Los encargos de un anciano

La loca partida dirigida por el loco Van Hoffman

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Los encargos de un anciano

Mensaje por Van Hoffman » 09 Sep 2011, 21:02

Marktag, dos horas tras el medio día, finales de Sigmarzeit, año 2521 del Calendario Imperial

Es un ajetreado y caluroso Marktag de finales de mes en la ciudad de Carroburgo. Tras un frugal (o no) almuerzo, cuatro completos desconocidos siguen cuatro rutas completamente diferentes, pero con un mismo destino. Todos ellos han respondido a un anuncio en el que se contrataba aguerridos aventureros dispuestos a las más trepidantes busquedas. El escueto anuncio decía que se presentasen tras el medio día en una de las mansiones de la Hügelstrass, y el contratista era un rico coleccionista de antigüedades. A simple vista, parecía un trabajo sencillo como recadero, y en el anuncio se aseguraban buenas pagas.

Así, los cuatro desconocidos llegaron por fin a la mansión Schultz. Se trataba de una casa de tres plantas, amurallada, con jardín, en uno de los mejores barrios de la ciudad, lo que indicaba que el propietario era un hombre adinerado y de noble cuna. Un guardia en la entrada les dijo que esperaran en la sala de estar tras haberle indicado que venían por el anuncio. El jardín de la mansión era muy hermoso, con esculturas de todo tipo hechas con arbustos, fuentes de intrincados diseños y flores de colores y aromas diversos. Y la sala de espera, la primera habitación que uno encontraba cuando entraba en la mansión, no era menos espectacular. Las paredes estaban decoradas con cuadros y tapices de autores muy variados; el mobiliario, que consistía en tres divanes y dos sillones, todos dispuestos alrededor de dos grandes mesas a izquierda y derecha de la puerta de entrada. En ellas había dispuestos platos y bandejas con entremeses diversos; uvas blancas y negras, ciruelas, manzanas, salchichas de calidad, rebanadas de pan con miel, y frutos secos de todo tipo. Un educado sirviente les pidió que esperaran al señor de la casa, y les indicó que podían servirse lo que gustasen. Cuando el hombre salió de la sala, una muchacha entró con una bandeja con copas y una jarra de vino y se dispuso a servir el delicioso caldo a quienes gustasen. Al parecer, el patrón se cuidaba muy mucho en las apariencias y en cuidar de sus empleados.

Diez minutos después, la puerta que daba al resto de la mansión se abrió y apareció el señor de la casa. Era un hombre de edad avanzada, alto, delgado, que vestía una larga túnica de seda catayana de vivos colores que le llegaba a los pies. Lo primero que advirtieron los cuatro nuevos empleados era en el elaborado bastón que el hombre usaba para ayudarse a caminar, pues padecía de cojera en su pierna izquierda. Su rostro, marcado por la edad, era alargado y fino, con una nariz agüileña y unos ojos pequeños que escudriñaban todo a su paso. Uno de ellos, el derecho, estaba completamente en blanco, como si hubiese perdido la visión de aquel ojo hacía tiempo. Su expresión seria y orgullosa se veía realzada por el hecho de que estaba casi completamente calvo, a excepción de una humilde mata de pelos sobre ambas orejas que daba toda la vuelta al cráneo.

- Ah, ustedes deben de ser los nuevos empleados de mi casa -el anciano se acercó a cada uno de ellos y les estrechó la mano personalmente-. Mi nombre es Ludwig von Schultz; sean ustedes bienvenidos a mi humilde hogar.

Schultz dejó unos momentos por si sus interlocutores querían decir algo o hacer alguna pregunta. Finalmente, se dispuso a explicar los pormenores y detalles del empleo.

