Prisión de Almas: Acto I (Desarrollo)

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Jacques el arcabucero
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Mensaje por Jacques el arcabucero » 18 Ene 2009, 13:48

Mannricht

- La madre que me parió... luego dicen que vivimos mal en los caminos... - piensa Mannricht al ver pasar a los guardias de las alcantarillas - para enseguida volver a la fría realidad y la atenta mirada del sargento.

- Sobre lo ocurrido en el templo? Al parecer llegó un cazador de brujas, se presentó y comenzó a matar a todos los del templo, acusandolos de corrupción. Nadie se salvó, culpables e inocentes, todos fueron derechitos a las llamas. Incluso al sacerdote acusó, y tuvo el mismo fin que sus fieles y los mendigos. No hablé con el cazador... Fabián lo hizo, quizá tenga él mas cosas en claro. Pero no hemos venido a verle por esto sargento...

Mannricht mira a derecha e izquierda (y hacia arriba) para asegurarse de que no hay oídos extraños pendientes de la conversación. Cuando esté seguro de esto, continuará.

- Verá sargento, una banda de mutantes, con un tal "Muerte en los caminos" entre sus filas tiene a los hijos de los Quober en su poder y a una niña que esos desgraciados secuestraron. El padre, creémos que se encuentra en una casa en Tannfeld... pero esto no es seguro. Sospechamos que estos mutantes pueden ser los culpables de las desapariciones de patrulleros de caminos. Así que... hemos decidido venir a verle para reunir un grupo armado con el que dirigirnos hacia donde se encuentren estos mutantes y pasarlos a cuchillo. Messner, el letrado, cree que se tendrían que cerrar las puertas de la ciudad, o Muerte en los Caminos matará a todo viajero que encuentre. Según él, la única forma de evitar nuevas muertes es no permitir que nadie salga a los caminos. No creo que sea facil cerrar una ciudad al paso, pero si se lográra, esos malditos mutantes dejarían de recibir victimas.
Por otra parte sargento...
- Mannricht parece evaluar sus palabras y continua mirando a Alan fijamente - quizá podríamos contar con Ficks. Ahora mismo necesitamos de un grupo pequeño... y de plena confianza, además que esa niña que al parecer tienen secuestrada, podría ser la hija desaparecida de Ficks...

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Mensaje por valafor » 19 Ene 2009, 00:56

Fabian Dortmund

Como marcaba el protocolo, Fabian saludó al sargento, pero, en vez de acceder a continuar hablando y poner en antecedentes a su superior, el vigilante se mantuvo callado. Esperó que Mannricht tomara la iniciativa y, sin mostrar ningún ánimo por interactuar, siguió su explicación con la seriedad y la compostura habitual, pero centrado única y exclusivamente en sus pensamientos y en la cara de Alan Friedsgoth.

“¿Sobre lo ocurrido en el templo? Al parecer llegó un cazador de brujas, se presentó y comenzó a matar a todos los del templo, acusándolos de corrupción. Nadie se salvó, culpables e inocentes, todos fueron derechitos a las llamas. Incluso al sacerdote acusó y tuvo el mismo fin que sus fieles y los mendigos. No hablé con el cazador... Fabian lo hizo, quizá tenga él mas cosas en claro. Pero no hemos venido a verle por esto sargento... “

Mannricht continuó su exposición con la información que Messner le había dado acerca de los mutantes. Acabó solicitando un grupo de hombres para poner fin a uno de los secuestros, tal y como le había prometido al ayudante del Fiscal, pero, en vez de recibir una respuesta del sargento, lo que obtuvo fue una repentina intervención de su compañero de investigación.

“Cierto, Mannricht. Hablé con el inquisidor, pero me han recomendado que guarde silencio al respecto... por el bien de la investigación.”

Serio y con cierto deje de preocupación, Fabian fijó sus ojos en los del sargento.

“Sargento Friedgsoth, a riesgo de cometer insubordinación, debo pedirle que me aclare la naturaleza de sus actos en algunos momentos de la investigación. Sé que no tengo derecho a pedir algo así, pero… lo necesito, por nuestro bien.”
Última edición por valafor el 22 Ene 2009, 02:30, editado 1 vez en total.

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Mensaje por Jacques el arcabucero » 19 Ene 2009, 08:08

Mannricht

Como un resorte, Mannricht gira el cuello 90 grados hasta mirar directamente a Fabian, con los ojos bien abiertos.
Esa última frase suya no se la esperaba. :shock:

Eres una caja de sorpresas Fabian :wink:

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Mensaje por Saratai » 19 Ene 2009, 19:08

Alan Friedsgoth

El sargento se mesó el pelo rubio con una mano mientras escuchaba atento a Mannricht, contestandole una vez éste habia terminado de hablar:

-Por fin tenemos alguna pista de los Quober. No os imaginais lo que necesitaba oir algo acerca de ese tema, ya daba a los niños por muertos despues de tantos dias. Ficks se alegrará de que al menos tengamos algo.

Cuando Fabian empezó a hablar le escrutó tranquilamente con sus ojos azules, pero cuando de su boca salieron las últimas palabras el rostro del mayor era igual al que tendria un soldado que hubiera sido alcanzado por una bala. Por un momento, su visión se nubló, y tras unos segundos recobró la compostura. Y no recupero solo eso.

Alan Friedsgoth era un hombre con muy mal humor. Solo con la gente cercana cambiaba sus formas y se volvia más apacible, y Fabian se habia ganado su confianza. Pero tras esa acusación, todo el aprecio que habia sentido por el joven vigilante se transformó en rabia contenida por lo que él consideraba un insulto, una traición. Y hablaba como si no fuera la única que hubiera recibido en las últimas horas.

