Prólogo: Una dura organización

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Prólogo: Una dura organización

Mensaje por Van Hoffman » 21 Nov 2010, 17:55

Media mañana, estudio del castillo de Vallespino

Aquella mañana sería decisiva para el porvenir de la familia Hawthorn. La reunión se había pospuesto varias semanas, pero al final era inevitable. En el pequeño estudio del castillo, entre libros y estanterías, los cuatro miembros más importantes de la familia se habían reunido para discutir sobre la organicación de la fiesta para celebrar el vigésimo día del nombre de Ser Robyn Hawthorn, heredero de Vallespino. Al rededor de la mesa central se encontraba el mismo Ser Robyn; su hermana mayor, Lady Anne, administradora en funciones; Ser Damien, castellano de Vallespino, y hermano de Lord Humfrey; y el Maestre Orwin, el hombre más sabio de la región.

Temas muy importantes iban a tratarse en las horas siguientes: invitados, competiciones, banquetes, premios, tratados, gasto... El servicio había llevado el desayuno al estudio, y seguro que cada uno tendría algo muy importante que aportar.


FDI: Bueno, este prólogo va a ser muy autosuficiente. Prácticamente no requerirá de mi presencia, ya que no hay ningún pnj y hay poco por describir. Ya he hablado con algunos de vosotros sobre algunos detalles importantes que teneis que saber. Si alguien tiene alguna duda, no dude en consultarmelo por msn. Para que conste y quede claro, este prólogo es para Ser Damien, Ser Robyn, Lady Anne y el Maestre Orwin. Ánimo, y al toro.
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Re: Prólogo: Una dura organización

Mensaje por Flagg » 24 Nov 2010, 17:45

MAESTRE ORWIN

Ya ha amanecido cuando los nobles señores entran en el pequeño y abarrotado estudio del castillo, mas el anciano, diligente y siempre eficiente Maestre Orwin les espera sentado en una de las sillas junto a la mesa reuniones, repasando sus notas y escribiendo otras con exquisita caligrafía en diversos pergaminos que se amontonan con aparente desorden sobre la mesa de arciano.

Como es costumbre, el maestre viste una túnica gris marengo de buena calidad pero sencilla manufactura que otorga comodidad y abrigo al sexagenario en los fríos pasillos de la pétrea fortaleza. Sobre su nariz descansan los extraños cristales cortados en perfecta luna menguante, engarzados en una fina montura de hierro, que contribuyen aún más a darle su ya acostumbrado aspecto de erudito místico.

Según van llegando, el sabio tan sólo levanta la mirada levemente para observar con sus profundos ojos azules al recién llegado y dando los buenos días a cada uno, amablemente. Sólo cuando todos han entrado y tomado asiento en sus respectivos lugares, Orwin se aclara la garganta y dejando la pluma sobre el tintero, sonríe.

-Espero que mis señores hayan dormido bien esta noche, pues nos espera un duro día de trabajo...

Luego, toma suavemente uno de los pergaminos más abarrotados de números y, mesándose la ebúrnea barba recortada, añade:

-Creo que les complacerá si empezamos la reunión hablando de dinero; no voy a importunarles con los pormenores y detalles de todos los gastos que he calculado serán necesarios para el evento, mas si quieren comprobar mis notas... – palpa un par de veces un desalentador montón de hojas llenas de números y operaciones aritméticas – pero imagino que tienen cosas más importantes que hacer. Resumiendo, el presupuesto necesario asciende a unos dos mil dragones de oro, teniendo en cuenta las justas, los combates, la competición de tiro con arco, el habituallamiento y comodidades necesarias para las personalidades invitadas, premios, etcétera. Aprovecho para recordarles que las arcas de la familia cuentan en este momento con ocho mil dragones de oro.

En este momento levanta la mirada para comprobar que nadie se haya quedado dormido y que cada uno de los nobles dé el visto bueno.

-Si nadie tiene nada que añadir continuaré enumerando la lista de invitados que lady Anne me encargó elaborar...

