Inicio: Las lágrimas del cielo

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Mensaje por Saratai » 15 Oct 2007, 16:23

25 de Ulricario de 2521. Invierno. Mañana lluviosa en Averland

Lluvia
Esa palabra está presente en las mentes de todo averlandés en el ulricario del año 2521. La posada medio ruinosa de ''La Espada Mellada'' parece a punto de caerse convirtiendose en un monton de madera podrida y borrachos mezclados, pues el viento agita las ventanas como si buscara abanicarse con ellas. Los parroquianos, tres viejos mineros, miran con aire láconico la sucia taberna en la que pasan dia tras dia mientras el tabernero se les queja de su nuevo sirviente recien adquirido. Cinco mesas con 4 sillas cada una (excepto la tercera mesa, con solo dos sillas) y un charco de vomito en una esquina conforman todo el mobiliario de la taberna, antigua propiedad de un rico herrero que quiso llegar a mas y se quedo en el camino. Desde luego no es el sitio más animado de la ciudad, pero en los tiempos que corren es mejor estar tranquilo, o al menos piensan eso los tres mineros mientras comentan entre si la desaparicion de otros dos patrulleros mas en las afueras de la ciudad...

Justo en ese instante, el sargento de la guardia de Averheim conocido como Alan, un hombre delgado pero duro, de mirada firme y cara de pocos amigos entra en la taberna mesandose su rostro lleno de cicatrices, junto a uno de los nuevos vigilantes del lugar, de aspecto no menos duro y pelo negro como los ojos de un cuervo. Alan saluda a los hombres y pide jocosamente (algo raro en el) una cerveza ''para variar'' . Parece de buen humor hoy, lo cual es algo que puede ser tan malo como bueno, si se conoce bien al rubicundo sargento







FDI:Este es el prologo de la partida. Esperad a que os avise para postear
Última edición por Saratai el 04 Mar 2009, 10:47, editado 7 veces en total.
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Mensaje por valafor » 17 Oct 2007, 03:25

Fabian Dortmund

Junto a los dos vigilantes, parte de la tormenta entró en la posada, transformada en pesadas capuchas empapadas que en cuestión de segundos encharcaron el suelo. Los dos hombres se agitaron las pesadas ropas antes de aproximarse a la barra. No obstante, uno de ellos, el más joven, el del pelo negro como el carbón, pareció hacerlo con más cuidado y dedicación. Mientras, el mayor, el conocido como “sargento Alan Friedgsoth, de la guardia de Averheim” alzó el brazo y pidió una cerveza.

“¿No quieres nada, muchacho?”

El vigilante del pelo negro acababa de escurrirse el bajo del pantalón, cuando la mano callosa de Friedgsoth cayó afable sobre su húmedo hombro.

“No. Gracias, señor.”

El joven prefirió omitir un consiguiente: “Estoy de servicio”. No quería que su compañero de guardia pensara que ponía en entredicho su profesionalidad. El veterano Friedgsoth era uno de los guardias más entregados del cuerpo y algo así, en los tiempos que corrían, era digno de admirar y respetar. Además, el sargento era famoso por su mal genio y, aunque aquel día, pareciera estar de buenas, el novato no quería tentar a la suerte. ¿O sí?

“¿Señor, me permite preguntarle algo?”

El sargento dio un largo trago a la cerveza y sin apartar los labios de la jarra contestó.

“Dime.”

Con la formalidad que se le supone a un regio vigilante de Averheim, el joven formuló su pregunta.

“¿Me podría explicar algo más sobre el motivo que nos ha llevado hasta aquí?”
Última edición por valafor el 18 Oct 2007, 16:25, editado 1 vez en total.

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Mensaje por Saratai » 17 Oct 2007, 16:38

Alan Friedgsoth

Alan se gira a mirar a su subordinado, cerciorandose de que los mineros estan a lo suyo, pues los rumores no favorecen el trabajo de la guardia. Acto seguido, ambos se desplazan a la mesa de dos sillas, momento en el que Alan empieza a hablar...

