Condottiero

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Condottiero

Mensaje por kurgan » 10 May 2011, 11:49

Una compañía mercenaria, o condotta, es en general un asunto que requiere cuidadosa planificación para mantenerse. Junto con los mercenarios viajan criados, seguidores, mujeres o prostitutas, bagaje, animales de carga, que hay que alimentar, cobijar y mantener. Para ello es necesario un servicio de intendencia, una organización y disciplina y, evidentemente, dinero.

Cuando es contratada por una ciudad, la compañía firma un contrato con su empleador en el que se fija una remuneración semanal, se estipula el método de pago, se cede un terreno para que la compañía construya el campamento, se fija el precio de los alimentos que la compañía adquirirá (evidentemente, con corruptelas y pagos bajo mano para determinar compradores preferentes). Trantio contrataba a unos cuantos cientos de hombres cada verano, como defensa ante las fuerzas de sus tradicionales enemigos Remas y Pavona o para enfrentarse contra los skaven de las colinas, y en general, aunque el gasto era alto, compensaba el riesgo de evitar intentos de conquista por parte de los vecinos.

Así funcionaban las cosas en el campamento de la compañía Alcatani, o en el de los soldados mercenarios de Voreno: orden, disciplina, servicios de patrulla, guardias y preparativos para la primavera, que prometía alguna batalla campal contra el tradicional enemigo pavonés. Pero la tercera banda mercenaria, los Señores de la Guerra de Giocamo, era una cosa totalmente diferente.

Estaba constituido como un variopinto conjunto de grupos que llevaban varios años recorriendo las tierras de los Reinos Fronterizos, y se había abastecido de la chusma que éstos podían ofrecer. Un grupo de caballeros imperiales y tileanos desheredados y aventureros, en conjunción con una banda de cuatreros de los Reinos, se habían unido a una cuadrilla de ballesteros tileanos para servir a los enanos en el Río de la Sangre. Tras algunos combates contra los orcos, fueron contratados por el caudillo Urdak de los Dientes de Hierro, contra sus rivales tradicionales de los Caras Pintadas.

Tras saquear uno o dos castros orcos, Urdak fue devorado por sus familiares y la compañía cruzó una vez más el río, esta vez hacia el Norte, perseguido por una horda de monstruos y acompañado por un contingente de Caras Pintadas que habían sido tomados prisioneros para ser devorados por los Dientes de Hierro y, en la confusión, aprovecharon para unirse a sus antiguos rivales. Tras una temporada de guerras y combates, así como el saqueo de una aldea o dos, devastaron como bandidos una porción de los Reinos Fronterizos antes de huir del ejército de Luccini y pasar las nieves muriéndose de hambre por las colinas, hasta que cruzaron los montes hasta Trantio y se pusieron al servicio de la ciudad.

Durante todo este periplo, lo único que había mantenido unidos a los diversos grupos había sido el carisma de Giocama, lo más parecido a un general que tenían. De apenas veintitrés años, se decía, tenía dotes de mando naturales y una gran astucia para mantener el control sobre la compañía. Ahora, sin embargo, se había caído del caballo y decían que moriría pronto de sus heridas. Sus lugartenientes, el Averlandés, Marco Caraviruela y Mostrenco, discutían y maniobraban entre sí para convertirse en el nuevo líder de la compañía, y se preocupaban poco de mantene el orden en el campamento.

Los orcos, unos ochenta, habían revivido una antigua disputa entre clanes y se apiñaban en dos grupos opuestos en los extremos más alejados del campamento, gruñéndose y bramándose entre sí en su idioma gutural y construyendo ídolos de excrementos a sus bárbaras deidades paganas.

La disciplina, siempre laxa en el variopinto grupo, había caído en picado. El campamento era una porquería, nadie se preocupaba de excavar letrinas ni de quemar los residuos. No había guardias, ningún comerciante salvo el más desesperado quería tratar con ellos, y los mercenarios saqueaban y robaban a la población local. Más de uno y de diez se habían escurrido en la noche, para desertar.

En este ambiente, no es que apeteciese mucho despertarse...

XXX

18 de Sigmarzeit, año imperial 2521, afueras de Trantio

Domenico Falcone despertó bruscamente, cuando, con un tirón brusco, su mejor amigo le sacó la manta de encima. Urbalak se rió con un curioso jadeo al ver el parpadeo desorientado de Domenico.

-Eshtá quí. Llocamo il Guapo-dijo en un tileano macarrónico, refiriéndose a Salvatore Gioccamo "el Guapo", uno de - Él quierre hablar con Domenico, ¿sí?

-¿Gustas, Domenico?-dijo Gioccamo, apareciendo en escena y ofreciéndole al ballestero un par de huevos de gallina. Él mismo rompió uno de ellos por la punta e introdujo una pajita, para sorber el contenido. Era un hombre mayor, de casi cuarenta años, que había pasado toda su vida guerreando, o eso contaba, y tenía la extraña costumbre de tutear a todo el mundo más joven que él. Un hacha de guerra le había destrozado la cara y le había dado el sobrenombre de guapo. Sin pedir permiso, se sentó junto a Domenico, cruzando las piernas. El ballestero era demasiado pobre como para tener tienda, así que dormía al raso, arrimándose a su mula, María, cuando hacía demasiado frío.

-Venía a hablarte del estado del campamento.

Gioccamo desvió la mirada hacia un rincón, donde había estallado una pelea entre dos salvajes de los Reinos Fronterizos por algún motivo que sólo ellos comprendían. En otro lugar, una ramera llena de moratones salía arrastrándose de una tienda de campaña a través de un agujero en la tela. Uno de los grupos de orcos empezó a batir sus primitivos tambores, y dos de ellos se destacaron para realizar una danza ritual, al tiempo que un chamán totalmente desnudo escupía maldiciones con una carraca hacia sus rivales. Éstos respondieron con gritos, insultos y más tambores, hasta que el campamento estalló en una cacofonía de ruido.

-Fíjate en los huevos. Son una mierda de esas, que se dice, matáfora. Los hemos conseguido en una granja cercana esta noche, pero los dueños ya estarán huyendo, a estas horas. No se puede estar saqueando siempre el mismo sitio. Pan pa hoy, hambre pa mañana. El hombre al que represento, Marco Caraviruela, entiende nuestras preocupaciones y problemas, pero hay otros que quieren interferir y mantener este estado de caos.

Bertolucci escupió a un lado trocitos de cáscara de huevo.

-Por supuesto, antes de imponerse tiene que mantener la moral y demostrar que puede ser un buen líder. Nadie te asocia con él, así que puedes actuar bastante librmente. Por eso he venido hoy al amanecer, cuando están todos durmiendo tras haber estado hablando y bebiendo esta noche. Eres un tipo listo, Domenico, y puedes ser de utilidad a la causa de volver a convertir esto en un ejército mercenario. Escucha dos cosas: por una parte, los animales están peleándose. Ya sabes cómo son los orcos, matándose por cualquier tontería. Tú aprendiste algo de su lengua; si pudieras averiguar qué causa la disputa, Marco se encargaría de solucionarla. En otro orden de cosas, algunos de los tileanos están desertando. Ayer mismo se escurrieron otros cuatro, y creemos que han ido al Norte. Por ello, ese maldito hafling que tenemos como remedo de pagador, Enrico, ha decretado toque de queda. Tú le caes bien. ¿Crees que serías capaz de conseguir un permiso para que cinco de nosotros saliésemos del campamento para cazarlos?

