Trasfondo de los personajes

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Van Hoffman
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Trasfondo de los personajes

Mensaje por Van Hoffman » 08 Mar 2008, 16:34

Aquí teneis que presentar el trasfondo de vuestro personaje.

Lo más importante y lo que todos teneis en común es que sois jóvenes asur aburridos de las intrigas y la monotonía de vuestras vidas y que estáis en una taberna en Lothern.
Van Hoffman, pastor de garrapatos por gloria y gracia de Igarol

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Uranga
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Mensaje por Uranga » 09 Mar 2008, 03:32

Aënor Finduvel

Aenör nacio hace mas de 80 años en una aldea costera de las tierras sombrias de Ulthuan. Hacia años que estas tierras no sufrian ningun tipo de ataque de los druchiis y todo el mundo se relajo. Esa region fue una de las mas castigadas por los incursores elfos oscuros pero desde que fueron masacrados en la ultima invasion nadie osaba desembarcar de nuevo en Nagarythe.

Su padre habia luchado hace mas de 100 años contra sus hermanos y derramo mucha sangre para que sus tierras fueran seguras. A pesar de todo aun se mantenian los antiguos dispositivos de vigilancia de los mares y costas y muchos eran los jovenes que se alistaban para asegurarse de que nadie indeseado pisaba sus tierras.

Aënor no habia cumplido los 25 años cuando conocio a Caranthor. Caranthor era un varon apuesto que llego a la villa desde tierras lejanas. Empezo a trabajar como profesor en la misma escuela donde nuestro personaje estudiaba y en muy poco tiempo Aënor lo admiraba casi tanto como su padre. Todos los dias les contaba historias de batallas ya olvidadas y cuando terminaban las clases iban los dos a practicar con el arco o a recitar poemas antiguos que nadie habia oido desde hace tiempo.

Un dia Caranthor le pidio un favor a Aënor, le dijo que sentia curiosidad por esas patrullas de valerosos elfos que protegian estas tierras. Le preguntaba cuantos hombres vigilaban los pasos de dia y de noche, por donde solian ir y que partes eran las mas defendidas de todas. El joven le pregunto porque tenia tanta curiosidad sobre los guardias y este respondio que estaba pensando en ingresar en una de las patrullas. Aënor, joven e iluso se creyo lo que su mentor le dijo y respondio todas sus preguntas tan bien como pudo.

Al cabo de unas semanas sono la alarma. Las campanas de la villa sonaron a medianoche. Aënor se desperto de un salto y vio como su padre vestia su antigua armadura. Los corsarios atacaban de nuevo. En la villa nadie se explicaba como pudieron saber cuando y donde atacar. Atacaron a medianoche, cuando la cantidad de guardias activos era muy inferior y destrozaron feroz y rapidamente los puestos mas estrategicos. Nadie lo entendia y Aënor aun menos. En menos de un par de horas la villa estaba siendo arrasada y los druchiis mataban a cualquiera que les hiciese frente. Sin la defensa organizada de la region cada familia tuvo que defenderse como pudo y los Finduvel no tuvieron mejor suerte.

Imladris Finduvel, el padre de Aënor se quedo en casa para proteger a sus seres queridos y no fue sorprendido cuando echaron la puerta abajo. Aënor se quedo de piedra al ver a su mentor empuñando una espada y una armadura oscura tradicional de sus enemigos mas odiados. Antes de acabar con su padre le sonrio a Aënor y cuando le corto el cuello a su madre no pudo sino correr tan rapido como pudo.



Pasaron los dias y el unico superviviente del ataque llevaba escondido todo este tiempo en el bosque. Comprendio que todo fue su culpa por ser demasiado ingenuo y juro vengar cada uno de los asesinados esa noche. Durante años siguio el rastro de su enemigo y antiguo mentor. Durante años fue matando a sus contactos y aliados. Se escondia en los bosques y actuaba cuando nadie podia verle.Espero pacientemente mas de 50 años, exploro muchos de los caminos de Ulthuan hasta que por fin sin poder creerselo encontro a Caranthor. Apunto al cuello y sin ningun tipod e remordimiento lo mato ahogandolo en su propia sangre pero no sin antes devolverle su sonrisa.

