Viajero Stirlandés II: Cazador Ofendido

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Viajero Stirlandés II: Cazador Ofendido

Mensaje por Saratai » 25 Nov 2008, 23:49

El Cazavampiros se alejo de aquella taberna llena de guardias todo lo rapido que pudo, pues no los aguantaba más. Él bien podia hacer el trabajo solo, como ya habia demostrado en muchas ocasiones. Es más, se le daba mejor que trabajar en equipo.
Ante Heinz Stolzer se mostraron varias posibilidades. Podia encontrar por su cuenta al tal Herman el Viejo, o podia dirigirse a las cuevas a buscar a los niños y darle en las narices a los guardias.
También podia pasar de todo lo anterior y buscar al causante de la muerte del mendigo Err.

Sólo tenia una cosa clara, era casi mediodia y tenia hambre...
Última edición por Saratai el 04 Mar 2009, 10:50, editado 4 veces en total.
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Mensaje por Van Hoffman » 26 Nov 2008, 11:15

Heinz Stolzer

"Maldito patrullero hijo de halfling... Pero como se atreve... Ya me reiré yo de él cuando sea un fiambre..."

Heinz caminaba raudo por las calles, con los puños apretados y murmurando juramentos. Tras dar unas vueltas, se serenó y decidió que tenía hambre. "Bien, lo primero es lo primero." Durante un rato, anduvo buscando alguna panadería, y finalmente dio con una que no le desagradó. El aroma a harina horneada le inundó cuando entró, y su estómago empezó a gruñir.

- Deme una barra de pan, por favor, pero no muy grande.

El panadero le alcanzó una pequeña barra que tenía en una cesta. Todavía estaba caliente, y a Heinz se le hizo la boca agua. El olor y el tacto le hicieron olvidar momentáneamente su enfado.

- Son dos peniques. -le dijo el panadero.

Heniz despertó de su ensoñación y metió la mano en su monedero. Dejó en el mostrador cinco peniques y se marchó sin decir más. Continuó paseando durante un rato más, comiendo poco a poco la barra de pan, saboreándola. Estaba tan calentita y tan crujiente... Siguió mordisqueando el pan a medida que caminaba, y volvió a pensar en lo que tenía delante. Ahora que estaba libre de la carga que eran los guardias, se le abrían tres principales caminos. Lo primero, y más evidente, era capturar a Herman el Viejo, ya que aquel Alan le había prometido una buena paga. También podía seguir investigando la muerte del mendigo y rastrear al vampiro, algo que deseaba con todas sus fuerzas. Por otra parte, estaban aquellas cuevas; podía tratar de investigar allí los secuestros de los niños, traerlos, y humillar a aquellos bocazas de la guardia.

Siguió paseando, comiendo pan y analizando sus posibilidades cuando cayó en la cuenta de algo. "Sagrado Morr, será posible..." Algo le desconcertó. Una pieza de aquel rompezabezas no encajaba... "No puede ser... es imposible... no tendría sentido... ...o quizás si..." Ahora lo veía todo más claro. ¿¡Como podía haber pasado por alto aquel detalle!? Guardó lo que le quedaba de pan en el zurrón, y se dirigió raudo al Templo de Sigmar.

"Lo tuve delante de mis narices y no me di cuenta. Pero ahora no vas a escapar, Heinz Stolzer va a por ti..."
Última edición por Van Hoffman el 28 Nov 2008, 19:52, editado 1 vez en total.
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Mensaje por Saratai » 27 Nov 2008, 00:16

El templo de Sigmar, el culto más extendido del Imperio. Miles de personas le rezaban cada día oscuro, y en los tiempos que corrian el templo recibia más peticiones que nunca.
Cuando Heinz Stolzer llegó al templo, decenas de personas salian y entraban por su portón principal. Dividido en 4 zonas, el templo estaba abarrotado de gente a esas horas, desde ancianos decrépitos que oraban por ver una primavera más hasta mujeres devotas, pasando por pobres y ricos, sanos y enfermos.
¡Menos mal que los clérigos no apreciaban el dinero, de lo contrario menudo negocio habria a costa de los multiples donativos diarios! Pero los hombres santos jamás harían tal cosa...

Lo que si era cierto era que quien entraba con dos peniques al templo, salia de él con dos deudas, pues ladrones de agiles dedos y rapidos pies se encontraban por doquier y para más inri, un recaudador de impuestos solia hacer su ronda en las inmediaciones del templo.

