Heinrich Messner I: Muerte en los Caminos

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Heinrich Messner I: Muerte en los Caminos

Mensaje por Saratai » 04 Dic 2008, 11:40

Los senderos estaban oscuros, y empezabas a arrepentirte de tener unos ideales tan limpios, cuando viste un cartel en mitad del camino, que habiais pasado por alto antes por culpa de las prisas de Dieter. No era corriente su existencia, pues la mayoria de la poblacion era analfabeta, pero al pasar ahora si podrias leer su contenido. El cartel rezaba: Camino de los pastizales Streissen-Averheim. Cuidado con el Barro

Durante una hora aproximadamente el viaje fue tranquilo, pero cuando comenzó a oscurecer de verdad, volvieron a oirse los ruidos, algún bicho del campo, imaginas. Morrslieb brilla con fuerza mientras Manslieb emite una luz débil, pero servia para ver algo. Sin embargo, los problemas empiezan rápido tras la primera hora y media de marcha, cuando el sendero de divide en tres partes. No te habias educado en el campo y eso de elegir caminos era dificil para ti. Dieter estaba acostumbrado, se habia criado cruzando senderos y recordando rutas, pero para ti era imposible, pues habiais pasado de dia y ahora de noche estos lugares parecian otros. Asi pues de los tres caminos no podrias decir cual habiais usado para llegar al pueblo.

Uno de los caminos es estrecho, el otro es un poco mas ancho y el tercero parece igual que el primero, tal vez un pelo más grande.
¿Cuál escoges, el primero, el segundo o el tercero?
Última edición por Saratai el 04 Mar 2009, 10:49, editado 3 veces en total.
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Mensaje por Weiss » 05 Dic 2008, 00:53

Heinrich Messner

Aquel Patrullero había resultado ser un buen hombre. No sin cierta tristeza, Messner se alejó al galope de él. Dudaba de que fuese a volver a verle, en vista de cómo iban las cosas para los Patrulleros... Sin embargo, tenía esperanza en que consiguiese su objetivo. No creía que fuese a dejarse matar fácil...

Pero quien corría peligro mortal inmediato era él. Cruzaba a toda velocidad los caminos, y durante una hora entera, nada ni nadie fue capaz de frenar la imparable marcha de Messner. Si había algo que de verdad sabía hacer bien, era cabalgar. Los Messner siempre se habían caracterizado por poseer algunos de los mejores de Averland, sino los mejores, y aunque este caballo no era su amado Erwin, también sabía cómo tratar al animal. Había crecido entre caballos, y aprendido a montar casi a la vez que a andar.

Más o menos una hora después de abandonar al grupo, cayó la noche. La débil luz de la Mannslieb servía para iluminarle levemente, pero poco más. Los ruidos a los lados del camino empezaron otra vez, a lo que Messner respondió abrochándose hasta arriba su abrigo de cuero, y agarrando en todo momento la empuñadura de su espada.

Media hora más tarde, Messner llegó a un punto en el que los caminos se separaban. Había tres para elegir, y Messner no sabía cuál elegir. Él nunca había vivido en el campo y no tenía ni la más remota idea. Qué bien le vendría ahora tener un Patrullero cerca...

Después de pensarlo un poco, Messner decidió usar los conocimientos de los que disponía para intentar saber qué camino tomar. Poseía una gran vista, incluso en la oscuridad, por lo que intentó buscar un punto de referencia para poder orientarse. Además de eso, intentó usar sus conocimientos en la cultura de la zona para saber algo sobre dónde se hallaba.

Si nada de esto funcionaba, simplemente iría por el más grande. Lo lógico era que el camino más grande fuese el que llevase a la ciudad...


PD: En la práctica, lo que hago es tirar a Percepción aprovechando el talento de Visión Nocturna para buscar un punto de referencia, y Sabiduría Popular (El Imperio), para intentar averiguar algo de dónde estoy...
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Mensaje por Saratai » 05 Dic 2008, 10:16

Tu conocimiento del Imperio se ha quedado oxidado a base de no viajar por los pequeños pueblos. Algunos de tus compañeros si estan acostumbrados a moverse por aldeas, cobrando exagerados impuestos a los axfisiados campesinos, pero tu tienes un cargo mayor y no te mueves de la mesa del estudio.

