La Conspiración

Partida de Uranga ambientada en Diamanterra.
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La Conspiración

Mensaje por Uranga » 19 Oct 2008, 19:04

Realmente ninguno de vosotros sabe nada sobre la conspiración. Os hablaron sobre ella y con el tiempo os fuisteis interesando en la idea de ver depuesto al monarca de Obregon. Gracias a vuestros contactos ingresasteis en esta organizacion que aunque parezca mentira esta moviendo muchos hilos.

Anoche, recibisteis una carta:



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Última edición por Uranga el 20 Oct 2008, 20:12, editado 2 veces en total.
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Mensaje por Uranga » 19 Oct 2008, 19:05

No posteis aun, esto solo era para haceros entrar en calor.

PD: No me mateis, son mis primeros pinitos con el photoshop
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Mensaje por Uranga » 23 Oct 2008, 23:02

Parte I

El barrizal hizo que el carruaje tuviese que ir a marchas forzadas para llegar a tiempo, y cuando lo visteis notasteis el cansancio de los caballos en su mirada y en sus musculos que aun temblaban por el esfuerzo.La noche era fria y ni vuestros abrigos ayudan a entrar en calor. Uno a uno soys recogidos por un chofer que aunque ha sido muy cordial al saludaros no os ha dicho nada sobre a donde os dirigis. Cuando sale de la ciudad de Obregon, y llega a la primera encrucijada el carro se para en seco y el chofer baja de del carro. Sus botas le llegan hasta la rodilla y su cara juvenil denotaba algunas arrugas y unas cuantas canas sueltas.

-Señores, de aqui en adelante debereis de taparos el rostro con este pañuelo. Espero que lo podais entender.-Dicho esto el chofer os tapa el rostro con unos pañuelos negros y reanuda el viaje. Al parecer el camino esta lleno de baches y aunque estais algo desorientados os dais cuenta que ha girado a la izquierda, hacia el bosque.

Off: No tengo tiempo para continuar, asi que si mientras quereis escribir algo, adelante.
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Mensaje por Van Hoffman » 24 Oct 2008, 00:35

Don Nuño de Salazar y Olalde



"... Cuando suenen las campanas dando el aviso de medianoche, la diligencia partirá, con o sin vos.
Espero verle, y por favor no cenen, allí se les dará la cena.
Por favor, una vez hayan terminado de leer la carta, quemenla."


Al parecer, sus contactos en la corte habían dado sus frutos. Por fin iba a reunirse con aquella asociación de descontentos. Estaba muy nervioso.

- ¡López! -gritó Nuño. Enseguida, su fiel ayuda de cámara apareció en la habitación. Era un hombre mayor, con andares cansados, párpados caidos y una cabeza prácticamente calva. A pesar de su apariencia triste y cansada, era en quien más confiaba Nuño en la ciudad- Al fin me reuniré con la asociación. -Nuño se levantó del sillón donde estaba sentado- Será esta misma noche. Voy a lavarme. Preparame algo de ropa; quiero ir bien elegante. -mientras hablaba, Nuño se dirigía a la puerta de la habitación, pero se paró junto a la chimenea. Releyó un fragmento de la carta- Y no prepares nada de cena. -añadió, al tiempo que arrojaba el pergamino al fuego.

Dos horas después, Nuño estaba preparado para marchar. Aún le quedaba un buen rato para la media noche, y tenía los nervios a flor de piel. Se movia de un lado a otro de la sala, con la mirada perdida y las manos a la espalda. López lo observaba desde un rincón, sin hacer el más mínimo movimiento.

- ¿Quiere su merced que le traiga una copa de vino? -le preguntó de repente su ayuda de cámara.

- Si, gracias López. -le repondió, sin detenerse, Nuño. Tal cual se lo dijo, López desapareció por la puerta.

Al rato volvió a aparecer, con una copa llena de vino en la mano. Se la ofreció a Nuño, y éste la vació de un trago. El noble estaba cada vez más nervioso. Finalmente, se detuvo.

- No aguanto más. Me marcho ya. Si es menester, esperaré en el punto de reunión. -dijo al tiempo que descolgaba un abrigo del perchero. Se dirigió a la puerta principal, seguido por su ayuda. Justo antes de abrir la puerta, éste le detuvo.