La primera zona, y la más extensa del templo, la constituia el lugar de oracion. Numerosos fieles elevaban sus plegarias delante del sacerdote para que el dios-patrón les ayudara. En la segunda area, se encontraba el centro de adoctrinamiento para iniciados, lugar de cultura y combate. El tercero era la biblioteca, cuyo acceso estaba denegado a la población. Por último se encontraban los barracones-habitaciones para los monjes guerreros de Sigmar.


FDI: Quitate una moneda de oro (Dichosos carteristas)
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Mensaje por Van Hoffman » 27 Nov 2008, 01:27

Heinz Stolzer

Heinz entró decidido en el gran santuario de Sigmar Todopoderoso. El olor a incienso le llenó las fosas nasales, y respiró profundo, pues aquel era el aroma de la pureza. La nave principal estaba llena de bancos de madera alineados de cara al altar, donde un sacerdote pronunciaba la misa del medio dia. Heinz se quitó el sombrero y se sentó en un banco. Quería hablar con el sacerdote, y decidió esperar al final de la misa. Mientras tanto, acompañó a los fieles en su oración.


Gloria in excelsis Sigmar,
et in terra pax hominibus bonae voluntatis.
Laudamus te,
Benedicimus te,
Adoramus te,
Glorificamus te,
Gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam,
Domine Deus, Rex caelestis, Deus Pater omnipotens.
Domine fili unigenite, Unberogen,
Domine Deus, Agnus Dei, Dei Patris,
Qui tollis peccata mundi, miserere nobis.
Qui tollis peccata mundi, suscipe deprecationem nostram.
Quoniam tu solus sanctus,
Tu solus Dominus,
Tu solus Altissimus, Sigmar,
Cum Sancto Spiritu in gloria Dei Patris.
Amen.



Finalmente, los fieles se levantaron y comenzaron a vaciar la enorme nave. Heinz se dirigió, con lentitud y respeto, al altar donde se encontraba el sacerdote. Se trata de un hombre grueso y muy ancho de espaldas, y de no ser por su falta de cabello, podría haberse hecho pasar por un enano.

- Disculpeme, padre, pero me gustaría que me ayudase.

- Adelante hijo, Sigmar me da oídos para atender tus necesidades, y boca para solventarlas.

- Verá, padre, necesito saber si ha visto por aquí a un joven extranjero, muy fervoroso, de ojos claros y mediana estatura.

El sacerdote duda un momento, rascandose la barbilla.

- Ay, hijo, muchos son los fieles que pisan este sagrado templo...

- ¿Quizás un donativo para la Iglesia proveería a su Eminencia de la palabra de Sigmar? -le dijo Heinz, ofreciendole dos coronas de oro. A pesar del evidente soborno, Heinz era un hombre religioso, y no le importó donar todo ese dinero, es más, no lo consideró un soborno, si no una ayuda para la Iglesia.

- Muchisimas gracias hijo -responde el sacerdote, cogiendo de mano de Heinz las dos coronas-, como bien dices, Sigmar provee. Lo cierto es que ahora que lo pienso, recuerdo a un joven muchacho como el que describes, que vino corriendo preguntando por alguien de los barracones, pero me temo que mi edad hace mella en mi memoria, y no recuerdo a quien demandaba. Si mi memoria no me falla, creo que era un sacerdote extranjero, pero no estoy seguro. Además, esta mañana ya no estaba; dicen que se marchó con unos hombres uniformados. De todos modos, otros te podrán ayudar mejor que yo respecto a esto, ya que me encontraba ocupado recitando mis tres cientas oraciones matutinas.

- Muchisimas gracias padre.

- Gracias a ti por tu generosa donación. Mi nombre es Fertik, cuando necesites información en la que pueda ayudarte, ven a verme.

Una vez se había despedido del ancho sacerdote, Heinz se dirigió a los barracones. Varios iniciados combatian con mazos acolchados y tablones de hierro sobre la frente rapada, vestidos unicamente con un pantalón. Varios moretones adornaban los cuerpos de los jóvenes. Heinz se acercó al único que no estaba combatiendo, un muchacho de unos quince años, que mordisqueaba un pedazo de pan sentado en un banco.

- Hola. Busco a un sacerdote extranjero. ¿Sabes donde puedo encontrarlo?

- Mmmm -el muchacho deja de mordisquear y se rasca la cabeza- ¡Ah! ¡Creo que ya se a quien te refieres! -dice con un respingo- Estuvo aqui, con nosotros en el templo, durante una semana más o menos. Creo que era de Reikland, y tenía un acento raro pero divertido.