Pero tus genes te han dado una vista prodigiosa, y la suerte ha querido que observando minuciosa y detenidamente los caminos encuentres en el tercer sendero, muy a lo lejos, lo que parece ser una casa. Tal vez allí podrian orientarte, porque al acercarte un poco parece habitada, o al menos no esta abandonada. ¿Te acercas a la casa de la tercera ruta, o sigues tu camino sin preguntar, por el sendero más ancho, y que la suerte decida?


PD: Se acabaron los ruidos, no se oye ni un alma en este cruce
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Mensaje por Weiss » 05 Dic 2008, 15:27

Heinrich Messner

Sus conocimientos sobre la zona no le habían servido para nada a la hora de orientarse, pero sí los agudos ojos azules característicos de los Messner. Vio una casa en la lejanía, iluminada y presumiblemente habitada. Sin embargo, en ese momento las palabras de Dieter resonaron en su mente.

Esos caminos son peligrosos, pase lo que pase, no te pares y no te bajes del caballo.

El Patrullero tenía razón, era peligroso bajarse del caballo, ¿y quién sabía quien moraría esa casa tan apartada? Un perfecto refugio para proscritos... Además, otro factor hizo ponerse nervioso a Messner. Solo escuchaba la respiración de su corcel. No había ningún ruido en los alrededores, reinando un silencio sepulcral...

Al final, Messner se decidió. Acercarse a la casa era correr un riesgo, pero más aún lo sería perderse en los caminos, y si visitar esa casa le daba una mínima posibilidad de encontrar el camino a Averheim, debía intentarlo.

Haciendo el menor ruido posible, Messner se acercó a la casa. Con la mano en la espada y sin bajarse de su montura, Messner golpeó la puerta con su bota. Si las cosas se ponían mal, tendría vía libre para escapar y continuar por el camino más ancho.

Messner contuvo la respiración mientras esperaba que le abriesen la puerta...
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Mensaje por Saratai » 05 Dic 2008, 17:22

El ambiente es digno de un cuento de terror. Mientras te acercas a la puerta de la casa, crees oir el sonido del leve crujir del suelo detrás de la puerta. Sin bajar del caballo, golpeas con la pierna la puerta, y cual es tu sorpresa al ver que estaba abierta, y tras tu golpe se abre lentamente, chirriando en todo su recorrido hasta dejarte ver el interior de la casa. Está oscuro, pero puedes apreciar muebles e incluso platos. Sea quien sea el habitante de la casa, no debe estar muy lejos.


Y es entonces cuando lo oyes. El llanto que sale de dentro de la casa. Podria ser tanto un niño como una niña, pero lo que está claro es que es un llanto de desesperación. El frio viento vuelve a soplar, y por un momento te sientes observado. El llanto continua intermitentemente, pero apenas se pueden distinguir las palabras más no.

Sin embargo, no solo tus ojos están dotados de un buen material; también tus oidos estan agudizados. Hay alguien en la casa. Un adulto. Su voz retumba grave y sin vocalización. Tras su voz, los llantos y chillidos continuan, como si no hubieran sido alertados por tu llamada. La curiosidad es fuerte.




¿Entras en la casa, o das media vuelta?
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Mensaje por Weiss » 06 Dic 2008, 00:23

Heinrich Messner

Inmediatamente después de oír el llanto, un pensamiento ocupó la mente de Messner.

Secuestros de niños.

Había que admitir que Messner no estaba precisamente tranquilo, pero, ¿cómo siendo supuestamente un representante de la justicia podría pasar de largo ante semejante situación?. Una indefensa criatura se hallaba llorando, y solo Messner podía parar aquello. Era un hombre armado y contaba con el factor sopresa, por lo que se veía capaz de intervenir. Furioso por lo que podría encontrar dentro y lleno de celo justiciero, Messner desmontó, empuñó la espada en la diestra y la daga en la zurda, entró en la vivienda con una velocidad insospechada, y encarándose hacía el lugar de donde provenía el sonido, con la espada por delante, gritó.

DESE PRESO EN NOMBRE DEL EMPERADOR.

Ante todo, Messner era un administrador de justicia. Puede que su justicia fuese la de papeles y despachos, pero la situación requería su intervención...
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Mensaje por Saratai » 06 Dic 2008, 17:00

El valeroso alguacil desmontó de su caballo. Bajo las escaleras hasta llegar a la sala dónde un hombre excesivamente delgado jugueteaba con una muchacha rubia, atada y con la ropa sajada. El pobre diablo no se dió cuenta de la presencia de Messner hasta que este no lo mandó detener.

