Viajero Stirlandés II: Cazador Ofendido

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Mensaje por Van Hoffman » 03 Dic 2008, 16:12

Heinz Stolzer

"Jaff... ¿Ese no era el hombre al que buscaba el de la carta?" pensó para si mismo Heinz. No estaba seguro, pero creía que aquel podía ser a quien buscaba Azelhof, si es que era él quien había escrito la carta... Heinz escuchó con tranquilidad y una lograda simpatía las palabras del grandullón. "Perfecto" pensó, "no sospechan de mi" Heinz decidió hacerse pasar por un visitante. Prefería esperar a ganarse la confianza del hombretón antes de tratar de sacarle información.

- Mi nombre es Heinz Stolzer. Soy un trotamundos, y me encontraba de camino a Averheim cuando me alcanzó la noche. Como vi luz y oí voces en el interior de esta cueva, decidí probar suerte, y veo que he sido afortunado. -dijo con una sonrisa- Ahora que ya sabeis más de mi, contadme algo acerca de vos y su familia. ¿Es este su hogar? ¿Son algun tipo de refugiados de guerra? Tengo entendido que hay mucha alfuencia de refugiados del norte, por la guerra.

Heinz no se fiaba, como de costumbre, pero debía parecer amable e ingenuo, y como Jaff se había mostrado amable, no creía que desconfiase del cazador. Solo elevó una plegaria a Ranald, algo que no había hecho desde hacía mucho tiempo.

- ¿Por cierto, que es lo que hay en esa jaula?
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Mensaje por Saratai » 03 Dic 2008, 17:46

Jaff Harter

El señor Harter parece disfrutar con la conversación. Atento a tus respuestas, asiente cada 4 segundos, mostrando interés en tus palabras.

-¡Qué historia más bonita! Por Myrmidia que me encantaria que un hombre como tu se asentara con mi familia. Y por supuesto te atenderé a todas tus preguntas. Hay pocas personas tan comprensivas con nosotros como lo eres tu, amigo Heinz, y es para mi muy grato poder hablar contigo de esta manera.


De pronto, la mujer de Harter se acerca para oir la conversación, e incluso en medio de toda la fiesta, de vez en cuando alguno de los comensales se acerca unos instantes a la pareja de conversadores para ver que tal van las cosas.

-Mira, se podria decir que si somos refugiados, pero no de la guerra sino de la intolerancia humana. Por nuestro origen, no podemos estar en ningun pueblo, y sin que hayamos cometido ningun crimen se nos busca para matarnos y torturarnos. Es horrible e injusto ¿Pues acaso hemos hecho algo malo? ¿Hemos elegido esta situación?

-Y no somos tan diferentes del resto, muchos no podemos ser distinguidos. Yo mismo era antes igual que tu, amigo Heinz. Es más, yo era un intransigente más, pero un dia cambie y aqui estoy, cuidando de los que son como yo ahora, de mi nueva familia, para que nadie les haga daño. Tenemos que sobrevivir con cualquier trabajo que nos salga, pues no podemos ni labrar la tierra ni cuidar de animales sin que nos maten esos ignorantes de las ciudades y pueblos. Suerte que yo antes era un cazarrecompensas y se como alimentar a mis nuevos hermanos.


-En cuanto a lo que hay en la jaula, viendo lo buena persona que eres, e intuyendo que querrás formar parte de nuestra comunidad, te enseñare a ''Gordo''.


Los gruñidos vuelven a oirse, como si un perro enorme quisiera hablar como las personas. Acto seguido, Jaff se levanta de su silla y levanta la manta que ocultaba lo que habia en su interior. Lo que ves dentro no es comparable a ninguna locura que hubieras visto antes. Ni el horrible no muerto que te hizo la cicatriz era una décima parte de lo demencial que es la criatura de la jaula. Un horrible ser vivo, de enormes dimensiones y piel blanca con ronchas rojas por toda su enorme tripa desnuda te mira con su diminuta cabeza, del tamaño de un puño. Su cuello es muy alargado y fino, al igual que sus seis extremidades a medio camino entre manos y pies con asquerosas bocas en sus palmas, bocas repletas de diminutos dientes afilados apiñados en tres filas. No tiene ni un solo pelo en su deforme cuerpo, ni boca en su horrible cabeza. Sus genitales son igual de alargados y deformes, y su olor corporal es sencillamente, repugnante. Un sonido se emite de su garganta, pero la falta de boca le impide vocalizar. Sus extremidades rezuman sangre, pues parece que estaba comiendo carne cruda, pero... ¿Qué tipo de carne? No podia ser. Un ojo colgaba de la boca de una de las extremidades. Un ojo de dimensiones y forma humanas.