-Ya veo, Herr Dortmund. Jaran te ha adiestrado bien. Tramitaria tu expulsión del cuerpo mañana por la barbaridad que acabas de decirme, cuando se hubiera solucionado el tema de los niños, a menos que te retractaras de lo que acabas de hacer. Pero no serviria de nada, Jaran lo impediria, ¿a que si herr Dortmund? En estos dias he permitido muchas cosas por el bien de los crios, pero ya estoy harto. Pero no te preocupes, si te llegara a despedir podrias volver en una semana, Jaran lo haria posible, te doy mi palabra.


-He notado que las cosas están cambiando. Jaran está rompiendo el equilibro de poder que tenemos los sargentos de la ciudad, ahora el tiene mas hombres a su cargo y se dedica a hacer de guardaespaldas de Bacher, para tener su favor cuando éste gane el referendum, y nuestro valeroso comandante lo aprueba con entusiasmo, asi como todos los vigilantes. Estoy bastante harto de gente que sólo se preocupan por su posición, y lamento que te hayan comido la cabeza con sus tonterias acerca de mi, de verdad, creia que eras de otro tipo de persona, herr Dortmund. Si Bacher gana las elecciones, me sustituiran del cuerpo, me lo han dado a entender esta noche. Imagino que estarás contento por eso, Dortmund, tal vez te dejen ocupar mi cargo si lames unos cuantos traseros y me hechas la culpa a mi de todos los problemas. Pero hasta que ocurra dicho suceso, sigues estando a mis ordenes. No se que te habran prometido, pero tendrás que esperar a que Bacher ponga sus fondos para conseguirlo, porque aqui aun sigo mandando yo.

Tras estas palabras, que encierran una profunda tristeza y algo de leve paranoia acerca de acontecimientos que ambos desconoceis, Alan continua hablando, esta vez a Mannricht.

-Mannricht, tenemos que darnos prisa. Ahora mismo me dirigia a la prisión, para inspeccionar unos sucesos muy extraños, parece que están desapareciendo presos. Puedes acompañarme, y cuando terminemos de verlo pasaremos a reclutar a unos conocidos que aun son fieles a la justicia y no a los ascensos, para encargarnos de los Quober. En cuanto a Fabian, si dedice disculparse, puede acompañarnos. Pero imagino que preferira levantar calumnias contra mi para conseguir un aumento de sueldo, asi que dudo de que venga.

Tras estas palabras, Alan hace un gesto a los dos guardias de cloacas, que permanecian al margen de todo lo hablado. Alan espero de pie la respuesta del patrullero y de Fabian, listo para marchar a la cárcel. Fue en ese momento cuando os disteis cuenta de un detalle: No llevaba sus sellos identificativos como sargento.

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Mensaje por Jacques el arcabucero » 20 Ene 2009, 09:47

Mannricht

- Con el debido respeto sargento... - dice el joven patrullero peinandose el flequillo hacia delante con la palma de la mano - creo que estos últimos acontecimientos han podido hacernos mas... irritables. Fabian es un buen soldado, usted ya lo sabe. No creo que sea la mejor idea distanciarnos unos de otros. Al fin y al cabo, en quien podemos confiar si no es en nosotros mismos? Porque... el Cuerpo... es lo unico que nos queda, no es así... Sargento? - pregunto esto último dedicando una significativa mirada al lugar donde deberían estar los sellos identificativos de su graduación, y seguidamente, a los ojos de Friedsgoth.

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Mensaje por valafor » 21 Ene 2009, 04:57

Fabian Dortmund

El miedo, la inseguridad y, poco después, la tristeza habían trepado por la espalda del chico hasta hacerse fuertes en su nuca. Frías e insidiosas, aquellas sensaciones se hincaron en la carne del averlandés y, sin demasiadas dificultades, llegaron a la columna vertebral, por donde empezaron a ramificarse espasmódicamente por el resto del organismo. Convulsionado al sentir aquel dolor en la base del cráneo, el vigilante clavó su mirada en el suelo. A medida que la voz enfurecida del sargento iba sonando, el cuerpo de Fabian experimentaba una paulatina disminución de tamaño que, en su punto más álgido, amenazó con la total desintegración. De no haber sido por la intercesión de Mannricht, el lugar ocupado por el joven averlandés únicamente habría quedado cubierto un par de botas y una capa.

“Se… señor, desde mi ingreso en el cuerpo de seguridad no he hecho otra cosa que cumplir órdenes. Lo he… lo he hecho gustoso, porque mi confianza siempre ha sido plena en mis superiores y, pese a que el delicado estado de la ciudad en… en ocasiones ha obligado a la actuación poco sistemática, no he dudado jamás en que el propósito de todos ellos ha… ha sido hacer cumplir la justicia en Averheim.”

Poco a poco, el vigilante se iba recomponiendo de la severidad del sargento. El tono formal al que estaba acostumbrado cuando un superior le mandaba hablar consiguió asentar algo más sus palabras que, pese a todo, seguían estremecidas por la tristeza.

“Es ese deseo por salvaguardar la justicia lo que me ha obligado a preguntarle esto. Desde el inicio de la investigación, no han dejado de suceder irregularidades. No me refiero al caso en sí, sino a su gestión. No me refiero a errores ni a complicaciones de causa mayor. Me refiero a…”

Fabian tomó aire y, con toda la valentía que pudo recabar de sus empequeñecido pecho, empezó a poner sobre la mesa todas las dudas que, desde hacia un par de días, le habían estado minando la cabeza y oprimiendo el corazón.