El individuo lo miró con unos ojos llenos de cobardia y malicia. Antes de que se le ocurriera decir nada coherente, el pecoso violador le puso un cuchillo a la adolescente en el cuello.

Con su boca mellada y con las piernas temblando de miedo, el asqueroso criminal te dice con voz temblorosa:
-No... no no. ¡No pienso volver a la cárcel idiota! Si.. si das un paso más le corto el cuello. Tira la espada y alejate y la dejo viva pa' que cuando me vaya te la pue' as llevar. Ta' to' claro... ¿claro?

Era un ser repugnante. No sólo por su olor ni su fealdad, no era sólo su voz y gestos. Todo en él emanaba un aura de asco. Gentuza asi no deberia de estar viva. pero en estos tiempos no solo no morian, sino que su número aumentaba alarmantemente. Es ahora cuando te das cuenta de que hay un viejo apuñalado y medio muerto en la esquina de la habitación.
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Mensaje por Weiss » 07 Dic 2008, 19:22

Heinrich Messner

Maldita escoria carcelaria. A veces, Messner perdía la esperanza en las cárceles. Con más ejecuciones sucesos como estos no pasarían...

Messner iba con la espada por delante, y cuando vio a aquel asqueroso intento de ser humano tocando a aquella chica, no se resistió más y le dio el alto. Sin embargo, el aviso de Messner había demostrdo ser poco efectivo. El maldito había puesto un cuchillo en la garganta de la chica, y amenazaba con matarla si Messner no se apartaba y le dejaba escapar.

Messner nunca se había visto en una situación así. Aquel "hombre" estaba desesperado, así que se podría esperar cualquier cosa de él. Tendría que andar con paso firme si no quería que aquella chica muriese.

Y pensar que el día empezó como uno cualquiera...

Aquel preso era horrendo. Su mera existencia era ofensiva, y Messner no sentía ningún deseo que no fuese pegarle la paliza de su vida. Ya habría tiempo para eso, pero ahora la prioridad era la chica. Con una voz calmada y sin mostrar agresividad, Messner habló.

Vamos a tranquilizarnos, ¿vale?

Mientras decía esto, Messner movía el brazo de la espada, levantándolo por encima de su cabeza, como si se rindiese. Realizaba ostentosos movimientos, para que el rufián se fijase en esa mano solo, mientras él usaba la otra para disumular su daga detrás del cinturón. Una vez oculta la daga, levantó también el otro brazo, y con ellos en alto, dijo:

No vas a hacerle nada a la chica, porque no te ayudaría en absoluto. Ayúdate a ti mismo y suéltala, porque sino te aseguro que acabarás en un sitio mucho peor que la Prisión Estatal. Conozco la Ley, y te aseguro que la Prisión te parecerá un palacio al lado de a donde te van a mandar si le haces algo. Y tú no quieres acabar ahí, ¿verdad?. Lo único que te puede ayudar ahora es soltar el cuchillo, dejarlo en el suelo, acercármelo de una patada y entregarme a la chica. Si lo haces me aseguraré de que recibas un trato preferente. Y te informo de que no tienes opción a huir, ya que mis escoltas aguardan arriba. Amigo, estás atrapado, y lo único que te puede salvar ahora de no pasar el resto de tu vida siendo torturado por los Cazadores de Brujas es entregármela sana y salva. Así que no hagamos tonterías, ¿vale?. Confío que que sabrás qué te conviene...

Sin dejar de levantar los brazos, Messner le miró fijamente a los ojos, con una mirada tranquilizadora, no mostrando agresividad y haciéndole entender que lo que decía era lo mejor para él...

Messner rezaba interiormente a Sigmar por que aquello saliese bien. Pero lo que tenía claro era que como se atreviese a hacerle algo a la joven, sería lo último que haría. Pero después de que Messner se entretuviese un rato...
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Mensaje por Saratai » 08 Dic 2008, 16:23

El criminal dudó seriamente de sus posbilidades. Messner era convincente y él estaba en una mala situación. Tras meditar su situación unos segundos, el malnacido decide salir corriendo. Se lanza hacia ti con la daga en la mano, pero no para atacarte si no para salir de la ratonera que es la habitación donde os encontrais.