- Como sabrán, soy un amante del arte en todas sus formas y expresiones, y, tras muchos años, me he convertido en el orgulloso poseedor de una de las mayores colecciones de cuadros, esculturas y antigüedades de todo tipo. Para que se hagan una idea, la práctica totalidad de mi mansión se utiliza para albergar mis posesiones. Durante muchos años he recorrido el Viejo Mundo y más allá en mi búsqueda de valiosas obras de arte, pero ahora ya soy viejo, y ya no puedo ocuparme de esas cosas. Es por esa razón que les he contratado. Su trabajo consistirá en encontrar y traerme cuanto yo les pida. Normalmente, el tedioso trabajo de recabar la información sobre los objetos ya lo habré hecho yo mismo, así que simplemente les diré qué deben encontrar y donde deben ir a buscarlo. La paga será alojamiento y comida en mi mansión, con acceso restringido por supuesto, y 15 coronas por encargo cumplido con éxito. Si tienen alguna duda, ahora es el momento.

Schultz calló de nuevo mientras esperaba que sus empleados expusieran sus dudas y formulasen sus preguntas, al tiempo que los miraba uno a uno, estudiando su aspecto, su expresión corporal y sus rostros.
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Re: Los encargos de un anciano

Mensaje por zalathar » 10 Sep 2011, 01:15

Asmer Von Goldmahnige

Asmer hace una educada reverencia, procurando recordar todo lo que le enseñaron sobre etiqueta y teniendo en cuenta que seguramente este anciano esta demasiado cansado como para formalismos excesivos.

- Mi querido Von Schultz. - Modula despues de su reverencia - me llamo Amber von Goldmähnige. Si me permite, yo tengo algunas cosas que preguntarle. No sin antes decirle que tiene usted una casa preciosa y un indudable buen gusto. He viajado mucho, con mi padre, Antroz von Goldmähnige y pocas mansiones he visto tan elegantes como la suya. Y su cortesia tambien habla bien por usted, dejeme añadir que si algun dia pasara usted por la mansion Goldmähnige le seria devuelta tal cortesia.

es poco probable que tal cosa suceda, piensa asmer para si, el anciano parece poco interesado en viajar fuera de su hogar y probablemente no conozca a su modesta casa nobiliaria, o tal vez si, pero pese a todo, es su casa y el se siente orgulloso de ella, su deseo es sincero aunque... sabe que ahora su casa no es el lugar precisamente mas adecuado para visitas y que el que la regenta no agradaría de recibir a un coleccionista de reliquias antiguas.

tomando aire prosigue, en un tono un poco mas espontaneo y menos ritualizado.

- Digame señor Schultz, tendremos tambien dinero para costearnos largos desplazamientos y ser convenientemnete alojados si la fortuna quisiera que los tesoros que usted anhela estuvieran a buena distancia de esta mansion. Me temo que el peligro puede ser demasiado incluso para cuatro espadas como las nuestras... Nos pagaría tambien los sanadores y cuidados medicos si algunos regresaramos heridos o malheridos de una de nuestras misiones? y si la muerte es lo que acaba esperandome a mi... se encargara de llevar los restos a la casa von Goldmähnige. Finalmente, y a riesgo de importunarle, ha dicho que usted, señor Von Schultz, que tendría toda la informacion sobre ellos. Huelga decir que confiamos en que comparta la parte de esa informacion que nos pueda afectar, como por ejemplo si corremos peligro de ser victima de alguna maldicion o algo asi o si tuvieramos que enfrentarnos contra alguna bestia de especial porte o cualidad.

Dicho esto Amber, respetuosamente, e inclinandose de nuevo (uso de la habilidad de etiqueta en todo momento) espera la respuesta del anciano.




off topic. Perdonad si no he seguido todas las normas en este primer post. Cuando he empezado a escribirlo me he dado cuenta de que habia olvidado la mayor parte de ellas. No pasara la proxima vez! un saludo.

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Re: Los encargos de un anciano

Mensaje por Oeris » 10 Sep 2011, 13:18

Igor Birkweiser

Igor, aunque no muy era muy dado a hacer este tipo de trabajos, no tuvo otra opción cuando tuvo que devolverle gran parte de su dinero a la escuelas de magia y se quedo sin nada con que comer. El trabajo parecía más fácil cuando vió el anuncio, creia que sería un simple trabajo de recogida, pero ahora se convertirá en el sirviente de este maldito viejo del que todavía no confiaba.