Una vez cumplida su venganza no tenia ningun tipo de razon para volver a su hogar, no quedaba nadie asi pues decidio viajar a la capital, a probar suerte en una nueva vida, llena de recuerdos amargos.
Siente el WAAAGH dentro de ti

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William Tender
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Mensaje por William Tender » 14 Mar 2008, 18:59

Anuviel Darkmane

Anuviel nació en un pueblo elfo del este de las Tierras Sombrías. Oculto entre unos bosquecillos de la ladera de las montañas, y colindando con el reino de Cracia. Aparentemente tranquilo y apacible, la aldea era un enclave decisivo en constante alerta.
En un reino de espías y vigilantes, bajo constante amenaza de invasión, la vigilancia constante era imprescindible, y un buen sistema de comunicación, clave para organizar las defensas.

Por esa razón, el pueblo donde Anuviel se crió se jactaba de gozar de algunos de los mejores mensajeros de Nagarythe, discretos y veloces, y del mayor criadero de aves mensajeras de toda la región.
Su familia la componían supervivientes de la última gran invasión druchii hacía unos 60 años, y mensajeros de buena reputación al servicio del Rey Sombrío. Desde bien pequeño, le fue inculcado el odio a sus lejanos parientes oscuros tanto por sus padres como por sus hermanos mayores.

Anuviel era un chiquillo valiente y leal, y se esforzó por aprender a manejar el arco para complacer a su padre y mejor servir a su rey, pero pese a su talento natural, y sus ojos precisos, no era capaz de concentrarse. Y es que en medio del clima de paranoia, él constituía una rara excepción, ya que mientras sus parientes y amigos miraban con aprensión el mar, él miraba con anhelo las montañas. Anuviel era un soñador.
Sus padres y vecinos pronto se dieron cuenta de que Anuviel era especial. Mientras que el resto de niños de la aldea jugaban a carreras, o a luchar, y practicaban danza, canto y tiro con arco… Anuviel soñaba con volar y alimentaba a los perros, imitaba los silbidos de los pájaros, corría con el viento y jugaba con los animales de la aldea, en especial con los dos halcones favoritos de su padre. Pronto, los niños comenzaron a llamarle Anuviel, el amigo de los pájaros.

Cuando un día, Anuviel desapareció, y sus huellas condujeron a la zona de nidada de los cuervos, su madre se temió lo peor, pues conocía lo agresivas que podían ponerse las aves mensajeras cuando sentían amenazados sus huevos. Presa del pánico corrió a su encuentro. Cuál pudo ser su sorpresa al encontrarlo rodeado de los cuervos, sentado en lo más alto de un árbol, con una sonrisa de oreja a oreja, hablándoles como a sus mejores amigos.

Esa misma noche se decidió que el niño estaba bendito por Kurnous, y que era necesario hacer buscar a un sacerdote para que conociera al niño para confirmar sus sospechas.
Con apenas 20 años, Anuviel Darkmane emprendió la senda del Caraith Iolair, señor de los halcones. No podría ser más feliz. Conforme el tiempo pasaba, el joven elfo aprendía los pormenores de su cuidado y adiestramiento, y sus vecinos no podían dejar de maravillarse en el modo en que éste parecía comunicarse con los cuervos, los pájaros y los halcones para hacer que le obedecieran. Con 25 años, sus hermanos marcharon para servir al Rey Fénix, llenos de orgullo. Con el corazón lleno de orgullo, sus padres les despidieron, mientras Anuviel esperaba su propia ocasión para servir a su patria.
Esa misma noche, su padre partió en misión secreta al servicio del Rey Sombrío.

Largo tiempo le esperaron, y su padre no volvió. Al cabo de un año, su madre no pudo aguantar más y partió en su busca, dejando a Anuviel al cuidado de sus parientes y amigos próximos. Cuando Anuviel cumplió 28 años, en la misma fecha en que su padre partió, sus halcones regresaron sin mensaje alguno. El elfo era apenas un muchacho, pero decidió que era tiempo de partir. Su pueblo cada día le parecía más estresante, más aburrido, y se decidió a partir por su cuenta, a conocer mundo, con la esperanza de encontrar una pista sobre el paradero de sus padres. Así fue, que con apenas 30 años, el joven elfo llegó al gran puerto de Lothern, en busca de fortuna y de noticias.

