Acto I: Tierra y Fuego

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Weiss
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Acto I: Tierra y Fuego

Mensaje por Weiss » 10 Mar 2009, 18:54

Había llegado la hora.

Las campanas de la enorme mole que era la Catedral de Sigmar repicaban, llamando a los fieles a la misa del mediodía. La plaza estaba abarrotada de gente que llegaba desde todas las calles que daban a ella, una marea de fieles ansiosos por acudir al acto religioso. Personas de todas las clases mezcladas ante las escalinatas del majestuoso edificio, donde con una sola mirada se podían abarcar desde acomodados bugueses, paupérrimos mendigos, codiciosos mercenarios, trabajadores artesanos, orgullosos Reiksguards o rudos soldados.

Aunque el culto de Sigmar no estaba pasando por su mejor momento, aún era muy fuerte en Altdorf, y mucha gente se volcaba en la religión para aliviar su sufrimiento. Gente de toda condición se agolpaban en las naves de la Catedral para escuchar las esperanzadoras palabras de los Sacerdotes, que aseguraban que los puros serían premiados, y que toda la situación actual era sólo una prueba, en la que Sigmar verificaría quiénes eran realmente sus leales seguidores. Muchos encontraban consuelo en estas palabras, y eran lo único que les daba fuerzas para vivir un día más, la idea de que las cosas mejorarían algún día, y sus vidas volverían a ser dichosas...

Lamentablemente, la situación no solía ser así, y mucha gente moría de hambre, por la enfermedad, o acababan viviendo en la miseria más absoluta, mientras los ricos, con sus ejércitos de Mercenarios para protegerles, dominaban el Imperio a sus anchas. Y por si la realidad no fuese lo suficientemente triste, cada vez se adentraban más en el Invierno, los campos se helarían, no habría formar de obtener cosechas y como las del verano no habían sido demasdiado buenas, los precios del trigo subirían aún más...

Hace falta un cambio... ¿Pero cómo?, ¿Quién es capaz de arreglar todo esto?.

Éstos eran los ponsamientos del Padre Liszt, de pie en lo alto de las escalinatas. La gente pasaba a su lado, muchos ignorándole, otros agachando la cabeza en señal de respeto y susurrando "Padre". Liszt sentía una enorme lástima por las gentes de Altdorf... Cuando había dejado Averheim, la situación allí era mala, pero la que ahora sufría Altdorf no tenían nada que envidiar a la de aquel frío Invierno de 2521.

La gente seguía llenando la Catedral, y la plaza se empezaba a despejar. Desde lo alto de las escalinatas, Liszt esperaba la llegada de los que habían sido llamados la noche anterior. Ninguno de ellos se imaginaba lo que iba a encontrar... Paciente, el Sacerdote averlandés aguardaba.
"Ninguno de vosotros lo entiende. Yo no estoy encerrado aquí­ con vosotros. Sois vosotros los que estáis encerrados aquí­ conmigo"

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Eldril
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Mensaje por Eldril » 19 Mar 2009, 21:46

Eckhardt Abnett

Aquí sólo huele a desesperación y miedo... hay tanta gente aterrada. Todos persigen cualquier oportunidad para seguir adelante en estos tiempos de muerte. Sus ideales no les salvaran, pues su camino esta marcado y sentenciado!

Me dirijo con paso funébre a las escaleras de la catedral, la puntualidad me caracteriza pues con la penúltima campanada llego al pie de la escalera. Aún no siendo viejo, utilizo la guadaña como suporte, pues mi vitalidad es mínima y las energias escasean. La capa púrpura oscura ondula con vientos que no soplan y alrededor mío el tiempo se relativiza. No hay prisas, pues a todo le llega su momento. Miró a la cara del sacerdote, y con la sonrisa que el destino le puede ofrecer le digo justo despúes de la última campanada:

-Ya és la hora...
"Un hueso roto por cada rama rota con una pisada"

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portela
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Mensaje por portela » 19 Mar 2009, 22:03

Felix

Felix avanzaba hasta lo alto de la escalinata donde encuentra a dos hombres uno parece un monje y el otro esta algo cansado por lo que supone que acaba de llegar.

En que me necesitais

Parco en palabras y con esas palabras como saludo se apoyya en una pared a la espera de instrucciones
mejor morir en un campo de batalla empuñando una espada y junto a tus camaradas, que en la cama de viejo sin poder vivir mas que de la piedad se tus descendientes

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Mensaje por Alexander d'Athayde » 19 Mar 2009, 22:35

Kurt Vinyaard

El ceniciento día parecía reflejarse en los rostros de los hombres que se dirijían, como èl, a la Catedral. Caminaba con paso sereno y seguro, silencioso como un zorro, siempre alerta. "Son tiempos duros", pensó. Su experiencia le había enseñado a permanecer atento en todo momento, mas ahora, en estos oscuros días. Se detuvo contemplando la Catedral, cerca de los inmensos pilares de piedra que ser erigían, mientras aspiraba las últimas bocanadas de su pipa. Las campanas comenzaron a sonar estruendosamente, y una multitud de aves levantó vuelo desde las inmensas torras y las pétreas gárgolas que las coronaban.

"Ya es tiempo"
, se dijo, y entró con su sombrero en la mano a la Catedral, dirigíendose a las escalerillas. Poco había podido sacar en limpio de las palabras de aquel monje, sinceramente, no sabía en que asunto del Gran Teogonista había terminado involucrándose. Todavía guardaba algo de recelo por su "milagrosa" reaparición, pero, de todos modos, la repulsión que él sentía por Johannes Esmer era aún mayor...

Había intuído que no era el único convocado, pero igualmente se sorprendió de ver a un mago amatista allí. Se dirigió al pensativo clérigo que se encontraba allí, y con una muy leve reverencia dijo:

-Mis saludos, hombre santo. Heme aquí.

Dicho esto, extendió hacia él la carta sellada que le había sido entregada la noche anterior.
Mirá que me pongo el sombrero picudo y agarro la varita, eh?