Esto... Herr Von Schultz, -dice el joven mago tomando una copa y sirviendose vino hasta llenarla- solo tengo una pregunta. Como bueno académico que soy, me gustaría disponer de una biblioteca o de una colección de libros para estudiar, ¿sería posible?

FDI: Mi Pj es bastante reservado y no se me ocurre mucho más que poner, intentaré hacer post más largos.
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Re: Los encargos de un anciano

Mensaje por Drachenfels » 14 Sep 2011, 03:10

Gustav Kessel

Me encontraba allí como un pez fuera del agua. Gente bienvestida y todo muy remilgado. Llevaba ya varios días durmiendo mal, bebiendo mucho alcohol y follando muchas prostitutas. El despido de mi anterior "Jefe" no me había asentado muy bien, la verdad... "puedo prescindir de tus servicios". Gilipollas, aunque seguro que aun estará entretenido buscando un par de sus dientes.
Habría estado bien haberme dado un baño antes. Al menos se me podía ver una persona fuerte y preparada, tenía conmigo todo lo que podía necesitar, al fin y al cabo, nada mejor para que mi "cliente" pueda evaluar con cara y ojos aquello que está a punto de contratar.

Rápidamente al ver que el hombre me tiende la mano, miro la mía y no tardo en meter la salchicha envuelta en una rebanada de pan con miel en la boca. Mastico rápidamente e intento tragar lo más rápido posible ese sabroso tentempié.
- Encantado Herr – Me apresuro para intentar ser el primero en darle la mano de forma enérgica, bueno, mi grasienta mano –…mi nombre es Gustav – acabo de tragar lo que tenía en la boca -… todo un placer.

Escucho atentamente todo eso de las obras de arte y todas esas cosas que parecen elucubrar a los presentes, aunque lo mejor se reservaba para el final.
- ¡Por Sigmar! ¡Por 15co de oro como si le tenemos que traer los testículos de un minotauro en una bolsa de cuero! ¿Pero... son 15 coronas a repartir? ¿para todos? ¿a quién se lo traiga? – digo mientras mido a los demás que están en la sala.

Cojo mi copa ya vacía y hago un gesto para que el sirviente se apresure a poner más en la copa.
Escucho a los otros, los que parecen que serán mis compañeros de “trabajo”. Cuanta pedantería y arrogancia hay que oír, además tiene cojones el tema, ¿Amber? ¿Quién le pone un nombre de mujer a un hombre? Seguro que algún Bretoniano, casi puedo notar su tufo a perfume barato.

Y el otro, pidiendo una biblioteca. Por pedir que no quede, por lo que se ve. Además se le ve un tío capaz, un tío al que contratan para encontrar cosas, un tío que dice “no se preocupe que me quedo yo aquí leyendo”. Espero sinceramente que el dinero se lo quede el que trae lo que el viejo pida.

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Re: Los encargos de un anciano

Mensaje por Nimref » 14 Sep 2011, 14:28

Frank Steve Deskertralz

Llevaba toda la mañana pensando una presentación coherente y que diera buena impresión a su nuevo jefe. Algo que denotara sus capacidades intelectuales y, a la par, que podría hacer cualquier misión de campo que hiciera falta. Sus ropas de viaje ya empezaban a hastiarle después de tantas noches con ellas puestas. Esperaba que al menos Kent y el resto de miembros de su círculo estuvieran en lo cierto cuando dijeron que trabajar para ese hombre podría aportar algo de luz a sus estudios.

Mientras se paseaba por la mesa cogiendo comida de aquí y allá, disfrutando de los entremeses que su contratante les había dispuesto, fue estudiando a los que serían nuevos conocidos. No pudo evitar ver con incredulidad como una persona de porte elegante y vestiduras lo mejor cuidadas posible estaba en la sala junto con el resto de trabajadores.

Un noble, pensó Frank, Un noble, desde luego, venido a menos, es la única explicación por la que ha podido aceptar éste empleo, que, seguramente, nos depare grandes riesgos y ensuciarnos las manos más de la cuenta...