-No se si habrás oido lo ocurrido hace 2 dias en la casa de los Fahen. Su hija mayor, Eva, desapareció por la mañana cuando iba al mercado. Estas cosas no pasan a menudo teniendo en cuenta que los Fahen, como ya sabras, son bastante acaudalados y bien defendidos. El padre ha ordenado a mi superior que se investigue la desaparición como si fuera un secuestro, y las pistas que tenemos asi lo indican. Pero me faltan hombres para llevar a cabo una investigación por los bajos fondos

En este punto empezo a tener su seria expresion habitual

Lo malo es que no solo ha desaparecido Eva. Varios muchachos mas tambien han sido ''secuestrados'' en teoría. Nuestra misión es batir los sitios más oscuros en busca de información, y para ello voy a tener que pedir ayuda a unos milicianos que tienen contacto con los criminales que no han sido enviados al norte en Compañias Libres. Estos milicianos no son muy de fiar, y casi ninguno es de Averland. El grupo lo componen, por lo poco que se, por gentes de Reikland, Stirland (al nombrar esta provincia a Alan le temblo la mano con la que sujetaba la cerveza) y de Talabecland. Son en su mayoría pobres inmigrantes, pero nadie conoce a la basura mejor que ellos. Tambien he pedido la colaboración de un patrullero de Streissen, un pueblecito de las afueras, pero las razones de que este hombre venga prefiero no decirlas hasta que el este presente. Esperaremos a que venga para partir hacia la comandancia de los nuevos milicianos, y cuando tenga un grupo de actuación suficiente, planearemos los planes de recopilacion de informacion.
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Mensaje por Jacques el arcabucero » 18 Oct 2007, 09:02

Mannricht

Una bocanada de aire helado entra en la posada al abrirse la puerta y escupe a su interior a un tipo cubierto con una gruesa capa completamente empapada. El joven, moreno y de tez rojiza, se la quita pesadamente y la deja en el colgador que aguarda junto a la puerta de entrada, así queda a la vista el uniforme de la patrulla de caminos.
Se limpia las gotas de lluvia que resbalan por su frente con el reverso de su mano y observa alrededor como buscando a alguien. Sus ojos enseguida se fijan en los dos tipos uniformados sentados juntos en una mesa.

El recién llegado cruza la estancia saludando con un gesto de la cabeza a los curiosos presentes que enseguida pierden el interés en el y siguen a lo suyo. No así el posadero, que alza una ceja de forma inquisitiva siguiendo al recién llegado que se dirige hacia los dos contertulios, al parecer, habiendo olvidado que debe tomar algo para disfrutar del cobijo de la lluvia en su local.

- Disculpen, soy Mannricht, de la patrulla de caminos de Streissen. Mi sargento me ordenó presentarme aquí, hoy, ante el mayor Alan Friedgsoth... que si no me equivoco... - Mannricht se fija en la graduación representada en el uniforme - debe de ser usted.

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Mensaje por valafor » 18 Oct 2007, 17:27

Fabian Dortmund

Entre la explicación del sargento y la aparición en escena del llamado Mannricht de Streissen, la indignada mente del vigilante tan sólo fue capaz de formular una pregunta que, por y desconfianza, calló al verse importunado por el recién llegado.

“También he pedido la colaboración de un patrullero de Streissen, un pueblecito de las afueras, pero las razones de que este hombre venga prefiero no decirlas hasta que el esté presente.”

Cuando se lo proponía, el sargento, ciudadano orgulloso de Averheim, podía ser extremadamente mordaz. Referirse a Streissen como “un pueblecito de las afueras”, conociendo de sobras la animadversión que esta población procesaba a la capital, dejaba entrever una mezcla de sarcasmo y paternalismo tan delicioso como sutil. Sin duda, la charla hubiera ido a más si el patrulla recién llegado, oriundo de aquel lugar, hubiera aparecido unos segundos antes.