- Señor; si me permite el atrevimiento... Le recomendaría que se llevase un arma. Tengo un mal presentimiento. -López le alcanzó una daga.

- Gracias otra vez López. No se que haría sin ti. -le contestó Nuño. Se guardó la daga en el abrigo y finalmente, se marchó.

Al cabo de unos veinte minutos, Nuño llegó al punto de reunión. Apenas hubo de esperar, pues el carruaje ya estaba allí. Reconoció las rosas negras y la copa de plata en seguida. Decidido, se acercó y en ese momento, sonaron las campanadas. Subió a la diligencia y en seguida se puso en marcha.

Perdió la noción del tiempo en aquel carruaje. No estaba solo, pues en la diligencia había otras personas que Nuño no reconoció. Finalmente, el carro se detuvo, y el cochero se les acercó. ¿¡Que se ocultase la cara!? ¿Pero qué se había creido? ¡Un Salazar jamás ocultaba su rostro! Pero Nuño hubo de tragarse el orgullo, todo fuera por poder ir a la reunión. El cochero volvió a su sitio y de nuevo, el carruaje se movió. Cada vez faltaba menos...
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Mensaje por Alexander d'Athayde » 24 Oct 2008, 18:10

Leonardo Ortega del Castillo

Leonardo caminaba intranquilo alrededor de la mesa en su pequeño cubil en aquella posada de mala muerte cerca de los muelles. En el centro de la mesa se ubicaba el objeto que causaba su preocupacion. Aquella nota habia aparecido clavada con una daga en la puerta de su habitacion la noche anterior.

Tal vez sus comentarios habian llegado a la "gente adecuada", como solia llamar a aquellos que comenzaban a mover los hilos de las revueltas. Ya no eran solamente unos plebeyos disfrazados de conspiradores con palos y rastrilos... Alguien debia andar detras de todo, pues la situacion era cada vez mas diferente. Tal vez lo reconocieron... y notaron en su pensamiento los ideales que llevaron a su padre a la tumba, que Myrmidia lo guarde. Leonardo era distinto a aquellos agitadores vulgares que instaban al levantamiento sin mas. Habia otras formas de buscar el cambio, y el estaba dispuesto a participar del mismo. Ya no era solo sed de venganza. La gente sufre con cada impuesto desmedido, con cada latigazo en la espalda de un campesino.

Cuando no aguanto mas la tension de la espera, Leonardo se dispuso a salir. Se puso su oscura capa y salio de su habitacion, no sin antes destruir aquel documento. Se dirigio a los trompicones hacia la puertas de la cuidad y en la oscuridad tras las murallas espero largo rato, acompañado por el inclemente frio y la helada llovizna. Pasado un tiempo cuya longitud le fue imposible medir por la impaciencia, un oscuro carruaje se dirijio a un claro cercano a su presencia y con un bufido de cansancio de las bestias de tiro, se detuvo.

- Ya era hora -Se dijo. Con un movimiento se acomodo el cinturon de cuero y sintio la seguridad que le brindaba su espada corta. Sin un momento mas de duda, avanzo y se adentro en el carruaje. Aguardo unos minutos hasta que otros individuos ingresaran. Tras el ascenso de un sujeto vestido de manera elegante, el coche partio.
El viaje era incomodo y el camino parecia estar en un miserrimo estado. Finalmente, se detuvo y el cochero los hizo bajar para colocarles un pañuelo en la cara. Aquello no le agrado, al igual que al elegante caballero, aunque reprimio la mueca de disgusto. No era momento para discusiones, pues ya estaba cerca la reunion. No le gustaba para nada quedar oculto, sin embargo, resignado, decidio continuar.
Mirá que me pongo el sombrero picudo y agarro la varita, eh?

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Mensaje por El_Bardo » 24 Oct 2008, 19:57

Toda la mañana rezando oraciones de gracia a la Santa Myrmidia, con el Hermano Esteban Buenavista, este año son pocos realmente los que quieren ser del credo de Myrmidia, aunque por lo menos no sufres la miserable vida de campesino, tal vez algun día pueda ser un gran General de los Caballeros del Sol Llameante pero mientras tanto soñar es gratis.