Como la mayoría de los intelectuales pertenecientes a las clases media y baja, Frank no valoraba en gran medida a los nobles que estuvieran inmersos de lleno en el estudio de los distintos saberes, la cultura y el arte. Para él, un noble que se dedicara únicamente a la caza y los motivos cortesanos, no era merecedor de su respeto.

Poco a poco concentró su mirada en una figura ataviada con una túnica que parecía estar estudiando la estancia, y toda la casa en sí misma, con la mirada. El báculo lo identificaba: era un hechicero. Torció el rostro; la intromisión de otra persona ávida de conocimientos podría entorpecer su tarea, aunque, cuando se paró a pensarlo, se dio cuenta de que podría serle útil para sus propios fines. Tendría que ver como se desarrollaban los acontecimientos.

Finalmente, la última figura, un curtido hombre. Una figura de aspecto duro, acostumbrada a trabajos de la índole de lo que, a priori, pensaba que serían los recados que les encomendaran.

Von Schultz entró en la sala de improviso y, tras una breve presentación, fue saludando a todos individualmente. Tras oír lo que éstos le dijeron, tuvo claro que clase de personas eran: un noble realmente venido a menos que buscaba el favor de una casa de mayor importancia, un hechicero que creía que estar contratado por este hombre significaba poder alimentarse de sus conocimientos y un hombre rudo, directo, que haría bien el trabajo pero podría traerles problemas. Finalmente, tuvo a von Schultz ante sí.

Después de su presentación, no tuvo que pensarlo mucho, era el tipo de persona que el círculo de Kent y él mismo andaban buscando. Sin dudarlo ni un instante le estrechó la mano, al tiempo que se presentaba.

Es un honor conocerle, no se ven hombres como vos, interesados en la cultura, muy a menudo, en estos días, mi nombre es Frank Steve Deskertralz, pero puede llamarme Frank -comenzó, tratando de dar un aire sofisticado a sus palabras, no por pomposidad, sino para ser identificado por von Schultz como un intelectual- . Debo decirle, herr Schultz, que me gustaría hablar con usted en privado y compartir diversas opiniones, cuando lo considere oportuno desde luego. En cuanto al tema del trabajo, que es lo que nos acontece en este momento, no casas nobiliarias o bibliotecas, me siento realmente alagado por la recompensa de 15 coronas de oro... ¿es tal la dificultad que entraña nuestra tarea? -dijo, mirando al hombre y su reacción.

Realmente, Gustav Kessel había sido el único que no se había ido por las ramas sino al meollo de la cuestión, a lo más importante en todo aquel asunto. Al por qué de las 15 coronas, si todas eran para cada uno de ellos o a repartir.
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Re: Los encargos de un anciano

Mensaje por Van Hoffman » 14 Sep 2011, 23:26

Schultz estudió todas y cada una de las presentaciones y preguntas de sus nuevos empleados. Los miraba con curiosidad, analizándolos, y los escuchaba con atención. Cuando el último de sus invitados acabó, Schultz tomó la palabra, respondiendo uno a uno a sus preguntas.

- Herr Goldmahnige, sois muy amable en vuestra invitación, pero mi edad y mi estado me impiden ya salir de la ciudad, así que me temo que no podré devolveros el honor. En lo que respecta a las cuestiones que plantea, creo que con el sueldo que les proporcionaré, además de comida y alojamiento, estarán ustedes sobradamente asegurados. Y efectivamente, les contaré todo cuanto descubra acerca de los encargos -Schultz se volvió ahora hacia Gustav y Frank-. En cuanto al tema de la paga, creo que no lo han interpretado bien; serán 15 coronas de oro por cabeza y por encargo, evidentemente, pagadas después de cumplir su misión. Puede que alguna tarea sea peligrosa, no lo negaré, pero para ello creo que serán ustedes ampliamente recompensados. En cuanto a su petición, mi querido Frank, cuando acabemos la entrevista, si quiere, podemos hablar tranquilamente en mi despacho. Finalmente... -el anciano se volvió por último al joven mago- creo que su petición, estimado amigo, es un poco pretenciosa, teniendo en cuenta que les ofrezco mi casa, mi comida y una grandiosa cantidad de mi dinero, más aún cuando ni siquiera se ha presentado. Además, le he contratado para trabajar, no para pasar el tiempo en mi biblioteca.

