Maestro de nada

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Mensaje por Van Hoffman » 29 Mar 2010, 23:14

Tarde-noche del 29 de Sommerzeit del 2521 CI, Aubentag, Mesón "El Gallo Rojo"

En la bulliciosa taberna, una de las mejores y más famosas de Guilderveld, no cabía un alfiler más, aunque aún era pronto para que el local se llenase. Los reservados semi-privados y las mesas estaban todas casi por completo ocuadas de mercaderes y gente de buen vivir. Allí se cerraban tratos, se hablaba de negocios, se discutía sobre las últimas novedades, se llegaba a acuerdos y en general, se hacía vida. No era una de esas tascas de mala muerte del Suiddock, sino un local respetable, sin altercados (la mayoría de las veces) y en el que la gente solía respetar la intimidad de los demás.

Gustav Hiller, vividor local, estaba sentado en un rincón de la barra, disfrutando de una fría cerveza y una buena comida (ambas famosas por su calidad), cuando un hombre se sentó en el taburete de su izquierda.

- Menuda tarde eh, no cabe nadie más.

El hombre le dedicó una sonrisa cortés. Se trataba de un individuo de baja estatura y elegante vestido. Tampoco se podía decir que pasase hambre, dado que sobre el pantalón asomaba una rechoncha barriga. Su cara era redonda y transmitía afabilidad. Un elegante bigote y una perilla de chivo le daban un aspecto más interesante.

- Me llamo Ludwig Prost, y soy un comerciante imperial de Talabheim. No es la primera vez que vengo, por supuesto, pero estoy contento de volver. Es una ciudad magnífica, con sal en el aliento y oro en las venas. Me llena de vitalidad.

Prost se quedó mirando a Gustav. Obviamente, esperaba un poco de conversación distendida.


FDI: Adelante con tu pj, Saratai ;)
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Re: Maestro de nada

Mensaje por Saratai » 31 Mar 2010, 16:40

Gustav Hiller

El joven rubicundo marienburgués entró en la taberna, uno de sus preferidos mesones para rellenar el estómago. Su padre le habia dado algo de dinero aquella semana, para que comprara libros y pagase a su maestro de dicción lingüistica. Gustav era bueno con los idiomas, y su padre queria que el se encargara de la compra y venta de tierras en el extranjero. Él, en cambio, preferia quedarse en las oficinas de su progenitor, y que fueran los extranjeros los que le visitaran a él. Una buena esposa y un sueldo alto eran todas las expectativas del muchacho. Y por supuesto, mantener las viejas amistades que siempre le habian acompañado en su ciudad, de la cual estaba más que orgulloso. Se sentiria solo y desamparado sin todo aquello.

Mmmm, ¡estas salchichas están de muerte!


-Perdona, ¿que le echas a la carne?- cuestionó el joven al cocinero, cuando pasó a recoger unos bártulos en la barra. Tras recibir como respuesta una negativa a dar las recetas y unas gracias por el cumplido, Gustav continuó disfrutando del aroma del mesón, saludando a algún conocido esporádico y pasando la tarde sin más.

Fue en ese proceso cuando vió a un rechoncho hombrecillo sentarse a su lado, el cual inició una conversación.

-Menuda tarde eh, no cabe nadie más.

-Y con razón, esta es de las mejores tabernas del barrio, sino la mejor. Y te lo dice un experto gastronómico que las ha visitado casi todas.


Los dos hombres sonrieron amablemente, y Gustav estuvo feliz de conocer a un tipo tan extrovertido. Eran precisamente esas cosas lo que más le unian a la ciudad, y lo que le hacia reticente a marcharse.

-Me llamo Ludwig Prost, y soy un comerciante imperial de Talabheim. No es la primera vez que vengo, por supuesto, pero estoy contento de volver. Es una ciudad magnífica, con sal en el aliento y oro en las venas. Me llena de vitalidad.

Gustav rió con ganas, si algo le gustaba es que hablaran bien de su amada ciudad.