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Mensaje por Saratai » 19 Oct 2007, 16:09

Alan Friedgsoth

El mayor Alan corto sus pensamientos al ver entrar al delgado muchacho de Streissen. Desde luego esperaba a alguien mas mayor y fornido, pero no estaba la situación para comportarse como un capitán sibarita. Se levantó cordialmente y estrecho la mano del recién llegado

-Asi es, yo soy Alan. Y tu debes ser el patrullero que pedi a la comandancia de Streissen. Por favor, sientate a la mesa y pide una cerveza a mi cuenta, tenemos mucho de que hablar.

Un sirviente joven y tembloroso llevo una silla mas a la mesa y unas salchichas calientes, para más tarde llenar las jarras de cerveza de los presentes, no sin antes gotear en abundancia la cerveza por toda la mesa. Debía ser su primer dia y parecia nervioso, no solo por las miradas de los parroquianos si no mas bien por lo que le esperaba cuando estuviera a solas con el posadero.

Dejame que te presente a Fabian. Es uno de mis hombres de confianza y fiel sirviente de la guardia. Nos ayudara a resolver el caso que te conta.. De pronto un rayo impactó cerca de la posada, haciendo retumbar con su posterior trueno toda la taberna, interrumpiendo al sargento y asustando a todos los presentes cuando fragmentos del techo cayeron en la mesa. Despues de todo, parecia que la estructura aguantaria algo mas, gracias a Sigmar




Como te iba contando replico Alan con el creño fruncido Te he hecho llamar para que alguien que no sea de Averheim nos ayude a resolver el caso que nos atañe. Ultimamente han ocurrido ciertas desapariciones en la ciudad y necesito gente que investigue el asunto, gente que no sea conocida por las mafias que cuelgan de las columnas de la ciudad como ponzoñosas enredaderas. Y tu, Mannricht, no has venido nunca a Averheim, que yo sepa. Ademas, contaremos con la ayuda de unos extranjeros de la milicia. No son novatos, pues según he oido tienen experiencia en sus zonas de origen, pero mejor iremos a buscarles mañana por la mañana, cuando la tormenta haya arreciado. No quiero convertirme en cenizas antes de resolver las desapariciones
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Mensaje por Jacques el arcabucero » 19 Oct 2007, 18:26

Mannricht

Mannricht tiende su mano al desembarazarse del caluroso apretón del mayor Alan, al otro guarda de caminos, al que presentan como Fabian, hombre de confianza y fiel sirviente de la guardia. Le mira a los ojos y asiente con la cabeza a modo de saludo. Seguidamente se sienta, y sin tiempo a declinar la oferta, se encuentra frente a una cerveza y un plato de salchichas gruesas como los dedos de un enano.
Lo cierto es que la cerveza no le apetece demasiado, pero ese olor de las salchichas, caramba! Mannricht tiene hambre.

Así que escucha pacientemente el parloteo informativo del mayor Alan, tan solo interrumpido por un rayo que al parecer ha caído bastante cerca. Mannricht mira hacia la ventana para ver si ve u oye algo en especial, pero los porticones están cerrados, con lo que no tiene noticias del exterior. Se vuelve hacia el mayor y continúa escuchando.

Cuando éste termina su perorata, Mannricht se decide a preguntar.

- Entiendo señor que mañana al encontrarnos con el resto de ayudantes nos dará mas datos sobre esas desapariciones?

Mannricht ha venido a caballo, y ese rayo parece haber caído muy cerca. Me gustaría saber si percibo algo del exterior, como ruído de los caballos si se muestran nerviosos (si hay cuadras) o olor a quemado, o gritos en la calle, etc

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Mensaje por Saratai » 21 Oct 2007, 15:13