-Si, esto le pasa a algunos con mala suerte. A la mayoria a los que le ocurre esto los matamos, pero ''Gordo'' era muy querido, y cuando se enfurece suele ser util defendiendonos, asi que lo dejamos vivir. Espero que no te moleste lo que está comiendo, pero como te decia antes, a los nuestros la gente los persigue porque si, y a muchos les metieron en la carcel estatal, en el nivel 5. Por lo que me han contado, pues yo nunca he estado alli, en ese nivel encierran a la gente para que se mate entre si por la comida. Solo van alli los que requieren un castigo peor que la muerte. Y claro, muchos de mis hermanos son pacificos, asi que prefirieron comer carne humana en descomposición a tener que matar a nadie. Algo loable, a mi manera de entender. Lo malo es que se acostumbraron y ahora comen siempre carne de cadaver humano, de hecho esta noche es el plato principal de su cena. A mi no me gusta, por eso no estaba en la hoguera, pero parece que a ti si que te ha gustado.




FDI: Ganas dos puntos de locura. Si gastas un punto de suerte (te lo recomiendo) evitaras uno de los puntos de locura que deberias ganar (aunque seguiras ganando el otro). Lo que no puedes reprimir es una arcada, pero ''Gordo'' parece comprensivo y no molesta por tu gesto
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Mensaje por Van Hoffman » 05 Dic 2008, 13:15

Heinz Stolzer

¿Refugiados de la intolerancia humana? Heinz no entendía a que se refería Jaff. Pensó que podrían ser Strigani, parias sociales que merecían el más irracional desprecio pues, no solo tenían ritos heréticos, si no que además, daban cobijo a los vampiros. Heinz apretó los puños, deseando que no se trataran de aquellos despreciables.

Sin embargo, las palabras del hombretón le desconcertaron. ¿Cambió? ¿A que se refería? Heinz no era capaz de darse cuenta de la obviedad, pero cuando Jaff descubrió la jaula, al cazador le dio un vuelco el corazón. ¡Aquello era una aberración! Ahora lo entendía. No eran refugiados, ni Strigani, ni ninguna otra despreciable etnia. Eran mutantes. Sucios, despreciables y asquerosos mutantes. El nauseabundo olor y la horrenda visión de "Gordo" casi hicieron vomitar a Heinz, pero gracias a su inquebrantable fuerza de voluntad, tragó saliba (y lo que no era saliba) y mantuvo el tipo. Con la mano izquierda, que tenía libre, agarró con fuerza uno de los frasquitos de agua bendita que tenía escondidos bajo la chaqueta. Deseó no tener que usarlo. La mera idea de convivir con aquellos deformes le horrorizaba. Se vio a si mismo desenvainando la espada y acabando, por la gracia de Sigmar, con todos aquellos asquerosos mutantes. A Jaff le cortó la cabeza de un solo tajo. A su mujer le clavó una de sus estacas en el corazón. A "Silencioso" le estocó en el pecho. "Lengua de plata" murió asaeteado por los virotes de punta de plata. Heinz acabó lleno de sangre.

Pero no fue así. Heinz se reprimió y apretó el frasquito. Jaff seguía hablando de "Gordo". El cazador había apartado la mirada de aquella "cosa", y ahora miraba al suelo. Su vista pasó de súbito a Jaff cuando éste insinuó que Heinz había comido carne en descomposición. Una vez más, las arcadas volvieron a su garganta. Pero gracias a Sigmar, él no había comido más que pan. Ranald estaba de su parte aquel día. Casi descompuesto por la horripilante situación, Heinz tardó unos segundos en reaccionar. Todavía tenía que sacar informacion.

