Tercera parte: La Misión

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William Tender
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Re: Tercera parte: La Misión

Mensaje por William Tender » 30 Ago 2009, 14:21

Anuviel Darkmane

Lo que faltaba. Un combate contra ratas andantes en el fondo de aquel oscuro y estrecho pozo, luego una huida desenfranda con humos venenosos siguiéndoles de cerca, y ahora, en mitad de una carrera a contrarreloj para llevar a un compañero a la ciudadela donde pudiesen tratar de salvarle, Tyrion y Daeron continuaban con su eterna lucha. Anuviel casi podía imaginarse la escena de arrancarles sus pérfidas lenguas y dárselas de comer a las bestias de la jungla en sacrificio a Kurnous. Pero había algo más importante de por medio. Había que trasladar a Aënor con toda la rapidez posible hasta la ciudadela, y el joven domador no tenía ni tiempo ni intención de mediar en aquella diatriba de niños malcriados. Anuviel redobló esfuerzos en ayudar a cargar con el compañero herido, y contestó a Daeron sobre la marcha, y sin volver la cabeza.
-Confío en que un mago de vuestro poder y conocimiento podrá librar sus propias batallas, yo tengo cosas más importantes en que ocupar mi atención.
Apretó el paso. Tenían que darse prisa. Tenían que lograrlo. No le importaba dejar atrás a aquel par de imbéciles si con ello salvaba la vida de un compañero más cabal. Un rayo de malicia cruzó por su mente, y añadió con una sonrisa amarga y cruel:
-Además... Dicen que en juego de amantes, sobran terceros.
Y siguió caminando.

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Weiss
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Re: Tercera parte: La Misión

Mensaje por Weiss » 30 Ago 2009, 17:21

Daeron Nénmacil

Daeron estaba pensando... Tyrion había decidido quedarse sentado en el suelo, y parecía que ningún argumento sería capaz de convencerle de que se moviese. Por lo menos ningún argumento que pudiese dar Daeron, pues sabía de sobra que el noble preferiría morir allí mismo que hacer caso al mago. Seguramente veía más honorable caer allí demostrando lo valiente y noble que era, que obedecer la órdenes del mago que llevaba pinchándole desde que le había conocido...

Por eso Daeron solicitó la ayuda del domador, que aunque pensaba que no era precisamente el mejor amigo del noble, igual conseguía hacerle entrar en razón... Sin embargo, la respuesta del tan Anúviel no fue la que Daeron esperaba. Siempre había visto al domador como alguien dócil y pacífico, y por eso le extrañaron tanto las palabras que pronunció... Se le veía airado, furioso, y la ironía de sus palabras no pasó desapercibida para Daeron. Con un último y ofensivo comentario, se fue hacia delante, dejando allí a Daeron y a Tyrion. La cara de sorpresa de Daeron era más que evidente...

Si, creo que seré capaz de arreglarme solo... Ah, sí. Tenga cuidado con las plantas carnívoras. No sea que una se lo coma...

Daeron no estaba seguro de si realmente podría arreglarse, pero hiciese lo que hiciese, tenía que ser rápido. Todos avanzaban ya, guiados por Tichi Hui y Kaizlat Tehe. La única opción que se le ocurría al mago era volver a dormir a Tyrion, pero llevarle arrastrando él solo por la selva era una idea que le atraía muy poco. Volvió a mirar al noble, que seguía sentado en el suelo, ofendido.

Tendrá su arma cuando yo quiera, y le desataré cuando me dé la gana. Ahora elija, o camina despierto, o le arrastro dormido.

Daeron estaba enfadado. Tenía unas ganas enormes de perder de vista a todos aquellos zoquetes...
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kurgan
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Re: Tercera parte: La Misión

Mensaje por kurgan » 31 Ago 2009, 09:47

Tyrion Audec

Normalmente, Tyrion prestaba tanta atención a las palabras del domador como... Buno, lo cierto es que no hacía caso en absoluto. Y esta vez tampoco fue una excepción, aunque aprovechó para pensar lo que iba a decir y, d paso, terminar de despertarse. El noble pateó al suelo, miró al joven alejarse y luego al sombrío herido. Quizás,. tan sólo quizás, eh, su actitud estuviese complicando las cosas para su compañero herido. Decidió ser magnánimo.