“No entiendo el motivo por el que, de haber sido detectado un topo, en vez de disolver el grupo de investigación o relevar a los sospechosos, se ha seguido adelante, alimentando la desconfianza entre compañeros y entorpeciendo el avance del caso. No alcanzo a ver claros los motivos de esa falta de discreción, sobre todo porque nada tiene que ver con el buen hacer al que estoy acostumbrado.”

El vigilante recordó la ponzoña escupida al respecto por el miserable de Helien y, por un instante, dudó de si todo aquello no era otra cosa que un lamentable ataque irracional de desconfianza suscitado por la tensión de las últimas horas. Entonces, el gusano de la incertidumbre volvió a agitarse en el carcomido cerebro de Fabian y este, hastiado por la fatiga, no vaciló en seguir hablando, con la intención de sentirse liberado al fin de aquel lastre hediondo.

“Pero sobre todo, no comprendo el secretismo que rodea la investigación. Las reuniones a escondidas, la intervención en el caso de efectivos foráneos al cuerpo, los sobres lacrados… No logro entender el motivo por el que toda la comisaría de Averheim no tiene ni idea del asunto en el que andan metidos los hombres del sargento Friedgsoth.”

Desde hacía un rato, los ojos del vigilante brillaban líquidos y erguidos ante la inexorable figura del sargento. Fabian se mostraba cada vez más rehecho, pero irremediablemente triste.

“Me gustaría saber porqué razón no hay un sólo superior en toda la jefatura que encuentre importante investigar la desaparición de unos niños y, en cambio, usted esté dispuesto a invertir la vida en ello.”

El vigilante se frotó la frente, cada vez más húmeda y enrojecida por la tensión del momento. Si no hubiera sido por la rectitud y la mesura que emanaba de su enderezada mirada al frente, cualquiera hubiera visto peligrar la salud cardiaca de Fabian.

“No entiendo la cadena de mandos que actúa en todo esto. Sé que debo cumplir órdenes y hasta ahora lo he hecho, pero, en un caso tan complicado como este, me inquieta no tener la certeza de saber si el que da las órdenes las tiene todas consigo.”

Fabian se sorprendió alzando ligeramente la voz.

“¿Por qué esa emancipación del resto del cuerpo, sargento? ¿Por qué tanta irregularidad? ¿Por qué tantos secretos? ¿Por qué?”

Al fin, el vigilante respiró. Bajó los ojos y los refugió nuevamente en el suelo, para que estos, entre convulsivos parpadeos, también pudieran retomar el aliento. Varios fueron los jadeos, hasta que Fabian volvió a levantar la mirada, ahora marcadamente triste y, pese a ello, desahogada, en busca de los inquisitoriales ojos del sargento.

“Si mis palabras le han sonado a ofensa, le pido que me disculpe. Un vigilante jamás debería faltarle al respeto a su superior.”

Fabian miró al vacío dejado por los galones del sargento.

“Pero no puedo hacer otra cosa que seguir pidiéndole una explicación. No es una exigencia, sino un ruego... y bien sabe Verena que lo necesito. Sé cual es mi posición y cual es la suya y… aunque no haya sellos que ahora mismo lo demuestren, usted siempre será el sargento Alan Friedgsoth.”

El vigilante suspiró desconsolado.

“Ayúdeme a restaurar mi lealtad en usted. Se lo suplico.”
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Mensaje por Saratai » 21 Ene 2009, 09:52

Alan Friedsgoth

El sargento permaneció de pie ante las palabras de sus dos subordinados, meditando cuidadosamente acerca de éstas. Cuando Fabian terminó de hablar, Alan agachó la cabeza con un suspiro.

-Eres un cabezota idealista, Fabian. Imagino que te escogí hace una semana por ese motivo. Deberias haberme hablado asi desde el principio, y no con el tono de antes. Nos habriamos ahorrado un malentendido.

El sargento levantó ahora la cabeza, haciendo un gesto a los guardias de las alcantarillas para que permanecieran fuera de la comisaria, lo que aprovecharon para tomarse un desayuno en un puesto ambulante de enfrente del cuartel.

-Si para ti de verdad es tan importante una explicación, te la daré. A fin de cuentas seguramente esta sea mi última misión como sargento de la guardia, y estaria bien que cuando las cosas cambien en la ciudad, alguien sepa la verdad y los entresijos de la guardia.

Mirando de un lado a otro, por si alguien le oyera, Alan empezó a confesar secretos que a pesar de las evidencias habian pasado inadvertidos para todos los patrulleros y los vigilantes.

-Mirad, el hecho de que llevamos mucho tiempo sin una cabeza visible de gobierno, es un algo bien sabido por todos. Y si alguna vez os habreis preguntado porque nadie hace nada para repararlo, os dare una explicación de la que lamentablemente me he hecho conocedor. Desde que el bueno de Leitdorf, que Morr lo tenga en su guarda, muriera y dejara vacío el condado, han habido muchos pretendientes al cargo. Sin embargo, las autoridades públicas han puesto notables trabas a que tal cosa ocurra. Lo han hecho porque desde que no hay un lider en nuestra provincia, son los jefes de los distintos cargos publicos los que ostentan el poder. Si, puede que los mercaderes tengan el dinero, pero ellos deciden qué se puede hacer con él. Por ello, desde el Fiscal, hasta el jefe de impuestos provinciales, pasando por nuestro querido Augoste, ostentan un poder inimaginable, del que, en serio, no os podeis hacer una idea.