- Este... Bueno... Debo corregirte, estimado Jaff. Yo no he comido carne. Solo algo de pan, pues ya había comido antes de llegar aquí. -era cierto. El sabroso pedazo de pan que compró en Averheim se lo había terminado de camino, mientras corría- Sin embargo, ahora que lo comentas, ¿son ciertos los rumores de que ha habido una fuga en la Carcel Estatal? No tendreis vosotros nada que ver, ¿no? -la expresión de Jaff se tornó desafiante- No me malinterpretes, amigo. No os voy a delatar. Odio a la guardia tanto como vosotros, pero viniendo hacia aquí, unos patrulleros me advirtieron de los peligros del camino y más ahora que se han fugado presos de la prisión, me dijeron. Espero estar seguro aqui... -dice para parecer ingenuo.
Última edición por Van Hoffman el 06 Dic 2008, 02:48, editado 1 vez en total.
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Mensaje por Saratai » 05 Dic 2008, 17:41

Jaff Hartrer

-Compartes mis gustos entonces. A mi tampoco me gusta la carne de muertos, me parece propio de carroñeros. En cuanto a lo de la cárcel
- Por unos instantes te das cuenta de que puede no haber sido buena idea tocar ese tema, el rostro de Jaff deja paso a la seriedad en lugar de a la amistad- Bueno, esa es una pregunta algo estúpida, amigo mio. No hay motivo para urgar en la herida, y si conoces lo de la fuga es por que sabes más de lo que aparentas. Está claro que no eres de la guardia, y por eso estás aqui hablando conmigo, pero deberias decirme todo lo que sepas y que no me hayas contado aun.

-Para que irse por rodeos, yo seré sincero contigo para que tu lo seas conmigo. Algunos de los presentes, como ya te he dicho, adquirieron sus hábitos carroñeros en la prisión, y escaparon hará unos dias con la ayuda de unos cuantos criminales.

-Y en aquella prisión conocieron a alguien, un tipo muy raro que habia sobrevivido en el nivel 5 diez años (algo impensable pues la mayoria no sobrevive más de dos) que les ofreció un trabajo interesante y les dijo que un hombre influyente recompensaria por dicho trabajo. Me comentaron la idea, pues soy su guia en el mundo, y yo les dije que hariamos ese trabajo porque me parecio buena idea para ganar dinero y más hombres para nuestra causa de la libertad. Y es por eso por lo que ''Gordo'' se está comiendo a los cuatro patrulleros que habrás visto abajo antes de llegar a las cuevas y los cuales imagino que serán la causa de que estés aqui. Pero no me hagas preguntas obvias como que quien nos paga ni que trabajo hacemos pues....


La fiesta comienza a bajar de intensidad, los malformados están cansados y tienen sueño tras haber tenido una actividad frenética todo el dia.

-...No te dire nada más hasta que no me expliques exactamente que es lo que sabias antes de venir aqui o me des una prueba sincera de que quieres unirte a nosotros.
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Mensaje por Van Hoffman » 06 Dic 2008, 02:48

Heinz Stolzer

Durante diez años, a Heinz le habían enseñado a no temer a nada. A mirar a la muerte a los ojos y enfrentarse sin titubear. A actuar con celeridad y no pensar las cosas dos veces. Pero no le habían enseñado a afrontar el echo de estar muerto. Heinz era consciente de que estaba muerto desde el momento que tropezó con aquella piedra. Se había metido en la puñetera boca del lobo (más aun, en la jodida garganta del lobo), por una corazonada, un simple instinto. El cazador daba por supuesto que no saldría de allí con vida, y que en el peor de los casos, acabaría convirtiendose en la merienda de "Gordo". Para colmo, su numerito de viajero ingenuo no había dado resultado, y Jaff exigía sinceridad.

Heinz se arrepintió, tras escuchar las palabras del hombretón, de haber preguntado por la prisión. El cazador dudó tras las palabras de Hartrer. Miró al suelo y pensó lentamente en las posibilidades. Cualquier idea de salir de allí por la fuerza quedó descartada en el acto. Heinz tenía varios argumentos que le podían sacar de allí. Uno era el asunto de los niños, pero lo descartó porque creyo que si aquella gente eran presos, posiblemente el trabajo que les ofrecieran fuera precisamente el secuestro de los críos. Otro era el problema con los patrulleros, pero apenas pensó en ello por razones obvias. También podía preguntar por Azelhof, pero prefirió no hablar de él, pues podía tratarse de un infiltrado al que descubrieran. Por último, podía preguntar acerca de la muerte de Err y del asunto del vampiro, idea que fue desechada por el mero echo de que no quería sacar a la luz aquel tema. Finalmente, Heinz se decantó por el mal menor. Había una remota posibilidad de que aquello le saliese mal, pero se había decidido. Antes de hablar, le elevó otra plegaria a Ranald, que parecía estar sonriendole aquella noche.