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Nimref
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Mensaje por Nimref » 19 Mar 2009, 23:24

Gunther Speinther

Algo humedo hizo que se despertara. Alzo la cabeza algo amodorrado, intentando descubrir porque todo estaba tan mojado

Jodidas goteras... Finalmente acabo por no ver ninguna gotera, y ,al tiempo que se recostaba de nuevo y descubria que su propia saliva al contacto con la mejilla lo despejaba, vio de nuevo la carta que el dia anterior Por que fue ayer, ¿no? le habian entregado.

Se desesperezo un poco mientras se limpiaba la baba con la manga y cogia el sobre con la diestra.

Joder, el viejo Volkmar... esto tiene que ser o muy entretenido o una puta mierda...

Cuando finalmente habrio el sobre y vio que tenia que llegar a su cita "hace" diez minutos, cogio su chaleco con tranquilidad, sus instrumentos de cirujano y su espada y marcho hacia su punto de encuentro.

Nada mas salir a la calle vio a un pobre mendigo tumbado en la calle, con una reciente herida en la pierna colocada sobre lo que parecian hongos recien salidos en la pared Que hideputa, ni siquiera sabe que asi no conseguira nada bueno... bueno, la ignorancia mata...

Siguio paseando por la calle mirando de vez en cuando el reloj de la catedral, en lo alto. Cuando ya hubo dado varias vueltas a la plaza (la cual sea halla frente a la catedral) decidio que ya sabia que el grupo en el que un sacerdote sigmarita lo miraba irritado continuamente era el grupo al que tenia que ir.

Bueno, esperar nunca es malo... del todo... o eso creo

Comenzo a subir las escaleras despacio, encargandose de que todos los miembros del grupo lo miraran y estudiandolos uno a uno.

O bien me he metido en un lio impresionante... o alguien importante se ha metido en un lio impresionante...

Se meso su perilla "de chivo" mientras seguia subiendo, calibrando las posibilidades, opto por disimular.

Buenos días muchachos... aunque no me gusta que llueva -se quedo esperando a que alguno captara el chiste.

Ninguno, vaya...

Esto... soy Gunther Speinther. Herr Speinther para los no amigos. -dijo mientras observaba al grupo

Herr Speinther para ustedes, segun parece...

De pronto algo le sobresalto, ¡el sacerdote tenia una de las cartas! ¿Deberia haber llevado al suya? Empezo a palparse el chaleco en busca de su carta, y triunfal saco un papel arrugado, mientras sonreia mirando al sacerdote.

Ya sabe, se me traspapela todo y... -de pronto callo, al ver que se trataba de un recorte de la gaceta reiklandesa donde se criticaba abiertamente al culto sigmarita Tal vez en otro momento...

Volvio a buscar y saco el otro papel, mas arrugado si cabe.

Aqui esta mi... ¿pasaporte? :? ¿Quiere que le traiga tambien el sobre? 8)
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Van Hoffman
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Mensaje por Van Hoffman » 23 Mar 2009, 12:21

Una pequeña figura encapuchada subía corriendo la escalinata de la Catedral de Sigmar. Iba vestida con una túnica larga de color negro sin ninguna filigrana ni decoración y una capa negra con capucha que se sostenía mediante un broche de plata con la forma de un corazón atravesado por una espada. De su cinto pendían una daga y una espada con la rosa de Morr en el pomo y dos cabezas de búho en la guarda. De una cadena en el cuello colgaba un cuervo de plata, única decoración de su vestimenta.



La Catedral de Sigmar. Nunca pensó que volvería a pisar sus sagradas escalinatas. Hacía ya tanto tiempo, que ni la recordaba. Era sin duda impresionante, casi tanto como la Catedral de Morr en Luccini, que había visto un par de años atrás. Llegaba tarde, muy tarde. Con paso rápido iba subiendo las escaleras de dos en dos. Arriba, vio varias figuras, seguramente, esperándola. Allí estaba el sacerdote de anoche. Y es que todo había pasado tan deprisa...



Hacía unas horas que había llegado a Altdorf desde las Montañas Grises. Había ido al viejo edificio donde habían alquilado un pequeño piso tres años atrás. Vivieron allí durante un año, y aunque lo alquilaron para cinco, de poco les serviría ahora. Tenía intención de vender todo lo que pudiera que hubiese sido suyo y donar el dinero a la iglesia de Morr. Apenas se había puesto a ordenar las cosas, cuando picaron a la puerta. Era un sacerdote de Sigmar con un marcado acento averlandés.

- Saludos. Estoy buscando a Miller Cazavampiros.

El corazón se le partió. Fue como si le clavasen mil agujas en el pecho. A punto estuvo de desplomarse y caer al suelo a merced de sus recuerdos. Pero fue fuerte, y evitó esos sentimientos. Inevitable, sin embargo, fue la lágrima que recorrió su rostro.

- Franz Miller... murió hace una semana...

Y de nuevo, volvieron los recuerdos...