-Pero con la llegada de Rudiger Bacher, todo ésto cambió. Ese hombre es especialista en mover a las masas. Y los ''líderes'' de los departamentos públicos, viendo que su chollo se acababa, decidieron oponérsele. Y ahora viene lo bueno. Bacher, que no es tonto, sabia que sin los lideres públicos, nunca tendria el papeleo para llegar al poder, que es su mayor interés en la vida. Por ello, decidió convencerles con palabras, oro y la promesa de aumentar su posición, haciendolos ministros incluso. Pero eso solo lo haria con unos pocos, y ésos pocos hombres serian los que más le ayudaran a llegar al poder. Con esta habil estrategia, convenciendoles de que llegaria tarde o temprano y metiendo cizaña entre ellos, hizo que todos los patanes de la administración se afanaran en ayudarle más incluso que lo que se ayudaban a ellos mismos antes, con la esperanza de superar a sus compañeros. De esta manera, el político no solo convirtió a sus enemigos en enemigos entre si y los dividió, sino que hizo que algunos le ayudaran desesperadamente.

-Por tanto ahora Bacher es imparable.

-Y sinceramente, creo que de todos a los que Bacher hizo su especial oferta, yo fui el único que la rechazó. Jaran y Augoste la aceptaron, en cambio. Ése es el motivo de mis problemas con ellos dos, pues se preocupan más de lamerle el culo a un político que de cumplir su deber. Pero siendo Augoste el hombre que me paga, tenerlo en contra no está siendo tan buena idea como pense en un primer momento. Esta tramitando quitarme el puesto de sargento, lo que le llevará unos dias, pues tiene que reunirse con varios cargos. Aunque como os he dicho antes, si Bacher gana, que lo hará, le será mucho mas fácil quitarme de en medio con su apoyo.

Alan parecia como si se hubiera quitado un peso de encima. Debiais ser las primeras personas a las que les contaba ésto.

-Yo, esta situación ya me la olia desde que rechacé a Bacher. Pero eso no es lo único que me huele mal. Aun no me explico como llegó Augoste al poder del cuerpo de vigilantes, es para mi una incógnita. Creo que es una rata escurridiza, que aprovechó un vacio legal para empezar a acaparar información, que como el inútil de Jaran no sabe leer, puede usar como guste.

-En fin, estas son las dos razones por las que llevo todas mis investigaciones sin que nadie sepa nada de ellas. Por eso te escogi, Mannricht. Hable con tu sargento, un viejo amigo mio, y me dijo que tu eras el más apropiado para lo que yo necesitaba, alguien de campo que estuviera al margen de entresijos politicos. Y a ti Fabian, te escogi porque algo me decia que preferias hacer justicia a llevar a cabo leyes absurdas que solo benefician a unos pocos y dejan de margen al pueblo. Me tome mucho interés con el caso de los niños porque hay una persona importante para mi que tiene miedo por el paradero de su hija, como bien sabe Mannricht. Pero me tomo con interés tambíen cualquier caso que haga mejor la vida de la gente de esta ciudad. Si hay un asesino de obreros, iré primero a por él que a por un ladrón de joyas que le roba a los burgueses. Y como no tengo el respaldo de casi nadie en el cuerpo, suelo usar a la milicia y a agentes externos como a patrulleros.


Tras la larga charla, Alan recogió su capa y se dirigió a la salida.

-Ahora ya sabeis lo que ocurre de verdad, sin mentiras ni edulcorantes. No queria involucraros en estas maquinaciones, pero el ansia de saber de Dortmun no me ha dejado más remedio. Ahora me voy a la prisión, que llego muy tarde, habia quedado con el interrogador hace una hora. Sois libres de hacer con esta información que os he dado lo que querais. Y podeis ayudarme a solucionar ésto tambien, si sois capaces de acompañarme. Pero sea como sea, cuando termine los asuntos que me tienen ocupado, reuniré a gente suficiente como para coger a los Quober, me cueste lo que me cueste, eso os lo juro por la tumba de mi padre.

Tras esto, Alan abandono el cuartel, en dirección al barrio de la Mataperras. Los dos guardias de cloacas que estaban terminando de comer tiraron sus ruines pasteles de dudoso origen y salieron detrás de él.

Sois libres de ayudar a Alan o de seguir vuestras investigaciones por otro curso, pues recordad de que los mendigos que sobrevivieron siguen en las celdas del cuartel. Hagais lo que hagais, Alan hará las cosas a su manera.

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Mensaje por valafor » 21 Ene 2009, 18:45

Fabian Dortmund

“Espere señor, debo decirle algo más.”

Después de recomponerse ligeramente de la sobrecarga emocional, el vigilante salió tras los pasos del sargento. Indefectiblemente, Mannricht se vio arrastrado por la marcha de los dos hombres.

"Tengo prisa, Fabian. Dime lo que sea, pero de camino a la cárcel."

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Mensaje por valafor » 22 Ene 2009, 03:51

Fabian Dortmund

Inmersos en un frío atroz, los cinco hombres salieron a la calle y empezaron a caminar hacia el barrio de “Mataperras”, lugar donde se encontraba la cárcel de la ciudad. Tanto Mannricht como Dortmund no tuvieron problemas para alcanzar al sargento, el cual, al segundo paso que hundía en la nieve, se vio asaltado por la verborrea de un vigilante en ocasiones demasiado sistemático.

“Señor, todavía no le he puesto al corriente de lo sucedido hasta ahora. El tema del topo y… otros asuntos desplazaron el orden del día de nuestra última reunión y tanto mis compañeros de investigación como yo no tuvimos oportunidad de explicarle lo que habíamos averiguado. Me gustaría aprovechar este momento para hacerlo, sargento.”