- ¿Sabes si estuvo aquí esta madrugada?

- Pues lo cierto es que no lo veo desde ayer. Recibía muchas visitas de fieles preocupados, de su provincia, supongo, porque ultimamente hay mucho inmigrante de las provincias del oeste, ¿sabes?

- Y no sabrás donde fue, ¿no?

- No, lo siento, pero no muy lejos, porque todavía tiene sus cosas aqui.

- ¿Te importa si les echo una ojeada?

- ¿Quién eres? ¿Por qué estas tan interesado en él?

- Me llamo Heinz Stolzer, y soy un viejo amigo suyo. Estoy preocupado porque quedamos en vernos aquí, y aun no ha aparecido.

- Bueno, si quieres le puedo decir que le andabas buscando cuando vuelva, pero yo no puedo darte permiso para ver sus cosas.

- Gracias de todos modos.

- ¿Quieres un poco de queso? ¿O pan? -le dice, ofreciendole el alimento que tiene en las manos.

- No gracias -le dice con una sonrisa Heinz. El muchacho se encoge de hombros y sigue comiendo su almuerzo.

Heinz sale del barracón y vuelve a la nave principal. Se pasea durante un rato y finalmente se para delante de un tapiz que muestra al rey Kurgan regalando la Ghal Maraz a un Sigmar arrodillado. "Oh, poderoso Sigmar, ayudame, te lo ruego..."
Última edición por Van Hoffman el 28 Nov 2008, 19:35, editado 1 vez en total.
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Mensaje por Saratai » 27 Nov 2008, 10:14

El cazador, gracias a su amplia donacion, consiguio entablar conversación con uno de los sacerdotes de Sigmar. El sacerdote, de anchas espaldas y de nombre Fertik, habia estado dando las misas toda la mañana y todo el dia anterior, sin descanso alguno. Gracias a eso, cuando por la madrugada llegó un muchacho corriendo preguntando (sin éxito en su demanda) por un sacerdote de otra provincia que se estaba hospedando en el templo, Fertik logró verlo claramente pues no habia muchos fieles a esas horas. También habia visto como unos soldados uniformados acompañaban a dicho sacerdote hacia fuera del templo
Y dado que el stirlandés no habia sido corto con el dinero, ¿Por qué deberia serlo él con la palabra?

Asi pues, el buscador de vampiros perdio dinero pero ganó información valiosa y un buen conocido.

Cuando llegó a los barracones, los iniciados entranaban fervorosamente con sus armas acolchadas, para poder servir a Sigmar en su mejor templo: El campo de batalla. Aprovechando que uno de los muchachos descansaba almorzando, Heinz Stolzer le hizo unas cuantas preguntas.
Gracias a su interrogatorio, consiguió averiguar que un sacerdote de Reikland habia estado viviendo en el templo durante una semana y que habia recibido visitas de hombres de su provincia. No sólo eso, sino que además, el sacerdote tenia aun sus cosas en el templo. Sin embargo, Heinz no era un hombre simpático, y el iniciado comenzó a sospechar de tal interrogatorio, cortando la conversación amablemente:
-¿Quieres un poco de queso? ¿O pan?

Heinz se marcho de los barracones con algo más de información, pero sin una pista real.
Mientras se encontraba pidiendole a Sigmar un curso para su investigación, la voz grave y profunda de un Lector de las Escrituras le sacó de sus pensamientos, como una señal enviada desde los cielos.
-Es curioso como los hombres solo creen en lo que pueden ver. Cómo pretenden enfrentar problemas más allá de la lógica con medios que no están preparados para ese cometido.
Su rostro tranquilo dirigido hacia ti te hacia entrever que el Lector habia pasado muchos años leyendo pacientemente libro tras libro, tomo tras tomo, durante Sigmar sabe cuantos años.
-Bien cierto es que hay hombres que son capaces de atravesar medio mundo para ayudar a los demás, y que esos demás pueden despreciar su ayuda vilmente. Sin embargo, esos desagradecidos merecen ver la verdad, más que ningun otro.
¿Debemos pues, impedir que nos ayuden, o tenemos que facilitar la labor a quien nos quita carga de nuestros hombros?


Sin esperar respuesta, el Lector siguió contemplando los tapices


FDI: Pierdes dos coronas más. El templo recibe más visitas
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Mensaje por Van Hoffman » 27 Nov 2008, 22:14

Heinz Stolzer

A Heinz le sobresaltó en un principio la intervención del Lector. Después, volvió la mirada al tapiz.