Alan Friedgsoth

Entiendes bien. En mi haber tengo las listas de 4 desaparecidos, pero seguramente habrán más sin descubrir. Por lo tanto, cuando haya reclutado a unos cuantos más repartiremos las tareas de busqueda. Pero te veo con interes, asi que te comentare lo que ya se de los desaparecidos:
Hezer, de 3 años, es un hijo de campesinos. Me resulta incomprensible porque alguien secuestraria a un niño pobre, pero al menos gracias a el se descarta un secuestro por dinero, lo que no es muy buena noticia, pues ¿para que querria alguien a un niño de 3 años que no puede dar dinero?. El niño es rubio con los ojos azules, muy delgado y con marcas de pecas en la cara.
El segundo caso es una niña, Ariel, de 7 años. Hija de un soldado que está fuera de la provincia. Aquí el caso podría ser una vendetta, pues la abuela de la familia no tiene muy buena fama en la ciudad, llegando a oirse rumores de ser una bruja y cosas por el estilo, pero no soy hombre dado a fiarme de los rumores.
La tercera desaparecida es la mas importante de todos. Se llama Eva, algo rellena y morena, de 18 años. Como ya le he comentado a Fabian, es hija de los Fahen, una familia adinerada de la ciudad, por lo que el motivo es claro.
La cuarta y mas reciente desaparecida es otra muchacha, de 16 años. De pelo castaño y ojos verdes. Según me han dicho es muy guapa y amable.

Aun no tengo claro si todos han sido secuestrados, pues no tengo pruebas de ello, y tampoco se si es parte de un mismo grupo o de actos individuales. Rezo por lo primero, pues si son actos individuales, estamos bien jod****.


Despues de contar los cuatro casos, el sargento Alan se levanta de la mesa, con aires de no estar contento, como si no hubiera dicho lo que tenia que decir, o de haberlo hecho en el momento inoportuno en el lugar equivocado.
La tormenta no se reduce en cadencia ni en brutalidad, pero todos los presentes estan cansados, es tarde y los cuerpos demandan descanso. Alan sube a las habitaciones para dormir, y prepararse para el día siguiente en el que irian ha hacerle una visita a los milicianos.


FDI: Podeis hablar entre vosotros ahora que el sargento ha subido. Cuando acabeis y subais a dormir, ireis al dia siguiente directamente al cuartel de la milica, asi que aseguraros de hacer lo que querais hacer antes de ir alli
Última edición por Saratai el 24 Oct 2007, 16:39, editado 1 vez en total.
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Mensaje por valafor » 21 Oct 2007, 16:09

Fabian Dortmund

“Buenas noches, señor.”

En esta ocasión, el joven vigilante no prestó demasiada atención a las palabras de su superior. No fue por falta de interés, pues para el joven guardia cualquier caso, fuera de la índole que fuera, debía ser abordado con toda la profesionalidad posible; el problema radicaba en el enojo y la contrariedad que al poco de empezar la conversación se había estado forjando en su cabeza, justo cuando el sargento explicó que para esta misión recibirían ayuda foránea.

“¿Porqué demonios tienen que venir efectivos de fuera a solucionar los quebraderos de cabeza de una ciudad que, supuestamente, tiene los suyos propios?”

A la mente de Fabian acudieron complejas teorías de corrupción política, malversación de fondos y altos cargos sobornados. Miembros del cuerpo de vigilancia destinados a tareas que nada tenían que ver con sus competencias, guerras lejanas usadas como pretexto para trasladar efectivos y minar la seguridad de la ciudad... La situación en Averheim cada vez era más insostenible. Tanto que ya no podía hacerse cargo de sus propios problemas sin pedir ayuda de fuera. Y mientras, la delincuencia crecía y crecía.

“¡Maldita sea!”

El vigilante seguía inmerso en su furiosas cavilaciones, cuando cayó en la cuenta de que no estaba solo. De inmediato, apartó su enojo y dio paso a la cortesía.

“Soy el vigilante Fabian Dortmund, del cuerpo de seguridad de Averheim. Bienvenido a la ciudad. ¿Cómo van las cosas por Streissen?”

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Mensaje por Jacques el arcabucero » 22 Oct 2007, 09:23

Mannricht

Mannricht se despide del mayor con un gesto de la cabeza y observa a su alrededor el local cavilando en sus própios pensamientos. Al parecer Fabian, el otro guarda de caminos que le acaban de presentar debe hacer lo mismo, puesto que se ha quedado mirando al mayor por donde se ha ido, y allí mantiene la mirada.
Decide no molestarle hasta que él inicie una conversación.