Con esto, Schultz dio por concluido su discurso y esperó nuevas interpelaciones por parte de sus empleados.
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Re: Los encargos de un anciano

Mensaje por Oeris » 15 Sep 2011, 12:19

Igor Birkweiser

El joven mago escuchó todo lo que el anciano dijo sin hacer ninguna mueca hasta que le dirigió la palabra, momento en el que solo una leve sonrisa que desapareció en el momento en el que le negó la entrada a su biblioteca. Igor era bastante impulsivo, pero sabia que en este momento no era buena idea encararse con el viejo porque era su nuevo jefe.

Todavia tengo que pagar parte de lo que consigo a la escuela de magia y encima este tio no me deja leer ni un misero libro, me tenia que haber quedado cuidando vacas en la granja de mi padre...

Igor se apoyó en su báculo y volvió a tomar otra copa de vino esperando a que todos sus compañeros hablaran para luego dirigirse al trozo de piel arrugada que tenian delante.

Siento no haberme presentado, soy Igor Birkweiser, un mago adepto de la Orden Amatista todavia en aprendizaje. -dijó el mago mientras terminaba su copa y miraba a todos sus compañeros- También siento haber sido tan impertinente al pedirle la posibilidad de acceder a la biblioteca.
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Re: Los encargos de un anciano

Mensaje por zalathar » 15 Sep 2011, 17:51

amber se inclina levemente ante Schultz.

- Gracias Caballero por las respuestas, no esperaba menos de un hombre de su posicion. Me parece bien, sabremos llevar a cabo nuestro trabajo. ¿sabe una cosa? a mi padre siempre le gusto viajar y conocer tierras y historias insolitas, gusto que heredé de el, y en la hacienda de mi familia, tales cosas no son siempre posibles. Presiento que tal vez adquiera historias que contarles a mis nietos el dia de mañana ayudándole con sus antiguedades.

HAce una breve pausa de cortesia antes de proseguir (habilidad de etiqueta en todo momento para medir sus palabras y ademanes, procurarando que estas no parezcan descorteses a un hombre de la nobleza pues estos nobles son a veces extraños y se ofenden con facilidad), dejando que Von Schultz asimile sus palabras sin atropellarle con otras.

- Debe disculpar a nuestro amigo Igor que su aun joven vida de erudito entre muchos libros no le haya permitido conocer las normas de la etiqueta, como tambien debe disculpar que su entusiasmo al ver su excelente biblioteca la haya llevado a rogar poder utilizarla olvidando incluso presentarse, mas al contrario, esdtoy seguro que tal entusiasmo debe tomarlo como un halago. Y estoy tambien seguro de que leer de estos libros hara que Igor pueda tener su mente en forma para cuando sea necesario, pues al igual que un hombre de espada necesita entrenar sus musculos para que esten listo en el momento de la batalla, un hombre de magia necesita conservar su intelecto siempre a punto, y esto nos ayudara sin duda en nuestro trabajo.
- Finalmente Señor Schultz... dispone usted por casualidad de algun instrumento musical? me gustaria poder tocar algo en los ratos de descanso, ayuda a mantener el espiritu sereno y alegre. Sabre cuidar de su instrumento, no se preocupe. Ademas, se algunas canciones populares y sin duda les puede agradar escucharlas de vez en cuando.