La broma del Hermano Esteban casi nos ha costado la expulsión del Templo de Myrmidia, no ha sido buena idea ponerle una cagada de rata en el banco de oración al Fraile Fernán, aunque sinceramente somos jovenes los dos asique es mejor hacer gamberradas de vez en cuando, realmente la vida de Iniciado, Fraile y futuros Aspirantes a Caballeros del Sol Llameante es aburrida, una parte de mí realmente quería la vida de campesino, aunque la otra desea esta nueva vida.

El Maestro Horacio nos ha castigado con el objetivo de llegar a 200 oraciones por la barbarie según él del Fraile Fernán, si cometemos algúna infracción más nos echan del Templo y no volveremos a pisarlo de por vida.

El Hermano Esteban miraba al guardia Estaliano, armado totalmente, de vez en cuando echaba una mirada a la Hermana Elisa con una sonrisa pícara.

Pasó toda la mañana, tenía las rodillas y los pies doloridos por estar arodillado y la voz un poco ronca de recitar las 200 oraciones, cuando entré en la habitación asignada me encontré una carta en la mesilla de noche, cojí la carta y quité el hilo con sumo cuidado, lo leí atentamente:

Bueno por lo menos tendré una cosa mejor que hacer que estar todo el rato dando oraciones, y así estaré una temporada sin ver a Esteban Buenavista, me lo merezco la verdad.

Cojí una pequeña daga por si acaso, me la escondí en la toga y me puse las sandalias, me lavé la cara, y salí de la habitación, crucé los pasillos y salí del Templo de Myrmidia, después me dirijí afuera de Diamanterra, una diligencia me esperaba.

Me subí a adentro no estaba solo y me presenté:

-Saludos caballeros me llamo Raúl Bernandéz, soy un Hermano de Myrmidia, he recibido una carta sobre esta diligencia afueras de las murallas, ¿ sabéis a donde van?.- Me siento en un hueco dentro del carruaje y espero respuesta.
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Mensaje por Uranga » 25 Oct 2008, 01:21

Mientras que ciegamente os saludabais y conociais vuestros nombres el carro paró de nuevo. El frio era terrible y el graznar de los cuervos hacia que os temblasen un poco mas las piernas.
-Señores, pueden bajar, hemos llegado.-El cochero os quita la cinta que tapaba vuestro rostro y al descender del carruaje tan solo veis arboles y arbustos. El hombre viste una chaqueta de cuero gastada y lleva un ojo de buey para alumbrar el camino.
-De ahora en adelante caminaremos hasta el punto de reunion, seguidme y no hagais ruido.- El camino estaba lleno de piedras y fango y vuestras botas se pusieron perdidas. Tras caminar un cuarto de hora el camino cambio radicalmente. Paso de ser un camino de cabras a una carretera pavimentada, y al final de ella se escondia una mansion, entre arboles mucho mas grandes que el edificio.

La mansion era grande y elegante, parecida a las casas de los nobles de Diamanterra y al parecer habia mucho ajetreo dentro pues se oian voces desde fuera.

- Hasta aqui puedo acompañaros. Me llamo Luciano, y ha sido un placer serviles, ahora son ustedes los que tienen que entrar a la mansion.
-Dicho esto, se da la vuelta y comienza a caminar hacia el carruaje.

La puerta de madera estaba reforzada y era muy ancha.Al tocar la puerta, el sonido retumbo por toda la zona y las voces se callaron, en un instante la puerta estaba abierta de par en par. Un hombre de apenas treinta años os aguardaba. Su ropa era cara y su capa de terciopelo, pero en su cara se veian los sufrimientos de un campesino.

-Buenas noches mis queridos huespedes. Bienvenidos a la casa de los Jimenez, si sois tan amables de seguirme os llevare hasta el comedor donde podreis conocer a los demas invitados.- Su andar era resuelto y lleno de gracia, y aunque no corria andaba muy rapido. La mansion tenia muy pocas decoraciones y unas cuantas lamparas y velas iluminaban el pasillo.

Al abrir el comedor visteis una mesa cuadrada donde media docena de personas estaban cenando una apetitosa cena cuyo olor hizo vuestras delicias.