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Y.O.P.
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Re: Prólogo: Una dura organización

Mensaje por Y.O.P. » 24 Nov 2010, 19:19

Ser Robyn

-...eia eoo, eii...¿como diantres era?-

El joven heredero se mecía en su asiento, bamboleándose alante y atrás, con sus brillantes botas aposentadas sobre la mesa y mostrando un interés poco habitual en lo que solían ser tales menesteres.

-Espero que mis señores hayan dormido bien esta noche, pues nos espera un duro día de trabajo...

Ser Robyn bostezó sonoramente insinuando que no.

- Buaah...Ciertamente os espera un duro día de trabajo- respondió en tono sarcástico, volviendo de nuevo a su ensoñación...

- Demonios, ¿como era?- aquel incesante parloteo le había hecho perder el hilo de sus propios pensamientos; ensimismado, como estaba, en la noche anterior y la muchacha de la trenza a la espalda, todos esos insignificantes númerillos le había sacado de su profunda reflexión y no conseguía acordarse de aquella música.

- Nah, ya da igual- dijo el muchacho recuperando la compostura y apoyando la barbilla entre las manos entrelazadas-.

-De todas formas, esta va a ser una mañana aburrida-

-...Aprovecho para recordarles que las arcas de la familia cuentan en este momento con ocho mil dragones de oro- El Maestre Orwin frunció el ceño.

- Por favor, ¡por favor! - resopló Robyn-, ¿ya estamos otra vez?. No nos entretengamos en las particularidades de la onomástica. La fiesta ha de ser tranquila y sin formalidades. Respecto a la lista de invitados, siendo vos quien la organiza, seguramente la encontraremos enriquecida
con gran cantidad de personajes casuales que en nada tienen que ver con mi persona, bajo oscuros pretéxtos y formalidades con las que adivino que de no tardaréis en abrumarme. Item, os encomiendo que comencéis ya y demos el asunto por zanjado cuanto antes. Como heredero de Vallespino que soooyyy
-el muchacho hizo especial incapié en este particular, como haciéndose el importante-, tengo múltiples asuntos que atender.

Evidentemente, si entendemos por <<asunto>> a la joven criada que aún le esperaba en sus aposentos, pues si, hemos de admitir que Ser Robyn tenía mucha razón. En cualquier caso el caballero comenzó a sospechar, por la larga mirada de su tesorero, que la cosa tenía pinta de alargarse mucho más de lo pretendido en principio por el muchacho.
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Re: Prólogo: Una dura organización

Mensaje por Flagg » 26 Nov 2010, 19:11

Maestre Orwin

Habiendo dejado pasar los los puntuales comentarios del heredero y tras escuchar atentamente la inoportuna charla, el maestre se limita a posar el pergamino sobre la mesa, juntar los dedos de ambas manos en actitud paciente y mirarlo por encima de los cristales de sus lentes, con una suave sonrisa dibujada entre sus barbas.

Al ver que ser Damien y lady Anne no tienen intención de responder al muchacho, comienza a hablar de forma pausada.

-Mi estimado ser Robyn -comenta con amabilidad y respeto, un tanto exagerados - nada más lejos de mi servil intención se encuentra el abrumaros con las formalidades y detalles técnicos de vuestro Día del Nombre. Comprendo que queráis una ceremonia íntima, con vuestros amigos y la familia, mas lamento deciros que lady Anne y ser Damien (aquí presentes) han considerado el acontecimiento como una oportunidad política importante, y yo hago lo que se me dice que haga. Entiendo, sin embargo, que como heredero de Vallespino que sois tendréis importantes asuntos que atender y estoy seguro de que a vuestra noble hermana y a vuestro tío no les importará si os ausentáis de la reunión...

El afable anciano, acostumbrado a la personalidad del joven, lanza la velada invitación al caballerete y luego, recolocándose los anteojos, se pone a rebuscar entre los amontonados pergaminos.

-Con respecto a la lista de invitados...
Última edición por Flagg el 28 Nov 2010, 20:53, editado 1 vez en total.

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Y.O.P.
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Re: Prólogo: Una dura organización

Mensaje por Y.O.P. » 27 Nov 2010, 02:04

Ser Robyn

-Mi estimado Ser Robyn -comentó con una amabilidad y respeto, un tanto exagerados - nada más lejos de mi servil intención se encuentra el abrumaros con las formalidades y detalles...