Fabian buscó una mirada de aprobación en el rostro del sargento Friedgsoth.

“Hable, Dortmund. Le escuchamos.”

El vigilante inspiró profundamente y empezó a relatar todo lo que había visto, oído y sentido en los últimos dos días, no sin antes asegurarse de que los guardias de las cloacas continuaran ajenos a la conversación.

“Tras concluir la reunión en “La Espada Mellada”, nos dirigimos hacia la comisaría. El objetivo era echar un vistazo al expediente del caso de Ariel para buscar alguna pista que nos ayudara a abordar la investigación, antes de visitar a la familia de la niña. Así mismo, preguntamos al jefe de archivos si, a parte de las últimas desapariciones, se habían denunciado alguna más en los últimos meses.”

La explicación de Fabian era clara y concisa. Poco a poco, el muchacho volvía a ser el mismo vigilante disciplinado y eficiente que procuraba por todos los medios hacer bien su trabajo.

“Y así fue, pero no en los últimos meses. Hace tres años, un grupo de mutantes raptaron a cinco niños de la ciudad para usarlos en sus viles prácticas. Los raptores fueron apresados y castigados, pero, lamentablemente, ninguno de los niños sobrevivió.”

El vigilante se frotó las manos en busca de algo de calor.

“En cuanto al expediente de Ariel, pudimos comprobar que hubo un testigo del rapto. Ert “cuatrodedos”, un mendigo que solía rondar la iglesia de Verena, vio como la niña era secuestrada en las inmediaciones. Sin perder tiempo nos trasladamos al templo, pero ya era demasiado tarde. Alguien había asesinado al hombre y...”

Fabian meditó durante unos segundos. Rememorar lo que seguía no era nada agradable, pero, pese a su directa implicación, procuraría ser ecuánime. Al tratar aquel tema por primera vez, ya había pecado de exaltación en la charla con el sargento Jaran y no volvería a dejarse llevar por lo nervios nuevamente, aunque todo aquello le continuara poniendo los pelos de punta.

“Fue en ese momento cuando la situación empezó a torcerse. El cuerpo de Ert se hallaba en el templo y junto a él el sacerdote Julius Guderbrëtz y tres mendigos más que, lejos de mostrarse colaboradores, empezaron a perder la calma al ver que la guardia tomaba cartas en el asunto. No tuvimos más remedio que detenerlos y llevarlos a comisaría para hacerles prestar declaración, ya que habían sido testigos del asesinato de su compañero. Este trámite nos ocupó demasiado tiempo y nos imposibilitó visitar a la familia de Ariel.”

La imagen de una herida sanguinolenta empezaba a dibujarse en la mente de Fabian, adquiriendo nitidez y, por consiguiente, transmitiendo mayor repulsión a medida que el vigilante recordaba lo ocurrido.

“Y bien sabe Verena que, después de presenciar lo que acaeció en aquella capilla, hubiera dado cualquier cosa por anteponer la visita a la casa de la niña.”

Irremediablemente, aquello volvía a superarle.

“El cadáver del mendigo presentaba unas espeluznantes marcas en forma de mordiscos que nada tenían que ver con los de un animal. No eran normales, eran… eran… Lo siento, pero no encuentro comparación para que os podáis hacer una idea. Aparentemente, la causa de la muerte fue más de una docena de cuchilladas, pero… No puedo quitarme de la cabeza aquellas horrorosas señales.”

El vigilante recordó su voto de ecuanimidad y continuó relatando lo más calmado que pudo. No obstante, no pudo hacer nada ante el ápice de inquietud que se adivinaba detrás de cada una de sus palabras.

“Los compañeros de Ert acusaban del asesinato a una mujer atractiva, de baja estatura, pelo negro e increíble velocidad con la que, según el desdichado mendigo, mantenía una relación. Uno de ellos trató de socorrer a “cuatrodedos” en el momento de la agresión, pero no consiguió salvarlo. Al poco tiempo, este desapareció.”

A medida que hablaba, la mirada seria de Fabian iba y venía entre los dos pares de ojos de los hombres que le escuchaban.

“Lo olvidaba. También se quejaron de la extraña “clientela” que últimamente estaba visitando el templo; comentario que, por cierto, pareció no gustarle demasiado al padre Guderbrëtz.”

El averlandés profirió un profundo suspiro como punto y seguido a la explicación, liberándose así del pesar que le había conllevado recordar todo aquello y dando paso, a su vez, a la pertinente tanda de preguntas y suposiciones que después de cualquier recapitulación de datos debía haber.

“Todo indica a que la presunta asesina de Ert está implicada, por lo menos, en la desaparición de Ariel. Es fácil suponer que “Cuatrodedos” la pilló con las manos en la masa y la mujer, por miedo a ser delatada, decidió quitarlo de en medio. Por motivos semejantes pudo haber desaparecido el otro mendigo.”

El vigilante se rascó el mentón mientras cavilaba sobre lo anteriormente explicado.

“Y en cuanto a los mutantes de los que hablaba Mannricht, es posible que compartan origen con los ajusticiados hace tres años. Quizás no fueron erradicados como se creía y volvieron a agruparse. Lo que sí es cierto es que lo sucedido hace tres años vuelve a repetirse y un grupo de mutantes continúa con ganas de secuestrar niños. No creo que sea coincidencia.”

Al decir eso, Fabian calló pensativo.