-Sentaos e iremos presentandonos uno a uno
.-Dijo un hombre calvo y anciano cuyos ojos os miraron de forma penetrante.
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Mensaje por El_Bardo » 25 Oct 2008, 03:22

Mirando la cena que nos tiene preparada mi estomago emite unos pequeños ruidos, llevo toda la mañana sin comer, y ahora con los pies sucios, maldito fango, me he puesto sandalias nuevas recien compradas de Tilea y se me había olvidado las botas de viaje, seré estúpido.

Pienso esto mientras me siento en una silla libre y me presento ante los invitados:

-Buenas señores, con vuestro permiso me presentaré, me llamo Raúl Bernandéz soy un Hermano del sagrado templo de Myrmidia, vengo en su nombre para ésta reunión, y si no es mucha molestia por vuestra parte yo también quiero comida ya que estoy realmente hambriento.

Espero la respuesta de los invitados y mis compañeros del carruaje, mientras tanto me sirven una copa de vino y bebo pequeños sorbos para disimular...
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Mensaje por Alexander d'Athayde » 25 Oct 2008, 04:11

Leonardo Ortega del Castillo

Leonardo escuchó la presentacion del hermano Myrmidiano mientra trataba de acomodarse en un lugar lo mas discreto posible dentro de la habitacion. Los ojos de los presentes los escrutaban a el y a sus recien llegados compañeros de viaje. Finalmente el hermano culmino su breve presentacion, y varios ojos se posaron sobre el.

"Este es el momento por el que estabas esperando, mas vale lo aproveches... Ya ha quedado atras el tiempo de mantener cerrada la boca."

No sin cierta timidez el joven de cabellos rubios y oscura capota retiró la capucha de su rostro, y luego de un breve carraspeo dijo:
- Que Myrmidia los guarde, caballeros. Mi nombre es Leonardo Ortega del Castillo. Tal vez recuerden a mi padre asesinado hace unos años. Estoy aqui siguiendo su camino.- Una punzada de dolor lo atraveso al recordar el nefasto hecho y apretó fuertemente sus nudillos para aliviar la tensión.
-Muchas injusticias han ocurrido y no me sentaré de brazos cruzados a seguir siendo una víctima. Estoy aquí para actuar y poner fin a esta situación, y no espero menos de ustedes, caballeros.

Luego del corto pero incómodo silencio, Leonardo pensó que tal vez haya sido demasiado brusco. Su cara mostró un débil enrojecimiento. Maldijo para sus adentros su falta de modales.
- Con su permiso, caballeros-, dijo el joven procedió a sentarse. La comida olía demasiado bien pero repentinamente habia perdido el apetito.
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Mensaje por Van Hoffman » 25 Oct 2008, 13:49

Don Nuño de Salazar y Olalde

Tras un periodo de tiempo que Nuño no supo calcular, el carro paró de nuevo. El cochero les quitó los trapos que ocultaban sus rostros y Nuño volvió a ver el interior del carruaje. Cual fue su sorpresa cuando al poner un pie en el suelo, una gran cantidad de barro y mugre le ensució sus (hasta entonces) limpias botas. Maldijo para sus adentros, y mientras avanzaban en dirección a la mansión, se sujetó el abrigo para que éste no se le manchase. Se sintió humillado y engañado, a la vez que le pareció sumamente descortés por parte de su anfitrión, el hecho de que les hiciese, primero chapotear en el barro, y después seguir solos.

Finalmente, la puerta se abrió, y un hombre bien vestido les recibió. "Por lo menos tiene buen gusto" pensó Nuño. Antes de entrar en la mansión, se limpió todo lo que pudo la suela de las botas con una alfombrilla que había en la entrada, y siguió al que supuso sería el mayordomo. Llegaron a un amplio comedor, donde un grupo de gente cenaba ya. "Que poca educación" pensó Nuño.

Se sentó donde el mayordomo le indicó, junto a un hombre más mayor y más gordo que él que en ese momento, devoraba un pedazo de pollo. Escuchó atentamente las presentaciones de aquellos que le precedían mientras le servian una copa de vino. Finalmente, llegó su turno. Aquel iba a ser su momento de gloria. Muy pocos podían alardear de una posición tan importante y bien considerada como la suya. Nuño se levantó, e inflandose cual odre de agua, habló.