- Bla bla bla bla- Ser Robyn volvió tranquilamente hasta su posición anterior, con los pies sobre la mesa, no sin antes sacarse un moco, hacer una bolita con él, y pegarlo subcrepticiamente bajo el asiento, así, para matar el rato.

- ...Entiendo, sin embargo, que como heredero de Vallespino que sois tendréis importantes asuntos que atender y estoy seguro de que a vuestra noble hermana y a vuestro tío no les importará si os ausentáis de la reunión...

- ¡Demonios!, ya era hora- se interesó Ser Robyn farfullando por lo bajo, después de haberse tirado unos segundos preciosos asintiendo sin escuchar- Ciertamente mi buen maestre...Ciertamente. Asuntos importantes y urgentes, no os quepa la menor duda. Bueno pues, en lo que a mi persona respecta, doy por claudicada la reunión.

El caballero se levantó de la mesa, bajó la cabeza, murmuró algo durante un momento y luego fue a salir apresuradamente de la habitación, cuando encontrándose en el dintel escuchó:

-Con respecto a la lista de invitados...

- ¡Ah!, ya sabía yo que se me olvidaba algo- el joven se giró sobre sus pasos como si tuviese algo muy importante que decir- Con respecto a eso...Haced el favor de no sumar más penurias a mís penurias, que mirad que bastante tengo ya con vosotros.El caballero hizo una pausa para colocarse bien la plumilla del sombrero ante las caras atónitas de los presentes.

-Bien, dicho todo esto, creo que me retiro nuevamente a mis apose...Digo, a mis tareas- Una sonrisa fugazmente cortés, una mueca, un portazo y visto y no visto. Mientras se marchaba de allí, el resto de los tertulianos escucharon al caballero tararear alguna canción en el descansillo, muy animado. Después de todo, al final había conseguido recordar cómo era.
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Re: Prólogo: Una dura organización

Mensaje por Weiss » 27 Nov 2010, 17:13

Ser Damien Hawthorn

Aún faltaba un buen rato para el amanecer cuando Ser Damien Hawthorn comenzaba su jornada. Tras levantarse, lavarse y vestirse, su destino siempre era el mismo. Llevaba largos años siendo el mismo, desde la misma mañana en la que fue armado caballero en Bastión de Tormentas. Por el camino hacia la capilla, se detuvo delante de la puerta de su hija. Ilenya, como todas las mañanas acudía a rezar con su padre. Damien estaba orgulloso de ella. No sólo se había convertido en la portadora de una belleza deslumbrante, sino en una doncella amable y piadosa. Durante el trayecto, mantuvo una charla con ella, comentando detalles, anécdotas del día anterior. Una vez ya en la capilla, cada uno se dedicó a sus quehaceres. Mientras que Ilenya prefería elevar sus oraciones a la doncella, Damien consideraba a otros sus protectores. El guerrero, el padre, el herrero y, por supuesto, el desconocido, eran los aspectos que predominaban en las oraciones del devoto caballero.

-Padre, ayúdame a cuidar de los míos como tú haces con nosotros. Guerrero, que mi brazo no tiemble, que mi espada no falle a la hora de combatir en tu nombre y en el mis señores. Herrero, cuida de mi espada, de mi armadura. Que no se quiebren en el fragor de la batalla. Desconocido, acógeme llegada la hora.

Tras las plegarias, cada uno partió en pos de sus obligaciones. Ilenya, como doncella de Anna, debía estar lista para cuando ella se levantase, con el fin de ayudarla a vestirse y peinarse. Damien se despidió de ella y marchó en pos de la armería. Entrenar todas las mañanas se había convertido en una manía del caballero, casi en una especie de ritual. Convencido de que si uno descuidaba su entrenamiento acababa perdiendo la habilidad, se sometía a duros ejercicios y prácticas cada mañana. Los soldados del castillo solían prestarse a combates de práctica, y agradecían cualquier consejo o correción del veterano guerrero. Aquella mañana, su entrenamiento consistió en medir su acero, Templanza, contra los de un par de guardias, llamados Raymund y Lothar. No era la primera vez que peleaba contra los chicos, y su mejoría era más que evidente. Satisfecho, Damien se aseguró de recalcarlo.