Off: Weiss, puedes postear aquí, y perdón por el tochopost. Está en tu mano aceptar la oferta de Gioccamo, interferir en la disputa de los orcos o actuar como desées, pero ten en cuenta que, si no colaboras con Gioccamo, puede desconfiar de que estés trabajando de acuerdo con otros pretendientes al puesto de condottiero. Sube cuando puedas la ficha de tu personaje al apartado correspondiente. No sé si he puesto bien tu nombre y apellidos, si no, avísame y edito.

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Re: Condottiero

Mensaje por Weiss » 14 May 2011, 21:56

Domenico Falcone

Había múltiples formas de despertar. Los artesanos solían levantarse al romper el alba. Los cuentos siempre hablaban de variopintos personajes que se despertaban con el canto de los pajarillos. Otros se levantaban al oír rugir el cañón, y otros lo hacían al ser agitados por un orco. Era una forma más de despertar, y además era la que predominaba en la gris existencia de Domenico Falcone.

Intentando desprenderse de su ajada y sucia manta, el ballestero buscó instintivamente su gorra. Mientras, Urbalak sonreía divertido al ver el manifiesto desconcierto del mercenario. Cuando éste finalmente dio con su boina y empezó a ponerse en pie, el orco le ofreció ayuda, a la vez que le explicaba el motivo del tal intromisión en su descanso.

-Eshtá quí. Llocamo il Guapo. Él quierre hablar con Domenico, ¿sí?

Al parecer Giocamo había decidido hacerle una visita. "El Guapo" era uno de los secuaces de Caraviruela, uno de los aspirantes a convertirse en capitano en cuanto el condottiero estirase la pata. El mercenario apareció de la nada en la escena, ofreciendo al ballestero algo de comer, que no fue nada mal recibido. Domenico se los pasó a Urbalak, para que fuese preparando algo con ellos. Mientras el orco iba a buscar un recipiente, Giocamo se sentó se sentó junto a Domenico.

-Venía a hablarte del estado del campamento.

Por lo menos no iba a andarse por las ramas. Era obvio que al campamento era un caos, y no había nada capaz de ponerle remedio. Domenico sabía que cada uno de los lugatenientes estaba ya moviendo sus piezas, buscando apoyos. Caraviruela pretendía sin duda que Falcone formase parte del suyo. Era cierto que la compañía necesitaba a alguien que la dirigiese, y pronto. El campamento estaba hecho una auténtica pocilga, ningún comerciante quería tratos con ellos, algunos compañeros ballesteros estaban descontentos y las riñas entre los orcos eran cada vez más frecuentes. Domenico no sabía si Caraviruela sería la solución a ninguno de los problemas, pero estaba claro que había que hacer algo.

-Fíjate en los huevos. Son una mierda de esas, que se dice, matáfora. Los hemos conseguido en una granja cercana esta noche, pero los dueños ya estarán huyendo, a estas horas. No se puede estar saqueando siempre el mismo sitio. Pan pa hoy, hambre pa mañana. El hombre al que represento, Marco Caraviruela, entiende nuestras preocupaciones y problemas, pero hay otros que quieren interferir y mantener este estado de caos.

Tras escupir, Giocamo continuó.

-Por supuesto, antes de imponerse tiene que mantener la moral y demostrar que puede ser un buen líder. Nadie te asocia con él, así que puedes actuar bastante librmente. Por eso he venido hoy al amanecer, cuando están todos durmiendo tras haber estado hablando y bebiendo esta noche. Eres un tipo listo, Domenico, y puedes ser de utilidad a la causa de volver a convertir esto en un ejército mercenario. Escucha dos cosas: por una parte, los animales están peleándose. Ya sabes cómo son los orcos, matándose por cualquier tontería. Tú aprendiste algo de su lengua; si pudieras averiguar qué causa la disputa, Marco se encargaría de solucionarla. En otro orden de cosas, algunos de los tileanos están desertando. Ayer mismo se escurrieron otros cuatro, y creemos que han ido al Norte. Por ello, ese maldito hafling que tenemos como remedo de pagador, Enrico, ha decretado toque de queda. Tú le caes bien. ¿Crees que serías capaz de conseguir un permiso para que cinco de nosotros saliésemos del campamento para cazarlos?

No era ningún secreto que Domenico chapurreaba cuatro palabras en lengua orca, ni que era un tipo apreciado en el campamento. Caraviruela quería que Domenico descubriese el motivo de la pelea entre los orcos, y que convenciese al pagador de que dejase a varios mercenarios salir a cazar a los desertores. Falcone no tenía problema en cuanto a lo primero, pues que los orcos se calmasen sería bueno para todos. En cuanto a lo segundo, tenía algún reparo más. Si los ballesteros habían decidido largarse era cosa suya, y no tenía demasiadas ganas de que unos cuantos saliesen a cazarlos, con más que posibles trágicos resultados.

-Creo que os puedo echar una mano, signore. No le quepa la menor duda de que tengo tantas ganas como vos de que ésto vuelva a parecerse a una compañía de verdad. Puedo hablar con los orcos, a ver qué les pasa. La verdad es que lo más fácil es que estén pegándose por cualquier gilipollez, y será mejor pararlos antes de que se maten, o nos maten por estar en medio. Sobre los ballesteros, dudo que ya sea fácil atraparlos, con una noche de ventaja. Quizás si recibiesen sus pagas a tiempo desertarían menos. -Domenico miró a Giocamo- Quizás el signore Caraviruela pueda hacer algo al respecto. Si no tenéis nada más que decir, voy a ver si me entero de qué les pasa...



FDI: la ficha la subiré el lunes, porque este finde no tengo conmigo el ordenador en el que la guardé. Saludos y esas cosas.
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Re: Condottiero

Mensaje por kurgan » 16 May 2011, 01:27

18 de Sigmarzeit, año imperial 2521, afueras de Trantio

Gioccamo sonrió ante la primera parte de la respuesta de Domenico, al ver que éste aceptaba la propuesta de solucionar para su bando la cuestión orca. Un gesto que, debemos admitir, no contribuyó a acrecentar su belleza, más bien al contrario, pues remarcó las terribles heridas que le desfiguraban el rostro. Sin embargo, el ballestero pudo notar que la segunda parte de su intervención era peor recibida, aunque el mercenario se esforzó por no borrar la sonrisa de su rostro y se despidió del miraglianés con una amistosa palmada.

-Venga, venga, que el día es muy largo y hay tiempo para pensárselo. ¿Qué puede hacer un pobre soldado que no recibe su dinero, como el de sus camaradas? La responsabilidad de pagar, está claro, es del pagador, nuestro halfling de la suerte. Diríaase que incluso la misma palabra lo dice: pagador el que paga, y si no paga, mal vamos. En todo caso, te invito a jalar conmigo y algunos amigos al medio día, tendremos para comer y beber y además podremos comentar el problema que tienen los putos orcos entre sí. Y el que tenemos, todos, con el Mostrenco y el Averlandés, ¿eh?

Por otra parte, reunirse con los orcos no fue ningún problema. Tan sólo le bastó a Domenico acercarse al gruop más numeroso para que un conocido requiriera su presencia: Desnarigado, una especie de líder entre los Caras Pintadas, que ese día habían hecho honor a su nombre tintándose los rostros con sus pinturas de guerra. Desnarigado chapurreaba aceptablemente tileano y había sido el que unió a los prisioneros de los Dientes de Hierro a la banda de Giocama, además de ser el que siempre parlamentaba en nombre de los orcos en la compañía.