Había perdido la noción del tiempo. Ya no sabía si llevaba luchando horas, días o semanas. El tumulario no dejaba de atacar, y ella no podía bajar la guardia. Algo más adelantado en la gran sala del trono del Castillo Lauschenberg, Valentino Fonseca combatía contra tres de aquellos inmundos esqueletos. Su mandoble trazaba arcos mortales, pero no lo suficiente como para acabar con aquellos engendros de la no-muerte. El rubio y fornido tileano había destruido cientos, si no miles, de esqueletos. Tras tanto tiempo de luchas, el cuerpo de Valentino mostraba cientos de cicatrices, y en aquel momento, con un tajo descendente, uno de aquellos tumularios dejó tuerto al tileano, que profirió un poderoso rugido de dolor. Más allá, junto al trono, Franz Miller y Alexander von Lauschenberg, el temible vampiro causante del dolor del stirlandés, luchaban en un duelo a muerte. Los golpes y estocadas se sucedían a la velocidad del rayo. Miller empuñaba su espada bañada en plata y con símbolos de Verena y Morr en la guarda y el pomo. El vampiro y Miller se reconocieron al instante, y se enzarzaron en una lucha uno contra uno ignorando al resto de individuos. Por su parte, ella continuaba defendiéndose del inagotable tumulario, desviando tajos y esquivando estocadas. Aún así, no era capaz de apartar la vista de Miller. El stirlandés luchaba con ferocidad y resolución. Pero el vampiro era mucho más poderoso. En un instante, todo pareció detenerse. Incluso los tumularios parecieron aflojar sus ataques. El estoque del no-muerto atravesó el vientre de Miller, entrando por la barriga y saliendo por la espalda limpiamente. El vampiro retiró su arma, y Miller cayó de rodillas al suelo. Ella profirió un grito agónico, y Valentino rugió de nuevo. El vampiro se carcajeó, y los tumularios se detuvieron. Pero aún no había acabado. Haciendo acopio de sus últimas fuerzas, Miller se levantó, y aprovechando la distracción de la criatura, clavó una de las estacas de espino en el corazón del vampiro. Éste dejó de reír. Sus ojos se abrieron como platos, y cayó redondo al suelo. Los tumularios se deshicieron en polvo cuando su señor cayó fulminado. En un último esfuerzo, Miller descargó su espada y separó la cabeza del cuerpo, acabando por fin con la vil criatura. Ella corrió tan rápido como pudo y cayó de rodillas junto a Miller.

- “Luna”... Lo hemos conseguido... Hemos vencido... -una sonrisa se dibujó en el pálido rostro de Miller.

- No... No me abandones... Por favor... No... Yo te salvaré... -la muchacha era incapaz de reprimir los ríos de lágrimas que anegaban su rostro. Sus palabras se veían interrumpidas por fuertes sollozos llenos de angustia.

- No, “Luna”... Debes dejarme marchar... Me reúno con Morr, en cuya poderosa compañía, no he de sentir vergüenza... -Miller cerró un momento los ojos, para volver a abrirlos y dirigirse ahora a Valentino, que contemplaba la escena a un par de pasos de distancia- Mi fiel amigo Valentino... Ya has pagado tu deuda... Eres libre de marchar... -Miller sonrió, y varias lágrimas corrieron por el rostro del tileano- Adiós, amigos mios...

Y el stirlandés Franz Miller, cazador de mutantes, Héroe de Sorghof, azote de nigromantes, cazavampiros, expiró en un antiguo castillo perdido de la mano de Sigmar. A su lado, el motivo de su destino, el terrible vampiro Alexander von Lauschenberg, yacía muerto, por fin.



Una semana después, volvía a Altdorf, y en apenas unas horas, pisaba de nuevo las escalinatas de la Catedral de Sigmar. El sacerdote Liszt le explicó, cuando se reunió con ella en la vieja casa, que luchó junto a Miller en el páramo de Sorghof, en aquella batalla de la que Miller le hablaba a espaldas de Valentino, y que la muerte del stirlandés suponía un duro golpe para él. Y allí estaba, tal y como había acordado, Liszt, esperándola. Pero no estaba sólo. Otros había en lo alto de la escalinata, y ella supuso que la esperaban.

Cuando llegó a lo alto de la escalinata, resopló, cansada. Se quitó la capucha negra y dejó ver su hermosa coleta dorada y sus penetrantes ojos verdes, perfectamente engastados en un rostro blanco como el mármol.

- Mis más sinceras disculpas por el retraso. Asuntos muy urgentes me reclamaron, y creí poderlos finalizar antes de esta reunión. -hizo una pausa para respirar, estaba claramente agotada tras la carrera- Bueno, vine aquí por petición del Hermano Liszt. Mi nombre es Morrslieb Festag -las miradas y expresiones de asombro no la sorprendieron-, pero mis amigos me llaman “Luna”.

En ese momento, volvió la cabeza a tiempo para ver como llegaba otro individuo. "Al parecer, no soy la última en llegar..."
Van Hoffman, pastor de garrapatos por gloria y gracia de Igarol

Nuevos cometidos:
Sacar a pasear al garrapato, limpiar caca de garrapato, cepillar al garrapato, limpiarle las muelas por dentro al garrapato...

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kahlanos
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Mensaje por kahlanos » 24 Mar 2009, 01:23

Kallad Karguson

Kallad avanzaba por las calles de Aldorf apoyandose en su hacha. Tan solo llevaba en aquella ciudad tres dias y ya habia recibido una carta de la iglesia de Sigmar...desdeluego tenia buenas fuentes y era mas poderosa de lo que pensaba...incluso en la mala situacion en la que se encontrtaba tras la tormenta. Avanzaba todo lo rapido que le permitian sus cortas y cansadas piernas, pero aun asi llegaba tarde, la ultima campanada acababa de resonar en la torre de la iglesia...le habia costado separarse de las comodidades de la taberna y de esa gran jarra de cerveza Bugman.

Que demonios querria la iglesia de Sigmar de el??Entonces llego a la gran plaza sobre la que se alzaba imponente y orgullosa la iglesia de sigmar, la cual contrastaba con todo el entorno de pobreza.

En lo alto de las escalinatas que subian al templo vio a un sazerdote de Sigmar bien vestido acompañado por un singular grupo nada usual...que seria menos usual en caunto llegase el...pero tan desesperada estaba la iglesia de Sigmar para contratar un hechicero amatista y un mercenario??

se dispuso a subir las escaleras lentamente hasta llegar al variopinto grupo

-Buenas humanos, Kallad Karguson para serviros-Dijo mientras buscaba la carta que le habian entregado la noche anterior en la taberna por la bolsa. Cuando la encontro se la dio al sacerdote y se acomodo sobre su hacha esperando respuestas.
Despertad,oh muertos!!, pues no puede haber descanso para vosotros bajo tierra....

...y los muertos volveran a caminar sobre la tierra.