- Todos sabemos que la causa de Sigmar fue justa, eso es indudable. Pero como decía mi maestro, "las apariencias engañan". ¿Acaso no era justa también la causa de Van Horstmann? -en ese momento, miró al Lector- No pretendo comparar a nuestro Dios con ese vil traidor, ni muchísimo menos. Lo que quiero decir es, ¿debemos fiarnos de nuestra primera impresión sobre una persona? ¿Por mucho que desee ayudar? ¿Nos convierte eso en malas personas? -Heinz volvió a mirar al tapiz- Estoy confuso, Padre. Lo que aquí se me ha revelado contradice mis instintos e intuiciones. -volvió a mirar al Lector- ¿Debo hacer caso de mis emociones, o debo confiar en las apariencias?
Última edición por Van Hoffman el 29 Nov 2008, 16:15, editado 1 vez en total.
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Mensaje por Saratai » 28 Nov 2008, 09:42

Lector Adolf

Emociones o lógica... Es la eterna pregunta acerca de qué debe preponderar en nuestras vidas, si los sentimientos o la razón. No sabemos los motivos que tendría ni Sigmar ni ese loco endemoniado, pero si conocemos sus acciones y cómo llevaron a cabo dichos ideales.
La marca de Sigmar en este mundo fueron sus maravillosas acciones incluso después de su eterno viaje, y las del brujo fueron sus crimenes contra su propia raza.


El Lector hizo una gran pausa para admirar la grandeza del templo, transformando su duro rostro en una expresión afable.

Asi pues, lo que nos afectan son las acciones,y debemos elegir las más afines a nosotros. Mi consejo, joven, es que analices con la razón los caminos y que con el corazón los escojas, pues cada parte de nuestra alma está hecha para un lugar y un momento. El hombre al que buscas hizo una mala accíon con un buen motivo y tu haces una buena acción con un mal motivo. ¿Qué es mejor y que peor? Sólo tu puedes juzgarlo.

Acto seguido, el Lector se marchó rapidamente en dirección a las escalinatas de Caracol que llevan a las bibliotecas del Templo, cerradas al público.

En el lugar dónde habia estado hablando contigo instantes antes, hay un pergamino con lo que parece una carta y el sello de Sigmar, pero no podrias discernir si se le ha caido o lo ha dejado deliberadamente. Sea como sea, tu no sabes leer, asi que necesitas ayuda. El problema es a quién puedes pedirle ayuda sin saber cual es el contenido de la carta. Podria ser peligroso que callera en malas manos y peor aun si el Lector no lo dejo a posta y no lo entregas a un sacerdote...
Última edición por Saratai el 29 Nov 2008, 14:01, editado 1 vez en total.
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Mensaje por Van Hoffman » 28 Nov 2008, 11:23

Heinz Stolzer

Las palabras del sabio Lector resonaban en su cabeza. "¿Qué es mejor y que peor? Solo tu puedes juzgarlo." Durante varios minutos, se quedó allí plantado, mirando al suelo, pensando. ¿Acaso era un mal motivo desenmascarar al infiltrado? ¿Se referiría el Lector a que se equivocaba de persona? Sin duda, interpretó que la busqueda de aquel hombre era una acción correcta, pero el motivo... ¿Se trataría de la persona equivocada? ¿Debería seguir buscandolo porque se hallaba en peligro? Demasiadas preguntas para tan pocas respuestas.

Heinz era consciente de la carta que estaba en el suelo, pero durante aquellos minutos de reflexión no se atrevió a cogerla. Finalmente, haciendo acopio de todo su valor, se agachó y la recogió. Durante años le habían enseñado a no temer a las criaturas más terribles de la faz de la tierra, pero ahora, un simple pergamino le asustaba más de lo que estaba dispuesto a reconocer. Se lo quedó mirando un rato más, sosteniendolo en la mano. Estaba seguro de que el Lector se la había dejado por alguna razón. No creía que, después de aquellas sabias palabras, la aparición de aquel pergamino fuese una coincidencia. Necesitaba a alquien que se la leyera pero, ¿en quién podía confiar? Aquella carta podía contener información peligrosa, y no podía permitir que cualquiera la leyese. Y siempre estaba la posibilidad de que su aparición fuera un accidente y no tuviese nada que ver con él...

Finalmente, tomó una decisión. Le llevó la carta al padre Fertik. Le había prometido ayuda si la necesitaba, y le haría cumplir la promesa.