Su nombre original era impronunciable, así que los humanos lo habían llamado Desnarigado después de que el cacique Urdak mandase que lo azotasen y le cortasen la nariz. Había sido un jefe guerrero bastante importante de los Caras Pintadas, famoso por sus habilidades de rastreo, así que Urdak pensó que comiéndose su nariz conseguiría su destreza a la hora de pelear en guerrillas en el terreno abrupto de su propio pueblo. En todo caso, el mote de Desnarigado se había hecho popular y ahora lo usaban también los propios orcos, que parecían creer que significaba algo así como "líder" o "traductor".

-Gushka nobgla, días buenos. ¡Sienta! Dominico amico.

El cacique pasó entonces a contar una historia, una parte esencial de la etiqueta bárbara de los orcos. Éstos, como pueblo primitivo que eran, se empeñaban en mostrar calma cuando más excitados se hallaban, así que, cuando alguien les venía a hablar de un problema urgente -y Desnarigado, que no era tonto, había seguido con ojo avizor la conversación del Guapo con el ballestero y sospechaba que los humanos querían saber qué había dividido su grupo en facciones y si él no era capaz ya de controlar a los orcos- empezó la conversación con una narración. Por suerte, los orcos perdían la paciencia con relatos largos y aburridos y sus cuentos eran invariablemente breves y sangrientos.

Las historias orcas solían ser de guerras y leyendas, intervenciones divinas y combates a muerte. En este caso, relató un cuento esencial en la historia orca: cómo su raza había vivido antaño en una tierra idílica situada al Norte, cubierta de espesos bosques y rica en caza. En este territorio, contaba la historia, abundaban la comida, las hembras y las esclavas, tanto que ningún orco tenía que cansarse trabajando ni pasaba hambre. En aquellos tiempos, todos eran más longevos, más fuertes y más grandes, y los dioses se paseaban por la tierra, y los orcos hacían grandes combates y fiestas y sacrificios para entretenerlos. Entonces llegaron los humanos, y los orcos se los comieron o los esclavizaron. Pero entonces los humanos se irguieron liderados por alguien que tenía un hacha o un martillo, según dibujó Desnarigado en el suelo, y expulsó a los orcos al sur, pero éstos volverían algún día, decían los chamanes.

Urdalak rió con el jadeo característico de los orcos, parecido a un ladrido, al escuchar la historia.

-Cuentio-dijo estremeciéndose de la risa- Kashuevala. Cuentio para cachorrros. Tontos los Caras Pintadas, tonto Desnarrrigado, si se lo crree.

Los Caras Pintadas rugieron en desafío ante el insulto, y algunos incluso se levantaron agitando sus armas, pero su cacique los retuvo con un ladrido y un gesto.

Desnarigado le dijo algo a Urdalak que Domenico no supo interpretar, y que motivó que el Diente de Hierro se levantara, a su vez, y se retirara diez pasos. Eso sí, no soltó la maza que había amarrado con fuerza ante las amenazas de los Caras Pintadas.

Domenico sabía que no corría buena sangre entre su amigo y los Caras Pintadas. Ambos provenían de tribus diferentes, y el padre de Urdalak había cortado la nariz de su cacique y matado a muchos de ellos. Pero ese no era el único motivo para la animosidad: ambas tribus diferían en estilo de vida. Urdalak era miembro de lo que se podía entender como una incipiente aristocracia guerrera. Pertenecía a una tribu donde se practicaba la agricultura y la ganadería, donde había artesanías de hierro y esclavos. Había manejado siempre armas de acero y había vestido cota de malla, e incluso sabía montar a caballo. Era hijo de caudillo.

Los Caras Pintadas vivían en las colinas criando cerdos salvajes, camellos y cabras prácticamente ferales, y subsistiendo casi por entero de la caza. No tenían otra ley que la de sus chamanes, respetados y temidos en todo el territorio orco. Aunque algunos portaban armas saqueadas, casi todos los que Domenico podía ver tenían sus herramientas de guerra tradicionales: arcos simples de madera, hachas y lanzas, y se cubrían con rudos petos de cuero de búfalo o rinoceronte en batalla. Algunos, más tradicionales, incluso portaban espadas de madera hechas con palos atravesados en los flancos por astillas de afiladísimo sílex.

Además, Urdalak sostenía que tenían antepasados diferentes. Él provenía, decía, de un pueblo que había llegado del Este hacía siglos y conquistado a otras tribus orcas. Se llamaban a sí mismos "urk" o "urúk", negro en su lenguaje (para los eruditos, de ellos procedía la palabra "orco" que había desplazado a la anterior "unterwelten" y al préstamo enano "grobi" en el reikspiel), y se tenían por los mejores guerreros del mundo. De hecho, Urdalak era más grande y ancho de hombros que los Caras Pintadas, llegando casi al metro ochenta.

Desnarigado esperó a que Domenico narrase su historia. Con respecto al tema de la división en dos bandos de su grupo, farfulló una explicación en una mezcla de orco y tileano, murmurando y trabándose la lengua entre los colmillos al emplear palabras humanas.

-Chamán tonto. Dice, noches en que Barrukha, es... Morrslieb, ¿sí? Como esta noche y otras. Mala suerte. Dice tierrra mala. Dice orrcos morrir todos si no marchar. Dice orrcos tener que marrcharr, volver a Bultai. Desnarigado digo: chamán calla o Desnarigado arranca cerebro y come, puto mamón de mierda gilipollas.

Desnarigado palmeó para regocijarse de su dominio de los insultos tileanos, una habilidad de la que estaba muy orgulloso.

-Pero chamán no calla. Chamán malo, tontos escuchan. Desnarigado no golpea mucho, Giocama dice quierre todos orrcos vivos. Chamán no calla de espíritu, gashka, ¿sí? Fantasma. Dice fantasma venir por la noche, y karruka orcos. Matar todos, ¿sí? Chamán ve mañana. Chamán dice que Domeniquio viene, dice que esta noche Morrslieb, grande, dice que viene hoy un toshta. Dice, orrcos tenerr que matar a los que van el toshka, por ser guerreros que luchan para el fantasma. Tonterías hablla el chamán, pero orrcos escuchan.

Off: Este post está maldito. Lo he escrito tres veces en este puto día, y dos de ellas no he podido publicarlo, la 31 lo he publicado en otro hilo. Lo siento si no me he esmerado mucho en el lenguaje, pero la coña se las trae y lo he escrito escuchando esto: http://www.youtube.com/watch?v=OxwPjrSSDzQ y http://www.youtube.com/watch?v=AuhiuTPlrnM.

Por otra parte, has sacado un 2 en Conocimiento de las Tierras Yermas (la anterior ver que hice la tirada, un 68, pero dado que volví a reescribir el post, hice también la tirada de nuevo). Sabes narrar una historia adecuada a las circunstancias si así lo deseas, entiendes casi todas las palabras y cumples todas las normas de la etiqueta orca.