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Weiss
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Mensaje por Weiss » 24 Mar 2009, 03:48

Las campanas seguían sonando cuando la primera de las figuras que se reuniría con Liszt ascendía por las escaleras. Una vez que la última sonó, el mago saludó al Sacerdote, con una sonrisa que era la del mismísimo Morr. Súbitamente, el averlandés sintió frío, más frío del que era normal, y una sensación de tristeza y malestar invadió su cuerpo. No cabía duda alguna; aquel hombre era un Mago Amatista. Revolviéndose dentro de su túnica para intentar abrigarse un poco más, Liszt saludó al recién llegado.

Saludos. En verdad es ya la hora... Esperemos que los demás no se demoren demasiado.

Acto seguido, el Sacerdote intentó distraerse en otras cosas, pues la presencia del mago no le era nada agradable. Casi toda la gente estaba ya dentro de las enormes naves de la Catedral, por lo que pudo distinguir claramente a una figura que caminaba en su dirección. Y su aspecto no le gustó nada... Era otro de esos asquerosos mercenarios, uno más de los cientos de espadas de alquiler que abarrotaban la ciudad. Los mercenarios se habían convertido en una fuerza a tener en cuenta, y eran hasta temidos por los escasos Guardias encargados de mantener el orden. Los mercenarios eran causantes de incontables peleas y discusiones, de ataques y combates, pero con todo el poder que tenían, la Guardia era incapaz de controlarles. Aquel maldito extranjero, Domenico Falcone, Capitán de la Compañía Falcone, la más poderosa de las compañías que operaban en la ciudad, tenía mucho más poder que el Comandante de la Guardia, el anciano Otto Schiller. Cuando llegó junto al mago y el Sacerdote, el mercenario no fue prólijo en palabras; simplemente preguntó para qué se le necesitaba, y se apoyó en una de las columnas a la espera de órdenes.

Podría haber sido peor...

Pasó muy poco tiempo antes de que el siguiente convocado acudiese a la cita. El hombre, con un paso sereno y tranquilo y sombrero en mano, avanzó decididamente hasta Liszt, al que saludó de forma respetuosa. Al Sacerdote le agradaron las maneras del recién llegado, que aunque a simple vista podía parecer un mercenario más, intuyó que se trataba de algo más. Y si era un mercenario, era el más respetuoso que había visto... Incluso le entregó la carta recibida la noche anterior. Liszt negó con la cabeza, haciéndole entender que no era necesario.

No era necesario, hijo. Pero agradezco tu detalle. Siempre es de agradecer tanta formalidad. Aguardaremos a que lleguen los convocados restantes.

Liszt cogió la carta del hombre, y dirigió su vista hacia la plaza una vez más. Estaba bastante satisfecho, ya que en apenas unos minutos, ya se habían personado tres de los que habían sido llamados. Sin embargo, pasó bastante tiempo antes de que apareciese el siguiente... Liszt empezaba a impacientarse, y miraba con nerviosismo a los tres hombres, consciente de que estarían tan cansados de esperar como él. En concreto le extrañaba la tardanza de una de las personas que faltaban... Morrslieb Festag. El recibir la noticia de la muerte de Miller había sido un duro golpe para Liszt, que había pasado toda la noche elevando oraciones por su alma. Oraciones como las que ya se escuchaban, procedentes de las cientos de gargantas que llenaban la Catedral, elevando cánticos a Sigmar, el Dios Patrón del Imperio.

Sobre quince minutos después de la hora señalada, el siguiente componente del grupo apareció. Resultó ser un enano, que llegó con andares lentos y cansados, apoyado en un hacha, y que se presentó como Kallad Kargusson. Una vez más, también éste entregó la carta a Liszt. Bajando la mirada para poder mirarle a los ojos, Liszt habló al enano. En su voz se notaba cierto tono de hastío, ya que no era una persona que soportase demasiado bien la falta de puntualidad, y consideraba una enorme falta de respeto llegar tarde a una cita convocada por el mismísimo Gran Teogonista.

Saludos, Señor enano. Espere con los demás hasta que estemos todos.

Al poco de llegar el enano, un hombre apareció por la plaza. Se dedicaba a lanzar miradas al grupo, para luego seguir dando erráticos paseos por la ahora prácticamente vacía plaza. Liszt lo miró con curiosidad, pensando en qué haría aquel extraño personaje. Pero parecía que se tomaba su tiempo en hacer lo que estuviese haciendo, pasando así otros quince minutos, cuando Fraulein Festag llegó a reunirse con ellos a las escalinatas. La Iniciada se disculpó por su tardanza, se justificó y saludó a los presentes. Liszt no pudo evitar perdonarla al instante, pues su corazón era puro y sus intenciones nobles. Del que no tenía la misma opinión era del estrafalario personaje que apareció justo en ese momento. Se trataba del hombre que había estado dando vueltas por la plaza, y ahora llegaba haciéndose el gracioso. Un segundo fue suficiente para que Liszt sintiese repulsión por aquel hombre.

No me hace falta ningún sobre. Debo avisarle de que me parece una falta de respeto llegar con semejante retraso, y más cuando lleva un rato viendo que le estábamos esperando. Sepa que avisaré a mis superiores de su inadecuada actuación. Ahora síganme todos.

El grupo entró en la Catedral, donde la ceremonia religiosa tenía lugar. Pero su destino no era la nave central, sino unas escaleras que descendían en una de las naves laterales. Bajaron por varios tramos de escaleras, antes de encontrarse con una pesada puerta metálica, que Liszt abrió con una llave. Al contrario de lo que todos habrían esperado, la sala que estaba detrás de la puerta estaba llena de actividad. Sacerdotes se movían de un lado a otro, conversaban o se reunían alrededor de improvisadas mesas. No hacía falta ser un Archilector para darse cuenta de que se encontraban en las Criptas de la Catedral,lugar de reposo de los Grandes Teogonistas. Liszt les condujo hacia un sepulcro en concreto, donde otros dos Sacerdotes aguardaban. Dirigiéndose a uno de ellos, el averlandés dijo.

