la muerte, pero parecía que nisiquiera iba a ver sangre enemiga...
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Re: Karl Spenholf I: Camino al Fuego Negro

Mensaje por Van Hoffman » 02 Nov 2010, 01:20

Franz Miller

El stirlandés se alegró de que el joven Lieb aceptase su oferta, así que siguieron charlando un rato hasta que el capitán Minder les llamó, a ellos, a Gauss, a Randall y al enano. Al parecer, iba a enviar al grupo antes del ejército, para iniciar las negociaciones. Parecía fácil, pero a Miller algo le olía mal. Le daba la sensación de que el plan cojeaba de alguna manera.

- Mein Hauptmann... Si me permite, creo que deberiamos tener un plan alternativo. Si el tal Foiter no acepta la rendición, ¿qué haremos? Tomar la ciudad por las armas será un suicidio, si lo que dicen de Grenzstad es cierto y está tan bien fortificada. Deberíamos aprovechar que tendremos gente dentro para abrir las puertas en un momento dado. Sea como sea, intentaremos que Grenzstad no esté cerrada a cal y canto cuando llegue su flamante ejército, mein Hauptmann -Miller miró al enano-. También tengo entendido que en la ciudad hay gran cantidad de enanos. Podriamos tratar de ponerlos de nuestro lado; en una hipotética batalla, contar con ayuda interna será crucial -volvió su atención a Minder-. Hauptmann, debería intentar introducir a alguien más en la ciudad, haciendolo pasar por refugiado. Y también necesitariamos a alguien mejor preparado para llevar a cabo una negociación.

El stirlandés esperó que sus peticiones y consejos fueran escuchadas y rezó para que todo se resolviese rápido y sin llegar a las armas.



EDIT DEL MASTER: Esta historia continuará en el hilo de Ratas Hambrientas...
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