-Habéis mejorado mucho desde la última vez. Buen trabajo.

Para cuando terminó, ya era la hora a la que el resto de habitantes del castillo solían levantarse y desayunar. Se apresuró a lavarse algo y cambiarse de túnica, pues aquella mañana tenía trabajo que hacer. Se acercaba el día del nombre de su sobrino Robyn, y habían acordado reunirse para planear la celebración. Cuando Damien llegó a la pequeña biblioteca del castillo, Ser Robyn Lady Anna y el Maestre Orwin ya habían tomado asiento. Orwin, siempre amable, dio la bienvenida al resto de presentes, y procedió a abrir la reunión. Sus datos fueron principalmente económicos, pues el buen hombre había calcuado cuánto costaría el festejo. Sin embargo, la cifra que daba era desorbitada. Damien diría algo, pero aún no era el momento.

Ser Robyn sí decidió contestar, con las desvergonzadas formas que eran habituales en él. Era más que claro que el heredero quería terminar con aquello lo antes posible, para enfrascarse en lo que quiera que considerase trabajo. Tiempo antes, Ser Damien habría dicho algo, pero a esas alturas consideraba que sería perder el tiempo. Sólo esperaba que el paso de los años y la experiencia templasen al díscolo heredero.

Orwin, con unas palabras no carentes de ironía, decidió contestar a Ser Robyn, dándole la oportunidad de irse. Ser Damien no habría sido más claro. El heredero no dudó en aceptar el ofrecimiento, y dando una nueva muestra de sus ejemplares modales partió de la estancia. Damien suspiró.

-Bien, creo que ahora podremos dar comienzo a la reunión. Maestre, considero excesiva la suma que proponéis. Obviamente, no soy nadie docto en tales lides, por lo que quien tendrá la última palabra será nuestra querida Anne. Sólo opino que una cuarta parte de las arcas en un día del nombre es una suma demasiado elevada, por muy vigésimo que sea. En cuanto a la lista, me encantaría escucharla, maestre. Debemos confeccionarla cuidadosamente... Propongo que primero zanjemos tal asunto, y luego ya pasemos a los demás.

Con Robyn ausente, podrían ponerse a trabajar en serio.
Última edición por Weiss el 28 Nov 2010, 13:32, editado 2 veces en total.
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Re: Prólogo: Una dura organización

Mensaje por Saratai » 27 Nov 2010, 18:53

Lady Anne Hawthorn

Que cansancio, y encima... Oish, estoy hecha un desastre.

-¡Ilenya, trae el cepillo!

Necesito un viaje, me estoy agobiando...


-El rojo, cariño, el marrón me hace daño. Si, ese. ¿Está listo el vestido de encaje? Creo que me pondre ese, el resto los llevo usando toda la semana, mejor mandalos lavar.


La señora de Vallespino, y única hija del señor de la casa Hawthorn no necesitaba demasiado para agobiarse. Disfrutaba llevando el control de todo, y en el momento que no lo tenia, comenzaba a inflamarse y llenarse de preocupaciones. Por ello, desde joven habia querido aprender a leer, a contar, a llevar la contabilidad y a conocer todos y cada uno de los rincones de Vallespino. Con el tiempo, llegó a conocer tan bien el castillo y sus alrededores como sus propios dueños (o tal vez más).

No se encontraba amargada por conocer su condición. Era cosciente de que todo su trabajo era inútil, que jamás heredaria, que siempre serviria a sus hermanos, y a los hijos de estos, y que los suyos propios, si los tuviera, no tendrian derecho a nada que no fuera morir por sus señores en algun campo sucio sin recompensa alguna. La vida no la habia complacido jamás con grandes regalos, pero ella tampoco lo habia esperado. Se contentaba con los pequeños detalles de la vida, con paseos por la rivera del rio, con leer libros de poemas y de historia, y sobre todo, con ver felices a las gentes de su tierra.