Lector, aquí están.

El Lector les miró a cada uno de ellos, analizándolos con una inquisitiva mirada. Mientras, el otro Sacerdote, más anciano, aguardaba detrás, de pie, hasta que un Iniciado llegó con un taburete, en el que el anciano se sentó.

Aquí tiene su asiento, Padre Lantermann.

El joven Iniciado ayudó al Padre a sentarse, antes de mirar a los recién llegados. No había sorpresa en sus ojos, por lo que era obvio que sabía que llegarían. De hecho, el Inciado era el último miembro del grupo. Después, fue el Lector quien tomó la palabra.

Señores, han sido llamados para ayudarnos a recuperar algo que nos ha sido sustraído -el Lector no se andaba con rodeos- Lo que debería estar bajo esa losa ya no está, y necesitamos que lo encuentren. Obviamente, es necesaria máxima discrección, y todo se llevará a cabo en el más absoluto secreto. Serán recompensados generosamente si consiguen devolvernos el... cadáver que falta...

Ante la palabra "cadáver", todos los religiosos se estremecieron. El Lector seguía mirando fijamente a cada uno de ellos, el anciano Sacerdote se encontraba sentado un poco detrás, junto al joven Inciado, y Liszt se había apartado un poco. En el centro de todas las miradas, los seis convocados. El Lector no había dado detalle ninguno, simplemente les había dado una orden. El trabajo empezaba en aquel preciso instante...



FDI: Bien, sé que es obvio que es un post extremadamente largo, pero es que en él transcurre bastante tiempo, desde que llega el mago, hasta que llegáis a las Criptas y el Sacerdote os habla. Podéis postear lo que hacen vuestros PJs mientras esperan mientras bajan a la Criptas, lo que piensan de las repentinas palabras del Lector y lo que le contestan.
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Mensaje por portela » 24 Mar 2009, 14:57

Félix

Félix se aburria como una ostra en la torre de la catedral, esperar era una de las cosas que mas le irritaba...se sorprendio mucho al ver el extraño grupo del que formaba parte... una vez reunidos todos se diigieron de forma discreta a los sotanos de la catedral donde les eperaba el Lector. La cosa es mas seria y grave de lo que creia

Rápidamente busco todos las posibles salidas, escondrijos y sitios donde poder colocarse en caso de que ocurra algo, siempre lo hacía cuando estaba en una situación peliaguda... y esa estaba resultande de las mas peliagudas de toda su vida...

Un cadáver.... hay que recuperar un cadáver... quien puede ser tan importante para que el mismísimo lector tenga que organizar el la partida... tiene que ser algo más que un cuerpo... que secretos tendrá ese cuerpo... además quien tiene el poder de robar un cuerpo en esta catedral sin que se entere nadie...mmm creo que esta misión será... especial...

Contad conmigo para lo que sea... pero necesito información sebre esta misión.. TODA la información que sepais.
mejor morir en un campo de batalla empuñando una espada y junto a tus camaradas, que en la cama de viejo sin poder vivir mas que de la piedad se tus descendientes

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Hîdar
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Mensaje por Hîdar » 24 Mar 2009, 17:22

Ferrund Von Hurst


Mi vida desde que ingresé como iniciado transcurría monótona y pacífica. Atrás quedó las turbulencias de mi vida como noble. A veces pensaba en Emma y lo que le había pasado pero Egbert estaba tras la pista y tendría más medios que yo. Había hallado una paz que no tenía desde hacía años entre los libros y las enseñanzas del bendito Sigmar. Estaba donde debía estar. Así lo sentía, trabajando duro, esforzandome en cada tarea. No como algunos advenedizos a los que les oía escuchar blasfemias cuando creían que nadie les veía. Algo que ponía a buen conocimiento de los hermanos superiores. No sentía placer alguno en verles castigados, poniendo buen cuidado en que no sospecharan de mí. Era la mayor parte del tiempo silencioso, humilde y trabajador. A veces se burlaban de mí, pero yo sabía que Sigmar premíaba a los devotos y trabajadores.


No me cansaba de leer y allí había montones de libros para leer, conocer y aprender. Aunque buscaba siempre que podía más sobre la vida del bendito Sigmar, sobre la terrible época que vivió y sobre los santos Teogonistas que tanto hicieron por el pueblo del Imperio. Algunos incluso sacrificandose personalmente para abatir al mal que nos acechaba. Yo aspiraba a seguir su ejemplo y poder inspirar y guiar al pueblo, que su fe fuera como una coraza y un martillo que abatiese y protegiese de los impuros.


Había transcurrido el día y reposaba en mi celda, durmiendo plácidamente con el cuerpo cansado después de un día fructífero de trabajo honrado. Me llamaron, rápidamente me desperté y solícito seguí al hermano a través de los corredores dónde esperaba el Lector. Me informó del terrible suceso y que me preparase. Ninguna pregunta formularon mis labios ni mi mente. Con una reverencia educada me dirigí a rezar y prepararme para el momento. Por la mañana temprano me aseé y vestí mi ropa, habiendo preparado un pequeño atillo con lo necesario. Realicé mis rezos habituales y me dirigí hacía la cámara para esperar junto al Lector.


Allí aguardé pacientemente mientras atendía mis obligaciones, cuando por fin aparecieron los que habían de llegar y con los que tendría que tratar los miré de uno en uno, tomandome mi tiempo. No era un novato que habia estado recluido toda su vida, había ido a tugurios y tabernas con Egbert y tratado con diversa índole de gentes y condición. Lentamente me fui haciendo una idea inicial de cada uno de ellos, por su aspecto y sus posturas. No dije nada, aunque me sorprendió lo directo del Lector y su forma de no preguntar dando por hecho que harían el trabajo. Más no hice comentario alguno, esperé al curso de los acontecimientos al que me sumaría para mayor gloria de Sigmar y su Santa Iglesia.
No hay mayor muerte que el olvido.