- Disculpeme de nuevo, padre Fertik, pero necesito su ayuda. Me dijo que podía confiar en usted, y necesito que haga algo para mí.

- ¿Qué necesitas, hijo? -le dijo el sacerdote con una sonrisa.

- Necesito que me lea esta carta. Pero antes, tiene que prometerme que será discreto, y su contenido será solo para mis oídos.

Heinz esperó a que el padre Fertik la abriese y empezase a leerla en voz alta.
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Mensaje por Saratai » 28 Nov 2008, 15:06

Sacerdote Fertik

-Por supuesto hijo

A lo largo que el padre Fertik iva ojeando la carta, su expresión iva cambiando, su amibilidad tornó en preocupación y hasta ansiedad

-Te leo la carta muchacho:


17
''¿Cuando va a terminar ésto, señor? No hay tortura más grande que soportar dia tras dia esta situación. Como usted me dijo señor, me hice pasar por un criminal como ellos para conseguir información del lider que andamos buscando. Pero estos patanes no saben apenas nada, solo farfullan y gritan continuamente. Sólo son unos palurdos cobardes y malvados, no tienen nada que ver con el otro tema''
18
''La situacion en la Prisión Provincial es horrible, pues no solo atrapan a los criminales, también se llevan sus almas, nos tratan como animales que deben luchar por la comida entre si. No le deseo a ningun hombre que pase por esto, y espero ser yo el último de los infiltrados''
19
Tal como se me ordenó, intente averiguar algo del tal Jaff Hatrer, pero esta gentuza no lo conocia. Empiezan a tratarme como si fuera su primo, y cuando la fuga se planeo, me contaron todos los detalles. Me dijeron que los malformados ivan a salir de alli, que un carcelero les habia soplado los cambios de guardia y aprovecharian para matar a los guardias de turno que estarian en desventaja.
Asi, ellos aprovecharian para escapar con los malformados. Sospecho que esos malformados si conocen a Jaff, pero no puedo asegurarlo''
20
''Al final escapamos de la Prisión y les acompañe a ver a su padre y a su otro hermano. Éste habia hecho migas con un fugitivo Bretón, y al parecer se quedaria con nosotros mientras el padre seguia con sus negocios''
21
''Y ese dia que me dijo usted que podia ocurrir ocurrió. El hermano que no estaba con nosotros en la carcel habia cogido a un crio. Se lo robó a unos paletos, pero el crio tenia genio e intento escapar,y fue entonces cuando el malnacido cogio al niño y le amputó los pies salvajemente, la sangre y los llantos aun retumban en mi cabeza. Lo que hizo después, con el consentimiento de sus hermanos, no soy capaz de relatarlo aqui sin que me den arcadas, y prefiero obviarlo, pero esta noche he estado a punto de dar por zanjada la infiltracion y matarlos a todos, pense que no aguantaria mas y que me volveria como ellos, un loco deprabado.
Pero continuo, y sigo con el juego (que Sigmar me perdone). Del otro asunto que usted ya sabe aun no se nada. Espero que el padre me deje acudir a las reuniones con su jefe y asi tener un nombre o un rostro al que poder interrogar, pero eso llevará tiempo, y no se si mi mente lo aguantara. Mientras escribo estas lineas creo que están jugando con una niña, y ya comienzan a gritar otra vez. Por favor Sigmar, dame fuerzas para seguir...''


La carta no tiene ni remitente ni dirección, pero si tiene fechas. Sólo apuntar que a dia de hoy es 27 de Ulricario
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Mensaje por Van Hoffman » 29 Nov 2008, 14:18

Heinz Stolzer

Tan pronto como el padre Fertik acabó de leer la carta, Heinz se la arrancó de las manos y la guardó en su chaqueta. Le puso las manos en los hombros y lo miró a los ojos.

- Padre, júreme por Sigmar que jamás, JAMÁS, revelará nada del contenido de esta carta. Que ésto quede entre nosotros padre.

- No... No... No te preocupes hijo, no diré nada.

- Muchísimas gracias padre, su ayuda ha sido inestimable. Ahora me marcho. Tengo cosas que hacer... -dijo Heinz saliendo del templo casi corriendo.

El sacerdote se quedó allí plantado, aún atónito por el contenido de la carta. Cuando salió el stirlánder, el sacerdote bajó la cabeza.

- Ve con Sigmar, hijo...


