El Ordo Draconis

En la ciudad de Mariemburgo se esconden muchas más cosas de las que se ven a simple vista...

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igest
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El Ordo Draconis

Mensaje por igest » 05 Dic 2018, 17:02

Vuestra estancia en Marienburgo se ha tornado en una vida más alejada de la ley de lo que os habíais podido imaginar en vuestros años de juventud, cuando soñabáis con convertiros en valerosos caballeros al servicio del gran emperador Karl Franz o imitabáis los sermones de afables sacerdotes de Sigmar. Vuestro día a día transcurre a las órdenes del Ordo Draconis y sus múltiples "trabajos" en la siempre ajetreada (y últimamente algo convulsa) ciudad de Marienburgo.

Quizás el Ordo Draconis os ha acabado por sorprender a todos, porque a diferencia de otras bandas criminales de la ciudad, la vuestra no comercia con brandy bretoniano o productos del estilo, en su lugar vuestros trabajos han incluido transportes de cosas como encargos de loto negro, extraños y claramente antiguos pergaminos que según habéis entendido procedían de Nipón y Cathay... e incluso conocéis algún caso en que algunos de vuestros conocidos dentro del Ordo hablaron de esa siempre brillante y repulsiva piedra de disformidad.

Vuestros trabajos empezarón siempre siendo encargos sencillos y con el tiempo, habéis ido recibiendo más y más propuestas de trabajo, que siempre han sido generosamente recompensadas. Vuestro contacto en el ordo se llama Gerner Lang, un tipo de gran altura y nervudo, que ha estado a vuestro lado desde el primer día que fuistéis reclutados. Más allá de a Gerner sabéis que hay otros miembros, pero hasta ahora, desconocéis cualquier otro detalle sobre el Ordo, y en los convulsos tiempos que vive la ciudad de Marienburgo, os inquieta un poco no saber que hay más allá, pero el Ordo siempre responde por los suyos, así os tranquiliza Gerner cada vez que preguntáis algo: "¿acaso os ha faltado dinero, mujeres, alcohol?" es su frase favorita antes de daros la espalda y volver a sus asuntos. Sabéis que hay un cierto "tufillo" a algo más gordo en torno al Ordo Draconis, e incluso habéis escuchado algún rumor sobre alguna de las grandes familias de la ciudad Implicada, pero de momento las generosas pagas y el "relativamente" sencillo trabajo, han bastado para manteneros poco insistentes.

Gerner acostumbra a usar a pequeños gamberros de la calle para enviaros sus mensajes para que podáis reuniros con el y recibir los encargos correspondientes. El cuartel de reunión todo este tiempo ha sido la taberna de mala muerte llamada "El Martin Pescador". Esta taberna situada en la parte vieja del Suiddock, concretamente en la isla de Riddra junto al Noormanswijk es donde habéis recibido todos los encargor de Gerner.

¡Bienvenidos al Ordo Draconis!

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Nirkhuz
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Re: El Ordo Draconis

Mensaje por Nirkhuz » 05 Dic 2018, 21:53

Mathias Wolbruck, también conocido como 'el Nordlandés' entre los escasos círculos sociales que frecuenta, llegó a Marienburgo sin un triste chelín, con la esperanza de que una vida de experiencia como matón le permitiera acceder a alguna de las bandas de crimen organizado que seguro que pulularían por tan gran y rica ciudad.

Tras unos meses haciendo pequeños trabajos para bandas cuyo nombre apenas sabía pronunciar, Mathias acabó por entrar en contacto con una extraña banda conocida como 'Ordo Draconis'. Los trabajos eran fáciles y la paga excelente, por lo que el Nordlandés se empezó a sentir a gusto en esa organización. Los miembros de la banda a la que pertenecía, formado por otros buscavidas iguales o peores que él, siempre comentaban la extrañeza del género con el cual traficaba el Ordo, pero a Mathias nunca le interesó demasiado. En el Ordo tenía todas las necesidades cubiertas y podía dedicarse a vivir trabajando 'de lo suyo', extorsionando y dando alguna paliza ocasional. Una buena vida, desde luego, aunque de vez en cuando se acordaba de sus padres, celosos sigmaritas, cosa que no había pasado nunca... ¿Quizás estaría haciendo algo malo?