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kahlanos
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Mensaje por kahlanos » 24 Mar 2009, 18:16

Kallad Kargusson

El enano pensaba que llegaba tarde, pero su sentimiento de culpabilidad desaparecio cuando llegaron los otros...La primera en llegar fue una sacerdotisa de Morr que, por lo que parecia, conocia al sacerdote. Esta se disculpo por la tardanza y se justifico diciendo que debia atender unos asuntos urgentes. El sacerdote parecio perdonarla al instante a pesar de su tardanza.

Pero lo que realmete cabreo a Kallad fue el siguiente en llegar. Despues de estar esperando con el resto casi un cuarto de hora mas en las escaleras del templo se acerco un curioso y sucio personaje, que al parecer era un galeno. Kallad sintio nauseas al acercarse este individuo, a parte del odio que ya sentia pro haberle hecho esperar mas tiempo. Miro al resto y vio que su odio no era el mayor entre ellos, los primeros en llegar y en especial el sacerdote parecia que iban a saltarle encima y clavarle en el suelo a patadas en cualquier momento...la situacion no seria tan mala si tan solo hubiese llegado tarde...pero no, el galeno no se conformaba con eso, lo peor del asunto esque ese repungante personaje habia estado mirandoles y dando vueltas a la plaza incluso antes de la llegada de la sacerdotisa que se hacia llamar Luna.

Entonces llego y el odio de el resto y de el mismo aumento...parecio que el sacerdote uno toda la fuerza de voluntad que tenia en su cuerpo para no estamparle la espada en la cabeza. El recien llegado se presento como Gunther Speinther y comenzo a hacer bromas inoportunas, no muy apropiadas para el momento...pero eso parecio importarle poco...

-De todos los humanos que e conocido en los ultimos años...este tiene todas consigo para ser el peor ¬¬

Cuando todo le grupo estuvo reunido...por fin...entraron el la iglesia. En la camara principal se celebraba una misa en la que los creyentes elevaban sus plegarias hacia Sigmar, pero se desviaron hacia una puerta lateral metalica, la cual el sacerdote abrio con una llave y entro en la sala. Mientras avanzaban y entraban por la puerta, Kallad se dedico a observar y analizar al resto del grupo...verdaderamente era muy singular...Un hechicero de la muerte, apoyado en su una guadaña que dejaba todo a su paso como sin vida...un ancho mercenario que parecia curtido en batalla; Una sacerdotisa de Morr, con su larga tunica negra cubriendole todo el cuerpo cuya unica decoracion era el broche de plata de su capucha y la cadena que pendia de su cuello; el asqueroso galeno, con cuchillas y todo tipo de instrumentos colgado de su cinto culla supuesta utilidad prefiria ignorar; y por ultimo un singular sujeto, qu podria parecer perfectamente un mercenario...pero no era el tipico mercenario...llevaba un ancho sombrero, una ballesta y lo que veia en su cinto era una red? tal vez fuese un cazarecompensas...no...no creia que la iglesia llegase a tanto...

Al entrar en la sala reconocio al instante que se trataba de una cripta, y por lo que parecia era donde guardaban a los grandes teogonistas. Era una contruccion fuerte y resistente, nada mal para tratarse de humanos...Dentro de la cripta esperaban muchos otros sacerdotes que se removian con agitacion y rezaban en todos los rincones. Frente a ellos se encontraba el Lector, a su lado un anciano sacerdote, el Padre Lantermann, que tomo asiento ayudado por un iniciado que parecia que se uniria a el grupo...y que les obervaba analizandonos a todos.

Entonces hablo el Lector y fue mucho mas directo de lo que esperaba...

-Habian robado un cadaver de un gran teogonista??? ciertamente ha debido ser alguien experto y poderoso...este sitio esta bien situado y seguro que igualemente defendido...

-Podeis contar con mi hacha, hace tiempo que no tengo ninguna aventura, y si es una asunto tan grave todo aliado debe ayudar...pero de que se trata? saben algo mas?
Despertad,oh muertos!!, pues no puede haber descanso para vosotros bajo tierra....

...y los muertos volveran a caminar sobre la tierra.

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Nimref
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Mensaje por Nimref » 24 Mar 2009, 18:46

Gunther Speinther

Menudo grupo mas... ¿vivo?

Gunther penso estar en el peor sitio cuando todo el grupo lo miro de forma furiosa, como atravesandolo con sus miradas...

Si, ahora diran que les hice perder el tiempo... ni siquiera sabia que eran ellos... :roll:

Cuando entraron en la catedral no pudo evitar dar un resoplido. Gunther nunca fue un buen devoto, y, aunque Sigmar era uno de sus favoritos, los dioses apenas le importaban. Para su alivio y casi asombro no escucharon ningun fanatico sermon, sino que bajaron a las criptas, donde montones de sacerdotes caminaban de un lado a otro. Mas de una vez se quedo mirando todo aquello, apartandose del grupo durante un par de segundos.

Rayos, retruecanos y gonorreas... menuda actividad... asi que el culto no esta tan dormido como dicen... muajaja!!! No pudo evitar reirse en voz baja ante su propio chiste mental, que solo el habria entendido, puesto que tenia que ver con la tira comica de la gaceta.

Finalmente se detuvieron ante un sarcofago. Mientras el Lector se dirigia al grupo, Gunther aprovecho para acercarse al sarcofago y echar su propia ojeada...

Estos hideputas no nos van a dar una mierda de informacion... penso mientras escuchaba unicamente ...cadaver...

Ni siquiera el puto nombre... mientras se acercaba, vio un letrero en el que ponia Wilhelm III, y todos sus años de estudio dieron frutos...

Asi que este es Wilhelm III... -lo dijo apenas en un susurro, pero los miembros del pequeño grupo y los sacerdotes cercanos pudieron oirle- Gran héroe para la nacion... ¿como has llegado a convertirte en tan ardua mision?