Finalmente sucede:
- Soy el vigilante Fabian Dortmund, del cuerpo de seguridad de Averheim. Bienvenido a la ciudad. ¿Cómo van las cosas por Streissen?

- Un placer, muchas gracias. ¿Streissen? bien, claro. Como siempre... no?
- por el gesto que hace, Mannricht parece responder mas por cortesía que por otra cosa, no parece interesarle mucho hablar de su lugar natal - Al menos, mejor que aquí al parecer, no? ... este asunto de las desapariciones es muy raro, allá en Streissen nunca ha pasado algo similar, no al menos en la Villa. Lo cierto es que me sorprendió cuando me destinaron hasta aquí, una capital como esta, con una población tan grande y prospera y una milicia tan preparada... Claro que al oír las explicaciones del mayor se me han despejado muchas dudas, al tiempo que aparecían otras nuevas que seguro encontrarán respuesta mañana.

Mannricht se lleva a la boca un trozo de salchicha y lo remoja con cerveza. Lo mastica todo en la boca y sin tragarlo sigue hablando.

- Al parecer, no son solo patrulleros los que desaparecen... ahora estas niñas... - Mannricht mira alrededor mientras se limpia la comisura de los labios con el reverso de la mano, quiere estar seguro que nadie puede chafardear en esta conversación - No me gusta. Que puede ser peor que se lleven a tus hijas? Porque esta claro que no se han ido por sus própios pies, algunos son demasiado pequeños como para hacerlo, y la diferencia de clases entre ellos es notoria asi que no veo nexo alguno entre ellos.
En fin Fabian... veremos mañana que nuevas tendremos.


Por mi parte no tengo nada mas que añadir, así que acabando la cena, Mannricht se despedirá y se irá a dormir donde sea que tenga que ir. Si Fabian me sigue la conversación, por supuesto, no la rehuiré!

Mannricht. Patrullero de caminos

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Mensaje por Saratai » 24 Oct 2007, 16:28

26 de Ulricario de 2521. Invierno. Mañana lluviosa en Averland

Los gallos del corral os despertan de vuestros sueños, justo antes de que Alan llame a vuestras puertas, vestido sin galones y únicamente portegido por una espada corta. Ha llegado la hora de visitar a los milicianos y ver si merecen la pena sus servicios.

Las nubes ciegan a un sol débil y enclenque, llorando con pesar sobre las embarradas calles del distrito sur. Es día de mercado, y las gentes ofrecen y piden desde comida hasta armas, pasando por todo tipo de telas y bebidas. Algún hombre extranjero se hace oír por encima de la muchedumbre con su reforzado acento mientras que taimados desocupados velan por las monedas ''caídas'' del populacho. Granjeros y campesinas llegan desde las afueras para sobrevivir con lo que vendan ese día, lo que explica sus ahogados gritos para que la gente compre las mejores hortalizas de todo el Imperio.
Serán las 10 de la mañana cuando los tres hombres de ley llegan al cuartel de la milicia. Su edificio no está mal construido, y consta de una portezuela de duros goznes y amplias ventanas cerradas a cal y canto. Cuando llamais a la puerta, un hombre de mirada perdida y aspecto sucio os habre no sin haceros esperar un buen rato. Al entrar, el olor y la organización del lugar os hacen creer que más bien habeis entrado en una cueva de ladrones que en el lugar donde se imparte justica popular. Una silla tirada en el suelo y hombres durmiendo en pajares con botellas en la mano terminan de convenceros de su indisciplina.


Sin embargo, no todos son extranjeros. Para Fabian, la mayoría son conocidos al menos de vista, aunque nunca hubiera dicho que se encargaran de ''eso''.
Alan habla un rato con el líder, Krieg, exigiendole que llame inmediatamente a los hombres más nuevos que haya recibido, que no fueran habituales de la ciudad ni de sus barrios. Se marcha a ritmo cansado y al rato vuelve con 4 hombres.

