Una misteriosa caja

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igest
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Una misteriosa caja

Mensaje por igest » 09 Ago 2009, 12:05

Lo se, quizás no debiera haber husmeado donde no me llamaron, pero ya sabéis muchos que mi curiosidad es a veces mas fuerte de lo que la prudencia exige. Todo comenzó cuando llegaron a mis oidos los rumores sobre la llegada del capitán De Almeda a puerto. Hacía varios meses que no había noticias del mismo y muchos ya lo daban por muerto. Era un día gris cuando las velas de su barco asomaron en el horizonte. Pero lo que realmente fue motivo de conversación en todos los corrillos no era su regreso, sino lo que traían en ese barco. Y precisamente esa es la cuestión, que nadie sabe a ciencia cierta, que es lo su afanada tripulación descargó ese día.

En lugar de hacer como es costumbre y contratar una cuadrilla de estibadores del puerto, la propia tripulación se encargo de desembarcar su mercancía, todo en el más estricto de los silencios. No hablaron con nadie, mientras de una forma casi ritual desembarcaban cajas que parecían bastante pesadas. La mañana pasó casi por completo hasta que el último de los cajones de madera fue llevado a un almacén no muy lejano. Nadie ajeno a la tripulación pudo acercarse a las cajas, y eso que más de un curioso lo intento, pero el mutismo era total y absoluto. Lo que más despertó la atención de los observadores fue una caja de la altura de al menos un hombre y de aspecto bastante pesado a juzgar por las caras de esfuerzo de los porteadores. Pero lo más notable de dicha caja no era su tamaño, sino unas extrañas inscripciones grabadas en su superficie, o al menos así lo sugieren los muchos testigos, que bien podría tratarse de simples escudos de armas o cualquier otra cosa, especialmente por el estado de embriaguez de alguno de ellos. Lo que si, es que nadie parecía ponerse de acuerdo en que eran esas inscripciones, unos decían que se trataban de runas enanas, otros grabados élficos y otros una letanía oscura.

Las conversaciones de taberna ese mismo día, revelaron todo tipo de insinuaciones, acerca del posible contenido de la misteriosa caja. Os puedo asegurar que escuche de todo, desde que se podría tratar de alguna bestia traída del lejano Catai, hasta que se trataba de una peligrosa máquina de guerra que el rey pretendía poner en el campo de batalla para aniquilar a quien se opusiera a sus ejércitos. La curiosidad había despertado en mi, desde que escuche el asunto de las inscripciones, así que, tras hablar con algunos de los estibadores y descubrir que de la tripulación había regresado por completo al barco anclado desde la misma tarde a media legua mar adentro, decidí que lo mejor que podría hacer era escabullirme en el almacén donde habían llevado la caja y el resto del cargamento. Antes, hice algunas otras indagaciones y me sorprendió el rumor que decía que el Capitán De Almeda se había reunido con una legación élfica a solas nada más atracar en la Comandancia de Marina, cuando el Capitán del Almeda siempre había destacado por su escaso afecto hacía la población élfica en Diamanterra. Tras dicho encuentro, sus pasos se dirigieron al castillo del Rey y posteriormente regresaría al puerto para embarcar junto con los últimos hombres de su tripulación y así alejar el barco de puerto. Desde entonces nadie ha vuelto a ver a ninguno de sus hombres regresar a tierra, parece como si estuvieran a la espera de algo, quizás una respuesta, no lo tengo claro.

Igual que no tengo claro lo que pude ver en el interior del almacén. La vigilancia del mismo durante los dos primeros días fue muy intensa. Se apostaron varios guardias, todos ellos se han mostrado desconocedores de que es lo que había en el interior del almacén y lo único que pudieron decirme de cierto interés, fue que un hombre de aspecto bastante anciano, del cual por desgracia no recuerdan apenas su rostro, entró en el almacén un par de veces, al día siguiente de haber sido guardado el cargamento del barco y que salió tras varias horas en su interior. Lo que si añadieron los guardias, es que el hombre presentaba un claro gesto de agotamiento al salir las dos ocasiones, como su hubiera tenido que afrontar un gran esfuerzo. De los guardias, no obtuve nada más, aparte de saber que les habían pagado lo suficientemente bien como para no preocuparse por lo que había en el interior del almacén y asegurarse que cumplirían eficazmente su labor. Y así fue, que solo al cuarto día, y una vez que los guardias fueron retirados, pude escabullirme en el interior del almacén. Y cual fue mi sorpresa, cuando en el interior de este no encontré otra cosa que polvo. Era como si allí no se hubiese guardado nada en semanas. No era capaz de entender, como había podido desaparecer todo el cargamento, y por no mencionar la intrigante caja, un ladronzuelo o incluso una banda hubieran tenido complicado salir de allí con la misma sin que nadie en la ciudad se hubiese enterado. Así pues, mi curiosidad sigue hambrienta, y quizás solo me quede la alternativa del barco del Capitan Almeda, que sigue aún anclado cerca del puerto, aunque me inquieta que hay quien dice que no ha visto movimiento en su cubierta, ni que se haya visto ir o volver a nadie. Y todo ello, desde que el mismo día que se retiraron del puesto a los guardias.... intrigante.

Juan Seisdedos

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