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Mensaje por Saratai » 22 Ene 2009, 11:34

Alan Friedsgoth

El sargento escuchaba atentamente a su subordinado. Pese a la falta de respeto que éste habia tenido con él, la información que le estaba dando era muy importante.

-Fabian, abusas del dicho de más vale tarde que nunca. Por Sigmar, informame de estas cosas antes de aqui en adelante. Joder, el interrogador me va a matar.


Tras decir ésto, salió corriendo de vuelta a la comisaria. Tras unos minutos de expectación, Alan volvió a aparecer por la puerta, ésta vez acompañado de los mendigos de mirada asustada y muñecas enrojecidas por los grilletes que les habian colocado. Los pobres desgraciados no habian hecho absolutamente nada, pero ya llevaban un par de noches entre rejas, con tratos no muy amables por parte de los vigilantes.

-Ahora podemos continuar. Por lo que me estás diciendo estos mendigos tienen mucho que decirnos, y el interrogador de la prisión puede ayudarnos, si es que se digna a hablarme después de llegar tan tarde. No os imaginais lo maniático que es con el tema de los horarios. Y Mannricht, deberias coger tu caballo ahora que estamos aqui, creo que vamos a tardar bastante en volver a la comisaria.

Tras estas indicaciones, los cinco guardias continuaron con su charla mientras la ciudad cobraba movimiento a medida que el Sol avanzaba hasta el centro del cielo.

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Mensaje por Jacques el arcabucero » 22 Ene 2009, 12:40

Mannricht

El patrullero escucha con atención todas las pistas que le están siendo reveladas. Trata de tomar nota mentalmente de cuanto se dice, hay muchisimos datos nuevos... sin embargo, algo le llama la atención en las palabras de Fabian.

- Los compañeros de Ert acusaban del asesinato a una mujer atractiva, de baja estatura, pelo negro e increíble velocidad con la que, según el desdichado mendigo, mantenía una relación. Uno de ellos trató de socorrer a “cuatrodedos” en el momento de la agresión, pero no consiguió salvarlo. Al poco tiempo, este desapareció.

Mannrich levanta la mano derecha en un gesto de atención, para detener a Fabian en este punto.

- Aguarda! Una mujer atractiva, de baja estatura, pelo negro e increíble velocidad? Yo la he visto... si... puede que sea ella. Su nombre es Rielle, y es la esposa de un tal Jaff Hatrer, un tipo con bigote - mannricht se pone el dedo indice en horizontal bajo la nariz para representarlo - tuvieron un encuentro con varios de sus hombres, sargento. Trataron de sobornar a Dieter, Johann y Hans para que dejaran de investigar al crío Hezer. Se bastaron para mantenerlos a raya y matar a "muerdenarices". Le cortaron la cabeza... - hace un gesto con el pulgar pasándolo de lado a lado de la garganta - unos tipos muy peligrosos...

Tras escuchar las réplicas que puedan haber sobre esto, se dirigirá a por su caballo. Le acariciará el cuello, le pondrá las alforjas y la silla y montará en él.

- Como estás bonito...? - le dirá en voz baja mientras le ajusta las cintas - me has echado de menos? eh?

Lo cierto es que Mannricht había empezado a echarlo de menos. "El caballo es tu mas preciado aliado" le decía su sargento de vez en cuando en Streissen... Y era una gran verdad. Y "Negranoche" había pasado muchas patrullas con Mannricht. Muchos kilómetros de camino, muchas noches al raso. Era sin duda, su más preciado aliado.

Tras todo esto, podemos seguir hacia la comisaría.

Mannricht. Patrulla de caminos

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Mensaje por valafor » 23 Ene 2009, 02:46

Fabian Dortmund

Fabian no tardó mucho en reemprender la charla justo en el momento en que Mannricht y el sargento, después de atender a sus respectivos asuntos en comisaría, volvieron al punto de encuentro. Aquel breve tiempo ayudó al vigilante a poner en orden su cabeza. Todavía quedaban varios puntos por tratar y todos ellos eran delicados de abordar.

“Respecto a lo de mi mutismo… tiene toda la razón, sargento. No sólo me avergüenzo de no haber encontrado la manera de explicarle en su debido momento lo que ocurrió en el templo, sino sobre todo de sentir lo que me llevó a cometer semejante negligencia. Culpar de todo al ritmo frenético de estos últimos días sería una burda excusa, ya que la gravedad de la situación requería de forma urgente prontitud informativa. Pero es que…”

Sin duda, pese a su fija y seria mirada, carente de cualquier aparente emoción, Fabian sentía lo que estaba diciendo.

“… aquellas heridas no eran normales. Jamás había visto un cadáver en aquel estado y… y confieso que me asusté. Me asusté como nunca antes lo había hecho e, inepto de mi, en vez de hacer público todo aquello y buscar de esa manera aligerar la angustia, decidí callar… por vergüenza a sentir un miedo tan atroz y tan poco propio de un fiel servidor de la guardia de Averheim.”

Fabian guardó silencio durante un par de segundos, claramente afectado por lo que acababa de rememorar y sentir.

“Pero bien sabe Verena que empecé pronto a pagar con creces mi cobardía.”

Poco a poco, sin abandonar su acostumbrada rectitud en la pose, el ceño de Fabian empezó a fruncirse ligeramente.

“De alguna manera, el inquisidor al que hacía referencia Mannricht, el mismo que incendió la casa de Verena, fue alertado de lo que sucedió ayer por la noche en el templo y, sin importarle lo más mínimo condenar a inocentes, asesinó a todos su ocupantes. Al presenciar aquel horror, preso de los nervios, no puede hacer otra cosa que reprender directamente su comportamiento… y lo que obtuve de mi temeraria actitud fue un castigo por no haber informado de lo sucedido a mis superiores. En este papel está escrita la penitencia. Si hago bien el trabajo que se me encomienda, el cazador de brujas será benevolente conmigo.”