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Re: Los encargos de un anciano

Mensaje por Drachenfels » 15 Sep 2011, 23:25

Gustav Kessel

Justo en el momento que estaba tragando ya mi tercera copa de vino y con una nueva salchicha envuelta en pan con miel en la mano no puedo evitar que las palabras de las dos ‘orquídeas’ me hagan estallar en una sonora carcajada, escupiendo en todas direcciones un sinfín de perlas ingrávidas de color purpura que vuelan por los aires hasta chocar contra cualquier cosa al azar. Durante unos segundos, no puedo hacer otra cosa que reír de forma ruidosa y ‘tabernaria’ incluso haciéndome llorar los ojos. Limpio mis ojos con la manga de la mano con la que sujetaba la copa, derramándose algunas gotas de vino que acaban sobre mi bota “Vaya par de imbéciles. A saber de dónde se han escapado…”.
- No si ya se le veía a este que tenía ganas de soplar algo… - Dijo para mi mismo en un susurro prácticamente inaudible, especialmente porque queda eclipsado por mis espasmos de la risa, sin poder evitar volver a reír ligeramente.

Cojo aire para relajarme y bebo el vino que me quedaba en la copa.
- Disculpe Herr… – le digo sonriendo sin evitar poder poner otra cara –… por mi parte ha quedado todo claro. Simplemente me gustaría poder dejar mis cosas donde nos indique – me limpio los incómodos chorretones de vino de mi mentón – y me marcharé a alguna posada a adecentarme un poco. Cuando desee empezar a realizar ‘recados’, si le parezco una persona adecuada, puede contar con mi espada.

Le digo mientras dejo la copa encima la mesa y le tiendo la mano para cerrar finalmente, y firmemente el ‘contrato’.

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Re: Los encargos de un anciano

Mensaje por Nimref » 16 Sep 2011, 16:12

Frank Steve Deskertralz

Cuando gustéis -dijo, respestuosamente, Frank, ante la respuesta de su nuevo jefe.

Justo después de su intervención, el ambiente se enrareció cuando el mago empezó a sufrir lo que, a ojos de Frank, parecía una verdadera crisis de ansiedad, al más puro estilo del colegio brillante. La afirmación que catalogaba a ese hechicero como un aprendiz amatista, generalmente más calmados, le sorprendió sobremanera.

Más absurdo se volvió todo cuando el noble se erigió en protector del hechicero y, para solventar los fallos que había cometido tanto el hechicero como él mismo en lo referente al dinero, a los costes y la biblioteca, pidió un instrumento musical para armonizar los encargos. La sonora carcajada de su curtido compañero expresó lo que el resto de la sala debía estar pensando antes tamaños comentarios por parte de los dos compañeros, pero no obstante, Frank se dedicó a mirar con una ceja arqueada la actuación de sus compañeros.

Muchachos, von Schultz tendrá que pensar fríamente si somos dignos merecedores de sus encargos, no le atosiguemos pues con quejas, sugerencias y proposiciones; ya tendremos tiempo más adelante... -comentó, apoyando sus manos en los hombros del mago y del noble, tras la despedida de Gustav, esperando que la conversación finalizara pronto para poder recuperarse del viaje, hablar con el anciano y preparase para su próximo trabajo, sin duda una odisea.
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Re: Los encargos de un anciano

Mensaje por zalathar » 17 Sep 2011, 11:35

Amber sonrie levemente para si. Parece que no es muy bien considerado por varios de sus futuros compañeros.

Evidentemente el hombre que come como un animal y masculla al mismo tiempo se ha descubierto a si mismo demasiado pronto. Es simplemente un palurdo que se cree muy importante porque sepa matar hombres a sangre fria, asi que es inevitable, antes o despues tendra que marcarle los limites.

En cuanto al otro hombre de aspecto erudito, no es tan directo como el primero, pero puede sentir su desprecio hacia el planeando en el aire. Es uno de estos hombres, seguramente, que se piensa muy inteligente y con el derecho a juzgar a los demas rapidamente. Ha visto muchos de estos. Espera que realmente sea tan inteligente como el se precia de ser y vea mas alla de sus rigidos esquemas.

Inhala un poco y se dice que no hay mas remedio que poner las cosas claras. El ha hecho lo correcto, ha sido educado y ha tratado de crear un espiritu de grupo. Si hay personas que consideran que esto es una debilidad, entonces ha ganado una valiosa informacion a tener en cuenta para el futuro. El no va a comportarse como ellos, solo queda poner algunos puntos sobre las ies para que todos sepan el lugar en el que deben estar.