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Re: Condottiero

Mensaje por Weiss » 20 May 2011, 01:49

Domenico Falcone

Aunque Giocamo no dijo nada, y se esforzó por mantener una cínica y horrible sonrisa, era obvio que la segunda parte de la respuesta de Domenico no le había sentado tan bien como la primera. Intentando pasar por alto el tema, el secuaz de Caraviruela se despidió, no sin antes invitar a Falcone a comer con él y sus compañeros. No es que le hiciese especial ilusión, pero esperaba comer de una forma medio decente por primera vez en bastante tiempo. Giocamo se alejaba, sin duda orgulloso de su trato con el ballestero. Realmente, Domenico habría hablado con los orcos sin que nadie se lo hubiese pedido. Era un hecho evidente que tramaban algo y, dependiendo de qué fuese, puede que Domenico no tuviese ganas de estar allí cuando empezasen a llover golpes, algo que solía suceder tarde o temprano cuando los orcos se enfadaban.

Cuando Giocamo todavía podía oírle, Domenico levantó la voz.

-Giocamo, yo que vos no dedicaría tanto tiempo a pensarlo, o puede que cuando ya lo hayáis hecho no quede nadie a quien pagar. Pensáoslo. Pagador es el que paga, pero cuando el patrón lo manda, no sé si me entendéis.

El pagador era un personaje singular en todas y cada una de las compañías mercenarias. Era el custodio de la paga, lo que le hacía un miembro bastante importante a los ojos de la tropa. Sin embargo, no dejaba de ser un hombre más de la compañía, bajo las órdenes del jefe. El halfling pagaría cuando el capitano quisiese, y Domenico estaba seguro de que Caraviruela tendría más poder en ese aspecto que el que "el Guapo" quería dar a entender.

El ballestero se sacudió el polvo de sus gastadas ropas, y con un gesto se dirigió a su compañero orco. Cuando uno va a acercarse a un montón de salvajes exaltados, es mejor tener a alguien que le guarde las espaldas. Pocos se atrevían a levantar demasiado la voz delante de Urdalak, pues era porte era más que imponente. Un metro ochenta de completo músculo no era algo con lo que nadie se metía a la ligera.

-Urdalak, vamos a ver qué les pasa. Luego desayunaremos.

En cuanto estuvo a unos pasos de ellos, su propio líder se le acercó, ya sabedor de que el ballestero quería hablar con él. Tras saludarle con su amalgama de lengua orca y tileano, el orco pasó a cumplir con uno de los pocos convencionalismos sociales que tenían los orcos, empezar las conversaciones con una historia. No era la primera vez que Domenico escuchaba la que Desnarigado había elegido para la ocasión. Ya alguna vez se la había escuchado al caudillo orco, pero también la había oído en boca de los jinetes imperiales de la compañía. La diferencia era que en la versión humana los orcos solían ser bastante más feos y estúpidos, y los hombres mucho más gloriosos y heroicos. Además, el guerrero bárbaro no era otro que su primer emperador al parecer, empuñando algún tipo de arma enana. No era más que las dos caras de una misma moneda, pero cambiaban radicalmente según quién la contase.

Tras unas palabras de Desnarigado que Domenico no supo traducir, hubo un momento de tensión entre Urdalak y los demás orcos. No era nada nuevo... Falcone miró a su compañero, como pidiéndole tranquilidad con la mirada. No queriendo faltar al protocolo, el mercenario pasó a explicar una historia también. Al igual que el orco, decidió elegir una antigua, referente a los orígenes de su pueblo.

-Como sabrás, muchas ciudades de Tilea están construidas sobre ruinas de los elfos, los orejas picudas. Dicen que cuando los primeros tileanos llegaron ya las encontraron así, y que habían sido abandonadas hace mucho tiempo. Al parecer, hubo una época en la que los elfos campaban por estas tierras, hasta que enfadaron al gran rey de los enanos. Unos elfos mataron a unos enanos y el rey pidió explicaciones. Los elfos decidieron rapar la barba al mensajero del rey enano, cosa que a los tapones no les sentó nada bien. Empezó una guerra, que cada uno llamó de una forma. Los elfos la llamaron la de la barba, y los enanos la de la venganza. La cosa es que finalmente el rey de los enanos mató al de los orejas picudas, y tomó la corona de su cuerpo muerto. Los elfos se dieron por derrotados y dejaron para siempre estas tierras, y ahora viven en no sé qué isla... Cuando los hombres llegaron construyeron encima de las ruinas, y así es que ciudades como Remas o Verezzo tienen sus orígenes en las blancas ciudades de los orejas picudas.

No había sido una historia especialmente brillante, pero esperaba que sirviese para contentar al caudillo orco. No era más que un cuenta que recordaba desde niño, que sin embargo había resultado ser cierto. Domenico ya había tenido ocasión de contemplar ruinas élficas, inconfundibles por la impecable blancura de sus piedras, inmaculadas tras miles de años.

Desnarigado comenzó a narrar los motivos de el conflicto entre los orcos, con una explicación plagada de fantasmas, espíritus, premoniciones y chamanes. Traducido a palabras comprensibles, lo que había pasado era que el chamán había vaticinado la aparición de un espíritu coincidiendo con el plenilunio de Morrslieb, que mataría a todos. Como era de esperar, muchos orcos se habían puesto nerviosos, y las amenazas de Desnarigado no había sido suficientes para calmar los ánimos.

-Entiendo... Pero Desnarigado, sabes que eso no va a pasar, y tus chicos deberían ser lo bastante listos como para saberlo también. Ningún espíritu va a matarnos. Entiendo casi todo lo que me cuentas, ¿pero qué es un "toshka"? No sé, intenta calmarlos todo lo que puedas, porque me imagino que no habrá nada que yo pueda hacer para conseguirlo, ¿no? Desnarigado, amico, tal y como están ahora las cosas, lo peor que podemos hacer es luchar entre nosotros...
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Re: Condottiero

Mensaje por kurgan » 20 May 2011, 13:05

18 de Sigmarzeit, año imperial 2521, afueras de Trantio

La historia que relató Domenico complació a Desnarigado, pero por motivos diferentes a los que el tileano podría haber supuesto. Aunque el orco se sintió desconcertado por algunos de los conceptos que se le presentaron (por ejemplo, el "miles de años" era una frase sin significado en su cultura, que apenas tenía alguna escritura para chamanes y magos y que fundía el pasado de anteriores generaciones en un todo indistinto); la historia hablaba de matar enanos y cortarles las barbas, y cualquier historia que hablase de ello era una buena historia.

El relato fue traducido a medias por los orcos que más entendían el tileano, que se lo trasnmitieron a sus camaradas mediante gruñidos, y como los orcos estaban aburridos y con poco que hacer, muchos de los que conformaban el grupo se acercaron a escuchar lo que se decía, inquiriendo acerca de lo que se había contado ya. Al final de su narración, Domenico se encontró gritando para que Desnarigado, sentado a menos de dos pasos, lo pudiera oír.

Cuando llegaron a la parte en la que los elfos perdían sus ciudades y estas caían en la ruina, Desnarigado gruñó para manifestar su aprobación, y varios de sus Caras Pintadas agitaron sus lanzas en el aire o arrojaron las mazas para atraparlas al vuelo. Algún día, decían sus leyendas, las grandes ciudades de las demás razas caerían en el olvido y los orcos ocuparían todo el mundo, y el cuento les parecía una promesa de futuro.

Tras la breve charla sobre los motivos que habían llevado al contingente orco a dividirse, Desnarigado se esforzó por explicar como buenamente pudo qué era un toshka. Tras intentarlo con dibujos de vagos seres alados y palabras orcas que Domenico no comprendía, tuvo que explicar la historia desde el principio.