- Muy bien Jaff, seamos sinceros. -Heinz cambió su hasta ahora ingenua sonrisa por un semblante serio- No soy un viajero normal, es cierto. Soy un cazarrecompensas, y busco a alguien por el que pagan bastante bien. Se trata de un peligroso contrabandista que esta metiendo armas en la ciudad. Poco me importan los motivos de su causa o de su captura; solo el oro. Su nombre es Herman el Viejo. En los barrios bajos de Averheim me enteré de la fuga, y supuse que si los fugitivos estaban aquí, sabríais algo de Herman. Y siento mucho decepcionarte, Jaff, pero no tengo el más mínimo interes por unirme a vosotros, solo estoy haciendo mi trabajo, espero que lo entiendas, amigo.

Heinz volvió a rezarle a Ranald, que parecía estar con él aquella noche. "Por tu grácia Ranald, si me sacas de aquí, prometo ofrendarte cada semana."
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Mensaje por Saratai » 06 Dic 2008, 16:48

Jaff Hartrer

El lider de aquellos malformados te miraba fijamente mientras le explicabas tu situación. Cuando terminaste, su vozarrón te dijo:
-¡Maldito seas, condenado bribón! Desde luego eres muy tonto o tienes muchas agallas o todo a la vez, pero me recuerdas a mi hace unos años.

-Estaba esperando a un tipo del que me habian comentado que tal vez se quisiera unir a nosotros. Sólo te he confundido con él, más bien es cierto que si le hubieras dicho al ''venoso'' la verdad de quien eres te habria hecho un agujero extra en la cabeza.


Hartrer volvió a cubrir a ''Gordo'' con la sabana que tapaba su inmensa jaula para acto seguido sentarse otra vez en su feo sillón.

-Bien, hablemos de negocios. Asi que estas buscando al bueno de Herman. A ese tipo es muy dificil localizarle, tu no le encuentras a él, él te encuentra a ti. Sin embargo, si me haces un favor yo te lo puedo hacer a ti. Te dire todos los sitios dónde suele ''trabajar'' y un nombre en clave para concertar una cita con uno de sus subordinados, si tu a cambio me haces unos recados en la ciudad.

-Como sabras, ahora mismo hay mucho crimen en la ciudad de Averheim. Sin embargo, hay un politico, un tal Rudiger Bacher, que está dispuesto a acabar con todo ese crimen. La gente está entusiasmada, pero los rateros no. Como a nosotros no nos interesa ni que el crimen siga ni que Bacher gane un referendum, pues con lo primero las mafias nos usarian como quisieran y con lo segundo nos cortarian el cuello, yo quiero equilibrar la balanza.
Es por esa razón que mandé a uno de mis hombres limpios (por limpio quiero decir sin rastro de malformación) a cuidar de unos alborotadores que preponderaban la anarquia. Esos ingenuos universitarios estaban convenciendo con sus ideas a un gran sector de la ciudad. Si siguen asi, puede que Bacher no gane el referendum, y todo siga igual, que es lo que nos interesa. Pero anteayer el bueno de Bacher o alguien interesado en que el referendum sea celebrado y ganado por Rudiger mando a unos matones para tapar la boca de los universitarios. Mi hombre los despachó, pero sufrio una amputación y le tuve que retirar de su misión. Esos alborotadores idealistas piensan que tiene un ángel guardian y que al ser su causa justa estan bendecidos. Pobres imbéciles.


-Y por eso tu me vienes muy bien. No tienes malformaciones a la vista y por tu edad podrias pasar como un seguidor acerbado de los alborotadores anarquistas. No tengo a nadie que pueda hacer ese trabajo, asi que si consigues que durante esta semana esos anarquistas sigan con su charla y nadie les corte el cuello, te dire todo lo que necesites de Herman, hasta los disfraces que me han dicho que usa. Los tres anarquistas (Karl, Friedech y Beatrix) viven todos juntos en la calle de la Peralta, en el Distrito Sur. Si quieres cuidalos en la sombra, hazte pasar por su amigo, o mata a todos los asesinos de la ciudad, pero sea como sea asegurate de que siguen convenciendo a la gente. ¿Trato hecho?