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Saratai
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Mensaje por Saratai » 15 Mar 2008, 11:43

Yvraerl Eisël

La vida de los Hijos del clan Eisël no difiere mucho de las de un mísero mendigo humano. La respuesta al porque de esa vida, tan extraña para un Asur, es vaga y dificil de concretar.

Habría que remontarse 30 años para entender un minimo de esa respuesta. El clan Eisël era un grupo de guerreros que habian desarrollado lazos familiares entre ellos. Sin embargo, y al contrario que el resto de soldados al mando del Rey Fénix, este clan se encargaba de la seguridad de zonas alejadas de la gran isla. En vez de defender pueblos o ciudades o de asegurar la protección de templos frente a los druchii, los Eisël vivían en montañas deshabitadas y en páramos perdidos.

Gran parte de los que conocían a este grupo de elfos desconfiaban de ellos, pues entre sus filas habian rumores de traición a Ulthuan. Fueran ciertas o no estas habladurias, lo cierto es que el clan fue disolviendose con el paso del tiempo. Cada miembro tomó su camino, con la sensación de no haber conseguido nada productivo a lo largo de sus largas vidas. Ninguno se habia enfrentado a la muerte ni habian dado a su patria nada a cambio de lo que ésta le habia dado a ellos.
Ahora, en tiempos en los que los Asur están seriamente mermados en número, el Rey no podia permitirse el lujo de tener soldados desocupados. Entre los antiguos Eisël había crecido un sentimiento de rabia por no poder ejercer el oficio de sus padres, que aunque no era el más útil si era el que la tradición les habia legado. Los rumores de traición se extendian por la gente que tenia contacto con los parias Eisël.

Por alguna razón desconocida, la madre de Yvraerl dejó el grupo con el que habia convivido siempre y con uno de sus hijos se desplazó a Cracia para asentarse como granjera. En esa provincia Yvraerl creció con las historias de su madre y con su espiritu Eisël aflorando a cada dia que pasaba. Sin embargo nunca llegó a hablar de sus origenes al resto de Asur para evitar rumores insidiosos.
Los años pasaron para Yvraerl hasta que un dia decidió abandonar Cracia para dirigirse a la gran ciudad de Lothern. Sin embargo, en este camino, en vez de hacer algo productivo, se dedicó a vagabundear por bosques y ciudades aprendiendo a ganarse la vida de la nada, pues sólo con el contacto con personas ya le valia para sobrevivir.
Al llegar a Lothern su vida cambió drásticamente. En aquel lugar se permitia convivir a los humanos en unas zonas acotadas. En aquella raza encontro mas semejanzas que con el resto de su propia raza. Aprendió de los mercenarios del barrio humano la cultura de paises lejanos y el idioma que mas utilizaban en el viejo mundo, y poco a poco fue deseando viajar al otro lado del oceano. Sin embargo, para ello necesitaba ser un guardia marina o un soldado al servicio de Ulthuan, y en su situación actual no podia serivir en la milica. Durante 3 meses anduvo por tabernas y puertos buscando su oportunidad, tal vez encontraria a alguien que le perimitiera sobrevivir... como soldado Eisël
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kurgan
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Mensaje por kurgan » 05 Abr 2008, 20:55

Tyrion Audec

Los Audec son una estirpe antigua, y como casi todas las casas nobles de Caledor, antaño cabalgaron dragones. Ahora, estas grandes bestias se ven raras veces surcando los cielos, y el pueblo de los montañeses de Caledor, que tiene su destino ligado al de los más poderosos de los seres, mengua en hechos y en número.

Tyrion nació y se crió en las montañas, junto con una pequeño clan de Audec. Su padre luchó al lado del mismísimo Tyrion de la estirpe de Aenarion en tiempos de la Gran Guerra contra el Caos, y el jovial príncipe dragonero nombró a su segundo hijo en honor al hermano de Teclis, antes de caer en una escaramuza sin importancia en las fronteras de Nagarythe. Su padre, el viejo y canoso Baelor Domadragones, que recordaba aún el vuelo de las grandes bestias, crió a los tres huérfanos: Tyrion, su hermano Baelor y Cersei, la única mujer de los tres hermanos.