Levanto la cabeza al percatarse de que habia hecho una rima. Alguien le miro con cara de enfado, Gunther no presto atencion para saber quien era. Cuando el Lector termino de hablar, pensandolo mucho y con la voz y el porte mas serio que fue posible, dijo:

Gunther Speinther a su servicio, maese Lector... Querria pedirle un favor que espero permita... quisiera inspeccionar mas a fondo el sarcofago, si es que me es concedido, para encontrar alguna prueba u objeto que el asaltante hubiese dejado... -Gunther le miro a los ojos, realmente le interesaba esto...
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Eldril
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Mensaje por Eldril » 25 Mar 2009, 12:32

Eckhardt Abnett

Inamovible cómo un tempano de hielo y apoyado en mi curbada guadaña, espero la llegada de las demas victimas de la incompetencia Sigmarita.

Será necesario alguien diestro en combate. Alguien con la capacidad de seguir las pistas de cualquier ladron. Y supongo que nos supervisará algun sacerdote del culto de Sigmar

Según pasa el tiempo, me doy cuenta que mis calculos se cumplen, pues para qué querrá la iglesia de Sigmar la colaboración de un mercernario y un enano? Sé que el segundo allegado es quien sabrá seguir las pistas.
Por otra banda, tal vez el padre Liszt sea quien nos acompanye. Todo está contemplado.

A quién seguimos esperando?

Sin mirar ni un momento hacia atrás, noté una ligera variacion en los vientos del Shyish. Quién había llegado?

Al ver que se trataba de una Sacerdotisa de Morr y que su nombre no era mas que el de la gran luna del caos, Morrslieb, no pude mas que lentamente dedicar una mirada a la recién llegada, y saludarla con una pequeña inclinación.

-Doloroso nombre te acompanya, mensajera de Morr... Dije friamente durante la breve inclinación.

Ahora todo encaja...la fuerza bruta, la pericia en seguir rastros y el gran vinculo con la muerte. Seguro que todo este asunto relaciona estos terminos: robo, Sigmar y muerte.

Acto seguido llegó el último miembro del grupo, y todos nos dispusimos a seguir al Sacerdote Liszt.

Durante el camino hasta llegar a la puerta metalica estuve pensado en que relación podia tener el nombre de la luna del caos, con una sacerdotisa de Morr. Realmente esto me había sorprendido.

Una vez cruzada la puerta, mi cuerpo se lleno de energias y fuerzas.
La muerte me revitaliza... pues ella está muy presente en esta sala

Seguimos avanzando hasta donde Liszt nos guió.

Ha sido robado el cuerpo de Wilhem III...fué quien mató a Vlad Von Carstein creo que por el invierno de 2051... Y fué quien ordenó que se le arrebatara el anillo que le otorgaba la immortalidad...

Escuché atentamente las palabras y las formas en que Lector explicaba los echos, y a continuación me submergí en mis pensamientos con tal de empezar a vislumbrar un posible camino.

Para que se quiere un cuerpo? Nigromancia? Porque el cuerpo de Wilhem III? Tiene que ver con los Von Carstein? Eso quiere decir que aún hay un descendiente Von Carstein con la no vida? Tal vez quieren saber si Wilhem sabe algo del posible paradero del anillo de Vlad... Que salidas tiene la Cripta? Porque seguro que el cuerpo no ha salido a la luz del dia.

Me paro a reflexionar sobre todas estas preguntas que me vienen a la cabeza. También pienso sobre que posibles medios magicos han podido ser utilizados (tirada de Sab. Academica Magia) y también quiero saber si hay algun flujo de los vientos de la magia que sea mayor que los demas (tirada de sentir magia)
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Mensaje por Alexander d'Athayde » 26 Mar 2009, 08:02

Kurt Vinyaard

Apoyado contra una de las grandes columnas, el alto hombre de la capa oscura aguardó apenas conteniendo su impaciencia por la llegada de los demás, quienes demonios fuera que faltasen, para finalmente ir al grano. No era precisamente un hombre muy dado para las largas esperas y sus dedos comenzaron a juguetear, tamborilleando sórdamente contra una de las estacas ocultas en el interior de su sobretodo.

Maldición... necesito un maldito cigarro...

Resignado a la espera, su activo cerebro se ocupó en escrutar a los allí presentes. Los magos le daban mala espina. ¿Cuánto separaba a aquellos inquietantes sujetos de los retorcidos y dementes nigromantes que había tenido que enfrentar estos últimos años? El no saberlo con certeza lo perturbaba más aún sabiendo de lo que eran capaces. Y cuanto había sufrido para atraparlos, si bien sabía que no eran mas que unos advenedizos, jugando con las almas de la gente. El perro de la guerra no era más que eso. Un perro, tras el hueso del dinero, sin una meta, un fin, una justificación. Si él mismo eligió su estilo de vida, tuvo sus razones. Las coronas van y vienen. La ansiedad, para él, en cambio, no parece irse. Pocos enanos había visto hasta ese entonces, el retrasado no era mas de lo que había visto antes, y poco despertó en el escrutador sujeto apoyado en la columna. El jóven que se presentó como un galeno le despertó rápidamente una mueca de desagrado. Se decidió a ignorarlo puesto que su estupidez parecía ser superior a lo que sus conocimientos pudieran aportar. Esos matasanos con frecuencia acaban saciando su curiosidad por la "naturaleza de la vida" desenterrando cosas que deberían permanecer Zwei Meter unter der Erde...
En cambio, la iniciada le produjo una sensación distinta. Fue de su agrado encontrar a una servidora de Morr, Quien Vela Por Los Que No Deben Despertar. Había una firmeza, una resolución en sus ojos... ella había visto más de los que sus jóvenes años sugerían. Por otro lado, sus ojos... tal vez la había visto antes ¿Tal vez en Essen? Poco importaba en este momento puesto que ahora se dirigían atravesando la majestuosa catedral hacia uno de las alas, para luego descender por unas escaleras hasta finalmente arrivar a las Criptas.