Jaff te ofrece la mano. Nunca en tu vida habias hecho de niñera, pero desde luego era el trabajo más original que habias visto en tu vida, tanto por el cliente como por la labor.
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Mensaje por Van Hoffman » 08 Dic 2008, 02:09

Heinz Stolzer

Fue en aquel momento, dándose cuenta de que podría sacar algo de información, cuando Heinz decidió pasar de todo y centrarse en Herman el Viejo. Jaff sabía como encontrarlo, y si lo encontraba, Alan le daría información acerca de lo que necesitase. Todo había empezado por Herman, y debía acabar con él. Pero Heinz estaba entre la espada y la pared. Si quería salir vivo de allí, debía decir lo que Jaff quería oír, pero el cazador no tenía ni la más mínima intención de hacer de niñera de unos sabelotodo descontentos. Decidió engañar al hombretón y asegurarle que protegería a los niñatos. Una vez saliera de la cueva, Jaff jamás volvería a verle.

- Muy bien Jaff, me encargaré de asegurarme de que vivan. Pero antes, necesito que me digas todo lo que sabes de Herman -Heinz no tenía pensado salir de allí con las manos vacías- Entiéndeme, amigo, no puedo prescindir de una semana de mi tiempo para cuidar de unos descontentos. Dime lo que sabes, y te juro por mi honor que los alborotadores vivirán para propagar sus ideas.

Heinz solo deseó que Ranald siguiera con él...
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Mensaje por Saratai » 08 Dic 2008, 16:41

Jaff Hartrer

-Siento reconocer esto, pero no llegaria donde estoy si diera información gratuitamente. Te diré lo que se si tu primero me haces ese favor, y sólo cuando tenga pruebas de que has hecho lo que te he pedido, pues ya me has ocultado la verdad una vez, no quiero que vuelva a pasar.

-Ahora marchate y haz tu trabajo si quieres, y si no pues no lo hagas, pero si no lo haces puede que entonces sea yo quien negocie con Herman la información que tengo sobre la gente que lo está buscando, seguro que saco algo interesante, ¿no crees amigo?.


Mientras Jaff hablaba, los malformados cambiaban de guardia y la hoguera se apagaba, parecia que iban a descansar despues de la fiesta. Jaff se quita las botas al tiempo que espera una respuesta, sin ningun tipo de educación. Uno de los mutantes se acerca al final de la cueva, y comienza a tirar comida a un agujero oculto en el suelo de la cueva. Un comportamiento extraño, pero no llegas a percibir el sonido de la comida caer, asi que no sabrias decir el tamaño del pozo.
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Mensaje por Van Hoffman » 09 Dic 2008, 02:30

Heinz Stolzer

Heinz se levantó poco a poco, y recogió sus cosas. Jaff se la había jugado, pero el cazador tenía la última palabra. Sin más miramientos, le tendió la mano al hombretón.

- Muy bien. Comprendo que no estoy en posición de exigir nada, y el trato es más que favorable. Ahora mismo voy a Averheim a buscarlos, y te aseguro que no les pasará nada.

Jaff también se levantó y le estrechó la mano.

- Así me gusta, que seas razonable.

Finalmente, Heinz se despidió de Jaff y se dispuso a marcharse de la cueva. Nadie le impidió la salida, puesto que los malformados obedecían a Jaff, y éste permitió que el cazador se marchase. Mientras salía, Heinz vio como los mutantes apagaban la hoguera y se disponían a descansar. Uno de ellos, en lo más profundo de la grieta, echaba comida en una especie de pozo, pero Heinz no consiguió determinar la profundidad del agujero, pues no oyó el ruido al caer el pedazo de carne. Al llegar a la salida de la cueva, vio como relevaban a “Venoso” para hacer la guardia. Salió y procuró mantener la vista lejos del cadáver putrefacto del patrullero que había visto al entrar. Con paso raudo, se dirigió al camino hacia Averheim.