A Baelor le correspondió siempre portar el estandarte de los Yelmos Plateados; Tyrion era mejor con las palabras y el arco que con la lanza de caballería y el sable, aunque un hijo de Caledor poco diestro con la espada es un desafío temible en cuerpo a cuerpo. Y a su debido tiempo, los tres hermanos se separaron: uno marchó a las guerras del Norte, otro a la corte de Lothern y Cersei quedó en la vieja casa señorial, para endulzar los últimos años del viejo Baelor.

La vida es aburrida en la corte, y no hay dragones. Pero los sueños de Tyrion están llenos de bestias escamosas que surcan los cielos, y él se ha hecho a sí mismo la promesa de encontrarlos.

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Weiss
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Mensaje por Weiss » 30 Sep 2008, 17:22

Daeron Nénmacil

Daeron Nénmacil nació en el seno de una humilde familia de una de las aldeas cercanas a la Torre Blanca, en el místico Reino de Saphery. Su padre, Aeron Nénmacil, era el herrero local, un habilidoso artesano que, aunque había sido llamado varias veces a la Torre para colaborar en la forja de las armas y armaduras de los Maestros de la Espada, prefería emplear sus habilidades en fabricar herramientas del campo y aperos de labranza.

Durante muchos siglos, el apellido Nénmacil había sido sinónimo de guerra, de marcialidad, ya que la familia tenía una larga historia sirviendo en los Ejércitos del Rey Fénix. Sin embargo, Aeron Nénmacil quiso renunciar a una vida guerrera. Prefirió vivir una vida apartada y tranquila en el campo, por lo que se distanció de su familia, se asentó en una aldea de Saphery y aprendió el oficio de herrero, desarrollando una importante habilidad.

Siendo ya el herrero del pueblo, conoció a una hermosa doncella elfa llamada Astarielle, hija de unos granjeros locales, con la que contrajo matrimonio y tuvo tres hijos. El primero de ellos, Aislinn Nénmacil, como primogénito, estaba destinado a heredar el negocio de su padre, por lo que desde muy joven se interesó en las artes de la forja y la fragua alcanzando una maestría similar a la de padre. Aislinn resultó ser un elfo trabajador y constante, muy apegado a la vida de la aldea y de bondadoso corazón. Su única ambición era suceder algún día a su padre, y convertirse en tan buen herrero como lo había sido él.

Varios años más tarde, Daeron y Astarielle tuvieron un segundo hijo, Velarion Nénmacil, y tres años después, su tercer y último hijo, Daeron Nénmacil. Velarion resultó ser un individuo impaciente y egoísta, amante de la guerra y que en cuanto puedo, le reprochó a su padre que hubiese abandonado la forma de vida ancestral de los Nénmacil. Soñaba con ser un gran guerrero, con ingresar en el que consideraba el mejor cuerpo militar de Ulthuan, los Maestros de la Espada de la Torre Blanca de Hoeth.

Daeron, por su parte, fue un individuo mucho más inteligente que su hermano, más tranquilo y con unas enormes ganas de aprender. Quizá no fuese un individuo tan afable como su hermano mayor Aislinn, ya que Daeron era frecuentemente irónico y observador, más frío. Además, se sentía fascinado por los Magos que visitaban todos los años su aldea, que ayudaban a los campesinos. Su objetivo en la vida, era llegar a ser uno de ellos, seguir adquiriendo conocimiento. Por culpa de esto, Velarion abusaba frecuentemente de él, diciéndole que no tenía aptitud ninguna para lo realmente importante, la guerra, y que solo serviría para ser una rata de biblioteca.

Sin embargo, un año, los magos que visitaban la aldea, descubrieron magia en él, y le llevaron a la presencia del mismísimo Señor del Conocimiento para que evaluase sus habilidades. Teclis, complacido, decidió que Daeron entrase a formar parte de los alumnos de la Torre Blanca.

Allí, Daeron se educó, se decantó por el camino de la Magia, y se convirtió en un prometedor aprendiz de Hechicero. Ser estudiante en la Torre cumplía todas sus espectativas. Había empezado el camino que le llevaría a ser mago, y además, la Torre era l único lugar que podía proveerle de todo el conocimiento que tanto ansiaba.