Mathías deja que otros lleven la voz cantante en sus reuniones con Lang. A él le gusta la acción y la recompensa por la misma... El resto, bueno, son cosas de negocios... ¿no? Nada importante en lo que pensar.
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Re: El Ordo Draconis

Mensaje por Heldenhammer » 06 Dic 2018, 11:43

Dieter tiene un objetivo claro, acumular la mayor cantidad de poder e influencia en la ciudad de Mariemburgo y sabe que el Ordo Draconis puede ayudarle a conseguirlo.
Cuando le pidieron que introdujese en uno de sus cargamentos algunas cajas de madera oscura que llegaban desde las costas del Norte del mar de Las Garras, no lo dudó, vió una buena oportunidad de ascender en el Ordo y la aprovechó.
Está seguro de que no hace nada malo... o mejor dicho, no le importa lo más mínimo.
Entonces te veré en el claro, al final de la senda.

Nocturno
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Re: El Ordo Draconis

Mensaje por Nocturno » 07 Dic 2018, 10:30

Theo obsevaba "el martín pescador" desde una esquina tratando de pasar desapercibido en la noche. Aquella taberna de mala muerte se había convertido en lo más parecido a su hogar en las últimas semanas. De hecho sólo había pasado un par de horas en su casa -más bien la casa de su hermano mayor, aunque nunca la había reclamado como tal- con la esperanza de toparse con alguno de sus hermanos, pero Frederik debía estar patrullando algún camino perdido en dirección al Imperio o Bretonia e Ingrid estaría bailando y saltando por unos peniques mientras sus amigos cortaban las bolsas de los incautos, o tal vez corriendo delante de la guardia para salvar su pellejo.

En cualquier caso a él no se le perdía nada en una casa vacía y carente de significado. Por fin había encontrado algo que se le daba bien, algo que le daba significado a sus días.
No recordaba la primera vez que Gerner le había ofrecido un trabajo. Había sido hace poco, pero su mente no parecía enfocar bien lo sucedido. Era un trabajo fácil, para nada alejado de su vida como barquero. Simplemente se trataba de custodiar la entrada de una barca de contrabando y estar atento por si las cosas se ponían feas y tenía que echar una mano.

Los trabajos se sucedían y la paga era buena. Sabía que Gerner tenía más trabajo y sólo era cuestión de tiempo que confiaran en él para llevarlos a cabo. Con el tiempo conseguiría labrarse un futuro y con suerte y dedicación hacerse un sitio en Marienburgo. Quizás entonces podría reunir de nuevo a su familia.

Una suave brisa movió su pelo castaño y se lo apartó de los ojos. Un hombre pasó a su lado y se metió en la taberna. No lo conocía, pero ya había coincidido varias veces con otras personas. Un tío callado al que llamaban "nordlandés", que siempre parecía bien dispuesto a usar sus puños, y un tal Dieter que le había dado mala espina.

En cualquier caso le habían hecho llegar una invitación y ya casi era la hora. Theo se apartó de la esquina y avanzó hacia la taberna...

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Re: El Ordo Draconis

Mensaje por Nimref » 07 Dic 2018, 17:15

"Eres fundamental, Jacob, ya lo sabes" era lo que Gerner solía decirle cuando se ponía demasiado preguntón o quería saber más de la cuenta. Fundamental, pero no lo suficiente como para llegar al siguiente nivel, o eso pensaba él.