Mientras caminaba, y libre de la presión del mutante Jaff, Heinz analizó la información que había obtenido en la cueva. Los que allí habitaban eran presos fugados de la Cárcel Estatal, entre los cuales se había infiltrado un agente del sacerdote Reiklandés. Sin duda, eran los responsables de los asesinatos de los patrulleros. Ya tenía algo que ofrecer a la guardia. También se había enterado de pequeños detalles de Herman el Viejo, casi triviales, pero detalles al fin y al cabo. Y luego estaba el tema de los tres anarquistas. Jaff le había dicho que si Bacher ganaba, acabarían con ellos. Heinz consideró sus opciones. Si satisfacía a Jaff, conseguiría información sobre Herman y se lo podría llevar a Alan, consiguiendo a cambio más información. Por el contrario, si ayudaba a que Bacher ganaba, ayudaría a la guardia, y ayudando a la guardia, tendría contento a Alan, y no solo eso, llevaría a la justicia a los asesinos de patrulleros, con lo cual, aunque no capturase a Herman, se ganaría bien la confianza del mayor de la guardia.

Finalmente, Heinz tomó una decisión, pero primero, debía descansar, pues el camino de vuelta a la ciudad era largo. Decidió encaminarse al pueblo de Monheim, que quedaba algo más al norte, y allí trataría de dormir lo que quedase de noche, aunque tuviera que pagar por ello.
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Mensaje por Saratai » 10 Dic 2008, 11:14

El cazador de no muertos salió de aquel extravagante lugar, con la sensación de haber nacido otra vez. Contra todo pronóstico, nadie le atacó al salir de la cueva, nadie le dijo nada. Tan sólo un cordial saludo le despidió de tan peculiar muchedumbre.

Una vez en el camino, y con más información útil, se puso en marcha en rumbo a Monheim, el pequeño pueblo minero de grandes tarifas hosteleras. Los habitantes de Monheim eran conocidos por su hospitalidad cuando los visitantes estaban acompañados por el oro, y a más dorada compañia con más fraternidad emanaban sus emociones hacia el viajero.

Sin embargo, el camino se hizo un poco más largo de lo normal. La noche era oscura y helada, y Heinz tomó un rumbo algo equivocado, pues no se orientó a la perfección, que digamos. Cansado y helado, llegó tiritando a la entrada del pueblo, de la que un buen murmullo se oia. Pero su primera conversación fue incluso antes de pisar la calle principal de Monheim. Nada más llegar, una mujer de unos cuarenta años le recibió desde su portal.

-¿Qué tiene mi pueblo que esta noche a todo el mundo le interesa? ¿Quién eres viajero, y por que eres tú el único de los visitantes que viaja sólo y sin caballo?


La mujer se mostró muy agradable contigo, e incluso te ofreció entrar en su casa. Parecia sola y aburrida, y no se atrevia a acercarse a la muchedumbre que, a lo lejos en la ''gran via'' que partia al pueblo por la mitad, conversaba.
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Mensaje por Van Hoffman » 10 Dic 2008, 16:53

Heinz Stolzer

Heinz caminó durante un buen rato en busca del pueblucho. Cada vez hacía más frío, y el cazador temía que se pusiera a llover, o peor, a nevar. Fue dando vueltas, medio perdido. La última vez que había pasado por allí era de día, y no se molestó en buscar puntos de referéncia. Ahora deseaba haberse fijado más. Pero aunque lo hubiese hecho, ahora era de noche, y de poco le habría servido.

Tras unos momentos de desesperación, Heinz por fin encontró algo que le resultó familiar. ¡Era aquel árbol con forma de bailarina! Era imposible olvidar un árbol así, y Heinz ya sabía como encontrar el camino a Monheim. Aceleró el paso y finalmente lo vio, a escasos metros de distancia. Siguió adelante, pero hacía tanto frío que tuvo que cruzar los brazos para protegerse las manos enguantadas, y ni aún así pudo detener el castañeo de sus dientes.

Finalmente, llegó al pueblo, y justo antes de entrar, una mujer de mediana edad le interceptó, preguntando que como era que estaba por aquella zona solo y sin caballo. Desde dentro del pueblo se oían voces, pero ni asomandose, Heinz pudo ver algo. Con toda amabilidad, trató de deshacerse de la mujer.

- Vengo de muy lejos. El gélido viento ha matado a mi montura, y he tenido que continuar a pie. Pero soy demasiado curioso, si me permite unos minutos, me gustaría saber que pasa aquí.

Heinz deja sola a la mujer y se dirige hacia el tumulto de gente.
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Mensaje por Saratai » 11 Dic 2008, 00:02

Mujer abandonada por su marido

Hombres... Y yo que iba a ofrecerle una cama caliente. Bueno, aun no es muy tarde, puedo visitar a Rot.