Decir que Anne era altruista seria exagerar, pero se sentia orgullosa de su sangre, y de su familia. Asi mismo, saber que su gestión ayudaba a sus vasallos a vivir más holgadamente era de agradecer. Si ellos servian a la familia Hawthorn los dioses reclamaban una compensación por su esfuerzo, y no seria ella quien se olvidara de ello.

Habia llegado la hora de la reunión con Damien y el maestre. Tal vez también estuviera Robyn, no lo sabia. Pero al caso era lo mismo. Su hermano no habia aprendido disciplina, y la falta de una madre habia sido un accidente que ella no habia podido remediar. Sin embargo, Anne se mostraba incapaz de olvidar sus tareas, y si podia enderezar los muros de Vallespino, tambien podria, aunque no hacer de Robyn un lider como Vallespino merecia, al menos alguien capaz de mantener las apariencias.

En las reuniones, Anne no solia hablar demasiado. Preferia callar a gastar saliva, y sus contribuciones eran las minimas y necesarias. Preferia intervenir únicamente cuando tenia motivos para hacerlo. Y tras escuchar la conversación de Roby con el Maestre, se percató de que los motivos habian acudido a su cita.

-Espero que mis señores hayan dormido bien esta noche, pues nos espera un duro día de trabajo...

-Buaah...Ciertamente os espera un duro día de trabajo

-Nah, ya da igual

Fue el Maestre Orwin quien se encargó de comenzar con la reunión. Siempre lo hacia, como buen sirviente, con diligencia y respeto. Lo siguió Roby, que a su vez, siguió la tradición de faltar a las dos anteriormente citadas virtudes del Maestre.

-Creo que les complacerá si empezamos la reunión hablando de dinero; no voy a importunarles con los pormenores y detalles de todos los gastos que he calculado serán necesarios para el evento, mas si quieren comprobar mis notas... pero imagino que tienen cosas más importantes que hacer. Resumiendo, el presupuesto necesario asciende a unos dos mil dragones de oro, teniendo en cuenta las justas, los combates, la competición de tiro con arco, el habituallamiento y comodidades necesarias para las personalidades invitadas, premios, etcétera. Aprovecho para recordarles que las arcas de la familia cuentan en este momento con ocho mil dragones de oro.

-Por favor, ¡por favor!, ¿ya estamos otra vez?. No nos entretengamos en las particularidades de la onomástica. La fiesta ha de ser tranquila y sin formalidades. Respecto a la lista de invitados, siendo vos quien la organiza, seguramente la encontraremos enriquecida con gran cantidad de personajes casuales que en nada tienen que ver con mi persona, bajo oscuros pretéxtos y formalidades con las que adivino que de no tardaréis en abrumarme. Item, os encomiendo que comencéis ya y demos el asunto por zanjado cuanto antes. Como heredero de Vallespino que soooyyy, tengo múltiples asuntos que atender.


Pausa eterna, resoplos, y si nadie entraba en la sala, Orwin continuaria su labor.

-Si nadie tiene nada que añadir continuaré enumerando la lista de invitados que lady Anne me encargó elaborar...

Aham.

Aunque imaginaba que Damien diria algo, fallo de calculo.


-Mi estimado ser Robyn, nada más lejos de mi servil intención se encuentra el abrumaros con las formalidades y detalles técnicos de vuestro Día del Nombre. Comprendo que queráis una ceremonia íntima, con vuestros amigos y la familia, mas lamento deciros que lady Anne y ser Damien (aquí presentes) han considerado el acontecimiento como una oportunidad política importante, y yo hago lo que se me dice que haga. Entiendo, sin embargo, que como heredero de Vallespino que sois tendréis importantes asuntos que atender y estoy seguro de que a vuestra noble hermana y a vuestro tío no les importará si os ausentáis de la reunión...

-¡Demonios!, ya era hora. Ciertamente mi buen maestre...Ciertamente. Asuntos importantes y urgentes, no os quepa la menor duda. Bueno pues, en lo que a mi persona respecta, doy por claudicada la reunión.


Parecia que Robyn iba a marcharse, pero habian tres detalles que Anne no podia permitir. Tomo notas de ellos, y espero que el muchacho se fuera de alli.