El primero de ellos, el más nuevo, se llama Pieter Azhelhof y proviene de Reikland. Es solo un muchacho de ojos marrones y pelo castaño, con una incipiente baraba rodeandole el rostro.
El segundo es un hombre impresionantemente corpulento, originario de Talabecland. Parece que era un leñador que quedo aislado y no tuvo más remedio que huir. Una fea cicatriz le recorre la frente. Dice llamarse Hans Efferhöld
El tercero es Averlandes, pero no es de la ciudad, sino de un pueblo agrícola llamado Wuppertal. Es delgado y más serio que los otros dos. No os dicen como se llama, pero si os dice que antes era carpintero.
El cuarto, y que lleva más tiempo con ellos es un tal Johann Burss, de pelo canoso y ojos oscuros. Su rostro marcado por la viruela y sus puntuales arrugas no ayudan a estimar su edad, pero desde luego no es un jovencito.


Vosotros cuatro, venid conmigo!!!- Grita Alan, con gesto de indignación ante la falta de uniformidad y de aparente disciplina. Sale de la estancia, haciendoos un gesto a Fabian y a Mannricht de que tambien le acompañeis. Llegais los siete al patio del edificio, donde, de manera clara y concisa explica a los recién llegados el problema de las desapariciones y quienes son los supuestos secuestrados. Acto seguido, sin permitir pregunta alguna, pasa a elaborar los grupos de investigación:

De Hezer, el hijo de campesinos, se encargaran Johann y Hans, al considerarlos Alan los más indicados para tratar con gente de esa clase social
La pequeña Ariel será investigada por Fabian, Pieter y el hombre de Wuppertal, al ser el sitio menos claro cree adecuado mandar a tres hombres
De Eva se ocuparan Mannricht y el propio Alan
La joven de 16 años es la menos importante, y de la que menos pistas se tiene, asi que de momento nadie se encargará de ella hasta no haber terminado con los otros tres muchachos.


El sargento espera que se tarde poco en visitar las casas de los familiares de los desaparecidos y recibir todos los datos posibles de su paradero, para pasar a la segunda parte de su plan: infiltrarse en los propios suburbios como los criminales que alli deambulan para averiguar más cosas de los posibles secuestradores.





El frío de la mañana deja paso a la poca calidez que la tarde regala, lo que habre el apetito. El sargento manda ir de nuevo a la despoblada taberna de ''La Espada Mellada'' para comer algo, resolver dudas, apuntar detalles y aprovisionarse en el mercado cercano para la inminente misión. Al llegar a la posada los siete hombres, el gordo posadero muestra una gran sonrisa, mientras los tres viejos mineros rien embobados el escote de la nueva camarera que parece haber reemplazado al torpe sirviente de la noche anterior...



FDI: La comida que pidais correra a vuestra cuenta, asi como todo lo que tomeis.
Atrus y Heldenhammer, ya podeis postear
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Mensaje por Atrus » 25 Oct 2007, 00:55

Johann Burss

Al entrar en la taberna Johann se encamina raudo hacia una de las mesas y, apartando una de las sillas, lanza una mirada al grupo.
- Será mejor que hablemos y nos conozcamos mejor. ¿Os parece bien esta mesa? - Les pregunta, y sin esperar respuesta levanta la mano para llamar la atención de la llamativa camarera.

"Será mejor que caliente mi gaznate con algo fuerte" se dice a sí mismo al tiempo que se rasca la barba cana. "Es emocionante tener un nuevo trabajo. Veamos que tal son mis nuevos compañeros..."
El miedo es el peor enemigo de la mente.

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Mensaje por valafor » 25 Oct 2007, 02:08

Fabian Dortmund

Por lo general, al levantarse de la cama, el vigilante Dortmund siempre se preparaba concienzudo y gustoso para ir a trabajar. No le daba vergüenza admitir que le encantaba su trabajo. A diferencia de algunos de sus compañeros (en los tiempos que corrían, cada vez más), Fabian era un orgulloso y convencido miembro del cuerpo de seguridad de la ciudad. La desidia laboral era algo desconocido para él. Por eso, desde que se ponía el uniforme hasta que se lo quitaba, disfrutaba de cada uno de los segundos en los que vestía los gloriosos colores de su Averland natal, en pos de salvaguardar la ley y la justicia.