-Viego cuentio, ¿sí? Pero verdad. Toshk es... bicho. Sale por las noches, ala-cuero, parrece rrata perro vuela, ¿sí? Gashka monstrrruo, fantasma, perro toshka maldición, hechizo. Eh...-el orco miró en torno, buscando cómo explicar lo que sabía. Al cabo, alzó la mano derecha.

-¿Hombre, sí?-luego la izquierda-¿Toshk, sí?-Desnarigado cruzó entre sí los dedos de las manos. El conjunto era gashka, monstruo.

Además de eso, Desnarigado poco podía explicarle de los toshka, por mucho que lo intentase. Él nunca había visto uno ni había conocido a nadie que lo hubiese visto, pero tenía entendido que habían plagado las Tierras Yermas mucho tiempo atrás, hasta que los chamanes los habían expulsado, y luego se habían refugiado en las tierras de los hombres. Por lo que él respectaba, era algo que tenía que ver con los sacerdotes de Morr, aunque no estaba seguro. También había escuchado que había alguna ciudad de donde salían, pero no tenía muy claro dónde estaba.

De cualquier forma, prometió mantener controlados a sus orcos. El chamán había dicho que uno de los orcos del campamento vería una señal del toshka antes de que cayese la noche, y Desnarigado se estaba ocupando de que sus guerreros no viesen prodigios donde no los había a base de hacer cascar cabezas entre sí, gritar y escupir. Si se les entregaba el rancho correctamente, explicó, no habría ningún problema.

Tras despedirse del orco, Domenico encontró a Urdalak preparando el escaso desayuno, consistente en migas de pan y harina aderezadas con los y un poco de licor rancio que quizá alguna vez había sido vino antes de picarse hasta límites repugnantes. El agua limpia escaseaba en el campamento, y corrían fortunas por comprar bebidas con alcohol desde que una veintena de hombres habían enfermado del vientre.

Las fuentes cercanas desembocaban en una piscina hecha por la mano del hombre, un depósito de piedra , pero inexplicablemente, desde que ellos estaban allí el agua había adquirido un tono verde y hacía cagar líquido a los que la bebían. Algunos apuntaban a una maldición, un castigo de los dioses o la acción del propio Príncipe, que los quería matar a todos. También podía ser, por supuesto, porque los mercenarios se preocupaban poco de la higiene, tiraban desperdicios y permitían a sus monturas beber del agua.

Durante el desayuno, Domenico notó a su compañero reacio a hablar y malhumorado. Para los estándares orcos, Urdalak era bastante cordial, pero de cuando en cuando le entraban rachas en las que se negaba a hablar con nadie más que Domenico y abría constantemente la boca para enseñar los colmillos, algo que entre los orcos, había aprendido Domenico a apreciar, delataba nerviosismo o malhumor. Este fenómeno, apreciaba el tileano, se había ido agravando a medida que se alejaban de su tierra natal.

Más tarde se separaron, pues Domenico tenía que cumplir sus deberes en la guardia del campamento, el poco asomo de disciplina que quedaba en la compañía. Le tocó hacer la guardia con un tipo de los Reinos Fronterizos enfundado en una armadura de cuero y al que le faltaban los dientes de delante, que se pasó toda la mañana hablando de sus múltiples conquistas a lo largo de su vida (según su cómputo, más de 100), amenizando la relación con amenas descripciones de las enfermedades que había contraído en su carrera de don juan. la guardia transcurrió sin otra novedad que la entrada de algún campesino que venía a vender alimentos y una columna de polvo, a lo lejos, que mostraba el paso de un grupo de jinetes.

Finalmente, Domenico fue requerido por el grupo de Caraviruela. Una veintena de mercenarios, casi en su totalidad tileanos, hacían piña en torno a una gran perola de rancho, atendida por un remano afeminado de dieciséis que llamaban Ezzio "Cuore" y que profesaba una lealtad incondicional a Marco. Domenico solía comer sólo con Urdalak (que no tenía un gran crédito entre los tileanos) o sentarse con los infantes, pero esta vez Gioccamo el Guapo lo llevó a la pequeña tienda de Caraviruela en medio de grandes y estentóreas muestras de afecto y aprecio. Gestos que podían apreciar también los miembros de las dos otras facciones de mercenarios.

Marco Caraviruela había empezado su carrera como piquero, y retenía los anchos hombros y fuertes brazos del duro oficio de manejar una lanza de cinco metros y medio y estocar con ella. Ahora, sin embargo, su equipo se había reducido a una corta pero afiladísima espada que colgaba de su costado. animó a Domenico a tomar asiento, saludándolo como si fuera el mejor de sus amigos, y le ofreció su propio plato, que no había probado, y su vaso de vino. Con él estaban un par de mercenarios de su círculo más íntimo. Todo ello parecía preparado para la ocasión, pero el embutido estaba bueno.

-Ah, ah, Domenico. Aquí me tienes, sin haber comido, sin poder hacer nada. Llevo toda la mañana preocupándome por muchas cosas y ni siquiera he tenido tiempo, en estas últimas semanas, de ir a saludarte como lo mereces, por eso he enviado a mi caro amico Gioccamo a visitarte. Tú, como veteranos que eres, me entiendes al echarle un vistazo al campamento, ves lo que están haciendo con nuestra amada compañía y te indignas como yo.

Caraviruela agitó los brazos para mostrar su indignación.

-Ah, qué despropósito, porca miseria. ¿Por qué, dioses, nos castigáis así? ¿Qué hemos hecho nosotros para merecerlo? Escucha, amico, ¿el vino es de tu agrado? Giordano, ponle más a nuestro invitado, así, bebe. Eres piu inteligente, ¿eh? Buena sesera. Sabes que porque hayan escapado un par de idiotas, bah, ¡Ma qué es eso! No, nosotros queremos un permiso para otra cosa. El príncipe de Trantio es negligente, olvida pagarnos o lo hace tarde. Si por él fuera, nos tendría muriéndonos de hambre cuando nos enfrentásemos a Pavona, cosa que a buen seguro pasará en menos de un mes. Y Pavona es una ciudate muy fuerte y orgullosa, rica para contratar mercenarios. ¿Qué será de nosotros si ni siquiera tenemos dinero para comprar nuevas picas? Ah, pero no todos los aristócratas de Trantio son así. Está, por ejemplo, Marco Sforza, un gran terrateniente y un gran patriota. ¡He tenido ocasión de parlamentar con uno de sus enviados, y me ha expresado sus deseos de que estemos bien equipados para servir a la ciudad! Pero no podemos parlare de eso abiertamente, pues ese perro de imperial se opondría a recibir fondos de otro que no fuera el gobierno. Por eso te digo: esta tarde abandonaremos el campamento, no, yo no por supuesto, pero sí representantes, para ir a visitar a Sforza en su villa, y quiero que la delegación la encabeces tú. Nadie va a pensar que en una relación diplomática va un orco. ¿Más vino? ¿Qué me dices, eh? Ma, miradlo, va a aceptar. ¡Brindemos a su salud!

Los presentes sonrieron bajo sus bigotes y alzaron sus copas. Bajo el brillo de las sonrisas, en Tilea, siempre se esconde el de los puñales, y cuatro manos buscaron, como quien no quiere la cosa, las empuñaduras en los cintos.

Las próximas palabras que salieran por la boca de Domenico habían de ser diplomáticas, dado que Caraviruela, bajo sus apariencias amables, era hombre poco paciente para las negativas...