-Con respecto a la lista de invitados...

-¡Ah!, ya sabía yo que se me olvidaba algo. Con respecto a eso...Haced el favor de no sumar más penurias a mís penurias, que mirad que bastante tengo ya con vosotros. Bien, dicho todo esto, creo que me retiro nuevamente a mis apose...Digo, a mis tareas.

-Bien, creo que ahora podremos dar comienzo a la reunión. Maestre, considero excesiva la suma que proponéis. Obviamente, no soy nadie docto en tales lides, por lo que quien tendrá la última palabra será nuestra querida Anna. Sólo opino que una cuarta parte de las arcas en un día del nombre es una suma demasiado elevada, por muy vigésimo que sea. En cuanto a la lista, me encantaría escucharla, maestre. Debemos confeccionarla cuidadosamente... Propongo que primero zanjemos tal asunto, y luego ya pasemos a los demás.

Fue entonces cuando Damien intervino. Anne esperaba que hubiera dicho algo antes, pero estaba claro que el no iba a reprender a Robyn. Nadie iba a hacerlo, ni su padre, ni Orwin, ni su tio. Era el heredero, y podia hacer lo que le viniera en gana. Al menos en teoria. Aquella noche Robyn recibiria una reprimenda, y no seria en forma de rameras y alcohol.

Ya habia llegado la hora de participar.

-Maestre Orwin, mi hermano es el heredero de Vallespino, pero no su señor. No vuelva a seguirle el juego de sus estúpideces jamás. Tampoco vuelva a hablar nada por sentado, quiero ver sus notas, y por último, también le ruego que antes de presentar una cifra a gastar explique detalladamente el presupuesto. No somos leones, no nos sobra el oro y no podemos tolerar gastar un dragón de más.


De pequeña ella no habia sido asi. Habia sido una niña despreocupada y sonriente, pero el paso de los años le habia borrado todo el sentido del humor que debiera haber protegido, y el poco que le quedaba era negro y corrupto. No es que fuera una mala persona, ni mucho menos. Pero la luz de los dias se habia apagado desde aquella tarde en...

-Ahora quiero ver el presupuesto, si su gracia hace el favor estaré sumamente complacida con repasar los gastos en alimento, músicos, sirvientes, carpinteros, guardias asi como los asistentes, lugares y espacios que van a tener relación en el evento. Le ruego que vuestra merced no sea escueto, tenemos todo el día por delante ¿me equivoco?

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Re: Prólogo: Una dura organización

Mensaje por Weiss » 27 Nov 2010, 19:25

Damien Hawthorn

Finalmente, Anna había decidido intervenir. Aquella niña, infravalorada por casi todos desde pequeña, se había convertido en toda una maestra en cuestión de manejo de finanzas. Sin embargo, y como prácticamente todos los jóvenes, pecaba de impaciencia, que manifestaba queriendo pasar rápidamente a su terreno, el dinero. Damien recalcaría que el asunto de la lista era prioritario.

-Un momento, Anne. Antes de ponernos a hacer cuentas insisto en que deberíamos acordar la lista de invitados. Los gastos pueden variar enormente dependiendo de cuánta gente acuda, así que antes tendremos que saber a cuántas almas acogerá el castillo. Además, estoy completamente seguro de que tendréis varias ideas que aportar al respecto.
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Re: Prólogo: Una dura organización

Mensaje por Flagg » 28 Nov 2010, 20:52

Maestre Orwin

Tal y como se esperaba que hiciera, el maestre había escuchado y soportado con decoro las replicas irrespetuosas de Robyn, las correcciones de lady Anne y las quejas de ser Damien. Cuando ingresó en la ciudadela era perfectamente consciente del precio a pagar por todos aquellos conocimientos: una vida de servidumbre; esto implicaba adulación y compostura en momentos que sacarían de sus casillas a cualquier otra persona. Todo esto, el venrable Maestre Orwin lo asumía y cumplía a rajatabla, y podía decirse que nunca habia fallado a sus señores.