Carraspea un poco y decide hablar un poco mas.

- Sin embargo Von Schultz, aqui tenemos a alguien que no entiende de formas ni de modales - señala al hombre que aun mastica las viandas como un animal a su lado - y sin embargo se enorgullece de ello. Espero que merezca la pena que haya contratado a un hombre de estos. Por lo qeu a mi respecta, espero que quede claro que jamas voy a ser desconsiderado con nadie, y si alguien lo va a ser conmigo entonces tendra que ser lo suficientemente valiente como para enfrentarse a mi y a mis dos... compañeras - Amber se toca las espadas que estan enfundadas en el cinturon. - Caballeros, son todos ustedes lo suficientemente adultos como para saber que lo cortes.... no quita lo valiente. Espero no tener que enseñarselo directamente a nadie.

- Señor Schultz, si tiene a bien prestarme un instrumento se lo agradecere mucho. Ahora, si me lo permite, me retirare a mis aposentos a descansar, ha sido un largo viaje y ya he dicho lo qeu tenia que decir. - reverencia.

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Re: Los encargos de un anciano

Mensaje por Van Hoffman » 20 Sep 2011, 15:18

El anciano mecenas asintió ante las disculpas del joven hechicero, y quiso desagraviarlo con un sencillo "No se preocupe". Entonces habló el joven Amber, exculpando y justificando las peticiones de Igor. Y por si fuera poco, antes de terminar su discurso, le pidió a Schultz que si disponía de algún tipo de instrumento musical,que tuviera a bien prestárselo para amenizar la compañía. El anciano iba a contestar, pero en ese momento, Gustav no pudo reprimir sus carcajadas, que esparcieron esputos de vino y carne por doquier. Pese a la grosería, el rudo hombre pretendía dar por finalizada la conversación, ya que todo había quedado claro. Por su parte, Frank trató de calmar un poco la situación, cosa que no pasó desapercibida para el aún silencioso Schultz. Justo cuando parecía que la cosa no iba a quedar en nada más, Amber volvió a hablar. Esta vez, las palabras del noble no agradaron a Schultz, que al ver como Gustav miraba a Amber y se pasaba el dedo pulgar por la garganta mientras sonreía maliciosamente, habló con voz poderosa.

- ¡Basta! -los presentes miraron sorprendidos al anciano, pues no esperaban esa vitalidad de un hombre de su edad- Herr Goldmahnige, la utilidad de cada uno de los empleados es una cuestión que juzgaré yo, no usted. Y lo que si que no consiento es que se amenace con palabras o con gestos -y aquí, Schultz miró a Gustav-. No me gusta ser estricto, pero no toleraré indisciplina entre mis empleados. Y Herr Goldmahnige, haga el favor de dejar de pedirme un instrumento, porque como ya le dije a Herr Birkweiser, ustedes están aquí para cumplir mis encargos, no para entretenerse con minucias. Y me parece muy descortés por su parte abandonar esta sala cuando, ni yo se lo he permitido, ni les he asignado aún aposentos -Schultz suspiró y rebajó el tono-. Siento haber sido tan tajante, pero me he visto obligado. Ahora, pueden ir a buscar sus pertenencias, y cuando quieran regresar, Sigfried les acompañará a sus aposentos -en ese momento entró en la sala el sirviente que les había recibido-. A la hora de la cena, volveremos a reunirnos para ponerles en conocimiento de su primera misión. Ahora, si me disculpan, me retiro.

Schultz estaba a punto de salir de la sala de recepciones cuando se dio la vuelta rápidamente.

- Ah, casi se me olvida -miró a Frank-. Herr Deskertralz, puede acompañarme si desea hablar conmigo ahora.