-Es un placer, herr Prost- contestó Gustav mientras le estrechaba la mano al comerciante. Gustav miró sus ropas, y las comparó con las de su interlocutor. La moda marienburguesa estaba por encima, tanto en colores como en diseño, a la de las centrales provincias imperiales, pero el comerciante llevaba una buena combinación. Para el rubio muchacho, un hombre con gusto por la moda era un hombre culto y digno de interés.

-Magnifica por su habitantes, de entre los cuales puedes encontrar desde el más noble de los señores hasta el más vil de los criminales, en un todo armonioso que a más de un imperial ha desconcertado. Pero mucho me temo que es usted un hombre de soberbio paladar para apreciar tales sutiles diferencias sin alarmarse lo más minimo, y alzo mi jarra por ello. De todos modos, mi opinión es en el mejor de los casos, subjetiva para con ella, puesto que amo desde el más bajo de los puertos hasta el más hermoso de sus blancos palacios.

Gustav pidió otro plato para Prost, la especialidad de la casa. Cuando el comerciante hizo ademán de pagar, Gustav le paró. -Por favor, es usted huesped en mi ciudad, y que horrible anfitrión seria yo si le dejara gastar sus bienes en mi casa. A todo esto, soy un maleducado, aun no me he presentado. Me llamo Gustav Hillem, hombre de ciencias pero de limitada cultura. Nunca he salido de esta gran urbe, y me duele no poder alabar las grandes cualidades talabeclandesas por mi gran desconocimiento de ella por lo que ruego disculpe mi ignorancia. Seria un honor si vuestra merced me contará algo de su hogar mientras disfruta de este plato especiado que le garantizo, no le defraudará.

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Re: Maestro de nada

Mensaje por Van Hoffman » 04 Abr 2010, 15:56

Prost parecía encantado con el trato que recibió del joven marienburgués. El risueño talabeclandés agradeció sobremanera que le invitase a esa ronda, y durante un buen rato, hablaron de Talabheim, de cómo eran la ciudad y sus gentes. Prost también le contó que había llegado hacía muy poco a Marienburgo para negociar ciertos acuerdos de comercio fluvial con la familia de mercaderes De Cameron, una antigua casa que hacía un siglo había sido muy poderosa y que tenía representantes en todo el Viejo Mundo. Pero pasada casi media hora desde que se conocieron, la conversación se volvió interesante.

- ...y esta tarde, cuando llegué por el Reik, mientras mi barco se aproximaba al muelle, colisionó con otra embarcación, así que con el golpe, el maletín en el que llevaba los documentos cayó por la borda al río. No sé nadar, y para cuando logré llamar la atención de alguien ya no se veía por ningún lado. Maldita eventualidad, allí tenía todas las cartas de presentación y demás.

Entonces, cambió de tema y le preguntó a Gustav sobre la actualidad cultural de la ciudad. Obras que se representaban en los teatros, últimas noticias del Gobierno, y finalmente, derivó hablando del tiempo. Tras unos minutos, Prost volvió a hablar de su maletín.

- Con respecto a la maleta que he perdido -dijo pensativo-, resulta que es hermética, así que habrá flotado río abajo y probablemente habrá ido a parar a la orilla este, más allá de la ciudad. Y esos documentos me son indispensables. Si pudiera encontrarla le recompensaría generosamente, pero no parece persona que necesite unos cuantos peniques. Tal vez pueda ofrecerle algo más interesante: por ejemplo, presentarle a algunas personalidades bastante influyentes en la ciudad. Como un favor. Si encontrase el maletín, traigamelo, me alojaré aquí o en la Casa de los De Cameron en Goudberg.