Fabian extrajo una carta del interior de su capa y se la ofreció al sargento.

“Señor, comprendo y acepto el castigo, pero quiero que sepa que, ante todo, me debo a mi trabajo y no estoy dispuesto a relegarlo a un segundo plano por servir de chivato a ese asesino con pintas. Así que puede dar por seguro que cualquier orden que tenga a bien darme será tratada con suma prioridad.”

Antes de continuar con la explicación, el vigilante esperó a que el sargento leyera el escrito. Cuando finalmente el hombre levantó la vista del papel, Fabian prosiguió.

“Las palabras del inquisidor lograron perturbarme de tal manera que, casi al instante, puede sentir el peso de todos aquellos muertos sobre mis hombros. Lejos de levantar cabeza e intentar solventar el error cometido, mi alma, sumida en una profunda espiral de autocompasión, pedía única y exclusivamente redención. Al poco rato de hablar con aquel verdugo sanguinario, la desesperación era tan grande que me desahogué con la primera persona de confianza que vi. Ese fue el sargento Jaran.”

Fabian bajó el tono de voz, como si tuviera miedo de, en cualquier momento, desencadenar en sus interlocutores alguna reacción violenta.

“Le expliqué lo ocurrido en la casa de Verena y, por descontado, lo de mi encontronazo con el cazador de brujas. Pareció sorprenderse al escuchar todo aquello y me invitó a tener una reunión con el comisario Getter para hablar concretamente del asesinato de Ert. Así mismo, se interesó por interrogar a los mendigos testigos y, sobre todo, me pidió que no le dijera nada de lo ocurrido.”

El vigilante inspeccionó minuciosamente el rostro del sargento Friedgsoth en busca de arrugas contrahechas, venas hinchadas y piel enrojecida. Como en el reconocimiento obtuvo un resultado negativo, decidió tentar a la suerte una vez más.

“Señor, mi intención es acudir a esa reunión. No dudo de su palabra y, sabiendo todo lo que ya sé, no creo que vuelva a hacerlo jamás, pero espero que comprenda que soy un vigilante y, como tal, me debo a mis superiores.”

Fabian se apresuró a buscar un poco de azúcar que contrarrestara la sal que acababa de arrojar por encima del sargento.

“Por otro lado, no hace falta decir que, además de ser un vigilante abnegado, también sé ser discreto. Así que no tiene porqué preocuparse. En cuanto a lo de su cese, puede tener la certeza de que, hasta el momento, para mi usted sigue siendo mi único y más inmediato jefe y estaré encantado de cumplir sus órdenes.”

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Saratai
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Mensaje por Saratai » 23 Ene 2009, 11:10

Alan Friedsgoth

En lo primero que el sargento se fijó fue en lo que Mannricht decia acerca de la mujer. Mientras el patrullero volvia con ''Negranoche'', el mayor analizaba los acontecimientos.

-Asi pues, por lo que me estais diciendo, hay una mujer que mató a los testigos del secuestro de Ariel. Y no sólo eso, esa misma mujer tambíen ayudó a gente interesada en que las desapariciones quedaran encubiertas. Bien, tenemos otra sospechosa a parte de los Quober, con su descripción completa. Mannricht, si tu has visto a esa tal Rielle tienes que dar una descripción suya y con la ayuda de los artistas de la cárcel, hacer un retrato robot, para que nos sea más sencillo para todos encontrarla. Y de su marido de paso. Por lo que me ha dicho Fabian del estado del cadaver del mendigo, es posible que la mujer sea una sucia mutante. Además, si hay unos tipos interesados en que no investiguemos, esto debe ser algo más que un secuestro para hacerle algo a los niños. Estamos ante algo más que eso.

Esta vez el sargento observa al patrullero.

-Si a eso le unimos lo que me dijiste antes, acerca de que unos mutantes tienen a los Quober y a una niña, sumandole de que hace unos años unos mutantes secuestraron a unos crios... Esos mutantes deben ser la causa de todos los secuestros. Cuando terminemos los interrogatorios en la prisión y los sucesos que me han dicho que han ocurrido, tenemos que atrapar a esos mutantes y dejar a alguno VIVO - el sargento remarca esa última palabra- e interrogarles de cuáles son sus motivos y de cuanta gente disponen. Tenemos que llegar a la cima de todo esto, encontrar a su lider y al que mueve a tanta gente y acabar con el. Jamás me habria imaginado que solucionar los secuestros seria tan complicado y tendria a tanta gente de por medio.

-Y en cuanto a los Quober, en cuanto los veais los matais. No se merecen otra cosa por todos los asesinatos que llevan a sus espaldas. Cuando terminemos lo de los mutantes iremos a Tannfeld, a buscar al padre de esos malnacidos.

El orden del dia sera ver que ha ocurrido en la cárcel, interrogar a los mendigos, buscar a los mutantes, interrogarles y matarles, y matar a los Quober, tanto los que veamos en compañia de los mutantes como los que estén en esa casa de Tannfeld. La agenda esta bien apretada.


-Si teneis algo mas que decir, hacedlo ahora y lo añadiremos a la agenda. Que me teneis un poco harto de tener que sacaros la informacion con sacacorchos, podiamos haber ido mucho más rápido si hubierais hablado antes.