Por otra parte, la relación con su hermano fue a peor. Velarion se desesperaba viendo como su hermano cumplía su sueño, y cada día se hacía más y más poderoso, mientras que los Maestros de la Espada le denegaban la admisión una y otra vez. Velarion era un gran guerrero, diestro en el dominio de la espada, pero no poseía la templanza y la sabiduría necesaria para ser Maestro de la Espada.

Se relación con la familia fue deteriorándose, se volvió aún más amargado, y lo pagaba sobre todo con Daeron. Por eso, llegó un momento en que Daeron no aguantó más. Pidió permiso a sus Maestros para iniciar un viaje en el que perfeccionaría su dominio de la magia, y volvería cuando pensase que estaba preparado para convertirse en un Hechicero en pleno derecho. No sin ciertas reticencias, los Magos le concedieron el permiso.

Daeron se despidió de su familia. De su padre, de su madre, y de su hermano mayor con un emotivo abrazo. Sin embargo, no hubo despedida alguna para Velarion, a quien ni dirigió la palabra.

Daeron vagó varios años por todos los Reinos de Ulthuan, acumulando más y más conocimiento y poder. De todos los temas sobre los que investigó, hubo unos que le llamó poderosamente la atención. Un tema casi sin explorar. Los Ancestrales. Quienes fueron y el por qué de su caída.

Decidiendo que si conseguía descubrir más cosas de estos arcanos y todopoderosos magos estaría preparado para afrontar la prueba que le pusiesen sus Maestros en la Torre, Daeron se embarcó en una expedición tileana con destino a Lustria, donde se supone que se encontraban reliquias pertenecientes a los Ancestrales. El viaje fue bastante bien, y una vez en tierra, los tileanos se adentraron en la jungla, buscando ruinas de los legendarios Hombres Lagarto que supuestamente habitaban esas tierras.

No tardaron mucho en descubrir que los reptilianos habitantes de Lustria eran más que meras leyendas. Los lagartos les ordenaron que depusieran las armas, pero los belicosos tileanos solo se fijaron el los adornos de oro portados por los lagartos. Abrieron fuego. La lucha fue corta y mortífera. Todos los exploradores que habían desenfundado sus armas fueron atravesados por extraños dardos antes de poder hacer daño a ningún lagarto. En medio de la masacre, solo se alzaba una figura, encapuchada bajo una túnica roja y asiendo un báculo. Daeron.

No viendo signo alguno de hostilidad en él, los lagartos le condujeron a su ciudad, sin siquiera quitarle sus armas. Daeron no había combatido simplemente porque era una causa perdida y sabía que si empuñaba un arma caería fulminado. Por eso le extrañó la amabilidad con la que le trataron sus captores, más parecida a como tratarían a un invitado que a un prisionero. Intrigado por la raza y por sus conocimientos y cultura, Daeron fu llevado a la presencia de su líder. Lo que más tarde sabría que se llamaba Slann. El Slann le recibió como recibirían en Ulthuan a un mandatario extranjero, y le invitó a quedar como invitado en su ciudad, teniendo acceso a toda la información y conocimientos existentes. Incluidos los de los Ancestrales. Daeron estaba maravillado. ¿Cómo podía saber ese ser que estaba investigando sobre ellos?. Conmocionado, Daeron aceptó la oferta. Pasó dos años en la ciudad, llegando hasta a entender a grandes rasgos que significaba el sibilante sonido de los eslizones, que utilizaban para comunicarse, investigando sobre los Ancestrales, y la perdida civilización de los Hombres Lagarto, hasta que un día reunió el valor suficiente para preguntarle al Señor Slann que por qué le retenía allí, por que le trataba tan bien y le ayudaba en todo lo que podía. El Slann simplemente dijo que esperase, que su llegada había sido prevista por las estrellas, pero que su momento de gloria aún estaba por llegar...

Justo un año después de ese día, Daeron fue llamado por el Cacique. El momento había llegado.

Unos minutos después, cuatro elfos ascendían por las escaleras de las Gran Pirámide.

Daeron se retiró antes de que le viesen y, asombrado y maravillado, observó como se desarrollaban los acontecimientos...
"Ninguno de vosotros lo entiende. Yo no estoy encerrado aquí­ con vosotros. Sois vosotros los que estáis encerrados aquí­ conmigo"

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