Esta oscuro y no hay ventanas en la habitación, ni tampoco luces. El único sitio por el que el delincuente puede salir es por la puerta, y tu tapas parte de ella.







FDI: Puedes golpearle mientras huye o dejarle marcharse. El criminal está asustado y parece que te ha creido.
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Mensaje por Weiss » 08 Dic 2008, 17:06

Heinrich Messner

Los segundos de silencio que siguieron a su discurso fueron los más largos de la vida de Messner. Temía lo que pudiese hacer aquel tarado. Sin embargo, cuando soltó a la chica y le vio huir, no pudo sino respirar con tranquilidad...

Hasta que se dio cuenta de que el loco iba directo contra él. No exactamente contra él sino más bien contra la puerta que tenía detrás...

Creo que hoy no es tu día, amigo...

Messner fingió apartarse, pero justo cuando el condenado pasaba a su lado, le empujó para intentar derribarle.

Aquella escoria pagaría por su crimen.
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Mensaje por Saratai » 08 Dic 2008, 17:15

La suerte quisó que Messner consiguiera golpear al cerdo cobarde mientras pasaba por la puerta. Una patada directa a las corvas hizo que el criminal cayera de bruces entre el quicio de la puerta y las escaleras que llevaban a la salida de la pequeña casa. Ahora estaba a merced del alguacil, pero aun conservaba su daga.

La muchacha consiguió deshacerse de sus ataduras y recogio rápidamente sus roidas ropas para ocultar su desnudez. Todo estaba pasando demasiado deprisa, pero Myrmida vigilaba atentamente a Heinrich. En el suelo, el sucio cobarde farfullaba:

-¡Si... si me atacas, vendrán otros a buscarte y... y.. y morirás!

El proyecto de hombre intentaba ponerse en pie mientras maldecia para sus adentros
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Mensaje por Weiss » 08 Dic 2008, 18:08

Heinrich Messner

Sigmar le había escuchado, sin duda. Primero había conseguido que aquel mosntruo soltase a la chica, y ahora había conseguido derribarle. Messner tenía el poder en aquel momento. El rufián se hallaba tirado el suelo, boca abajo, intentando levantarse pero todavía asiendo la daga. Farfulló unas palabras con las que intentó atemorizar a Messner, pero después de haber pasado lo peor, le importaron bastante poco...

Pero todavía estaba el problema de la daga. Messner no estaría tranquilo hasta que el maldito estuviese desarmado, atado en una esquina y posiblemente con una buena paliza encima. Así que Messner procedió a ponerle la espada en el cuello, a empuñar la daga en la mano izquierda, y a decirle con una gélida voz:

No te atacaré, gran hijo de puta, por lo menos si sueltas la daga y pones las manos a la espalda

Haciendo un poco más de presión con la punta de la hoja, añadió.

Y rápido...
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Mensaje por Saratai » 08 Dic 2008, 18:33

27 de Ulricario de 2521. Invierno. Noche cerrada.

La intimidación resultó efectiva. El individuo se hechó a llorar y a suplicar, diciendo que él no tenia la culpa de haber nacido con los gustos que tenia:

-Me llamo Gottfried Quober, mi padre te pagará lo que necesites si me sueltas. Atame si quieres, pero te lo suplico, llévame a dónde está él y te recompensará con creces. Está en una casa de Tannfeld, a tres horas a caballo de aquí. Por favor, toma mi daga, no quiero problemas.


Dicho y hecho, Gottfried te entrega su arma.

-Pero por favor por favor por favor, no.. no me lleves a la cárcel, si me vas a llevar alli matame ahora mismo, será mejor para todos, si.

En la habitación, dónde Quober estaba forzando a la muchacha, se encuentra la joven atendiendo al viejo de la casa. Cuando ve a Gottfried desarmado, coge una daga que estaba cerca del viejo, ya muerto, y se lanza a por el criminal desarmado. Un profundo corte en el hombro que le hace sangrar abundantemente, salpicandote tanto a ti como a la adolescente. Sin embargo, no continua golpeandole, sino que se tira al suelo llorando y gritando. El estrés que ha sufrido ha sido demasiado fuerte. No es hasta ahora, que las cosas están más calmadas, cuando reparas en que debajo de las escaleras se encuentra, medio liada en una alfombra, el cuerpo de un chaval. No podia ser.