Había visto más de una cripta y los recuerdos de las últimas en particular no le eran gratos. Tuvo la (mala) suerte, por cierto, de haber visitado un par en las que los cadaveres se rehusaban a permanecer dentro de ellas de una maldita vez.

Por el Señor de los Cuervos, que no haya pasado aquí...

Los llevaron ante un Lector, quien sin mas rodeos, fue directamente al grano. Kurt permaneció detras de el heterogéneo grupo del que era parte, observando la actividad del lugar, inusualmente frenética para una cripta. Escuchó las palabras del hombre santo reprimiendo un par de maldiciones.

Maldición, mas muertos que se levantan... O son levantados.

Sin embargo, aquel no era un muerto mas. Como dijo el pertinaz botarate, aquel era Wilhem III. Y que le aspen, Kurt sabía quien rayos era él, con todo lo que maldita sea significaba eso.

No tengo intenciones con vermelas de nuevo con esas malditas aberraciones. Por el mismo Morr, que no sean ellos...

Con esas súplicas en mente, se dirigió respetuosamente al Lector, luego de la totalmente ausente de respeto intervención del matasanos.

"Mi Señor, Kurt Vinyaard a su servicio. Participaré de esta empresa con toda mi voluntad. Es evidente, como dice nuestro jóven y poetico erudito -dijo sin mirar en lo mas mínimo al galeno-, que es necesario buscar alguna evidencia, pero no solo en el sarcófago, si nos es permitido, sino también cualquier cosa fuera de lo normal, aparte de la ausencia de los restos del Santo, claro está."

"Es muy importante saber también todas las vías de acceso a este lugar y, de ser posible, me gustaría hablar personalmente con quienquiera que haya estado aqui en horas anteriores al infortunado suceso."

A Kurt le gustaba mirar a los ojos a la gente que supiese algo. A veces ellos narran con igual o mayor exactitud que los labios, lo que sea que valga la pena escuchar.


Off: Intento observar (Percepción), algún detalle, algo fuera de lugar en dicha estancia, algo que pudiera haber sido pasado por alto. Examino superficialmente la estancia e busca de algunas huellas (Rastrear, si le parece apropiado a nuestro estimado Máster), rastros o señal, de quien sea que hubiere estado en el lugar (y que no se encuentre "tapado" o "borrado" por la presencia de todos aquellos clerigos).
Mirá que me pongo el sombrero picudo y agarro la varita, eh?

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Van Hoffman
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Mensaje por Van Hoffman » 26 Mar 2009, 11:02

Morrslieb Festag, "Luna"

Morrslieb bien sabía que no debía formarse opiniones precipitadas. Su Maestro se lo había enseñado, y Miller se lo había enseñado. Sin embargo, no pudo evitar sentir rechazo por el galeno. Sin embargo, y para su agrado, la presencia del Necromante la reconfortó. En sus viajes con Miller y Valentino, había tratado con más de un hechicero amatista, y había descubierto que eran una gran compañía, siempre sinceros y dispuestos a acabar con los no-muertos.

-Doloroso nombre te acompaña, mensajera de Morr... -dijo el hechicero.

- Vos podeis llamarme "Luna" si lo deseais, Amigo del Señor de los Muertos -le dijo ella en un susurro.

Si, sin duda, se sentía agusto cerca de él. No era atracción fisica, pues ella solo tenía ojos para un hombre. Era algo más místico, más superior. Había un extraño vínculo entre ellos desde que ella llegó a lo alto de la escalinata, y no sabía porqué.

Finalmente, Liszt les indicó que le acompañaran, y entraron en la inmensa Catedral de Sigmar. La nave central era tan grande e imponente como la recordaba. La misa del medio día estaba a la mitad, y Morrslieb elevó una sencilla plegaria a Sigmar, como le había enseñado Miller. Ella era una fiel seguidora de Morr, pero el stirlandés le había enseñado que en la lucha contra los no-muertos, había que respetar a todos los Dioses, pero en especial a Sigmar y a Verena. El grupo se desvió hacia una de las naves laterales, por donde bajaron unas pequeñas escaleras. Morrslieb permanecía en todo momento cerca del Necromante, por si ponía mal pie y tropezaba, auxiliarlo, pues parecía extremadamente frágil. Poco después, llegaron a una puerta metálica. Al entrar en la inmensa crípta, Morrslieb elevó una plegaria a Morr mientras sujetaba el cuervo plateado que pendía de su cuello. El lugar era realmente imponente. Reconoció casi en el acto que se trataba del lugar de Eterno Descanso de los Grandes Teogonistas de la Iglesia de Sigmar, un lugar de lo más sagrado para el culto. Algo muy malo había tenido que pasar allí para reunir a tan peculiar grupo.

Liszt los llevó junto a una tumba que Morrslieb reconoció como la de Wilhelm III, ante la presencia de un poderoso Lector y un anciano sacerdote. Morrslieb inclinó la cabeza hacia abajo como señal de respeto. Al poco, apareció un iniciado que ayudó a sentarse al anciano. Y al parecer, el iniciado no tenía intención de marcharse. Liszt se retiró y el Lector habló. Morrslieb se estremeció y un escalofrío recorrió su columna.

"Sagrado Morr. Qué falta de respeto para con el difunto hablar así de él. Y más tratandose de un héroe como lo fue el Gran Teogonista, Morr lo tenga en su gloria. Esto es realmente extraño... No lo entiendo... Tratandose de un Lector, ¿cómo puede hablar así de tan gran hombre? No, sin duda aquí hay algo más... Dudo mucho que el cuerpo desaparecido fuese el del Gran Teogonista, pues no hablaría así de él... Pero si no es de Wilhelm III..." y sin darse cuenta, acabó su reflexión en voz alta- ¿De quién es el cuerpo?
Van Hoffman, pastor de garrapatos por gloria y gracia de Igarol

Nuevos cometidos:
Sacar a pasear al garrapato, limpiar caca de garrapato, cepillar al garrapato, limpiarle las muelas por dentro al garrapato...

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