Prost miró a Gustav con expresión suplicante mientras esperaba una respuesta.
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Re: Maestro de nada

Mensaje por Saratai » 05 Abr 2010, 00:24

Gustav Hiller

El joven marienburgués escuchó con atención a lo que el mercader le comentaba, tras charlar animadamente un buen rato:

-Con respecto a la maleta que he perdido -dijo pensativo-, resulta que es hermética, así que habrá flotado río abajo y probablemente habrá ido a parar a la orilla este, más allá de la ciudad. Y esos documentos me son indispensables. Si pudiera encontrarla le recompensaría generosamente, pero no parece persona que necesite unos cuantos peniques. Tal vez pueda ofrecerle algo más interesante: por ejemplo, presentarle a algunas personalidades bastante influyentes en la ciudad. Como un favor. Si encontrase el maletín, traigamelo, me alojaré aquí o en la Casa de los De Cameron en Goudberg.

Por el interés te quiero, Andrés. Esta bueno si cree que me voy a meter al río a buscar su maletín.

Gustav se rascó la barbilla, para acabar respondiendo tan gentilmente como su estricta madre le habia enseñado desde niño:

-Mi buen amigo, nada me gustaria más que poder ayudarte en este problema, pero dificil lo veo. Ni siquiera se nadar bien, y buscar un maletín en esa parte del río será como buscar una aguja en un pajar.

Gustav vió en la cara de su interlocutor un sentimiento de decepción, que le rompió su sensible corazón, por lo que no pudo dejarle así.

-En fin, no quiero que te hagas esperanzas, pero me moveré a ver si puedo encontrar a alguien capaz de hacerlo por mí, y te ahorrare la tarea de buscar a alguien de confianza, ¿te parece bien?

FDI: ¿Conozco a alguien capaz de hacer una tarea de esa envergadura?

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Re: Maestro de nada

Mensaje por Van Hoffman » 06 Abr 2010, 12:10

La sonrisa de Prost se conviertió en una expresión de tristeza cuando Gustav respondió. El mercader había esperado encontrar en el joven marienburgués a alguien que le ayudase, pero éste no parecía muy por la labor.

- Vaya... eso no me lo esperaba... En fin, tampoco quiero molestarte ni obligarte por compromiso a que busques a alguien para buscar el maletín. Eso puedo hacerlo yo. Pero me entristece que rechaces la influencia que te prometí. ¿En serio que ni siquiera lo intentarías? Solo es ir a la costa y buscar por la orilla cuando baje la marea... Iria yo, pero mis negocios no me dejan tiempo libre... -Prost habla con un tono casi de desesperación, y te mira con lástima y con ojos suplicantes.


FDI: Prost saca un 44 en Carisma, superando su tirada y tú un 65 en Voluntad. El hombre te da penilla y al fin y al cabo, tiene razón. Además, siempre puedes ir, mirar un poco por encima, y luego marcharte sin ensuciarte las botas siquiera. No es peligroso.
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Re: Maestro de nada

Mensaje por Saratai » 06 Abr 2010, 18:53

Gustav Hiller

Si tus negocios no te dan tiempo libre, no se que haces en una taberna... Tanto interés no me cuadra...


Sin embargo, Gustav era del tipo de persona que si, le rogaban, no podia decir que no. Todo era cuestión de modales y educación, y no seria de buen sigmarita dejar a su suerte a aquel desesperado comerciante.

-Bueeeeeeno, está bien- suspiró Gustav. -Supongo que no pierdo nada por hechar un vistazo, y si lo veo, agarrarlo y traertelo. Mañana por la mañana habrá más visibilidad, iré a esa parte del rio y lo buscare por ti.

Espero que esto no sea algún tipo de treta para meterme en un lio...


Gustav se levantó, con la mala sensación de haber adquirido una responsabilidad innecesaria para con aquel hombre.

-No te prometo nada, porque lo más seguro es que no lo vea. Pero si lo viera, vendré a traertelo mañana por la tarde a la taberna, a eso de la puesta del sol. Que los negocios te vayan bien, Prost.

Tras ésto, Gustav se despidió amablemente del mercader, para dejar la taberna y dirigirse a casa.

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