Off: Por cuestiones de agilizar la partida, he asumido que irás a almorzar con Caraviruela sin consultarte previamente. Si quieres hacer algo radicalmente distinto a lo largo de la mañana, editaré el post. Tu tirada de Conocimiento ha sido ahora más alta, de 59, así que no entiendes tantas cosas ni te comunicas tan bien con él como antes (las palabras que dejo en orco representan las que no conseguís traducir).

Por cierto, por pasar la tirada de Conocimiento de las Tierras Yermas tienes derecho a una subida, que haré en cuanto tengas subida la ficha.

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Re: Condottiero

Mensaje por Weiss » 25 May 2011, 01:15

Domenico Falcone

Los orcos se arremolinaban alrededor de Falcone al tiempo que la historia avanzaba. En cuanto algún elemento de la historia les resultaba especialmente interesante, no dudaban en mostrar su entusiasmo, de una forma bastante ruidosa. Las partes que concernían a la destrucción de ciudades y las muertes de enanos parecían ser las más interesantes para los oídos de los orcos, que agitaban sus armas y lanzaban gritos de júbilo. Para cuando terminó, toda una cohorte de orcos le rodeaban, acercándose a unas distancias a las que era imposible obviar el hedor que desprendían. No es que el olor de los mercenarios, incluso el de los más limpios, fuese especialmente agradable, pero los orcos sin duda ganaban con diferencia. Aquella variopinta tropa parecía satisfecha con el relato, al igual que si líder, que ante la pregunta de Domenico trató de explicar qué era un toshka, junto con el resto de miembros de la tribu, que gesticulaba y balbuceaba como buenamente podían, afanándose en ayudar, pero con muy poco éxito.

El más comprensible era sin lugar a dudas Desnarigado, pero que tampoco fue capaz de hacerse entender de una manera decente. También podía Ser que Domenico no estaba muy receptivo, atronado por los gruñidos de tanto orco. Pudo quedarse con que el toshka era una especie de monstruo volador nocturno, pero que también tenía parte humana. Juntos, el resultado era el gashka. Relativamente satisfecho, Domenico se puso en pie, dispuesto a marcharse. Por las palabras de Desnarigado, las cosas no se desmadrarían demasiado mientras no faltase la comida.

-Me aseguraré de que os sirvan el rancho a la hora, amico. Igualmente, trata de calmar las cosas lo mejor que puedas. Entre los de arriba van a empezar a volar puñaladas, y es mejor estar atento. Ciao, Desnarigado.

El ballestero volvió junto a Urdalak, que terminaba de preparar el desayuno. El orco no estaba demasiado y hablador, y Falcone notaba que no se encontraba a gusto. Se volvía más irascible cuanto más se alejaban de sus tierras, y tenía temporadas de cabreos continuos en las que era mejor dejarle a su aire. Aquella mañana, y quizás influenciado por el incidente con los demás orcos, había comenzado con una de aquellas temporadas. Tras comer un rato en silencio, Domenico se dirigió a su compañero.

-No dejes que aquéllos te fastidien el día, pasa del asunto. Ya tenemos bastantes cosas en las que pensar como para preocuparnos por qué piensan los Caras Pintadas... -Domenico miró hacia Urdalak con una sonrisa- Después de todo, nunca se han caracterizado por ser muy listos. Te ha quedado decente, el desayuno, se deja comer bastante bien...

Al terminar, el ballestero se levantó, y mientras recogía su puñal, su bracamante y su ballesta, volvió a hablar con su compañero.

-Tengo guardia esta mañana, y luego iré a comer con Caraviruela. Ya te contaré cuando vuelva. Buogiorno, Urdalak.

Tuvo que pasar toda mañana aguantando las interminables anécdotas de un mercenario de los Reinos Fronterizos, que narraba historias de las que Domenico estaba seguro que la mitad era pura invención. Sin embargo, se hacía el interesado y le invitaba a seguir. Lo único que rompió el monótono discurso que se vio obligado a soportar fue la aparición de algún campesino, aunque eran muy pocos los que se seguían acercando a lo que en su día se había parecido a un campamento. La limpieza brillaba por su ausencia, al igual que la disciplina. Los mercenarios preferían pasar el tiempo borrachos, o al menos los pocos que podían permitirse comprar algo del alcohol. Una parte importante de la compañía dedicaba gran parte del día a hacer de vientre, gracias al penoso estado del estanque del que bebían. Si alguien no hacía algo rápido, Domenico no pensaba que lo compañía aguantase más allá de un par de meses. Finalmente llegó la hora de comer, y tras despedirse del supuesto semental que le había tocado por compañero de guardia, el mercenario se encaminó a la tienda de Caraviruela.

Mientras se acercaba, Caraviruela y sus colegas decidieron recibirle con magníficas muestras de júbilo. Obviamente, a la vista de todos los demás mercenarios, que ahora estarían convencidos de que Domenico Falcone era uno de los secuaces de Caraviruela.

-Perfetto. Me acabáis de poner una puta diana en el corazón. Bastardi...

Tras ofrecerle asiento y algo de comer como si se tratase de un amigo de toda la vida, Caraviruela habló a Domenico. En medio de exclamaciones, preguntas retóricas y aspavientos, fue explicando cómo estaba la situación. El príncipe no pagaba, y un tal Sforza se ofrecía a sí hacerlo. En un mes podrían empezar los combates y no tenían ni para picas nuevas. El averlandés se oponía a recibir paga de otro que no fuese el patrón, y Caraviruela quería que Domenico encabezase una comitiva para tratar con Sforza.

Cojonudo...

Todos los presentes esperaban la respuesta de Domenico, que sabía que dar una que sonase negativa sería poco menos que un suicidio. Los tileanos solían ser amables, pero no llevaban bien los desplantes. El paso siguiente a unas palabras amables habitualmente era un cuchillo en la espalda... Falcone se puso en pie, con los ojos de los mercenarios afines a Caraviruela clavados en él.

-Grazie por el vino, signore. Estoy de acuerdo con vos, para qué mentir. El campamento es una ruina, y alguien debería hacer algo rápido. Como me pedísteis, he hablado con los orcos, que como sabréis andan un tanto nerviosos. Desnarigado los tiene más o menos calmados, pero pide que el rancho se les sirva a la hora. No es un precio demasiado alto a cambio de que estén tranquilos. Sobre el otro tema, veo lógico que si el príncipe no paga busquemos otro que sí, y más con la amenaza de un combate tan pronto. Me siento honrado por vuestra oferta, signore. Hablaré con el halfling, y con Sforza si así lo deseáis. Sólo tengo una piccola petición, y es que me gustaría que Urdalak me acompañase...

Tal y como andaban las cosas, no le agradaba la idea de dejar a Urdalak solo. En cuanto a lo demás, no es que tuviese mucha elección, y la sola idea de que los combates empezasen en un mes con semejante panorama le aterrorizaba. Si en un mes aquello no empezaba a parecerse a una compañía mercenaria, la masacre sería imponente. Con tal de evitar aquello, a Domenico le habría dado igual que el pagador fuese el mismísimo Caledor II resucitado...
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Re: Condottiero

Mensaje por kurgan » 25 May 2011, 17:40

18 de Sigmarzeit, año imperial 2521, afueras de Trantio

Urdalak reaccionó de forma muy positiva a las palabras del que, asumamoslo, era su único amigo. El orco no lo estaba pasando bien: sus compañeros de raza lo despreciaban, los humanos lo despreciaban, y las aventuras en el ancho mundo eran bastante diferentes a como las había imaginado. Domenico era prácticamente su único vínculo con el mundo, y si no fuese por él Urdalak caería, seguramente, en el negro humor y en la violencia que caracterizan al linaje de los urúk.