-¡Buena suerte en tu búsqueda!

El cazador se adentró en el pueblo, observando a...




FDI: Postea a partir de ahora en Odio de alquiler
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Desde Odio de Alquiler, p. 4

Mensaje por Van Hoffman » 24 Dic 2008, 16:24

Heinz Stolzer

Heinz montó en el viejo caballo que le ofreció Dieter. No era una buena montura, pero tenía cuatro patas. Se acomodó y le tendió la mano a Dieter, que se la estrechó a modo de despedida. Sin embargo, Heinz todavía tenía algo que decir.

- Tened cuidado. Son muy listos y rastreros. Pero sobretodo, cuidaos de lo que hay en la jaula...

Y dicho eso, espoleó al caballo y cabalgó hacia Averheim, por el camino que le había indicado Dieter. Tenía cosas que resolver en la capital, y en cuanto llegase, se dirigiría a la comisaría...
Última edición por Van Hoffman el 07 Ene 2009, 15:38, editado 1 vez en total.
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Mensaje por Saratai » 26 Dic 2008, 00:10

Heinz Stolzer habia aprovechado bien su visita a Monheim. No solo habia conseguido una montura con la que poder volver a la capital más rápidamente que a pie, si no que gracias a su actuación puede que nunca tuviera que volver a ver a Jaff Hartrer. Cuando llegó a la aldea minera, ofreció a la muchedumbre que alli se congregaba ser su guia hasta llegar a sus problemas: Los mutantes.

La gente le hechaba en cara a los que no eran como ellos todos sus quebraderos de cabeza. Si el precio del trigo subia, eran los mutantes. Si habia guerra en el norte, los mutantes. Y está muy claro de quien es la culpa del crimen organizado. En los instantes en los que el cazador tomaba el viejo camino de Tannfield, perpendicular a la carretera de los enanos, un duro enfrentamiento debia estar sucediendo en las cuevas de Averland.
Pero al cazarrecompensas eso le traia sin cuidado, tenia cosas mejores que hacer.

La noche era tranquila. Ni un solo ruido molestaba el pequeño periplo del stirlandés a través de los pastizales averlandeses. Los senderos eran grandes y rectos, y se podia ver con claridad a varios metros de distancia. Sin embargo, un acontecimiento inesperado despertó de sus ensoñaciones al viajero. Tras una hora de solitario viaje, vislumbró un fuerte humo que procedia de una granja cercana al lindero del camino, al este.

¿Seguiria el cazador por su camino, ignorando todo lo que no tuviera que ver con sus objetivos, o en cambio decidiria investigar cual era la causa del humo de la granja?
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Van Hoffman
Escuerzo Alado
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Mensaje por Van Hoffman » 26 Dic 2008, 15:56

Heinz Stolzer

El gélido viento azotaba la cara del stirlandés. Aquel viejo caballo corría mucho mejor de lo que Heinz se había imaginado, y en una hora ya había recorrido lo que le había llevado casi toda la tarde anterior. Estaba ansioso de llegar a Averheim, tenía tanto que hacer alli... El camino discurría claramente, a pesar de la nieve. Fue capaz de seguirlo sin dificultad. Sin embargo, el destino le deparaba una nueva sorpresa. A poca distancia del camino, Heinz vio una gran columna de humo. Hizo frenar en seco al caballo y meditó unos instantes.

Ante él se alzaba una nueva posibilidad. Tenía la opción de reanudar la cabalgata en dirección a Averheim e informar a Alan de lo que había descubierto, o desviarse a la granja para descubrir el origen de la humadera. Sabía que tenía mucha prisa, ya que lo que había descubierto en Monheim y en el templo de Sigmar era de vital importancia, pero como de costumbre, a Heinz le pudo su curiosidad y su naturaleza caotica. Espoleó al viejo caballo y se dirigió a la granja al tiempo que desenvainaba la espada, por si acaso. Heinz dejó que Sigmar decidiera su destino...



OFF: Para información del personal, como no sabía a donde ir, he chequeado Voluntad, y como lo he fallado (de mucho vvU), voy a investigar el humo ^^
Van Hoffman, pastor de garrapatos por gloria y gracia de Igarol

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Sacar a pasear al garrapato, limpiar caca de garrapato, cepillar al garrapato, limpiarle las muelas por dentro al garrapato...

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