Gottfried Quober

-Lo... lo del crio fue un error. Mi hermano no queria que pasara, pero el maldito niñato no paro de molestar y de causar problemas. El crio le mordió en los huevos y salió corriendo. Cuando mi hermano lo encontro en mitad de los paramos, se vengo a base de bien. Para que no volviera a hacer eso, le quito los dientes y le corto las piernas, pero el niño no soportó las heridas y a los pocos dias murió. Vinimos juntos, mi hermano y yo, con esa zorra de ahi delante, para entrar en una casa y hecharle al muerto a otro. Pero el viejo estaba en casa y se puso gallito y mi hermano... mi hermano le dió matarile.


El joven Quober está asustado. Hara lo que sea para salir con vida de esta situación.

-Mi hermano se fue, pero tardaba tanto en regresar que empecé con esa puta, no me aguantaba más tiempo y eso que él se cabrea cuando empiezo yo solo. Imagino que... que tus hombres lo habrán pillado. Diles que con él basta, pero a mi llevame con mi padre. Mi hermano es el culpable de que yo esté aqui, si os lo llevais no volvere a hacer esto nunca más, lo juro.

-Vosotros... vosotros os quedais con el, salvais a la niña y tu me llevas con... con mi padre. Eres fuerte y bueno, y él sabrá darte lo que pidas. Asi recibes honores, serias un heroe y encima te forras. Venga, dile a tus hombres que se lleven a mi hermano y cuando se vayan me llevas a Tannfeld, ¿va.. vale?
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Mensaje por Weiss » 09 Dic 2008, 17:58

Heinrich Messner

Messner asistió con cara de total indiferencia a la muestra de cobardía de Gottfried Quober. Una vez hubo acabado de hablar, Messner le cogió por el cuello, le puso en pie y le empujó contra la pared. Con las cuerdas que aquel cobarde había usado para atar a la chica, Messner le ató fuertemente las manos detrás e la espalda, y los pies para que no pudiese escapar. Una vez atado, Messner le dio la vuelta y se encaró a él.

Amigo mío.

Dijo con una irónica sonrisa, justo antes de pegarle un puñetazo en el vientre y dejar doblado de dolor al malhechor.

Nunca tendrás oro bastante como para comprar a un Messner...

Dejando a aquella escoria retorciéndose de dolor en una esquina, Messner se acercó a la chica, que lloraba en el suelo. La ayudó a ponerse en pie, y la abrazó, dejando que se desahogase antes de preguntarle nada. Una vez que sus llantos acabaron , Messner la miró a los ojos, y con la voz más dulce que puso poner, le habló.

Cuéntame qué ha pasado.

Sin embargo, Messner no estaba tranquilo del todo aún, y reparó en que aún faltaba un hermano Quober. Por lo menos no le cogería por sorpresa. Desde dentro, Messner atrancó la puerta. Luego volvió a situarse frente a la chica, a esperar a que contase su historia.
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Mensaje por Saratai » 10 Dic 2008, 13:56

El cobarde Quober se dejó apresar sin oponer resistencia. Sin embargo, su mirada dudó ante las palabras ''Nunca tendrás oro bastante como para comprar a un Messner...''

Bajó la mirada, demostrando con sus ojos su más sincero arrepentimiento ante sus acciones.

Gottfried Quober

No es oro lo que recibirás, estúpido vigilante, sino plomo. Si...Si, golpéame... Pronto tendrás tu merecido.


Mientras, la muchacha permanecia tendida en el frio suelo de madera de aquella apartada casuja. Su posición fetal y su llanto haria estremecer a cualquiera. No respondía a nada que se le dijera, solo rezaba entre susurros. Y no tenia pinta de recuperarse rápidamente del trauma a la que estaba sometida.

Cuando todo parecia que no podia ir a peor, el relinchar del caballo que habia traido a Messner hasta la casa sacó al alguacil de su ensoñación. La puerta estaba bien segura, y nadie podia entrar en la habitación, ¿pero que pasaba con el caballo? Sólo Messner sabia que ningun patrullero estaba en la puerta guardando la entrada, ningun amigo habia atrapado al hermano de Quober, y los caminos ya son bien peligrosos normalmente, cuanto más en una situación semejante.

Los cadaveres del niño y del viejo observaban atentamente la escena que ante sus cuencas muertas se presentaba. Sus ojos, vacios de vida, miraban atentos los movimientos del salvador de la muchacha, expectantes ante su próximo movimiento...
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