Sin embargo, había algo que el anciano no llevaba nada bien, y esto era sujetarse la lengua y no dar su opinión sobre algo que consideraba importante. Y esto le hacía especialmente bueno en otro de sus múltiples cometidos: el de consejero.

-¡Ah!, ya sabía yo que se me olvidaba algo. Con respecto a eso...Haced el favor de no sumar más penurias a mís penurias, que mirad que bastante tengo ya con vosotros. Bien, dicho todo esto, creo que me retiro nuevamente a mis apose...Digo, a mis tareas.

Por suerte para todos no eres tu quien decide eso... sin él aquí podremos organizarlo todo mucho mejor.

Luego, el paciente hombre escuchó lo que sus dos inmediatos superiores tenían que decir, y estaba a punto de obedecer y pasarle a lady Anne la ingente cantidad de pergaminos con los pormenores del presupuesto, cuando ser Damien insistió.

-Un momento, Anne. Antes de ponernos a hacer cuentas insisto en que deberíamos acordar la lista de invitados. Los gastos pueden variar enormente dependiendo de cuánta gente acuda, así que antes tendremos que saber a cuántas almas acogerá el castillo. Además, estoy completamente seguro de que tendréis varias ideas que aportar al respecto.

El maestre miró a lady Anne.

-En este caso debo decir que no puedo estar más de acuerdo con vuestro tío, mi señora. Y con respecto al desorbitado presupuesto, efectivamente lo comprenderéis mi señor - en este momento mira a ser Damien - cuando veáis la lista de invitados. Estoy de acuerdo con vos en que es una cantidad excesiva para el cumpleaños del muchacho, mas creo que no habéis considerado mis señores, el hecho de que al margen de lo que un Día del Nombre pueda significar, esta celebración puede suponer una importante maniobra política. Doy gracias a los Siete de que no sea Robyn el encargado de los invitados... y esto me lleva de nuevo al tema del dinero: no podemos escatimar en gastos para un evento al que deberá asistir lord Mace Tyrell de Altojardín, importantes miembros de la Casa Baratheon o, por ejemplo... lord Randyll Tarly de Colina Cuerno... - el Maestre Orwin esboza una significativa sonrisa mirando alternativamente a los dos nobles y cogiendo un pergamino que parece contener una larga lista de nombres -Si dais vuestra aprobación comenzaré a enumerar a los asistentes que considero imprescindibles...

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Re: Prólogo: Una dura organización

Mensaje por Weiss » 09 Dic 2010, 19:38

Damien Hawthorn

En vez de Anne, fue el maestre Owin quien respondió a las palabras del caballero. Aquel anciano se había ganado el respeto de Ser Damien. Era inteligente y honesto, y no dudaba a la hora de plantear las cosas. Su respuesta dio a entender que, al igual que Anne y Damien, tenía grandes ideas para el festejo del Día del Nombre. Al parecer entre sus invitados figuraban hombres del calibre de Lord Mace Tyrell y Lord Randyll Tarly. Ninguno de los dos caía especialmente bien a Ser Damien, que sin embargo sí reconocía su poder y riqueza. Se trataba de invitados que no sólo darían prestigio a la celebración, sino que además se podía aprovechar la ocasión para tratar con ellos varios temas. Mucho más contento estuvo Damien con la mención a los Baratheon. Los señores de la tormenta siempre se habían portado bien con él, y sentía hacia ellos un gran respeto y admiración, en especial hacia el más grande de todos ellos, el rey Robert I. Interpretando el silencio de Anne como un signo de conformidad, Damien habló.

-No me malinterpretéis, maestre. Ni mucho menos es mi intención ser tacaño en lo que concierne al festejo. No soy hábil en materia de finanzas, y sólo pretendo recordar que sí, se gastará lo que sea necesario, pero ni un venado más. Obviamente, deberemos poner a disposición de los invitados todo lo que sea menester, pero de ahí a derrochar existe un trecho. Soy consciente de las posibilidades que nos ofrece la celebración, estimado amigo, y sé que vuestra lista habrá sido preparada pensando en ello. En vista de los nombres que habéis adelantado, ardo en deseos de conocer el resto de ilustres invitados. Proceded, maestre.
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