FDI: Bueno, ahora haremos una especie de elipsis temporal. Postead aquí qué hacéis desde que salís de la mansión hasta la hora de la cena. Cualquier duda o cosa que queráis hacer, podéis mandarme un pm.
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Re: Los encargos de un anciano

Mensaje por zalathar » 07 Oct 2011, 01:08

Amber

La noche seguia de cerca la grupa del caballo, con ella caian las sombras sobre las tierras del condado que hacia solo unas horas se extendian adonde quiera que alcanzara la vista. Con la noche los labriegos, que habian estado demasiado ocupados para pararse a hablar con un extraño, se refugiaban en las modestas cabañas donde humeban las chimeneas.

El olor a carne asada recordaba a Asmer que se aproximaba la hora de cenar.

Rasgaba la mandolina que acababa de comprar en un pueblo cercano mientras el caballo le conducia despacio por el sendero que conducia de regreso la mansion del excentrico pero honesto en los tratos anciano que le habia contratado, Asi lo definieron los buhoneros con los que ha gastado sus ultimas reservas en joyas...

Ya no tenia mas joyas, y con ellas habian desaparecido los ultimos vestigios de tiempos.. luminosos?

Y extrañamente, se sentia liberado, descubrio mientras entonaba, en armonia con los acordes que arrancaba de la mandolina, una antigua balada Bretona que habia oido muchos años atras. Como era la melodia de aquella flauta? . barruntaba Asmer mientras trataba de tocar las notas en aquel instrumento decorado de manera sobria pero colorida y elegante.

Exalo una bocanada de humo, la nubecilla se difumino en el aire igual que los fantasmas del pasado se disipaban de su mente mientras se centraba en cantar...

Satisfecho por recordar la estrofa de esa cancion se tomo un respiro que aprovecho para inhalar otra bocanda del tabaco recien comprado. Tampoco estaba mal, penso, ese mercader no le habia dejado la mercancia mas barata, pero al menos no parecia haberlo engañado.

Del costado del caballo sono un tintineo de botella de vidrio. Provenia del zurron. Asmer sonrio para si, habia olvidado la redoma de pocion curativa que tambien habia adquirido...

es conveniente tener un as en la manga, recordaba que alguien habia dicho esto alguna vez... aunqeu no lograba ahora recordar quien. tal vez alguno de los muchis supuestos amigos de su difunto padre.. o, de su fortuna.

se centro en recordar otra tonadilla esta vez kislevita. El ritmo alegre y movido del pasaje introductorio parecio espolear a su caballo a cubrir el ultimo recodo del camino de regreso a la mansion de Schultz con mas premura.

No te pudiste llevar ninguna de tus monedas de oro contigo con las que sobornar a los demonios del infierno, decia el pasaje de la cancion... pero si te llevas el valor de tu corazon para huir del paramo oscuro y alcanzar las moradas de los dioses benignos, - canturreo esta vez de su propia cosecha. - y disfrutar de la luz eterna en compañia de Taal.

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Re: Los encargos de un anciano

Mensaje por Nimref » 07 Oct 2011, 14:27

Frank Steve Deskertralz

Durante toda la intervención de von Schultz, Frank estuvo en silencio, atento a lo que su nuevo jefe les estaba diciendo. No habían empezado y ya estaban recibiendo su primer sermón por un comportamiento indebido. No era para menos, el comportamiento del resto de integrantes era, para Frank, criticable hasta el extremo; hasta tal punto, que el más salvable era, incluso y desde su punto de vista, el hombre de modales poco señoriales.

En cuanto von Schultz se lo permitió, se retiró a solas a hablar con él, cerca de veinte minutos, para desandar lo andado y volver a sus aposentos finalizada la conversación, cuando el sirviente que von Schultz le había dicho que le llevaría hasta los mismos.

Estaba satisfecho: ese trabajo le iba a gustar.
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Oeris
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Re: Los encargos de un anciano

Mensaje por Oeris » 11 Oct 2011, 15:10

Igor Birkweiser

Después de la charla de su nuevo jefe, el joven mago recogió el poco equipaje que llevaba y le preguntó a Sigfried donde se alojaría para luego retirarse directamente a su habitación a la espera de que fuera la hora de la cena. Allí dedico el tiempo que tuvo a escribir en su diario la aventura que estaba a punto de comenzar.
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