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Mensaje por igest » 17 Ago 2009, 16:56

"Diamanterra. Buen clima, gran vino, mejor pescado, una relativa relación de paz entre sus diferentes razas...y una mina de diamantes envidiada por toda Estalia. Si a esto unimos su condición de ciudad universitaria y sus relaciones comerciales con Arabia, casi podríamos decir que Diamanterra es lo más cercano al paraíso que se podría estar. Sin embargo no es así. Como en cada rincón del Viejo Mundo la podredumbre, la miseria y en resumidas cuentas, el Caos, ha extendido sus tentáculos y plantado raíces en esta ciudad. El halo de perfección que envuelve Diamanterra es sólo eso: un halo. Una imagen de la superficie más externa de la urbe, cuya ilusión se desvanece poco a poco si nos adentramos en ella. Hay grandes zonas comerciales, también patios y plazas donde el verde es el color predominante, sí; pero hay a su vez una zona de la ciudad donde la guardia camina más presurosa, donde personajes de dudosa reputación espiarán tus movimientos y donde aventurarse por la noche es poco menos que un suicidio....Existen los Barrios Bajos."

-Mathias Oldberg, Embajador Imperial.

Los Barrios Bajos es la zona pobre-delictiva de Diamanterra. La habitan alrededor de 1.200 habitantes - si bien este dato es poco fiable, debido a los muertes y desapariciones que acontecen aquí día tras día - que malviven en las destartaladas casas que se apiñan tanto a lo largo como a lo alto de las estrechas callejuelas que conforman esta parte de la ciudad. Llenos de basura y demás podredumbre, Los Barrios Bajos no es precisamente un lugar agradable donde vivir. Si bien el extracto de la carta del Embajador Imperial es un poco exagerado en cuanto a su descripción cuasi-apocalíptica de la zona, "Los Bajos" - como comúnmente llaman los Diamanterranos a la zona - es esa parte de la ciudad que la gente en sus sanos cabales evita cuanto puede. Aquí una buena parte de la población está desempleada o llevando trabajos como peones o lacayos de bajo nivel; mientras que la otra parte se dedica al crimen o a asuntos turbios.

Los Barrios Bajos tiene unas cuantas peculiaridades que lo diferencian del resto de barrios de Diamanterra. La primera y más importante es que no cuenta con una estructura organizada en lo que respecta a barriadas claramente localizables. Esto tiene una clara explicación: en un lugar en el cual impera el desorden y el caos, poco sentido tiene que sus habitantes se agrupen en lugares ostensibles de clasificarse dentro de un conjunto común, más aún cuando sus actividades deben permanecer en la clandetinidad debido a su naturaleza. No tendría razón de ser que hubiera una zona dentro del barrio en la cual se agruparan todos los estafadores de la zona y, de ser así, más descabellado sería que ésta tuviera un nombre conocido para el resto de habitantes de la ciudad, puesto que atraería la atención de más ojos de los que debiera. Debido a esto y rompiendo la tónica del barrio, "Los Bajos" solo cuenta con dos barriadas, de hecho muy conocidas por todos: La Barriada del Placer y la Barriada del Juego. La primera es un conjunto de casas y edificios donde se ofrecen todo tipo de servicios sexuales. Visitan esta barriada más personas de las q estarían dispuestas a admitirlo, y de hecho se rumorea que ciertos personajes de alta catadura social - jefes de gremios, prestigiosos profesores, etc...- son visitantes habituales de estas casas del placer. Es esta zona quizás la menos peligrosa de todo el barrio, tanto por la seguridad que aseguran los chulos de las casas de putas - que no quieren que sus negocios quiebren debido a la criminalidad reinante - como por la guardia en sí, mucho menos temerosa de patrullar esta zona. También resaltar como último apunte - próximamente se dará una amplia descripción de la zona - que la Barriada del Placer es también dentro de los Bajos aquella que presenta un aspecto menos insalubre y cuidado. Como dice Susana Gracia, madame de uno de los locales más famosos del lugar "Uno no puede dedicarse a ciertos menesteres si no se encuentra mínimamente cómodo". En cuanto a la Barriada del Juego podemos decir de ella que es un mosaico de posadas, tabernas y casas de juegos en la que los ludópatas y tramposos pasan las horas. No es aconsejable vagar por aquí si no se tiene un mínimo de experiencia en el arte del juego, ya que no son pocos los que pierden grandes cantidades de dinero ante personajes expertos. Se encuentra aquí situada una pequeña capilla a Ranald, conservada irónicamente en perfectas condiciones. Pero como ya se ha dicho anteriormente, estas son las dos únicas excepciones en todo el barrio, siendo el resto un conjunto de callejas, avenidas descuidadas y casas y edificios situados aquí y allá, muy diferentes unos de otros y en los cuales además de vivir se llevan a cabo actividades poco lícitas.

Como todo barrio de dudosa reputación que se precie, en Los Barrios Bajos se puede encontrar todo aquello que se busque o, al menos a una persona que sepa como encontrarlo. Solamente son necesarias dos cosas: tiempo y dinero, mucho dinero. Venenos, drogas, recortadores, asesinos, mercancías ilegales...todo o casi todo puede ser encontrado aquí, aunque es muy conocida la fama de ciertos venderos de la zona a dar gato por liebre, lo cual invita encarecidamente a los transeúntes a andarse con mucho ojo. Se rumorea también que es esta zona el lugar de reunión de algunas bandas de ladrones así como de algún que otro culto caótico, que llevan a cabo sus dementes rituales en las oscuras casas (e incluso en las aún mas oscuras calles) que pueblan el barrio. Muchos son los que están convencidos de ello, si bien los más cautos se apresuran en afirmar que sería demasiado obvio que los seguidores caóticos practicaran el culto a sus dioses en Los Bajos, donde un escrutinio interesado de la guardia acabaría por descubrirlos; y que por lo tanto es más aconsejable vigilar el Barrio Rico y lugares similares en busca de reductos caóticos, ya que al Caos se le encuentra donde uno menos se lo espera...

Otro rasgo común que mantiene Los Bajos con cualquier otro barrio poco recomendable del Viejo Mundo es la casi total ausencia de La Guardia. Los encargados de preservar la Ley apenas patrullan la zona, encargados como están en mantener el orden en los barrios más ricos e importantes de la ciudad. Además de esto, continuamente sufren ataques por parte de la población, que no ven con buenos ojos que La Guardia meta sus narices en los asuntos que aquí se llevan a cabo. Sin embargo y pese a todo, unos cuantos valientes e ingenuos patrullan Los Bajos de cuando en cuando, por lo que el transeúnte puede sentirse, al menos en estos cortos períodos del día, relativamente a salvo. No obstante, al caer la noche lo más aconsejable es que el paseante abandone cuanto antes las calles sino quiere acabar con un monedero vacío, su bolsa de viaje completamente usurpada o su garganta rajada de lado a lado....

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