Jacob llevaba en Marienburgo bastante años antes de que la Ordo se pusiera en contacto con él, y le gusta pensar que realmente era por sus altas capacidades para traer y vender cualquier cosa y no por ser más tonto de lo creía de sí mismo. Siempre había sido curioso, pero sabía cuando tenía que dejar de serlo, y la Ordo Draconis le había dejado claro de formas indirectas cuando la curiosidad no era necesaria: aquellos guardias que desaparecieron cuando husmeaban demasiado, la paga directamente colocada una vez en la habitación de la posada que había elegido para ese trabajo... Todo era demasiado sospechoso, pero, a decir verdad y como decía Gerner, le ayudaban y cuidaban de él, nada malo si uno seguía esas aparentes reglas invisibles.

Jacob conocía a bastante gente aquí y allí en Marienburgo, y le gustaba pensar que Gerner lo tenía en alta estima, pero... ¿qué parte era juego y negocios y cuál era la realidad?
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Re: El Ordo Draconis

Mensaje por Van Hoffman » 07 Dic 2018, 19:28

Konrad Reder

Hay gente que nace con estrella. Quizá nacen en una buena familia, o con algún talento natural. Nacen fuertes o atractivos. Y a lo largo de su vida consiguen cualquier cosa que se propongan. Sin embargo, de la misma forma que hay luz, también hay sombra. Y tras el día, llega la noche. Y por cada hombre afortunado, hay otro con mala estrella. Las viejas de pueblo lo llaman "las dos lunas". Pero hay algunos que creen en poderes superiores que juegan con el destino de los mortales.

De ser así, alguien se estaría divirtiendo con Konrad Reder.

A quien le pregunta, Reder siempre contesta lo mismo: "A mi me parió Marienburgo". Eso debería decir mucho de una persona. Poco o nada se sabe de él antes de empezar a vivir con el viejo Erasmo Reder. Por lo que se dice, un día apareció un muchacho delgado y harapiento frente a la puerta del anciano. Erasmo era un reputado y exitoso galeno que, tras perder a su familia en un naufragio, vendió su pequeña mansión en el Guilderveld, donó prácticamente toda su fortuna a la caridad y se fue a vivir a una casa humilde en Suiddock. Allí, decidió dedicar el resto de su vida a ayudar a los buenos vecinos que lo necesitasen. Por esa razón, cuando vio llegar a un joven y desvalido huérfano, no pudo si no acogerlo.

Con el tiempo, el viejo galeno terminó por considerar al muchacho como al hijo que había perdido, permitiéndole incluso usar su apellido. Erasmo inició al joven Konrad en las artes médicas, y éste demostró interés a la par que una habilidad innata para manejar el escalpelo. Los años siguientes, Konrad trabajó ayudando a Erasmo con los enfermos y doloridos que venían buscando un tratamiento caritativo. Sin embargo, Erasmo era muy anciano y un día, sencillamente, murió. Konrad heredó la casa, el oficio y los clientes, pero no el espíritu caritativo de su padre adoptivo.

Reder empezó a cobrar por sus tratamientos y pócimas, ya fuera en forma de florines o de favores. Porque a pesar de ser un hombre austero, tenía una afición cara. Su avidez por conocer y comprender los misterios del cuerpo lo llevaron a mezclarse con gente extraña y misteriosa. Uno de aquellos extraños era Gerner Lang.

Lang había ofrecido a Reder la oportunidad de adquirir conocimiento si a cambio realizaba algunos trabajos para él y su organización. Reder aceptó sin pensarlo dos veces. Aunque eran trabajos poco gratificantes, Reder pudo comprobar que los artículos con los que traficaban eran genuinos y deseaba con toda su alma poder hacerse con alguno de ellos. Pero a pesar de su insistencia, Lang aún no le permitía progresar y conocer a otros miembros de la organización. Siempre le decía: "Todo a su debido momento".

Reder tenía la esperanza de que si seguía demostrándole su interés y su habilidad, ese momento llegaría más pronto que tarde.
Van Hoffman, pastor de garrapatos por gloria y gracia de Igarol

Nuevos cometidos:
Sacar a pasear al garrapato, limpiar caca de garrapato, cepillar al garrapato, limpiarle las muelas por dentro al garrapato...

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