Justo en ese instante, Fabian empezó a relatar su charla con el inquisidor, dándole a Alan la carta que éste le habia entregado. El sargento quedó pensativo mientras la leia con dificultad.

-Esta carta está llena de garabatos y borrones. El que la escribiera tuvo que redactarla con mucha prisa. Mmm, oh... oh no, no, mierda,... maldita sea. La cara de Alan era un poema, y empalidecia por momentos. -¿Dices que te lo ha dado el Cazador de Brujas? Porque si es asi la guardia tiene un problema muy gordo. Te leo lo que pone:

''27 de Ulricario de 2521''

''Estoy cerca, muy cerca. Todos estos años habrán merecido ... (Tachón ilegible)...he mandado a los sacerdotes y a sus hombres para investigar. Averland es un lugar asqueroso, tengo ganas de volver a casa. En Reikland tenemos más medios que en esta basura de provincia.

Ahora, mis sacerdotes al cargo han infiltrado a sus pupilos en la milicia local y en las banda de criminales, y tienen un buen lugar alli, lo que me ha proporcionado muchisima información. He hablado con el lector Adolf, pero ni el se fia de mi, ni yo de él. Investigaré a ese presuntuoso más adelante. La inepta guardia de la capital ha arrestado a dos sacerdotes de mi cargo, pero son buenos hijos de Sigmar y no hablaran ante los corruptos hombres de Averheim. Cuando acabemos con la secta y sus ramificaciones, ajusticiare a la guardia por su estupidez, en la hoguera recibirán un buen correctivo por sus faltas al tiempo qu... (Tachones ilegibles)...y el muy inútil, tras solo 10 minutos de tortura, me confesó todo lo que sabia.

Al parecer, la mano derecha del lider sectario es conocido como el rey del submundo, y ha tenido tratos tanto con ellos como con un mayordomo de una de las casas ricas. Debo encontrar a ese administrador y sacarle lo que sabe, pero no tengo tiempo pues debo encontrar a... (tachón ilegible)...Ojalá tuviera alguien para buscar a ese mayordomo. Parece que es un tipo bajo y moreno, con los ojos marrones, pero el interrogado murió antes de que pudiera decirme más.''

-Fabian, continuó Alan,- me da igual lo que le dijeras a Jaran. Como no solucionemos lo que dice ese pirado en la carta, estamos todos muertos. Santo Sigmar, esto es demasiado.

Para cuando se habian dado cuenta, los cinco guardias habian llegado a la Prisión. El paisaje a su alrededor era demoledor: un vasto yermo sin vida, ni una casa, ni un alma por la zona. Sólo el monumental edificio de color oscuro y forma cuadrada, que más parecia un bastión de defensa que una cárcel para seres humanos.

-Muchachos, de momento no digais nada acerca de lo de la carta. Mañana nos dedicaremos a buscar a ese mayordomo para intentar aplacar la ira del cazador de brujas. Además, debemos pedirle perdón al sacerdote que arrestamos. Es vergonzoso que tengamos que retractarnos, pero si venian en nombre de un cazador de brujas si que tenian jurisprudencia en el caso. Hemos cometido un error fatal, muchachos.

Tras estas palabras, el portón de la carcel se abrió, dejando entrar a los cinco hombres con los tres mendigos encadenados. El caballo de Mannricht se tuvo que quedar en la entrada, en una caballeriza alojada al lado de la puerta de la enorme prision. La poca luz del Sol que entraba por las diminutas rendijas que hacian las veces de ventanas era apenas suficiente para poder ver algo con claridad. Era la primera vez que vosotros dos entrabais en el recinto de la cárcel, y el respeto que emanaba de sus paredes era colosal. Tras unos minutos andando por un estrecho pasillo, llegasteis a una puerta que daba al ''estudio'' del interrogador. Antes de abrirla, Alan os miró a todos.


FDI: Si quereis hacer algo antes de entrar, este es el momento, pues no teneis ni idea de lo que hay en el centro de trabajo del interrogador.

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Jacques el arcabucero
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Mensaje por Jacques el arcabucero » 23 Ene 2009, 22:36

Mannricht

Antes de abrirla, Alan os miró a todos.

Y descubrió a Mannricht con el dedo metido en la nariz hasta la segunda falange, con un gesto de concentración abstraída. Éste, al darse cuenta del hecho, retira el dedo rápidamente y lo limpia en el pantalón.

- Ejem... estoy listo sargento. Recuerde que después tengo que ir a dar la descripción de la muchacha para lo del retrato...

Nada mas por mi parte. :oops:

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valafor
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Mensaje por valafor » 26 Ene 2009, 02:30

Fabian Dortmund

La lectura de la carta dejaba claro el nivel de gravedad del asunto. Fabian ya no era el único que debía temer a la ira del inquisidor, sino que todo el cuerpo de seguridad era susceptible a ser ajusticiado por aquel sádico pirómano. Pese a ello, para el obstinado y, por ello, temerario averlandés, la palabrería altanera contenida en aquel papel no hizo otra cosa que potenciar la desgana que sentía al tener que colaborar con el santo oficio.

“Con que espías de la iglesia... Sin duda, de Sigmar.”

Fabian quedó pensativo durante unos segundos, mientras intentaba filtrar algo de información de aquella sarta de arrogantes palabras.

“¿Azhelhof no era iniciado de…”

Poco a poco, la cara del vigilante se tensó en una mueca de profundo enfado.

“¡Maldito chivato! Fue él quien alertó al inquisidor de lo ocurrido en el templo de Verena. De ahí sus continúas desapariciones. No era un patán incorregible… ¡Era un espía!”

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