La negra y ancha cara del orco se animó ante los elogios del ballestero, y, con un jadeo de alegría, recogió los platos de madera sobre los que habían comido. El ballestero le había enseñado a lavarlos con arena o con agua.

-Pierdiona-dijo en tileano, empleando esa palabra quizá por segunda o tercera vez en su relación con el tileano-Los Carras Pintadas dijierron... Regashka, insultos. Humano, mujerr... Perro Desnarigado me ha llamado "espalda-enemigo", cobarrde. Cuando mi gosh, mi caudillo, murrio en la tirra mía, tendrría que haberr quedado a morrirr con él. Culpa no es de Domenico, así que pierdiona.

XXX

Incluso más efusivo fue Caraviruela, en cuanto oyó a Domenico aceptar la propuesta que le había hecho. Las caras se distendieron, los brazos se relajaron, y los puñales permanecieron en las fundas. Varias manos surgieron para estrechar la de Domenico, y el propio Caraviruela no paró hasta que el ballestero remató su vaso de vino.

-Perfetto, mio caro amico. ¡Cómo no va a poder ir Urdalak! ¡Pero si Domenico y él son uña y carne! Aún lo he comentado esta mañana, ¿verdad, ragazzos? Sí, cuando dije, "quien tuviera un amigo orco, hay que tener compadres hasta en la Gran Oscuridad del Norte". Además, qué carajo, nadie va a pensar que una misión diplomática va a ir acompañada de un animal como éste. Ah, Domenico, a mis brazos, que sabía que podía confiar en ti. Muá, muá. Escucha: dile a ese enano tísico tal que así. "Me preocupa mucho que estos hombres se hayan ido del campamento, el Guapo ha venido a hablarme y pedimos permiso para ausentarnos". Cuanto antes mejor: si puedes, que sea antes de esta noche, pues mejor que paséis la noche al raso que en el campamento, al alcance de las manos de esos cabrones. Dile que tienen una deuda con alguno o algo así, los que se escaparon. Que no se te olvide esto, que vayan contigo el Guapo y Ezio, todos hombres de confianza. Uno de los dos hablará...

La recepción del halfling, por su parte, fue mucho más tibia. El pequeño se distanciaba significativamente del estereotipo de su raza: su cara morena no tenía mofletes, las piernas hasta las rodillas estaban cubiertas de polvo y pocas veces sonreía. Cuando Domenico lo encontró, se hallaba rascándose las plantas de los pies con una mano mientras repasaba, con la otra, una larga serie de números en pergamino. Tachaba aquí y allá algún nombre, y de cuando en vez escupía un trozo de hierbas que se había metido en la boca para ir masticando mientras trabajaba. Escuchó al ballestero con atención, pues lo tenía por un hombre inteligente y capaz.

Sin embargo, en cuanto le habló de cazar fugitivos, supo que había gato encerrado.

-Me resulta raro lo que me comentáis, esta oferta de hacer por mí mi obligación. Porque creo que dificilmente sabéis el nombre de los que se han ido, y me suena extraño que tengáis motivos para buscarlos... Lo que no me gustaría nada, sabiendo que ahora os habéis hecho amigo de Marco y ya que los nombres que citáis son allegados suyos, que éste se quedara sin posibilidad alguna de defenderse si lo atacan alguno de sus enemigos en el campamento... No, que vayan Ezzio y ese orco que tenéis con vos, o Gioccama si lo preferís, pero que os acompañen un par de, digamos, los caballeros del Averlandés, que tienen buenas monturas y pueden ir a mejorr timo que vuestra, ¿qué? ¿mula?

El halfling se recostó en su taburete, poniendo cara de negocios.

-Por supuesto, a menos que tengas algún interés especial en hacerlo. Per favore, entiéndeme, no es que te esté pidiendo nada.

Aquello, saltaba a la vista, sólo podía solucionarse con un buen soborno, algo que Domenico podía dificilmente proporcionar dado el desastroso estado de sus finanzas. Por otra parte, ir a pedir efectivo a Caraviruela dejaría a Marco, como se dice popularmente, con el culo al aire, y mostraría a las claras a Enrico que sólo era un intermediario y un mandado...

Por otra parte, si aceptaba la oferta, se convertiría en el jefe de la expedición, y podría manejar a su antojo cuánto aconteciese en ésta...

Off: Oye, postea de una vez tu ficha, Weiss, que he tenido que hacer tiradas "a ojo". Por algún extraño motivo, has sacado un 01 con Urdalak, y lo has animado sin demasiado motivo. Por otra parte, hablas sin dobleces a Caraviruela, así que tampoco he considerado necesario hacer una tirada por él; y en cuanto a la petición del halfling, sacas un 73, de forma que no se ha fiado demasiado de ti.

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Re: Condottiero

Mensaje por Weiss » 14 Jul 2011, 01:19

Domenico Falcone

La alegría de los mercenarios de Caraviruela en cuanto Domenico aceptó fue mayúscula. Brindis, apretones de menos y abrazos se sucedieron a un ritmo vertiginoso, dejando poco tiempo al ballestero para percatarse de a quién daba la mano en cada momento. Aquella inmensa felicidad se habría tornado en puñaladas si Falcone se hubiese atrevido a declinar la oferta. Oh, los tileanos, capaces de matarse por menos de nada, pero amantes de la celebración y la algarabía. Domenico se resignó, pues así habían funcionado las cosas durante siglos. El amigo de hoy puede ser el enemigo de mañana, y puede que al que ayer asaeteabas mañana fuese tu pagador. Con los años, Domenico había aprendido, muchas veces de malas maneras, cómo funcionaba el juego. Ahora simplemente trataba de sobrevivir, de conseguir llevarse bien con todo el que pudiese y de evitar que alguien le clavase una daga. Y muchas veces, no era nada fácil... Aunque era algo que veía lejano, Domenico ambicionaba poder dejar algún día semejante vida, pero mientras tanto no le quedaba otra salida que seguir matando a los pobres desgraciados que habían tenido la desgracia de elegir al patrón equivocado, siempre existiendo la posibilidad de que cualquier día el equivocado fuese él...

Ah, la vitta del cane di guerra.

Sin embargo, Domenico Falcone no tenía otra opción. Había matado por primera vez a los siete años, y no sabía hacer mucho más. Cuando la reunión en la tienda de Caraviruela terminó, y con el permiso de llevar a Urdalak, el mercenario se dirigió adonde sabía que el pagador pasaba el tiempo. Domenico mantenía buena relación con él, siendo alguien con el que se podía mantener una conversación medio coherente. Sin embargo, en esta ocasión, la coherencia brilló por su ausencia en el discurso del ballestero. Sólo cuando ya era demasiado tarde se dio cuenta de las serias inconsistencia que tenía la explicación que había propuesto Caraviruela, y el halfling no era tan tonto como para pasar por el aro. Parsimonioso, y sin dejar de mascar algún tipo de hierba, respondió a Falcone, dándole varias opciones. Una, obviamente, era el soborno. La otra, la de llevar a los guerreros averlandeses fue declinada mentalmente de inmediato. Meter a seguidores del Averlandés en los asuntos de Caraviruela seguramente no trajese nada bueno. Domenico trazó un plan. Se sentó junto al hafling y suspiró, como si fuera a sincerarse.