- Bien hallados, nobles señores. Algunas de vuesas mercedes ya me conocerán. Soy Nuño de Salazar y Olalde, embajador de Ávila, y representante de su majestad, el honorable Federico III de Girón. A pesar de que llevo aquí menos de un año, espero poder aportar tanto como pueda a esta honorable asociación. Y por supuesto, lo mismo espero de vuesas mercedes...
Última edición por Van Hoffman el 28 Oct 2008, 23:34, editado 1 vez en total.
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Mensaje por Weiss » 25 Oct 2008, 17:17

Carlos de Reikland

-Disección, padre, se dice disección-

Sin embargo, Markus Von Grosskopf seguía sin dar señales de entender qué significaba la palabra.

-Se llama así a cuando abrimos un muerto para verlo por dentro-


-Ah, ja, ja, ahorra entiendo. Nunca entenderré del todo la lengua de este paíso. En Reikland era más fácil hablarr... ¿Y a estas horras tan raras te llama Herr Lafarga?

-Si, padre, al parecer un paciente se ha muerto de un mal bastante atípico, por lo que la disección debe ser lo más pronta posible con el fin de conocer qué provocó la muerte.

-Muy bien Karl, coge tus cosas entonces, yo irré avisando de que ensillen tu caballo. No hagas mucho ruido para no desperrtar a tu madrre. Cuídate hijo. Auf wiedersehen.

-Lo haré, padre, volveré mañana, porque tiene toda la pinta de ir a ser una ardua tarea...


Saliendo del salón donde su padre pasaba las horas sentado, Carlos pensó que su excusa había resultado convincente. Le había explicado que tenía que ir a hacer una disección urgente a la universidad, por lo que pasaría la noche fuera de casa. El motivo real de su ausencia distaba mucho de eso...

Sin embargo, debía darse prisa. La ineptitud de su padre para entender el estaliano era ya legendaria en la Corte de Diamanterra. Su padre provenía de El Imperio, de la familia Von Grosskopf de Reikland, y, de hecho, el propio Carlos había nacido allí, ganándose el apodo de "Carlos de Reikland". Aunque para su padre siempre sería Karl...

Carlos subió a su dormitorio y se vistió de forma elegante pero discreta. Un traje negro y dorado y un abrigo de terciopelo negro. Asismismo, guardó un escalpelo en el bolso antes de partir. Era discreto y letal, Y nunca estaba de más prevenir...

La tarde anterior, estando en la Universidad, Carlos habría abierto su tratado de Anatomía y había encontrado una nota dentro. Por fin. Que le mandasen esa carta, era la señal de que los Hombres Libres por fin habían destacado lo bastante como para entrar en la más secreta de la organizaciones de Diamanterra. O por lo menos, eso creía Carlos...

La lucha de su grupo contra la tiranía teocéntrica era ya conocida, sus intentos por imponer el Reinado de la Razón, pero sin embargo, sus resultados habían sido más bien poco satisfactorios... Ni siquiera su líder, el conocido Fernán Álvarez de Jovellanos, había conseguido que el Rey aplicase su Estudio sobre la agricultura, aún tratándose del mayor erudito de la ciudad. Pero ahora todo cambiaría...

Carlos iba ensimismado en estos pensamientos, cuando oyó un sonido que le heló la sangre. Las campanas.

"Cuando suenen las campanas dando el aviso de medianoche, la diligencia partirá, con o sin vos"

Maldita la hora en la que se le ocurrió explicar a su padre qué era una disección. Corriendo, Carlos se dirigió al patio, donde su negro corcel estaba ya ensillado. Montó en él y partió al galope por las calles de Diamanterra. Cruzó a toda velocidad las desiertas calles de la ciudad, hasta llegar a la puerta. Para no encontrar nada...

Había perdido la oportunidad de su vida.

Sin embargo, las la decepción inicial, escuchó algo a lo lejos.

Cascos de varios caballos.