Pero aquella mañana fue diferente. Se levantó sin pereza de la cama y se puso el uniforme sin que este, pese al diluvio de la noche anterior, presentara ni una sola mancha o arruga. No obstante, mientras se ataviaba para la nueva jornada, su cabeza estaba muy lejos de las líneas negriamarillas de su traje. La mosca de la preocupación rondaba impertinente y zumbante por el interior de su cabeza. Aquel caso, desde antes su planteamiento, era extraño. A parte de la peculiaridad de los factores ambientales (que a priori nada tenía nada que ver), Dortmund no acababa de entender los motivos que habría podido tener el sargento para empezar a investigar el caso durmiendo en aquella posada. Parecía una tontería, pero ¿porqué no habían seguido el protocolo normal y se habían alojado en las barracas del cuartel? ¿Quizás era una forma de mantener el caso bajo secreto?

Fabian siguió formulando conjeturas al respecto, algunas más acertadas que otras, a lo largo de toda la mañana. Se dio cuenta de que aquello no llevaba a ningún sitio cuando el sargento, el viejo y honorable vigilante Friedgsoth, volvió a relatar los hechos ante los nuevos reclutas, haciendo alarde de la nobleza y, pese a ello, malas pulgas que le caracterizaba.

"Es el sargento... ¡Qué demonios!"

Ya de vuelta a la Espada Mellada, Fabian, achacando su ataque impulsivo-paranoico a la peculiaridad del caso que se les planteaba, había recuperado toda su fe por aquel buen hombre. Así que, respondiendo con una sonrisa al gesto del miliciano Johann, el vigilante tomó asiento en la mesa indicada, no sin antes acercar unas cuantas sillas para que los demás hicieran lo propio.

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Mensaje por Jacques el arcabucero » 25 Oct 2007, 07:31

Mannricht

Para cuando el gallo canta, Mannricht lleva despierto un buen rato. Ha abierto la ventana y perdido en sus pensamientos, observa el amanecer sobre la ciudad. Nunca antes había estado aquí, y se sorprende por el tamaño de esta! Algunos edificios son imponentes, las calles tortuosas e interminables, gremios, colmados, tenderetes, todo despierta bajo sus ojos.
Se quedaría mas rato, pero no puede ser así.
Le esperan.

Cuando finalmente llega al cuartel con el Mayor y Fabian, cualquiera que le mire a la cara directamente reconocerá un gesto entre desagrado y sorpresa. Jamas hubiera pensado que tal dejadez pudiera establecerse en un cuartel de la Patrulla de caminos. No al menos en su Streissen natal...
Mannricht mira a uno y otro lado mientras el mayor hace llamar a cuatro patrulleros, y así, en el patio, se nos dan las explicaciones finales.

Al parecer tendré el honor de investigar con el mayor en persona... seguro que no es casualidad y lo ha hecho así para vigilar de cerca al novato venido del campo... - piensa Mannricht mientras esboza una leve sonrisa.

Ya en la taberna, el tipo de cutis machacado por la viruela nos ofrece silla.
Es un buen momento para presentarnos, al fin y al cabo, parece que vamos a compartir una buena temporada juntos.

- Soy Mannricht, de la patrulla de caminos de Streissen - e inclina la cabeza levemente en forma de saludo mientras acepta la silla que le acerca Fabian.

Mannricht, Guarda de caminos.

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Mensaje por Saratai » 25 Oct 2007, 16:29

Hans Efferhöld

El impresionantemente grande Hans se muestra risueño, como si disfrutase con la cercana actividad. Tras aceptar con una sonrisa la presentación de Mannricht, de su enorme garganta surge un grito que intenta parecerse a un saludo:
-Me llamo Hans, pero todos podeis llamarme ''comenarices'', que es como me conocen mis allegados dice entre risas con su atronadora voz mientras sienta su enorme cuerpo en una silla que probablemente no sobreviva a ese dia.
Una vez sentado mira a su compañero Johann, para despues hechar un vistazo general al resto de hombres que alli se congregaban.
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