-Amico Enrico, a vos es inútil tratar de engañaros. Sois de los pocos aquí presentes que sabrían distinguir un morrión de una bacinilla. La verdad es que sí, esos ballesteros deben dinero a alguno de los hombres de Marco, pero la razón es otra. Mirad a vuestro alrededor. ¿Qué veis?. Si el enemigo apareciese, mio amico, nos barrerían. Si esos ballesteros desertan, rponto los demás ven que pueden hacerlo también. Marco, quiere ayudaros, Enrico, permitídselo. No es mal trato, signore, pues al fin y al cabo esa tarea os correspondería a vos. Confiádnosla. Además, estad seguro de que Marco apreciaría el gesto... ¿Benne?.

Ahora restaba esperar a conocer la respuesta del mediano.
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Re: Condottiero

Mensaje por kurgan » 15 Jul 2011, 09:29

18 de Sigmarzeit, año imperial 2521, afueras de Trantio

El sol pegaba duro en el incipiente estío tileano. Enrico escupió seco al suelo, y luego miró a Domenico. El tipo le caía bien, era un mercenario sin educación (algo habitual) pero con medio cerebro (algo bien extraño), y además, algo le decía que el ballestero se preocupaba genuinamente por la compañía.

-Veréis, Domenico, os considero una persona sagaz. Tan sagaz, de hecho, que no me cuadra que os hayáis implicado tanto con Caraviruela, aunque quizá en este caso los motivos sean la simpatía nacional antes que la cabeza. Por otra parte, comprended mi situación...

Enrico hizo una pausa y abrió las manos, dando a entender que él no estaba con ninguno de los bandos. El astuto halfling no las tenía todas consigo con respecto a quien heredaría el mando, y quizá no estaba dispuesto siquiera a seguir en la compañía cuando su fundador y bienhechor muriese, puesto que no le agradaba ver como jefe a uno de los lugartenientes que habían disputado sobre el cuerpo enfermo de su capitán.

El halfling no pedía un soborno (sólo) para llenarse la bolsa, sino para poder decirles a los otros aspirantes a capitán: sí, permití a un secuaz de Caraviruela salir del campamento, pero sólo porque me pagó, y no simpatizo con su bando. Esa era la ley de Tilea; para todos era comprensible abrir la mano, pero nadie perdonaba colaborar con el enemigo gratis.

Sin embargo, como ya hemos dicho, a Enrico le agradaba Domenico Falcone. Se volvió y escribió una autorización con letra rápida, y luego estampó su sello personal.

-Escuchad, haremos esto-dijo tendiendo el documento al ballestero-. Esto es un contrato que yo, pagador, establezco con un cazador de recompensas y su compañía. Tenéis un plazo de tres días, al cabo de los cuales se os pagará una suma, correspondiente a un mes de paga, por haber retornado a cada uno de los fugitivos. Pero es un contrato, si no completáis vuestra parte del trato, habréis de pagar una multa correspondiente al tiempo que habéis estado fuera, quince días de paga por cabeza. Y, aparte de eso y más importante, me debéis un favor. ¿Aceptáis el trato?

XXX

El grupo quedó constituido de la siguiente manera, por tanto: Domenico Falcone, como responsable y hombre contratado por el pagador como cazador de cabelleras; Urdalak, soldado; el Guapo, soldado de caballería, acompañado por uno de sus hombres de confianza, el rubio y bigotudo Osborne; y Ezio, criado. Debido a la obsesión viejomundana por los tratos con multitud de cláusulas, que había dado de comer a tantos abogados, de las ganancias de la expedición Domenico se quedaba con la mitad, los soldados se repartían la mitad restante y Ezio recibía las gracias y la comida. Los gastos corrían a cuenta de Domenico, aunque se le permitió adquirir provisiones de la reserva común del campamento mediante pagaré. Así, si todo salía bien, Domenico podría ganar un mes de paga limpio (es decir, lo que ganaba un mercenario si se alimentaba por su cuenta y no le compraba al pagador por el sustento), pero si regresaba al campamento en más de tres días o volvía sin los fugitivos, tendría que compensar a la compañía con cerca de dos meses, y no había garantías de que Caraviruela estuviese dispuesto a correr con el gasto. No era un buen negocio. Por primera vez, el tileano se daba cuenta de los muchos problemas que acarreaba el mando.

Sólo Osborne se quejó del acuerdo, entre los soldados.

-No quiero tener la misma paga que un asqueroso cerdo orco, por muy sodomita que sea-dijo en voz baja pero claramente audible, cuando el grupo estaba montando y dispuesto a partir, pero no se atrevió a aguantar la mirada de Domenico ni el sonoro gruñido en tono bajo de Urdalak. El soldado sabía por encima que no iban precisamente a cazar fugitivos, pero aún así no le agradaban los orcos. Domenico haría bien en precaverse de cualquier gesto de rebeldía, pues actitudes como ésta lo deautorizarían rápidamente.

XXX

Los cinco "perseguidores" partieron pasada la medai tarde, después de que todos arreglasen sus escasos asuntos personales. Era mal momento para viajar, pero, por otra parte, el tiempo apremiaba y Caraviruela deseaba que se encontrasen con su próximo patrón cuanto antes. La delegación tampoco iba demasiado rápida, dado que no había caballos para todos y Urdalak, Domenico y Ezio carecían de montura. Por otra parte, los dos hombres de armas pronto desmontaron y llevaron a sus monturas de la rienda, y el ballestero pudo apreciar por qué: los animales, faltos de buen forraje y avena, estaban delgados y ojerosos, y sudaban espuma blanca bajo el sol tileano.

Osborne, que era nativo de la región y conocía la zona, iba guiando. La zona, tras dejar atrás el terreno llano y polvoriento que daba cobijo al campamento de los Señores de la Muerte, era de colinas bajas y peñascos, con un árbol aquí y allá y múltiples huellas de los rebaños trashumantes de cabras y ovejas. En esta zona, les dijo Osborne, merodeaban continuamente los skaven y goblins errantes, en perpetua lucha contra los mercenarios de Trantio y los pastores de los Sforza, cuando éstos llevaban a los animales a las colinas en verano buscando pasto fresco. Se cruzaron con cuatro o cinco de estos últimos, hombres morenos y mal vestidos que los miraban hoscamente.

Tras seis o siete leguas de paisaje agreste, Osborne condujo a sus compañeros a un paraje más amable, donde el agua era más abundante y el terreno se veía punteado aquí y allá por miserables casuchas de campesinos y la torre de algún templo o monasterio. Caía la noche y el guía informó de que la hacienda de los Sforza estaba aún a unas tres horas de marcha.

Más cerca que las casas, un grupo de nómadas errantes se había instalado con sus carromatos y bestias en el entorno de una fuente. Seguramente, la gente de la aldea más cercana les había impedido asentarse junto a sus olivares y cerca de sus casas, dada la mala fama que acompañaba a los strygany. Éstos, sin embargo, eran pocos y sólo tenían un carromato. Un hombre atezado de largos bigotes contempló a los viajeros recién llegados, evaluándolos.

Off: Has sacado un 14 en la tirada para convencer al halfling de la bondad de tus intenciones, y, aunque tu personaje no esté orientado al tema de la dialéctica, a Enrico le caes bastante bien y te ofrece un trato con el que es dificil que se pille los dedos. Si por algún azar consiguieses el dinero, por otra parte, es bastante probable que te pida una parte para agilizar los trámites.

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