Tras salir del templo, Heinz se dirigió a paso rápido a las afueras de la ciudad, y sin detenerse, se dirigió ráudo a las cuevas de Monheim.
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Mensaje por Saratai » 30 Nov 2008, 06:22

La situación habia tomado un cariz completamente diferente. Heinz habia acudido al templo con un objetivo definido, pero tras recibir la curiosa y reveladora información del enigmático Lector, sus prioridades habian dado un vuelco en su mente.

Se dirigió rapidamente hacia las cuevas donde dias antes se habia visto en la necesidad de utilizar como morada provisional. A los que alli habia visto durmiendo eran sospechosos, y tras escuchar (por parte del sacerdote Fertik) el contenido de la carta, la posibilidad de que esa gentuza se escondiera en esas mismas cavernas aumentaba ligeramente.

Pero esta no era la unica cuestión en el aire:
¿Quién es el Lector Adolf y cómo tenia en su poder una carta como ésa?
¿Qué ha sido del sacerdote venido de Reikland?
¿Dónde se encuentra Pieter Azelhof? ¿Fue él quien pregunto por el sacerdote de Reikland la noche anterior o fue otro? ¿Y si fue él, con que intención hizo la visita?
¿Sera de fiar el sacerdote Fertik, seguirá con su vida como si nunca hubiera leido esa carta o la curiosidad será más fuerte que la promesa de amistad?

Muchas cuestiones sin preguntar, que no logran coger tangibilidad mientras el cazador se dirige corriendo hacia las cavernas de Monheim. Sin duda, de haber tenido en posesión un caballo, habria tardado mucho menos en llegar, pero a base de correr le llevó casi el dia entero lograr regresar a las cuevas.


Como se esperaba, las cuevas no estaban vacias. Es tarde y llegas justo cuando el sol comienza a esconderes y la oscuridad toma el control en el firmamento.
Morrslieb y Mannslieb brillan en el cielo con luz tenue mientras las nubes ocultan su débil fulgor. Una hoguera en el interior de la cueva constata que está habitada, y el ruido en su interior lo confirma. El bullicio de su interior es elevado ¿Algún tiempo de fiesta en su interior?

No hay árboles y ocultarse para no ser visto seria algo dificil hasta para un especialista, aunque piensas que podrias intentarlo, no eres novato en ese menester. Te paras a una distancia bastante grande, lo minimo para poder percibir la luz de una fogata y el ruido de una celebración.
En el momento en el que comienzas a darle vueltas de como actuar en una situación asi, un olor nauseabundo y putrefacto llama tu atención. Y cuando oyes el zumbido de unas moscas, ya sabes cuál es el resultado de mirar lo que a primera vista parecia un montón de basura en mitad del camino.

El cadaver destrozado de un caballo, que tiene una sorpresa: Un montón de ropas sucias y enrojecidas, por el color seco de la sangre del ya cadaver en descomposición de un hombre, ocultan un cuerpo que no sido solamente asesinado.
El difunto cuerpo que logras ver ha sido manipulado con la inhumana saña de la locura. Su cabeza no se encuentra, ni sus manos ni pies. Y para empeorar las cosas, distintas partes de los muslos están desgarradas. Pero lo peor viene con el segundo vistazo. Una enorme raja adorna el cadaver desde la garganta hasta la ingle. La piel y los musculos del vientre habian sido arrebatados, para sacar las entrañas de la victima. Por Sigmar que dicha profanación hubiera sucedido con el hombre ya muerto. Sin poder contenerte vomitas a un lado, en unos retales de ropa, que parecen haber pertenecido a un uniforme del hombre asesinado.

No tienes conocimientos para determinar ni los utensilios exactos utilizados ni la fecha de la muerte, pero seguro que no es reciente.

El ruido no cesa desde las cavernas y comienza a hacer un viento helado que congela las gotas de roció. Serán entre las 8-10 de la noche y te encuentras algo cansado y con mucho frio.