Siguiendo el sonido de los cascos, partió en esa dirección. Tras un rato, vio una diligencia a lo lejos. Aunque intentó alcanzarla, fue en vano. Hasta cuando la diligencia paró unos instantes, no dejó de ser una mancha borrosa en el horizonte. Nunca había visto unos caballos tan rápidos. Tras lo que a Carlos le pareció la cabalgata más larga de su vida, vio la diligencia parada, y un camino que continuaba. Siguiendo el sendero, Carlos se encontró ante una imponente mansión.

No había nadie fuera, por lo que único que podía hacer era llamar a la puerta, y esperar...
Última edición por Weiss el 29 Oct 2008, 00:42, editado 3 veces en total.
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Mensaje por Uranga » 26 Oct 2008, 15:33

Mientras os sentabais en la mesa y os servian la comida, y justo cuando uno de los presentes iba a presentarse sono de nuevo la puerta. Luciano salio de la habitacion a recibir al nuevo invitado. Llego sudando y al parecer habia estado siguiendo el carruaje hasta aqui habiendo recibido la carta de invitacion a esta reunion. Se presento como Carlos de Reikland, galeno de profesion y se sento en la ultima silla vacia que quedaba.
Aunque Luciano hacia el trabajo de mayordomo pronto os disteis cuenta que el era el dueño de esta mansion a las afueras de Obregon. El hombre que antes iba a presentar se levanto, era corpulento, rondaba los cuarenta años y su frondosa barba hacia recordar a uno a esos osos de las montañas.

-Compañeros, mi nombre es Lope de Haro, y al igual que todos anhelo cambios, seguramente cada uno de nosotros tendra un sueño diferente al de los demas y seria imposible ponerse de acuerdo en lo que se deberia de hacer una vez la monarquia haya caido. Soy el representante de esta organizacion que os ha llamado a todos vosotros y le tengo que dar las gracias a Luciano por prestarnos su hogar como lugar para la reunion.-Dicho esto hace un gesto de agradecimiento a Luciano y este, sonrie.-Esta organizacion tiene sus propios planes para crear un nuevo sistema igualitario en estas tierras pero ese no sera nuestro cometido. Nosotros seremos los que a golpe de espada derrumbaremos esta monarquia y a esta nobleza corrupta que viven de las desgracias de los campesinos. Pero antes de nada, presentaros todos los demas, y no tengais miedo de decir vuestros nombres, porque todos los hombres que aqui nos encontramos somos hombres de palabra y honor ante todo.

-Mi nombre es Enrique Teodor, escultos y profesor de arte en la Universidad de Obregon.
-Era un hombre alto y esbelto de rasgos muy perfilados y con un pelo rizado que casi le llegaba hasta los hombros.

Cuando Enrique termino se levantaros dos hombres, identicos, de ojos verdes y con un pelo castaño que al parecer habia sido cuidado con mucho esmero. Los dos hombres vestian una cota de mallas con adornos de alguna casa de la nobleza. El unico rasgo que hacia diferenciarlos era el bigote de uno de ellos. Rondaban los veinte años y tenian una forma fisica esplendida.

-Nosotros somos Rodrigo y Javier Velasco, hidalgos y hombres de honor haya donde los encuentre. -El que habla es el hombre del bigote y es este el que se llama Javier.-Es un placer estar hoy compartiendo mesa con gente como vuestras mercedes.-dijo Rodrigo antes de sentarse.

Los Velasco se sentaron y un hombre entrado en años se aclaro la garganta tras dejar la pipa que sostenia a un lado. Sin levantarse de la mesa miro a todos los presentes.-Mi familia lleva un siglo sirviendo fielmente al rey de Diamanterra, pero ahora sere yo, Augusto de Triama, quien manche nuestro apellido para siempre. El unico hombre que faltaba por presentarse era Luciano.