-De acuerdo. Desatadme y dadme mi espada y os daré mi palabra de que no intentaré nada contra vos ni contra los bichos. Hasta que lleguemos a la ciudad Por supuesto, si no intentáis atacarme antes, o me insultáis de nuevo, o, bueno, si así lo decido yo. Caso contrario, no voy a dar un solo paso. Ah, y no os estoy dando mi palabra ahora, sino que la daré cuando tenga mi espada en la mano.

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Weiss
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Re: Tercera parte: La Misión

Mensaje por Weiss » 21 Oct 2009, 15:14

Daeron Nénmacil

Finalmente, Daeron se había cansado del juego de Tyrion. Al principio había sido divertido. Era un rival digno, y no podía negar que la conversación de la noche pasada le había gustado. Una batalla dialéctica que hacía años que no tenía, alguien que intentaba herir con cada uno de sus ingeniosos comentarios, obligando a Daeron a estar a la altura. Había despertado la parte más ácida, irónica y, por qué no, divertida de Daeron. Había conseguido que partes de su cerebro que llevaban años dormidas volviesen a despertar. Le había hecho sentirse como en Ulthuan, rodeado de zopencos con apellido. Desgraciadamente, gente como aquella abundaba en la torre.

Aunque Daeron nunca lo admitiría, lo había pasado bien. Pero el juego se había acabado. Había llegado a un punto en el que sus duelos estaban perjudicando a todos, y había dejado de ser un combate psicológico para degenerar en un incordio continuo entre ellos. Pero era hora de que terminase. Para Daeron no fue fácil tomar la decisión. Aquel elfo no le caía bien, era algo obvio. No lloraría si pérdida ni se sentiría desolado. Aún así, le costaba no ser reticente a hacer lo que estaba a punto de hacer... Ni para alguien como Daeron era algo fácil abandonar a alguien a su suerte.

Como quiera, Lord Tyrion... Ha hecho su elección, así que se ha acabado el juego. No le desearé suerte, pero sí espero que tenga un final lo menos doloroso posible... Adiós.

Cogió la espada de Tyrion, aquella vieja arma tileana. La empuñó y la miró unos segundos. Luego la arrojó a unos metros, entre la vegetación.

Puede que os sea útil si conseguís liberaros. Aunque os aseguro que los nudos de Tichi Hui no son un asunto para tomarse a la ligera...

Después se dio la vuelta y marchó, intentando alcanzar al grupo.
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Re: Tercera parte: La Misión

Mensaje por Saratai » 06 Nov 2009, 19:22

Yvraerl Eisël

El vagabundo contempló la patética escena con preocupación. La locura no era una cualidad agradable de ser observada de cerca, pero cuando ésta pertenecía a un miembro de tu raza, a alguien con quien se ha compartido tanto, a un... ¿amigo?

Tyrion habia perdido la cabeza en la jungla, pero ¿quien estaba a salvo en tal infierno de sudor, plantas y ponzoñosos monstruos?

Debo de estar sudando mi juicio entre tanto calor si de verdad me planteo tal cosa... Que Isha guie mis pasos, pues mi razón ya no me pertenece más a mi...


Yvraerl se acercó al demente señor de la casa Audec, incando una rodilla en el suelo mientras agarraba el afilado acero en su delicada mano derecha y al asur con la izquierda. Con cuidado y suavidad, acercó la espada al noble caledorniano, posandola por un segundo en su cuello para alzarla después, todo para acabar descendiendo con un rápido y letal giro de muñeca hacia abajo en dirección a la desprotegida columna vertebral y... desatando sus ligaduras.

Ante la sorpresa de todos, el vagabundo ayudó al noble a quitarse las cuerdas, mientras se dirigia con tono lento y cansado al mago.

-Daeron, vuelve con el resto a la ciudad, pero déjame a mi a solas con Tyrion. No voy a dejarle sólo aqui, pero tú debes marchar ya con los eslizones, si no queremos que la victoria acabe en tragedia. Curad allí a los heridos, mientras yo espero con Audec. No os preocupeis, se guiarme en cualquier lugar si las estrellas se dignan a mostrarse en el ocaso.

Tras las palabras, Yvraerl quedó en silencio, mirando fijamente al hechicero. No consentiria un no por respuesta, pues lo que acababa de decir era no era una sugerencia, sino un mandato, por mucho que el arcano se considerara fuera de toda ley Asur. Durante un instante, se giró para comprobar la situación del noble.

No lo hago únicamente para que no mueras en la jungla... No me fio de que puedas cometer alguna locura si te dejamos solo a nuestras espaldas. No quiero ver a ningún compañero asesinado mientras descansamos de camino a la ciudad.

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