FDI: Ganas un punto de Locura, a no ser que gastes un punto de suerte, en cuyo caso no quedaria mella del cuerpo en tu mente
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Mensaje por Van Hoffman » 30 Nov 2008, 20:36

Heinz Stolzer

Mientras corría, Heinz analizaba la situación. Había ido al Templo de Sigmar a buscar a Azelhof, creyendo que era el topo, pero cuando llegó, tanto lo que le dijeron Fertik y el muchacho, como su conversación con el Lector y la carta, le hicieron cambiar drásticamente de opinión. Ahora ya no tenía tan claro que fuese el solpón, de hecho, creía que se había infiltrado entre los presos que se habían fugado hacía poco. Y ahora todo encajaba. Estaba seguro de que aquellas cuevas en las que se había resguardado hacía unos días eran el refugio de los criminales y seguramente de los secuestradores. Sin embargo, la figura del Lector no la sabía ubicar. ¿Cómo había llegado a sus manos la reveladora carta? ¿Acaso sabría realmente sus objetivos, porqué y a quien buscaba? ¿Qué tendría que ver con todo? Y aquel no era el único problema. ¿Podría confiar en el padre Fertik? Parecía un hombre de palabra, y cualquier hermano de Sigmar era respetable pero aquella carta era demasiado terrible. Y aun quedaba el problema de Azelhof y el sacerdote extranjero. ¿Dónde estaban? ¿Cuales eran sus objetivos? A Heinz empezó a dolerle la cabeza. Demasiados asuntos por resolver. Por no hablar del vampiro, los Quober y Herman el Viejo.

Finalmente, llegó a las cuevas tras una larga carrera. La zona era bastante agreste, pero podía encontrar cualquier rincón donde esconderse. Mientras observaba, Heinz vio la escena más repugnante que había contemplado en años. El cadáver en descomposición de un hombre mutilado y su caballo hicieron vomitar al cazador. Le rezó una plegaria a Morr, por el bien de aquella pobre alma, y apartó la mirada. Hacía frio, y de las cuevas salían ruidos y luz. Decidido, se acercó en silencio, con el puño en el mango de la espada. No le gustaba la idea de tener que usarla, sobretodo porque su finalidad era acabar con los engendros de la no muerte, pero si tenía que hacerlo, lo haría.

Se adentró en las cuevas, con suma cautela y la espada preparada...



Off: Uso la habilidad de Movimiento Silencioso para que no me descubran, y si fallo gastaré un punto de Suerte.
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Mensaje por Saratai » 01 Dic 2008, 18:49

27 de Ulricario. Invierno. Noche fria en Averland.

El cazador se movio silencioso como la muerte... o al menos eso habria querido él. Al subir por la cuesta hasta llegar a un monticulo desde el que poder adentrarse en la cueav, Herr Stolzer piso una piedra suelta. La suerte hizo que la piedra no desencadenara una sucesión de desprendimientos, pero fue suficientemente ruidosa para uno de los hombres que hacia guardia oculto con un rifle en una de las ladera de las cueva le descubriera.

¿Y porque habria un guardia oculto? Heinz lo sabria pronto. El guardia llamó a un par de compañeros armados con ballestas para que controlaran al recien llegado invitado. Pero no abrieron fuego. En lugar de eso comenzaron a reir y bajaron las armas. Desde donde Heinz estaba podia observar como en el interior de la cavidad rocosa unas 20 personas con aspectos muy diversos, desde hombres con extrafalarias ropas hasta mujeres con aspecto de mendigo reian y cantaban todos juntos alredodor de una hoguera. Entre ellos se ivan pasando trozos de carne y cerveza que servia un hombre con enanismo desde un tonel. Al final de la cueva dos figuras sentadas en unas sillones roidos charlaban animadamente, pero no lograba ver sus rostros, pues las estalactitas los ocultaban. Una jaula gigante se encontraba detrás de ellos, tapada con una manta, aunque sin duda escondia un animal grande, pues rugidos se oian de vez en cuando sin que nadie hiciera caso.

Algunos presentes en la fiesta repararon en Heinz, pero sin hacer mucho caso siguieron con su fiesta. Algunos llevaban armas de largas cadenas, otros portaban pequeñas dagas, incluso otros estaban armados con pistolas pero la mitad estaban desarmados. Desde luego no era ni por asomo la misma gente que Heinz habia visto ocho dias antes, aunque la cueva era la misma. Pero de pronto vio como uno de los comensales se quedo mirandolo unos segundos. Dicho comensal ¿llevaba un ojo pintado en la frente? Fuera como fuera, ese sitio era el lugar más extraño que el cazador habia visto en su vida

Tras ese rápido vistazo, el guardia del arcabuz se dirigió a Heinz

-Buenas noches, buen señor. Le doy la bienvenida al nuevo hogar de mi familia. Espero que su estancia en él sea agradable, si es que desea quedarse a cenar con nosotros por supuesto. Mi nombre es Jafael ''el venoso'' y estare encantado de hacerle un hueco en mi morada.