-Como sabeis, soy el propietario de esta mansion, pero basta de hablar, y comer algo antes de que todo se enfrie!
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Mensaje por El_Bardo » 27 Oct 2008, 12:36

Raúl Bernandéz

Tras oír las presentaciones de la reunión dejo la copa de vino en la mesa, me aclaro la voz y formulo mi duda:

-¿Cúando comenzará está dicha reunión Señor Luciano?, ya qué tengo una visita importante por La Orden de los Caballeros del Sol Llameante en Bilbali no es por meter prisa, pero no me enseñaron en el templo de Myrmidia a aguantar la paciencia, aunque sea un Hermano de mi credo.- Mi voz sonaba firme, cómo si mi aparenta edad no tenía nada que ver, haber si Isolda estará aún en Bilbali, ya que últimamente no la ví desde Altdorf.
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Mensaje por Weiss » 27 Oct 2008, 17:29

Carlos de Reikland

Molesto tanto por el cansancio de la cabalgata como por la repentina e inútil aportación de aquel intento de sacerdote, Carlos se puso en pie y tomó la palabra.

Primero, dirigiéndose a Raúl Bernández, dijo:

-Sin ánimo de ofender, no es culpa mía ni de estos ilustres caballeros, que en el Templo de Myrmidia no te hayan enseñado que es la paciencia, así que harías mejor en cerrar la boca y dejarnos discutir cosas realmente importantes, mucho más que estúpidas reuniones en Bilbali-

Ya más calmado, habló para el resto de los presentes:

-Mis disculpas compañeros, pero ciertas incidencias no me permitieron llegar a la diligencia. Siento cualquier perjuicio que haya podido causar. Por otro lado,es totalmente cierto que cada uno tendremos nuestro modelo ideal de cómo debería funcionar esto una vez hayamos derrocado a la sangrante monarquía, pero aún así, debemos estar todos unidos si queremos alcanzar nuestros fines -dijo mirando a cada uno de los presentes- en mí nombre, y creo que en el de todos los Hombres Libres, puedo decir que ayudaré a la causa en todo lo que me sea posible, tanto en el terreno de los conocimientos que pueda aportar como de contactos o ayuda económica. Deseando que esto sea el principio de una provechosa relación para todos, propongo un brindis.

Levantándose, Carlos exclamó:

-POR LA CASA REAL-

Y ante el sopresa de los presentes acabó:

-Y PORQUE MORR LOS TENGA EN SU GLORIA LO MÁS PRONTO POSIBLE-
Última edición por Weiss el 29 Oct 2008, 00:36, editado 1 vez en total.
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Mensaje por Van Hoffman » 28 Oct 2008, 23:33

Don Nuño de Salazar y Olalde

- ¡Y que sea pronto! -añadió Nuño al brindis. Bebió de un trago la copa de vino y la dejó de nuevo sobre la mesa. Se levantó, lentamente. Cuando estuvo de pie, se aclaró la voz carraspeando. "Hazte de rogar Nuño." le dijo una vez su padre "Que se den cuenta de que eres alguien importante." Tras un breve instante que a mas de uno seguro le pareció eterno, habló de nuevo.

- ¿Acaso creen sus mercedes que es importante qué piense cada uno de qué sería lo mejor en estos momentos? ¿No es menester preocuparnos por lo que verdaderamente nos atañe? Caballeros; todos estamos aquí por una razón de peso. Dicha razón es hacer caer a una pecaminosa monarquía llena de corrupción, abusos y decadencia. ¡Y a Verena pongo por testigo que haré cuanto esté en mi mano por que se haga justicia! -Nuño acabó el juramento con un golpe de puño en la mesa. "Demuestrales quién es el que manda. Demuestrales que hablas con la seguridad de un verdugo antes de ajusticiar al condenado. No te muestres debil. Las cortes de todas las ciudades estan llenas de perros de presa, a la espera de algún debil cortesano al que poder atacar. Se el perro de presa Nuño." Las lecciones de su difunto padre, que en paz descansara, resonaban en sus oídos. Era el momento de ser el perro de presa. Debía ganarse a los necios con los que en aquella reunion se encontraba, y estaba seguro de que lo conseguiría. "Primero, ganate su confianza. Que crean que eres de fiar. Solo entonces has de lanzarte sobre ellos, sin remordimiento alguno."

Tras su discurso, Nuño volvió a sentarse.
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Van Hoffman, pastor de garrapatos por gloria y gracia de Igarol

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Sacar a pasear al garrapato, limpiar caca de garrapato, cepillar al garrapato, limpiarle las muelas por dentro al garrapato...

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