Jafael se mostraba alegre de verdad. Su rostro parecia sincero, y justo te estaba pareciendo agradable cuando viste como unas venas, negras como el betún, palpitaban en su rostro, dandole un aspecto temible. Las venas eran gruesas y parecian moverse con un vida propia, como un gusano gomoso alrededor de una manzana. Los dos ballesteros presentes parecian divertidos, esperando la respuesta del invitado a cenar esa noche del 27 de ulricario...
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Mensaje por Van Hoffman » 02 Dic 2008, 01:14

Heinz Stolzer

"¡Mierda, me han descubierto!" piensa Heinz cuando le vio el hombre con el acabuz. Cual fue su sorpresa cuando no le disparó y le ofreció comida y un lugar donde refugiarse. La gente que había en la cueva era de los más extraña, y sin duda, no eran los mismos refugiados que había visto al acampar hacía días. Sin embargo, Heinz necesita obtener información, y decide aceptar el ofrecimiento del tal Jafael. No se fía un pelo de los refugiados, pero no le queda más remedio. Con su expresión más amigable, Heinz apató la mano de la empuñadura de la espada y habló.

- Nada me alegraría más que poder comer junto a usted. Lo cierto es que vengo de lejos, y necesito refugio para pasar la noche. ¿Podría hacerlo aquí?

Heinz esperó la respuesta del hombre. Finalmente, la tensión se relajó y Heinz fue invitado a la "fiesta". El cazador se buscó un rincón apartado y comió algo de pan que le ofrecieron. Heinz estudió la situación. Ahora mismo, se consideraba un prisionero, a pesar de que lo tratasen como un invitado. Aquellos "hombres" eran mucho más siniestros de lo que imaginaba. No podía dejar de pensar en el ojo tatuado de aquel lugareño. Parecía tan real...

Heinz estaba dispuesto a obtener respuestas, y esperaría el tiempo que fuera necesario. Esperaría su momento...
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Mensaje por Saratai » 02 Dic 2008, 10:19

Los tres hombres gritaron de felicidad al aceptar Heinz la invitación. Puedes oir como los ballesteron decian en voz baja que menos mal que no te habias escapado y que no tenian ganas de matarte.

Bajaron las armas y Jafael te lleva hasta la hoguera, presentandote a algunos de sus ''amigos''. Thor ''el silencioso'', un hombre con cadenas por todo el cuerpo y extrañas marcas azules y rojas en la cara y brazos; Wilme ''la curandera'', una mujer mayor con aspecto de tener 300 años, o a Ronald ''Lengua de plata'' y ya imaginas el porqué del mote.

El pan estaba en buen estado, y la carne y cerveza tenian una pinta tremenda. No sospechas que le hayan hechado nada malo, pues comeis todos del mismo plato y tienes que reconocer que te está viniendo genial el aperitivo, lo necesitabas.
De pronto, una mujer de hermosas facciones y pequeño tamaño se acerca a ti. Lleva su larga melena negra suelta por los hombros y coge un poco de tu comida. Sin que te de tiempo a decirle nada te susurra que -Mi marido está esperando una visita. Es el hombre que se encuentra al final de la cueva.

Ahora te das cuenta que de que las dos siluetas del fondo de la caverna, una era la mujer de poca estatura y la otra, el hombre que se encuentra sentado al lado de la jaula. Al acercarte, los rugidos censan por un instante y el marido le hace un gesto a su mujer para que se retire. Su cara está repleta de cicatrices y dos colmillos sobresalen de su rostro. Sin embargo, puedes notar como respira intensamente.

Jaff Hartrer

-Bienvenido a nuestro provisional hogar, muchacho. Mi nombre es Jaff, pero es altamente probable que ya hubieras oido hablar de mi antes si es que has llegado hasta aqui. Lo que en este lugar puedes observar es una de mis congregaciones públicas, cualquiera puede acceder a ellas, pues no soy un señor que crea en las clases sociales. Aqui estamos seguros, siendo tantos en número estamos tranquilos de que nadie nos molestará, y menos en la situación actual - Jaff sonrie para sus adentros - Pero basta de charla, amigo, cuentame algo de ti.
¿Acaso has venido para unirte a mi familia? ¿O vienes tal vez a pasar la noche? ¿Cómo te llamas y a que te dedicas, si puede saberse?
Tengo curiosidad de un hombre que viene en mitad de la noche a un lugar tan apartado en los tiempos que corren.
Última edición por Saratai el 03 Dic 2008, 23:31, editado 1 vez en total.
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